Holaa. Aquí os traigo un nuevo capítulo. A mí me pareció bastante tierno. Quizá en el próximo episodio todos vuelvan a Inglaterra. Quería agradecer a mis amigos marati y a h1yunkey porque son geniales y me caen genial. Gracias a los que me escriben reviews y a los que me leen. ¡Besos!
Helenka entrecerró los ojos para ver mejor al doctor.
-Usted… ya, ¡ya le recuerdo!- Exclamó poniendo su mano derecha en la boca.- Perdone, no le había reconocido.
-¡Yo sí que no te había reconocido!- Dijo acercándose a ella, dándole palmaditas en el hombro.- No te veía desde… que eras una cría. ¿Cómo está tu madre?
La baterista le mandó una mirada fulminante al doctor.
-En el psiquiatra, como usted bien sabe...
-Cierto, cierto…- Se disculpó.- Bueno Boinae.- Le dijo.- ¿Vamos a hablar fuera? Creo que quieren estar solos, ya sabes, intimidad.
-Sí sí, que afuera está mi novio. Te lo voy a presentar.
-¿Tienes novio?- Preguntó a su hija mientras los dos salían de la habitación. Murdoc y Helenka suspiraron con resignación.
-Está claro que no podemos tener un momento en el hospital…
-Mejor. Aquí es que no es discreto.- Le dijo Helenka riendo entre dientes.
-Pero da mucho más morbo.- Murdoc se estiró tras haber dicho eso y la baterista llamó a la enfermera.- ¿Para qué la necesitas?
-No soporto tener esto en la mano.- Dijo señalando donde le habían puesto el gotero.- Odio las agujas.
-En fin, te espero afuera, que tendrás que vestirte.
-Vale.
El moreno salió, no sin antes darle un beso en la mejilla a Helenka, y se encontró con toda la cuadrilla: Noodle, Litané, 2D… El padre de Boinae charlaba con ella y con Russel.
-Hola nena.- Saludó a Noodle que fue a abrazarlo.
-¿Cómo está Tarántula?- Preguntó preocupada. Murdoc le revolvió el pelo con cariño.
-Saldrá dentro de un rato.
Litané también se acercó y le abrazó. El moreno se sorprendió, y le revolvió el pelo con cariño también.
-Yo sé que has estado con mamá y que la has llevado al hospital… Gracias.
-Las tienes loquitas eeh.- Dijo 2D riendo. Todos lo miraron con cara de "no me creo que hayas dicho eso". Stu enrojeció.- Vale, ya me callo…
-Bueno. Ignorando al Face-Ache…
Antes de que Murdoc dijera algo, Helenka salió de la habitación, totalmente vestida y arreglada. Noodle y Litané fueron corriendo a abrazarla.
-Hola a todos. No me creo que hayáis venido a visitarme.- Rió la muchacha. Por arte de magia, el doctor se puso a su lado, tomándola de los hombros. Helenka se asustó pero se quedó en la misma posición.
-Niña, espero que te cuides. Toma.- Le dijo dándole una bolsita.- Para ti.
-¿Qué es?- Helenka hurgó en la bolsa y sacó un tubo de plástico lleno de pastillas.
-Unas pastillas que te tendrás que tomar cada día. Procura que no se te olviden. Bueno, tengo que regresar a mi consulta. Adiós a todos.- Dicho esto se fue a paso ligero hacia el ascensor.
-Adiós, papá…- Dijo Boinae despidiéndose, esperando una respuesta.- Joder, siempre me deja a medias.
En realidad, Boinae y su padre no se parecían ni en el blanco de los ojos. Ella era muy bajita y delgada, podría pesar incluso menos que una niña de doce años. Tenía… mal carácter y se enfadaba por cualquier roce. Sin embargo su padre parecía simpático, además de ser muy alto.
-Bueno, vámonos, no estamos haciendo nada aquí.- Dijo Murdoc dirigiéndose al ascensor.
-¿Cabremos todos en el ascensor?-Preguntó 2D.
-Yo que sé…
Todos cabían divinamente, pero por lo visto, había exceso de peso.
-Ese es culo gordo, que no adelgaza.- Insultó el moreno a Russel. Éste le miró con mala cara.
-Tú cállate, si no quieres que te parta otra vez la nariz.- Murdoc rodó los ojos.- Bueno, pues me voy por las escaleras…- Suspiró resignado. Antes de salir, Boinae le tomó de la mano.
-Yo voy contigo, ¿vale?
Russel le sonrió y le acarició la mejilla. Boinae levantó el dedo corazón para Murdoc, y éste le respondió con el mismo gesto. Helenka se llevó la mano a la cara.
-¿No vais a cambiar nunca, no?- Preguntó con un suspiro. Después de eso, Noodle le dio al botón de bajada. El elevador bajó rápidamente y salieron a paso rápido, de verdad que el hospital daba mal rollo. En la entrada estaban Russel y Boinae, quien hablaba con alguien por teléfono. Por lo visto se estaban peleando.
-¿¡Y no me avisas de que papá está trabajando en un hospital de América!? … Ah, que te da igual. Vale en, muy bonito. Adiós.- Dijo colgando con furia.- ¡La odio! Ni siquiera me dijo nada…- Murmuró triste, mirando su teléfono.
-Niña mimada…- Le dijo Murdoc, mientras silbaba inocente.
-Murdoc, ya vale ¿no? ¿Qué coño te pasa hoy?- Preguntó Russel mosqueado, incitando a irse al hotel. Todos pusieron rumbo.
-Soy feliz, ¿pasa algo?- Dijo mirando a Helenka. Ella desvió la mirada, no quería saber nada.
Todos empezaron a discutir, a charlar… mientras que Helenka se quedó sola. No tenía ganas de hablar. Aunque le había dicho a Murdoc que no le importaban demasiado sus ojos. Era una mentira más grande que una casa. Le daba miedo dejar de ver, dejar de ver a su niña, a Noodle, al moreno, a los demás… también le daba miedo la oscuridad, ¿qué iba a hacer?
Poco a poco, dejó de andar, quedándose detrás de todos. Los demás siguieron caminando, como si ella siguiera allí. Miró al amplio cielo, no había nubes y el viento que sentía era fresco, pero agradable. Los cerró por un momento. Se imaginó su vida sin vista, sin sentir lo que había sentido hace unos segundos.
Para cuando abrió los ojos, todos los demás se habían parado, y la miraban con extrañeza.
-¿Qué te pasa?- Preguntó Noodle acercándose a ella.
-Nada Noodle.- Se aclaró la garganta un poco y volvió a mirar a los demás.- Voy a dejar el grupo.
Boinae y Litané no podían tener los ojos más abiertos. Gorillaz en parte se alegró, porque serían los líderes de nuevo, pero, por otra parte…
-Pero.- Interrumpió Helenka antes de que alguien dijese algo.- Antes haré la gira.
-Perdona.- Dijo Noodle con expresión seria.- Eso todavía no está decidido.
-Claro que sí. ¿Verdad, Murdoc?
El moreno empalideció.
-Mierda… la apuesta…- Susurró arrepentido. Menos mal que nadie le escuchó, sino le crucificarían boca abajo.
-Pero… ¿pero por qué?- Preguntó Boinae, también acercándose.
-Necesito descansar.- Aclaró. Helenka notó como le rugía la tripa.- Tengo hambre.- Miró por los alrededores y encontró una tienda de dulces.- Iros vosotros, voy a tardar.
Helenka entró, y los demás se encogieron los hombros y se fueron, menos cierto moreno…
-A ver…- Dijo la muchacha viendo el escaparate. Un dependiente la atendía.- Quiero un bollito de frutas del bosque.- Helenka señaló uno de vainilla.
-¿Cómo?
-Que quiero ese pastelito, por favor…- Murdoc entró en escena tomando la mano de Helenka y dirigiéndola hacia el pastelito que ella quería, sin decir nada. El dependiente por fin comprendió y fue a preparar lo que había pedido.
-Te estás volviendo muy cegata…- Rió Murdoc. Helenka solo agachó la cabeza, resignada. El moreno comprendió que no había sido muy educado y le tomó de la barbilla, alzando su rostro.- Perdóname. Hoy creo que estoy insoportable...- Dijo sincero.
-No pasa nada; de todas formas tienes razón.- Suspiró. Murdoc la llevó hasta una mesa y allí se sentaron.- ¿No tienes algunas gafas que te ayuden o algo?
-Mi oculista dice que no serviría de nada.- Suspiró de nuevo.- ¿No te apetece tomar algo?
En ese mismo momento, los dos sintieron un flash. Helenka se giró asustada y Murdoc enfadado, pero no vieron a nadie sospechoso.
-¿Qué fue eso?
-Una cámara, ¿No es obvio?- Dijo con sarcasmo.
-Que te jodan.- Insultó la muchacha con enfado. Murdoc alzó la ceja- ¡Deja de hacer bromas con que no puedo ver!
-No tenía esa intención.
-¡Apenas noté el flash!
-Ya, cálmate.- Le pidió Murdoc con delicadeza.- El doctor dijo que evitaras las situaciones de estrés.- El moreno debía andar con pies de plomo. Que su chica estuviera delicada era algo "fastidioso" para él. La cuidaría más y no haría saltar su cólera.
-Eres tú, que me sacas de quicio.
-¿Tan pronto?- Preguntó haciendo una pedorreta. Helenka rió y se le subieron los colores. Le gustaba mucho estar con él. Trajeron el pastelito y un café. La muchacha empezó a comer despacio, degustando cada trozo que se llevaba a la boca.
-¿Quieres?- Ofreció.
-No me gustan esas cosas. Hamburguesas y whisky es la perfecta combinación.
La baterista sonrió, mirando hacia su pastel y siguió comiendo. Cuando terminó tomó su café y le dio un sorbito.
-Murdoc… creo, creo que me voy a ir a mi país.-Helenka dejó la taza en su platito.
-¿Qué?- Preguntó perplejo.- No te puedes ir.- Dijo calmándose.- Aquí tienes una vida… bueno, en Reino Unido.
-Estaríamos separados.- Dijo viendo el café y haciendo ondas.- Creo que sería lo mismo.
Después de eso le dio otro sorbito. Se le estaba quedando frío. Helenka no quería ver la cara del satanista; por si estaba disgustado, enfadado, o fastidiado. Le dolía pensar ahora que vivirían lejos uno del otro. Cerró sus ojos, y sintió como una mano tomaba la suya y le daba unas palmadas suaves.
-No te preocupes.
Solo con decirle eso la tranquilizó del todo. Se tomó el café rápidamente, pagó, y se fue con Murdoc hacia el hotel.
-Murdoc.- Dijo ella. Éste la miró.- ¿No te apetecía ir al acuario hoy?
-Mm.- Murmuró.- Pensaron que no me interesaría, y tenían razón.
-Ah… allí di un concierto.- Le soltó de sopetón. El moreno que se estaba fumando un cigarro empezó a toser violentamente. Helenka se asustó y empezó a darle fuertes palmadas en la espalda hasta que el moreno empezó a respirar con normalidad.
-¿¡Que has dado un concierto, pero tú no tenías algo escénico o no se qué!?
-Sí, pero todo fue para una buena causa… ¿Te has enfadado?- Le preguntó con la cabeza gacha.
-¡Hombre, sí!- Gritó asustando a Helenka.- Me he perdido la oportunidad de oírte cantar… y si eres buena te secuestraba.
-Qué dices…- Dijo sonrojada, pensando que era de broma. Lo que no sabía es que Murdoc lo decía de verdad.
-En fin, olvídalo.
-Yo ya me voy para mi dormitorio. Que estés bien.- Se despidió ella.
-¿No te apetece venirte un rato a mi cuarto?- Preguntó Murdoc tranquilo, dando una gran calada a su cigarro. A Helenka le entró escalofríos, ya que estaba de espaldas a Murdoc y sentía como éste clavaba su mirada en ella.
-Quizá después.- Y así se fue a paso ligero. El moreno frunció el ceño y también se fue hacia su habitación.
Helenka se fue hasta su cuarto, se duchó y se vistió con ropa limpia. Al salir del cuarto de baño se encontró con nuestro amiguito de las tinieblas. La muchacha se enfadó.
-¿Y tú qué haces aquí ahora?- Le preguntó a Sun.
-Nada, me enteré de tu "accidente"- Dijo haciendo comillas con los dedos.
-A ti qué te importaré yo…
-¡Mucho! Eres mi clienta.- Rió.- Tengo información calentita.
-Ajá.
-¡Murdoc no te quiere, sólo te necesita para echar un polvo!- Se carcajeó Sun Moon Stars dando vueltas por la habitación. Helenka tomó de nuevo la sartén e intentó darle un golpe al demonio.- ¡Quieta quieta!
-¡Vete, no quiero escucharte!
-No me quieres escuchar porque… ¡es verdad!
-¿Pero por qué me quieres fastidiar tanto la vida?- Preguntó Helenka malhumorada.
-No te la quiero fastidiar a ti, sino a él.- Le dijo la mar de tranquilo. La muchacha de improvisto le tiró la sartén y le dio de lleno en la cabeza. Sun Moon Stars dejó de levitar y se tiró en el suelo, sobándose la sien.- Bajé la guardia…
-Yo a Murdoc le gusto, incluso me ha dicho que me quiere. Así que te callas.
-Por eso siempre te intenta llevar al huerto, ¿no?
-A ver, ¡las parejas, pues tienen relaciones!- Le dijo avergonzada. Sun se quedó en el suelo, con las dos manos en las mejillas.
-Ya, y tú no quieres.
-Es demasiado pronto…
-Murdoc te va a mandar más lejos…- Empezó a reírse de nuevo. Helenka sintió miedo de perderlo.- Si no te acuestas con él. A ver.- Dijo filosofando.- Yo creo, eh, que tan pronto él no te puede querer, quizás se esté enamorando pero todavía no lo está.
-¿Nunca cierras ese agujero que tienes por boca?
-Bueno pues ya me callo.- Sun se levantó del suelo.- Me voy. Tengo que investigar más tu contrato.
Y se fue. Helenka se fue corriendo sin esperar más, a la habitación de Noodle, que estaba abajo. Aporreó la puerta fuertemente con la mano izquierda, hasta que le abrió Stu.
-Hola.- Dijo con timidez.- Ahora mismo Noodle no está, creo que se fue a c…
-No pasa nada, hablo contigo mismo.- Le interrumpió nerviosa.- ¿Puedo pasar por favor?
-Claro.
Helenka entró y empezó a dar vueltas por toda la habitación (que estaba echa un desastre) 2D movía sus dedos nervioso y sus ojos se tornaron blancos.
-¿Quieres tomar algo?
-No, no… 2D, ¿A Murdoc le gustan mucho las mujeres?- Preguntó.
-Bueno…- Dudó el cantante.- Sí… cada vez que puede se trae chicas a casa.
La baterista gimió dolorida, pero no por ninguna de sus heridas, sino por lo que sentía.
-Es que… tengo la sensación de que si no me acuesto con él terminará por dejarme.
-¿Pero vosotros sois…?- Insinuó el vocalista.
-Creo que sí, no me lo pidió formalmente.- Aclaró avergonzada.- Pero a mí sí que me gusta y lo quiero.- Dijo sollozando.- Voy a tener que ir y…
-Yo creo que no deberías si no quieres.- Le aconsejó.- Pero… bueno, no sé. Yo si fueras tú… o sea, si yo fuera Murdoc, te daría tiempo.
-No, eso sería si fueras tú, porque no sabríamos lo que Murdoc querría hacer.
Todo se quedó en silencio.
-De todas formas creo que sería comprensivo.- Asintió por fin. 2D estaba muy convencido de que él la entendería, debido a la "conversación" que tuvieron el otro día en el desayuno.
-¿En serio?
-Vale, Murdoc es… Murdoc, pero ya llevo viviendo un par de años con él y lo conozco demasiado.
Helenka se levantó de repente y salió de la habitación de Stu y Noodle, dejando al vocalista solo. Pasados unos minutos volvió y le dio un abrazo.
-Gracias. Ahora estoy mucho más tranquila, y me voy a dormir un rato.- Dijo.
-Yo también, tanto ayudar en el acuario…- Rió.- Por cierto, tienes una voz muy bonita.
-¿En serio piensas eso?- Preguntó con una sonrisa. 2D asintió energéticamente.- Me alegro de que te guste. Buenos sueños.- Y así, salió de la habitación. Se dirigió a la suya y se dispuso a dormir.
Aunque pareciera mentira, todos los que fueron al acuario se echaron una siesta que duró hasta la noche. Murdoc se aburría y decidió llamar a su novia.
-¿Sí?
-¿Qué haces?- Preguntó tirándose en la cama, con una botella de alcohol casi vacía.
-Estoy en la azotea.
-¿En la azotea?- Repitió.- Aburrido. Baja a mi cuarto, mejor.
-Tengo ron.
-Voy.
Murdoc colgó y rápidamente subió las escaleras a toda prisa. Cada vez el hueco se hacía más estrecho, hasta llegar a una puerta oxidada y con pinta de ser antigua. La abrió y se adentró en la azotea. Miró al cielo, era una noche despejada, con pocas estrellas y hacía un calor de infierno.
-Hola.
El moreno se giró hacia todas las direcciones sin encontrar a nadie, hasta que se le ocurrió mirar a una pequeña caseta que había. Encontró a Helenka tumbada en el tejado.
Murdoc sin decir nada subió por unas pequeñas escaleras que había y le dio un beso a la baterista.
-¿Y el ron?- Preguntó. Ella cogió una botella de su lado y se la entregó a Murdoc.
-Si no fuera por el ron no estarías aquí…
-No, estaría abajo con el aire acondicionado y tú también.- Le dijo abriendo la botella y dando un gran trago.
-Aquí hay una vista increíble.- Dijo mirando hacia el amplio cielo.- ¿Te gusta?
-Bueno… sí, por qué no.
Helenka se sentó y rodeó sus piernas con sus brazos. Sintió que cuando estaba Murdoc se le rompía la magia que ella creaba. Eran bastantes distintos. El moreno notó que Helenka había puesto cara de "lo estropeas todo" y decidió arreglarlo.
-¿Quieres un poco?- Le ofreció.
-Vale.- Murdoc le pasó la botella. La baterista le dio unos sorbos y dejó el recipiente en el suelo. El moreno se fue acercando poco a poco y ella también, hasta quedar los dos juntos. Ambos se tomaron de la mano.
-¿Te cuento algo?
Ella asintió. El moreno empezó a narrar.
-E aquí, una pequeña historia, de un hombre y una mujer. El hombre era alto y estaba triste, solo. Vagaba por la tierra perdido muy, muy triste.
Helenka soltó la mano de Murdoc y la puso sobre su mejilla, escuchándolo atentamente.
-…Hasta que un día vio a una chica cruzando la calle. Ella tenía tres brazos, y se recordó a sí mismo "¡Dios! Nunca he visto a una mujer con tres brazos…"
La voz del moreno en ese momento era tan apacible y tranquila… dejando el ambiente relajado, y a ella también.
-…Esta era la chica que él quería. Así que la siguió hasta un callejón, saltó sobre ella y la besó. Consiguió tocar su corazón y se fue. Y esa, es una historia de amor…
El moreno suspiró después de acabar. Fijó su vista en la chica, que tenía los ojos casi cerrados y con una sonrisa.
-¿Y eso te ha pasado a ti?- Preguntó más despierta.
-Si aparece una tía con tres brazos lo primero que hago es secuestrarla y venderla a un circo…- Dicho esto buscó en su bolsillo y sacó un cigarro, para después prenderlo y darle una calada.
-No creo que fueras capaz… quiero decir, sí que serías, pero…
Helenka calló y todo se quedó en silencio. Los dos al estar tan acalorados empezaron a sudar. Todo estaba muy oscuro, la luna apenas reflejaba esa noche su liviana luz.
-He entendido lo que querías decir.
La baterista sonrió.
-Me alegro.- Dijo mirándole a los ojos. Murdoc también la miró. Dirigió su pulgar a la mejilla de esta, y lo frotó con un poco de fuerza, sacando un polvo color carne.
-El maquillaje se te corre.- El satanista limpió su dedo en la camiseta y se acercó un poco más a Helenka para seguir quitando aquel polvo.
-No, espera, no me lo quites.- Se quejó alarmada.
-No te entiendo, ¿cuántos kilos de esta mierda te pones?- Preguntó. Pasó su mano retirando más maquillaje de su cara, hasta que vio unas pequeñas pecas en su piel. Murdoc al quitar tanto polvo hizo que Helenka estornudara seguidas veces.
-¡Vale, ya está bien!- Exclamó quitando la mano de Murdoc.
-Todo eso que te pones tiene que ser malo o algo… además, ¿Y esas pecas?- Dijo riendo.
-No me gustan…- Aclaró tapándose la cara, avergonzada.- Me hacen sentir pequeña.
-Tonterías.
Los dos empezaron a discutir a voces sobre diversos asuntos que no tenían nada que ver con la discusión de antes… callaron cuando escucharon la puerta abrirse y los dos se tumbaron para no ser vistos.
-¿Quiénes serán?- Preguntó Helenka en un susurro. El moreno encogió los hombros. La muchacha se arrastró un poco hacia el bordillo para ver mejor. Una sonrisa surcó su cara al ver a 2D y Noodle.
Murdoc le jaló del pantalón y la chica volvió a su sitio anterior.
-¿Y?
-Son Stuart y Noodle.
-¿Pero qué… para qué trae a mi princesita a la azotea, solamente con ÉL?- Dijo furioso, frunciendo el ceño. La baterista le tapó la boca. Se arrastró para estar más cerca del bajista y quedó a su lado, subiendo una de sus piernas a la cadera del moreno. Murdoc al parecer se relajó. Tiró su colilla, ya acabada, al vacío. Helenka se abrazó a él y hundió su cara en el hueco que hay entre el cuello y el hombro.
-Murdoc, tu princesa ya está creciendo.- Le dijo en un susurro.- Estoy segura de que 2D cuidará bien de ella.
-¡Pero todavía es muy pequeña, y…!- Helenka se levantó lo suficiente y besó al satanista.
-A ver, primero, 2D es responsable y comprensivo, no obligará a Noodle a hacer nada que ella no quiera. Y segundo, no puedes intervenir entre ellos.
-¿2D, responsable? Como se nota que no le conoces…
-Responsable en el tema de las mujeres. ¿No tuvo alguna otra novia anteriormente?
-Sí, Paula. Era una zorra. Me la tiré.
-Lo último sobraba…
Helenka se volvió a tumbar. El moreno quedó callado, no muy contento, pero convencido de las palabras de la chica. Ambos escuchaban a Stu y Noodle, pero no conseguían identificar de lo que hablaban. Murdoc se intentó asomar varias veces, pero cada vez que lo hacía, la chica se ponía más encima suya.
-¿Quieres estarte quieto?- Le regañó.- Dejémosles un poco de intimidad.
-¡No puedo!- Exclamó zarandeándola.- A saber qué están haciendo.
-No, si al final voy yo para que te calles.
Helenka se separó de él y gateó con sigilo hasta llegar al borde. Le echó un vistazo y volvió al lado de Murdoc.
-No hacen nada. Sólo charlan.
-Pues no me fío…
-¿Me estás llamando mentirosa?- Preguntó indignada. Después se relajó y volvió a apoyarse en Murdoc.- Bueno piensa lo que quieras.
Se quedaron callados mientras escuchaban de fondo a la parejita. Los dos miraban el cielo. El moreno se prendió otro cigarro. El humo que desprendía se veía hipnótico.
-¿Sabes hacer algún truco?- Le preguntó. Murdoc se quedó pensando.
-Como no sea echar el humo por la nariz.
-Yo sé. O sabía…
El moreno le dio el cigarro.
-Hazlo, a ver qué sale. Pero no fumes demasiado.- Helenka asintió y le dio una gran calada. Después de tener el humo retenido por varios segundos, lo soltó en forma de ceros. El moreno abrió los ojos de sobremanera y empezó a reír.- ¡No me lo esperaba!
-¿Y este?- La muchacha volvió a inspirar el humo. Después de poner unas caras bastante extrañas, logró sacar una "u" y una "s"
-¿Cómo has aprendido?
-Años y años de práctica.- Dijo pesadamente.- La que más me costó aprender fue la "s". Creía que ya no me iban a salir.- La muchacha le devolvió el cigarro a Murdoc.
Helenka se atrevió a preguntar algo que le rondaba por la cabeza.
-Oye Muddy… ¿me cuentas cosas sobre ti?- Le dijo cariñosa. Ella ya sabía que Murdoc era muy "reservado" con sus cosas por así decirlo… pero ella ya le había contado un par de cosas suyas, quizás se dejaría.
Sin embargo, Murdoc frunció el ceño.
-¿Qué quieres saber?
La baterista se puso un dedo en la barbilla.
-¿Tus padres?
-Mi madre y mi padre son unos hijos de puta, mi madre por dejarme solo y mi padre… por ser como es.- Sentenció.
-No digas eso…- Susurró Helenka incorporándose.- ¿Tan mal te lo hicieron pasar?
El moreno no respondió. Siguió fumándose su cigarro, con expresión neutra, mirando el cielo. De pronto tiró el cigarro y con el brazo derecho se tapó los ojos. Helenka se agachó un poco y le acarició el pelo, de tacto áspero.
-Te entiendo, te entiendo…
-Mi madre me dejó cuando era un bebé y mi padre me recogió.- Empezaba a narrar el moreno.- También tengo un hermano, se llama Hannibal. Espero que se pudra allá donde esté. Mi padre a los tres o cuatro años me obligaba a interpretar Pinocho para sacar dinero y emborracharse…
Murdoc se incorporó también y siguió contando.
-Y mi casa… no podía estar allí. Tenía que estar afuera, aunque fuese en el instituto… sacaba malas notas, mi padre y mi hermano me pegaban… y ahí es cuando empecé a creer en Satán.- Suspiró, un tanto agobiado.- Por fin cuando cumplí los dieciocho me fui de mi casa e intente crear varios grupos, que no tuvieron éxito. Un día estaba con unos "amigos" y creamos otra banda, pero necesitábamos dinero para financiarla y decidimos atracar a una tienda de música.
El moreno le fue contando cómo conoció a 2D, a Russel y a Noodle… y eso a la baterista le pareció muy tierno. Cuando acabó, cogió la botella de ron y la dejó por la mitad.
-Seguro que te has aburrido.
-Para nada.- Le dijo con una sonrisa.- Que me hayas contado todo esto significa que tenemos más confianza.
-Y tú… ¿qué tal tu infancia?- Se atrevió a preguntar.- Más de lo que ya sé.
-Bueno. Pues yo nací en…- Se paró ahí. Murdoc alzó una ceja.- Vale, tú ganas, soy rusa… cerca de la capital. Tenía a mis padres y a mis hermanos. Somos tres contándome a mí. Dos chicas y un chico.- Explicó señalando tres dedos de su mano derecha.- Mi infancia fue normal, hasta que cumplí los siete… mi madre empezó a desarrollar esquizofrenia aguda, creo. La encerraron en un psiquiátrico.
Murdoc asentía cada vez que ella contaba.
-Mi padre cayó en una depresión de las gordas y empezó a beber, y a beber. Mi hermano se fue de casa, aunque de vez en cuando le llamo. Mi hermana era la que cuidaba de mí, la quería mucho, pero no estaba en casa mucho tiempo porque trabajaba. Un día, a mi padre, se le escapó la mano y me dio una bofetada. Me fui corriendo a llorar a mi cuarto, y así era día tras día hasta que mi hermana se dio cuenta. Tuvo una pelea con mi padre y se fue de casa. Desde ese día no la he vuelto a ver.
Helenka tomó la botella y le dio un trago para aclarar su garganta.
-Mi padre me culpaba de todo lo malo que había pasado: de lo de mi madre, la huída de mi hermana… hasta que un día no lo soporté más y me fui a casa de una amiga. Él me buscó, claro está, pero llamé a la policía y eso, y le denuncié por malos tratos. No creo que haya nada más. Me llevaron a Londres a los dieciséis y allí conocí a Boinae.
La muchacha le contaba toda su vida al moreno. Los dos nunca pensaron que se parecerían tanto. Siguieron hablando, esta vez de chorradas sin importancia, hasta que se les ocurrió asomarse un poco para ver a Noodle y 2D.
La pareja estaba sentada en el suelo, mirando el cielo, ignorando que les estaban observando. De pronto, Noodle alzó una mano al cielo.
-¡Mira, ya empiezan las estrellas fugaces!- Exclamó. Murdoc y Helenka miraron al cielo también. Eran pocas estrellas las que navegaban arriba, pero eran preciosas.
-No las puedo distinguir.- Dijo Helenka en un susurro.- ¿Son bonitas?- Le preguntó a Murdoc.
-Sí.- Afirmó.- ¿Puedes echarles un vistazo?
-¿Por qué no los dejas en paz?
-¿Te imaginas que ese bicho besa a mi princesa? Es-muy-pequeña.- Dijo pausadamente.
La muchacha suspiró y asintió, se asomó por última vez. Luego volvió a su sitio.
-No hacen nada en especial.
El moreno le sonrió y siguió viendo el cielo. Lo que no sabía es que Helenka sabía mentir muy bien…
