Hola amigos. Este es un capítulo un poco corto, pero con mucha intensidad. Espero que les guste, besos. (Por cierto, ¿desean lemon? Yo prefiero que en este fanfic no. Pero si lo desean, haré un one-shot para complacerles. Saludos.)

La noche terminó de fábula, ambiente agradable y muy romántico, aunque algo caluroso. Lo que no sabían los demás, es que Expressi0n se iba la mañana siguiente. No por nada en especial, sino que Boinae tenía que asistir a varios juicios si no quería que le cayesen unos diez años de cárcel. Helenka la regañó, ya que quería estar con Murdoc los pocos días que tenían para disfrutar.

Las chicas discutían mientras hacían las maletas en la habitación de Boinae.

-Quédate, sé cuidarme sola.- Le dijo con aire de superioridad.

-Apuesto a lo que quieras que dices alguna burrada en el juicio.

-¡Es que el juez no deja de tocarme el co..!- Antes de que la cantante terminase la frase, Helenka le tapó la boca, evitando que dijese la tontería que iba a decir.

-¿Ves? No tienes autocontrol...

-Además, yo también dejo aquí a mi Russel...- Boinae soltó las prendas que estaba metiendo en sus valijas y puso una pose bastante dramática. Helenka ladeó la cabeza sin expresión alguna y siguió empaquetando sus objetos personales en la maleta.

-En fin, no hagas más la tonta y sigue guardando cosas, que vamos a perder el avión... ¡Litané!- La llamó.

-¡Mamá que estoy en el baño!- Se escuchó su voz en la lejanía, algo enfadada.

-Vale, tómate tu tiempo...- Helenka soltó una sonrisa. Tomó la cremallera de su maleta y la intentó cerrar, pero al ver como eso no funcionaba, se sentó encima de ésta, aplastándola. Con dificultad la cerró, pillando algunas medias, pero la cerró. Cuando acabaron de preparar sus valijas, el joven grupo salió del hotel, con cuidado de no ser vistas. Pidieron un taxi hacia el aeropuerto, que estaba algo lejos y tardarían unos cuarenta y cinco minutos en llegar. Nada más pasaron diez minutos en el taxi, el móvil de Helenka sonó. Pero ella, con simpleza, lo ignoró al ver que era Murdoc. Se apoyó en la ventana, viendo los coches pasar. Analizó firmemente lo que acababa de hacer. No podría decirle nada hasta llegar a su casa. Sabía con toda certeza de que el grupo entero irían a buscarlas.

El móvil de Boinae también sonó. Al ver que era Russel se alegró y se apresuró en contestar. Aunque, antes de descolgar, Helenka sin pensarlo tomó ágilmente su teléfono sin apagarlo, dejándolo sonar.

-¿Se puede saber qué haces?- Preguntó la cantante malhumorada e intentando recuperar su móvil.

-Creo que no deberías de hablar ni con Russel, Noodle, 2D o Murdoc.

-Con Murdoc seguro.- Boinae, en un descuido de su compañera, consiguió arrebatarle el teléfono. Pero unos segundos después dejó de sonar.- Llamada perdida... Bueno, dáme una explicación de mi agrado.- Dijo la cantante colocándose mejor en el asiento y cruzándose de brazos.

-Estoy segura que Russel iría a buscarte.

-¿Qué? Nah. Estáte tranquila.- Le respondió con sultura. Tomó su móvil de nuevo y llamó a Russel. Las dos chicas escuchaban atenta la conversación. Después de unos segundos, Boinae habló.- Russ, perdona por no contestar... pues camino al aeropuerto...

Cada segundo que pasaba, la voz de Boinae se volvía desesperante e intranquila. Era una clara señal de que ella y Russel estaban teniendo una pelea, hasta tal punto de que la cantante se puso a insultarlo. En uno de sus ataques de furia, bajó la ventanilla y tiró el móvil a la carretera. Litané y Helenka intercambiaron miradas.

-¿Tengo que preguntar lo que ha pasado?- Dijo la baterista sin demasiada seguridad. Miró a la cantante: su labio inferior temblaba bruscamente y sus ojos estaban humedecidos.

-¡No preguntes!- Saltó de repente girando su cara hacia la ventana. El aire le daba de lleno, ella pensó que a lo mejor así le tranquilizaría. Durante todo el trayecto nadie dijo nada. Llegaron al aeropuerto, salieron del taxi, tomaron sus maletas y pagaron al conductor. Rápidamente facturaron todos sus equipajes y se sentaron a esperar las dos aburridas horas que había que aguardar para entrar en el avión. Litané sacó de su bolsillo una consola y se puso a jugar, entretenida. Helenka la miró confundida.

-¿Y esa consola?- Preguntó.

-Es de Noodle, se supone que se la devolvía hoy.- Le respondió un tanto enfadada. Helenka se sintió culpable. Todo lo del viaje de vuelta fue repentino para ella ya que no sabía que tenían que volver tan pronto. Le acarció el pelo con cariño, en cambio Litané seguía pendiente a su juego. Dejó de acariciarla y miró a Boinae; ella simplemente se abrazaba a su bolsa de mano, fuertemente.

-Al final, va a ser mala idea esto de irnos tan pronto... pero claro, tengo que ir al juicio con Boinae...- Pensó la baterista con cansancio. Las horas se pasaban asombrosamente lentas. Boinae estaba encogida en su asiento, Helenka tenía la mirada perdida, mirando a quien pasaba, y Litané entrenida en su asiento. La baterista miraba de vez en cuando su móvil, para revisar la hora.

-Creo que ya nos debemos ir.- Susurró Boinae levantándose y desesperezándose. Se la veía tan ida, muy triste... Helenka se levantó y le dio un pequeño abrazo.

-Tranquila, todo estará bien... en cuanto te compres un móvil nuevo.- Rió para animarla. Ella simplemente mostró una débil sonrisa y también la abrazó.

-Oh Dios, ¿Pero cómo he podido pelearme con el novio más maravilloso que he tenido?- Se lamentaba en su mente. Tranquilamente, las tres se dirigeron a la cola para entrar en el avión. Entregaron sus billetes, pero antes de entrar en aquel oscuro pasadizo que conducía al transporte, alguien llamó a Boinae. Ella se giró rápidamente, y vio a Russel a lo lejos, corriendo hacia ellas. Se apartaron de la entrada para que la gente siguera su destino. El afroamericano llegó agotado y jadeante, parecía que le estaba entrando un infarto. La cantante se posicionó en frente de él, con los brazos en jarra.

-¿Qué haces aquí, nos has buscado por todo el aeropuerto?

-S-sí.- Respondió dificultosamente. Después de unas bocanadas de aire más, recuperó la compostura.- Boinae por favor, déjame acompañarte.- Suplicó, poniendo sus grandes manos morenas en los pequeños hombros de ella.

-No puedes ya.

-¿Cómo me voy a perder el juicio de mi novia? ¡Que a lo mejor te meten en la cárcel!- Dijo elevando un poco el tono de voz. La chica suspiró. Después de mucho pensarlo, Boinae retiró las manos de Russel de sus hombros, y dijo las palabras más dolorosas que el afroamericano pudo escuchar.

-Lo siento Russel. Te dejo.

Helenka y Litané pudieron jurar cómo el corazón del simpático muchacho se estampaba en el suelo y se partía en pedazos muy pequeños. Boinae cubrió su boca con la mano derecha y se fue corriendo hacia el avión. Litané fue tras de ella, dejando a Helenka y Russel solos. La baterista miró al moreno a los ojos, que ahora mismo estaban sin vida y húmedos. Helenka fue a abrazarlo.

-Russel, tranquilo.- Le dijo.- Te aseguro que no lo decía en serio.

-Me ha dejado.- Decía en un hilo de voz.- Me ha dejado...

-Russel, escucha. Ella te quiere, lo que ha dicho ha sido por la rabia. Lo siento, pero me tengo que ir...- La muchacha se despidió débilmente con su mano derecha. Le daba pena dejar a Russel ahí, pero no podía hacer nada más por él de momento. Recorrió el oscuro pasillo, llegando al lujoso avión que le esperaba. Buscó su asiento. Eran de tres, así que estarían juntas. Se sentó al lado de Boinae, que no hacía nada más que llorar.

-Eres una estúpida.- La insultó en sus narices mientras se sentaba en el asiento.

-Y tú una imbécil...

Russel se fue al hotel, dolido. Nada más entrar en su cuarto, se echó a llorar como un niño pequeño, en su cama. No iba a salir en todo el día de ahí. A la media hora se desahogó del todo y se quedó profundamente dormido.

Mientras tanto, Murdoc estampaba su teléfono en la barra del bar del hotel. Le ponía realmente furioso que su chica no le cogiera las llamadas. A lo mejor estaba ocupada, vale, ¡Pero no tres horas seguidas! así que pidió otra ronda de chupitos para entretenerse. Tanto, que ya estaba empezando a ver atractivo al camarero. Zarandeó la cabeza para quitarse esas imaginaciones. Miró de nuevo su teléfono, pero nada. Ni un triste mensaje. Suspiró y bebió de un trago tres vasitos llenos de tequila del duro. Luego tomó una rodaja de limón y la saboreó, para que no fuera tan fuerte. Ésta vez suspiró de satisfacción. Miró hacia la entrada titubeante, y vio a 2D diriguiéndose hacia él. Éste se sentó a su lado.

-¡Hombre, 2D! Qué raro verte por aquí.- Le saludó con su extraña alegría.

-Ya ves.- Le dijo. Pidió un vaso de cerveza al camarero, quien se lo trajo enseguida.

-¿Te pides esa mierda, para las delicias que hay en el bar?- Le preguntó asqueado.- Anda, bebe un chupito.- Le ofreció.

-No, Murdoc, de verdad, es muy fuerte para mí...

-¡Anda ya!- El moreno tomó la cara de 2D, cogió uno de sus chupitos e hizo que se lo tragara a la fuerza. El pobre vocalista empezó a toser fuertemente.- ¡Toma el limón!

El vocalista le hizo caso y chupó el limón. Inmediatamente se alivió.

-Está bien.- Dijo Murdoc dándole palmadas en la espalda.- ¿Te gustó?

-Algo...

-¡Otra ronda por aquí!- Gritó alegremente el moreno. 2D suspiró resignado. Trajeron la ronda y se pusieron a beber. El peliazul vio que el moreno sostenía en su mano el teléfono, que estaba más que magullado. Una sonrisa surcó su cara.

-¿Problemas con la churri?- Preguntó bebiendo un chupito. Murdoc miró el móvil.

-Cómo se nota que ya estás ido de copas...- Rió.- Pues sí, 2D, para qué te voy a mentir. Y no es mi "churri"- Dijo haciendo comillas.

-¿Entonces?

-Pues...- El moreno miró su reflejo en el chupito que estaba a punto de beber. La verdad, es que no le había pedido nada. Sólo le había dicho que creía que la quería. Murdoc sintió sonrojarse "Por el alcohol" pensó simplemente.- Joder, no me preguntes estas cosas...

-¿Por qué no lo admites? La quieres y ya está.

-No puedo quererla.- Negó bruscamente.- Es demasiado maravillosa. Además, ¿A ti qué te importa?

-Helenka me defendió.- Dijo con una sonrisa.- Creo que si está contigo estará bien. ¿No opinas lo mismo?

Murdoc calló. Ya se le habían acabado sus chupitos. Como odiaba eso. Hablar de sentimientos cuando estaba bebido. Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, ¿No?

-Sí, estará bien... estará bien conmigo.- Admitió. Después, se le escapó un hipo.- Y yo sólo pensaba en tirármela... que estúpido he sido.- Se lamentaba.

-Murdoc, ama por una vez en tu jodida vida...- 2D sonaba enfadado. Bruscamente tomó otro chupito y lo bebió de un jalón.- Como la dejes escapar te pegaré la paliza que nunca te han dado. Bueno, entre Russel y yo...

El moreno se sorprendió por aquellas amenazantes palabras. Sintió un horrible deseo de ver a Helenka y salió corriendo del bar, dejando al vocalista solo. Inmediatamente, 2D sonrió.

-Que rápido se pica... ¡Otra ronda, por favor!

Murdoc fue corriendo por las escaleras, a la habitación de Helenka. A veces se caía debido a la embriaguez que tenía. Llegó a su cuarto y llamó repetidas veces. Le abrió una señora con un uniforme, debía de ser la limpiadora o algo por el estido.

-Eh... hola.- Saludó el moreno.- ¿Saben si está ahí la que ocupa la habitación?

-Perdone señor, pero esta habitación ya ha sido deshabitada.

-¿Cómo?- Preguntó perplejo.

-Lo que oye.- Dijo, un poco grosera.- Y ahora, si me disculpa, estoy limpiando la habitación. Hay restos de chucherías hasta por debajo de la cama...- Dicho esto, dio un señor portazo, haciendo que el pelo de Murdoc se levantara un poco. Bajó rápidamente, de nuevo, las escaleras. Corrió por el vestíbulo, pero al encontrarse a Noodle afuera, en la entrada, paró bruscamente y se dirigió hacia ella.

-¡Nena! ¿Qué haces aquí?- Le preguntó mientras recuperaba el aliento.

-Tomar un poco el sol.- Respondió.- Oh Dios Murdoc... apestas a alcohol. Un día te va a pasar factura.

-Vale, mamá.- Dijo sarcásticamente.- ¿Sabes dónde está Helenka?

-No, no la veo desde ayer. También espero a Litané, me tiene que dar la consola.

Helenka no estaba, Litané tampoco... esto al moreno le olía a chamusquina.

-¡Gracias Noodle!- Le agradeció mientras salía corriendo. La japonesa alzó una ceja y permitió que el sol siguiera acariciando su nívea piel.

Murdoc ya estaba que no podía más. En vez de andar (que era ya lo único que podía hacer) parecía que se arrastraba pidiendo clemencia. Llegó, por fin, a la habitación de Russel. Aporreó la puerta con las pocas fuerzas que le quedaban. Se recostó sobre ella para recuperar algunos soplos de aire. Ya recuperado, aporreó la puerta de nuevo.

-¡Abre la puerta bola de grasa!- Gritó malhumorado. Después de unos segundos, Russel le abrió. Parecía una sombra.

-No estoy para aguantar tus tonterías, Murdoc.

-¿Está ahí la bicho esa?- Russel agachó más la cabeza y apretó sus puños con furia, haciéndose pequeñas marcas en las palmas de las manos debido a las uñas.

-¿Cómo la has llamado?- Preguntó enfurecido. El moreno vio la cara de Russel y echó varios pasos hacia atrás, pero era en vano, el afroamericano cada vez se acercaba más a él. Tomó a Murdoc del brazo, levantándolo hasta que sus pies no tocasen el suelo.

-¡Suelta, me haces daño!- Gritaba el moreno, intentando zafarse del agarre.

-Como quieras.- Dijo con aura oscura, para después lanzarlo bruscamente hacia el pasillo. El satanista cayó de espaldas, haciéndose algo de daño. Se levantó rápidamente, pero temblando por el dolor. El baterista se acercó a él.- No te doy una paliza porque no estoy de humor... bastardo.

Russel fue a meterse en su cuarto, cuando Murdoc lo interrumpió.

-¡Espera, ¿dónde están las chicas?!- Gritó antes de que se adentrase en su habitación.

-Se han ido.- Y con eso, dio un portazo. ¿Cómo que se han ido? ¿A dónde? ¿Por qué? Murdoc, cansado, se fue hacia su cuarto. Ya entendía por qué no le cogía las llamadas. Rápidamente tomó toda su ropa y la metió a presión en su maleta. Antes de salir de su cuarto, llamó una vez más a Helenka. Apagado o fuera de cobertura.

Tomó el ascensor y bajó hasta el piso de Russel. Dio unos sonoros porrazos, hasta que le abrió.

-¿Dónde se han ido?- Preguntó jadeante.

-A Reino Unido, yo que sé...- Y así, volvió a cerrar la puerta, pero el pie de Murdoc lo interrumpió.

-Si te ha pasado algo con... Boinae.- Russel escuchaba atentamente.- Podrías venir conmigo.

-No, ella no quiere verme más.- Así cerró la puerta, dejando a Murdoc solo. Quizás hayan cortado, pensó. Tomó de nuevo el ascensor junto con la pesada maleta. Al salir, corrió como alma que lleva el diablo hacia un taxi, derecho al aeropuerto...