¡Hola! Hacía mucho tiempo que no subía un capítulo, he tenido algunos problemas pero también muchas alegrías… pero la espera vale la pena, este es el capítulo más largo que he escrito, ¡diecinueve páginas! Ahora relájense y lean con tranquilidad, gracias por la espera.
El tiempo pasaba, y el avión ni siquiera daba señales de moverse. Todos los pasajeros estaban desesperados. Parecía que había un problema técnico, ya que las azafatas estaban de un lado para otro. Boinae no dejaba de sollozar como una niña pequeña, mientras sostenía un pañuelo de papel en sus manos con el que se sonaba la nariz y se secaba las lágrimas de vez en cuando. Tarántula, aunque mostraba estar serena en su asiento, con los ojos cerrados, no podía estar más harta de los lloriqueos de la cantante. No acceptaría sus consuelos, eso lo sabía desde el principio. Aunque su buena bondad se apoderó de ella, e hizo que su mano se deslizase por la espalda de Boinae. Sintió cada una de sus vértebras, cosa que le puso el vello de punta. Por un momento, la chica del pelo extrañamente largo dejó de sollozar y miró a su amiga, se abrazó a ella, empezando a llorar de nuevo.
-Tranquila... ¿Sabes lo que dijo una vez mi madre?- Le preguntó la baterista mientras acariciaba su pelo. Boinae lógicamente negó, ya que no había conocido nunca a su madre.- Si alguien te pudo amar, otra persona lo hará.
-Vaya, eso es muy bonito.- Dijo abrazándose un poco más a ella. Litané se sentía un poco excluída, así que también se abrazó a Helenka. Esta también le empezó a acariciar el pelo con suavidad. Se sentía madre de las dos.
Anunciaron por los altavoces que el vuelo se retrasaría una media hora, así que podían salir del avión y estirar por lo menos un poco más las piernas para el largo viaje. Salieron ordenadamente de sus asientos. Una vez fuera, Helenka se compró una botella de agua, estaba sedienta.
-¿Quieres algo de comer?- Preguntó a Litané. Esta se lo pensó por unos momentos.
-Un helado de chocolate estaría bien.
Helenka cumplió sus deseos y le compró un helado de chocolate. De mientras, compró otra botella de agua para Boinae, que estaría deshidratada por llorar tanto. Litané miraba un poco el gran y ajetreado aeropuerto mientras saboreaba su dulce, cuando de repente, vio a alguien correr como un poseso con la maleta encima, perseguido por varios guardias del aeropuerto. Se le abrieron los ojos como platos.
-Pero... si es...- Musitó.
-¿Hm?- Helenka se giró mientras bebía un poco de agua. Tuvo que escupirla cuando se dio cuenta de que Murdoc corría por el aeropuerto, perseguido por policías. Se iba a meter en el avión que se había montado, y sacó la conclusión de que iría a buscarla a ella... pero, ¿por qué traía una maleta? No podía irse con ellas, no tenía ni billete, ni había facturado su equipaje ni nada por el estilo. Pidió a la pequeña bajista que le sujetase las botellas y que no se moviese de ahí. Corrió hacia la puerta antes de que Murdoc pudiera invadir o secuestrar el avión, después de todo la tienda no estaba tan lejos, o eso rogó ella. Con todas sus fuerzas gritó el nombre del bajista, llamando la atención de la gente. Por suerte, el moreno logró escucharla y fue feliz hacia ella.
Nada más soltó la maleta fue a abrazarla y a llenarla de besos.
-Murdoc...- Lo llamó sin obtener resultado, entonces pronunció su nombre más fuerte.- ¡Murdoc!
-¿Qué?- Por fin, se separó de ella. Pero desgraciadamente los policías le cogieron de las muñecas y pusieron unas esposas en ellas. Una vez hecho esto, cogieron al moreno del brazo para llevárselo.
-¡Esperen, por favor!- Pidió a los agentes.- ¿Puedo hablar con él?
Los policías se miraron y asintieron.
-Solo cinco minutos.- Dijo uno de ellos. Les dejaron solos y ambos se sentaron en los asientos del aeropuerto. Helenka tomó el rostro del bajista, que tenía un poco la mirada perdida. Le dio varias palmadas para que reaccionase, en eso le vino un olor a alcohol espantoso, de la boca del bajista.
-Murdoc, ¿Qué haces apestando a alcohol, estás borracho... otra vez?
-No. Bueno, en realidad sí. Pero muy poco.- Murdoc la miró de arriba abajo, con una mirada fulminante. La chica se encogió un poco, con sentimiento de culpa.- ¿Qué hacías que no cogías mis llamadas?
Se encogió un poco más. No soportaba que Murdoc la mirase de esa forma, le hacía sentirse más culpable de lo que ya era.
-Es que...- Empezó a hablar, vacilante.- No quería decirte nada porque... bueno, te hubieras enfadado.
-Créeme, estoy más enfadado por que no me lo hayas dicho.- Dijo soltando un suspiro. Helenka le dio un abrazo cariñoso, a modo de disculpa. Éste lo aceptó con resignación. Él también se habría ido sin avisar a nadie.
-¿Y qué has hecho para que te detengan?
De la nada, salió un policía, que lo agarró de un brazo, levantándolo con brusquedad.
-Escándalo público. Ahora, si me disculpa, señorita.- Helenka vio cómo se llevaban a Murdoc, pero se levantó rápidamente y le dio un fugaz beso en los labios. El moreno sonrió y se despidió dando un gesto con la cabeza.
-¡Llama a Stu, que te saque de aquí!- Le gritó desde lejos. No podía creer que a partir de ese momento estarían separados, lejos el uno del otro. Solo de pensarlo se angustiaba, quería decirle las últimas palabras antes de que se lo llevaran, así que se acercó un poco más a la jauría de policías que sujetaban al moreno.- ¡Iré a visitarte, te lo prometo!
Murdoc se giró, mirándola de reojo.
-¡Te quiero!- Le dijo por última vez la muchacha.
Dicho esto, metieron al moreno en una sala. Helenka se despedía con la mano derecha, con cuidado de no hacerse demasiado daño debido al esguince que se hizo en la pelea contra Sun Moon Stars. Dio un suave suspiro y se fue a buscar a Litané, que aguardaba en el mismo sitio, solo que esta vez le acompañana la vocalista bebiendo su botella de agua.
-¿Siempre va llamando la atención?- Preguntó Boinae. Por el megáfono anunciaron que su vuelo ya estaba listo y que podían embarcar.- A saber qué era lo que pasaba con el avión... quizás nos estrellamos y todo.
A Litané le entró un escalofrío por la espalda.
-¡No digas eso!- Le chilló con cara de pánico.
-Venga, deja de meterle miedo...- Dijo Helenka, ya dirigiéndose hacia el avión. Las otras dos le siguieron. Las tres sintieron mucha pena de dejar Orlando tan pronto, pero qué se le va a hacer...
A Murdoc le habían metido en una especie de cárcel cutre y sin ventana alguna, todavía con las manos esposadas. Llamó a 2D, tal y como le había aconsejado Helenka.
-En qué momento decidí hacerle caso al Face-Ache, si sólo tiene ideas estúpidas... debería de dejar de beber cuando estoy con él.- Pensaba enfadado consigo mismo.- Odio estar solo, me da tiempo para reflexionar...
Se quedó allí por un par de horas, hasta que Stu fue a por él. Pensaba en lo idiota y estúpido que había sido al llevarse la maleta, y pensar que se podría colar en el avión. Pero claro, estaba borracho, y los borrachos no son consecuentes de sus actos. 2D optó por no decirle nada, aunque nuestro bajista se encontrase más o menos estable, su cara reflejaba todo lo contrario. El cantante lo miraba de reojo, hasta que Murdoc se dio cuenta.
-¿¡Qué miras, imbécil!?
-¡Nada, nada!- Exclamó asustado, tapándose con sus finos brazos. Creía que el moreno le pegaría o le tiraría al suelo, como hacía siempre. Pero no lo hizo. No. En vez de hacer nada prendió un cigarro y lo empezó a fumar.
En parte, 2D entendía a Murdoc. El amor era duro, muy duro, y el moreno nunca había experimentado algo tan fuerte como aquello. El amar es una potente droga.
Stu se atrevió a poner su mano en el hombro del moreno, dándole palmadas. Murdoc lo miró con una ceja alzada, sin entender nada.
-Te entiendo.- Le dijo con una voz reconfortante. El bajista quitó la mano del vocalista con una expresión de asco en la cara.
-Tú no entiendes nada.- Pronunció con desprecio.- No tienes pareja.
El moreno empezó a andar con más ligereza, dejando a Stu más atrás. El cantante se entristeció por lo que dijo Murdoc. Él no tenía pareja, pero sí que había amado, y sufrió bastante. Corrió hasta ponerse a su lado y ésta vez, no habló. Los dos pidieron un taxi y llegaron al hotel en donde les esperaban un montón de periodistas, y el moreno con el cabreo que tenía empujó a uno de ellos que se puso delante de él.
-¡Eh, ¿De qué vas?!- Le gritó al bajista. Éste se giró y le miró con odio.
-¿¡De qué vas tú, gilipollas? ¡No me dejabas paso!
Murdoc desplegó tanta ira en sus palabras que el periodista se encogió en el suelo con miedo. Bufó con burla y él y 2D entraron en el hotel, cansados. Entraron en el ascensor y subieron a la planta de Stu sin decir nada. Una vez llegaron, el vocalista salió y empezó a despedirse de Murdoc.
-Adiós Murd…- Antes de decir nada más, el moreno cerró las puertas del ascensor, dejando al vocalista con la palabra en la boca. Esto le entristeció y se fue a su habitación con la cabeza gacha.
-Encima que he tenido el detalle de pagar su fianza y buscarlo…- Pensaba mientras abría la puerta de su cuarto y se adentraba en él.
Por otra parte Murdoc ya había llegado a su habitación. Dejó la maleta en el suelo y la pateó con fuerza varias veces, haciendo que se abriera y esparciera toda su ropa y sus pertenencias por el suelo.
-¡Joder!- Gritó con furia. Con rabia se tiró en la cama boca abajo. No se había sentido tan inútil en su vida. Después de eso se relajó un poco más, y sin quererlo, se quedó dormido en el cómodo colchón.
No hubo actividad de la banda fuera de sus habitaciones en varios días. Expressi0n se había ido, y aunque no lo admitiesen, las echaban de menos. Eran sus amigas. Todas habían hecho buenas migas con los chicos. Aunque, tuvieron algunos roces, como Russel y Boinae, que solo duraron un par de días… el que Murdoc dejara abandonada a Helenka en el parque… y entre Stu y Noodle pasaron cosas muy raras, que todavía están por explicar…
Gorillaz no tardaron en pillar un vuelo para irse de nuevo a Inglaterra. No fueron a DisneyWorld, para desilusión de Noodle. No había más dinero para financiar más eventos. Los chicos estaban muy preocupados por Russel, tenía la mirada triste y apenas comía, muy raro en él. No sonreía, no hablaba… Murdoc en cambio estaba siempre de mal humor, pegaba y gritaba más a 2D, se enfadaba con facilidad a cada broma que le hacían y no quería hablar con nadie de sus asuntos. 2D y Noodle también estaban bastante raros. Entre ellos dos, apenas se hablaban, y cuando alguno de los dos coincidían en miradas, giraban la cara rápidamente, con vergüenza.
Después de varias horas torturosas de avión, llegaron a Kong Studios, muertos, cansados, como zombies. Y hablando de zombies, algunos entraron en la casa en la ausencia de los chicos, pero Murdoc cogió una escopeta y los eliminó con facilidad. Claro que, después, Russel, Noodle y Stu tuvieron que recoger tal estropicio, porque el moreno después de la cacería se fue directamente al Winnebago, encontrándose con una sorpresita…
Un grito bastante sonoro y largo sonó por todo Kong. Los chicos que estaban en la casa lograron identificar que el chillido vino del garaje, así que fueron corriendo, asustados para ver lo que ocurría.
-¡Murdoc, Murdoc! ¿Qué ocurre?- Preguntó Noodle, pues ella había llegado primero. Lo primero que vio fue al bajista, desesperado, mirando a todos lados. Lo segundo que notó fue que la Winni no estaba.
-Ese Wurzel… ¡Ese maldito hijo de perra! ¡ME HA ROBADO LA WINNI!- Gritó de nuevo. Estaba tan furioso que se puso a darle patadas a todo lo que había por allí.- ¡Joder, es llegar a casa con toda la ilusión del mundo y que te den un disgusto!
Russel y Stu llegaron a la escena del crimen. Respiraban agitadamente por haber ido corriendo.
-¿Qué ha pasado?- Preguntó un Stu jadeante.
-¿¡No lo ves, pedazo de idiota!? ¡Mi picadero ha desaparecido!- Le gritó Murdoc, aún más furioso de lo que estaba. No estaba ahora para aguantar las tonterías del vocalista, aunque este preguntara con buena intención.
-Mala suerte.- Dijo el afroamericano, son semblante serio.
-¡Mira gordo, no estoy para tonterías!- Le insultó.
-¡Si cerraras la Winni con llave, a lo mejor no hubiera pasado nada!
-¡A LO MEJOR SI NO TE HUBIERAN PARIDO, NO HABRÍA PASADO NADA!- Gritó más enfadado que nunca. Todo se quedó en silencio, solo se escuchaba la fuerte respiración de Murdoc. Solo nuestra pequeña japonesa, después de unos minutos, se atrevió a decir algo.
-Murdoc… creo que te deberías de tranquilizar un poco…
El moreno no le hizo caso y empezó a andar con paso rápido, pero Noodle se puso en medio. Murdoc, sin poder aguantarlo más, le dio un empujó a la guitarrista, haciendo que cayera de culo al suelo. Después de esto se fue corriendo por las escaleras, dando un portazo a la puerta con la que se accedía al garaje.
Russel y 2D se quedaron con la boca abierta. Escucharon llorar a Noodle y fueron corriendo a ayudarla.
-Estoy bien, estoy bien…- Musitó la pobre niña, poniéndose de pie, y sacudiendo su pantalón.
-Maldito bastardo… solo hace sufrir a los que le rodean.- Dijo Russel limpiándole algunas lágrimas con un pañuelo, a la que era, casi su hija.
-No hagas caso de Murdoc.- Le recomendó el vocalista, con todo preocupado. Tomó la mano de la japonesa, pero ella la quitó inmediatamente.
-¡No me toques!- Gritó desesperada. Stu retiró la mano y agachó su cabeza. Noodle se fue, también, corriendo. El vocalista no se había sentido tan mal en su vida. El afroamericano no entendía demasiado, pero igualmente le dio un par de palmadas a Stu en la espalda, para reconfortarlo.
Todos, después de lo que había pasado, se encerraron en sus habitaciones. Nadie quería ver a nadie. Ninguno cenó esa noche, se ducharon e intentaron dormir, casi todos lo consiguieron, menos Noodle. Era la más afectada en ese momento, no había dejado de llorar en toda la tarde. Sus hermosos ojos verdes ahora estaban rojos e hinchados. Ella estaba tirada en la cama, abrazada a uno de sus cojines, y su mono descansaba al lado de ella, feliz de que hubiera venido del viaje.
Murdoc, su padre, la había empujado. Nunca había hecho algo parecido en su vida. Ni siquiera le elevó la voz. Estaba muy asustada, a lo mejor él, podría hacerle en algún momento algo peor. Pero lo que más le afectó fue lo de 2D…
Sin quererlo, la japonesa se que recostando más y más, hasta estar tumbada del todo. Después de unos segundos, se quedó dormida.
Eran las cuatro de la mañana. Un portazo bastante sonoro despertó a la japonesa. Se levantó de la cama y se talló los ojos con cansancio, cuando iba a abrir la puerta para ver lo que ocurría, alguien llamó a la misma. Noodle se detuvo y no abrió la puerta, simplemente se quedó de pie, a ver qué ocurría.
-Noodle, ¿estás dormida?- Preguntó una voz rasposa. La japonesa se encogió un poco al saber que era Murdoc. Se fue despacio hacia su cama, y se acostó dando de lado a la puerta. El moreno empezó a hablar de nuevo.- Sé que tienes el sueño ligero y que te has despertado al dar yo el portazo.
La japonesa no hizo nada, solo siguió escuchando.
-Lo siento, Noodle, por el empujón que te di antes y eso… tú sabes que no te haría daño en la vida, antes me mato yo de un disparo.
La voz del moreno se quebró cuando dijo esas palabras. La guitarrista se mordía las uñas, nerviosa.
-Últimamente estoy muy tenso…- A Murdoc se le escapó un hipo, así que Noodle dedujo que había estado bebiendo.- Soy un idiota al hacer daño a una nena tan linda como tú. Espero que algún día me hables.
Se escuchaban los pasos de Murdoc, alejándose lentamente. A Noodle se le partía el alma. Con angustia se levantó de la cama con ligereza, abrió la puerta y fue corriendo hacia Murdoc. Le abrazó fuertemente por la espalda.
El satanista se giró y ésta vez los dos se abrazaron como Satán manda.
-Te perdono Murdoc.- Le dijo la japonesa con una sonrisa. El moreno la abrazó más fuerte.
-Gracias nena, no sabes la angustia que me quitas de encima.
La japonesa se sintió muy protegida en los brazos del moreno. Al fin y al cabo era como su padre. Se extrañó al sentir un líquido en su mano, con olor a metal. Era sangre. Noodle se apartó asustada y vio a Murdoc, tenía toda la cara llena de aquella sustancia rojiza.
-¿Qué has hecho ahora?- Le preguntó con preocupación.
-Eh…- El moreno se quedó sin palabras. Noodle negó con la cabeza.
-Vamos a la cocina, allí te curaré.- Le tomó de la mano y caminaron por el largo pasillo hasta llegar a la cocina. Murdoc se sentó en una silla, ya con cara de resaca, y Noodle trajo unas vendas, algodones y agua oxigenada. Mojó un poco de agua en una toalla, para que el moreno se pudiera limpiar.
-No es necesario, nena. ¿Recuerdas que soy médico?- Le dijo burlón, con una media sonrisa.
-Claro, ¿y dónde estudiaste, en Oxford, en Harvard?- Se burló ella de él. Tomó agua oxigenada y la aplicó en el algodón, una vez que Murdoc ya se hubiera limpiado la cara. Empezó a curar la herida de la frente, una pequeña brecha.
-¡Noodle, ten más cuidado, duele!- Gritó adolorido.
-El que tiene que tener más cuidado eres tú, sino no te iría curando…- Le respondió, un poco malhumorada. Encima que le cura… bueno, Murdoc era así.
Terminó de sanar su herida. Noodle le examinó.
-¿Tienes otra herida que no haya visto?
El moreno sólo miró para otro lado y agachó su cabeza. La japonesa no pudo evitar gritar al ver otra herida mucho más grande que la de su frente en la nuca.
-¡Madre mía! ¿Cómo te la has hecho?
-Bueno… me metí en una pelea, y me estamparon una botella.- Dijo como si fuera lo más normal del mundo. Noodle rebufó cansada.
Le examinó un poco, vio que tenía un par de trozos de cristal y se los quitó con cuidado. Murdoc solo mordía sus labios, para evitar gemir de dolor.
Ninguno dijo nada mientras estaban en esa pequeña operación. Solo se escuchaba a Murdoc respirar con algo de dificultad, debido al dolor que le causaba el agua oxigenada. Noodle terminó, y sopló sus heridas para que aliviaran al moreno.
Noodle recogió todo lo que había utilizado para sanar a Murdoc. Después, la japonesa se sentó en frente de él, que seguía con la cabeza agachada.
Se quedaron ahí, en paz y tranquilidad. Solamente se escuchaban algunos crujidos de la casa y gemidos de los zombis intentando entrar en Kong Studios. Todo era tan surrealista en ese lugar…
Noodle subió sus piernas y se abrazó a ellas. Sabía que Murdoc no estaba bien. Él no era así. Para nada, y le dolía que estuviese decaído.
-¿Te duele, verdad?- Preguntó con cariño.
El moreno se alzó un poco, mirando de reojo a la japonesa.
-Claro que duele fideo, ¡Me han estampado una botella en la cabeza!- Exclamó extrañado. La guitarrista negó.
-Las heridas no.- Se levantó de su asiento y posó su mano en el corazón del moreno.- Esto.
Murdoc abrió los ojos, sobresaltado. Hizo como el que no sabía nada, pero en realidad, la pequeña japonesa dio en el clavo.
-Sabes a lo que me refiero.- Continuó la japonesa.- Pero si no quieres hablar de ello, está bien.- Retiró su mano del pecho del moreno. Se levantó y colocó la silla en su sitio.- Me voy a dormir. Buenas noches.
El bajista vio como se alejaba su nena, pero no quería que se fuese, así que se levantó y la llamó.
-Espera, Noodle.- Ella se dio la vuelta, con expresión confusa.- ¿No te apetecería… ver una peli y tomar algo de dulce?
La guitarrista sonrió y asintió, y volvió al lado de Murdoc.
-¿No te parece que es un poco tarde?
-La noche es joven, amor. Vete sentando en el sofá y escoge la película que tú quieras.
Noodle le hizo caso. Puso una película cualquiera y se sentó en el sofá. Al poco tiempo llegó Murdoc con unas latas de refresco bien heladas y varios dulces de chocolate. Los dejó al lado de la japonesa, se sentó abriendo su lata y posó sus pies en la mesita de té que había.
-¿Qué película has puesto?
-No lo sé, era un CD que estaba tirado por ahí…
Noodle tomó el mando y le dio a reproducir. Tardó unos segundos. Aparecieron dos personas, con ropa bastante ligera, y mirándose lujuriosamente…
-Oh, mierda…- Musitó Murdoc.
-¿Qué, qué pasa?
-¡Dale al pause, dale al pause!- Gritó el moreno. Noodle tomó el mando desesperada y apretó el botón indicado, pero la película no se paraba.
-¡No va!
Al poco tiempo, empezaron las escenas de sexo. La japonesa se quedó boquiabierta y se tapó la cara con sus manos.
-¡QUÍTALA, QUÍTALA!- Chilló tirando el mando. Murdoc lo tomó al vuelo y apretó él el botón.
-¡Mierda de mando que se le acaba la pila en el momento más indicado!
-¡MURDOC, QUE LA QUITES!
El moreno se levantó del asiento y fue al DVD, pero la película igualmente no se paraba.
-Noodle, creo que es el momento de hablarte de sexo…
-¡SÍ HOMBRE, LO QUE ME FALTABA!- Gritó de nuevo. De un salto digno de olimpiadas, tiró la televisión de una patada, haciendo que se cayera al suelo. La imagen empezó a distorsionarse, hasta que quedó negra completamente, y echando humo.
Murdoc se empezó a reír y Noodle también. De repente, el moreno paró.
-La pagarás de tu bolsillo.
-Me parece bien.
-Creo que lo mejor será que te vayas a dormir.
Noodle tomó los dulces y su bebida para marcharse a su habitación. Murdoc apagó las luces y se fue a dormir a un cuarto cualquiera, que tuviera cama, por supuesto.
A la mañana siguiente todos se despertaron más animados. Desayunaron y desordenaron la ropa de sus maletas. Murdoc declaró ese día como descanso, pero que mañana trabajarían en los videoclips y ensayarían. No ocurrió demasiado, ya que estaban cansados por el viaje y solo estaban en sus habitaciones.
Al día siguiente no hubo más que prisas y broncas por parte del moreno, que estaba bastante estresado porque creía que por un día de descanso ya habían perdido todo el tiempo, y según él, el tiempo vale oro. Por su culpa no pararon en toda la "maldita semana" según describían los otros miembros. Estaban molidos, tantas horas delante de la cámara y tantos ensayos y conciertos.
Pero Murdoc sacó un poco de bondad que tenía en su corazón y les invitó a cenar pizza en un restaurante.
-¡Venga, comed! No me he gastado el dinero para nada.- Incitaba el bajista a 2D, Russel y Noodle. Pero más bien estaban sentados en las sillas, con unas ojeras enormes y con cara de cansados.
-Yo solo quiero dormir…- Gimió 2D, frotándose los ojos. Su voz sonaba bastante mal y rasposa, señal de que Murdoc lo había explotado.
-¿Qué tal si nos llevamos las pizzas y ya si eso… nos las comemos mañana?- Propuso Noodle.
El moreno notó de sobremanera las pocas ganas de nada que tenían. Suspiró.
-Tomad lo que sea y vámonos a Kong Studios.
Los tres miembros restantes sonrieron, tomaron las pizzas y se fueron. Una vez llegaron a su casa, dejaron la cena en el frigorífico y se fueron a sus cuartos, menos Murdoc, que se quedó allí, en la cocina, solo, fumando un cigarrillo. Vio a Noodle marchar, pero antes la llamó.
-¿Noodle, puedes venir?- Le pidió. La japonesa se giró y fue a su lado. Murdoc se fijó en su ropa, últimamente siempre llevaba la misma… no es que no se la cambiara, sino que hace mucho que no veía ropa nueva en ella.
-¿Qué pasa?
-¿Qué te parece si mañana vamos al centro comercial todos juntos para comprarte ropa? Así renuevas tu armario…
-¿En serio?- Preguntó con más ánimo. Fue a abrazar a Murdoc.- Gracias. Creo que deberías de ir a dormir también.
-No estoy cansado. A diferencia vuestra, yo hago las cosas bien a la primera, y no necesito tanto tiempo como vosotros, por eso no estoy cansado.- Y tan tranquilo, le dio una calada a su cigarro, expulsando el humo por la nariz. Noodle dejó de abrazarlo y alzó una ceja.
-Ah, pues, señor Perfección, me voy a dormir porque como yo no hago las cosas bien a la primera… buenas noches.
Y la pequeña guitarrista se fue. Dejando a Murdoc solo, que fumaba tranquilamente apoyado en la encimera de la cocina.
A la mañana siguiente, más o menos temprano, Noodle ya estaba despertando a todos los hombres de la casa. Al final el bajista fue al que más trabajo le costó levantarse, por irse durmiendo tan tarde.
-¡Venga venga que yo ya estoy vestida y todo, espabila!- Metía prisa la guitarrista.
-¡Que ya voy!- Gritó Murdoc desde su cuarto, buscando algún pantalón decente y en buen estado.- En qué momento le propuse ir al centro comercial…
-Pues ayer, seguramente estarías borracho.- Rió Noodle al otro lado de la puerta.
-¡No, es que de noche no hago más que idioteces, soy un 2D nocturno!
2D que estaba con Noodle y Russel, no hizo otra cosa que suspirar.
Murdoc salió por fin y se dirigieron al Jeep. Todos se montaron y se relajaron, pero con el moreno al volante era imposible. Daba muchos frenazos o giraba en las curvas bruscamente.
-Murdoc, ¿Podrías tener más cuidado?- Sugirió Russel enfadado.- A este paso nos estrellamos en cualquier lado…
-Mi coche, mis normas.- Dijo sin más. Un par de volantazos más y llegaron al centro comercial. Todos menos Murdoc llegaron aturdidos.
-En fin, Noodle; ¿cuánto planeas gastarte?
-Pues…
-Bueno bueno, déjalo, ésta vez invito yo.- Le dijo revolviéndole el pelo.- Puedes gastarte lo que quieras. Y vosotros también.- Dijo, refiriéndose a los chicos.
En un chasquido de dedos, Russel y 2D habían desaparecido. Tendrían que comprar algo urgente y no les llegaría el dinero, pensó el moreno.
-¿Puedo irme yo también? Sé que no te gustan las compras, Murdoc.- Le preguntó Noodle. El bajista sacó de su bolsillo un par de billetes y se los entregó a la japonesa.
-Gástate lo que quieras. Ten cuidado.
Noodle se fue corriendo, al igual que Russel y 2D. Y Murdoc como detestaba los sitios con gente (a no ser que fuese un concierto o un burdel) se quedó en el Jeep, echando una cabezada.
Pasaron un par de horas. El cielo se estaba volviendo oscuro a causa de unas nubes que no tenían muy buena pinta.
2D salió de una tienda de videojuegos lleno de bolsas… se sentó en un asiento que había allí, para descansar un rato. En una de esas, vio a Noodle entrar en una tienda de ropa, llena de bolsas, igual que él. Rió de ternura al verla. Pensaba en el comportamiento de Noodle en estos días con él, obviamente quería evitarle, eso lo entendía hasta Stu. Le dolía mucho, porque la japonesa era su amiga, e incluso podrían ser algo más… pero era imposible. 2D agitó la cabeza, como para quitarse esas ideas.
Tomó las bolsas y se adentró en la misma tienda donde había entrado Noodle, quería hablar con ella.
Por otro lado, Noodle estaba en el probador, cambiándose de ropa. La que se estaba probando le quedaba bastante bien. Ya estaba creciendo como mujer y llenaba más las camisetas y los pantalones. Sonrió por ello.
Se la empezó a quitar y a guardarla para llevársela. En una de esas, escuchó varios gritos afuera como "¡Pervertido!, ¡Sal de aquí!" extrañada se asomó, y se escondió de nuevo al ver a un chico de cabellos azules.
Que no me vea, que no me vea… pensaba angustiada. Sabía que la buscaba a ella, ¿A quién si no?
Se terminó de vestir y esperó a que se fuera, pero su mente quedó en blanco cuando vio sus zapatos parados delante del probador.
-¿Noodle, estás ahí?
La japonesa no contestó.
-Sé que eres tú… reconocería esas bambas en cualquier lado.
Noodle abrió la cortina del probador con la cabeza agachada.
-¿Qué pasa, 2D?
-¿Por qué me evitas últimamente?- Preguntó, con un leve tono de dolor.- Si te he hecho algo que te haya molestado… perdona.
Noodle sintió derrumbarse en ese momento.
-No… no has hecho nada…
-¿Entonces?
Nuestra bella nipona estaba a punto de llorar. ¿Cómo explicar lo que había pasado la noche de las estrellas en el hotel? ¿Cómo podía actuar como si nada hubiera pasado?
-Déjame, por favor…
-¿Noodle, estás llorando?
-¡Déjame!- Dijo elevando la voz y empujando a 2D. Tomó todas sus bolsas y la ropa que iba a comprar. Llegó al mostrador y se coló delante de algunas personas, para dejar el dinero e irse corriendo. Un día genial de compras se convirtió en un día horroroso. Noodle empezó a correr hacia la entrada. Se sorprendió cuando vio que llovía. No veía a Murdoc por ningún lado y eso la asustó. Se refugió en una parada de autobús, no quería estar cerca del centro comercial, no quería encontrarse ahora con ciertas personas que se pondrían a interrogarla. Se puso a llorar desconsolada, como una niña pequeña, lo hizo tranquila ya que no había nadie en la parada. Noodle dejó de llorar en cuando notó que había un autobús en la parada, con la puerta abierta.
¿Pasará este autobús por Kong Studios? Se preguntó. Que más da. Se subió, pagó su billete y se sentó en un asiento cercano a la puerta. Lo curioso es que no había nadie en el autobús, cosa que extrañó a Noodle.
Apoyó su frente en la ventana, admirando la lluvia y el paisaje. Murdoc le echaría una charla. Suspiró, haciendo que el cristal se empañara. Con su dedo fue dibujando cosas sobre la condensación que había causado, aburrida, intuyendo que el viaje a donde fuera sería muuuy largo. Se tranquilizó más al ver que el conductor paraba en otras estaciones de autobús, y que algunas personas subían y bajaban. Sacó su móvil a ver si tenía algún mensaje o algo así. Había bastantes mensajes y llamadas perdidas de 2D. Rebufó y guardó el móvil de nuevo.
-¡Última estación!
Noodle miró al conductor, que había parado el autobús bruscamente. Cogió sus bolsas y salió, para meterse debajo de la parada, pues todavía seguía diluviando. Suspiró. Se quedó sentada a ver si paraba de llover, pero eso no pasaba. Un poco de esperanza reflejó en los ojos de Noodle cuando vio que Kong Studios no estaba muy lejos, así que salió de la parada y fue corriendo. Su corazón se aceleraba por momentos, solo quería llegar a casa, y ojalá que no hubiera entrado ningún zombie en la ausencia de la banda.
Llegó a la puerta de metal. La abrió bruscamente, haciendo que chirriase. La cerró y atravesó las tumbas con rapidez y con algo de miedo. Por fin, llegó a la puerta que accedía a su casa, pero se extrañó muchísimo al ver una Harley en la entrada de su casa.
-¿Y esta moto?
Asustada tomó el pomo y abrió la puerta, dejando las bolsas tiradas por ahí. Se quedó igual de escandalizada cuando notó que las luces estaban encendidas.
-¿Hay alguien ahí?- Preguntó.- Que tonta, como si alguien me fuera a contestar…
-¿Quién no te va a contestar?
-¡Ay!
Noodle se giró asustada. Abrió sus hermosos ojos verdes al darse cuenta de que era Helenka… ¡Helenka! ¡Era ella, la necesitaba tanto!
Fue corriendo a abrazarla y a darle besos.
-¡Espera, Noodle!- Dijo riendo.- Estoy llena de barro, mejor que no te acerques mucho.- Rió de nuevo, con tono cariñoso.
-No importa yo también estoy mojada por la lluvia, ¿ves?- Le dijo, enseñando su ropa.
-Bueno, qué más da… ¡Ven a mis brazos!
Las dos se fundieron en un abrazo muy especial. Helenka y Noodle reían de euforia por su encuentro, aunque sólo hacía unas semanas que no se veían, las dos se echaron bastante de menos.
Se separaron y la chica ojos lilas apartó el pelo de la cara de Noodle, que terminó por estornudar, ya que había cogido frío.
-¿Qué haces aquí?- Le preguntó con una sonrisa.- Creía que no te iba a ver durante un largo tiempo…
-Pues.- Empezó a narrar.- Tenía unos negocios que hacer en Essex así que antes de irme decidí traerte esto.
Helenka fue al sofá y rebuscó en una bolsa (que de seguro que habría traído ella) de la cual sacó la consola de Noodle. A la japonesa se le incrustó una sonrisa en la cara y tomó el aparatejo.
-Gracias, ya lo estaba echando de menos y todo eso…- Rió.
-Oye, ¿y qué te ha pasado para que estés así? Vas a coger un catarro.- Le advirtió la mayor. Noodle se encogió un poco, empezó a recordar todo lo sucedido.
-Yo, es que…
Helenka, al notar que la pequeña japonesa estaba al borde de la lágrima, le propuso algo.
-Espera, ¿Qué tal si nos damos un baño las dos juntas y nos relajamos? Así me podrás contar más tranquilamente lo que quieras.
Noodle asintió. Llevó a la baterista al baño. Lo abrió y les vino un olor horrible al olfato. Todavía seguía el agua en donde se bañó Murdoc antes de que conocieran a Expressi0n.
-Que asco…- Dijo Noodle.
-Bueno, tranquila, abrimos la ventana y listo.- Helenka se adentró en el baño y se alzó un poco para abrir una pequeña ventana que daba al exterior.
-Esta es la única bañera que hay aquí… supongo que no podremos tomarnos un baño.- Dijo Noodle. A continuación, emitió un pequeño estornudo.
-Tranquila, se desatasca y ya está.
-¿Vas a meter la mano ahí?- Preguntó, señalando la bañera con asco.
-Claro. Como se nota que no eres de pueblo.- Rió. Se remangó la camisa que llevaba y con esfuerzo metió el brazo en la bañera. La nívea cara de Helenka se volvió aún más blanca de lo que ya estaba pues el agua estancada olía fatal. Encontró el problema: un tapón sin cuerda. Con sus largas uñas lo quitó, haciendo que el agua se fuera.
Noodle la aplaudió feliz.
-Gracias, pero no es algo de que me enorgullezca.- Le dijo tosiendo, por el olor.- En fin… vete preparando, yo iré limpiando y llenando la bañera, ¿estás de acuerdo?
-Sí.- Dijo la nipona. Fue a su cuarto y tomó uno de sus pijamas, y un camisón para Helenka. Regresó al baño y encontró a Helenka llenando la bañera con un apetecible agua caliente.
-Te he traído un camisón. No se si te quedará bien…
-Tranquila, la intención es lo que cuenta.- Le sonrió.- Ya te puedes meter si quieres.
A Noodle le daba un poco de vergüenza desnudarse en frente de ella. Helenka lo detectó.
-Si quieres, me meto yo primero y después me tapo los ojos para que tú te metas.
La japonesa asintió. Helenka se fue desnudando y dejando la ropa en el lavabo, ya que estaba bastante sucia de barro. Se metió en la bañera, gimiendo de gustito.
-Ya terminé. No miro, lo prometo.
Noodle se desvistió lo más rápido que pudo, dejando al igual que Helenka la ropa en el lavabo. Se metió con rapidez pero se quemó un poco antes, pero nada importante.
Las dos ya estaban en la bañera. Ninguna hablaba, no era necesario, de momento. Helenka se zambulló en el agua, haciendo que su pelo se mojara.
-Y bueno… ¿dónde están los chicos?- Preguntó.
-En un centro comercial…
-¡Ah, cierto! Te vi entrando con bolsas, ¿Qué te compraste?
-Yo… me compré…- Noodle empezó a hablar entrecortadamente. Helenka alzó una ceja. De pronto, la pequeña japonesa comenzó a llorar.
-Noodle, ¿qué pasó?- Preguntó preocupada.
-Es que… te contaré desde el principio.- Dijo echándose el agua caliente en la cara, para eliminar sus lágrimas.- Pasó en el hotel… una noche que iba a haber una noche de estrellas fugaces…
Oh sí, Helenka se acordaba perfectamente. La noche en la que 2D y Noodle se besaron.
-…Stu me invitó a la azotea y yo acepté. Me llevó y vimos las estrellas. Le dije que me gustaba… que le quería… y le besé. ¿Por qué lo hice?
Noodle comenzó a llorar en grandes y amargas cantidades. La mayor le acarició la mejilla con comprensión y cariño.
-¿Qué te contestó él?
-Que también me quería… ¡Me quiere, Helenka! Pero me dijo que no deberíamos de estar juntos… por lo que diría Murdoc, Russel, también por la diferencia de edad… lo peor es que se comporta como si nada hubiera pasado, y me duele mucho…
-Te ha demostrado que te respeta y que quiere lo mejor para ti. No te castigues tanto, ni a ti ni a él.
Había un ambiente bastante amargo en aquel baño. Noodle no dejaba de llorar, su corazón le dolía demasiado.
-Escucha, Miho.- Le dijo Helenka.- ¿Por qué no dejas de llorar y cuando venga Stu le das un buen beso? Seguro que no te lo rechaza y te dice que te quiere.
-Pero, él…
-Hazme caso, los chicos son… chicos.- Rió complacida. Empezó a hacer ondas en el agua con sus dedos, esperando respuesta.
-Yo quiero besarle…
La muchacha rusa sonrió.
-Bueno, pues vete enjabonando, porque supongo que vendrá pronto, ¿No?
Las dos chicas se enjabonaron y se ducharon. Salieron del baño y se secaron con las toallas, para ponerse a continuación el pijama.
-Oye Helenka… ¿Qué te pasó para que estuvieras llena de barro?- Preguntó Noodle con intriga.
-Eh, pues…- Titubeó.- Iba con mi moto… no sé si la has visto afuera… y pues bueno, como el terreno estaba tan fangoso me caí. Aunque juraría que algo agarró mi moto e hizo que se resbalara…
-Muy típico en los Kong.
Las dos rieron y se fueron al salón. La nipona tomó una pizza para que Helenka y ella almorzaran algo. En un momento le mandó un mensaje a Stu, diciéndole que no se preocupara y que estaba en casa. Encendieron la tele y se pusieron a hablar.
-Ah, hace mucho que no me relajaba así.
-Yo igual… Murdoc nos tiene trabajando todo el día.
-¿Y cómo está? Hace tiempo que no le veo…- Dijo algo sonrojada.
-Más idiota que de costumbre… creo que está así por ti.- Noodle tomó una porción de pizza y la devoró.
-¿Por mí?
-Sí, te echa demasiado de menos… últimamente está de mal humor y aunque los demás no se den cuenta está algo triste.
Helenka se encogió un poco y tomó un trozo de pizza.
-Yo también le he echado de menos.
-¿Qué tal si lo llamo para que venga?- Propuso.
La mayor asintió repetidas veces. Noodle marcó un número y esperó unos segundos.
-¿Murdoc? Soy Noodle… Sí, estoy bien… oye, ¿Puedes venir a casa? Te he traído una sorpresa….
Helenka se tapó la cara, estaba roja de pena.
-…Bueno, sí, vale, adiós.- Se despidió y colgó.
-¿Una sorpresa, en serio?
-Claro, después de haber trabajado tanto se merece una alegría.- Rió. Entre las dos se comieron la pizza mientras esperaban a los chicos.
-Oye, ¿y qué clase de negocios has venido a hacer a Essex?
-Es que para pagar la deuda de Sun Moon Stars debo de trabajar el doble, y hace tiempo me propusieron ser la imagen de una marca de zapatos, y resulta que la empresa está en Essex…
Noodle procesó la información.
-¿¡Que hiciste un trato con Boogieman!?
-Shh… baja el volumen.- Susurró.- ¿Por qué todo el mundo reacciona así cuando lo cuento?
-Porque es lo peor que podrías haber hecho…- Contestó, con la boca abierta.- Tu vida será un infierno… si no le pagas.
-Pero te acabo de decir que sí que le pago… por eso estoy teniendo que trabajar de modelo.
Noodle suspiró. La japonesa escuchó algo fuera de los Kong. Eran los chicos, que estaban aparcando el Jeep en la entrada y como siempre, iban discutiendo.
-¡Están ahí!- Gritó la nipona sobresaltándose.
-Noodle, tranquila, solo son los chicos.- Rió Helenka. La japonesa se fue corriendo a su habitación.
-¡Eh, espera, no me dejes sola!- Dijo levantándose del sofá. En ese mismo momento, Murdoc entró llamando a Noodle, pero se quedó sin palabras al ver a su bella novia en camisón.
Russel y 2D entraron dificultosamente pues Murdoc estaba en medio. También se quedaron callados al verla.
Helenka se cruzó de brazos, avergonzada, moviendo de vez en cuando su pie derecho como signo de nerviosismo.
-Ho-hola… no me miréis así, por favor…
En un segundo el moreno ya la tenía entre sus brazos. Helenka le correspondió abrazándolo igual de fuerte que él. Parecía que se iban a fundir. Helenka empezó a notar que le faltaba el aire.
-Murdoc, me ahogas…
-Oh, sí, perdona.- Le dijo soltándola.
-¿Qué haces aquí, T?- Preguntó 2D con una sonrisa, pues él se alegraba al verla también.
-Eh… creo que será mejor que vayas a hablar con Noodle, te espera en su cuarto.- Dijo guiñándole un ojo. Stu se sonrojó por esa muestra tan sensual y fue al cuarto de la pequeña.
Llamó a su puerta varias veces, hasta que le abrió la nipona.
-Noodle.- Sin dejar que ella dijera nada, la abrazó.- Estaba muy preocupado. No te vuelvas a ir nunca así. Y, te tengo que decir algo…
La japonesa asintió y se acercó la cara de 2D. Los dos estaban más que sonrojados. En un rápido movimiento Noodle besó a Stu en los labios. Varios segundos después, se separaron.
-¿Qué querías decirme?
-Eh… esto… no me acuerdo…
-Pues yo sí tengo algo que decirte…- Suspiró Noodle.- Solo que… te quiero y que me dolió que te comportases como si la noche de las estrellas no hubiera pasado… está bien que no podamos estar juntos pero… ¿me podrías dar un beso de vez en cuando?
Stuart se quedó callado, mirando al suelo, o eso intuía la nipona.
-Noodle, estaremos juntos, pero no ahora… solo espera.- Le dijo con una sonrisa y mirándola a los ojos.- Yo también te quiero pero no podemos ir demostrándolo por ahí todavía.
2D abrazó de nuevo a Noodle. Olfateó su cabello, ahora húmedo por haberse tomado un baño. Maldecía todos los obstáculos que había por no poder estar con su querida niña…
