¿Dónde están Noodle y 2D?- Preguntó Russel abriendo la nevera para sacar un par de refrescos. Murdoc se había ido a hacer unos asuntos y él se había quedado en compañía de Helenka.

-Seguramente arreglando sus diferencias.- El afroamericano le tendió la lata.- Gracias.

-Arreglando sus diferencias… sabía que les pasaba algo.- Murmuró preocupado.

La muchacha miró a Russel. Sería mejor no decirle nada sobre el asunto… se fue de la cocina para irse al salón, seguida de él. Se sentó en el sofá, estirándose un poco, y bebiendo de un trago su bebida.

-Oye, ¿Me enseñas la casa o así? Tengo curiosidad por ver dónde vivís.- Le sugirió la baterista. Russel soltó una leve sonrisa.

-Eso está hecho. Ven, sígueme.

Helenka se levantó del sofá y siguió a Russel, que se dirigía al pasillo. Por lo que había visto la chica ya, era un pasillo amplio, con muchos trastos y cosas extrañas tiradas por el suelo.

-Bueno, Kong Studios es bastante grande. Hay muchas habitaciones, creo que ni siquiera yo he visto todas.- Le explicaba.

-¿En serio? Yo vivo en un piso normal y corriente.- Dijo viendo y palpando las paredes; de inmediato dejó de tocarlas porque estaban cubiertas de una sustancia pegajosa.

-Murdoc se adueñó de todo. No tengo ni idea si pagó algo por todo el terreno…

Mientras más avanzaban, todo se ponía más tétrico. Algunas puertas estaban arañadas o simplemente no tenían pomo. El techo estaba manchado de una sustancia de color rojo muy sospechosa…

-¿Cómo podéis vivir aquí? Esta casa me da malas vibraciones.

-Y con razón: muchas cosas han pasado entre estas paredes.- Dijo, con tono tenebroso.

-¡Ay Russel, no digas eso con esa voz!- Le regañó con temblor.

-Bueno mira, hemos llegado a mi cuarto.- Dijo para intentar tranquilizarla un poco. Abrió la puerta y no había nada fuera de lo normal; una cama, una cómoda, herramientas y… un cerdo de cara fatigada.

Helenka se extrañó un poco y se escondió detrás de Russel.

-No tengas miedo, es mi mascota.- El cerdo se acercó al baterista y lo olió. Russel le acarició el lomo y el cerdo gimió de gustito. Se le ocurrió una idea.- ¿Por qué no le acaricias? No hace nada.

-No tengo nada en contra de los animales… pero no.- Rió algo nerviosa. Russel lo dejó estar.- Si quieres mirar algo… adelante.

Helenka entró un poco más en el cuarto del chico. Olía bien, aunque hubiera un cerdo viviendo ahí. Estaba algo desordenado. Se acercó un poco a la cama, y de ahí, a la cómoda, en donde reposaba una foto de una pareja afroamericana. La chica tomó la foto y la miró con ternura.

-¿Son tus padres?- Preguntó.

-Sí.

Miró la foto unos segundos más y la dejó en su sitio.

-Es genial que les quieras tanto.- Anduvo de nuevo hasta Russel.- ¿Qué tal si seguimos con el tour?

-Ok.- Afirmó amigable. Dejó a su mascota en la habitación y la cerró. Siguieron adentrándose en las entrañas de Kong Studios. Helenka se moría de curiosidad por saber qué guardaban aquellas misteriosas puertas. ¿Algo espantoso, quizá?

-No sé qué guardan las puertas.- Habló de repente Russel, sacando a la rusa de su trance.- Muchas puertas las ha cerrado Murdoc bajo llave.

-Qué extraño…

-Mejor será que volvamos… esta zona no es segura.

Los dos volvieron al lado contrario de donde venían. Helenka juró ver algún que otro hueso (quizás humano…) y escombros, junto con cenizas. Prefirió no preguntar y salvar su cordura de una muerte segura. Russel siguió enseñándole la casa: el baño, la sala de cine, el estudio… En unos 20 minutos ya estaban en el salón, donde estaba Murdoc viendo la tele y fumando un cigarro.

-¿Dónde estabais… qué estabais haciendo?- Preguntó desconfiado. Helenka se sentó junto a él y le dio un beso.

-Me estaba enseñando la casa. Es muy grande.

-Bueno, yo me voy a mi cuarto a hacer… cosas. Adiós.- Se despidió Russel.

-Adiós, Russel.- Le despidió la muchacha en un buen gesto. Murdoc no dijo nada, solo se quedó mirando la televisión. Cuando todo se quedó en silencio, a parte del sonido del aparato, el bajista se arrimó un poco más a su novia, y ella al ver que inició ese movimiento, también se acurrucó ante él. Acabó por abrazarlo.

En un rápido movimiento, Murdoc acabó por estar en frente de Helenka, mirándola a los ojos.

-Escucha.- Empezó a hablar.- Hay varias normas que quiero que sepas, antes de que deambules sola por Kong Studios.

Helenka asintió.

-Primera norma: no entres en ninguna habitación que esté cerrada; ni siquiera las mires, como si no existieran. Segunda norma: No te acerques al cuarto de Russel, e incluso a él mismo, es un imán para los espíritus… Tercero: no salgas de noche ni afuera ni por dentro de la casa, y si quieres hacerlo me informas. Cuarta norma: no vayas al garaje. Puede aparecer Wurzel, es un viejo chiflado-roba-cosas. Y quinta y última norma: no vayas hasta al final del pasillo, ¿Todo entendido?

La chica asintió de nuevo. ¿Para qué tantas normas, y si era tan peligroso vivir ahí, por qué no se mudaban? Aunque la casa era un verdadero misterio sin explorar… y ella era muy curiosa. Se mordió el labio inferior con delicadeza. De repente Murdoc la besó apasionadamente, pillándola por sorpresa. Aun así correspondió con gusto, poniendo sus manos en las mejillas del moreno, mientras que él posó sus manos en los hombros de ella. Al final se separaron a causa del aire.

-Como vuelvas a morderte el labio de una forma tan sensual tendré que violarte…- Confesó Murdoc, algo agitado por el beso. Helenka se sonrojó.

-S-sí…

-Por cierto, ¿Hasta cuánto tiempo te quedas?

-Mañana me voy, solo vine de visita.- Le dijo con una de sus perfectas sonrisas, o así le parecía a Murdoc. Le miró el rostro. Tenía todavía las marcas de uñas que le dejó de regalo Boogieman. Le entró una rabia increíble por sus venas, y sus ojos proyectaban fuego. Puso una mueca de desagrado, a lo que Helenka se dio cuenta.

-¿Qué pasa?

-¿Eh?

-Me has mirado con mala cara.- Dijo palpándose el rostro, seguramente habría entendido que tenía alguna imperfección en algún lado de su tez.

-No es eso, preciosa, es solo que… las marcas de tu mejilla ya están sanas.- Murdoc tocó su mejilla con el pulgar. Helenka agachó la cabeza, recordando cómo se las hizo… el bajista notó su tristeza y le levantó el rostro para depositarle un beso en los labios. Le siguió preguntando.- ¿Tu mano se curó también?

-Sí, hace unos días me quité la venda. Ya puedo tocar, y me tranquiliza porque tenemos la gira el año que viene, a principios de verano.- Suspiró.- Hay que ensayar… y las pastillas que me estoy tomando me dejan agotada… sin energías.

-¿Tus pastillas para los ojos?

Así siguieron hablando un rato más, hasta que Helenka dejó de hablar y Murdoc se dio cuenta de ello. Sin querer, se quedó dormida, apoyada en el hombro del moreno. La zarandeó varias veces. Se tomó bastante mal que se durmiera en plena conversación y la zarandeó más fuerte para que despertara, pero no lo hizo.

-Joder, ¿tan cansada estás?- Preguntó en voz alta. Rebufó y no tuvo más remedio que recostarla en el sofá, quedando las piernas de ella encima de las de él.

Murdoc se dedicó a bajar un poco el volumen de la televisión y a verla. Se preguntaba dónde estarían 2D, Noodle y Russel. Apenas eran las cuatro de la tarde y todo estaba demasiado tranquilo… pero no le dio mucha importancia.

Inconscientemente, puso una de sus manos en las piernas de Helenka. Notó que eran muy suaves y sin vello. Como eran agradables al tacto, comenzó a tocarlas más detenidamente. Fijó su vista en sus pies. Llevaba calcetines. Esto le causó risa al satanista, ¿No se suponían que estaban en verano?

Empezó a subir un poco más su mano, llegando al muslo. La verdad, ella no estaba ni delgada ni gorda.

"Tiene todo muy bien repartido" pensó el moreno con lujuria. Siguió subiendo hasta levantarle un poco el camisón. Oh, Satán, era deliciosamente suave…

-Murdoc, deja de tocarme, me haces cosquillas…- El recién nombrado retiró la mano algo exaltado. Helenka le habló con una voz pesada y algo ronca, para después estirarse un poco y seguir durmiendo. Le dio un susto considerable. Recolocó el camisón y observó su mano y la olfateó. Cómo no, olía a mandarina. El moreno sintió como se le subía el calor a la cara y siguió viendo la tele como si nada.

Al final, a las cinco, todos se reunieron al estudio para ensayar mientras que Helenka seguía durmiendo a pierna suelta en el sofá.

Cuando terminaron, 2D y Noodle se enviaban sonrisas cómplices. Murdoc y Russel se dieron cuenta y se miraron de reojo, sin entender nada, pero lo dejaron estar… de momento.

-Tengo hambre… voy a preparar la cena.- Anunció Russel dirigiéndose a la cocina.

-¿Te ayudo a prepararla Russ?- Le preguntó Noodle caminando hacia su lado. El baterista asintió y los dos se dirigieron a la cocina, mientras que los dos miembros restantes se quedaron en la sala de mezclas ajustando canciones o limpiando los instrumentos.

El moreno comenzó a hablar.

-Vale, 2D, ¿Qué te traes con Noodle?

-¿Yo?

-No, el otro 2D de la esquina…

-A-ah pues… nada.- Dijo nervioso.

-Face-Ache… no mientas.- Murdoc guardó su bajo y miró de reojo al peliazul, que se mordía las uñas. ¿Cómo saldría ahora de esta?

-Esto… yo… verás…

-No me voy a enfadar sea cual sea la respuesta.

2D arqueó una ceja sorprendido. ¿En serio el satanista había dicho eso? Dejó de morderse las uñas .

-Eh… pues, Noodle y yo nos gustamos… y creo que estamos saliendo.- Al decir esto, se encogió y con sus bracitos acabó tapándose la cabeza, creyendo que Murdoc le metería una paliza. Pero no fue así. En lugar de eso, se sentó en una silla para después encender un cigarro y fumarlo con tranquilidad.

-Pues muy bien.

-¿E-enserio…?

-Claro. Noodle ya es mayorcita para elegir con quien debe estar y con quién no.- Dicho esto se levantó de la silla y salió del cuarto. El peliazul decidió seguirlo, y se dio un buen susto al encontrarse con que el moreno se había quedado apoyado en el marco de la puerta. Lo miró de reojo y fue rumbo al salón, pero lo detuvo cogiéndole el brazo.

-¿Qué pasa?- Preguntó con miedo. Murdoc lo arrastró un poco más hacia él, hasta que sus narices quedaron pegadas.

-No estoy enfadado porque estéis saliendo… pero como le toques un pelo…- El moreno acercó el cigarrillo que tenía encendido y lo clavó en el antebrazo de Stu, haciéndole que gimiera del dolor.- Te arranco tu virilidad de un mordisco. ¿Ha quedado claro?

Era sorprendente con la tranquilidad que decía eso el moreno. 2D se zafó del agarre y se agarró la zona de la quemadura, con los ojos llorosos.

-Sí…

Dicho esto se fue a paso ligero. Murdoc continuó en el marco de la puerta, fumando.

2D vio a Russel y a Noodle en la cocina, intentando matar, a una anguila. El peliazul prefirió mantenerse al margen, las anguilas no le traían muy buenos recuerdos…

Con rapidez se sentó en el sofá sin mirar, pero un grito de dolor hizo levantarlo inmediatamente.

2D miró a Helenka, ahora despierta y sentada en el sofá, aguantándose el vientre. Él se había sentado ahí.

-¡Lo siento!- Se disculpó preocupado. Ella seguía sujetándose el vientre con mala cara, acompañado de algún que otro gemido de molestia.- ¿Estás bien? Lo siento, de verdad…

-No te preocupes, 2D, eso me pasa por irme durmiendo donde no debo…

El peliazul se sentó al lado de ella. Dejó de sujetarse la tripa y empezó a emitir bostezos.

-¿Y por qué te has sentado encima de mí?- Preguntó la rusa, con una media sonrisa. Stu se puso rojo y dirigió su mirada a sus zapatillas.

-No sabía que estabas tumbada… perdona.

-No importa.

Ella empezó a estirarse con discreción y dirigió su vista hacia la televisión, que estaba apagada. Y de ahí, miró a las consolas.

-Vaya, que de juegos y videoconsolas… ¿Son de Noodle?

El peliazul negó.

-Son mías.

-¿En serio? Que genial. De pequeña yo jugaba a las máquinas de arcade con el dinero que me daba mi madre.- Él sonrió al saber eso.- Creo que esas consolas no se asemejan a nada de los juegos de arcade.- Rió la chica. A 2D se le vino una idea a la mente.

-¿Te apetece jugar?

-Ah… ¡claro!

El peliazul se levantó del asiento, encendió la televisión y una de sus consolas. Puso como videojuego "Resident Evil Code: Verónica" , tomó un mando y se sentó de nuevo.

-Este videojuego no es multijugador, así que yo te iré enseñando y después tomarás el mando.

Le fue explicando más o menos los botones y las acciones que tenía que usar. El peliazul jugó una partida hasta que se quedó sin vidas y perdió; le pasó el mando a Helenka.

-No sé si va a salir bien… voy a perder enseguida.

Murdoc, que pasaba por ahí, hizo uno de sus comentarios "graciosos"

-Si 2D sabe jugar, seguro que tú sí.- Dijo riendo.

-¡Murdoc, que cruel eres!- Le respondió Helenka de mala gana.

-Meh…- Dicho esto, se fue a la cocina. La rusa negó con la cabeza, decepcionada.

-No pasa nada, estoy acostumbrado. Vamos, prueba.

-Está bien…- Así, puso la partida y empezaron a salir seres extraños por todos lados. Helenka se puso nerviosa y se le olvidó dónde tenía que darle.

-¡Corre, dale a la x!- Gritó 2D un tanto nervioso. Hizo lo que le mandó hacer, y le dio repetidamente al botón indicado. Al final se cargó al zombi.- Que bien, ya sabes matar.- Le felicitó 2D.

-Sí, una alegría…

De repente escucharon unos golpes muy fuertes desde la cocina y a Murdoc gritando "¡Tienes que freírle la cara!" con bastante enfado. Después de unos segundos se volvieron a escuchar los golpes.

-Oh Dios, otra vez no…- Musitó 2D llevándose una mano a la cara, con pereza.

En mientras tanto, Helenka se levantó del sofá y fue directa a la cocina. Nada más entrar vio a Murdoc agarrando a una anguila mientras ésta se retorcía en su mano, a Noodle sentada en la mesa de la cocina con cara de no importarle nada de lo que estaba ocurriendo y a Russel, que estaba junto al moreno, con expresión enfadada.

-Ni se te ocurra matarla así, ¡Bestia!- Bramó Russel.

-¡La mato como me da la real gana!

-¿¡No ves que así sufre!?

-¡Ah, ¿y con martillazos la anguila no sufre?!- Gritó Murdoc mientras agitaba al animal medio moribundo en la cara de Russel. Helenka entró un poco más en la cocina, pero el moreno soltó la anguila en el fregadero y cogió un cuchillo de carnicero, con el cual apuntó a la muchacha.

-¡TÚ!- Bramó. Helenka se quedó clavada en el sitio, totalmente rígida. El bajista se le acercó un poco, y con la punta del cuchillo, rozó su nariz, haciendo que la baterista diera un respingo. Sintió la respiración de Murdoc en sus mejillas, y eso hizo que lo mirara a los ojos. Después de unos segundos en silencio, el moreno habló.- ¿Y tus pecas?

A la muchacha le faltaron piernas para salir corriendo de la cocina y perderse por el pasillo.

-¡¿A dónde crees que vas?! ¡Vuelve!- Y dicho esto salió detrás de ella, alzando el cuchillo. Russel y Noodle se miraron de reojo, extrañados por la actitud de estos.

-¿Qué bicho les habrá picado?- Preguntó Russel, rematando por fin a la pobre anguila que se hallaba en el fregadero. Al rato se escucharon risas desde el pasillo y sonidos de besos, mientras que se abría una puerta y ésta se volvía a cerrar con brusquedad. Noodle miró al baterista y sonrió.

-¿No es obvio? El bicho del amor…- Dijo la pequeña sonriendo.

Al final sólo comieron anguila Russel, Noodle y 2D. La japonesa se sentía un poco incómoda por no poder demostrar su amor por Stu en frente de Russel, así que le dijo que eran novios durante la cena. El afroamericano por poco se ahoga comiendo, pero relajó su postura y decidió que todo estaba bien y aceptaba su relación. El vocalista y la guitarrista se levantaron corriendo a abrazarle con fuerza, casi ahogándole de nuevo. Russel se sentía feliz por ellos dos. Aunque a la vez triste porque él estaba solo mientras que sus amigos estaban todos emparejados. Pero decidió ocultarlo, para no preocupar a los demás.

Se hizo de noche y desde fuera se escuchaba el ulular de los búhos y los gemidos de los zombies, ansiosos por querer entrar en la casa y comer algo de carne humana. Murdoc siempre era el que se encargaba de cerrar las puertas por si las moscas, pero esta vez no lo hizo él, sino Russel, porque el moreno no salió de su habitación, ni Helenka tampoco.

Todos dormían plácidamente esa noche, excepto la baterista, que estaba despierta pero acostada al lado del bajista. Había dormido demasiado y ahora no tenía sueño, además de la incesante calor. Miró de reojo a Murdoc, incapaz de comprender de cómo podía dormir a pierna suelta. Éste, de repente, soltó un ronquido para después moverse un poco, dando patadas a la baterista y poniendo una de sus manos en la cara de la misma. Soltó un bufido y con cuidado apartó la mano de su cara.

Helenka decidió colocarse en una postura más cómoda. Lo hizo, dándole la espalda al bajista quien seguía igual de dormido. En unos minutos cerró los ojos, pero sintió como Murdoc se movía demasiado, hasta que se levantó. Helenka decidió permanecer con los ojos cerrados. No escuchaba ningún ruido por parte del bajista, ni pasos, ni ruidos comunes, ni siquiera su propia respiración.

En ese momento sintió que Murdoc le besaba la mejilla con cariño.

El moreno se levantó rápidamente y salió de la habitación sin hacer ruido. Cuando Helenka notó que ya no estaba, se levantó rápidamente de la cama y se puso el camisón que estaba tirado por el suelo. Abrió la puerta y la cerró con delicadeza. Dio un paso decidido quedándose en medio del pasillo ¿Dónde podía ir? Aunque no debia salir sola y menos por la noche: una de las reglas de Murdoc.

-¿Izquierda o derecha?- Se preguntó en un susurro, mirando hacia ambos lados. Se veía que a la chica le daba igual las normas del moreno. Se decantó por el ala izquierda. Como no veía demasiado bien se tuvo que apoyar en la pared, que seguía igual de pegajosa que antes.

Todo estaba tan sumamente oscuro. Creía que en algún momento apoyaría el pie en el suelo y éste se desvanecería, haciéndola caer.

Siguió caminando más deprisa. La verdad es que no iba a ninguna parte. Por un momento chocó con algo que estaba pegado a la pared, emitiendo un pequeño grito. Se escucharon caer algunas cosas, pero no se rompió nada. Helenka rezó para que nadie se despertara, pero por suerte Kong Studios era bastante grande.

Se agachó para recoger lo que había tirado. Palpó los objetos: por lo visto eran libros. Tocó sus portadas, algunas estaban más nuevas y lisas y otras más arrugadas y estropeadas. Tomó los libros y los colocó en la estantería a ciegas.

Se quedó uno de los libros (prestado, claro) el que estaba en peor estado. Lo abrió y tocó sus páginas: era como si alguien hubiera vertido algún líquido sobre ellas. Por instinto lo olió. Inmediatamente puso una mueca de asco y retiró el libro de su nariz: olia a una colonia muy fuerte y a azufre quemado; la peor combinación, le recordaba a Murdoc.

Lo cerró y siguió su camino. Llegó a un sitio en donde sus pisadas sonaban con eco. Evitó buscar cualquier interruptor de luz pues si Murdoc la descubría le echaría la bronca de su vida. Consiguió notar que era el salón y suspiró.

-Creía que pararía en un sitio mejor.- Pensó. De repente sintió que le rugían las tripas y con razón: no había comido nada desde las pizzas. Fue a la cocina y ahí sí que encendió la luz. Abrió el frigorífico. No había nada a parte de unas latas de cerveza y dos zanahorias con pinta de que si las comías te entraría la gastroenteritis del siglo. Optó por una lata de cerveza.

La abrió, salpicándose un poco. Bebió un trago y se sentó en la mesa del comedor. Las cosas estaban más mal de lo que pensaba en esa casa. Miró su lata de cerveza con expresión neutra.

-Hola.

Alzó la vista. Había un tipo vestido de bata blanca y sus manos estaban entrelazadas. Tenía un gran mentón y una pajarita grande y azul adornaba su cuello. Lo que más le llamaba la atención a Helenka era que tenía media máscara cubriéndole la cara de color rosa y su pelo era estilo afro de color azul eléctrico.

Helenka por poco no se cae de la silla.

-¿T-Tú quién e-eres?- Preguntó tartamuda. El tipo se levantó y la baterista también, en tono de alerta.

Se acercó a ella hasta que la acorraló en el fregadero. Él le cogió de la mano aunque ella no quisiera y le dio un beso en el dorso.

-Doctor Wurzel, para servir y complacer, sobre todo a usted.- Se presentó haciendo una reverencia.

Helenka no sabía qué decir ni qué pensar ¿Por qué no le echaba? Él no vivía aquí... ¿O sí? El doctor Wurzel se volvió a sentar en la silla, cruzando de nuevo sus manos.

-Yo... yo soy...

-Helenka alias Tarántula Kino, veinticuatro años, nacida el veinte de Marzo, tu signo es Piscis aunque con influencia Aries y originaria de un pequeño pueblo situado al Este de Rusia.- Dijo de un tirón el doctor, recolocándose la máscara.

-¿C-Cómo sabes todo eso?- Preguntó estupefacta. Wurzel rebuscó algo en su bolsillo y le mostró su carnet de identidad. SU carnet de identidad. La baterista fue hacia él indignada y furiosa para quitárselo y asi lo hizo.- No deberías coger las cosas de los demás.- Escupió.

-Bonita, tú no deberías de dejar las cosas por ahí tiradas...

-¿Acaso vives aquí?

-Se supone que NO debo de vivir aquí.- Recalcó la negación varias veces.- El ser al que tienes de novio no me deja.

-Me ha contado que alguien le robó su caravana... ¿Fuiste tú?

-Oh, chica lista.- Se levantó de nuevo y empezó a pasear tranquilamente por la cocina.- Debo irme. Ha sido un placer, señorita.

-¡E-Espere!- Le pidió elevando un poco la voz, pero el doctor Wurzel dio una sonora palmada haciendo que la luz se apagase. Helenka se asustó y se apoyó en la encimera. Fue palpando cuidadosamente hasta encontrar el interruptor, el cual activó. Se fijó en la mesa en donde había dejado el libro.

Cuando la luz invadió la habitación ya era demasiado tarde. El doctor Wurzel no estaba.

Y el libro había desaparecido.