¡Hola! Hacía mucho tiempo que no subía un capítulo. Lo siento, tengo muchos exámenes que recuperar y apenas puedo atender a mis lectores, pero gracias por la espera. Aquí en España es ya día 7 de junio, pero quería dedicarle este capítulo a Murdoc y a mi madre, que cumplen el mismo día. El capítulo es especialmente largo. Un beso y un abrazo. ¡Nos leemos...!
Ya había amanecido y la rusa no se había movido de la estrepitosa cocina, en donde se había encontrado con el doctor Wurzel. Tenía varias preguntas que la carcomían lentamente por dentro:
¿Por qué se había llevado el libro? ¿Frecuentaba aquel señor la casa habitualmente, sin el consentimiento de Murdoc? Y lo más importante… ¿Tendría más cosas suyas o de Gorillaz?
Escuchó unos pasos pesados que provenían del pasillo. Rápidamente tiró la lata de cerveza a la basura y se sentó en una de las sillas de la cocina.
Era 2D. Bostezaba mientras se tallaba los ojos.
- Buenos días Helenka.- Saludó con voz adormecida. Ella solo le hizo un gesto con la mano. De pronto apareció Noodle detrás de 2D, y llevaba una cesta con ropa limpia.
- ¡Oh, buenos días, bombón!- Saludó la mayor. Noodle dejó la cesta en el suelo y se sentó en frente de ella.
- Buenos días.- Dijo algo sonrojada por el piropo que le había dicho Helenka.- Mira, lavé tu ropa.
La japonesa se agachó a la cesta y cogió unas prendas para dejarlas en la mesa. La mayor tomó la ropa.
- Gracias.- Agradeció con una amplia sonrisa.- ¿Cómo has dormido?
- Bien… ahora tengo hambre.
Stu, que se encontraba revisando la nevera y los estantes, miró hacia atrás con una expresión de extrañeza.
- Pues… no hay comida. Es la cuarta vez que ocurre en el mes.
Helenka se levantó sobresaltada.
- ¡Ah!- Musitó impresionada.
- ¿Qué ocurre?- Preguntaron los dos, con los ojos tan abiertos como platos.
- ¡Ha sido ese… un tal Wurzel!
2D y Noodle se miraron con la boca tan abierta que parecían túneles.
- ¡Así que era él!- Gritó la japonesa, furiosa.- Por su culpa nos estamos gastando todo el dinero en comprar comida. ¡Qué derroche…!
Por la entrada apareció Russel, con el mismo aspecto adormilado de 2D, y rascándose la barriga por debajo del pijama.
- Hola. ¿Qué hay para desayunar?
- Nada.- Suspiró el peliazul.- Todo se lo ha estado llevando Wurzel.
- ¿¡Qué…!? ¿Cómo lo sabéis?- Preguntó, alarmado.
- Yo lo vi.- Se justificó Helenka, levantando la mano.
Y el cuarto miembro de Gorillaz hizo aparición. Murdoc entraba tan tranquilo, abría el frigorífico y sacaba una cerveza para después rascarse el trasero y beberla toda de un trago.
- Murdoc, saluda por lo menos, ¿no?- Helenka se cruzó de brazos y cerró los ojos. La verdad es que estaba algo molesta por que el moreno se fue en mitad de la madrugada y ni siquiera sabía a donde había ido.
- Hola.- Después de esto eructó sonoramente, haciendo que los demás mostraran una mueca de asco.
- Mudz, ya sabemos quién es el que robaba la comida. Es Wurzel.
Murdoc miró a todos de reojo y se cruzó de brazos, sorprendido. Dejó la lata de cerveza en la mesa y se acercó a Helenka. Ésta se encogió en su asiento.
- Lo viste, ¿verdad? Cuando volví al cuarto no estabas.
Dijo eso con un tono tan desagradable que Helenka se tuvo que encoger más en la silla.
- S-sí…
- ¡Te dije que no salieras sola!- Murdoc se acercó más a ella, y empezó a examinarla y a palparle todas las partes posibles.- No me extraña que te haya dejado dormida y te hubiera robado un riñón o algo.
- Murdoc suelta, estoy bien. Eres demasiado protector conmigo.
El moreno suspiró y la soltó.
- Como quieras. Yo me vuelvo a la cama…
Dicho esto se volvió a su cuarto, murmurando cosas in entendibles.
Helenka sintió necesidad de bajar la mirada. Se sentía un poco ridícula por haber desobedecido a Murdoc. En verdad lo quería, pero no tenía por qué hacerle caso siempre. Ella no puede evitar sus instintos. Tendría que quererla así.
- Bueno.- Dijo 2D, rompiendo el silencio que se había formado desde que se fue Murdoc.- Creo que me toca hacer a mí la compra.
- Yo te acompañaré, Stu.- Dijo la baterista levantándose de la silla. 2D negó.
- No, eres nuestra invitada.
- Insisto.- Helenka cogió la ropa y se perdió por el pasillo.- ¡Vístete, 2D, sino se pasará la hora de desayunar!- Se escuchó una voz amortiguada y a lo lejos. Luego, un portazo.
El vocalista también se fue de la cocina para vestirse.
- Creo que me volveré a dormir.- Dijo Noodle.- ¿Qué harás tú, Russ?
- Lo mismo.
Los dos fueron a sus habitaciones y se quedaron dormidos.
Helenka esperaba a 2D en el salón, con los brazos en jarra y sujetando el bolso que había traído. Ya se había vestido con sus ropas y como buena dama que se supiera apreciar, maquillada magistralmente.
Stu por fin hizo su aparición. Se estaba poniendo una chaqueta cuando empezó a hablar. La verdad es que era el final de agosto, y comenzaba a hacer un frío terrible.
- Estoy listo.- Anunció.
- Bien, ¿vamos?
Ambos se dirigieron a la puerta y contemplaron el día tan extrañamente bello que hacía. Los rayos de sol se colaban entre las nubes grises, dejando un aspecto enigmático. Esos días eran perfectos para Helenka, pues podía ver estupendamente sin el sol.
- ¿Vamos en mi moto?- Preguntó ella. 2D dudó por un momento, pero acabó aceptando.
Se dirigieron a la moto, que no tenía un aspecto demasiado bueno. Estaba llena de barro y tenía algunos rasguños.
- Perdona que esté tan sucia. Cuando llegué a Kong Studios con ella no la traté muy bien.- Helenka soltó una risa ahogada.
- ¿Cómo te has podido permitir una moto así? –Preguntó él, mientras que la muchacha le tendía un casco que tenía de sobra.
- Eh… bueno…
Stu comprendió que había sido un poco grosero y se disculpó. Helenka negó y al final le contó que había sido un regalo de la empresa en la que trabajaba como modelo.
Por fin ambos se montaron y se dirigieron al supermercado más cercano. Stu iba detrás de la rusa y no tuvo más remedio que sujetarse a la cintura de ésta, pues la moto iba muy rápida.
- ¿Qué tal, Stu, te gustó el viaje en la moto? – Preguntó Helenka mientras se quitaba el casco.
- Esto… pues… un poco movido.- 2D tenía la cara verde, y le estaban entrando arcadas.
- ¡Lo siento! La próxima vez iré más despacio.
Entraron en el super y tomaron una cesta. Helenka empezó a arrasar con todo; pan, cereales, fruta, mezcla para hacer tortitas, leche, zumo…
- Bueno 2D, ¿cómo te va con Noodle, qué hicisteis anoche? – Preguntó la muchacha, examinando la etiqueta de un bote de mermelada.
- Pues.- 2D sonrió momentáneamente.- En realidad estamos empezando… pero espero que vaya muy bien.
Helenka le dedicó una mirada tierna a 2D, quien se la devolvió, sonrojado.
- Y con respecto a lo que hicimos anoche.- El peliazul se rascó la nuca, avergonzado.- Jugamos al ajedrez.
- ¿Al ajedrez?- Preguntó ella, divertida.- ¿Y cuántas veces te ganó Noodle?
2D abrió los ojos, sorprendido.
- ¿C-cómo lo sabes?
Helenka no pudo aguantarse la risa y estalló en carcajadas, haciendo que todas las personas de la tienda se giraran para verla. El vocalista estaba tan sonrojado que parecía un tomate maduro.
- Perdona, perdona…- Se disculpó, depositando el bote de mermelada en la cesta.- No quería burlarme…
- No importa. ¿Continuamos?
Ambos fueron a tomar beicon y huevos para el desayuno. Tuvieron que comprar grandes cantidades para hacer un gran desayuno especial, pues Helenka se ofreció a hacerlo.
Pagaron la gran compra, aunque pelearon en la caja "amistosamente" pues Stu opinaba que esa comida la debía pagar él, y Helenka pensaba que debía invitarlo para agradecer la hospitalidad que tuvieron con ella en Kong Studios.
Al final, pagaron a medias.
Fueron a la moto y metieron todas las bolsas en su compartimento; la moto era tan grande que cabía toda la compra. Helenka le dio el casco a Stu.
- Stu.- Lo llamó ella.- Solo quería decirte que… por favor, no hagas daño a Noodle. Es solo una adolescente. Ya sabes… son muy sensibles a esa edad.
Helenka se apartó un mechó de pelo para después acomodarlo detrás de su oreja.
- Me gustaría que fuera feliz, porque es una niña encantadora. Sé que tú eres un chico muy bueno, pero por si alguna vez pasase algo… sólo ten tacto.
Stu la miró por un momento a los ojos. Estaban tristes y algo vidriosos.
- A mí me hicieron mucho daño anteriormente, y lo pasé bastante mal. Espero que la cuides con tu vida.
Suspiró, aliviada por decir esas palabras. Él no pudo evitar sentirse triste, porque sentía lo mismo que ella. Que le habían usado, que habían pisoteado su corazón… y era bastante duro.
- Lo haré. Te lo juro. Amo a Noodle, así que todo lo que tú me has dicho está hecho.
- Genial, Stu.- Sonrió, mostrando sus dientes. Él tuvo la necesidad de decir algo, pero se quedó a medias. Pero por supuesto, esto ella lo notó.
- ¿Qué pasa?- Preguntó, con una ceja alzada.
- Eeh… nunca se me dieron bien las palabras, pero… tú no deberías haber sufrido.- Se atrevió a decir.- Porque… eres muy buena persona, amable, cariñosa…
Stu tuvo que dejar de hablar porque Helenka ya lo estaba estrechando contra sus brazos en un fuerte apretón, tan fuerte que la cara de 2D se tornó roja de nuevo, pero esta vez por la presión. Aún así, el chico le devolvió el abrazo.
Los dos volvieron a Kong Studios, esta vez más despacio, a petición del vocalista.
Eran apenas las diez y media cuando volvieron. Dejaron las bolsas en las encimeras de la cocina y colocaron algunas cosas en sus estantes respondientes.
- ¡Bueno, Stu! – Anunció la chica, recogiéndose las mangas de su camiseta.- Puedes ir al salón, yo tengo trabajo aquí.
- ¿Me puedo quedar contigo? Te juro que no ayudaré.- Rió el muchacho, mostrando su boca mellada. Helenka suspiró con una sonrisa y asintió.
Helenka empezó a hacer la mezcla de las tortitas, que era lo que más trabajo le causaba. 2D observaba embobado cómo removía la pasta. Parecía una profesional. Es más, le recordaba a su madre cuando él esperaba en la mesa a que estuviera lista la comida.
Echó un chorro de la mezcla en una sartén que tenía al fuego, preparada anteriormente. El olor ya comenzaba a notarse, y olía deliciosamente genial.
Ya tuvo una fuente preparada de tortitas, con su clásico trozo de mantequilla colocada en el medio, y le tendió un plato a Stu quien se lo agradeció. Pensó esperar a los demás, pero su estómago rugía con fiereza y empezó a comer sin esperar.
Helenka colocó los platos para los demás, con dos huevos y varias lonchas de beicon recién hechas, de las que todavía humeaba con fuerza.
Los cereales y el café no faltaban así que, al lado de la gran fuente de tortitas, que seguían oliendo maravillosamente, colocó la jarra de café y varias tazas de cereales con leche.
Stu no podía estar más lleno, pero aun así no dejaba de comer porque todo estaba demasiado bueno…
- ¿Qué tal, te gusta?- Preguntó Helenka, colocando una fuente de tostadas doradas en el centro de la mesa, acompañando a las tortitas. A Stu le brillaban los ojos con fuerza.
- Gustarme es poco…- Respondió, dándole un mordisco a una tostada.- Helenka, eres genial.
Ante tal elogio, la muchacha no pudo evitar sonrojarse un poco.
- Gracias.- Le agradeció, tímida.- Espero que los demás se levanten pronto.
Y como una plegaria, se escucharon pasos desde el pasillo hasta que llegaron a la cocina. Era Murdoc, con los ojos tan abiertos y una sonrisa tan grande que daba miedo. Seguramente se habría levantado por el agradable olor que desprendían esos huevos fritos y esas tostadas.
- ¡Genial, mi amor! ¿Sabes cuánto te quiero?- Murdoc hizo que Helenka se levantara de la silla y la levantó por el aire con cuidado, como si fuera una princesa.
- ¿Mucho, mucho?- Helenka rió y Murdoc la tomó de las mejillas para darle un apasionado beso.
- Exacto. ¿Has preparado tú todo esto?- Preguntó mirando a Stu, que seguía comiendo tostadas, con la cara llena de miguitas. Helenka asintió energéticamente.- Buena chica.
Volvió a darle otro beso, esta vez en la mejilla. Ambos se sentaron en frente del vocalista. Parecía que Murdoc estaba de muchísimo mejor humor desde que la rusa vino a visitarlo, y no era para menos.
- ¿Qué me recomiendas comer primero?- Preguntó, frotándose las manos y mirando el gran desayuno con gula.
- ¿Qué tal las tortitas? Según Stu me han salido muy bien.- Murdoc miró al vocalista, que descansaba en la silla, con cara de satisfacción y sujetándose el estómago. 2D levantó el pulgar como signo de aprobación.
No faltó nada más para convencerle. El moreno empezó a comer, pero paró enseguida al observar que Helenka no comía.
- ¿Ya has desayunado?- Preguntó.
- No, todavía no. Prefiero esperar a los demás.
- ¡Venga mujer, no seas tonta!- Exclamó.- Aquí nadie esperamos a nadie. Sírvete todo lo que quieras, total, la comida la has hecho tú.- Rió el moreno, alcanzándole un plato de beicon y huevos.
Helenka suspiró y comenzó a desayunar. La verdad es que le había salido muy bueno.
Stu optó por irse a dormir un ratito, se había levantado muy temprano. Murdoc y Helenka se quedaron solos, disfrutando de la compañía del otro.
La chica ojos lilas empezó a servirse un vaso de leche. Se lo bebió rápidamente, estaba atragantándose de lo rápido que comía. Murdoc intentaba no reírse. Pero no lo consiguió. Helenka se dio cuenta y frunció el ceño, confusa.
- ¿Qué pasa?- Preguntó. El moreno seguía en las mismas.- ¡Murdoc!
- Tienes un bigote blanco.- Respondió, secándose una lágrima traicionera.
Helenka se sonrojó hasta la médula y se limpió los labios con una servilleta.
- ¡Murdoc, deja de reírte de mí! – Exclamó molesta al ver que el moreno seguía riéndose.
- ¡Eres adorable!- Dijo, todavía carcajeándose.- Pero no creas que te he perdonado.- Murdoc cambió totalmente su ánimo alegre a uno muchísimo más serio.- Odio que me desobedezcas. Si mal no recuerdo ya ha pasado más veces.
Helenka torció la boca. Se le quitó el hambre de repente y desplazó su plato. Ella también odiaba que Murdoc tuviera razón. Sus instintos de aventurera la mataban por dentro.
Hizo un puchero, haciendo que Murdoc se estremeciera.
- Bueno, bueno.- Dijo él, despeinándole el flequillo.- No es para tanto. Desayuna.
Ella acercó de nuevo su plato y volvió a comer.
Todo se volvió un silencio placentero, con el rechinar de los cuchillos y los tenedores. Helenka empezó a degustar una manzana pelada y cortada en trozos pequeños, hechos mismamente por ella. Mientras comía miraba al moreno con expresión neutra.
Por su lado, Murdoc tomaba a sorbos un café. Todavía estaba bastante caliente. El vapor que desprendía le humedecía los ojos.
Le lanzó una mirada de soslayo a Helenka, y vio que lo estaba mirando, así que mantuvo su vista con la de ella.
Dejó el plato vacío con algunos pedazos de manzana que no pudieron ser devorados. La baterista lanzó un bostezo, sin dejar de mirar al moreno, que ya se había terminado su café.
Llamaron estrepitosamente a la puerta, sacando a ambos de su trance. Murdoc fue a abrir. Para su sorpresa eran Damon y Jamie. El moreno recordó que tenían que venir por la mañana para arreglar algunas cosas del disco.
- ¡Hola!- Saludaron los dos, entrando sin permiso. Murdoc cerró la puerta y se cruzó de brazos.
- ¿Cuántas veces tengo que decir que llaméis el día antes de venir?
- Sí sí, es verdad, perdona y eso.- Dijo Damon dejando una mochila que traía, en el sofá del salón.
- Oigan, qué bien huele. ¿Quién se animó a hacer el desayuno hoy?- Canturreó Jamie, dirigiéndose a la cocina. Después de unos segundos se escuchó un chillido muy agudo y Murdoc y Damon se apresuraron al ir a la cocina.
- ¿¡Quién pegó ese grito!?- Bramó el moreno. Jamie de momento estaba abrazando a Helenka amistosamente como saludo. Ambos se separaron asustados.
- Fui yo… me di un gran susto al verla… pensé que no habría nadie en la cocina…- Se excusó Jamie, mirándose los pies.
- Lo suponía… Helenka nunca habría podido realizar tal rango de voz.- Rió Murdoc con maldad. Jamie lo miró con odio.
Helenka se levantó para saludar a Damon. Ambos chocaron puños animadamente y se abrazaron con afecto.
- ¡Damon! Ya te echaba de menos.
- Desde julio que no coincidíamos.
- Sólo habéis coincidido una vez y ya parece que os conocéis de toda la vida.- Gruñó el moreno malhumorado.
Unos pasos apresurados se avecinaban por el pasillo. Noodle y Russel entraron a la cocina y los saludaron a todos.
- ¡Vaya! Menudo desayuno. ¿Quién lo hizo?- Preguntó la japonesa mientras se sentaba y tomaba unas tortitas con sirope.
Todos miraron a Helenka.
- ¡Qué bien, muchas gracias!- Dijo empezando a comer.
- De nada Noodle, ha sido un placer.
- Gracias Helenka, pero no tengo mucha hambre.- Musitó Russel. Todos le miraron con los ojos abiertos.
- ¿Estás enfermo o algo Russ?- Preguntó el moreno, examinándolo con una mirada de mofa.
- ¡Ya deja de bromear! Mejor me voy a duchar, que tenemos que ensayar dentro de poco.
2D apareció por el pasillo. Se le veía relajado y a su paso dejaba una estela de vapor que cargaba el ambiente.
- Oh, ¡Hola chicos! ¿Qué hacen aquí?
- Imbécil, tenían que venir hoy para arreglar unas cosas del disco.- Gruñó Murdoc. Helenka entrecerró los ojos.
- Ah, oh claro.- Dijo, mostrando su sonrisa mellada.- ¿Qué tal está Missy, Damon?
- Muy bien, me parece que cada día crece más…- Murmuró, pensando.- Tendría que haberla traído, pero hoy tenemos que hacer cosas importantes. Igualmente os manda un saludo a todos.
Jamie se acordó de algo y rebuscó en su bolsa mientras los demás charlaban y cogían "de strangis" algún que otro alimento de la mesa. Sacó unos papeles algo sobados y con la cabeza bien alta y el pecho hinchado de orgullo, se los entregó a Helenka. Todos prestaron atención en ese momento.
- ¿Qué es esto?
- ¡Míralo! Son tus bocetos.
La chica ojos lilas forzó un poco los ojos. Las pastillas le hacían efecto pero tampoco le curaban la ceguera. Era ella la que estaba pintada. Con miles de expresiones por todos lados, y además a color. Se veía hermosa.
Todos al su alrededor miraron para ver. Abrieron los ojos, impresionados.
- Jamie, a veces me cuesta creer que tengas tanto talento.- Murmuró el moreno, encendiéndose un cigarro.
- Oh, me recuerda al día del acuario.- Dijo Helenka, con la boca torcida.
- ¿Qué pasó?- Habló de nuevo el moreno.
- ¿Qué no te acuerdas? ¡Pero si te lo conté!
Murdoc se encogió de hombros.
- Allí di mí… "segundo" concierto como vocalista.
- ¿Y cuál fue el primero?- Preguntó Noodle.
- Fue en mi ciudad natal. Me trataron tan mal al terminar el pequeño concierto que desarrollé fobia a los escenarios. Pero, creo que ya estoy bien.- Dijo la pelinegra, híper ventilando un poco. Todos se miraron entre sí.- Bueno continúo. Una persona no identificada.- Prefirió no decir el nombre de Boogeyman- rompió un tanque y se inundó el acuario entero.
- ¡Sí sí! Yo lo vi en los periódicos.- Aclaró Damon.- La verdad fue un desastre pero recaudasteis mucho dinero.
Helenka estiró los dibujos hacia Jamie, pero éste negó.
- Quédatelos, te los regalo.
- Gracias Jamie.- Agradeció. Una melodía rockanrolera empezó a sonar por toda la cocina. Todos palparon en busca de sus teléfonos pero al final el culpable fue el de la baterista.- ¿Sí?
Comenzó a hablar con su interlocutor y después de unos segundos colgó.
- Chicos, me tengo que ir.- Suspiró, estirándose un poco, haciendo que la camiseta se le subiera y se le viera fugazmente el ombligo. Se fue al salón seguida de Murdoc. Tomó sus cosas y miró al moreno con sus brillantes ojos.
Le dio un cálido beso en los labios y le pellizcó la mejilla, como si fuera un niño pequeño.
- ¿Vendrás a la fiesta?
El moreno la miró, confundido.
- ¿Qué fiesta?
La baterista sonrió y le dio otro beso, ésta vez más duradero y fogoso. Murdoc creyó que estaba en el paraíso. Incluso las piernas le temblaban. Lo que no sabía es que Helenka se sentía igual y podría ser que los dos se cayesen al suelo.
Cortaron el beso por falta de aire.
- Me ha gustado mucho venir a visitaros.
- Puedes venir cuando quieras.- Le revolvió el pelo con cariño.- Oye, ¿y eso de la fiesta?
- Bueeeeno creo que me debería de ir ya… ¡Chicos, nos vemos en la fiesta!
- ¡Adiós Helenka, hasta la fiesta!
Murdoc quería alcanzarla, pero ya se había ido. Volvió a la cocina y miró a todo ser existente que allí se encontraba. El cigarro, que solo había recibido una calada, ya se había consumido entre los dedos del moreno.
- ¿Qué fiesta?- Preguntó.
- ¿Te gusta este, Murdoc?
- No.
- Oh, ¿y este? Es tu color favorito.
- No.
- Bueno… ¿este te parece mejor? Mira, se me ve el…
- Ni de coña.- La cortó.
Noodle, con el ceño fruncido, tiró el vestido en un gran montón de los "posibles". Murdoc reposaba en el sillón con las piernas cruzadas y con la miraba permanente en su guitarrista.
Ah, la famosa fiesta… ya la recordaba. Esa fiesta. A la que le invitaban todos los años.
Asistió una vez, y ya no fue ninguna más. Era un rollazo, según el moreno.
Era algo así como una fiesta entre lo mejorcito de Gran Bretaña. En realidad todos eran unos snobs y hacían la dichosa fiesta para que se sintieran un poco mejor con ellos mismos. Claro, era con origen benéfico.
La japonesa salió con un vestido más del probador. Ya se habría puesto por lo menos doce, y ninguno le gustaba a Murdoc. Y este no iba a ser la excepción.
- Quítatelo YA.
Noodle entornó los ojos y se metió de nuevo en el probador, cerrando la puerta con fuerza.
- No servirá de nada que te enfades, querida.- Le dijo Murdoc mirándose las largas uñas que no se cortaba desde hace un año.
- ¡Algún vestido tendré que elegir, no quiero ir desnuda!
- ¡Cierto! Tienes que esconder algún secreto para la luna de miel con el Faceache…
- ¡Idiota!
Murdoc se carcajeó y siguió entretenido con sus manos.
- Bueno, a ver si te gusta este.
Noodle salió de la puerta con seguridad y se dio una vuelta para que el moreno pudiera observarla bien y que, por favor, le diese el visto bueno. A Murdoc se le iluminaron los ojos y saltó del sillón, con las manos juntas.
- ¡OH…DIOS… MÍO!
-¿¡Te gusta!?- Exclamó Noodle, impresionada. ¡Por fin se podría ir de aquella tienda y comprarse los complementos, los zapatos, y…!
- ¡ES HORRIBLE!
Todas las esperanzas de Noodle se fueron por el retrete.
-¡OoooOOOGH, Murdoc!
El moreno empezó a reír, tanto que se sujetaba el estómago.
- ¡Que no, que te queda muy bien!
La japonesa infló sus mofletes y fue a pegarle a Murdoc unos puñetazos en su pecho.
- ¡No me des estos sustos!
- Bueno venga, quítatelo que lo tenemos que pagar. ¿Cuánto cuesta?
Noodle miró la etiqueta.
- Doscientas quince libras.
- ¡Su puta madre! ¿Pero de qué está hecho el vestido, de oro?
Toda la tienda se volteó a mirarle con desagrado.
- Shh, calla, Murdoc… Sino nos echarán.
El moreno sacó su billetera y cogió el dinero justo.
- Venga, quítatelo.
- Espera, quiero verme con él puesto una vez más.
Se asomó al espejo de probador y dio una vuelta, haciendo que su vestido volara. Era corto, hasta por las rodillas y blanco. De cintura para arriba era de encaje y terminaba en manga francesa. Era sencillo pero muy bonito. Noodle se sonrojó al verse tan guapa.
- ¡Noodle deja de presumir ante el espejo y dame el maldito traje!
- ¡Vale vale! Qué prisa tienes.- La japonesa se quitó el vestido y se lo pasó a Murdoc por la puerta. Luego se vistió con su ropa de diario.
Ambos pagaron el vestido y salieron a comprar más cosas. Inútiles, según el moreno, pero las mujeres eran así. Endemoniadamente bellas, muy pesadas a veces.
- Creo que me debería de haber comprado las bailarinas verdes…- Se quejó Noodle, ya en el coche de camino a Kong Studios. Murdoc la miró con cara de asco.
- ¡No pienso volver a ese Guantánamo!
Noodle rió mientras veía sus accesorios para la fiesta. Era mañana. Había pasado un día desde que Helenka se fue.
Ella le pidió al moreno que acompañase a Noodle a comprarse un vestido. Según, él tenía buen gusto. Pero le resultó difícil pues los que escogía eran o muy cortos, o con mucho escote, transparente o con las tres cosas. Al moreno le ponía los pelos de punta la cara pondría Stu al ver a Noodle así. Bueno, era irremediable, la japonesa al ser más mayor estaba sacando su lado más femenino.
Llegaron sanos y salvos a pesar de las imprudencias que cometía Murdoc sobre el volante.
Noodle abrió la puerta y se fue corriendo por el pasillo.
- ¡Stu, Stu, mira mi vestido…!- Se la escuchaba gritar.
Murdoc negó, apenado.
- Ay que ver lo que has crecido, fideo.
Se sentó en el salón y encendió la televisión, junto con un cigarro. Empezó a fumarlo tranquilamente. Se quitó las botas y la chaqueta, dejándolas por ahí tiradas.
Se palpó la nuca. La herida que le había curado Noodle ya se estaba cerrando. Ella misma se ofreció en purificársela se vez en cuando.
Poco a poco iba cerrando los ojos, hasta que se quedó dormido con el cigarro en la mano.
Veía todo negro… sólo escuchaba el murmullo de las olas chocar contra alguna barrera. Alguna que otra gaviota graznando…
Abrió los ojos de repente y vio que se encontraba en un bote, vestido con un jersey a rayas y una gorra de marinero sobre su cabeza. Tenía un catalejo entre las manos.
Lo alzó y miró sobre él. Una niebla espesa escondía algo a lo lejos. Forzó un poco más la vista.
La niebla se fue haciendo cada vez más a su paso. Él, inconscientemente gritaba "¡Rema, Faceache, Rema!". La barca se empezó a mover más rápido y Murdoc volvió a mirar por el catalejo.
Entre la niebla podía divisar algo, estaba borroso pero… pudo saber que era un edificio, o algo parecido a ello.
"¡Rema más rápido Faceache, o serás la próxima cena de las ballenas!"
Esta vez, el moreno no necesitó aquel aparatejo. Sabía muy bien lo que veía, y era una cosa espectacular…
Una isla…
- Murdoc, ¡Murdoc!
El moreno se frotó los ojos y bostezó. Russel estaba delante suya.
- ¿Qué ocurre, gordinflón?
El baterista frunció el ceño.
- No parabas de gritas "¡Faceache, rema!" a grito pelado, y encima movías los brazos de manera extraña. Y la cena ya está lista.- Le informó, haciendo una mueca.
Russel cogió algo de la mesita y se fue por donde vino.
El moreno frunció el ceño, extrañado. No recordaba nada de lo que había soñado. Además, ¿Tanto había dormido?
Se levantó y fue a la cocina. Tomó el periódico de ese día, por la mañana no tuvo tiempo de leerlo.
- ¿Qué hay para cenar hoy?- Preguntó 2D, que acababa de entrar en la cocina.- Huele bien.
Noodle, que ayudaba casi siempre a Russel en la cocina, colocó un gran bol de ensalada en el medio.
- Pastel de carne. Hoy lo hice yo. Perdón si no sabe como debe…- Declaró avergonzada.
Murdoc la miró por encima del periódico.
- ¿Qué le has echado? ¿Veneno? A mí no se me mata tan fácilmente…
- ¡No!- Gruñó.- Es solo que es la primera vez que preparo uno. Venga, comed.
Todos lo probaron. Estaba muy bueno, a pesar de las contrariedades de la japonesa.
- ¿Ya tenéis traje para mañana?- Preguntó Noodle, sirviéndose un vaso de agua.
- Yo creo que tengo uno de la vez pasada que fui…- Stu alzó la vista al techo, intentando recordar.
- Seguro que lo tienes 2D, porque yo lo tengo guardado en mi armario.- Dijo el afroamericano.
Mientras los demás seguían hablando el moreno seguía concentrado en su periódico, mirando los titulares.
"A ver… el Manchester United vuelve a perder contra… Joder, que mierda, y mira que íbamos ganando… las acciones de la bolsa bajan en picado… no tengo ni idea de qué es eso… a ver esta página… ¡Oh!"
Acercó un poco más el periódico hacia su cara. Hablaba de la fiesta de mañana. Se celebraba en un hotel, a las afueras de Essex. Era bastante lujoso y, como todos los años, tenías que ir de etiqueta.
Bajó un poco el periódico y vio que Russel, 2D y Noodle lo estaban mirando con discreción.
- ¿Qué ocurre?
- ¡Nada, nada!- Exclamó Noodle, como solía hacer cuando Murdoc los pillaba mirándole.
Los tres rieron por lo bajo y Murdoc mostró su ya famosa media sonrisa.
Recogieron la cocina. Noodle se fue a dormir porque estaba cansada de ese día. Stu se fue a su cuarto a tocar o a componer alguna que otra canción. Russel se fue a la sana de cine a ver una película y Murdoc fue al garaje, encontrándose con…
- ¡MI WINNI, MI HERMOSA WINNI!
El moreno se pegó a la chapa de la caravana y empezó a darle besos.
Entró ansioso. Por fortuna todo estaba igual como lo dejó. Con su aroma a alcohol y a incienso (de los rituales). Había una nota pegada en la puerta del aseo. Murdoc la cogió. Era un post-it rosa. La letra era muy irregular, pero entendió lo que decía:
"He intentado convertirla en un tanque militar, pero… por tan mala suerte, no se puede. Así que te la devuelvo.
Sin rencores, Dr. Wurzel"
- ¡Maldito viejo!- Gritó, arrugando el papel y tirándolo con fuerza al suelo.
El papel fue a parar debajo de la cama. El moreno relajó su ceño y suspiró, cansado. Sin más, se acercó al suelo, intentando recogerlo, pero en vez de eso encontró un libro que le resultaba endemoniadamente familiar.
Sonrió con malicia y perversión al verlo.
- ¡Noodle, mueve el culo y date prisa, que llegamos tarde!
Murdoc, Russel y 2D esperaban ya aburridos en el salón. Ya era el día de la fiesta y Noodle llevaba encerrada en su habitación por lo menos dos horas antes para vestirse y arreglarse.
- ¡Ya, ya estoy!
Noodle apareció por el pasillo, colocándose una pinza con forma de flor en el pelo. Se había maquillado los ojos con perfilador negro. La verdad es que el vestido le quedaba estupendamente.
- ¡Bien bien vámonos que llegamos tarde!- Gritó Murdoc. Se le veía un poco estresado. Abrió la puerta y echó a todos de la casa. Fueron al garaje y tomaron el Jeep.
- ¿Por qué estás tan ansioso, si odias ir a esa fiesta?- Preguntó Russel agarrándose al asiento; el moreno pisó a tope el acelerador.
- Porque así me podré ir antes. Además, van las chicas.
Russel pensó un momento… ¿Las chicas? ¡Las chicas! Vería a Boinae. Inmediatamente se le quitaron las ganas de ir, pero ya era demasiado tarde.
- Murdoc, se me hace raro verte vestido con la parte de arriba… y más con un traje.- Declaró el vocalista, que estaba a punto de vomitar. Noodle le daba pequeñas palmadas en la espalda.
El moreno hizo oídos sordos y se concentró en la carretera. De vez en cuando maldecía a algún que otro conductor que se interponía en su camino.
Pasaron unos treinta minutos y todavía seguían en el coche. A Noodle se le había estropeado el peinado, 2D tenía ganas de vomitar y Russel tenía que escupir porque se le metían bichos en la boca. Murdoc simplemente manejaba con "tranquilidad".
El afroamericano miró por la frontera y por fin pudo divisar el hotel donde se celebraba tal festejo. Estaba bastante iluminado y era una propiedad bastante grande. No lo recordaba tan lujoso.
- ¡Ah, por fin llegamos!- Murdoc salió del coche estirándose como un rey, mientras que los demás estaban hechos polvo del viaje.
Al minuto llegaron un par de periodistas a echarles unas fotos.
- ¡Que no me echen fotos, tengo el pelo alborotado!- Gritaba la japonesa aplastándose un poco el cabello.
- Si estás muy bien Noodle.- Le dijo Stu.- Sólo necesitas que te pongan bien los adornos…
2D se acercó y le quitó las pinzas para ponérselas bien. Noodle se dejó hacer.
- Ya está, como nueva.
- Muchas gracias 2D…- Agradeció. Miró a Stu con cariño y tuvo deseos de tomarle la mano, pero delante de los periodistas era mejor no hacer nada.
Vieron como algunas personas llegaban también a la par que ellos. Vestían muy elegantes, a pesar de eso no los conocían.
- Qué panda de snobs…- Maldecía Murdoc por lo bajo.
- Vamos vamos, ahora te emborrachas y a la mañana siguiente no te acordarás de nada.- Rió Russel. Noodle y 2D también rieron. Murdoc no, simplemente refunfuñó más.
Entraron por fin en el hotel. Había bastante gente bailando y bebiendo copas. En el fondo se encontraba un escenario y de allí sonaba música clásica de los altavoces. Parecía una fiesta sacada de los años 40.
Una gigantesca araña de cristal colgaba del techo, pareciera que se fuera a caer. El suelo era brillante y limpio, tanto que se reflejaba cualquier cosa. Al lado derecho del salón habían unas mesas pequeñas y redondas adornadas con flores.
- Vaya… no lo recordaba así.- Murmuró la japonesa impresionada.
- Pues yo no lo recuerdo.
- Claro, vinimos SOLO una vez y el poco tiempo que nos quedamos te emborrachaste hasta perder el conocimiento.- Le gritó a Murdoc, que a su vez no le hacía mucho caso mientras prendía un cigarro y lo fumaba tranquilamente.
Un camarero vino de repente, hablándole al moreno.
- Perdone, pero aquí no se puede fumar. Vaya al área de fumadores o apague el cigarrillo, por favor.
Murdoc rodó los ojos.
- Ya recuerdo por qué no quería venir… aquí todos son unos "pijipis". Me voy a la sala esa.
Cruzó por toda la pista, empujando a algunas personas hasta que llegó al área de fumadores. Notó que alguien le tiraba de la chaqueta y se giró, extrañado.
- Ah, eres tú, Faceache. ¿Qué quieres?
- ¿Puedo acompañarte?
- Si quieres…
Ambos se sentaron en la barra del bar que allí había y pidieron unas copas.
- Bueno, a beber.- Dijo el moreno, más contento mientras se tomaba su vaso de whisky de un jalón.
- Creo que no deberías de beber tanto…
- ¿¡Y quién eres tú para mandarme!?- Bramó el moreno, dándole un capón en la sien al peliazul. 2D se sobó la nuca, adolorido.
- S-sólo lo decía porque Helenka va a venir… nada más.
Murdoc echó la ceniza de su cigarro en un cenicero, pensando. Sí, sería mejor que no bebiera demasiado. No por Helenka, solo para guardar las formas. Pidió otro trago. El último, se juró.
Notó una mirada en su nuca, visualizándolo permanentemente. Se giró discretamente y miró de reojo a una despampanante pelirroja de pelo largo y rizado apoyada en el billar de la sala. Fumaba, al igual que él. Le guiñó un ojo descaradamente, con una sonrisa seductora.
Al moreno casi le da un patatús. Se dio cuenta de que la estaba mirando y se giró de nuevo, observando como su tabaco se consumía. ¿Por qué cuando tenía que tener pareja se le acercaban todas las tías buenas?
Notó como una mano se posaba sobre su hombro. Murdoc se giró extrañado, y se quedó más cuando vio que era la pelirroja.
- Hola. ¿Me invitas a un trago?- Le sonrió. El moreno no pudo evitar alzar sus cejas con sorpresa.
El peliazul miraba todo con detalle. Esa mujer le daba mala espina. No sabría si Murdoc tendría instintos para controlarse lo suficiente. Rezaba por que apareciera ya Helenka, o que a Murdoc se le terminara el tabaco.
- Si quieres.- Dijo con desgana, llevándose el cigarro a la boca. ¿Qué le pasaba? Una mujer de ese nivel debería de ponerlo a cien, pero, sin embargo, cuando lo pensó mejor, no le parecía tan guapa como…
- ¡Oh, claro, un Martini, camarero!- Llamó la mujer al barman. Se sentó en la barra al lado de Murdoc, y le echó un vistazo rápido a 2D. Pasó de él completamente.- ¿Eres Murdoc Niccals, no?
- Pues, no sé qué decirte.- Empezaba a molestarle la presencia de la mujer.
- Claro que lo eres, te conoce todo el mundo.
El camarero vino y trajo la bebida de la señorita, que tomó la aceituna de ella y la degustó.
- Yo me llamo Rose.- Dijo aún, masticando.
Murdoc se incorporó un poco y la miró con los ojos entrecerrados. Era un poco pesada, pero el moreno no iba a echarla. Para él todas las mujeres eran diosas intocables.
- ¿Qué tal si te doy mi número de teléfono?- Preguntó ella.
- Tengo novia.
- ¡Oh bueno! Pero por si algún día cortáis o… tienes ganas de divertirte.- Guiñó un ojo.- Estaré disponible.
Sacó una tarjeta de su escote y la deslizó hacia Murdoc. Después de eso bebió su copa de un trago y se levantó de la barra.
- Me tengo que ir a que me subasten… espero verte entre el público. ¡Chao!
2D y Murdoc vieron como se fue dando saltitos. Las demás personas también empezaban a salir de la estancia para dirigirse al salón principal.
Stu no podía creer el descaro que tuvo esa chica. Incluso Murdoc dijo que tenía novia… algo que creía que no diría jamás delante de una mujer tan guapa y soltera; además de ofrecerle pasar una noche junto a ella.
El vocalista salió de su trance cuando Murdoc empezó a hablarle.
- ¿Qué es eso de que tenía que ir a subastarse?- Preguntó con un leve tono de molestia, mordiendo el cigarro entre sus dientes.
- Aquí se viene a eso, Murdoc. Subastan chicas para quien quiera una cita con ellas y el dinero se dona.
A Murdoc se le cayó el cigarro de la boca.
- ¿¡En serio!?- Dio un azotón en la mesa.- ¿Por qué nadie me lo dijo?
- Te lo dijimos como unas catorce veces la primera vez que vinimos.
En realidad al moreno no le parecía muy lógico. Pagar para tener una cita, cuando él simplemente con guiñar el ojo tenía a varias chicas a sus pies, y no solo para una cita, sino para una noche y más… pero al fin y al cabo, era para un buen propósito.
- ¡Oh, venga vamos, van a subastar ya!- Le animó 2D con una sonrisa. Bajó de su taburete y fue corriendo al salón.
- ¡Eh, espera idiota!
Murdoc le siguió. Ahora la luz se centraba en el escenario. Le costo encontrar a Noodle, Russel y 2D, pero al final lo consiguió.
- ¡Buenas noches damas y caballeros…!
Una mujer subió al escenario. Grandes tacones negros, un vestido transparente por el cual se veía el color de toda su ropa interior; rojo escarlata.
Su pelo estaba atado en una coleta y, además, tenía un tupé magistralmente hecho.
¡Que sorpresa de todos cuando reconocieron que era Boinae…!
