¡Hola chicos! Perdón por la espera, y me alegra deleitaros con otro capítulo de este alocado, amoroso y divertido fic. Me he dado cuenta que desde hace un tiempo que tengo reviews que no he contestado... así que, ¡perdón! no me había dado cuenta.
Espero que disfruten con este capítulo, me divertí mucho al escribirlo, sinceramente.
Por cierto, si les gusta One piece, los payasos y los OCs... (mi especialidad, jeje) os invito a que vayáis a mi perfil y busquéis la historia llamada "Déjame estar contigo"
Sin más, los dejo que lean. Se os quiere.
- Bien bien bien…- Le dio unos cuantos toques al micrófono, haciendo eco.- ¡Va a empezar la subasta benéfica, amigos ricachones! Así que preparen las carteras para las bellezas que se van a aproximar esta noche…
Algunos se rieron, otros no. Boinae puso mala cara y sacó la lengua, enfadada.
- ¡Allá vosotros…! Primero. ¿A quién de aquí les gustan las mujeres?
La mayoría de los hombres levantaron la mano, y alguna que otra mujer. Otros optaron por no levantarla.
- ¡Oh, bien! ¿Y los que no la han levantado? ¡Aquí se viene a subastar mujeres! En fin… ¿Y cómo os gustan?
Boinae se sentó en un taburete que había detrás de ella, levantando y cruzando las piernas.
- A ver a ver… ¡Tú!- Señaló a un chico un poco encorvado, se le veía bastante joven, de unos dieciséis años.
- ¿Y-yo…? Pu-pues…- Dijo tartamudeando.
- ¡Demasiado lento!- Le interrumpió, sacando juguetonamente la lengua. El público comenzó a reír, la cosa se caldeaba.- Bueno… ahora otro…
Boinae miró entre el público con los ojos entrecerrados. ¿A quién podía elegir…? Visualizó las personas que estaban más cerca de ella y, por fin, señalando a alguien.
- ¿Y a ti, cómo te gustan las chicas?
Russel se llevó una mano al corazón. Boinae lo señalaba a él, con la sonrisa pícara que la hacía inconfundible. El afroamericano se puso a sudar malamente, los focos lo apuntaban a él y la mujer esperaba la respuesta.
- ¿Y bien?- Le insistió.
Murdoc miró con odio a Boinae. Cómo se podía ser tan… perra.
- ¡Ya cállate y presenta, queremos ver a las chicas!- Gritó el moreno. Russel suspiró aliviado, y por lo bajo le dio las gracias. Murdoc solamente se cruzó de brazos, mientras veía la mueca de desagrado que había hecho Boinae al verle.
- Está bien…- Los focos se suavizaron y se centraron en el escenario y la música cesó.- Que pase la primera.- Dijo con desgana.
La primera muchacha subió al escenario. Era muy alta y bella; su piel estaba tostada y su pelo era largo y rubio, con suaves tirabuzones. En su cuerpo adornaba un vestido color salmón largo con transparencias. Varias personas aullaron por su hermosura.
- ¿Cómo te llamas, preciosa?- Le preguntó Boinae. La chica le arrebató el micrófono de las manos, forcejeando un poco.
- Me llamo Romina, tengo treinta años y soy de Argentina.- Informó al público poniendo una linda pose. La muchedumbre aplaudió y silbó por Romina, parecía que había causado sensación. Boinae le arrancó el micrófono de las manos con una furia evidente.
- No me vuelvas a quitar el micrófono, zorra.- Le murmuró por lo bajo.
- Descarada… ¿A quién están subastando aquí, eh?- Preguntó Romina con el mismo tono.
- Como sea.- Dijo Boinae, volviendo a su tono de voz normal.- Bien, empecemos la subasta con… ¿Quinientas libras?
- ¡Yo doy seiscientas!- Exclamó un señor bastante alto por el fondo.
- ¿Alguien da más?- Preguntó. Otro señor que estaba un poco más delante levantó la mano.- Está bien, ¿cuánto da, caballero?
- ¡Mil libras!
La gente aulló de impresión y aplaudió en respuesta. Romina le mandó una mirada de superioridad a Boinae, que le enseñó el dedo corazón con toda tranquilidad.
- Está bien… mil libras a la de una… mil libras a la de dos…
- ¡Yo ofrezco dos mil quinientas libras!- Gritó un anciano de por lo menos noventa años; vamos, un viejete que ya estaba pasado de rosca. Romina puso una mueca de asco y Boinae sonrió con maldad y lascivia. La argentina se dio cuenta, horrorizada.
- No te atrevas…- Le susurró apretando los puños.- Como lo hagas…
- ¡VENDIDA AL CABALLERO DEL BASTÓN!- Gritó dando un par de saltitos mientras que Romina se había quedado clavada en su sitio, con la boca abierta. La gente aplaudió sorprendida por la cifra.
Romina no tuvo más remedio que salir del escenario mientras murmuraba barbaridades y apretaba los puños hasta que los volvía blancos.
Gorillaz sí que se lo estaban pasando bien con Boinae como presentadora. Nunca se habían reído tanto. Russel todavía seguía un poco shockeado por lo ocurrido hace un rato, pero igualmente pensó que ella no lo pudo hacer con maldad.
- ¡Siguiente!- Gritó la pelinegra, como si fuera la dependienta de una pescadería. Al escenario subió una chavalita de piel clara y labios rosas, con ojos azules y tímidos. Casi se tropieza al subir, y la tuvo que ayudar Boinae.
2D la miró. Se parecía a él en actitud. Quizás apostaría por ella alguna cifra.
- ¿Cómo te llamas cariño?
- Yo… yo me llamo Doreen.- Respondió por fin, con un leve tono en sus mejillas.- Tengo diecinueve años y soy natal de Londres…
Se escucharon unas carcajadas. Todo el mundo miró de donde provenían y miraron a Murdoc, que estaba llorando de la risa. No era porque se burlase de ella ni nada por el estilo, sino porque una chavala de diecinueve años no podía ser tan jodidamente tímida, eso era lo que le causaba gracia. Se había acostado con mujeres menores que ella, por favor.
- ¡Ya cállate viejo! ¿No ves que la intimidas?
El moreno se calmó por fin y Boinae siguió con su discurso.
- ¿Alguien quiere apostar por ella?
Nadie dijo nada, quizás algunos divagaron, pero nada más que eso.
- ¡Vamos, pero si es un bombón!- Gritó Boinae a los hombres. La pelinegra bufó.- Está claro, solo se interesan por las guarras.
Ahora sí, todo el mundo se había quedado boquiabierto. Aunque quizás Boinae tenía razón…
- Pues yo apuesto por ella cuatrocientas libras.- Boinae le guiñó un ojo coquetamente a Doreen, quien le sonrió en agradecimiento.
- ¡Yo apuesto ochocientas libras!- Gritó el peliazul alegremente. Los demás miembros de Gorillaz lo miraron con una ceja alzada.
- ¿De dónde vas a sacar ochocientas libras, Stu?- Le preguntó Noodle, meditabunda.
Ahora era él quien se había quedado en blanco. Mejor no tendría que haber apostado nada. Murdoc sonrió por la acción del vocalista.
- Bien, ochocientas libras da el señor del pelo teñido.- Dijo la vocalista como quien no quiere la cosa.- ¿Alguien da más?
Nadie más apostó, así que Stu fue quien se quedó con Doreen. Ésta fue a reunirse con él, y saludó tímidamente a todos. Se declaró fan de Gorillaz, y también dijo que se había quedado a cuadros cuando vio que 2D había apostado por ella.
- Ahora que pase la siguiente, esto se vuelve interesante…
Murdoc se quedó blanco cuando vio quién subió al escenario; era la tal Rose. Ahora que la veía mejor le parecía mucho más atractiva. Llevaba un vestido negro corto que no dejaba nada a la imaginación.
Rose se sacudió el pelo pelirrojo cuando pasó por delante de Boinae. Ésta estornudó.
- Me acaban de decir que tú eres siempre por la que más apuestan. Debes de ser un huracán en la cama.- Rió la vocalista. Aunque las citas no eran precisamente para eso. El público rió vergonzosamente por el chiste de la mujer. Rose arrugó la nariz.
- Puede ser…
- Bien. ¿Tu nombre?
- Soy Rose, aunque aquí todos me conocen ya. Soy de Glasgow y tengo veintisiete años.
Murdoc notó un brazo rozándole el mismo suyo. Se giró para ver quien era y se llevó un susto tremendo al ver a Litané.
- ¡Joder qué susto niña!- Exclamó, agarrándose el corazón. Litané le miró y puso expresión de sorpresa.
- ¡Anda Murdoc…!
- ¡¿Cómo que "anda Murdoc?! ¿No sabías que era yo?
- Es que esto está muy oscuro.- Explicó, con una sonrisa infantil.- Menos mal que me he encontrado contigo.- Dijo arrimándose más a su brazo.
- ¿Qué haces sola? ¿Y tu madre?
- Se ha tenido que ir un momento.- Murdoc asintió y le acarició los cabellos a la pequeña, quien rió en respuesta, agradecida.
Mientras ocurrió esto, ya habían apostado por Rose, pero nadie se la había llevado. El moreno se escandalizó cuando escuchó la última cifra.
- ¡Seis mil libras!- Apostó para, su sorpresa, una mujer. Murdoc entornó los ojos, si tampoco la pelirroja era para tanto… bueno, sí era para tanto, pero, ¿para tanto dinero?
- ¡Diez mil libras!
La gente aplaudió eufórica y silbó entusiasmada. El que apostó fue un hombre muy alto, fornido, vestido con un buen traje y peinado. Entre sus dedos, sostenía un puro.
"A este pez gordo sí que le dejan fumar aquí, ¿no?" Pensó fastidiado el moreno, mientras robaba una copa de whisky a un camarero que pasaba por allí.
Al final Boinae tuvo que vender a Rose a ese tipo. Se le iluminó la cara a la pelirroja, que fue corriendo hacia su comprador. Le dio un beso en la mejilla mientras lo abrazaba.
- Será el que siempre la compra.- Dijo Russel con los brazos cruzados. Los demás asintieron deacuerdos.
- Bien, que pase la siguiente… la noche es joven, amigos.- Dijo la vocalista acicalándose el cabello.
La chica subió al escenario con aire decidido, pero temblando un poco. La gente exclamó un "¡Ooooh!" por la muchacha, mientras que Murdoc escupió el whisky que se estaba bebiendo.
Jo-der.
Era Helenka.
Y estaba tremenda.
Sus ojos no sabían a dónde dirigirse. A las piernas, al escote, a sus caderas o a su cara. Un poco más y la sangre le iría a parar a otro sitio…
Su cabello estaba recogido en un moño y adornado con unas pequeñas flores. El vestido era azul eléctrico largo y con pedrería; la espalda estaba totalmente descubierta, dejando al aire el tatuaje de las alas y algunos más. Sus tacones eran del mismo color, atados con adorables cintas a los tobillos.
Y el maquillaje terminaba de hacerla perfecta: la sombra de ojos blanca adornaba sus ojos y el labial rojo era la tentación de todo hombre. A Murdoc (y a muchos más hombres) se les caía la baba.
Rose gruñó cuando notó que su apostador miraba con deseo a Helenka. Como se interesase más en ella tendría un grave problema… la dejaría de lado y no tendría más caprichos caros. Siguió mirando el espectáculo.
- Oh, la lá.- Dijo Boinae con acento francés al verla. Sus ojos brillaban con intensidad.- Menuda belleza del Este… ¡Olvídenla chicos, me la quedo yo!- Declaró por sí misma abrazando a Helenka, quien rió divertida. El grupo empezó a gritar "¡No es justo!" a mansalva y a emitir furiosos gritos.- ¡Vale, vale! La subastaré, pero para que no hagan de este lugar escombros.- Al final apaciguó a la masa.- Bien guapa, dinos…
- M-me llaman Tarántula.- Dijo sonrojada a más no poder por estar delante de tantas personas.- Tengo veinticuatro años y… y ya está.
- ¿Apuestas?- Sonrió la vocalista, dirigiéndose al público. Multitud de gente levantó la mano.- ¡A ver, tranquilidad! Venga, de uno en uno.
Boinae señaló a una chica que estaba justo delante de sus pies.
- Ofrezco cuatro mil libras.
- ¡Cuatro mil libras la primera apuesta! ¿Alguien da más?
Ahora le cedió el turno a Murdoc, que, sorpresivamente levantó la mano.
- Cinco mil libras.- Dijo tan campante cruzándose de brazos. Su rostro reflejaba molestia; estaba claro que quería que Helenka fuera para él. Boinae encogió los hombros.
- ¿Alguien da más?
- ¡Yo!- Gritó el señor de antes, tan alto y que fumaba un puro. Se acercó al escenario, dejando atrás a Rose, obviamente molesta.- Ofrezco ocho mil libras.
- Ocho mil libras da el caballero… ¿Alguien más?
La multitud quedó callada por unos segundos, hasta que otro señor levantó la mano, decidido.
- Yo doy ocho mil quinientas libras.
- Bien, ¿es la última apuesta…?
- ¡Yo doy nueve mil libras!- Gritó Murdoc, ya terriblemente mosqueado. Russel, 2D y Noodle se quedaron tiesos; ellos no tenían ese dinero, ni siquiera para la apuesta que dio Stu anteriormente por Doreen. A ver de dónde sacarían la pasta…
- ¡Doce mil libras!
La gente aulló sorprendida y complacida; aplaudieron hasta quedarse exhaustos. El hombre sacó de su chaqueta el taco más grande de billetes que habían visto en su vida.
- Vendida a la de una… vendida a la de dos…
Murdoc suspiró resignado, no tenía tanto dinero como para enfrentarse a ese ricachón. Lo único que pudo hacer fue esperar y aguantarse.
- ¡Vendida a la de tres! Vaya, has tenido suerte, con ese te lo vas a pasar bien…- Le dijo Boinae a Helenka.- Es el director y fundador del hotel.
La rusa suspiró y bajó del escenario. Pensaba que había estado penosa. No se le daba nada bien lucirse delante del público.
Boinae tosió delante del micrófono, provocando un estruendoso y desagradable ruido.
- ¡Así me harán caso y dejarán de mirarle el culo a Tarántula!- Gritó con molestia. La gran mayoría del grupo tosió.- Bien, ¡Siguiente…! Oigan, pero, ¿esto nunca se acaba?- Preguntó, cansada.
Una chica de pelo largo y negro pero con mechas rubias subió al escenario. Tenía los labios pintados de negro y los ojos igual. No llevaba vertido, sino unos pantalones negros ajustados, una camiseta de tirantes con brillos y una chaqueta de cuero negra. Parecía una chavala muy oscurita.
Mientras el público le hacía muecas de asco, Boinae se limitaba a mirarla con fascinación.
- Hola flor de loto.- La saludó con admiración.- ¿Cómo te llamas?
La chica mascó algo en su boca. Quizás un chicle.
- Moonie. Me llamo Moonie.
- ¡Qué nombre tan lindo! ¿Y tu edad?
Moonie hizo una pompa con el chicle.
- Veintiuno.
- Que joven. ¿Alguien apuesta por ella?
Nadie dijo nada.
- Pues entonces yo ofrezco mil libras.- Boinae juntó sus manos emocionada.- ¡Vendida!- Exclamó por fin.
El público suspiró, no querían una cita con ella, aunque se ve que la pelinegra sí.
Como Moonie fue la última participante, encendieron de nuevo las luces dejando ciegos a todos los invitados por estar tanto tiempo expuestos a la oscuridad.
Noodle se dio cuenta de que Litané llevaba una bolsa muy grande en su mano; tenía pinta de ser pesada.
- ¿Qué llevas ahí?- Le preguntó.
- ¿E-eh? Nada, nada…- Dijo intentando exculparse, y salió pitando entre la multitud. La japonesa encogió de hombros, aunque le dejó con un leve sentimiento de curiosidad.
La música empezó a sonar de nuevo, pero ésta vez no era clásica, sino mucho más movida.
Algunos camareros se pusieron a pasear por el recinto con algunos canapés y bebidas para los invitados.
Murdoc había dejado a los demás solos, tenía que buscar a Helenka y hablar cosas con ella.
- ¡Murdoc, Murdoc espera!
El moreno se giró para ver quién le llamaba. Se alegró al ver que Helenka le alcanzaba y le tomaba de la mano. Tiró de él para llevárselo a un sitio más tranquilo, llegando detrás del escenario.
- Gracias al cielo…- Murmuró agitada, poniéndose una mano en el pecho. El moreno se extrañó.
- ¿Qué ocurre?
- Es… ¡Es ese que me ha comprado! Se cree que soy un útero con patas o algo así…- Helenka se abrazó a Murdoc, quien la abrazó también, brindándole protección. Ella cerró sus ojos y escondió su cara en el hueco entre su hombro y el cuello.
El moreno sólo se mordía el labio para no gritar de rabia y que le escuchara medio mundo. ¿Cómo… podía… hacerle… eso… A SU CHICA? Y aunque no lo fuera, a una mujer no se la trata como a un trapo. Maldición.
Acarició su cuello suavemente para tranquilizarla, ya llevaban tiempo juntos y sabía lo que le gustaba y tranquilizaba. Su nariz se apoyó detrás de su oreja, oliendo su pelo.
Helenka se tuvo que agarrar más fuerte al torso de Murdoc. Esa mano… y en la forma en la que le olía… la volvía loca.
- Ey.- La llamó el moreno. Helenka se separó de él, mirándolo a los ojos.- ¿A qué vienen estas ñoñerías?- Le dijo, en tono de regaño.- Tú perfectamente puedes mandar a volar a ese tío.
- Sí… pero… él…
- ¿Él te ha comprado?- Recalcó Murdoc.- ¿Y qué? No tiene derecho a tratarse así. Y cuando le vea se llevará mi golpe súper especial…
- ¡No, Murdoc, eso sí que no!- Le advirtió Helenka.
El moreno iba a decir algo, pero rápidamente endureció su mirada y su boca se cerró.
- ¿Qué ocurr…?- Helenka se calló inmediatamente al sentir dos grandes manos apoyadas en sus hombros. Se dio la vuelta asustada y se encontró con el gran señor que la había comprado, junto con Rose cruzada de brazos. No tenía cara de buenos amigos.
- Qué escurridiza eres, amiguita…- Dijo, mientras le daba una calada a su puro.- ¿Quién te acompaña? ¿Tu chófer?
Murdoc enrojeció de ira.
- Soy su novio, maldito estúpido.- Ladró, furioso. Helenka fue a su lado, tratando calmarlo.
El señor no pudo reír más vivaracho. Rose le acompañó en la risa, poniendo las manos en sus caderas.
- Todo lo que quieras.- Murmuró.- Pero durante un día será mía, no la obligaré a nada…- Esto lo dijo mirando a Helenka con lujuria, quien se puso detrás del moreno, intimidada.-… pero espero que se ofrezca. Y si no te gusta, pues ajo y agua chaval.
Fumó lo que le quedaba de su puro y se largó con Rose pisándole los talones. Helenka miró al moreno, que seguía rojo de ira.
- Murdoc, tranquilo- dijo- como tú dijiste, lo puedo mandar a volar. No te preocupes.- Le acarició las manos, para relajarlo.
- Creo que voy a estallar… no sé cómo me he contenido- Murdoc miró a Helenka a los ojos- todo por culpa tuya. Si no me lo hubieras dicho…
La rusa ladeó la cabeza, extrañada. Eran muy pocas las veces que el moreno se contenía, y más por ella. Sonrió feliz al saber que tenía cierto control sobre él.
- Venga, vamos a dar una vuelta. ¿Quieres?
- Con tal de no encontrarme con ese gilipollas…
- Shhh…- Susurró ella. Tomó a Murdoc de la mano y se dirigieron cerca de la entrada, donde hacía más corriente y había menos gente. Ambos se sentaron en unas sillas para descansar, Murdoc se desató la corbata y algunos botones de su camisa mientras que Helenka se acomodaba el pelo y se abanicaba el pecho con una mano.
- Mira, allí está Russel…- Dijo el moreno, con el ceño fruncido.- Espiando a alguien, por lo que parece.
La baterista siguió la vista del moreno para ver, y tenía razón. Russel se escondía detrás de una columna, mirando con un notorio sonrojo a alguien.
- Y después me llama a mí salido…- Rió entre dientes, para cruzar los brazos por su pecho.- Seguro que mira a Boinae, que estará por ahí…
- Tal vez… estás muy guapo Murdoc.
El mentado la miró. Proyectaba una agradable sonrisa. Helenka dirigió una mano a su pelo quitando una de sus flores y la colocó en el ojal de Murdoc, dándole un toque de distinción.
- ¿A qué ha venido eso?
- Pensé que te gustaría un detalle… vas entero de negro- rió.
Murdoc se sonrojó un poco y bajó la mirada, avergonzado. ¿Por qué reaccionaba así? Nunca, con ninguna chica, había tenido ese comportamiento. El pecho lo sentía oprimido y a punto de explotar.
Volvió a la realidad cuando una cálida mano le tomó la mejilla.
- ¿Sientes pena Murdoc?- Rió de nuevo Helenka. El moreno se mordió el labio inferior, derrotado.
- ¡No!
- ¿Entonces por qué te pusiste roj…?
Helenka no pudo formular su pregunta porque Murdoc comenzó a besarla para que se callara. Igualmente respondió. El moreno se separó de ella bruscamente, dejándola molesta.
- Ya calla, estropeas la noche.- Y volvió a besarla con más cariño. Helenka no pudo evitar sonreír sobre sus labios y tomar a Murdoc del cuello.
Russel miraba la escena con un poco de envidia sana. La verdad es que desde que cortó con Boinae había estado de capa caída. No pudo evitar que sus ojos se aguaran un poco.
"Vamos Russel… no es para tanto… la vida sigue." Se animó a sí mismo para intentar ocultar algo que era inevitable. Suspiró y salió de aquella columna que le tapaba.
Miró un poco por encima de la fiesta. La música estaba fuerte, la gente bailaba o conversaba mientras tomaban alguna bebida… alguna pareja se iba al baño para hacer Dios sabe qué… Y detuvo su mirada al ver una mesa apartada, llena de copas vacías y a Boinae sentada sobre ella mientras tomaba un Martini bien cargado.
Se enrojeció un poco al verla. Todavía no se había acostumbrado al vestido tan trasparente que llevaba…
No pudo evitar acercase a ella. Estaba sola, y su cara reflejaba aburrimiento. A pesar de todo lo que habían pasado seguían siendo amigos, ¿no?
Boinae notó la presencia de Russel y lo miró con la misma cara aburrida que tenía.
- Hola.- Saludó él. Ella se tomó el Martini de un trago y soltó un suspiro de satisfacción.
- Hola.
Russel se sentó en una silla que había al lado.
- ¿Te aburres?
- Sí, nadie se acerca a mí.
- Bueno, yo me he acercado.- Rió entre dientes. Paró al ver que ella no mostró ni un indicio de risa.
- Me alegro.
El afroamericano se removió un poco en su asiento. El que ella estuviese tan seca lo volvía incómodo.
- Pienso que presentaste muy bien.
Boinae lo miró a los ojos.
- Gracias, aunque creo que la gente lo odió.- Soltó una risita, más interna que externa.
- Estuviste muy chistosa.
- No pretendía serlo, en realidad.- Boinae tomó otra copa que tenía a su lado, llena de ron, y miró a través de ella.- Perdona por lo de antes, cuando te pregunté. Soné como una idiota, y que sepas que no iba con ninguna mala intención.
Russel sonrió. Lo sabía.
- No pasa nada.
La vocalista bebió de un solo trago el ron, haciendo que los cubitos de hielo que traía el vaso chocasen contra su nariz.
- Solo… ¿por qué me lo preguntaste?
- Bueno…- dudó- la verdad es que no lo sé- rió, arrugando la nariz, algo que a Russel le pareció adorable.
Ambos siguieron hablando y Boinae invitó al baterista a unas copas. La música seguía igual de fuerte y subió un grupo a tocar, pero los dos no prestaron atención a qué grupo eran, lo ignoraron y siguieron disfrutando con la compañía del otro.
Boinae no pudo evitar llevarse una mano a la frente al ver a Helenka, Noodle, 2D y Litané a pie de pista, animando y bailando al grupo que tocaba. Russel también lo vio y con resignación comenzó a carcajearse; con ellos no se podía hacer nada…
- A saber dónde estará Murdoc…- Dijo riendo de nuevo.
Por un momento miró donde estaba Boinae con cara avergonzada al ver a esos bailar.
Y se frotó los ojos un momento.
Quizás sería a causa del alcohol.
Quizás…
El baterista se levantó bruscamente y no tuvo más remedio que levantar a Boinae en brazos. Ella se asustó y comenzó a golpearle el pecho, furiosa.
- ¿¡Pero qué haces, estúpido!?- Bramaba.- ¿¡No sabes el susto que me has…!?
Pero Boinae perdió el aliento al ver lo que había en la mesa. La sangre de las venas se le congeló… y lo único que pudo decir fue…
- ¡U-U-UNA SERPIENTEEEEEEEEE!
