Hola chicos. Llevo mucho tiempo sin subir este fic, espero que no se hayan olvidado... tendrá dos partes, por eso este capítulo no será muy largo ^^. Os dejo con la lectura. Por cierto, invito a que leáis mis otros fics, sin compromisos. Un beso, feliz Navidad y feliz año 2014. Mi regalo será... ¡Un review por cada uno que lea el fic! (Se lo pido a los reyes) :).

Era Jimmy Mason.

- ¿Qué haces aquí, Mason?- Preguntó Murdoc con asco. Y es que Mason era un tipo encorvado, con barba abundante a pesar de tener veinte y pico de años y los ojos rojos de fumar tanta marihuana.

- Trabajo aquí.- Señaló su placa del parque, donde ponía "instructor".- Ahora sí que no me puedes echar.

El moreno le tenía verdadero asco a Jimmy. Había intentado ser el guitarrista de Gorillaz hace un tiempo, pero Noodle llegó en la caja de FedEx y entonces no pudieron hacer nada. Desde eso, Jimmy odió cada canción de Gorillaz.

Helenka miró a ambos y estiró su mano hacia Jimmy, amistosa.

- ¿Eres amigo de Murdoc? Yo me llamo…

- ¡No le des la mano!- El moreno tomó la muñeca de Helenka hacia atrás, haciendo que ella retrocediera.

- ¿Pero qué te pasa?

- Ese tipo no es mi amigo, así que…

Antes de decir nada más, Jimmy tomó la mano que le iba a dar Helenka y la estrechó muy fuerte de arriba abajo.

- ¡Hola, yo me llamo Jimmy! Murdoc es un bromista, siempre hace esas bromas cuando nos vemos, ¿Verdad, Mudz?- Le dijo golpeando de broma el brazo del moreno.

- Que no me toques…- Murmuró con rabia.

Mason se apartó de él, con cautela.

- Bueno, si necesitáis algo buscadme en la entrada, ya sabéis, el parque ahora mismo es vuestro. Au revoir…

Así volvió al puesto, con andares cansados.

- Tu amigo es simpático.- Dijo Helenka.

- Sí, simpatiquísimo…

Ambos siguieron caminando. Notaron que comenzó a hacer más frío y tuvieron que meterse en una atracción, una montaña rusa para ser más específicos.

- ¿Te apetece montar?- Propuso Murdoc, con el brillo en los ojos. Helenka miraba con negatividad la atracción.

- No sé…

- ¿Te da miedo?

La baterista lo miró a los ojos con los labios fruncidos.

- ¿Tú quieres montar?

- Sí, será divertido.- El moreno tomó de la mano a la rusa y la condujo hasta los asientos, donde había un empleado esperando dijo las medidas de seguridad y ambos se abrocharon el cinturón cuando la atracción se empezó a mover.

- Ay… Ay…- A Helenka le estaba entrando ansiedad.

Murdoc se tuvo que morder los labios para no soltar una carcajada limpia ante las reacciones de la baterista.

- Qué miedica eres, si la montaña rusa es… pequeñita…- Al moreno se le fue el aliento al ver a la altura a la que estaban.

- ¡Esto chirria! ¿¡Dónde me has metido Murdoc!?- En eso el vagón se posicionó en el punto más alto, dejando una vista del parque y de la ciudad preciosa junto a la puesta de sol, pero eso no le importó mucho a Helenka, que empezó a llorar.

Murdoc le sujetó la mano para que no tuviera tanto miedo.

- ¡Aquí vamos…!

Y el vagón descendió tan rápido que los dos no pudieron hacer otra cosa que tomarse más fuerte de la mano y gritar.

- ¡YUUUUUUJUUUU…!

- ¡YO TE MATO MURDOOOOOOOC…!

El moreno no pudo más y se carcajeó hasta que acabó la primera cuesta.

- No debí montarme, no debí montarme…- Murmuraba ella como en un rezo.

- ¡Anda ya si eso no ha sido nada! Ahora tenemos que dar una vuelta boca abajo y todo…

- ¿¡QUÉ!?

- ¡Mira, ahí viene!- Sonrió el moreno tomando de nuevo la mano de Helenka.

La baterista temblaba como un flan, por el miedo y por el frío además. Murdoc se lo pasaba como un niño de siete años.

El vagón iba cada vez más rápido hasta que tomó la cuesta para entrar en el bucle.

- ¡Qué mareo…!- Gritó Helenka con un poco de fatiga.

Entraron en la curva, e iban tan rápidos que tuvieron que cerrar los ojos para que el aire no les hiciera daño.

Una vez pasado el obstáculo, Helenka gritó asombrada.

- ¿Qué ocurre?- Preguntó Murdoc, algo asustado por el grito inesperado.

- ¡Mi zapato! ¡Me falta un zapato!

El moreno miró los pies de la rusa y efectivamente; le faltaba un zapato. No pudo evitar llevarse una mano a la cara para no reírse.

- ¿¡De qué te ríes!?- Le gritó con las lágrimas en los ojos. Murdoc notó eso e inmediatamente dejó de reír para acercar su mano a la mejilla de Helenka y acariciarla.

- No llores- la consoló- no te he traído aquí para que lo pases mal. Ahora bajaremos y recogeremos tu zapato.

Helenka asintió tímida y apegó más la mano de Murdoc hacia su mejilla. Iban a pasar otro giro y estaba que se moría del miedo.

Éste era el más grande y mareante, porque era el último y Helenka lo único que hizo fue taparse la cara mientras se le ponía la piel de gallina.

Murdoc lo único que hizo fue alzar los brazos y gritar de la pura emoción.

- ¡AAAH!- La baterista sintió que la comida se le subía por la garganta y se tapó la boca lo más fuerte que pudo.

Unos segundos después llegaron de nuevo a la entrada y Murdoc tuvo que sacar a Helenka porque estaba tiesa y verde.

- Te juro que no te digo de volver a montar en una montaña rusa…- Dijo el moreno tomándola de las caderas y sacándola del vagón.

- M-Murdoc…

- ¿Qué?

Ella se agachó rápidamente y vomitó todo lo que no pudo echar en la atracción.

El moreno se puso blanco y se apartó de ella para que no manchara más sus botas.

- ¡Arg, mis botas!- Gritó mientras se las quitaba y les intentaba quitar el vómito con cuidado.

Una vocecilla lo desconcentró de su tarea.

- Perdóname Murdoc…- Helenka había parado y se puso de pie- no podía aguantar más… te compraré unas botas nuevas.

Murdoc sintió como si le retorcieran el cuello. "¿Cómo puedo ser tan desgraciado?" Pensó en su cabeza.

Así, se dirigió hacia Helenka (él sin sus botas y ella sin un zapato) y le recogió el pelo para que no lo manchara con la comisura de su boca.

- Vamos al baño.- Suspiró resignado.

Ambos salieron de la atracción y fueron a unos baños que estaban al lado. El moreno abrió el grifo por la parte del agua caliente mientras seguía sujetándole el pelo.

- Mira, parece que le estoy agarrando la crin a un caballo…- Rió Murdoc. Helenka se giró para lanzarle una mirada fulminadora.- Vale, ya me callo.

Terminó de limpiarse y el bajista dejó de sujetarle el cabello.

- ¿Están bien tus botas?

- Para el arrastre, pero ya les quité la porquería que echaste.

Helenka puso cara de asco.

- Huele mal todavía.

- Bonita, que esto es lo que has echado tú. Vamos a recuperar tu zapato.- Dijo poniéndose las botas.

Al salir vieron que se estaba poniendo nublado. Estas eran siempre épocas de lluvia, y hoy podría caer un diluvio.

Fueron de nuevo a la atracción a hablar con el señor que atendía que se quedó un poco a cuadros; Murdoc y Helenka con cara de asco, ella sin un zapato y con los ojos llorosos y él con las botas manchadas de un potingue muy raro que olía mal.

- Estooo… ¿Querrían montar… otra vez?

- ¡NO! -Negaron ambos a la vez, haciendo que el hombre se echara hacia atrás lentamente.

- Lo que queremos es.- Continuó Murdoc.- El zapato de la señorita.- Dijo señalando el pie desnudo de Helenka.

- Oh, eh… lo siento pero no recogemos objetos personales… de las atracciones.

- ¿¡Cómo que no!?- Exclamó la de ojos lilas.- Unas llaves lo entiendo, incluso un móvil… ¿¡Pero un zapato!?

- L-lo siento pero es que está vallado y no se puede entr-

- ¡Deme mi zapato!- Ordenó enfadada. El señor, aterrado y sudando la gota gorda asintió resignado.

- Está bien… ¿Y cómo sería el z-zapato?

- Pues igual que el que lleva en el otro pie…- Dijo el moreno mostrando una sonrisa con sus filosos dientes.- No los va a llevar distintos…

El hombre miró la bailarina de color gris de Helenka y fue a no sé donde.

La baterista miró al moreno, que se había encendido un cigarro de mientras.

- Ay Murdoc… me siento muy mal por chillarle…- Le dijo.

- Dime algo que no sepa…

- ¡Hey!- Le dio un pequeño guantazo en el brazo.- ¿Tan bien me conoces?

- Como si te hubiera parido…- Comenzó a carcajearse como si no hubiera mañana.

- No puedes parir…- Helenka se cruzó de brazos, mirando hacia donde se había ido el señor.

- Ahí está la gracia… Mira, ahí viene… y trae una escalera.

El hombre vino e indicó que lo siguieran hasta la valla de la montaña rusa. Colocó la escalera de metal al lado de la valla y comenzó a subir.

- Esto… perdone usted pero… ¿No planeará saltar la valla?- Preguntó Helenka no muy segura.

- No hay más remedio… si quiere recuperar su zapato.- Suspiró.

- Déjalo amor… a ver qué hace.- Le susurró Murdoc todavía con el cigarrillo en la boca.

Con muy poca destreza saltó la valla de metal y se dispuso a buscar el zapato, después de unos minutos lo encontró y lo lanzó por la valla, haciendo que Helenka se lo pusiera inmediatamente.

- ¡Muchas gracias señor! Ha sido muy amable.

- Sí…- Sonrió embobado por las palabras.- Eh, pero… ¿¡Ahora como salgo de aquí!?- Gritó desesperado.

Murdoc y Helenka suspiraron.

- Ve a ayudarle, Murdoc.

- Menudo imbécil…- Susurró por lo bajo mirando al empleado. Cerró las escaleras y con fuerza las tiró por encima de la valla. El hombre consiguió salir.

- Fiú, por poco… ey… ¿¡Y ahora cómo saco la escalera!?- Gritó, viéndola detrás de la valla.

- Eso es un acertijo que tendrás que resolver tú solo.- Le dijo Murdoc.- Te dejamos para que lo averigues.

Murdoc y Helenka se fueron de la atracción. Él la agarró de la cintura haciendo que se pegaran más.

- Oye, Murdoc…- Lo llamó Helenka.- Creo que me ha caído una gota.

El moreno miró hacia el cielo y vio que estaba cubierto de nubes negras y rojas. El aire comenzaba a sentirse frío.

Y tan pronto como cayó la primera gota sobre Helenka, cayeron las demás como si fuera un diluvio.

Ambos corrieron hacia una tienda cualquiera pero resultó ser un área de descanso. "Mejor" Pensaron los dos.

El lugar era grande con un gran salón lleno de sofás y una gran chimenea en el centro que daba mucho calorcito. También había varios empleados limpiando un poco o simplemente detrás de una barra en donde se podían comprar bebidas, chuches, revistas, souvenirs…

Miraron un poco alrededor y se quitaron los abrigos para dejarlos en un sofá y ellos sentarse en otro, cerca de la chimenea.

Helenka se quedó embobada porque en vez de una pared al exterior había una ventana donde se podía ver la lluvia.

Murdoc se quedó más bien embobado porque había una tele de cuarenta y cuatro pulgadas colgando del techo. ¡Podría ver lo que quisiera!

- Se está bien aquí… nadie nos molesta.- Comentó el moreno.

- La verdad es que sí… aunque tampoco es que nos molestasen mucho.

Murdoc divisó unas mantas nórdicas y tapó a la vocalista con él.

- ¿Estás mejor?- Tuvo la decencia de preguntarle.

- Sí… me duelen un poco los ojos pero estoy bien.

El moreno no pudo evitar negar… siempre sin darle importancia. Siempre preocupándolo.

- Ven.- La atrajo hasta él, poniendo su cara en el pecho. Posó su mano sobre sus ojos, acariciándolos.

Helenka estuvo un poco estática, pero en seguida se relajó y dejó que el moreno hiciera lo que quiera.

Así pasaron un rato agradable. Helenka entre los brazos de Murdoc. Ella sonrió, pensaba que iba a estallar en lágrimas, con lo que se abrazó más a él.

Murdoc en cambio la acariciaba con cariño, con cuidado de no hacerle daño con sus uñas. Su aroma le inundaba la nariz.

"¿Por qué huele tan jodidamente bien? ¿Es que se baña en colonia?" Pensó extasiado mientras olía su pelo.

- ¡Ah!- Exclamó ella levantándose de repente. Murdoc no entendió su comportamiento.

- ¿Qué pasa?

- Espera…- Helenka rebuscó en su bolso y sacó algo envuelto en un papel de regalo.- Toma, es para ti.

Murdoc lo tomó con sorpresa. Palpó el regalo con cuidado.

- ¿Sabes que hoy es el cumpleaños de Noodle, no el mío, no?

- Ya, ya lo sé.- Suspiró.- Solo es un regalo de mí para ti. Porque te quiero.- Asintió mirándolo a los ojos.- Venga, ábrelo.

El moreno rompió el papel y sacó del interior un gorro de punto de color naranja.

- Y… esto es….- Dudó en responder.

- ¡Un gorro! Lo hice yo, es de lana. Tuve que deshacerlo muchas veces porque me salía mal… ¿Te gusta?

Murdoc puso una cara rara. Se esperaba otra cosa.

- Si no te gusta… podría gustarte… ¡Esto!- Helenka sacó de su bolsillo otro regalo envuelto, pero era más pequeño y compacto.

- ¿Otro regalo?

- Sí, es que… no quería… que estuviésemos tan… no sé cómo decirlo.

Mientras Helenka intentaba explicar Murdoc abrió el regalo. Era un mechero antiguo, un zippo.

- ¡Joder!- Exclamó, interrumpiéndola.- ¡No tenía uno de estos desde los catorce años!- Rió el moreno, contento.

Helenka lo miró con las facciones relajadas. Observó cómo el moreno encendía el mechero con facilidad. Sonrió para sus adentros.

- Se recarga con gasolina. No lo olvides.

Murdoc dejó el mechero y la miró. No le gustó mucho ese tono de voz, parecía triste.

- Gracias…

La tomó del mentón y le dio un beso en la comisura de los labios.

- Aquí va mi regalo.

- ¿Tú también me has traído algo de regalo? ¿No te bastaba con el parq…?

Helenka calló de repente al notar la mano de Murdoc subírsele por la pierna lentamente, levantado la falda larga que llevaba, hasta subirse en el muslo.

- Ey ey… ¿Qué haces?- Le preguntó nerviosa, intentando apartar la mano de Murdoc que le había agarrado el muslo. No pudo evitar jadear un poco por ese contacto.

- Darte lo tuyo. ¿No quieres?- Murdoc sonrió pícaramente y pasó su mano por el elástico de las pantis.- Tranquila, tenemos una manta encima y nadie nos va a ver.

- ¡Esa no es la cosa!- Protestó, más roja que un tomate.- Es inmoral… para…

El moreno hizo caso omiso y siguió con lo suyo. Bajó un poco esa prenda tan molesta y comenzó a acariciar por donde quiso.

Helenka no pudo aguantarlo más y se tuvo que agarrar al pecho del moreno, dejando a la vista su cuello. Murdoc aprovechó ese descuido y se dispuso a besarlo con dedicación y a lamerlo con su lengua.

- Murdoc, para, en serio… me enfadaré…- Murmuró Helenka con los ojos llorosos, pero igualmente con gesto enfadado.

- Venga mentirosa, si te da morbo que los vean…

Eso hartó a Helenka del todo y no tuvo más remedio que pellizcarle fuertemente en un pezón.

- ¡AAH! ¡BURRA! ¡Que duele…!

- Eso por no saber cuándo parar…

En ese tiempo Helenka se colocó los panties y se bajó la falda. En un movimiento, sin querer, tiró su bolso hacia el suelo, haciendo que se cayeran algunas cosas.

- Ey, ¿Qué es eso del suelo que se te ha caído?- Preguntó, señalando una especie de carta.

- Ah, esto… se me había olvidado.- Dijo recogiedo el bolso y la carta. Murdoc le echó un vistazo antes al reverso.

- Qué letras más raras…

- Es cirílico, Murdoc.

- Ah, sí, eso, cirílico…- Se notaba que no tenía ni idea de lo que le estaba hablando Helenka.

- Letras rusas.- Simplificó.- Es una carta de mi madre.

Murdoc se incorporó al escuchar eso.

- ¿Te manda cartas? ¿Pero no estaba metida en…?

- Sí, en un psiquiátrico.- Suspiró.- Pero como se acerca la Navidad le dejan mandar varias cartas a sus familiares.

Abrió la carta y sacó varios folios y un frasco pequeño. Sonrió al verlo.

- ¿Y ni siquiera le dejan utilizar el teléfono…?- Preguntó Murdoc, extrañado.

- A los pacientes más graves no.- Tomó el frasco, lo destapó y olió.- Me manda un frasco de colonia. Lo hace ella. Huele.

Helenka lo acercó a la nariz de Murdoc que lo olió extasiado, era la misma colonia que se echaba Helenka.

- ¿Te gusta? Es la que me echo siempre.- Olfateó de nuevo el perfume.- Lo hace con las manzanas y las mandarinas que cultivan.

Prosiguió desdoblando los folios y comenzó a leerlos interiormente.

- ¿Qué te dice?- Preguntó Murdoc, intrigado. Helenka siguió leyendo unos segundos.

- Te traduzco un poco, si quieres…- Miró la carta desde el principio- "Hola cariño. Tenía muchos deseos de mandarte esta carta y de saber cómo estás. Yo estoy bien. Dicen los médicos que voy mejorando poco a poco, pero no saben si tendré que salir de aquí algún día. Por lo que sea, me tratan bien. El día a día es duro, porque siempre es lo mismo. No puedo hacer muchas cosas (tú bien sabes) y me aburro. Te he visto un par de veces en el periódico, y tengo que decir que has crecido desde la última vez que te vi… de eso hará algunos años. Intenté enviarle una carta a tu hermano, pero no sé dónde vive, por lo que te la mando a ti también. Como siempre, te dejo el frasco de colonia, espero que no se rompa por el camino. Tengo ganas de escuchar tu voz en directo, y no en la radio. Te echo de menos, mi niña."

Helenka no pudo evitar arrugar un poco la carta de la emoción que le supuso al leerla. Rápidamente tomó el frasco y se echó unas gotas por las manos.

- Ay… mamá…- Se lamentó mientras olía sus manos. Murdoc la miró y le acarició la cabeza.

- Se ve que tiene muchas ganas de verte.

La baterista asintió repetidas veces y abrazó al moreno.

- Quizás vaya a visitarla un día de estos… la última vez que fui no me dejaron verla demasiado tiempo.

Guardó la carta y el frasco en el bolso, bien sellados.

Un camarero vino a atenderles.

- ¿Desearían algo de tomar o comer?

- Yo quiero un té y una porción de pastel de crema.- Ordenó Helenka.

- Yo ron.- Dijo Murdoc.

El camarero apuntó y se fue a preparar lo que habían ordenado.

- ¿Siempre pides alcohol?- Preguntó la rusa.

- ¿Y tú siempre pides té y pasteles?

- A los rusos nos encanta tomar el té con dulces.- Dijo, acomodándose el pelo.

- Pues en mi pueblo lo mismo, solo que con alcohol.

Ambos se recostaron mejor en el sofá y miraron la televisión. Estaban echando Grease(1).

- Mira, nos tendríamos que haber disfrazado de esos dos en Halloween. Sí que dan escalofríos.- Murdoc puso una mueca de asco al mirar a John Travolta y a Olivia Newton-John en la playa y besándose.

- No tengo la figura de Olivia.

- Que va, la tuya es mejor.

Helenka se sonrojó por eso.

- Aunque si sigues comiendo dulces acabarás peor que ella.

- ¡Qué dices!- Saltó- No sabes la de ejercicio que hago yo.

- Claro… ¿El qué?- Murdoc seguía picándola.

- Voy a clases de spinning, cuando puedo voy a la piscina a hacerme unos largos y la mayoría del tiempo estoy relajándome en mi casa haciendo yoga.

- Vaya, estás echa una atleta… espero que tu cuerpo pueda soportar una porción de tarta.- Rió con mesura, al ver que el camarero trajo todo lo que pidieron. Murdoc tomó el ron y Helenka el té.

Afuera seguía lloviendo a mares. Las gotas se estrellaban contra el cristal, haciendo un sonido muy relajante.

- Qué pena.- Dijo Helenka, llamando la atención de Murdoc.- No podremos disfrutar del parque en estas condiciones.

- Bueno… qué se le va a hacer…

La rusa tomó el pastel y comenzó a comérselo.

- Me gusta ese nombre… Olivia…

Murdoc la miró.

- A mí no… suena a aceituna.

- ¿A-aceituna?- Tartamudeó.

- Olivia… oliva… aceituna.

- Esa reflexión solo la podrías hacer tú.- Dejó el plato de tarta acabado en la mesita, y tomó de nuevo el té.

- Pero en fin, ¿Por qué has dicho que te gusta?

Helenka se encogió de hombros.

- Bueno… si… tuviera una hija biológica… la llamaría así.

El moreno la miró de reojo, viendo sus intenciones.

- ¡Ajá, de eso nada!

Antes de que dijeran algo más, alguien retiró los platos y los vasos de la mesa, para desgracia de Murdoc.

"¿Otra vez ese desgraciado de Mason?"

Parte 1/2

(1) Grease se puede entender como Vaselina, Brillantina, etc… en otros países hispanohablantes.