CAPITULO 5

(Pov Kevin)

La cogí del brazo y tapé su boca con mi otra mano entrando de lleno en ese callejón.

La música electrónica que salía de ese local retumbaba por toda la calle, con lo que no se darían demasiada cuenta si montábamos escándalo.

Un camello el cual conocía pasó por nuestro lado y ni nos miró, gente discreta, sí señor.

En el fondo de ese callejón había basura, jeringuillas esparcidas por el suelo y un par de pipas que seguramente alguien había tirado para mandar a la mierda evidencias de asesinato o proxenetismo.

Los Casannova no se dedicaban al trato de mujeres, no lo veían "respetable" pero era inevitable que teniendo un local como este no hubiese prostitución en las calles.

La chica de pelo negro y ojos azules me miró asustada. La levanté del suelo sin apenas esfuerzo, era delgada y su ropa no dejaba demasiado a la imaginación.

Rompí su camiseta con mi mano y la pegué a la pared de ladrillo húmedo que revestía ese lugar.

Tenía varias bolsitas con gramos individuales de coca.

-¿Eres puta y camello?- dije sin demasiado interés por su respuesta-.

Ella negó con la cabeza y se intentó soltar.

Su pantalón vaquero no fue un desafío para mí, lo desabroché, me estaba empezando a bajar el colocón.

Abrí una de las pequeñas bolsitas y la puse sobre mi mano, acerqué mi nariz al polvo blanco y esnifé bajo la mirada de la chica.

Quité mi cinturón y lo use como mordaza para que no pudiese hablar, necesitaba las dos manos libres para esto y no podía tenerle la boca tapada.

Ella intentó de nuevo librarse de mí pero una cachetada en la cara la devolvió al mundo real, el mundo en el que yo era el amo absoluto de la situación.

-No te dolerá-.

¿Estaba llorando? Me reí sin parar al verla, parecía asustada, excitante cuestión.

Arranqué literalmente sus bragas y la giré sobre la pared húmeda de ladrillos ella se quejó.

-Shhh-.

Azoté su trasero con tanta fuerza que la palma de la mano empezó a picar.

Bajé mis pantalones y mi bóxer.

La cogí del pelo para que no se moviese contra esa pared, hice que su cara chocase en ella y metí mi mimbro por completo en su interior. La tomé desde atrás y empujé con fuerza una vez y otra y otra, gimoteaba, sentía la humedad de sus lágrimas caer en mis brazos pero no paré hasta correrme, lo bueno del sexo anal era que no necesitabas usar condón, lo que menos quería ahora era un hijo.

Pero estaría dispuesto a tentar a la suerte esta noche.

La volvía girar.

-Llorar no te valdrá de nada- estaba demasiado colgado por la coca-.

La levanté y abrí sus piernas todo lo que pude hundiéndome en ella, empujé otra vez contra ella abriéndola por completo...

"Es virgen"-.

Mucho mejor... virgen... hacía tiempo que no follaba con una virgen.

La mordí en el cuello en los pechos, dejé mis dientes marcados en su carne, ella me arañaba y tiraba del pelo pero eso me gustaba, se negaba, era excitante.

Volví a correrme y la dejé caer al suelo.

Peiné mi pelo con mis dedos y con la respiración ahogada y cara de recién follado, me puse la ropa bien y me fui para entrar en el club, con suerte pillaría algo de tripis.