Hoooola bichejos. Cap dos, no os acostumbréis a las actualizaciones rápidas, esto es solo casualidad xD Perdón si hay errores o cosas sin sentido porque no me apetece repasarlo y que se me caigan los ojos, siempre podéis quejaros por pm si queréis que lo cambie o yo que sé. Gracias por leer, disfrutad! :)


"Otro aburrido día en la comisaría de SB" pensó Emma, jugando aburrida con la grapadora. Estaba sentada de mala manera con las piernas esturadas y los pies apoyados en el alfeizar de la ventana, dándole la espalda al resto de la comisaría. Desde que David estaba al mando solo le tocaba hacer papeleo. Suspiró, abriendo y cerrando la calculadora sin prestar mucha atención a lo que hacía.

En la mesa cercana a las celdas, apareció Regina en su nube morada. Observó a la rubia sin que se diese cuenta, sentada en el borde con las piernas cruzadas hábilmente para que su falda no se estropease. Sonrió levemente ante las vistas, sabiendo lo mucho que sufría Emma ahí encerrada.

-¿Así es como se gana el sueldo Srta. Swan? –La rubia se asustó de tal manera que casi se cae de la silla por estar mal sentada, la grapadora se cerró alrededor de su mano y Emma soltó un quejido que se repitió cuando la grapadora golpeó su pie.

La sheriff solo murmuraba palabras inteligibles, intentaba hacerse la fuerte, pero no quería ni mirar la grapa en su piel. Regina la miraba atónita y sin poder evitarlo se le escapó una risa. Emma estaba a punto de llorar de vergüenza y la miró con cara de pena.

-Creo que tengo que ir a que me miren esto… -Respiró hondo un par de veces y sin pensarlo se sacó la grapa ella misma. Regina se levantó y se acercó rápidamente a ella, con cara preocupada.

-¿Eres idiota? –La morena miró a Emma frunciendo el ceño y cogió su mano, se concentró y pasó un par de veces la suya por encima de la herida. La joven sintió un suave cosquilleo en la mano y suspiró aliviada al ver que Regina la había curado.

-Gracias.- Susurró, aún sonrojada por la escena que había montado, la otra mujer asintió. Ninguna de las dos soltó las manos de la otra, ni se separaron. Se miraron unos segundos a los ojos y Emma vio como Regina se sonrojaba y apartaba la vista. Cuando fue dar un par de pasos hacia atrás, la sujetó por la muñeca y la miró seria. –En serio, gracias por esto, por lo de anoche, por lo de Neverland, por cuidar de Henry, por quererle. –La morena no supo que decir, nadie le daba las gracias nunca, por nada. Emma se apoyó en su mesa y le sonrió suavemente. -¿A qué venias?

-Oh, sí. Venía… quería preguntarte si puedo comer con Henry hoy. –Regina bajó la vista.- Si no tenéis planes, claro.

-Henry ya tiene planes. –La morena asintió levemente y Emma sintió su tristeza. –Peeeeero puedes comer conmigo, recogemos a Henry de casa de Neal y pasamos la tarde juntos. –Regina la miró alzando una ceja.- Te recuerdo que me debes una cita.

La rubia sonrió nerviosa y la otra mujer imitó el gesto de forma mucho más suave, miró el reloj y asintió

-En mi casa, a las dos. –Se giró y caminó hacia la puerta, sintiendo los ojos de Emma pegados a ella. Antes de que pudiese salir, escuchó su voz.

-Regina no tienes que pedir permiso para pasar tiempo con Henry. –La aludida sonrió levemente y negó, hablando por encima de su hombro.

-Esta vez quiero hacerlo bien. –Siguió su camino y antes de que la puerta se cerrase tras ella Emma escuchó sus últimas palabras. –No sea impuntual sheriff.

La rubia sonrió, negando con la cabeza. Miró donde había estado la grapa pasó un dedo por encima. Pensó en la risa de Regina y sintió que necesitaba a escucharla más a menudos. Con ese pensamiento volvió a su posición aburrida, esperando que el tiempo pasase rápido hasta la hora de comer.


A diez minutos de las dos, la mesa estaba puesta, la lasaña estaba a punto de salir del horno y Regina estaba aún en la cocina, con el delantal puesto y limpiando. Belle la había llamado para avisar de que había encontrado uno de sus trajes en la tienda de Rumple. La conversación se había extendido más de la cuenta. La muchacha de ojos azules era simpática con ella y además tenían algunas cosas en común, no es que fuesen a ser amigas, pero el tiempo ya diría.

Sonó el timbre y Regina se quitó el delantal, dejándolo sobre la encimera. Se apresuró hacia la puerta pero antes de abrir se detuvo frente al espejo de la entrada para revisar que todo estuviese perfecto. Al abrir se encontró a Emma sonriendo, con una botella de vino en la mano y chocolate en la otra. Le devolvió la sonrisa y la rubia le entregó lo que traía. Caminaron hacia la cocina, Emma primero y la otra mujer siguiéndole el paso de cerca, observando su figura.

-Me apetecía chocolate y supuse que te gustaría el negro, como el café. –Regina puso el vino a enfriar y apagó el horno.–Mhm.. eso huele genial.

-Y sabe mejor. – Emma sonrió divertida y la observó agacharse para sacar la bandeja del horno. Se mordió el labio inferior. "Tanta comida sana y tantas horas sobre esos tacones tienen resultados… y qué resultados." Pensó y sonrío pasa sí.

Regina depositó la bandeja sobre una tabla en la mesa, sacó una pala del cajón y se sirvió su plato. Mientras Emma hacía lo mismo, llenó las dos copas de vino. Ambas se sentaron a la vez a la mesa. La morena al ver el plato e la rubia elevó ambas cejas y bebió un poco de su vino.

-No me juzgues, no sé cuándo podré volver a probar esta lasaña creada por los dioses. –Rieron suavemente y empezaron a comer.

Emma notó a la otra mujer un poco tensa por lo que decidió romper el silencio. Como había hecho en Neverland, preguntó por la infancia de Henry. Regina parecía tan feliz al contarle todas aquellas anécdotas que se le derretía el corazón

La alcaldesa también preguntó por algunas anécdotas de su pasado y Emma le contó los recuerdos más idiotas que tenía. Habían acabado de comer hacía rato pero seguían hablando sin querer romper el momento. Siguieron disfrutando del vino y las risas un rato más.

Emma le contó cómo se rompió el dedo de una mano cayéndose de la cama y Regina no podía dejar de reir.

-Eres idiota. –Dijo secándose las lágrimas de las esquinas de los ojos sin arruinar el maquillaje.

-Como si nunca te hubieses caído de la cama enredada en las sábanas cual oruga. –Regina negó, aún riendo. –Seguro que también tienes ese tipo de secretos, pero no quieres que los sepa. Todos tenemos momentos así.

-No, yo no tuve una infancia… divertida. –Sonrió tristemente y bajó la vista. Emma se sintió imbécil por haber sacado el tema. Se cambió a la silla que había junto a ella y cogió sus manos.

-Seguro que tienes algo y no quieres acordarte.-Sonrió levemente la rubia.

Regina levantó la vista y quedó a escasos centímetros de su cara. Mma no pudo evitar morderse el labio inferior. Empezaron a acercarse cual imanes a cámara lenta hasta cerrar el espacio entre sus labios. Regina tomó el control del beso y la rubia partió sus labios, dejándola hacer. Se besaron despacio, con tranquilidad, hasta quedarse sin aire.

Regina bajó la vista de nuevo a sus manos y Emma notó que se había tensado. No queriendo que volviese a reconstruir sus murallas frente a ella, besó su mejilla sonoramente.

-¿Estás bien? –La alcaldesa le dedicó una pequeña sonrisa, asintiendo. Pasó una mano por los rizos rubios. –La mejor cita de mi vida, por la lasaña digo. –Bromeó la rubia, recibiendo un pequeño empujón por parte de la otra mujer.

Emma cogió su mano y tiró despacio de ella, acercándola para besarla de nuevo, se sentía tan bien en sus labios que no quería desperdiciar ni un segundo.

El móvil de la sheriff empezó a sonar rompiendo por completo el ambiente. Regina rodó los ojos y Emma frunció el ceño, algo enfadada. Cuando vió a Neal en la pantalla de su móvil su enfado aumentó.

-¿Qué? –Respondió secamente, observando como Regina empezaba a recoger la mesa.

-Em, ya estamos en casa, puedes venir a por Henry cuando quieras.

-Vale, llego en menos de una hora. –Suspiró antes de colgar. Se había olvidado de que pasarían la tarde con Henry. Se acercó hasta Regina que estaba colocando los platos y se apoyó en la encimera. –Señora alcaldesa, tenemos un hijo que pasear. –Esta la miró frunciendo el ceño, lo que la hizo reír.- Era broma.


Mientras Emma recogía su cazadora, Regina subió a por su bolso. Cuando bajaba las escaleras vio a la rubia haciendo caras frente al espejo. Se parecía tanto a Henry que no podía evitar pensar que era adorable. Llegó hasta ella y se hizo hueco en el espejo, retocando su pelo. Emma pasó los brazos por su cintura y apoyó la cabeza en su hombro, mirándola a través del espejo.

Nunca había sido una persona cariñosa, pero con Regina era diferente. Al principio solo era atracción, pero desde Neverland no podía evitar sentir que la necesitaba cerca y ahora que todo volvía a ser más o menos normal y habían dado el paso, no pensaba separarse de ella. No iba a dejarla sola esta vez.

Regina apoyó la cabeza contra la de la rubia y relajó su cuerpo en el abrazo. Con Emma todo se sentía tan natural que la asustaba, aunque sabía que no le haría daño a propósito.

Se miraron a los ojos a través del espejo y Regina sintió que Emma estaba mirando en su alma, apartó la vista y fue a separarse pero la otra mujer no la dejó.

-Regina esto.. –La giró suavemente y se miraron de nuevo, esta vez directamente. –Lo que estamos construyendo, iremos despacio, a tu ritmo.. Pero por favor, no me apartes, nos merecemos esta oportunidad.

Los ojos azules le estaban rogando y Regina sabía que la rubia no iba a dejar que la apartase de ella. Simplemente asintió y la abrazó, escondiendo la cara en su cuello. Respiró hondo y sonrió, pensó que podría quedarse así para toda la vida. Emma la pegó más a ella, haciendo suaves caricias en su espalda.

-Srta. Swan, tenemos un hijo que pasear. –La imitó la alcaldesa y Emma rió levemente. Se dieron un pequeño beso antes de salir para recoger a su hijo.