Volví a tiempo en jueves! :D espero no se rompa el hilo conductor del fic y como siempre gracias por pasarse a leer, sin más nos leemos al final
Los zapatos enlodados de Isaka iban marcando sus pisadas mientras subía poco a poco las gradas; la madera resonaba crujiendo con cada paso lo que emitía un largo sonido que hacía eco en aquel reducido espacio; Isaka respiraba hondo a manera de calmar su acelerado corazón, pero su imaginación volaba con la nula visibilidad que tenía por la poca luz de su celular que usaba como linterna. Subió hasta el segundo nivel y escuchó que tocaban la puerta; una de las tantas puertas de aquel nivel. Palideció
-¿Ruuychirou-sama?- preguntó Asahina viendo que había logrado alcanzar a Isaka
-Alguien toca- aumentó el sonido de su respiración. Asahina escuchó el mismo sonido y sus puños se tensaron al igual que su mandíbula.
-E-es el vi-viento… azotando… una pu-puerta- Isaka abrió sobremanera sus ojos al escuchar que Asahina ¿tartamudeaba? ¿su amigo tenía miedo?
-Éste no es nuestro piso- Isaka sacudió su cabeza varias veces y sin querer tocar siquiera el suelo del segundo nivel, siguió subiendo las gradas hacia el tercer piso; por su parte Asahina que no se atrevía a despegar los ojos de la oscura imagen de Isaka siguió a su amo.
Varios pasos atrás Hiroki terminó de subir las gradas hasta llegar al comienzo del segundo nivel. Efectivamente también escuchó que en una de las puertas se oía un leve toque. Tragó en seco, sus marrones ojos amenazaron con llorar pero pronto frunció el ceño y respiró hondo. "de seguro es una rama contra una ventana… o algo así".
No debía dejar volar su imaginación y menos en un lugar como aquel, pero por su mente pasaban en ese instante toda la sección de libros de horror de la biblioteca de su escuela, los cuales había leído; sumado con las películas de miedo que él y Akihiko veían en la noche, estaba seguro que nada podría salir bien de ese lugar. Dio el primer paso y la vio: la sangre. Retrocedió dos pasos y estuvo a punto de caer de espaldas por las escaleras pero agarrándose del barandal se logró mantener en equilibrio.
-No quiero estar aquí- susurró temblando
AxHxIxA
-¿Estarás bien?-
-No me trates como si fuera niño, ¡claro que estaré bien!- le recalcó Isaka a Asahina mientras éste, preocupado por su amigo, continuó subiendo las escaleras.
El tercer piso, diferente del segundo que era un pasillo y muchas puertas, ese tercer nivel contenía una sala de estar y tres puertas cerradas. Isaka se acercó a la sala de estar que parecía sacada de una antigua casa francesa. Tic, toc, tic, toc 'un reloj' pensó; buscó en la pared a través de la luz del teléfono, el reloj de donde emanaba aquel sonido. Lo encontró, era el típico gato que movía sus ojos al compás de las agujas del reloj
-10:15- se habló a sí mismo para opacar el miedo.
-Vamos a ver, vamos a ver, un tesoro… ¿en dónde podría estar?, o siquiera ¿qué es?- se preguntó en voz alta. Lo primero que pasó por su mente fue demasiados fajos de dinero, si los rumores comentaban que ella jamás salía de su casa, significa que jamás visitó un banco y por ende, debía tener cientos de fajos de dinero guardados en algún lugar, tal vez, dentro de los sillones. Enfocó la luz a los sillones con estampado floral y colocando el teléfono suavemente sobre la mesa de noche más próxima enfoco un sillón y comenzó a buscar el zíper para quitar la sobrefunda. En el primer sofá sólo encontró esponja, en el segundo igual… suspiró por lo bajo; empezó a enojarse; a ese paso en verdad dudaba de que hubiese dinero en aquel lugar pero pronto sus expectativas cambiaron cuando, al quitar el asiento del sofá encontró una caja. Su sonrisa aumentó y agarró su celular para darle luz a la caja de cartón blanco, la abrió inmediatamente y al suelo cayó un fajo, pero de fotografías. Rechinó los dientes, agarró una y la observó. La fotografía mostraba a Nakamura con un mandril, aparentemente en la selva.-
-mmm, con que la señora, después de todo sí salía de su casa; aunque claro, cuando era mucho más joven… y… no está mal- Observó otra foto, era Nakamura en una piscina con un delfín.
-Excelente calzoneta… ahora que lo pienso jamás había visto a Nakamura- siguió observando las fotos una por una hasta que comenzó a notar algo curioso, todas eran con animales. Todas. De pronto una de ellas lo dejó boquiabierto…
-¡Mierda! ¡el alce de la sala!- Instantáneamente tiró todas las fotos lo más lejos posible y levantándose rápidamente del suelo y dio pasos agigantados hacia atrás topándose precipitadamente a una pared de vidrio que crujió fuertemente…
-¡qué cara…!- se quedó ido mientras sentía que el crujido aumentaba haciendo que en menos de un segundo sintiera cómo el agua congelada de una enorme pecera atrás suya caía a chorros por su cabeza y espalda -no-no puede-de ser-
AxHxIxA
Ya habían pasado diez minutos desde que los tres habían subido las gradas y Akihko empezaba a aburrirse. No le había tomado ni diez segundos el sentenciar que en el primer nivel no estaría el tesoro escondido. Era lo obvio, si fuera un tesoro debería estar escondido en el lugar más recóndito posible, como el retrato de Dorian Gray. Y al parecer la señora Nakamura lo único que había dejado en el primer nivel eran sus cientos de animales disecados. Cada uno con una posición extraña.
El primer lugar al que Akihiko se dirigió fue al primero que encontró: la sala. En ella había un perro recostado en el sillón, con la misma posición que el gato con un ojo abierto; después visualizó un loro con las alas extendidas en el candelabro. Le intentó dar nula importancia pero cada vez que enfocaba su linterna hacia un nuevo lugar, encontraba una nueva disección 'perturbador' fue la primera palabra que se le vino a la mente a Akihiko que apretó su linterna y decidió enfocar mejor otro lugar, y logró divisar una puerta que se veía a lo lejos de un pasillo.
Caminó despacio aferrado a una pared, con la sensación de que por detrás alguien lo estuviera viendo todo el tiempo. Intentó darse a la lógica explicación de que todo ser humano cuando tiene miedo siente que hay alguien detrás suyo pero esa sensación de que alguien lo veía constantemente no salía de su cabeza por más explicación lógica que Usami quisiera darle. En esos momentos deseo que Suzuki, el oso que Hiroki le había regalado, estuviera con él pero sabía que Hiroki no se lo hubiera permitido; ya que para tener trece años no debería estar con infanterías… ¡pero estaba seguro que eso no era infantil! Era… un regalo de la persona que secretamente quería. Akihiko suspiró por lo bajo, recordar eso no era lo que deseaba. Entonces sonrió; recordar que Hiroki era su mejor amigo y sólo eso, lo hizo entristecerse, sentimiento que logró vencer al miedo y su terrible sensación
-Al menos eso es mejor- susurró Akihiko que sin notarlo había llegado al comedor de la gran mansión sin la sensación de alguien viéndolo. Cerró la puerta tras de sí y al observar aquel gran comedor, quedó extrañado. Si la señora vivía sola, ¿por qué el comedor tenía sillas para doce personas?. Hasta donde recordaba se supone que nadie la visitaba. Caminó alrededor de cada silla moviéndola; era posible que tal vez alguna pudiese tener encima o debajo algo como una llave; tantas sillas servirían para disimular algo que se quiere esconder. Movió todas pero ninguna dejó caer nada, resignado se dirigió a la puerta del comedor para volver a salir por donde había entrado; sin embargo, para su sorpresa la puerta no abrió. Giró la manilla una vez más, pero está se negó a abrir la puerta; lo intentó con fuerza una vez más y no lo consiguió
El pánico lo consumió y su acto reflejo fue sentarse al suelo y topar su espalda contra la pared.
-Hiroki- sus azulados ojos se empezaron a acumular de lágrimas mientras sus dos manos fuertemente agarraban la linterna para no quedar a oscuras. Con esa mínima luz, al menos pudo observar que en esa habitación no había animales disecados para su alivio. De pronto visualizó que en la misma pared en la que estaba apoyado, al final se encontraba otra puerta, probablemente hacia la cocina.
Una esperanza. Secó con su manga la lágrima que había resbalado y arrastrándose sentado siguió su camino hacia la puerta entreabierta. Su corazón latía el doble de rápido y su mente solo estaba concentrada en que cuando llegara a la puerta iría de inmediato al segundo nivel en donde Hiroki estaría. Al finalizar la pared logró llegar a la puerta pero en cuanto siquiera tocó ésta, escuchó un sonido
-Alguien- juró que había alguien del otro lado de aquella puerta, estaba seguro de ello, pues escuchaba trastos moverse, como si alguien buscara entre sartenes. Se abrazó pensando en qué hacer pues si gritaba el nombre de uno de sus amigos, y la persona del otro lado no era ninguno de ellos; seguramente hasta allí quedaría consciente Akihiko. Ni siquiera se atrevía a cerrar los ojos de miedo porque si lo hacía un segundo, sentiría que la persona aparentemente imaginaria, se volvería realidad para ir por él.
-Hiroki… por favor- fue lo único que pudo pronunciar
AxHxIxA
Asahina llegó por fin al cuarto nivel, después de haber meditado si debía dejar a Isaka solo pues casi literalmente nunca estaban separados. Respiró hondo, si Ryuuchiro estaba decidió a hacer aquello solo, lo menos que Asahina podía hacer era apoyarlo. Enfocó la luz de su celular al cuarto nivel. Al parecer era cuarto de lavandería, pues había una máquina de lavar vieja, una planchadora, varias telas tendidas que si se miraban de cerca no eran telas, eran pieles, pieles de animales. Asahina exhaló fuertemente mientras la luz del teléfono comenzaba a temblar al igual que sus manos que cargaban el celular. Volteó inmediatamente la luz a la otra esquina y lo que encontró fueron sacos, demasiados sacos acumulados con papeles rotos pegados en cada uno de ellos.
Alejándose lo más que podía de las pieles tendidas llegó hasta los sacos esperando que contuviesen dinero u objetos de valor; o por lo menos ropa sucia y no cualquier otra cosa pero al sentir el hedor que emanaban aquellas bolsas sucias lo primero que supuso es que guardaba muertos. Cubrió su nariz con la manga de la chumpa que llevaba y se acercó al primer saco, vio que éste contenía un dibujo de un ave, lo abrió y encontró comida de ave; extrañado se fue a la segunda bolsa, tenía un dibujo de un pez, y al abrirla el hedor de comida para peces emanó de aquella bolsa haciendo que Asahina quisiera vomitar. La cerró inmediatamente y se dirigió a otra bolsa, que contuviera otra figura distinta pues varias de ellas tenían las mismas figuras; pero la siguiente bolsa que encontró no le agradó en lo absoluto, la bolsa mucho más grande que el conjunto de las anteriores, comprimida por un lazo grueso tenía un dibujo de una rata en ella. Asahina abrió los ojos de par en par… 'qué animal come… ratas' Se separó de la bolsa dando varios pasos atrás y topándose con una perilla, a mitad de la pared; pero aquella no era cualquier perilla, era una perilla de una puerta metálica. Había encontrado el tesoro oculto.
Se alivió un poco al notar que tal vez todo había acabado, abriría la puerta y sacaría los tesoros de la anciana para que así todos se fueran a sus casas. Agarró el manojo de la puerta y para su sorpresa estaba frío; muy frío. Esta no es una puerta de una caja fuerte…
-Es un refrigerador- Asahina empalideció, no le hallaba ningún sentido que un refrigerador estuviera en el cuarto nivel. Tal vez era una forma de disimular algo, aunque no sabía ni siquiera cómo ese razonamiento tenía cabida alguna en algo… razonable. Con temor a lo que pudiera encontrar dentro, abrió el refrigerador
Inmediatamente un chorro de agua cayó a sus pies, dio dos pasos para atrás y con la luz de su celular enfocó dentro de la refrigeradora, comenzó con la pared que tenía enfrente y poco a poco fue deslizando la luz hasta llegar al fondo, pero todo lo que veía eran paquetes, aparentemente con comida congelada, aún. Siguió enfocando la tenue luz a través del hondo refrigerador hasta notar un bulto en el suelo. Quería cerrar la puerta, de verdad quería pero había una gran posibilidad de que todo lo empaquetado aún fuese dinero o joyas; después de todo la señora quería disimular bien su riqueza; aunque ese aparente disimulo ahora rayaba en la estupidez.
Asahina metió la mano dentro del refrigerador y alcanzó la primera caja; la abrió pero de ella empezaron a salir trozos de carne en descomposición. Asqueado tiró la caja, decidió evadir las demás cajas del mismo tamaño y se enfocó en la grande tirada en el piso. Seguramente aquello sería más carne en descomposición, por lo que se dio a la tarea de cerrar la puerta del refrigerador pero no sin antes darle un último vistazo con la luz a la bolsa; a penas y divisó que curiosamente la bolsa contaba con cuatro patas largas, cerró el refrigerador de un portazo alejándose lo más que podía topándose hacia la pared a la par del refrigerador en donde pudo contemplar el gigante espacio que definitivamente no era una lavandería.
Era el cuarto en donde disecaba animales. Sus manos estaban frías y tiesas como si fueran parte del refrigerador y su respiración agitada era lo único que podía escuchar. De pronto un rayo surcó el cielo iluminando la habitación entera pues parte de la decoración era un gran ventanal con vista a una azotea. La luz le lastimó la vista y al abrir de nuevo los ojos vio en la esquina contraria, una caja en la pared. Arqueó una ceja, esa parecía ser una caja de flipones.
Sólo por acotación, los flipones son los conductores que dan energía eléctrica a toda la casa pero cuando esas palancas se bajan desconectan toda la electricidad. Ahora pasando a otro punto más importante, me veré forzada a suspender este fic momentáneamente debido a exámenes finales x( pero espero poder subir de nuevo el 14 de noviembre como fecha fija x( sip, un mes pero como sea espero que sea mas largo y entretenido aunque se salga un poquito de época de halloween xD sin más me despido y gracias por pasarse a leer y por si dejan reviews que me alegraran el día :3
