Regina apagó la alarma y giró en la cama hasta pegarse a Emma. En el par de semanas que llevaban juntas habían dormido juntas la gran mayoría de las noches. Por primera vez en su vida, a la morena le costaba horrores salir de la cama por las mañanas y saber que durante el día, aunque se viesen, no iba a poder disfrutar de Emma no ayudaba.
Emma se giró, quedando cara a cara con Regina y pegándose a ella lo máximo posible. Tenía el ceño fruncido y tenía las mismas o menos ganas que su novia de salir de la cama.
-Buenos días.. –Susurró adormilada, haciendo cosquillas en la piel de la morena. Esta sonrió y le dio suaves besitos por la cara.
-Duerme un poco más mientras preparo el desayuno. –Regina le dio un último beso en los labios y salió de la cama.
Cuando su novia se fue, Emma rodó por la cama hasta el lado de Regina y sonrió abrazándose a la almohada de esta.
Emma y Henry entraron uno seguido de la otra, frotándose los ojos, en pijama y con los pelos revueltos, como si fuesen clones. Regina estaba impecablemente lista, tomando su café y leyendo el periódico. Sonrió al ver la imagen ante ella.
Emma se sentó junto a su chica y dejó caer la cabeza en su falda. Regina pasó tiernamente los dedos por los mechones rubios, haciendo suaves caricias.
-Henry, hazme el desayuno, te lo ordeno. –Regina negó con la cabeza, escondiendo una sonrisa divertida, sin dejar de mover sus manos.
-Soy tu hijo, no tu esclavo. –El muchacho se sentó a la mesa con un vaso de zumo y las tortitas que su madre les había preparado.
-Emma vas a llegar tarde. –Regina habló sin apartar la vista del periódico, acariciando ahora la espalda de la rubia.
-Como todos los días. –El comentario de su hijo hizo reír a la morena y Emma se incorporó, haciéndose la ofendida.
-Los Mills contra mí, qué novedad. –Dijo irónica, haciendo que ambos rodasen los ojos.
-Tienes tortitas en la sartén y café recién hecho. –La rubia sonrió y besó a Regina consiguiendo un "ew" de Henry.
Se levantó y preparó su desayuno. Cuando los tres volvieron a estar sentados en la mesa, la rubia rompió el silencio.
-Mis padres nos han invitado a cenar a su nueva casa.
-¿Nos? –Regina preguntó arqueando una ceja.
-Bueno, las palabras exactas fueron "puedes traer a tu pareja misteriosa Em, no vamos a morderle", aunque no estoy muy segura.
Henry soltó una risita y Regina le miró seria, haciendo que el muchacho bajase la vista de nuevo a su desayuno.
-No.
-¿No? –Regina negó con la cabeza.- Algún día tendremos que contarlo, cada vez es más evidente.
Regina simplemente se levantó y salió de la cocina, creando un silencio incómodo. Cuando se escuchó la puerta de su habitación cerrándose, Henry recogió su plato, encaminándose a salir de la cocina también.
-¿Está muy enfadada? –Preguntó Emma antes de que el chico pudiese salir.
-Si lo está no es contigo o te estaría echando de casa ahora mismo. –El muchacho habló desde la puerta. -Voy a clase, arréglalo antes de que su enfado crezca.
Emma asintió sin saber muy bien qué hacer puesto que no entendía lo que había pasado. Desayunó en silencio, esperando a que Henry saliese de casa para ir a hablar con Regina. Cuando el niño se despidió, recogió la cocina y subió hasta la habitación de Regina. Tocó suavemente y abrió la puerta, apoyándose en el marco.
La morena estaba tumbada en la cama con las manos cruzadas sobre su estómago y mirando al teco. Emma no sabía muy bien qué hacer, las veces que había discutido desde que estaban juntos, se habían gritados, habían pasado un par de horas sin hablarse y al final ambas habían cedido y se habían disculpado. Pero esta vez era diferente, no sabía qué le ocurría a Regina.
Se acercó hasta la cama y se tumbó a su lado. Regina la miró de reojo, aguantando las ganas de abrazarse a ella.
-Hey… -Susurró Emma.- ¿Estás bien? –Regina suspiró. Estuvieron un par de minutos en silencio hasta que Emma se giró hacia ella y habló, frunciendo el ceño. -¿No quieres que sepan lo nuestro? Si te avergüenzas de esto quizá –Regina se giró mirándola tan seria que dejó la frase en el aire.
-¿De verdad piensas que me avergüenzo? –La rubia apartó la vista, no sabía que responder y la reacción de Regina en la cocina junto con las dos semanas anteriores no ayudaban. Estaba acostumbrada a que se avergonzasen de ella, había pasado por muchas casas de adopción.
Ante la falta de respuesta de la rubia, Regina se dio la vuelta dándole la espalda.
-Entonces qué es. –La rubia empezó a hacer suaves caricias en su espalda, esperando que fuese sincera con ella.
-No quiero que esto acabe. –Emma se pegó más a ella, pasando un brazo por su cintura. -¿Qué crees que pasará cuando esto salga a la luz? La gente pensará que te he convencido con magia, que lo hago para hacer daño a tus padres. –La rubia apoyó la cabeza contra la de su novia, besando levemente su cuello.
Eso no es así Regina, la gente sabe que has cambiado, mi madre sabe que ese no es tu objetivo. Además, qué más da lo que piensen, no pienso separarme de ti porque te conozco y me gustas, con tu pasado y tu genio. Y si tus amenazas no me han apartado, no lo va a hacer este pueblucho. –Regina rió suavemente, girándose en el abrazo. Se quedaron un momento en silencio, observándose. –Henry lo acepta y eso es lo único que importa.
-Tú también me gustas. –La rubia rió suavemente Y Regina escondió la cara en su cuello para que no la viese sonrojarse. –Vas a llegar tarde y aún estás en pijama.
-No importa, este pueblo es tan aburrido desde que no hay reinas malvadas… -Bromeó y Regina le dio un pequeño mordisco. –Esta noche cenamos en casa de mis padres y me gustaría que nadie acabase en comisaría… ni en el hospital.
-¿Y entonces donde está la gracia? –Preguntó la morena con una risita y Emma rodó los ojos. –Intentaré ser educada, pero no prometo nada.
La rubia le di un pequeño beso y se levantó, desapareciendo en el baño para arreglarse. Regina se levantó también, colocando perfectamente su ropa frente al espejo de pie que había en su habitación. Ya no era alcaldesa, pero no pensaba dejar de cuidar su imagen.
Miró a Emma a través del espejo y sonrió, quién le iba a decir que su final feliz iba a ser la hija de los Charmings. No tenía ningunas ganas de verles y mucho menos de cenar con ellos, pero por Emma intentaría aguantar lo mejor posible. Sonrió de medio lado al pensar en la cara que pondrían al verla, seguro que Snow se echaba a llorar. Rió ante su pensamiento y se giró para ver a Emma saliendo del baño.
-Deja de pensar maldades. –Regina se mordió el labio y Emma se acercó hasta ella recogiendo algunos mechones de su pelo con horquillas. Regina la ayudó y se dieron un pequeño beso.
-Te veo esta tarde. –Se dieron un último beso.
-Ten un buen día. –Emma dijo adiós desde la puerta y Regina le sonrió dulcemente antes de empezar a recoger la habitación.
-¿Y si no me dejan entrar? –Emma rodó los ojos y resopló.
-Regina cariño, por favor. –La morena le hizo un pequeño puchero y Emma cogió su mano. Cualquiera que viese así a la mujer que había trasladado un reino completo a otra realidad solo por venganza se reiría.
Desde que habían salido de la mansión, los nervios de Regina aumentaban a cada paso. Ella no quería admitirlo, pero la rubia la conocía demasiado bien y podía notarlo.
-En serio Em, esto no es buena idea. –Estaban en el porche de la nueva casa y la morena se negaba a andar. Hablaban en susurros para que no supiesen que estaban alí.
-¿Qué es lo peor que podría pasar, que acabemos en Granny's? –Emma entrelazó los dedos con los de ella y Regina respiró hondo.
-Vale, vamos, pero no te prometo aguantar toda la noche. –La rubia besó su mejilla y antes de poder llamar a la puerta su hijo la abrió con una sonrisa. Ambas mujeres fruncieron el ceño.
-¿Estabas espiando? –Este negó.
-He visto tu coche y no quería que os escapaseis de esta cena, será divertido. –Sonrió malicioso y Emma pudo jurar que era la misma sonrisa de su madre adoptiva.
Henry entró a la casa seguido de Emma que sujetaba la mano de Regina. La morena iba pegada a ella, en silencio. El niño los guió hasta la cocina donde estaba la otra pareja. La sonrisa de Snow se heló al ver a Regina de la mano de su hija y Charming intentó esconder la sonrisa. La alcaldesa mordió sus mejillas para no sonreír.
-Qué casa más acogedora. –Emma rompió el silencio y David se acercó a su mujer.
-Snow, enséñale la casa a Em y yo acabo aquí. –La pequeña mujer asintió fuera de la habitación. Emma dio un suave apretón a la mano de Regina antes de soltarla y seguir a su madre.
David empezó a poner la mesa para la cena, sonriendo divertido y Regina no entendía por qué. Estaba plantada donde Emma la había dejado, en silencio y sin apartar la vista de sus zapatos.
-Así que tú y mi hija… -La mujer levantó la vista para encontrarse de nuevo con la sonrisa de David. Regina asintió levemente. - ¿Desde cuándo?
-Dos semanas más o menos… -El hombre sonrió más amplio y Regina rodó los ojos. -¿Qué es tan divertido? –Preguntó algo molesta.
-Ya sabía lo vuestro.
-Pero... qué... cómo… -La mujer le miró confundida y David rió.
-Oh, vamos, en Neverland os comíais con los ojos, luego Emma empieza a salir con alguien que no es Neal ni Hook y además "casualmente" os encontráis en Granny's día sí y día también. –Regina no sabía dónde esconderse, ¿tan evidente era? –Además, vimos el coche de Emma aparcado en tu casa la otra noche.
-Idiota.. –Murmuró Regina y Charming rió.
Se sentaron en silencio sin saber de qué hablar. La morena esperaba que Emma volviese rápido o que Henry dejase de ver la tele y le echase una mano.
-Esto la habitación principal… -Snow entró al dormitorio seguida de Emma. Se quedaron un momento en silencio, la rubia murmuró un "qué bonita" y la otra mujer sonrió levemente. Cuando la morena fue a salir de la habitación, Emma la sugetó por la muñeca.
-MM, dale una oportunidad, por mí. –Se miraron y Snow suspiró.
-¿Por qué Regina, Emma? ¿Por qué ella y no Neal? Podrías tener una familia, ella solo quiere hacernos daño. –La rubia rodó los ojos, no tenía ganas de escuchar la misma historia.
-Ha cambiado y lo sabes, ella está haciendo el esfuerzo por mí y por Henry, espero que puedas hacerlo tú también. –Dicho esto la rubia salió de la habitación, bajando a la cocina.
Regina y su padre estaban en silencio, David jugaba con su móvil y su novia simplemente miraba a sus manos. Cuando la vieron entrar sonrieron. La rubia se sentó al lado de la otra mujer y le dio un pequeño beso, haciéndola sonrojar. Segundos después entraron Snow y Henry.
-¿Podemos comer ya? –Preguntó el pequeño, abrazándose al cuello de su madre adoptiva.
-¿Te has lavado ya las manos? –Preguntaron Snow y Regina a la vez, creando un silencio tenso en el ambiente.
El niño asintió. Emma noto la tensión y se levantó, empezando a servir la comida. Las dos morenas se miraron un momento, Snow irradiaba odio y Regina no pudo evitar sonreír.
La cena fue medianamente bien. Henry y David monopolizaron casi toda la conversación, hablando sobre los caballos y algo sobre ir de acampada en algún fin de semana. Durante el postre el niño y Emma empezaron un debate sobre superhéroes, la rubia defendía incondicionalmente a Batman y Henry al Capitán América de la misma manera. Las únicas que no habían hablado en toda la cena eran Regina y Snow, simplemente sonreían cuando se dirigían a ellas.
Cuando habían acabado, Henry y David se fueron al salón a jugar a algún juego de mesa mientras la mujeres recogían pues David había cocinado y les tocaban.
Las tres estaban recogiendo en silencio hasta que Emma se cansó y habló.
-Podéis hablaros, sería todo mucho menos tenso, al menos delante de Henry. –Las morenas la miraron y luego se miraron entre ellas.
-¿Por qué no puedes dejarnos en paz? –Dijo Snow con resentimiento. Regina la miró interrogante. -¿Nunca vas a parar de destrozar nuestra familia? –La pequeña mujer miraba a Regina con el ceño fruncido, mientras que esta la miraba atónita. Antes de que pudiese responder, Emma dejó el plato que tenía en las manos con fuerza contra la encimera.
¿En serio? –Miró con enfado a su madre. -¿Puedes dejar de pensar en ti un momento y ver que esto no va contigo? Eres una egoísta y la única que tiene la culpa de que esta familia está rota eres tú. –Snow sentía las lágrimas agolparse en sus ojos. Al escuchar las voces, David y Henry entraron de nuevo. –Henry recoge tus cosas, nos vamos. –Cuando el muchacho desapareció, Emma volvió a hablar, esta vez más bajo para que el niño no les escuchara.-¿Por qué no puedes aceptar que soy feliz con ella? Esto no va de destruir tu felicidad, ni tu vida, ni tu familia. Ella es mi felicidad, mi familia y ha hecho el esfuerzo de venir aquí y comportarse, porque le importo y ahora mismo no sé si puedo decir lo mismo de ti.
La rubia empezó a ponerse su abrigo, esperando que volviese Henry y Regina la imitó. Cuando las miradas de las morenas se cruzaron, Regina negó con la cabeza en desaprobación. Henry apareció con su mochila y sus madres se encaminaron hacia la puerta.
Regina y Henry se adelantaron hacia el coche y Emma se giró una última vez.
-Cuando recapacites y veas que ellos son mi familia, que nadie quiere hacerte daño, sino hacerme feliz, ya sabes dónde encontrarnos.
La morena condujo el mercedes hacia el apartamento en el que ahora solo vivían su hijo y su novia. Aparcó en la puerta y apagó el motor. Henry le dio un beso en la mejilla y subió, dejándolas solas.
-¿Quieres hablar? –Regina preguntó preocupada. Emma negó con la cabeza y volvieron a quedar en silencio durante unos minutos.
-¿Puedes quedarte aquí esta noche, por favor? –La rubia habló en un susurró, con la voz quebrada y su novia asintió.
Subieron al piso y Regina no podía dejar de pensar en lo mucho que a Emma le importaba la aprobación de sus padres y lo cabreada que estaba con Snow, aunque también entendía su reacción y en parte, se sentía culpable.
Henry estaba lavándose los dientes cuando las escuchó entrar. Emma fue directamente a su habitación y se encerró en su baño. Regina esperó a que el niño acabase, lo arropó y le dio las buenas noches de nuevo.
Subió a la habitación y Emma seguía encerrada. Suspiró, no quería que pasase por todo aquello sola, pero tampoco quería presionarla. Se quitó los tacones, las medias y el vestido. Buscó en el armario de su chica y se puso una de las camisetas de pijama de la rubia. Como esta seguía sin salir, se acercó a la puerta y golpeó suavemente.
-Em… -La llamó y esperó hasta que esta abrió la puerta.
Tenía la cara llena de lágrimas y los ojos rojos. Regina nunca la había visto así y sintió que su corazón se encogía. La abrazó pegándola a ella todo lo posible y Emma dejó escapar un sollozo.
-P-por qué n-no… por qué no le imp-importo a nadie… -Habló entre sollozos. –Yo s-solo quiero ser f-feliz. –La morena sentía el enfado crecer dentro de ella a pasos agigantados. Odiaba a esa maldita ardilla egoísta.
-Si que eres importante Emma, eres muy importante. –Regina la guió hasta la cama y la ayudó a ponerse el pijama, intentando calmarla con suaves caricias en su espalda y apartándole las lágrimas.
Ambas se deslizaron bajo las sábanas y estuvieron abrazadas en silencio hasta que la rubia estuvo más tranquila.
-Lo sient –No pudo acabar la frase cuando Regina puso la mano sobre su boca.
-No se te ocurra disculparte. –Emma bajó la vista y la otra mujer besó su frente. –Emma no vuelvas a decir que no eres importante. Eres muy importante para Henry y para tus padres, aunque a veces no lo parezca… -Conforme hablaba, Regina pasaba las manos despacio por el pelo de su novia. –Eres importante para la gente de esta ciudad… Y eres muy importante para mí. –Susurró.
Emma sentía las lágrimas de nuevo tras sus párpados y escondió la cara en el h7ueco del cuello de Regina. En toda su vida no había tenido una familia real, todo era pasajero durante su infancia y más tarde ni siquiera tenía algo temporal. Ahora que por fin no tenía que huir, que tenía un sitio donde la aceptaban, le aterraba que las personas que eran importantes para ella no la quisiesen. Ella solo quería ser feliz con Henry y Regina y que los demás fuesen felices por ella
-¿Crees que se le pasará el enfado? –Habló con la voz aún rota.
-Seguro que mañana está aquí para mi desgracia. –Bromeó, consiguiendo una pequeña risa de la rubia, que cruzó los dedos para que Regina tuviese razón. Estuvieron en silencio un rato más y la morena creyó que Emma se había dormido hasta que esta habló en un susurro.
-Gracias… tú también me importas Regina. Mucho.
Regina la abrazó con algo más de fuerza y Emma dejó un suave beso en su cuello. Se quedaron dormidas poco después, dejando que el cansancio del día las venciese.
A la mañana siguiente, como Regina había previsto, los Charming aparecieron con desayuno para todos. Snow y Emma pudieron hablar a solas y aunque al principio la rubia no estaba muy segura de aceptar las disculpas de su madre, al final lo hizo por el bien de todos.
Durante el desayuno, Emma se dio cuenta de que Snow lo estaba intentando realmente y que Regina también ponía de su parte. Se sintió mucho más relajada, ahora tenía una familia, no una familia normal, pero una familia. Además ahora ya no tendría que esconderse por el pueblo con Regina para que no le llegasen los rumores a sus padres.
Sonrió maliciosa, iba a ser gracioso ver las caras de los demás ahora que quien más le importaba estaba de acuerdo con su relación. Regina la miró alzando una ceja y Emma contestó dándole un pequeño beso en los labios y haciéndola sonrojar mientras los demás sonreían.
Siento muuuuuuuuuuuuucho haber tardado tanto, pero ya esto de exámenes hasta final de mayo y estoy un poco agobiada. Además tenía que pasar esto al ordenador porque escribo a mano y es un coñazo xD
Como siempre, gracias por leer y por comentar, sois amor todos.
