CAPITULO 33

(Pov Kevin)

Cuando la comida finalizó. Todos se dispersaron.

Atenea fue con V a curarle la brecha que le habían hecho con el macetero.

Xinia y Hakon se fueron al cementerio a celebrar algo... tétrico, todo muy tétrico.

Lucía se fue con el surfista al hotel donde se hospedaban, y mi madre junto a mi padre con Anny y Hannival al parque. Según ellos "las crías quería jugar".

En cuanto a mí, cogí del brazo a Mell y la llevé casi a rastras hacia el pasillo de las puertas negras, no me había gustado nada que Darío se le acercase de esa manera.

Ella no dijo nada, sabía a lo que íbamos. Abrí una de las salas y vi que era la de Hannival no, aquí no entraría.

Fui a la siguiente y era la de V, abrí la otra puerta y esa estaba esterilizada y sin estrenar. Esta era para las visitas.

Entré con ella y até sus manos al poste que había en la pared.

Ella empezó a llorar.

-Es pronto para llorar- dije con la voz ligeramente ronca-.

Fui a la pared y quité uno de los látigos trenzados que colgaba allí.

Desgarré literalmente su vestido y quité su ropa interior dejándola desnuda.

El siguiente paso era fácil, y jodidamente excitante. Ella era mía y podía hacer con ella todo lo que a mí me diese la gana.

Como esto por ejemplo.

Hice que la punta trenzada del látigo diese en la piel de su trasero una vez otro, y otra más.

Ella no dejaba de llorar y gritar por el dolor.

Cuando la mano se me cansó y perdí la cuenta de los latigazos que se llevó quité mis pantalones y mi bóxer, me la cogí y la metí tomándola desde atrás.

Ella gritó pero no le salió la voz.

Sus manos estaban rojas al igual que su trasero por la fricción del látigo de cuero negro.

Ese rojo brillante en su piel quedaba muy bien.

Y volví a meterme en ella buscando mi liberación, ella se corrió empapándome por completo y seguí metiéndome en ella hasta que me corrí abundantemente en su interior.

Esto no ha acabado... no ha acabado...

(Pov Vladimir)

Esto de estar con niños nunca se me había dado bien, y Darío estaba igual que yo.

-¿Y ahora que le pasa?- cogí a la pequeña Evangeline en brazos y ella me miró exigiendo algo...-.

-No se... HAVERS- gritó Darío-.

El mayordomo no tardó en venir, con ese uniforme negro con pajarita del mismo color y camisa blanca.

-Me ha llamado señor-.

-Si... ¿qué le pasa a la niña?-.

El mayordomo la tomó en brazos y la niña se calló.

Por primera vez vi sonreír a Havers que jugó con la niña un poco.

-Ella está bien, solo echa de menos a su padre y a su madre-.

-¿Por cierto donde están?- se me ocurrió preguntar-.

La cara de Darío se endureció.

-Los he visto ir al pasillo de las puertas negras-.

Mierda... no sabía que Kevin era sado... pero tampoco era una sorpresa.

Hannival vino cogido de la mano de Anny y esta tenía un algodón de azúcar en su otra mano, Troy tenía en brazos a Aitana que parecía haber llorado.

-¿Que le ha pasado a mi sobrina?-.

-Se ha caído del columpio, le dije que tenía que tener más cuidado-.

Ella parecía avergonzada y se tapo la cara con las solapas del traje de Troy.

-Señor ahora mismo traigo algodones- dijo Havers y dejó la niña en brazos de Anny

Ella sonrió y le dio el algodón de azúcar a hannival

Anny se sentó y abrazó a la pequeña niña que la miraba expectante.

-¿Donde está Kevin?-.

-Ocupado- dijo Darío- ¿Dónde está mi padrino?-.

-V está en su despacho... al parecer hay problemas en el negocio- explicó Hannival.

-Entonces tenemos que ir- dijo y no entendí porque ahora actuaba como si le importase, Darío era como yo o eso parecía-.

Se levantó y los tres hombres se fueron al despacho de mi padre.

judith se sentó al lado de Anny y cogió a la niña.

-¿Has visto que nieta más guapa tengo?-.

-Sí, es muy bonita- sonrió Anny- ¿tú no vas a ver qué ocurre?-.

-No, tengo que preparar una exposición oral, cuando terminen, me avisas ¿vale Anny?-.

-Sí, yo te aviso-.