Hola, gracias a quien este siguiendo esta historia, debido a lo que leí en la otra historia, estoy esforzandome mucho en esta. Dejen sus Reviews para saber como puedo mejorar, saber si les esta gustando la historia. Y gracias de antemano por leerla.
CAPITULO DOS: MIEDO Y RECHAZO.
Tres días después de aquel encuentro, Hikari se pasaba mirando cada atardecer hacia el mundo humano, aquel lugar se había vuelto blanco, solo pequeños techos se distinguían y algunas señales de humo en el aire.
-Oye –dijo su hermano acercándose –ni siquiera has ido a contarme que te pareció ese mundo.
-Hermano, los humanos no son tan malos, hay personas buenas- dijo ella con una sonrisa llena de ilusión.
-¿Hiciste alguna amiga?
-Conocí un muchacho –el ángel mayor la miró con curiosidad al ver su rostro sonrojarse –dijo llamarse Dark.
-¿Dark? No es un nombre común, ¿Sabías que significa "oscuro"?
-Pues no me sorprendería – dijo ella- es tan enigmático, es tan diferente a nosotros.
-¿Diferente? Hikari, ¿Pasó algo con ese joven?
-No, solo me enseño algunas cosas de ese mundo y vimos la puesta de Sol.
-Hikari… -se acercó más a ella- aparte de él, ¿no viste a alguien más?
-¿Ah? No hermano.
-Hikari, la capa que entregaste hace unos días, tenía un olor.
-¿Olor?
-Olía a demonio Hikari, ¿Estuviste con alguien más? – dijo mirándola fijamente y con algo de molestia.
-De verdad hermano, no vi a nadie más, tal vez algún humano tenía ese aroma impregnado.
-No deberías volver, si llegaste con ese aroma significa que uno estuvo cerca de ti. Corres peligro.
-¡Debo volver! –Dijo ella mirándolo- prometí ir pasando una semana.
-¿Ahora haces promesas a humanos? Hikari ¡Eres un ángel!
-Sería mi primer amigo…
Ambos se miraron. Hikari sentía que podría conocer más del mundo terrenal si tenía como amigo a un humano. No quería abusar solo quería conocer más. Aun si el mismo Padre se lo impedía, desde el día que conoció a ese joven, algo había cambiado en ella. Ahora solo esperaría el día prometido para volver a tocar ese suelo de ilusión.
Mientras tanto, en un lugar fuera de la tierra iluminada y la protección divina e incluso humana se hallaban seres a la espera de la oscuridad.
-¡Hey Dark! –Dijo un demonio- ¿En dónde te metiste hace días?
-Fui a cazar, pero no halle nada de valor.
Todos lo miraron. Dark aparentaría alrededor de 17 años humanos, pero aun era un demonio joven, eran sus primeros días de caza solo.
-¿Qué demonios miran?
-Un informante dijo verte con una chica.
-Ah…solo quería ver que podía obtener, aunque…-recordó aquella peculiaridad de la joven.
-Un ángel…-dijo uno de los demonios más viejos que se hallaba con ellos.
-¿Ángel? No, imposible. Los ángeles de esa edad no tienen permitido entrar al mundo humano. –dijo uno de los acompañantes de Dark.
-Tal vez venga de algún convento y por eso tenga ese desagradable aroma.
Siguieron especulando mientras el miraba hacia la entrada del pueblo.
Aun a pesar de los días, seguía pensando en ella. Para los demonios las emociones son prohibidas, pero debía admitir que no poder ver su alma le había inquietado. Había varias cosas que no entendía: la joven no tenía un aspecto humano, su cabello, su piel, sus ojos eran perfectos. Su voz era melodiosa, suave y dulce. Pero cuando quiso sentir el aroma de su alma al besar su mano, nada. Simplemente no pudo hallar nada, no la veía, no la sentía. ¿Un fantasma? Imposible. ¿Demonio? Era demasiado hermosa y él conocía a todas las demonesas de su edad. ¿Dios de la muerte? Eso es más gracioso aun.
Entonces tal vez sería que se vió débil por tantas dudas. Bueno, ya lo sabría al verla de nuevo.
Pasaron los días y la fecha llegó, Dark término rápido sus deberes por la noche, se sentía algo mal por ocultar su identidad a una joven que le mostró amabilidad desde el principio. En su forma humana pasó por las calles y compró un detalle de rosas, se sentía estúpido por hacer eso pero ¿Solo era un detalle por la nueva amistad cierto? Llego al lugar prometido y la miró. La joven llevaba un vestido rosa con una capa blanca. Su cabello ahora era apreciado mejor: mas debajo de la cintura y llevado en dos coletas. Se quedo paralizado al verla e intentando sorprenderla, pero ella volteo justo a tiempo topándose con su mirada.
-Hikari, hola.
-¡Viniste! Hola Dark.
-Lo prometimos ¿cierto? Ah…esto –le dio el pequeño ramo de rosas- son rosas de invierno, m-me recordaron a ti, así que toma.
-Rosas de invierno…- ella las miro con ternura mientras dejaba ver una sonrisa.
-Oye… ¿Dónde vives? –preguntó el haciendo que Hikari borrara su sonrisa.
-Ah…lejos- dijo ella nerviosa. Debió preguntar a su hermano que responder en caso de que le preguntara eso.
-¿Qué tan lejos? Podría llevarte a casa al final del día. –no era que le importara saber donde vivía, pero aun tenía dudas sobre la identidad de la chica.
-N-no…no sería bueno. Mejor dime, ¿Hacia dónde está tu casa? –ahora él fue el que se puso nervioso.
-Ha ha, también está lejos, oye vayamos mas allá de la colina- dijo tomando su mano- te mostrare que tan gruesa esta la nieve por las montañas.
-¡Claro! –dijo ella dispuesta. El la miro de nueva cuenta. ¿No tenía miedo por ir a un lugar así con él?
Caminaron un buen rato, el aire frio se hacía presente pero no soltaban sus manos. Por fin llegaron a mediación de la montaña. Pisaban con cuidado para no caer o hundirse.
-¡Ah! –gritó Hikari al resbalar y jalar consigo a Dark, el la sostuvo contra sí mismo para amortiguar un poco el golpe. Cuando ambos abrieron los ojos se hallaban Hikari debajo de Dark, ella lo miraba sin un rastro de vergüenza, el se sentía incomodo por la situación.
-Perdón, no pude sostenerte.
-Estoy bien- dijo ella sonriendo. ¿Acaso no se sentía apenada por la situación? Aun mirándose tan cerca, decidió hacer una prueba de fuego. Cualquier joven humana terminaría cediendo o tachándolo de pervertido. Se acerco a su rostro a pocos centímetros de ella. Hikari lo miraba atenta, sin saber que pasaría.
-Cierra tus ojos- ella cedió sin problemas. Parecía como si solo durmiera. El se acerco mas rozando sus labios levemente. Ella no se inmuto. Observándola y sintiendo esa cálida sensación movió sus labios sobre los de ella. Pero sin respuesta decidió apartarse.
-¿Hikari? – ella abrió los ojos tocando sus labios. No entendía que había pasado y que había sido puesto en ella.
-¿Qué hiciste?
-Te besé.
-¿Me besaste? –quedó atónito. No era la reacción que esperaba, no era la respuesta que quería, se levanto y la ayudo a pararse.
-Mejor regresemos- dijo tomando su mano y guiándola de regreso. Pero escuchó unos pasos acercándose.
-Vaya, jóvenes enamorados, ¿no están lejos de casa? – dijo un hombre sacando un pequeño cuchillo de entre sus ropas.
-Si que están lejos. Y ella es muy hermosa, tal vez podríamos…-se acercó otro tomándola del brazo y a él separándolo.
-¡Suéltenla! –grito él.
-¿La quieres? ¡Claro! –Aun tomándola la jaló hasta el borde de la montaña- Aquí la dejo…-la soltó haciéndola caer por el acantilado.
-¡Hikari! –corrió tras ella. Al diablo su identidad, se lanzó tras ella dejando salir su par de alas negras. Debía salvarla, ella no le temía, ella le aceptaba e incluso después de caer en su propia trampa quería que estuviera viva.
-Hika…-sus ojos se abrieron más. Al bajar por ella plumas blancas estaban en el camino a su caída. Desde el fondo del acantilado un ser alado subió cruzando miradas con él. Era ella, Hikari…con alas de ángel.
-Dark…-se mantuvieron a flote, ambos en el aire mirándose. Hikari observaba a su amigo. Alas negras, alas de demonio. Tapó su boca sorprendida mientras él la miraba- eres un…
-y tu un ángel…
Subieron lo más alto hasta llegar a suelo firme. Nadie estaba cerca. Seguían mirándose.
-¿Por qué no me dijiste que eras un ángel? –dijo retrocediendo cuando ella quiso acercarse.
-¿Decirte? ¿Así como tú me dijiste que eras un demonio? –ella ahora no sabía que pensar tampoco.
Ambos eran enemigos. Hikari había escuchado demasiado acerca de los demonios, seres sin alma, que matan por diversión y que si veían un ángel lo matarían sin dudar. Dark solo estaba en contra de la naturaleza de ella, le habían dicho que los ángeles perfeccionistas solo buscan la pureza tratando a los demonios como basuras.
-Dark…podríamos hablarlo y…
-¡No te acerques! –dijo el mirándola con odio fingido. Aunque ella no fuera lo que a él le habían dicho tantas veces, no podía olvidar que eran enemigos naturales. Si alguien le veía cerca de ella pensarían en traición hacia el infierno.
Por su parte, Hikari no quería aceptar la nueva realidad. Dark no era quien a ella le habían dicho, no era malo, no era despiadado. Sus ojos no eran llenos de pecado. Y sus alas no eran tan diferentes a las propias. Solo eran negras. El color de el era el negro símbolo de la oscuridad y el de ella el blanco símbolo de luz. ¿Por qué ahora tenían que ser tan contrarios?
-Vete Hikari…un ángel no es bienvenido en la tierra.
-Dark…
-¡Vete! La tierra nos pertenece, y si te vuelvo a ver…
-¿Me mataras?
Dark se quedo en silencio. Ella no temía pero en sus ojos reflejaba dolor por la noticia.
-Dark…fue bueno conocerte- dijo Hikari sonriendo para alzar el vuelo y agregó- el cielo nos pertenece, así que no te atrevas a volar sobre mis nubes.
El la miró irse. Estaba atado a la tierra así como ella al cielo. No había forma de que el amor prohibido surgiera.
-Imposible – se dijo así mismo recordando la regla más importante para un demonio: Cero sentimientos.
