Antes que nada, quiero aclarar que Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U¡ me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi hiperactiva y loca imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa casualidad. Aclarado este punto quiero señalar que cambiare a mi gusto muchas escenas del manga y anime para adaptarlo a mi fic, espero les guste esto es un Kagome/Sesshomaru a aquellos que no les guste esta pareja simplemente escoja otro fic n_n¡.
Atentamente:
La Autora
Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)
" Y decidí olvidarte, decidí arrancar tu recuerdo de mi memoria, tomar los trozos de mi corazón y forjarlos en el fuego del dolor y la agonía para levántame mas alta, mas fuerte e invencible que nunca, ya no serás tu quien me rompas el corazón, pues no tendrás poder alguno sobre mi, ya tendrá que ser otro amor, mas grande, mas fuerte, uno de verdad, tomaré mi espada y en mi grito de guerra sabrás lo que has perdido sin remedio y lo lamentaras… ¡Adiós!"
Elizabeth L.
Cap 2: Decisiones. "Valkyrie"
- ¡ESTOY EN CASA!- gritó Kagome alegremente en modo de saludo general y entró al recibidor antes de que su hermano se estrellara contra ella y la envolviera en un abrazo de oso.
- ¡Hermanita!- Saludó Sota sonriendo alegremente sin dejar el psp3 a un lado. – ¿Como te fué ya derrotaste a todos los malos?- preguntó como siempre dedicándole una sonrisa; su hermano preguntaba siempre lo mismo como si fuera fácil "patear" a todos los malos como decía a menudo, mas deseaba ella ser una de esas heroínas de sus juegos de video que tanto le gustaban a el, que lanzaban hechizos poderosos y sacaban armas mas grandes que ellas de la nada y "pateaban" al malo del juego… pero su realidad era otra, tan penosa que no se atrevía a matarle la ilusión a su hermanito, diciéndole : "Oye Sota, la cosa no es así, veras soy patética como sacerdotisa y tengo que rogarle a la flecha que de en el blanco por que a veces no va donde quiero, y bueno esta Kikyo que es como una de esas chicas de tus juegos que generalmente aparece en escena y resalta aun mas su nivel y sobresale la falta del mío, lo siento soy un fiasco!"; no definitivamente, no iba a ser ella la que matara la ilusión de su hermano menor no, ahora se iba a esforzar aun mas hasta que se cayera a pedazos de verdad para mejorar y ser la verdadera heroína que su hermano creía que era, bastante malo sería lo que había decidido hacer y sabía que no se retractaría, solo esperaba sobrevivir a su decisión.
- ¡No Sota, los malos están escondidos y no los encontramos, pero cuando lo haga les daré una patada o dos en tu nombre si?- le dijo sonriendo a su hermano que se ilumino con una sonrisa cegadora antes de recordar su juego de video y salir corriendo murmurando algo de una "memory card", Kagome sonrió ausentemente ante las cosas de su hermano menor.
- ¡Estamos en la cocina cariño!- Escuchó a su madre arrancándole una sonrisa, ellos parecían haber llegado a un arreglo de turnos, siempre la recibía Sota y su pregunta típica y luego su madre y su abuelo la abordaban, Kagome llegó a la cocina y ver la escena familiar le aligero el peso de su alma, su madre vigilando varias ollas con una taza de té en las manos y su abuelo en la mesa de la cocina con otra taza de té y varios pergaminos sagrados que no tenían poder, ni para matar a una mosca y sobre la mesa una taza de te recién servida para ella. – ¿Como te fue... hum… Tu uniforme es un desastre sabes?
- ¡Si mama, será mejor que no lo lleve mas a Sengoku lo siento!, pues nada Naraku no aparece en ningún lado, se lo trago la tierra parece, aunque no deja de mandar de vez en cuando alguno de sus creaciones seguimos sin encontrarlo a "el", esto fue con uno de ellos!- Señalo Kagome apuntando a su uniforme destrozado, gruñendo en su fuero interno definitivamente la tierra iba a intoxicarse con el y en algún momento tendría que escupirlo, debía admitir que aquello en realidad actuaba en su favor, ella necesitaba ese tiempo muerto para pulir lo poco que sabía de su poder.
- ¡Si quieres revisaré los pergaminos del templo a ver si dicen algo de donde esta hija!… ¿Por cierto que es eso que traes allí?- pregunto el abuelo señalando el pergamino que Kaede le había dado.
- ¡Es un pergamino que me prestó la anciana Kaede para aprender a manejar mejor mis poderes… bueno… err abuelo… esto..- dijo Kagome titubeando pensando en los horrores que la esperaban.- ¡Necesitoquemeentrenes queme enceñestodoloqueteenceñaronati, necesito mejorar mi nivel!- lo escupió lo mas rápido que pudo antes de arrepentirse, su abuelo se levanto de golpe brincando como un niño el día de Navidad por toda la cocina.
- ¡Si, sabia que algún día me lo pedirías! Te tardaste lo tuyo pero si! ¡"YO" voy a entrenar a la Shikon no Miko! JOJOJOJOJOJOJO!- Finalizo agarrándole las manos y riéndose histéricamente mientras su madre solo sonreía mirando a su abuelo dar saltos como un jovencito.
- ¡Esto… ejem.. Gracias abuelo… yo voy a darme un baño y…- dijo Kagome sobrecogida por la explosión de su abuelo que ya empezaba a balbucear cosas sobre el entrenamiento, Kagome miro a su madre y esta le devolvió la mirada diciéndole sin palabras "Gracias le has hecho muy feliz" refiriéndose al abuelo aplacando un poco el horror de Kagome ante la explosión de su anciano abuelo.
- ¡Cuando termines de bañarte ponte ropa ancha y cómoda y ve al templo, el entrenamiento empieza "ahora" muchacha!- Dijo su abuelo con un filo de acero que nunca le había conocido, dándole inconcientemente ganas de pararse firme y saludar. – ¡Y déjame eso a ver que es!- añadió autoritariamente señalando el pergamino que automáticamente le entrego por reflejo.
- ¡Hem.. Si claro abuelo!- dijo Kagome saliendo de la cocina con la taza de te que su madre había dispuesto para ella, sin poder evitar mirarla perpleja por el estallido de su abuelo aun fresco en su memoria. Kagome miro su casa por un momento indeterminado, recordando como años anteriores al Sengoku su vida parecía tan normal y superficial como la de cualquier adolescente de su edad, sonrió ausentemente con un deje de tristeza, perdonando y cerrando firmemente la puerta a la niña que fue y la adolescente "común" que debería haber sido, ya era hora de dejar de mirar atrás y jugar las cartas que le habían tocado era Kagome Higurachi, tenia 16 años era La sacerdotisa guardiana de La perla de Shikon le doliera a quien le doliera, fuera o no la mejor Sacerdotisa era "ella" y nadie mas, viajaba en el tiempo a través del pozo antiguo que estaba en el Templo Shinto de su familia, había tomado una decisión finalmente, había tomado un camino y trabajaría duro para cumplir su meta, se esforzaría hasta la extenuidad si tenía que hacerlo, no se defraudaría a si misma decidió, tomándose el té verde de dos tragos y dejando la taza en el recibidor, subió las escaleras y paso frente a la habitación de su hermano que estaba en el quinto cielo con sus juegos de videos, recordándole una vez mas por que luchaba, por la seguridad de los que amaba, aquel futuro estaba en el filo de la navaja hasta recuperar la perla y destruir a Naraku y por Kami que lo haría daría lo mejor de si.
Se quitó el Uniforme automáticamente, mirando ausentemente su habitación, como siempre atemporal, la única diferencia era el ordenador que su madre le había regalado por su promoción y que al final terminaba usándolo mas Sota que ella, a raíz de sus viajes que la mantenían lejos de casa, sonrió divertida ante las rarezas de su vida, en realidad no podía quejarse, otras chicas pasaban su vida esperando que alguna aventura les tocara la puerta, ella había caído en un pozo llevada por un demonio ciempiés y había entrado al cuento de Alicia en el país de las Maravillas solo que el sombrerero loco era Inuyasha, Naraku el conejo, Sesshomaru la reina… Kagome se detuvo frente al espejo y se imagino a Sesshomaru de reina de corazones, y estallo en carcajadas histéricas que terminaron en llanto roto y descorazonado, Inuyasha le había echo daño, y lo peor era que lo volvería hacer y ella lo disculparía como siempre, no estaba en su naturaleza "odiar" simple y llanamente, ahora veía que su promesa iba a costarle mas que una sarta de lagrimas, iba a costarle la cordura también, pero finalmente se había enfrentado a el echo real de que Inuyasha amaba a Kikyo, por allí podría empezar a depurar a Inuyasha de su corazón, sería una tarea dura, pero si ella se lo proponía sabía que podía lograrlo, el no rompería su corazón de nuevo, simplemente se negaba a seguir sufriendo por un amor que en primer lugar nunca fue suyo, cuando el despertó de su sello en el árbol Sagrado un año atrás la había llamado "Kikyo" y siempre hubo el punto de comparación, que solo termino acentuándose aun mas cuando Kikyo volvió a la vida en un cuerpo de barro y cenizas, lamentablemente había echo una promesa y siempre había sido de esas personas que contra viento y marea cumplían las promesas, ahora veía que también era de las personas que sin importar cuanto daño sufrieran realmente cumplía las promesas, no sabía si llamarse "noble", "patética", "estupida" o simplemente Patetica–noble-estupida, siendo ella como era posiblemente el ultimo adjetivo era el correcto. Dejó de lado su triste introspección y se arranco del espejo, tomo una bata de baño y permaneció felizmente en blanco durante su baño, simplemente dejo su mente caer en la rutina de bañarse lavarse el cabello, secarlo, vestirse tomar los fragmentos asegúralos en su cuello e ir al Templo como había quedado con su abuelo, de este entrenamiento dependían su vida, y el futuro en el que vivía. Se detuvo frente al árbol sagrado y lo miro con el mismo amor que lo había visto cuando era una niña pequeña y su padre aun vivía.
- ¿Tu lo sabías no?, ¿Siempre supiste lo especial que serías para mi verdad?- Dijo Kagome dedicándole una sonrisa al árbol Sagrado que había cobijado bajo su sombra su niñez, y ahora su misión había empezado allí en aquel mismo lugar 499 años en el pasado.
- ¿Se siente bien joven?, no esta bien hablarle a los árboles ¿Sabe?- Dijo la voz de un hombre mayor tras ella, Kagome se sobresalto, había estado tan perdida en sus pensamientos que había olvidado por completo donde estaba, sabía que debía dejar de hacer eso, pero la mayoría de las veces se perdía en sus pensamientos sin notarlo, se volvió sonriendo y se encontró con un hombre mayor un poco mas bajo que su hermano.
- ¡Hola bienvenido al Templo Higurachi!- Saludo Kagome dedicándole una sonrisa segadora e inclinadote mientras saludaba.
- ¿ejem… gracias, te sientes bien muchacha?- pregunto el hombre nuevamente mirándola un poco perplejo. Ella sonrió nuevamente y miro al árbol sagrado parándose junto al hombre mayor.
- ¡Si gracias… verá este es un árbol muy especial, si hay algún peso en su corazón, alguna duda puede venir aquí sentarse bajo su sombra y contarle a el sus penas, el alivio que brinda es tal, que a veces yo puedo sentir que de echo esta vivo!- Dijo Kagome sintiendo como la paz del árbol sagrado se posaba sobre ella como en respuesta por sus palabras.
- ¿Y como alguien tan joven como tu puede saber de penas del corazón y de dudas, algún chico te a dejado es eso?- pregunto el anciano curioso, Kagme sonrió tristemente.
- ¡No hay edad para sentir penas del corazón o dudas Sr… y a su pregunta no, nadie me a dejado, me temo que mas bien… soy yo la que a dejado a alguien atrás!- Contesto Kagome sintiendo como una pesada carga parecía levantarse de sus hombros y de su corazón con su admisión.
- ¿Y por eso estas tan triste que hablas con el árbol?- pregunto nuevamente el anciano mirándola atentamente con sus ojos negros fijos en ella.
- ¿Acaso no es triste dejar personas atrás?- pregunto Kagome mirando ausentemente la copa del árbol. – ¡Si lo es, ya sea por decisión propia o por que la muerte nos obligue a decirle adiós, siempre es triste dejar a alguien atrás, pero son esas decisiones y esas cosas de la vida las que nos hacen crecer y madurar, supongo que me estoy haciendo vieja!- sonrió Kagome.
-¡Pensamientos profundos para una joven muchacha Como usted!- dijo el hombre perplejo.
- ¡Kagome te estoy esperando donde es…. Katsuga-san como esta!- se corto su abuelo mirando al anciano junto a su nieta. - ¡Habíamos quedado hoy! Lo olvide Kagome cariño ¿será que mañana…?- dijo su abuelo suplicante, Kagome sonrió casi maternalmente.
-¡Claro abuelito, de todos modos tengo que hacer unas compras y ponerme al día en la escuela!- dijo dedicándole una mirada curiosa a los dos ancianos.
- ¡Así que esta es tu famosa nieta!- dijo El señor Katsuga palmeando la espalda de su abuelo jovialmente.
- Si, si! Ella es mi nieta y próximamente tomara mi lugar en el Templo, ella es una sacerdotisa poderosa!- informo el anciano lleno de orgullo, por un momento Kagome lo miró perpleja la idea de tomar el control del templo nunca había pasado por su mente, pero no era tiempo de discutir con su abuelito.
- ¡Oh muchacha tu no me vas a tirar pergaminos sagrados cada ves que le gane en ajedrez a tu abuelo verdad?- comento en broma el Sr. Katsuga haciendo sonrojar a Kagome hasta la raíz del cabello.
- ¡Por Kami no!...- gimió Kagome horrorizada mientras su abuelo reía de buena gana sonrojado de vergüenza. - ¡Abuelo dame los pergaminos ahora!- Exigió Kagome estirándole la mano a su abuelo lanzándole una mirada asesina.
- ¡No hijita y como exorcizo sin mis pergaminos?- refunfuño el anciano.
- ¡Abuelo los-pergaminos-"ahora"!- ordenó nuevamente logrando que su abuelo sacara su alijo de pergaminos y los pusiera en la palma de su mano, donde crujieron y se estiraron con tal fuerza que los tres se quedando mirando los "inofensivos" pergaminos.- ¡Estos no son los de siempr!, ¿De donde sacaste "estos" abuelo?.- preguntó perpleja, mirando con desconfianza los pergaminos en su mano.
- ¡Ella es fuerte y natural para estas cosas!- declaró el anciano Katsuga.
- ¡Si ella lo es!- dijo el anciano mirando a su nieta especulativamente - ¡Estos son nuevos, ve al templo y siéntate a meditar un buen rato prende incienso y analízate a fondo Kagome, piensa en lo que quieres alcanzar, ponte las metas que quieres alcanzar bien claras, medita por una hora por hoy, mañana seré mas duro, después cuando vallas a tus compras añade a tu lista los libros que te deje anotados en el templo ve muchacha y deja esos en el altar!- ordeno su abuelo mirando a su nieta asentir a cada orden
- ¡Bien mucho gusto en conocerlo señor Katsuga!- dijo Kagome despidiéndose
- ¡Un placer para mi Kagome-san!- dijo el anciano arrancándole una sonrisa cegadora a la aludida. Kagome dejo a los ancianos frente al árbol sagrado y ella siguió hacia el templo, a esa hora no había un alma, en una hora mas sería hora de almorzar y todo mundo estaba en casa o en algún local de comida rápida, se quito las pantuflas y se quedo con los tabi blancos, coloco los pergaminos en el altar junto a las tablas mourtorias y toco con reverencia la tabla de su propio padre, a pesar de que los años habían pasado desde la muerte de su padre, Kagome no podía creer que aquel hombre gentil de sonrisa fácil hubiera partido, le dolía especialmente el echo de que Sota nunca lo hubiera conocido, el habría estado muy orgulloso de Sota y a pesar de todo también lo había estado de ella, Kagome sintió una presencia conocida, pero se volvió para encontrar que seguía sola, tal vez había pensado con tanta fuerza en su padre que lo había sacado de su descaso?.
- ¡Te extraño tanto papa, desearía que estuvieras aquí, que Sota se apoyara en ti, que mama te tuviera junto a ella y que volvieras estar allí para sostenerme, te quiero!- murmuro negándose a llorar, su padre odiaba que ella o su madre lloraran, el había echo en vida cualquier payasada para hacerlas reír cuando por alguna razón alguna de ellas echaba a llorar, forzó una sonrisa en sus labios, prendió incienso rezo un Sutra a su padre a la abuela y a la Tía que nunca había conocido, para que descansaran en paz y alcanzaran el nirvana finalmente.
Después de sus oraciones se sentó en medio del salón en posición de loto cerro los ojos, y trato de hacer lo que Kaede le había dicho, aquel día se había echo demasiadas introspecciones para hacerse otra mas, Kagome trató de enfocar su energía, pero sentía que se le escapa de las manos era frustrante, entonces recordó, equilibrio cuerpo mente y alma, pero si su alma estaba seccionada que haría respecto a eso?... no lo sabía hasta ahora su poder había funcionado de forma instintiva, ella solo había echo lo que su corazón le había ordenado, su corazón… ¿Podría ayudar su corazón en este entrenamiento? A falta de una parte de su alma, su corazón que permanecía intacto podría con la tarea?... entonces tendría que equilibrar cuerpo ,mente, alma y corazón, pero como?... como unir esos 4 elementos para una mismo fin, tal vez La gran Sacerdotisa Midoriko había unido esos 4 elementos cuando creo la perla de Shikon, ¿Ese era el riesgo?, ¿Pero por que ella se vio obligada a hacer eso? Solo eran conjeturas pero… una vez mas Kagome sintió una presencia familiar detrás de ella, la presencia era tan real que ella sentía que podía estirar las manos y tocarla, se volvió rápidamente pero no encontró nada, el aura se disolvió tan rápidamente que no pudo reconocer siquiera la naturaleza de la presencia, solo la sentía familiar.
- ¡Estoy perdiendo la cabeza finalmente!- decidió sentándose nuevamente, con los ojos cerrados empezó a escuchar los latidos de su corazón, y a acompasar su respiración a el ritmo de sus pulsaciones cardiacas, respirando con calma visualizo su sangre corriendo por sus venas bombeado desde su corazón hacia todos los rincones de su cuerpo trato de sentir su energía, de reconocerla, cuando esta finalmente respondió a su llamado y ella lucho por controlar su emoción y empezó a trasladar su poder desde el núcleo imaginario en su estomago hacia sus manos, visualizo su energía caliente y curativa abrió lentamente sus ojos y miro sus manos resplandeciendo débilmente en una luz rosácea y violeta muy suave solo una débil película traslucida Kagome sonrió y dio paso a la emoción que se había guardado antes haciendo desaparecer la energía de sus manos, ahora tenía mas expectativas de si misma, ella podría lograrlo, no era mucho lo que había echo, no era la cosa mas grande ni mas fuerte, pero lo había logrado ella en a penas unas horas, desde que la anciana Kaede le diera sus consejos; Kagome sintió una vez mas esa energía casi tocarla y sonrió, estaba segura de lo que estaba percibiendo. – ¡Ok mi querido amigo fantasma si quieres quedarte quédate, estoy alegre así que no me molestara tu compañía ok? Eso si, si eres de los que asustan te vas a enterar!...- dijo Kagome riéndose de si misma, miro distraída mente su reloj y se levanto de un brinco- ¡OH rayos, me e tomado mas de una hora, tengo que comer… y salir a hacer mis compras y... la escuela Kami por favor que mi abuelo no se halla inventado una enfermedad Terminal, o vergonzosa o… cualquiera que implique relaciones sexuales si?- rogó en voz alta tomando la hoja pulcramente doblada sobre el altar de su familia mirando desconcertada el racimo de gardenias rojas que estaba segura no estaban allí cuando ella llego. – ¿Y ustedes de donde vinieron hermosas? – pregunto ausentemente deslizando la punta de sus dedos por los pétalos de una de las flores. – Bien ahora tengo un fantasma, un ramillete de flores que no se dan en esta época del año y yo aquí hablando sola como los locos, cual es el resultado?... ¡Ah si claro, si sigues por ese camino Kagome Higurashi, terminaras en una linda habitación blanca y acolchadita y una camisa de fuerza echa a medida, ¡gracias! y si a eso le sumamos mi historial me añadirán un grillete en cada pierna jejejeje! Uf hasta luego Sr. Fantasma si me encierran espero que me visite! – dijo con sarcasmo patente lanzándole una mirada mas a las flores y saliendo del templo apresurándose a entrar en la casa familiar, sin notar a la persona que tomó del altar familiar la flor que ella había acariciado antes de desaparecer.
Después de gruñirle un poco al abuelo por no haberla llamado Kagome comió con su familia y su madre sacó un pastel después de almorzar y le cantaron cumpleaños, su hermano Sota le regalo una Camiseta con el Logo de uno de sus juegos favoritos Valkyrie Profile 2,mostrando a una valkyria con el cabello perfecto y la ropa impecable, realizando una ataque brutal a un monstruo mas grande que ella, en tacones altos y luciendo fenomenal, Kagome sonrió tristemente ante la realidad de las batallas que ella había vivido, ella había sido arrastrada, ensuciada, halada del cabello y demás, y cuando mucho solo había lanzado un par de flechas en el lugar correcto, ella quería ser como ese personaje de ficción, y allí estaba el detalle esa valkyria era "ficción", mientras ella era muy real demasiado real, si "ella" metía la pata todo se iba al infierno y si la valkyria metía la pata, podían resetear el juego y empezar otra vez, sonrió a su hermano y le dió las gracias prometiéndole solemnemente que la usaría, aunque no le dijo que para dormir claro. Su madre le regalo un par de zapatos deportivos para montaña y su abuelo le regalo un frasco de aceite amarillento que decía eran lagrimas de demonio árbol y que era para la memoria, Kagome le lanzo una mirada fría y este solo sonrió alegremente antes de regalarle dinero y quedarse el aceite para el.
- ¡Gracias todos, ahora voy a cambiarme para comprar algunas cosas que necesitare cuando me vaya!- dijo Kagome recogiendo sus regalos.
- ¡Pero acabas de llegar hermanita!- se quejo Sota, mirándola lastimeramente.
-¡Y no me voy aun hermanito calma, me quedo por una semana y tengo que ponerme al día con las clases, llamar a las chicas a ver que tengo pendiente y además tengo que entrenar con el abuelo, Inuyasha se va a arrancar las orejas cuando le diga, pero hasta que empiece a ser capaz de practicar por mi cuenta lo que el abuelo me enseñe, vendré a casa mas a menudo, si Naraku no aparece ahora,mucho mejor para mi, aunque se que si se tarda peor será lo que nos tienen planeado!- murmuro para si misma dejando a su familia terminar su pastel, subió las escaleras dejó sus regalos en la cama, se dió una ducha rápida y se puso un conjunto de mini falda negra con medias largas negras a mitad de la pierna y suéter negro se peinó el cabello revisó su pequeño bolso de cuero negro, su móvil, las llaves de la casa, su monedero con el dinero y la tarjeta de su cuenta de ahorro, tomó la lista del abuelo y se sorprendió de los títulos "Reiki" tomo el lápiz, y empezó su lista un par de minutos después tenía todo lo que necesitaba comprar anotado, bajó las escaleras con una chaqueta negra en un brazo y unas botas negras hasta la pantorrilla en la otra. – ¡Vendré mas tarde mama, voy a llamar a las chicas para actualizarme, compró lo que necesito y regreso! ¿ok? Te quiero!- se despidió Kagome desde la entrada de la casa donde se coloco las botas y la chaqueta por encima de la correa de la cartera que cruzaba desde su hombro derecho a la cadera izquierda.
- ¡No llegues muy tarde!- dijo su madre mas por costumbre que por advertencia, Kagome había demostrado ser responsable en todo, por eso podía confiar en sus acciones aun cuando no estuviera viéndola, ella sabía que su hija haría lo correcto siempre.
- ¡Ok mama si al final necesitas algo de la tienda avísame!- Se despidió Kagome antes de cerrar la puerta tras ella, atravesar el patio del templo y bajar las escaleras a buen ritmo antes de estrellarse penosamente con un hombre de traje, que iba pasando por la acera en la que se suponía debía haberse detenido para darle paso pero ella había sido catapultada hacia delante en su apuro por llegar a la librería y ponerle las manos encima a esos libros que su abuelo había recomendado- ¡Uy lo siento, lo siento, lo sientooooo!- Se disculpo avergonzada saliendo de entre los brazos del hombre que no debía pasar de los treinta a treinta y cinco años, alto de porte atlético cabellos negros azabaches y ojos azules como los de ella.
- ¡No se preocupe yo también venía apurado y no la vi.!- dijo el Joven hombre revelando una voz profunda, Kagome se lo quedo mirando por un momento y luego se abofeteo mentalmente por quedarse allí como una idiota mirando al tipo boquiabierta. – ¿Esta bien se lastimo?- pregunto este rompiendo el silencio.
- ¿He.. no, no, gracias por preguntar, mas bien debería ser yo la que pregunte pero… jejeje dudo mucho que yo pueda hacerle mucho daño a alguien, pero de nuevo lo sientooooo!- se disculpo otra vez sintiendo como su cara se calentaba, maldiciendo mentalmente su facilidad para sonrojarse sin motivo alguno.- ¡Bueno este… sigo mi camino cuídese sr.!- agrego antes de volverle la espalda y echar a correr como si los demonios la persiguieran, el hombre solo la miro hasta que desapareció y luego siguió su camino con la sombra de una sonrisa besando sus labios. 4 horas después Kagome regresaba a casa en un taxi con una pila de libros sobre reiki, creyones de cera y cuadernos de dibujos para shippo y otros extras para Rin un pañuelo para el cabello de Sango unos tabi para el monje Miroku y otros para la anciana Kaede todo para reabastecer su botiquín de primeros auxilios y un par de cuarzos que le dijeron en la librería que ayudaban a canalizar la energía y unos cuadernos con los deberes que tenia que entregar, subió las escaleras agotada hasta la medula casi con ganas de chillar por su suerte o en su opinión "su falta" de ella, no tenía muchos deberes pero si tenía una exposición sobre el continente asiático que había olvidado por completo y aplicaba la mayoría de su nota en 2 materias, nuevamente las chicas la harían actuar sobre el escenario el consuelo, era que esta vez a ellas les tocaba también, pero era un consuelo muy vago.
- ¡Tadaima!- saludo casi arrastrándose escaleras arriba para soltar su carga y volver a bajar a la cocina, su Familia estaban allí listos para cenar. - ¡Me tarde un poco mama, había un libro que no conseguía y… olvide por completo la exposición las chicas van a montar un show, que parte de que "yo tengo 2 pies izquierdos" ¿No escuchan?¿Por que nadie lo entiende?- se quejo dramáticamente sentándose y mirando el fondo de su tazón como si las respuestas aparecerían en la porcelana.
- ¡Bueno sería muy bueno que aprendas a superar eso, tu equilibrio físico, refleja tu equilibrio espiritual, tal vez si mejoras tu equilibrio físico, el espiritual mejore!- dijo su abuelo en un arranque de sabiduría.
- ¿Tu crees abuelito?- pregunto Kagome olvidando su agotamiento levantando la vista de golpe hacía su abuelo que sonreía alegremente.
- ¡Lo captaste no?...- Dijo su abuelo divertido. -Veras muchacha en algunas culturas la danza o las artes marciales son otro estilo de meditación, el Yoga por ejemplo combina meditación con equilibrio y salud física, para combinar tu mente, cuerpo y espíritu y puedan trabajar juntos, si logras esa combinación en la danza, en las artes marciales en el tai-chi, yoga o meditación estática entonces podrás manejar tu cuerpo, tu mente y tu espíritu a voluntad, entonces tu energía espiritual se dará a ti libremente para que la uses con sabiduría!- dijo el anciano con seriedad.
- ¡Vamos a comer todos! –dijo su madre sonriéndole desde el otro extremo de la mesa.
- ¡Entonces roguemos para que pueda aprender todo a tiempo y no haga el ridículo en el escenario… ¿Por que las chicas me meten en estos líos?...- gimió Kagome recordando a sus amigas darle el anuncio casi con bombos y platillos, antes de empezar a preguntarle sobre Hojo, Inuyasha y "la novia" ella realmente quería mucho a sus amigas que a pesar de sus ausencias ellas seguían allí apoyándola ingnorantes de su lucha, pero a veces solo quería retorcerles el cuello, para que dejaran su vida personal, o mejor dicho la "ausente" vida personal que tenía en paz; comió en agradable paz con su familia y luego se despidió de todos y subió a empezar los deberes de la escuela, se acostaría tarde por que al día siguiente iba a trabajar duro para ser una valkyria, esa sería su meta, trabajaría duro hasta la extenuación si era necesario, para darle vida a la ficción, ella se haría fuerte, aprendería a luchar, a sanar y si era posible mas también lo aprendería, esta era su decisión y seguiría su camino elegido por ella hasta el final donde quiera que eso fuera, aprendería y sería fuerte, con un poco de suerte, aprendería también como proteger del dolor a su corazón, sacaría a Inuyasha de el, y solo se limitaría a verlo como un hermano adolescente… "eterna y prematuramente" adolescente, con esa meta fijada en su mente, Kagome Higurashi se sentó en su escritorio y empezó a trabajar.
Después de horas de resolver problemas de cálculo y terminar varias investigaciones Kagome sintió que al menos había triunfado sobre sus deberes, cerró su libro de ingles mirando su cuaderno con una débil sonrisa, su traducción era impecable y lo sabía, podía estar orgullosa de si misma, a diferencia de su primer año había logrado finalmente equilibrarse en este año escolar, a pesar de estar mas tiempo en el pasado buscando la perla, su madre que Kami la bendijera mil veces había llegado a un acuerdo con su escuela, para que le permitieran sus ausencias, y aunque sospechaba que se había valido de pruebas falsas para demostrar que ella realmente estaba enferma y recibiendo tratamiento, no podía sentir remordimientos de conciencia, ella estaba luchando por el futuro de todos, lo mínimo que podían hacer por ella era darle esa pequeña ayuda, ella estaba después de todo, esforzándose al máximo para cumplir con la escuela también. Vió el reloj y no se sorprendió de que marcara las 3 de la mañana cuando mucho dormiría 3 horas tomaría una jarra entera de café, correría a la escuela tomaría sus clases y entregaría la montaña de trabajo que había echo, y tal vez presentaría alguna prueba sorpresa de esas que solían aparecer cuando ella regresaba del pasado como para burlarse de ella y luego las chicas volverían a contarle alguna cosa sobre Hojo que gracias a Kami estaba en una escuela para chicos y no había tanta presión para que saliera con el, pero de igual manera ellas siempre sacaban a colación la posibilidad. Sonrió ausentemente y se estiro lo más que pudo en la silla donde había estado trabajando, se sacó la ropa con pereza y se puso una pijama miro por la ventana y vio el árbol sagrado brillando bajo la luz de la luna llena que hacia sus hojas brillar como si fueran de plata, haciéndolo ver etéreo casi irreal, Kagome sonrió para ella y miro la luna un instante y luego cerro la ventana y se acostó a dormir ahuecando su almohada mas dormida que despierta se pregunto si alguna vez llegaría su tiempo de ser feliz, si algún día encontraría a alguien que la amara a ella y solo a ella… era tonta no eran horas de preguntarse cosas que solo lograrían espantarle en sueño y realmente, necesitaba descansar.
Owari…
