Antes que nada, quiero aclarar que Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U¡ me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi hiperactiva y loca imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa casualidad. Aclarado este punto quiero señalar que cambiare a mi gusto muchas escenas del manga y anime para adaptarlo a mi fic, espero les guste esto es un Kagome/Sesshomaru a aquellos que no les guste esta pareja simplemente escoja otro fic n_n¡.
Atentamente:
La Autora
Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)
" Y allí estoy frente al mundo, con el corazón sangrante en la mano, las alas rotas y los ojos vacíos de lagrimas y pie, curando con susurros cada grieta, recogiendo cada gota de sangre, cosiendo cada una de mis alas, guardándome las lagrimas para enjuagarme el alma despues, pero de pie, nunca mas de rodillas, nunca mas en el suelo, siempre de pie, allí están ustedes horrorizados sin saber que hacer, sin saber que decir… no, no existe consuelo para tanto dolor, pero igual seguiré en pie"
Elizabeth Lara…
Capitulo 3: Entrenamiento.
Bien, nadie dijo que seria fácil y de haberlo sido, ella "especialmente ella" estaría pegando gritos a diestra y siniestra de pura frustración por no haberlo intentado antes, pero esto era el colmo, su querido abuelito se había transformado de un "dulce anciano medio chiflado" a un dictador duro y exigente, a penas había pegado un ojo los últimos tres días que tenía en casa, entrenando duramente con aquel monje Shinto poseído por Nerón, que había mostrado siempre un lado jovial juguetón e incluso gracioso, y ahora era un completo tirano, sabía que no sobreviviría a su decisión, pero al principio se imaginaba las razones muy diferentes, en primer lugar creía fielmente que su abuelo haría cosas que la harían avergonzarse las cosas típicas pero no, este se había dedicado a torturarla diariamente con meditación, enfoque concentración y la bendita danza que tenía que presentar a final de año con sus amigas le dolía hasta el alma pero ni por todo el oro del mundo iba a quejarse.
- ¡Espalda recta muchacha, cuida tu postura, siente el tatami bajo tus pies y el aire alrededor de ti, luego trata de enfocarte en mi, tienes que ubicarme sin verme, si puedes ubicar mi aura y mi leve poder espiritual pronto podrás encontrar a quien quiera que busques!- Ladro su abuelo cuando dejó caer un poco su postura por el agotamiento, había estado parada en aquella habitación durante tres horas ya con los ojos vendados, su camiseta gris paloma lo suficientemente ancha para que dos Kagomes entraran en ella con facilidad, estaba sudada por el esfuerzo de los ejercicios que había realizado antes de eso, cuando su abuelo inició el entrenamiento con meditación no se extrañó, pero cuando apareció con un par de shinais empezó a reevaluar su decisión, al final lo había dejado estar, definitivamente las 500 katas que le puso a hacer el día anterior para empezar aun le pasaban factura con su acumulado de impuestos por las 500 de aquel día, pero debía admitir que se sentía que estaba entrenado de verdad, de repente se encontró con un duro horario, las clases toda la mañana, almuerzo, una hora de meditación, arco y flecha por dos horas, una hora de katas, una horas mas de poder espiritual y sus derivados básicos, ubicaron de auras que era donde estaba ahora y luego una buena hora de estiramientos y ejercicios cardiovasculares que no necesitaba por que se la pasaba caminando en el Sengoku, pero eso era imposible hacérselo ver a su "amado" abuelito, que insistía en entrenarla hasta dejarla inconciente.
- ¡Si abuelo, allí voy de nuevo!- Respondió Kagome recobrando la postura y suspirando negándose a demostrar agotamiento, este era su entrenamiento y se suponía que fuera duro. Arrugo los ojos detrás de la venda negra que su abuelo le había colocado, respiro profundo una, dos, tres veces se concentro en el aire que entraba y salía de sus pulmones sintió una ligera corriente de aire, escucho a lo lejos el débil mauyido de un gato, posiblemente Buyo retozando frente a la casa, a lo lejos el sonido del trafico, respiró una vez mas profundamente tratando de enfocarse en su entorno cercano, reconociendo primero su energía hirviendo a fuego lento dentro de ella visualizo el espacio dentro del templo ubicándose así misma en el punto central, entonces sintió con mas fuerza aquel día como su energía parecía extenderse fuera de ella como buscando algo fuera de si misma, entonces sintió la energía espiritual de su abuelo cerca de la salida principal del templo, y sintió una fuerte energía del árbol sagrado y se quedo en blanco por un momento, podía sentir a su madre en la cocina de la casa y a su hermano subir las escaleras del templo, entonces se quedo perpleja mirando la oscuridad de la tela que cubría sus ojos, ella no estaba simplemente sondeando el "templo", si no una buena parte de su cuadra.-¡Esto… abuelo, estas en la entrada principal y mama va caminando hacia la puerta de la casa y acaba de llegar Sota... La energía del árbol Sagrado es E-N-O-R-M-E y creo que me excedí un poco esta vez!…- soltó arrancándose la venda de los ojos y volviéndose a mirara a su abuelo que parecía tan perplejo como ella, mirando desde la entrada del templo el momento en que su hija salio por la entrada principal de la casa y su nieto llego al tope de las escaleras del templo y saludaba con la mano, y luego volvió a mirar a su nieta con una sonrisa colgándole de los labios.
- ¡Muchacha, tu don es mas grande de lo que pensé entonces!- Celebró el anciano acercándose a ella mirándola con orgullo. - ¿Ahora por que no me muestras un poco de lo que estas leyendo en ese pergamino y los libros que te pedí que estudiaras? –dijo sentándose sobre el tatami, Kagome se encogió de hombros y se sentó frente a el sintiéndose bien consigo misma por su logro.
- ¡Esta bien abuelito, pero solo voy a mostrar algo de energía, no creo que pueda curar a nadie ahorita!- admitió Kagome humildemente.
- ¡Kagome, el secreto para poder lograra algo es "creer" que puedes!- cito su abuelo con seguridad.
-¡Bi.. Bien… aquí voy entonces yo puedo!- Contesto Kagome avergonzada de su falta de fé en si misma, ella sabia que podía tener fé en la destreza de Sango con las armas, en Miroku con su Kazzana el Báculo y sus pergaminos, en Shippo con su magia de Zorro, en Kirara y su transformación y fuego interno, en Inuyasha y sus habilidades aun como Hanyo incluso fé en la habilidad de Kikyo, pero realmente ella nunca se había dado crédito así misma, sería esa su principal deficiencia? Su falta de fé en si misma?. *** ¡Si el abuelo no lo hubiese dicho, jamás me habría dado cuenta de esto, hasta ahora no e tenido fé en mi misma, nunca e creído en mi, solo e tenido la seguridad de que arruinaría las cosas y eso es lo que he terminando haciendo!... se acabo, yo puedo, claro que si, soy una sacerdotisa, y puedo hacer esto, esta en mi naturaleza ayudar no?...*** - pensaba concentrándose con decisión nuevamente en su ritmo cardiaco, y en su respiración, visualizando ahora con mas facilidad un núcleo de energía a la altura de su estomago, vio claramente sus venas y como su corazón bombeaba sangre y energía espiritual hacía sus manos sintió un ligero calor en la punta de sus dedos y al abrir los ojos allí estaba, una capa mas gruesa que el primer día de poder espiritual rosa y violeta.
- ¡Muy bien muy bien, ahora visualízala mas grande, mas fuerte¡- instruyo su abuelo, y ella hizo lo que el pidió, estuvieron unos minutos mas en ese ejerció viendo como su energía se fortalecía y debilitaba hasta que logo mantenerla estable con esfuerzo hasta que su madre los llamo a cenar.
- ¿Estas bien cariño? – Pregunto su madre aquella noche después de practicar un poco los pasos de baile que tenía que memorizar; su madre había estado preguntándole lo mismo desde que había llegado, ella suponía que su corazón de madre le decía que algo no estaba realmente bien con ella, pero la verdad no se sentía preparada para hablar sobre eso aun, ella esperaría a que no doliera tanto, para poder conversar sobre ello.
- ¡Si mama estoy bien, el entrenamiento va muy bien creo!- contesto dedicándole una sonrisa dejando su libro de Reiki a un lado.
- ¡El chico perro no ha venido a buscarte!- Puntualizo su madre sin dejar pasar el brillo de tristeza que floreció claramente en sus ojos cuando ella nombro a Inuyasha.
- ¡Ni va a venir mama, le pedí que no viniera a buscarme, necesito un poco de tiempo para mi, así que no vendrá a menos que quiera que le parta la espalada de tanto "sentarlo"- Contesto Kagome con un deje de impaciencia.
-¡Hum ya veo, Kagome cielo, tu puedes hacer lo que quieras si te lo propones cariño, especialmente "tu" no lo olvides tu eres una chica muy especial y nunca lo dudes cariño, confía en ti misma tu puedes con esto!- Dijo su madre saliendo de su habitación con una sonrisa dulce tocando sus labios y una absoluta fé en ella que calentó su corazón y lleno sus ojos de lagrimas de humildad ante la fé ciega de los suyos, que tonta había sido, todo este tiempo ella siempre hablando de fé, pero sin tenerla hacia ella misma, había sido hipócrita sin darse cuenta, claro que eso también tenía que cambiar aprendería a tener fé en si misma.
Su semana había sido muy dura acostumbrarse a un horario en el que se obligaba a despertar temprano cumplir con sus deberes escolares y luego entrenar hasta hacer rendida antes de tocar la almohada no era fácil, sin embargo no se había quejado ni una sola vez, su abuelo no había bajado el ritmo en ningún momento siempre exigiéndole mas y ella estaba decidida a darle lo que este exigía y mas después de todo, junto a la anciana Kaede el era su Sensei y no estaba dispuesta a decepcionarlos ni a ellos ni a si misma, y mucho menos a su madre y hermano que nunca habían dudado de ella; no podía quejarse la semana lejos de ser un descanso había sido una dura muestra de lo que le esperaba, su entrenamiento a su parecer estaba dándole resultados a pasos lentos pero seguros y estaba realmente contenta consigo misma, se había probado que sus capacidades eran mas de las que ella misma creía y eso la animaba a seguir, sonrió para si misma mientras tocaba el fondo del pozo reconociendo inmediatamente un cambio en el ambiente, estaba de regreso en el Sengoku de vuelta a su misión, empezó a escalar por las fuertes lianas preguntándose por el día en que estas se desprenderían entre su peso y el peso de su bolso amarillo repleto de cosas, ella caería de espaldas aplastando todo dentro de su bolso, sonrió ante la imagen mental; mientras iba subiendo sondeo un poco los alrededores del pozo a ver si podía percibir el aura de Inuyasha, todavía tenía que seguir practicando así que tendría que ser sobre la marcha como todo, sintió un aura muy fuerte cerca y se impulso una vez mas y llegó al borde del pozo, lanzo su bolso primero y luego se impulso así misma hasta quedar sentada en el borde del pozo justo en frente de Sesshomaru.
- ¡Buenos días Sesshomaru! – Saludo automáticamente sintiendo como el pánico le subía por la garganta, ¿Seria que había cambiado de opinión y había decidido "cortarle" la cabeza? *** Diablos aquí estoy, bieeeen cuando las cosas empezaban a mejorar, este viene se harta y me arranca la cabeza uyyyyyy y sin siquiera tener un primer beso como Kami-sama manda, es decir: que me den a mi y no que yo "de" para evitar que nos maten a todos grrrr ¿Por que a mí señor si soy tan buena?***pensó evitando poner los ojos en blanco ante la ironía, que era de echo su vida.
- ¿Vives en un pozo Miko?- pregunto Sesshomaru con un deje de lo que difícilmente se podía interpretar como curiosidad, mirando a la joven con su ahora mas extraña ropa, un par de pantalones demasiado pegados al cuerpo y aun mas indecente que su falda anterior, era de un color Azul devaido y de apariencia áspera, y una camiseta de un extraño material que dejaba ver los brazos y el escote en forma de V que mostraba el inicio de sus pechos y un par de zapatos muy raros de un material que nunca antes había visto en ningún sitio, si definitivamente esta mujer era mas bien una extraña en esas tierras, decidió zanjando el asunto casi con fiereza, molesto consigo mismo por ceder a su curiosidad, últimamente se encontraba analizando a la mujer incluso cuando ella no parecía estar en ninguna parte.
- ¡Kagome!... mi nombre es Kagome, por favor ¿Que tienen ustedes los demonios en contra de mi nombre por todos los cielos?- Gimió Kagome levantándose del borde del pozo mirando del cielo a Sesshomaru y viceversa, gimiendo mentalmente por su "GRAN" bocota temiendo que ahora con seguridad el si le arrancaría su preciada cabeza; suspiro pesadamente ante la obviedad de que aquel demonio no se dignaría a contestar. - ¡No Sesshomaru, no vivo en un pozo!.- Contesto simple y llanamente, no era como si le fuera a ofrecer un té y explícarle: ***¡Oh no Sesshomaru querido, yo vengo del futuro sabes?... 499 años para ser exactos y te cuento amigo, no hay demonios todos ustedes "desparecieron" sabes? Y adivina "los humanos somos la raza dominante" ¿Qué tal? jujujuju! Lero lero!*** Nop eso con seguridad lo empujaría a aniquilar a toda la raza humana para que los Youkai sobrevivieran y bueno no tenía ganas de desparecer de la historia, ni de la vida en si misma ya que estaba, así que no definitivamente no se lo diría, no podía confiarle a el algo así.
- ¿Qué hacías dentro de ese pozo entonces? – Insistió el Taiyoukai con autoridad como si fuera su deber y obligación contestar cada pregunta suya. - ¡Este Sesshomaru a Echo una pregunta Miko!- Agrego notando que a pesar de la sinceridad que percibía, podía oler también "reserva" develándole que aquella mujer ocultaba algo que no quería develarle.
- ¡Mira Sesshomaru en realidad… Sin obligarme a mentir y debo decir que soy "MUY" mala mintiendo, yo simplemente no estoy preparada para decirlo ok?, el día en que pueda confiar en ti…, que bien podría ser... Nunca… tal vez ese día te explique mi nexo con este lugar pero por ahora, yo tengo tanta confianza en ti, como tu en m, así que mejor déjalo por favor si? - Contesto Kagome sofocando las ganas locas de reírse que tenía, Sesshomaru ahora la miraba como si le hubiese lanzado una confesión de amor eterno cuando solo había hablado de "confianza", cuando pensó que el simplemente se limitaría a separar la cabeza de su cuerpo, este se volvió de golpe sin decir una palabra tieso como un roble y se perdió entre el follaje bosque.- ¡Bueno, mi vida ya es rara así que!... ¿Por que no iban a ser raros mis días también he?- murmuro para si misma sonriendo genuinamente, preguntándose donde diablos estaba Inuyasha, tomo su bolso amarillo y empezó a caminar hacia la aldea de Kaede mientras sondeaba todo a su paso, hasta que sintió un aura fuerte pero sin poder comparase a la de el Lord de las tierras del Oeste y sintió también un tirón profundamente dentro de ella a un nivel que solo podía calificarse como "intimo" y cambio ligeramente de rumbo, unos minutos después se paro en seco, mirando con un sordo dolor en el pecho a Inuyasha besar a Kikyo de buena gana y con bastante entusiasmo sintió que la garganta se le cerraba y las lagrimas inundaban sus ojos. *** ¡NO!... Ya-no-mas ¿Recuerdas? ¡YA-NO-MAS!... ¡Ahora me daré la vuelta y dejaré esto estar, no tengo que presenciar lo que ya se, esto no tiene NADA que ver conmigo, nunca mas, saberlo no le resta dolor a esto ya basta, muévete Kagome ahora, AHORA! ***Se ordeno mentalmente obedeciendo casi con paso automático, hasta volver a su camino original con la mente compasivamente en blanco, los ojos completamente secos y el corazón totalmente destrozado esforzándose penosamente en seguir latiendo.
- ¡Bienvenida Kagome-chan!- Saludo Sango con genuina alegría de verla.
- ¡Sano-chan!, ¿Cómo han estado?- Pregunto Kagome tragándose finalmente el nudo que tenía en la garganta.
- ¡Todo tranquilo, nada aun de Naraku, Hakudoshi apareció dos días después de que te fuiste y luego de una corta batalla se fue… esto es como si jugaran con nosotros Kagome-chan! – Dijo Sango preocupada, Kagome sabía que estaba pensando en su hermano Kohaku y no podía menos que entenderla.
- ¡Entiendo, mi abuelo esta revisando los pergaminos del templo a ver si consigue algo sobre su paradero!.- dijo Kagome caminado con ella dentro de la cabaña de la anciana Kaede.
- ¡Mama!- Grito el zorrito alegremente saltando a los brazos de Kagome y abrazándola con sus cortos bracitos.
- ¡Hola cariño!, ¿fuiste un buen chico con Sango, Miroku y la anciana Kaede?- dijo Kagome sabiendo perfectamente que primero vería a Inuyasha madurar antes de ver a Shipo resistir la tentación de jugarle alguna broma, dejó caer el bolso junto a ella mientras se sentaba.
- ¡Lady Kagome tan hermosa como siempre!... ¿No quie…. – dijo el Miroku siento cortado abruptamente en su usual pregunta por un golpe seco del boomerang de Sango y esta mirándolo con la muerte en los ojos.
- ¡No Monje, ella no quiere así que déjala en paz!- Amenazo Sango agitando su puño frente a Miroku; Kagome sonrió alegremente Kami, extrañaba esto, a pesar de todo ellos se habían metido en su corazón, los amaba y cuando el momento llegara sería duro para ella dejarlos atrás por que con su decisión había llegado a la conclusión de sellar el pozo una vez acabara todo.
- ¡Mama que ropa tan rara traes, ¿Donde esta tu Uniforme?- Pregunto Shippo recibiendo con alegría la chupeta que había pedido, mirando el nuevo atuendo de Kagome con detenimiento.
- ¡Esta es mi nueva ropa, mi madre se molesto mucho por lo sucedido a mi uniforme nuevo, a demás cariño, creo que ya estoy un poco grande para andar con mi uniforme todo el tiempo!- contestó Kagome entregándole a Sango el Pañuelo que había comprado para ella y a Miroku sus nuevos tabis, ambos agradecieron genuinamente los regalos en si eran sencillos, pero de suma importancia en aquella época donde no todos podían tener aquellos artículos, que en su época eran ridículamente comunes; ambos se fueron a empacarlos entre las pocas pertenecías con las que viajaban.
- ¡Gracias mama, haré unos dibujos nuevos para ti! – celebro Shippo feliz cuando le entrego a el sus colores y sus libros de dibujos.
- ¡Ve a guardar tus cosas también cariño seguro cuando Inuyasha regrese saldremos de inmediato!- contesto Kagome viendo al Zorrito salir corriendo al mismo tiempo que Kaede entraba a la cabaña.
- ¡Ya has regresado muchacha!- Saludo Kaede dejándose caer cerca del bracero en medio de su cabaña. – ¿Como te ha ido con el pergamino?
- ¡Me ha ido muy bien creo… no me había dicho que se utilizaba Reiki para curar!- dijo Kagome sonriéndole a la anciana mientras le entregaba los tabi, y un chal de lana que le había enviado su madre.
- ¡Gracias muchacha, dale las gracias a tu madre también!... ¿Reiki, Que es eso?- pregunto la anciana desconcertada.
- ¡Veras estuve estudiando el pergamino, y mi abuelo me envió a comprar varios libros de Reiki para estudiarlos también, cuando empecé a comparar las técnicas del Reiki y las del pergaminos eran prácticamente las mismas, te traje un libro para que lo leyeras también!- dijo Kagome entregándole el Libro de Reiki inicial que había leído aquella semana, vio a la anciana mirar con curiosidad la portada del libro y luego abrirlo y leer la primera pagina de introducción de un solo tirón.
- ¡Voy a tener que leer esto por completo, muchacha, si puedes traerme mas te lo agradeceré, con esto podría estudiar yo un poco mas y enseñar a otros!..- dijo la anciana visiblemente emocionada.
- ¡Ok… esto… anciana Kaede, dígame!... ¿Ha venido por aquí Rin, la niña que sigue a Sesshomaru?- pregunto Kagome, recordando a Sesshomaru en el pozo.
-¿Aquí?, no ¿por que?- pregunto la anciana desconcertada ante la extraña pregunta que le haciala joven Miko.
- ¡Hablé con Sesshomaru, y le pedí que la animara a hablar con usted anciana Kaede, Rin es una niña, y en cualquier momento su cuerpo cambiara se desarrollara como mujer y bueno… ella debe de saber lo que va a ocurrirle o la pobre se morirá de miedo, así que le pedí que la animara a hablar con usted para que la guié, yo no puedo hacerlo, por que el jamás confiaría en mi por mi amistad con Inuyasha, pero la verdad es que me preocupa mucho la niña!- explico Kagome preocupada por haber excedido la confianza de Kaede.
- ¡Hiciste bien muchacha, requirió mucho valor para hablar con el y hacerle esa petición, espero que se decida y tome la decisión de enviarla a hablar conmigo, si no a quedarse también, posiblemente por eso a estado tan cerca de la aldea estos últimos días!. – contesto la anciana pensativa, Kagome la miro sorprendida
- ¡Posiblemente!- murmuro Kagome casi sin podérselo creer, el la había escuchado entonces… bueno Rin estaba de por medio así que no era extraño que de echo hubiera prestado atención respecto a la niña.
- ¿Hola? – Saludo la aludida niña como si la hubiera conjurado a presentarse allí en aquel momento, Kagome levanto la mirada y la vio allí con Sesshomaru siguiéndola de cerca. – ¡Kagome-sama, Kaede-Obachan!- Saludo la niña sonriendo con alegría, abrazando con fuerza a Kagome y luego extendiendo su cariño a la anciana Kaede que recibió el trato con mucho gusto.
- ¡Rin cariño que linda estas!- saludo Kagome percibiendo el aroma a miel del cabello de la niña, que con seguridad estaba dando buen uso de las cosas que le dejo. - ¡Sesshomaru!- saludo quedamente como si no lo hubiera visto aquel día, este solo cabeceo hacia ella y se quedo inmóvil.
- ¡Por favor Mi lord siéntese y dígame en que puedo servirle! – dijo la anciana con respeto, logrando que el aludido tomara asiento.
- ¡Ese bastardo esta allí adentro con "KAGOME"! ¡Oi mujer sal de allí ahora, voy a matarlo de una vez!- escucho a Inuyasha desde fuera, Sesshomaru solo miro a Rin desapasionadamente y luego a ella.
- ¡Inuyasha, siéntate chico!- dijo Kagome poniendo los ojos en blanco, mientras se escuchaba el estruendo afuera. – ¡Si se te ocurre la estupida idea de echar abajo la cabaña de la anciana Kaede te arrancare la piel en tiras Inuyasha, En-Ti-ras-M-U-Y-pe-que-ñas, y hasta que no me llames por mi nombre no saldré de aquí y si entras por las malas te voy a hacer mucho pero "MUCHO" daño!- dijo Kagome sonriéndole dulcemente a Rin mientras le daba unos colores con unos libros de dibujo que había traído para ella.
- ¡Maldita sea mu…. KAGOME… vamos a ponernos en marcha ¿Si?- gruño Inuyasha dócilmente, arrancándole una sonrisa deslumbrante a la joven Miko del futuro.
-¡Si ya va, dame un segundo!... –contesto esta mirando a Rin y luego a Sesshomaru con intensidad. - ¡Ya he hablado con la anciana Kaede, así que pueden preguntarle todo lo que necesiten!, ¡Rin cariño, la anciana Kaede va a explicarte algunas cosas, cuando quieras puedes preguntarme si tienes el permiso de Sesshomaru ok?, pórtate bien y cuídate cielo, nos vemos!- dijo abrazando a la niña para luego colgarse el pesado bolso en los hombros.- ¡Si no encontramos nada… que es lo mas seguro, volveré a casa a por mas, mi abuelo esta ayudándome también, gracias por todo anciana Kaede!- agrego esta recibiendo el carajc y las flechas de mano de la anciana.
- ¡Cuando quieras muchacha, tengo fé en ti!- respondió la anciana despidiéndola, Kagome sonrió disponiéndose a salir dedicándole solo una fugaz mirada a Sesshomaru.
- ¡Gracias Kaede-sama, yo también estoy aprendiendo a tener algo de fé en mi!- contesto esta dedicándole una serena sonrisa a la anciana antes de salir de la cabaña para encontrarse con su grupo e iniciar nuevamente la búsqueda.
Aquella noche después de que Inuyasha despareciera como de costumbre, recibiría regalos de sus amigos y le cantarían cumpleaños en la torta de chocolate que había traído de casa para la ocasión, la velada había sido agridulce, por la ausencia de Inuyasha, pero sus amigos la habían compensado con creces con su cariño y compañerismo y ella estaba dispuesta a combatir el dolor de su ausencia y lo que había visto en el bosque aquel día, sonriendo mas y alegrándose de corazón por los amigos que había ganado a cambio de un corazón roto, por que era si de simple, ¿Quién mas si no ella, ganaría semejantes amigo, a cambio de una perla maldita, un corazón roto, un alma cercenada, un puñado de demonios con personalidades bastante atípicas y un Hanyo malvado que ambicionaba demasiado y quería matarla para logarlo? Ella solo ella, Kagome Higurachi. Ni más ni menos.
***Respira***esa era la clave, debía seguir respirando, se decía mentalmente no por primera vez aquella mañana, su abuelito había decidido que ella debía correr y corriendo estaba, 5 kilómetros sin parar con solo un litro de agua, como había predicho no habían conseguido absolutamente nada y allí estaba ahora, después de "sentar" a Inuyasha había regresado a casa y ya tenia tres días en una tortura que había aceptado como parte de su entrenamiento. *** Unos metros mas!*** se animo mentalmente viendo a su abuelito en lo alto de las escaleras del templo esperándola con una sonrisa de oreja a oreja que lo hacia ver mas joven de lo que era, el realmente estaba en el cielo entrenándola y ella iba a darle gusto y a darse gusto a si misma.
- ¡Bien muchacha, toma un baño caliente y vamos a continuar, con el arco y flecha! – Dijo el abuelo una vez llego a su altura.
- ¡Ok Abuelito! – Contesto la joven trotando sin parar hasta la casa, Se quito los zapatos deportivos en la entrada los recogió y siguió trotando hasta su habitación. - ¡Uff estoy lista para una maratón! – se dijo burlonamente dejando sus zapatos deportivos en el closet y lanzando la botella de agua vacía sobre la cama antes de desaparecer en el baño, se arranco prácticamente la ropa sudad del cuerpo y se metió en la ducha de agua caliente con la esperanza de relajar un poco los abusados músculos que no sabia que tenia, pues a pesar de estar en "forma" había descubierto con pesar que no estaba "en forma" para el entrenamiento que requería, en fin, en vez de frustrarse, decidió tomarse las cosas con calma y seguir entrenando con mas ahínco, froto los músculos de sus hombros y lavo su cabello con rapidez, termino su baño antes de que su amado "abuelito" decidiera que estaba perdiendo el tiempo y cerrara el agua caliente "otra vez", como si lo hubiera dicho en voz alta y no pensado Kagome resistió la urgencia de gritar a todo pulmón, cuando el agua caliente se corto de golpe y una lluvia de agua fría le helo hasta los huesos, salio del baño como alma que lleva el diablo envuelta en su bata de baño con el cabello envuelto en una toalla, 5 minutos después bajaba las escaleras y se dirigía hacia el fondo del templo donde su abuelito la esperaba con los blancos dispuestos y un arco y flecha que había traído del pasado con ella para practicar.
- ¡No tienes tiempo que perder Kagome-chan! – Regaño su abuelo extendiéndole el arco y el carcaj lleno de flechas. - ¡quiero que te concentres en imbuir tus flechas en energía espiritual, esto es solo un "conducto" pero si te concentras y practicas puedes usar cualquier cosa para conducir tu energía, la naturaleza es tu amiga Kagome, recuérdalo, si te quedas sin flechas tienes un mundo a tu alcance, puedes hacer de tu arma cualquier cosa, hasta una piedra, recuérdalo, ahora empieza!. –Ordenó.
- ¡Hai! – Contesto, sabia que de nada serviría gruñirle por lo del agua, lo volvería a hacer si lo veía necesario y el estaba en lo cierto no tenia el lujo del tiempo que perder… lo cual era una completa ironía viniendo de una viajera "en el tiempo" en fin. El resto de la tarde estuvo trabajando con sus flechas, la primera exploto por la cantidad de energía imbuida, la segunda era tan débil que ella misma sentía ganas de golpearse con el arco, en la tercera y la cuarta empezó a mejorar finalmente, y no fue hasta la vigésima quinta, que su abuelito había decidido que habían terminado por ese día con las flechas y que había logrado calibrar la cantidad de energía usada, pero que aun debía seguir entrenando.
- ¡El echo que logres aparentemente una meta, no quiere decir que vas a dejarla de lado, no, tienes que seguir practicando muchacha la practica hace la perfección y tu debes aspirar a eso, "perfección"! – Dijo el anciano, antes de empezar a torturarla con las shinai, después de 500 Katas lo único que ella quería era tomar una baño en la tina y remojarse en agua caliente hasta que dejara de dolerle todo, pero se aguanto el dolor y siguió, después de las Katas, empezaron a trabajar con la energía curativa y finalmente a practicar los pasos del baile en el que gracias a Kami ya había dejado de caerse aunque aun seguía confundiendo los pasos.
