Antes que nada, quiero aclarar que Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U¡ me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi hiperactiva y loca imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa casualidad. Aclarado este punto quiero señalar que cambiare a mi gusto muchas escenas del manga y anime para adaptarlo a mi fic, espero les guste esto es un Kagome/Sesshomaru a aquellos que no les guste esta pareja simplemente escoja otro fic n_n¡.
Atentamente:
La Autora
Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)
Parte IV
" Y perdoné a la niña que fui, y disculpé todos mis errores acepté que había cambiado, y me reconstruí de las cenizas que dejó de mi la vida, y estoy aquí ahora, mostrando quien que soy y parte de la mujer que seré, así soy… cambiare si, pero no tanto como para perder la esencia que me hace ser quien soy. ¡Volveré!, pero no creas que será fácil tocarme y huir… me perdono a "mi", no a "ti", aclaremos esto muy bien. Abrazaré en las noche a la niña que fui, cubriré con poemas cada rasguño y cada golpe, limpiaré cada lagrima con esperanza, cantaré canciones de amor para mi, y dejaré finalmente ir a mi amada niñez, mas la atesoraré por siempre en la inmortalidad de mis memorias"
Elizabeth Lara
Cap 11: Cerrando etapas – el final de la niñez.
El sol despuntaba al alba haciendo brillar el roció como diminutos diamantes, dándole al paisaje un toque mágico… "irreal", como si en cualquier momento un hada aparecería dejando a su paso una estela de "polvo mágico". La vista del bosque aun virgen, era digna de inmortalizar en un lienzo, plasmándolo para la eternidad; altos y orgullosos árboles antiguos con fuertes ramas extendidas hacía el cielo, dándole extasiados la bienvenida al sol, se mecían con la gentil brisa y hablaban entre ellos en silencio, de eras antiguas, vidas pasadas, de mitos y leyendas que aun en aquella era, donde los mitos y leyendas eran abundantes y caminaban entre los mortales, se susurraban con temor reverente, entre los pocos que aun vivían y recordaban las mas antiguas Historias y leyendas, que habían sido base de las creencias actuales y las futuras.
El trinar de los pájaros y los sonidos propios de la naturaleza, acunaban con la misma gentileza de una madre venerable, al variopinto grupo que acampaba en aquellos bosques sacros, protegidos por un domo violeta de energía sagrada, una Taijiya dormía junto a un monje separados por un enorme boomerang de hueso y sobre este, descansaban un pequeño felino de dos colas y un cachorro de demonio zorro acurrucados bajo una gruesa manta de aspecto extraño, un Hannyo descansaba precariamente en la rama de un árbol cercano y una sacerdotisa del futuro que dormía en una extraña bolsa de tela, esta ultima abrió los ojos levemente y los cerro por acto reflejo cuando un as de tibia luz solar dio de lleno en el rostro, por inercia se cubrió el rostro con el antebrazo derecho para retirarlo casi de inmediato dejando ver un par de ojos azules zafiro coronados por unas espesas y largas pestañas negras azuladas enmarcadas por unas finas cejas ligeramente arqueadas que eran capaces de transmitir a la perfección tanto alegría como ira cuando la situación lo demandaba; miraban sin ver realmente el límpido cielo azul con alguna que otra nube moviéndose perezosamente, sus labios finos ligeramente rojos dibujaron lentamente una sonrisa melancólica, ella había aprendido a disfrutar de aquellos pequeños momentos, de aquellas pequeñas alegrías de la vida, cerró aquellos ojos azules un momento ocultando tras un velo de largas pestañas, un puñado de secretos, pensamientos y muchos recuerdos que había atesorado.
Kagome Higurachi se estiró dentro de su saco de dormir y se sentó de golpe sabiendo de antemano que sus amigos y compañeros de batallas aun descansaban. La guerra que habían estado librando desde que "accidentalmente" ella rompiera la joya de los 4 espíritus había sido larga y llena de sorpresa tanto agradables como desagradables, de lagrimas, engaños, verdades ocultas y mentiras muy reales, ahora que todo estaba a punto de terminar, parecía ser aun mas dura que cuando habían empezado aquella misión. Kagome se levantó doblando y recogiendo automáticamente su saco de dormir guardándolo en su fiel bolso amarillo, sacando a su vez de el, una toalla y todo lo que necesitaría para darse un baño y cambiarse de ropa, recogió su arco y sus flechas y recorrió a sus amigos con una mirada llena de agridulce emoción, habían vivido tanto juntos.
Avanzo con cuidado de no despertarlos, hacia el riachuelo que estaba cerca del campamento, observando extasiada el bosque brillando mágicamente con el rocío, se pregunto entonces tal ves si la gloriosa reina fae haría acto de presencia, atravesando el bosque y reclamándolo con toda pompa como su dominio y parte de su reino, trato de visualizar a la reina fae caminado como si flotara por el hermoso paisaje, iluminándolo con el brillo de su polvo mágico, pero su mente traviesa conjuro allí, en medio de aquel esplendoroso escenario a Sesshomaru, con su piel albina sin macula, sus marcas que gritaban "aristocracia", su porte principesco, sus largos y sedosos cabellos plateado destellando al sol y sus ojos dorados guardianes de muchos secretos, de muchos recuerdos, mirándola como lo había estado haciendo desde que se había percatado, "fijamente" como viendo dentro de ella con una intensidad que ella no podía entender, la observaba, como desentrañando cada idea, cada secreto, cada pensamiento mas intimido que ella tuviera, como el depredador que era, por un momento sintió ganas de abofetearse con fuerza por tener una imaginación tan condenadamente buena, dejó escapar una sonrisa abochornada, sintiéndose repentinamente avergonzada sin comprender por que había venido aquella imagen tan nítida e intima a ella, sintió las mejillas calentarse y trato de ahogar la mortificación estaba segura de que estaba completamente sonrojada ahora y lo peor, sin motivo alguno, juró en su fuero interno esforzándose al máximo por erradicar de sus pensamientos al esquivo Taiyoukai, sabía que no saldría nada bueno, lamentablemente parecía no poder evitar que el irrumpiera sus pensamientos últimamente.
— ¡Rayos! — Masculló mortificada. Encogiéndose de hombros categóricamente y agitando un poco la cabeza de con incredulidad, siguió su camino hasta llegar a su destino, se dio un baño y se dejó ir en su rutina de aseo vespertino, y como había venido haciendo desde hacia unos meses, se sentó junto al riachuelo empapándose de la paz del lugar, distrayéndose con su reflejo que se proyectaba con nitidez sobre las cristalinas aguas que la reflejaban cual espejo, se miró atentamente buscando alguna señal de cambio evidente, después de todo aquel día estaba cumpliendo 18 años convirtiéndose finalmente en una "mujer adulta" según las leyes de su era, y lo que era mas significativo en su vida, finalmente se graduaba y podía optar por la Universidad, algún curso o simplemente unirse a la población "trabajadora", había sido un largo y arduo camino, pero finalmente había logrado al menos una de sus metas. Empezó por sus ojos que se habían ido obscureciendo en los últimos años dándole mas profundidad a su mirada, un aire de misticismo y sabiduría como una vez lo había descrito Miroku, luego su cabello negro azulado que había empezado a crecer descontrolado el ultimo año y llegaba mas abajo de sus caderas estando de pie y ella había crecido varios centímetros mas, después de haber luchado contra el, cortándolo con religiosidad una ves al mes y perder la batalla penosamente, lo había dejado estar, descubriendo para su consternación, que este frenaba su crecimiento si lo mantenía largo, así que lo había dejado adquiriendo a cambio una larga melena negra azulada que ahora ondeaba tras ella como una capa, pasó a su rostro níveo sin macula alguna si, sus amigas tenían razón ella era "hermosa" pero hacia tiempo que eso había dejado de importarle, sus labios rojos dibujaron una mueca burlesca y decidió que ya había tenido su "momento" de relajación, se levantó y recogió sus pertenencias regresando a el improvisado campamento donde habían pasado la noche, miró la ropa que vestía sonriendo con algo de nostalgia recordando sus uniformes, había dejado atrás otra etapa en su vida y la había cerrado definitivamente el día que había decidido dejar su uniforme atrás, solo que ahora se daba cuenta; al llegar al campamento lo primero que notó fue que sus amigos ya habían empezado el dia, Sango ya había golpeado a Miroku por hentai mientras Shippo y Kirara observaban la escena sin perderse ningún detalle del monje con la mejilla marcada, con aire satisfecho que rezaba claramente: "valió la pena", mientras Inuyasha murmuraba para si mirando al monje con desconfianza.
— ¡Buenos días chicos!—Saludó Kagome con alegre calma dedicándoles una sonrisa y dispersando la tensión en el ambiente, Shippo salió corriendo inmediatamente hacia ella con la inocente alegría de un hijo hacia su madre, mientras ella soltaba sus cosas dentro del bolso y abrazaba al pequeño que se acomodo automáticamente entre sus brazos, cada día crecía mas.
— ¡Buenos días Lady Kagome!—Saludó Miroku sin importarle la mano perfectamente marcada que exhibía en su mejilla derecha obsequiada sin duda alguna por Sango.
— ¡Buenos días Kagome-chan… no me esperaste!—Saludo Sango alicaída por que ahora tendría que bañarse sola y vigilar al monje "lujurioso"
— ¡Lo siento Sango-chan, recuerda que hoy regreso a casa para mi graduación a demás "Shippo" puede ir contigo y el "sabrá" si "alguien" " se acerca"—Contestó Kagome con cariño rascando las orejas del cachorro que gruñía de placer, mientras el Monje ponía expresión dolida.
— ¡Fheee una tontería, solo nos has echo perder el tiempo con "tus exámenes" y tus cosas… cada vez nos tardamos mas en encontrar a Naraku y a sus creaciones!, ¡nos haces perder el tiempo desatendiendo tus deberes!—Gruñó Inuyasha sentado en la misma posición en la que había dormido, por un momento el grupo no dijo nada, por la sorpresa del ataque e indignados de que Inuyasha no celebrara los logros de Kagome, todos sabían lo importante que era para ella ese día en particular, todos menos Inuyasha que había estado de un humor de "perros" desde que Kikyo había decidido viajar con ellos solo de vez en cuando con la esperanza de encontrar información por su cuenta y todos habían tolerado el comportamiento de su amigo hasta ahora, Kagome lo miró indignada por sus palabra.
— ¿Inuyasha? – Dijo Kagome con empalagosa y engañosa dulzura. — ¡Siéntate chico! — Agregó abruptamente, logrando que el Hannyo que "intentaba" huir despavorido, cayera de cara al piso desde el árbol a unos buenos 2 metros de altura. — ¡Te recuerdo, que antes de la "perla", antes de venir "aquí" y antes que "todo esto" pasara, tenía una vida y venía con obligaciones Inuyasha! —Soltó Kagome molesta luchando para no gritarle las palabras mientras el aludido trato de decir algo. — ¡Siéntate!... ¡Mi madre y mi abuelo se han esforzado mucho por mi educación y la de Sota, nuestro, "deber" es honrar sus esfuerzos y sacrificios, con las mejores calificaciones y naturalmente nuestros diplomas!... ¡me parece injusto que en 3 años no hayas aceptado "esa" parte de mi vida y no respetes lo que hago!,¡ Eres un tonto!... ¡ahora me voy a casa y con un poco de suerte estaré de regreso en la aldea de Kaede e días y no te molestes en buscarme, por que voy a sellar el pozo!—Finalizo calmándose poco a poco, retrayendo sus poderes dentro de si misma ya que habían salido a la superficie envolviéndola en un fulgor morado, en muestra de lo peligrosa que podía ser si la ira la dominaba.
— ¡Fhee esta bien yo te llevo Grrrr! — Soltó el Hanyo saliendo del centro del cráter que había echo decidiendo que lo mejor era retroceder; ella había perdido la paciencia en raras ocasiones, pero cuando lo hacia, había un infierno que pagar por eso, Kagome debía admitir para si mismo, había crecido en poder y eso la hacia alguien con quien no querías tentar tu suerte, en parte sospechaba que la desaparición de Naraku, tenía que ver con ella, de alguna forma, el temía a Kagome, e Inuyasha en este caso no podía culparlo, antes Kagome daba miedo, ahora el terror que ella provocaba en él, superaba incluso el que le tenía secretamente a Sesshomaru, aunque primero se dejaría matar antes de admitirlo abiertamente.
— ¡No, necesito calmarme y la aldea no esta lejos!— Contestó Kagome calmándose finalmente y dejando ir a Shippo.
— ¡Cuídate mucho mama y felicitaciones! – se despidió el zorrito echando a correr hacia Sango, Kagome sonrió, ellos nunca olvidaban su cumpleaños, el único que pareciera olvidarlo siempre era Inuyasha ya lo recordaría después y le entregaría algún regalo de mala manera, por que su "orgullo" no le permitía admitir que "siempre" olvidaba su cumpleaños.
— ¡Pero!… — Murmuró Inuyasha, viéndola recoger sus cosas y despedirse de todos sonriente.
— ¡Siente chico! — Disparó Kagome secamente, alejándose del campamento mientras Inuyasha era azotado contra el suelo.
— ¡Kagome…! — Murmuró Inuyasha viéndola alejarse de ellos sin volver la vista atrás, se sentó irritado en medio de su ultimo cráter, uno mas para su colección privada, mirando fijamente el lugar donde la joven mujer había desaparecido entre los árboles, no la seguiría, había aprendido a las malas que cuando Kagome no quería ser molestada y aun así el lo hacia, ella se esforzaba por "sentarlo" hasta el infierno y de vuelta, así que definitivamente no la seguiría. — ¡Fheee mejor esperamos en la aldea de Kaede! —Añadió Inuyasha preguntándose con irritación ¿donde diablos estaría Kikyio? se estaba tardando en aparecer y con el malvado Naraku todo podía pasar.
Kagome caminaba tratando de calmar su rabia, ella había echo todo lo que estaba en su mano para ser mejor sacerdotisa, para aprender y ser útil, había arriesgado su vida en muchas ocasiones había salvado incluso muchas veces el "malagradecido trasero" de Inuyasha pero este insistía en atacarla cuando algo lo molestaba; miró su reloj de pulsera por inercia 7:00 am. Su acto de grado sería a las 3:00pm. Así que tenía tiempo de sobra, aunque no iba bajo ningún motivo a decírselo a Inuyasha. Tenía que llegar a casa y prepararse para el acto de grado, repasar el discurso de graduación que le había tocado dar a ella, por graduarse con honores como siempre había soñado, tendría que ver que iba a hacer con su cabello y esas cosas triviales para ella pero de suma importancia en su época.
—¡JAKEN-SAMAAAAA!—Chilló Rin apareciendo de la nada frente a ella, obviamente aterrada, sentada sobre Ah-Un que escupía fuego por todas partes tratando de proteger su carga humana, mientras el pequeño Kappa luchaba con su bastón de dos cabezas no muy lejos de ellos, echando fuego con el por todas partes, Kagome se pateo mentalmente por volver a abstraerse en su mundo, por mas que había tratado de combatir esa manía, simplemente no podía vencerla, vio a un demonio escamoso que le recordó a Lady Akiko en su mejor "fase" de malcriades, sonreír malignamente dejando ver sus malvadas intenciones mientras levantaba a la chica del lomo de Ah-Un.
— ¡No lagarto asqueroso, no vas a hacerlo!—Soltó Kagome colérica liberando la flecha del arco que había cargado automáticamente y purificando en el acto al malvado demonio. Sintió algo frío y áspero enroscarse en su brazo miro de reojo y vio una garra escamosa cerrándose sobre la piel de su antebrazo, concentro un poco de su poder destruyendo al demonio que trataba de atacarla instantáneamente, mientras que Jaken el fiel sirviente de Sesshomaru luchaba inútilmente por llegar hacia donde estaba Rin a través de la horda de demonios, Kagome podía sentir levemente el Youki de Sesshomaru como siempre, pero parecía estar lejos, de lo contrario habría salido a proteger a Rin, Kagome lanzó una flecha purificadora que dejo una estela de cenizas a su paso abriéndole camino a Jaken, mientras ella misma avanzaba hacia la chica.
— ¡Bastón de dos cabezas!— Gritó Jaken desesperado, atacando con fuego a varios demonios que se lanzaron contra el.
— ¡Jaken, acércate mas a Rin!—Urgió Kagome golpeando con su arco a un demonio reduciéndolo en un destello de poder a nada mas que cenizas.
— ¡Lady Kagome! – Soltó alarmado el Kappa, palideciendo varios tonos de verde, mirando a Kagome preocupado, si algo le sucedía a ella, su amo bonito simplemente le arrancaría toda su verde piel en pequeñas tiras lentamente, para revivirlo de nuevo y empezar otra vez, el no se conformaría con matarlo y liberarlo de su miseria él "REALMENTE" lo haría pagar caro por el daño de esa mujer en particular, después de todo era "su" mujer, ni mas ni menos.
— ¡Kagome-sama!—soltó Rin aliviada, ante la mera visión de Kagome, ella sabía que era más que capaz de lidiar con aquellos monstruos que los habían emboscado.
— ¡Jaken o entras en el rango de Rin "YA" o te purifico también! — Amenazó Kagome atacando entre palabra y palabra a cuanto demonio se ponía frente a ella y a Rin, preguntándose en su fuero interno ¿de donde salían tantos de ellos?, por otro lado Jaken sintiendo el poder de la mujer levantarse haciendo que su piel hormigueara y picara un poco, atacó también ciegamente hasta llegar a Rin mascullando maldiciones. — ¡Sostén esto Rin-chan, no toques con ella a Jaken o a Ah-Un! ¿Ok?— Instruyó solemnemente entregándole a Rin una flecha cargada con su poder.
— ¡Mata a la mujer ella es mas importante!— Retumbo una furiosa voz a través del claro congelándole la sangre en las venas al ser tocada por aquella clase de maldad, a la que solo había estado expuesta con la espada de Toga "Sounga". Kagome colocó una barrera sobre Rin, Ah-Un y Jaken usando como canal la flecha que le había entregado a la joven y vio a los 5 demonios acorazados con armaduras, que corrían hacia ella a toda velocidad, con sus garras, armas y las brillantes miradas llenas de oscura malicia fijos en ella, Kagome se concentro en sentir el bosque a su alrededor, podía sentir el Youki de Sesshomaru liberarse y moverse hacia ellos, la energía de los árboles y algo moverse mas allá demasiado rápido para atraparlo de el rango de la barrera que estaba colocando, juntó sus manos en forma reverente de silenciosa oración, se agachó sintiendo la tierra bajo sus pies, dejando salir de si misma una enorme ola de energía espiritual, que barrió con todo a su paso estrellándose contra sus barreras y conteniéndose dentro de un área especifica purificando a los demonios que corrían hacia ella, y a los que aguardaban ocultos entre los árboles cerca de ellos, esperando para atacar, Kagome dejó caer la barrera agotada, poniéndose en pie lentamente, aquello era algo en lo que aun trabajaba y le hacia falta mejorar un poco mas.
— ¡Kagome-sama!— Gimió Rin corriendo hacia ella preocupada mientras Jaken veía boquiabierto a Kagome, realmente ella era muy fuerte y no podía esperar nada menos de la compañera de su amo, su único defecto era su "humanidad" a su parecer.
— ¡Cuidado!— Advirtió Jaken mirando con horror como una enorme lanza cruzaba el prado, directo hacia donde estaba Kagome recuperando el aliento, mientras Rin se detenía frente a ella justo en el camino del arma, Kagome tomó a Rin de los hombros y con un giro de cuerpos la hizo cambiar lugar con ella, y perder el equilibrio haciéndola caer de espaldas, esperando que la lanza la atravesara, pues estaba agotada y sabía que no podría detenerla a tiempo; cuando de la nada un látigo de energía destruyó la lanza, antes de que pudiera sin quiera tocarla. Kagome se volvió con todos los nervios en tensión chocando contra Sesshomaru que estaba inmediatamente detrás de ella invadiendo su espacio personal, cubriéndola prácticamente con su propio cuerpo y mirándola de una manera que la inquietaba cada vez que coincidían.
— ¡Seshomaru-sama!— Chillo Rin aliviada levantándose, aliviada pues en el fondo sabía que su señor tenía en alta estima a Kagome, se alegraba de que una vez mas hubiera salvado su vida, y esta vez sin que ella suplicara por la mujer que secretamente, veía como a una madre.
— ¡Amo bonito! —Lloriqueó Jalen, con evidente alivio, por un momento, su larga vida había pasado frente a sus ojos saltones, incluso los Dioses le habían concedido un vestigio de su futuro a manos de su señor, cuando éste le hiciera pagar con sangre, el daño caído no solo sobre Lady Rin, lo cual ya era grave, si no sobre Lady Kagome, su compañera, lo que era en si no solo "grave" si no "peligroso" y no solo para su verde piel.
— ¡Buenos días Sesshomaru!—Saludó Kagome retrocediendo dos pasos poniendo distancia entre ellos de inmediato, ignorando el escalofrió que la recorrió de los pies a la cabeza ante el contacto con el, y sonriéndole amablemente al impasible lord, mientras éste hacía desaparecer su látigo de energía, mirando a la mujer fijamente sin pestañear, sintiéndose como un muerto de hambre frente a un banquete, ella era hermosa para ser una mortal, ella atraía incluso a los Youkai sin siquiera notarlo, aquel lobo había tenido que alejarse después de que él le "aclarara" a quien pertenecía ella usando medios contundentes, dejándolo vivir considerando el echo de que su compañera consideraba aquel lobo pulgoso su amigo y no la haría feliz que el lo matara como bien puntualizo el idota de su medio hermano menor.
— ¡Lady Kagome! —Saludó Kohaku que se había unido recientemente después de una dura pelea al grupo de Sesshomaru. – El demonio jefe fue destruido por Seshomaru-sama.
— ¿Cómo estas Kohaku-kun? —Saludó Kagome, éste era el hermanito de su amiga, por el que tanto había sufrido y llorado, al que Naraku le había hecho hacer cosas terribles y sin embrago su alma seguía luchando por mantenerse pura en aquel mundo lleno de trampas.
— ¡Bien gracias!... ¿Mi hermana?... —Contestó el Kohaku buscando con la mirada a su hermana.
— ¡Quedo atrás con Inuyasa y los otros, hoy viajo sola! — Contestó Kagome dedicándole una dulce sonrisa, extendiendo su mano y tocando al joven purificando la perla nuevamente.
— ¡Gracias! —Dijo el joven avergonzado por el contacto, Kagome solo sonrió y miró a Sesshomaru observarlos con atención haciéndola abochornarse y apartar la mirada de él de inmediato.
— ¿Vas a casa Kagome-sama? — preguntó Rin llenando el tenso silencio.
— ¡Err si Rin-chan hoy es mi cumpleaños y mi acto de grado... err finalizo mi estudios! — Explicó Kagome sintiendo las palmas de sus manos sudar y un extraño vuelco en el pecho.
— ¡Oh feliz cumpleaños! Kagome-sama!… ¡pero… no tengo nada que regarle!—dijo la chica apenada, con los ojos aguados mortificada ante la idea de no tener nada que darle a aquella mujer tan especial, que era una figura importante en su vida.
— ¡Gracias, Rin no, no importa… los regalos son lo de menos, la intención y el buen deseo de las personas que nos aprecian es lo que realmente cuenta!—Contestó Kagome obsequiándole un abrazo, que la joven le devolvió con gusto, la chica había crecido y si no estaba equivocada el desarrollo estaba cerca, el cuerpo infantil había cambiado a las formas de una joven mujercita.
-¿Cuántos cumples? –Pregunto Rin soltándose de ella, mirándola con la curiosidad nata que siempre había mostrado alrededor de ella.
— ¡18 años! —dijo Kagome guiñándole un ojo divertida, pues sabía que en aquella época era una solterona ratificada.
— ¿Tan vieja ya y no te has casado… no quieres tener un bebe Lady Kagome?—Pregunto Rin de repente causando que el ambiente agradable se evaporara y una extraña tensión aplastante cayera sobre todos ellos, Sesshomaru miraba a Kagome esperando una respuesta, mientras Jaken boqueaba sin aire mirando la escena completamente abochornado.
— ¡No, noooo me he casado y no creo que lo haga hasta los veintitantos y si acaso encuentro a alguien… y bueno… claro que si, supongo que algún día los tendré, espero que si tengo alguna niña se parezca a ti!— Se obligó a contestar Kagome apenada peleando fallidamente en contener el sonrojo de vergüenza que coloreaba sus mejillas.
— ¡Esto!… ¿De donde vienen los bebes?, ¡no me has dicho eso! —Preguntó Rin haciendo que Kagome la mirara boquiabierta por un instante y luego su rostro llameara furiosamente hasta la línea de cabello y el cuello en un sonrojo devastador.
— ¡Errr… yo tengo… tengo… que irmeee… Esto… por que... hnnn… no le… preguntas a… aaaa… ¡KAEDE SI!, Pregúntale a "ella", ¡"YO" tengo que… irme "AHORA"! —tartamudeo Kagome perpleja echando casi a correr del claro bajo la confundida mirada de Rin, tan desesperada por salir de allí, que se olvido por completo de despedirse de Kohaku, Jalen y Sesshomaru.
— ¿Qué dije de malo? —Preguntó Rin confundida ante el extraño comportamiento de Kagome, observándola prácticamente correr lejos de ellos. Sesshomaru por su parte se había quedado allí tenso esperando la repuesta de Kagome mientras su mente lo torturaba con la nítida imagen de ella, embarazada de "su cachorro", ante el pensamiento sintió la reacción instantánea de su cuerpo aumentar y arder de deseos contenidos llevándolo a puntos dolorosos, pero siendo el quien era un "experto" en maquillar sus emociones y deseos, sabía que nadie lo notaría.
— ¡Vamos!… —Dijo Sesshomaru cambiando de dirección y siguiendo a Kagome de lejos, aun sabiendo que ella podía sentirlo, sin importar cuanto contrajera el su Youki, ella "siempre" podía sentirlo, al igual que él siempre podía sentirla a ella; se preparó mentalmente junto a su bestia, para el desgarro espiritual que sentía cada vez que ella cruzaba el portal del pozo que le permitía a sus mundos comunicarse.
Ella no lograba entenderse a si misma y lo sabía, había evitado analizar a fondo lo que le sucedía, por que negar que "algo" estaba pasándole era como negar la existencia del sol o de la luna. A pesar del tiempo que había pasado, ella no había olvidado lo que había pasado en aquel claro cuando Sesshomaru la había curado y aun tenía en su piel un tatuaje de media luna para confirmarlo, no había podido, y no era por que no lo había intentado, no, ella había leído, estudiado y ejercitado al doble para no tener tiempo libre, sin embargo siempre se encontraba deslizándose inconcientemente en sus recuerdos y estaba "eso"; algo se despertaba, cobraba vida propia en ella cada vez que Sesshomaru estaba cerca, lo había notado y al principio se lo había negado con ahínco, era como si su misma energía espiritual se lanzara a encontrase con el Youki de él, y ella no podía controlarlo, no podía contenerlo y la frustraba, la incomodaba, no era que su energía quisiera atacarlo, no definitivamente no, era algo diferente era como si quisiera simplemente rodearlo, aferrase a él, y eso la asustaba aun mas que la inminente batalla contra Naraku, si era sincera consigo misma, y siempre trataba de serlo "la aterraba", la asustaba la tensión que se posaba en el ambiente cuando coincidían, la asustaba la forma en que el se la quedaba mirando como si esperara algo, ¿un error de ella tal vez?... ¿Una excusa para arrancarle la cabeza, y acabar de una vez con su molesta existencia?... Ella no lo sabía y realmente no se atrevía a preguntar; ¿tal vez finalmente había desarrollado un instinto de conservación en lo referente a Sesshomaru después de todo? *** No *** Pensó distraídamente, ella era simplemente incapaz de eso, lo había demostrado en cientos de ocasiones los últimos tres años, el punto central era en que el la inquietaba y ella no podía entender de muy bien a que nivel; se había encontrado mirándolo embelezada cuando coincidían, pensando en el cuando no se encontraban, recordándolo con irritante nitidez, y soñándolo en la privacidad de su mente, el maldito Youkai había invadido su mente por completo, se había exaltado cuando lo atacaban y había celebrado sus victorias silenciosamente no fuera a ser que se lo tomara mal y ella terminara perdiendo su querida y adorada cabeza. Tal vez… Murmuro su subconsciente. *** ¡NO, NO… cállate!*** – Gruñó mentalmente sin dejar que la idea se formarse en su mente, si bien ella no acostumbraba a evadirse a si misma, después de haber sufrido por su infantil enamoramiento con Inuyasha, se había negado de lleno a ver hacia Sesshomaru, de "esa-manera" en particular, ella había actuado así siempre cuando quería negarse algo que sabía que no le gustaría, que le haría daño o que la haría salir corriendo y gritando despavorida hacia el atardecer como si los esbirros del inframundo la persiguieran.
—¡Oh siiii los Dioses REALMENTE juegan conmigo, y disfrutan con mi miseria!— Gimoteo penosamente, arrancándose abruptamente se su línea de pensamiento, sabía que si seguía indagando así, terminaría enfrentando algo que la desestabilizaría, y no era momento para eso, si la batalla contra Naraku llegaba y llegaría, ella debía estar muy centrada y con los pies bien puestos sobre la verde tierra; puso los ojos en blanco y sonrió con una mueca de lastima hacia si misma y la locura de su vida, mientras parte de su atención inconcientemente, estaba detrás de ella a solo unos metros en un camino alterno, por donde Sesshomaru y su grupo parecían avanzar tranquilamente con dirección de la aldea de Kaede como su destino, ella juró en su fuero interno y apretó el paso.
— ¡Kagome muchacha!—Saludó la anciana Kaede coincidiendo con ella en la aldea camino a su casa, siempre era un gusto para ella ver a la joven mujer, ver en lo que había logrado en lo que se había convertido, llenaba de alegría y orgullo sus viejo huesos.
— ¿Cómo esta anciana Kaede?—Preguntó Kagome sonriéndole con cariño aquella mujer le había enseñado, ayudado y creído en ella como una madre, la había apoyado y animado cada vez que sentía sus fuerzas flaquear.
— ¡Bien, bien estos viejos huesos están muy bien!.. ¿Te vas a casa ya no?—Pregunto mirándola con indulgencia propia de esa que solo la edad y la experiencia concede.
— ¡Siiii hoy es "el" día, termino mis estudios Kaede, y luego regreso a terminar con esto de una buena vez! — Dijo Kagome deslumbrándola con una sonrisa y una ola de reiki, prácticamente cegando a Kaede que la miro perpleja sintiendo la extensión de la alegría de la mujer a través de aquella energía que había liberado.
— ¡Felicitaciones entonces muchacha, y por tu cumpleaños también, dale las gracias a tu madre por el kimono que me envió y las especias, la verdad es que el invierno se esta volviendo mas crudo… o ya mis viejos huesos están empezando a quejarse! —Dijo la anciana avanzando lentamente con ella a través de la aldea, pensativa. — ¿Qué sabes exactamente de tu familia en este tiempo? — Ella misma se había estado preguntando eso desde que empezó a ver los grandes poderes de la mujer junto a ella.
¡Er… nada anciana Kaede, he tratado de no investigar nada de ellos, no se lo que podría pasar si tengo contacto con alguno de mis antepasados, soy un "error" en este tiempo, y mis acciones podrían crear mas y terminar haciendo un caos o peor, cambiar algo de suma importancia en el futuro! – Dijo Kagome quedamente, negándose de lleno a seguir esa línea de pensamiento, hacia mucho tiempo, exactamente desde que había conseguido y arrastrado a Toga a su tiempo, por culpa de las consecuencias de sus acciones, que había decidido ser más cuidadosa respecto a sus movimientos en el pasado y conocer o interactuar con sus antepasados, estaba totalmente descartado.
— ¡Si, si tienes razón… pero deberías de averiguar en tu tiempo a ver que es de ellos, donde están y eso, por que en algún momento ellos vendrán a vivir a la aldea y a construir el templo, es bueno estar preparados, si es mi tiempo, yo no diré nada! — explico Kaede pensativa.
— ¡No Kaede, es mejor dejar al destino tranquilo, ellos llegaran en el tiempo indicado, no voy a ponerte mas carga de la que tienes, guardándome mas secretos!— Decidió Kagome deteniéndose frente a la cabaña de la anciana Kaede. — ¡Rin-chan esta cerca, si puedes habla con ella un poco, posiblemente te pregunte algo de… "bebes". — Dijo incapaz de contener una sonrisa de disculpa.
— ¡Och muchacha!... ¿Bebes?— Preguntó la anciana perpleja, mirando a la joven mujer dedicarle una sonrisa apenada, pero sin nada de remordimiento, con los ojos brillantes de risa apenas contenida, la visión aliviaba el corazón de la anciana, aun recordaba aquellos mismos ojos, velados por la angustia y la tristeza años atrás cuando empezó a entrenarse como sacerdotisa finalmente.
— ¡Si... la eterna pregunta que todos hacemos en algún momento!… "¿de donde vienen?", ¡lo siento anciana Kaede pero "esa" te la dejo a ti!… ¡tengo un millón de cosas que hacer hoy!—se despidió Kagome emocionada dejando a la anciana allí, en la puerta de su choza parada mirándola marcharse, perpleja con el tópico que pronto tendría que tocar con la joven Rin. Kagome terminó de cruzar el pueblo saludando con alegría a aquellos que la saludaban a ella, el día era perfecto, el sol brillaba alegremente en el cielo, despejado y azul, la brisa era fresca los pájaros cantaban alegres como celebrando ese día con ella y ella simplemente estaba feliz. Caminó sin prisas sondeando como siempre el bosque solo sintiendo la energía del árbol sagrado saludarla y la de Sesshomaru que se sentía por toda la aldea, y no era extraño que aun allí la sintiera después de todo este era "Sesshomaru" el Lord de las tierras del Oeste ni mas ni menos que un Lord cardinal, debía ser poderoso para mantener ese titulo, caminó derecho hacia el pozo, preparándose mentalmente para el sordo dolor y ahogo que desde hacia tres años ya la acompañaban en sus viajes en el tiempo, se subió al borde y se lanzo al vacío y el dolor la golpeo de lleno como un saco de ladrillos comprimiéndole el pecho y los pulmones, en un momento de pánico se desesperó tratando de respirar, lentamente conforme se obligo a calmarse recordándose que "podía" respirar solo que no lo "notaba", el dolor cedió y la presión se fue liberando lentamente hasta que pudo respirar con relativa normalidad, sintió el cambio de ambiente apenas toco el fondo y se disparo fuera de el pozo a máxima velocidad colocó el sello para que Inuyasha no cruzara, salio de la caceta y entro en su casa soltando sus cosas en la entrada. — ¡TADAIMA! – Saludo alegremente ocultando como siempre los episodios que sufría en sus viajes, y permitiendo que la alegría la colmara una vez más.
— ¡Hermana feliz cumpleaños!… ¿nada aun?—Saludó su hermano que estaba ahora mas alto que ella, refiriéndose como siempre a la batalla contra Naraku.
— ¡Gracias hermanito... nop nada aun el desgraciado, solo Kami sabe donde rayos se oculta!—saludo Kagome con cariño, para luego gruñir sus ultimas frases, su hermano sonrió de buena gana.
— ¡Ya lo encontraras! —Dijo el con absoluta seguridad. — ¡Ven mama esta en la sala! — Dijo agarrándole de la muñeca y arrastrándola a la sala donde su madre conversaba con un hombre que le pareció vagamente familiar aunque no podía recordar donde lo había visto antes.
— ¡Kagome cariño!— Saludo su madre desde el sillón, mientras el hombre la miraba con una sonrisa indulgente. — ¡Este es el señor Yusuke Saito, el ha venido a evaluar nuestro Templo para incluirlo en la lista de restauraciones que se están haciendo en esta zona!— Explico Sakura Higurachi sonriendo con los ojos encendidos de muda emoción, Kagome la miró un instante sorprendida por el excesivo despliegue de emoción de su madre, generalmente tranquila a puntos desesperantes y asintió perpleja.
— ¡Oh que bien… Errr… mucho gusto Saito-san!.. ¡Disculpe la pregunta, pero… ¿Nos conocemos?, ¡Es que, me parece conocido!... – Explicó Kagome observando con atención nuevamente al hombre, alto, mucho mas alto que ella que había pasado a su madre, de cabellos negros azabache y ojos azules y que se le hacia vagamente familiar, su madre la miro en blanco, mientras la sonrisa del hombre se acentuaba mas, haciéndolo ver atractivo, no por primera vez, Kagome sintió ganas de abofetearse por partida doble, primero por pensar en lo "guapo" que era este hombre y segundo por que la imagen de Sesshomaru había llameado con fuerza en su mente, al punto de hacerla sentir mareada.
— ¡Bueno de echo si… creo que fue hace un par de años o mas, cuando usted Srta. Bajaba por las escaleras del templo como una flecha y me atropelló, se disculpó y desapreció mas rápido que una liebre en época de caza!— Explicó el Hombre que parecía estar a finales de los 20 principio de los 30 no podía asegurarlo, pues sus ojos parecían guardar muchas cosas.
— ¡Oh por Kami, era "usted"!—Soltó Kagome mortificada, sonrojada y muy avergonzada, haciendo sonreír a su madre a su hermano imaginando la escena.
— ¡Si era yo! — Confirmo Yusuke señalándose a si mismo sonriendo abiertamente. Un sonido de deslizamiento brusco se escucho en la entrada interrumpiéndolos y Kagome miro su reloj de pulsera y cerro los ojos resignada y preparándose para lo peor, a ella siempre le pasaban "esas" cosas era injusto.
— ¿DONDE ESTA ELLA?—Resonó la voz de Yuka con un timbre histérico por toda la planta baja de la casa.
— ¡EL VESTIDO! — Siguió la voz de Eri en tono consternado.
— ¡EL CABELO POR KAMI EL CABELLO!—Chillo Ayumi horrorizada, como si no darle al cabello la importancia requerida fuera motivo de sacrilegio y pecado capital.
— ¡SIIII EL SALON DE BELLEZA NOS ESPERA! –Chillaron las tres llegando a la sala como estampida de elefantes, mientras Kagome sonrojada hasta las orejas, maldecía en su fuero interno el "excesivo" entusiasmo de sus amigas.
— ¡Hey… ho... hola chicas…! — Saludó Kagome riendo nerviosamente, viendo a las tres saludar a los presentes con un ademán distraído, antes de que tres pares de brazos la agarraran con firmeza y la arrastraran sin compasión fuera de la sala, bajo la mirada divertida y perpleja de su hermano su madre y el Sr. Yusuke. – ¡Esto... errrr chicas!... – balbuceo Kagome un poco intrigada por el brillo de frenética locura que exhibían los ojos de su amigas, mientras estas la arrastraban y ella se dejaba como siempre, ella nunca había podido decirles "no" a sus amigas desde el jardín de infancia, era simple, ellas salían con alguna loca idea y ella se dejaba llevar, siempre había sido una costumbre de ella tratar de complacer y hacer felices a los demás, sin importar lo que ello significara, para una muestra simplemente tenía que pensar en Inuyasha y lo que había sufrido hasta tocar fondo y dejado ir.
— ¡Vamos Kagome, te hicimos una cita en el salón de belleza con nosotras!—Dijo Eri extasiada casi botando de la emoción junto a sus amigas y ella.
— ¡Si tu madre nos dijo que ya habían comprado el vestido, que malita!... nos morimos de la curiosidad por verlo!—dijo Yuca haciendo un puchero lastimero.
—¡Si, seguro que Hojo-kun se declara hoy!—Soltó Ayumi emocionada con aire soñador, Kagome la miro estupefacta y casi podría jurar que habían 2 corazones en donde se suponía deberían de estar sus ojos, ella aun no podía creer que sus amigas AUN tuvieran esperanzas de emparejarla con Hojo, bueno ella no podía culparlas, al fin y al cabo ellas habían tenido unas vidas normales; las tres tenían novios y querían lo mismo para ella, ellas no habían tenido que recorrer el Japón de las guerras civiles de la era feudal, ellas no habían tenido que vivir dos vidas, ni luchar contra demonios tan reales como ellas mismas para arreglar un error completamente suyo y tener que madurar a las fuerzas; ellas eran alegres, despreocupadas y confiadas de la vida moderna, la moda, el amor, y los finales felices, no, ella no podía culparlas de querer su felicidad, estaba agradecida con la vida por tenerlas a pesar de sus largas ausencias y su lista de increíbles enfermedades; ellas la apreciaban y querían que su corazón aceptara a otro amor, pero era imposible ella no podía encontrar amor para si misma estando en el pasado la mayor parte del tiempo, ella no podía seguir su vida así siempre divida en dos, había afianzado entonces su decisión, que después de la boda de Sango y Miroku después de terminar la batalla contra Naraku, ella no regresaría a la era feudal, se quedaría en su época sellaría el pozo para bien y trataría de hacer una vida para ella si sobrevivía.
— ¡Bien denme un minuto para decirle a mi mama y buscar mi cartera! –Pidió Kagome sonriéndole a sus amigas, mientras se soltaba de ellas y se asomaba a la sala. – ¡Mama me voy con las chicas a "arreglarme el cabello"¿Qué tal? —dijo levantando las cejas cómicamente y poniendo los ojos en blanco.
— ¡Eso pensé cariño, la madre de Eri me aviso, tu cartera esta en el closet de la entrada! — Contestó su madre divertida con la escena. — ¡Dejé efectivo en tu cartera, tu tarjeta y movil están adentro, diviértete! –agrego sonriendo.
— ¡KAGOME APURATE! –chillo Eri impacientemente, demasiado emocionada por aquel día para restarle importancia al echo de que estaba siendo ruda.
— ¡Gracias mama eres la mejor!— Dijó Kagome antes se salir corriendo y sacar del armario una cartera de cuero negro con una correa delgada deslizandocela por el cuello y cruzándosela por el hombro derecho y el pecho dejándola descansar sobre su cadera izquierda, tomó también un sobretodo gris oscuro casi negro ue le daba a media pierna abrochándoselo con rapidez. — ¡Listo vamos!—Dijo finalmente, antes de que las chicas la arrastraran fuera de la casa en un ambiente festivo lleno de risas y conversaciones.
El ajetreo de aquel día parecía interminable, las chicas y sus conversaciones animadas, la emoción de la llegada del momento por el que tanto habían luchado, el que tanto habían esperado, se habían ido a la zona comercial en el nuevo auto de Eri, regalo de sus padres por su graduación y luego habían arrastrado a Kagome hasta el salón de belleza, el estilista que le había tocado atenderla, casi se había desmayado de placer cuando admiro la cascada de seda negra azulada en excelente estado, en la que tenía que aplicar su arte, para exaltar aun mas su belleza natural, después de lavarlo acondicionarlo e hidratarlo, lo secó hasta dejarlo lacio y brillante digno de un comercial de Shampoo, le coloco unos rulos enormes y la dejó junto a sus amigas, que no habían dejado de parlotear emocionadas, luego Eri había llevado a cada una a casa y las había ayudado a maquillarse incluso a Kagome a pesar de sus protestas logró convencerla con algo ligero logrando que aceptara finalmente.
— ¡Vaya! — Musito Kagome con temor reverente, observándose frente al espejo sin poder reconocerse, allí estaba la imagen mas chocante que había visto de si misma hasta ahora, el espejo de cuerpo entero mostraba a una mujer, no a la chica que había caído por un pozo y había viajado 500 años al pasado; el vestido con escote de corte princesa bordado en cristales que su madre le había ayudado a escoger, se entallaba a su cintura como un corsé dejando caer libre en una cascada la falda que parecía bailar con cada mínimo movimiento hasta sus tobillos, era de un azul rey intenso que se iba degradando hasta el blanco espumoso, sus pies se veían resaltados delicadamente por las finas trenzas plateadas de sus sandalias altas entrelazadas, el chal de seda Azul bordado con cristales a juego con el escote del vestido, lo llevaba colgado a su hombro izquierdo cubriendo hasta la base de su cuello y caía como una columna de agua brillante. Aun recordaba la expresión serena de su madre cuando había visto la marca y ella esperaba consternada que como mínimo le lanzara una mirada de reproche o algo, sorprendiéndola cuando solo había sonreído serenamente y comentado como quien comenta el clima que también necesitaría un chal, dejándola perpleja y muy confundida.
Kagome observo detenidamente su rostro, donde Eri había aplicado un poco lápiz negro y algo de rimel, una fina capa de polvo compacto, una ligera sombra plateada en los parpados y brillo labial, se había colocado pendientes de plata largos en forma de media luna y estrellas, para hacer juego con el colgante que su madre le había dado años atrás y se había convertido rápidamente en su joya favorita.
— ¡Estas hermosa hija! — Dijo Sakura entendiendo la expresión perpleja de Kagome muy bien, ella misma se había visto de esa manera a su edad cando se había descubierto como mujer y no mas una niña. – ¡Donde quiera que este, tu padre esta orgulloso de ti cariño!—Agrego viendo a su hija volverse a mirarla, ella era definitivamente una belleza impactante, de esas que no se olvidaban con facilidad, su figura, su porte su tez y su larga cabellera le daban el aire de la princesa que de echo era para ella, su princesa.
— ¡Vas a hacerme llorar, te quiero! –Dijo Kagome viendo a su madre vestir un elegante kimono negro con bordados plateados de lo que parecía ser un escudo de armas que estaba segura había visto en algún lado pero no lograba recordar, deslizo su mirada distraídamente por su habitación, todo igual que los últimos tres años, incluso el acostumbrado ramo de gardenias rojas, que nadie había podido explicar de donde llegaban pues no había tarjetas de ninguna floristería.
— ¡Oh no!... ¡No queremos eso cielo! —Exclamo su madre entregándole la túnica y el birrete, bajando la escalera seguida por ella.
— ¡Wow muchacha si no tuviera edad para ser tu padre me echaría a tus pies! —soltó Toga descaradamente una vez llego a la salida donde esperaban, dedicándole una sonrisa picara.
— ¡Toga tu tienes edad suficiente, para ser el "abuelo" de matusalén!—dijo Kagome sonriendo.
— ¡Mujer que cruel eres!—Bromeo de buena gana mirándola con abierto orgullo, durante los tres años que había estado allí viviendo junto a ella, el había entendido muchas cosas sobre la joven y la había visto esforzarse al máximo con aquellos estudios que eran en efecto algo importante para ella, estaba demás decir que ella se había ganado su respeto en todos los sentidos, como guerrera no desistía, sus instintos la empujaban a dar todo para proteger a los que consideraba suyos, era leal, amable y temible cuando la hacían perder la paciencia; con sus estudios persistente, simplemente no había otra forma para ella.
— ¿Hermana estas conciente de que mañana tendré que golpear a toda la escuela?... ¿No puedes simplemente parecer insípida, tonta y poco interesante, por mi? —Dijo su hermano mitad bromeando mitad en serio, observó Kagome con atención, ella era uno de sus principales orgullos, su hermana mayor era genial en todos los sentidos, con una misión que estaba decidida a cumplir, había demostrado que no era ninguna cobarde y de ella y su ejemplo, el mismo había aprendido a sacar valor para enfrentar sus propias pruebas; ella había estado alejada de ellos por esa misión que luchaba por completar incluso por el bien de ellos su familia, sabía muy bien que ella era sensible en ese tema, sus ausencias y el no haber estado allí los últimos tres años para él, era algo que ella odiaba y él también lo admitía para si mismo, pero estaba decidido a hacerle las cosas fáciles a su hermana, para que pudiera terminar su tarea y volver a casa con ellos, después de todo, la vida no le había dado a su hermana nada fácilmente.
— ¡Bueno!... ¡Puedes decirles que estoy comprometida y dejaran de molestarte!—dijo ella sonriéndole sin notar la expresión sombría de Toga ante sus palabras, él sentía un peso en su pecho cada vez que pensaba en la situación de su hijo y Kagome, mas aun cuando todo apuntaba a que ella había decidido abandonar el Sengoku una vez completara su misión.
— ¡Vamos, vamos muchacha, no vaya a ser que lleguemos tarde!— Apuró su abuelito mirándola con lagrimas de orgullo en los ojos, Kagome lo abrazó y subieron todos en el auto que al final, después de insistirle su madre había accedido a comprar. Llegaron al anfiteatro del que desde ese día seria su antiguo colegio finalmente, Kagome dejó a sus amigas alucinadas con el vestido y los accesorios, sus profesores y todo el conjunto la hizo sentirse un poco nostálgica, ella extrañaría aquel lugar lo sabía en su corazon, pero la vida avanzaba y ella debía hacerlo también.
—¡Buenas tardes Generacion 2009; Al inicio recibimos este cambio con un poco de temor, después de todo esta etapa valga la redundancia, es de por si el inicio real de nuestra vida adulta, aquí hicimos amistades que nos duraran toda la vida, aquí aprendimos todo lo que la "educación escolar" puede enseñar y mas, aprendimos a vivir, a tomar decisiones, aprendimos tantas cosas que no me alcanzaría este día para nombrarlas todas y los mataría de aburrimiento… dijo Kagome sonriéndoles cuando todos empezaron a reír ante su cometario. – ¡En fin aquí estamos listos para construir nuestros sueños a futuro, hemos madurado creo… hoy terminamos la secundaria y tenemos ante nosotros un mundo de posibilidades, espero que todos logremos lo que deseamos en nuestras vidas y encontremos la felicidad; no olvidemos quienes somos, ni de donde hemos venido, no dejemos de lado la humildad, ni nos olvidemos de dar y recibir, en este día cerramos un ciclo la etapa donde se terminan los últimos años de nuestra niñez y adolescencia, y empezamos de lleno a ser adultos, recordemos siempre ser responsables, pero no matemos ni olvidemos por completo a ese niño que todos llevamos dentro de nuestro corazón, no dejen de reírse y de apreciar las pequeñas cosas de la vida, y si la vida nos golpea y nos tumba, tengamos el coraje de levantarnos de nuevo, sin ira contra ella, sus golpes nos enseñan… no dejen de soñar si?... Felicitaciones generación 2009 ¡Lo hicimos!— Finalizó el emotivo discurso, sabía que no había sido académico, pero en realidad había salido de su corazón y era su intención darles un mensaje que tocara sus corazones que recordaran cuando la vida les sorprendiera, ella sabía que sus palabras no serían olvidadas, por que habían sido escuchadas no solo con los oídos si no con el corazón, ella había sentido la esperanza en los corazones de sus compañeros y los de las otras secciones florecer, con sus palabras y se sentía tranquila por eso, sonrió alegremente cuando todos lanzaron sus birretes al aire sus compañeros se abrazaron llorosos de la emoción. — ¡lo hicimos! — susurró para si misma.
— ¡Oh Kagome eso fue hermoso! — dijo Ayumi entre hipidos antes de que las tres la apretaran en un abrazo grupal, Kagome sonrió con los ojos aguados de la emoción, si habían cerrado una etapa, ya nada sería lo mismo, ellas partirían a alguna Universidad y ella a asegurarse que el pasado estuviera a salvo y el futuro siguiera su curso.
— ¡Fotooo! —Canto Yuka alegremente sacado automáticamente una cámara digital y disparando flash por todas partes, junto a Eri y Ayumi que parecían negarse a quedarse atrás; Sota les tomó varias fotos con sus amigas, con sus profesores, los padrinos de su graduación y por supuesto con su familia él, Toga, el abuelo y su madre, todos rodeándola en un circulo de amor, el día no podía ser mejor que eso, había decidido ella aquella noche.
— ¡Hermosas palabras Higurachi! — Saludó Hojo horas después apareciendo sonriente junto a ella.
— ¿Hojo que haces aquí? – Pregunto Kagome sorprendida, realmente el no podía seguir interesado en ella, era ridículo, descarto de plano.
— ¡Nada, vine a verlas a las chicas y a ti Higurachi!— Explicó lanzándole una mirada apreciativa a Kagome que hacia rato se había quitado la túnica y el birrete.
— ¡Oh... que bien por cierto felicitaciones a ti también!—contesto ella un poco cohibida por mirada de apreciación masculina que podía notar en el joven, tan evidente que ella finalmente había llegado a notarlo y no le había echo gracia alguna.
— ¿Nos vamos Kagome? — Dijo Toga agarrando su brazo y colocándolo caballerosamente sobre el suyo, apareciendo entre Hojo y ella de la nada impidiéndole al joven acercarse mas a ella, lanzándole una mirada oscura advertencia al joven. Tal ves Kagome fuera demasiado inocente aun y no podía entender algunas cosas respecto a su hijo y respecto a los hombres en general, pero el era un Inu-youkai y podía oler a kilómetros la excitación puramente sexual de aquel joven hacia su nuera y no estaba feliz, si bien muchos la habian deseado ninguno se había acercado a ella, contentándose con anhelarla de lejos, "ella era de su hijo" y ningún mequetrefe iba a interferir en eso, aunque tuviera que desmembrarlo pedazo a pedazo, no era que eso le costara mucho a el, después de todo, nadie tocaba "JAMAS" a la compañera de un Inu-Daiyoukai y vivía demasiado.
— ¡Oh Toga claro ya estoy agotada! — Contestó Kagome sonriendo ante la cara de Hojo que había adquirido una expresión de haber tragado algo muy amargo. — ¡Toga este es Hojo, Hojo este es Toga!— los presentó inocentemente sin notar como Hojo le lanzaba una mirada desafiante quedando muy disminuido frente a Toga que a su vez lo achicharraba con la mirada llena de desden y superioridad casi develando su naturaleza real.
— ¡Vamos entonces, tu abuelo esta agotado! — Mintió descaradamente sabiendo que su tono no admitiría dudas, mientras descartaba con la mirada al joven y se la llevaba con el casi riéndose a carcajadas, su bestia gruñia oscuras promesas al hombre mortal. Si aquel chico creía que él era malo, es que nunca había visto a un "compañero" Inu cegado de los celos, desmembrando a cualquiera que atentara contra "su unión" con su compañera, bien sabido era que solo sus compañeras estaban a salvo de la ira de un Inu rabioso, y sabía que su hijo habría derretido l-e-n-t-a-m-e-n-t-econ su veneno a aquel cachorro en el sitio, para revivirlo y empezar el proceso de nuevo siempre, disfrutando sanguinariamente los gritos de sufrimiento que sin duda aquel hombre emitiría, sin remordimiento alguno.
— ¡Oh Toga eres un perro muy, muy malo! — Rió Kagome cayendo en cuenta de lo que había pasado cuando llegaron a casa.
— ¡Vamos el cachorro estaba babeando sobre ti Kagome! –Se burlo Toga sin piedad riendo a carcajadas, por la expresión perpleja de Kagome.
— ¡De verdad hermanita Hojo estaba babeando sobre ti! — Confirmó Sota jocoso, dándole un codazo a Toga antes de deshacerse en carcajadas frente a ella, como si uno no fuera un adolescente-adulto en ciernes y el otro un Demonio milenario con siglos de edad mas viejo que el polvo.
— ¡Ustedes dos son imposiblemente malos!—dijo ella sin poder evitar sonreírles.
— ¡Vamos muchacha necesitabas que te rescataran! — Comentó su abuelito con un brillo pícaro en los ojos, su madre solo rió sin hacer comentarios lo que ella agradeció profundamente.
— ¿Abuelito tu también?... ¡ustedes están muy pero MUY mal!...—Rió ella cediendo y entrando con su familia a la casa. Si había cerrado una etapa, solo faltaba terminar otra y finalmente estaría libre para pensar en ella, en lo que el futuro depararía para ella. Nunca vio la sombra bajo el Goshinboku observarla antes de desaparecer nuevamente con solo una ráfaga de viento como única prueba de su presencia, dentro de la casa Kagome sintió algo tibio casi como "alivio" abrazarla por un instante, como solía pasar a veces, ella lo había asociado con el tiempo a su amigo fantasmal así que suspirando profundamente se dispuso a quitarse el vestido el maquillaje y bajar a celebrar su cumpleaños con su disfuncional familia, ¿por que quien si no ella, tendría un fantasma de amigo, un lord Inuyoukai viviendo en la era moderna?, ella siempre ella Kagome.
Owari…
