Antes que nada, quiero aclarar que Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U¡ me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi hiperactiva y loca imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa casualidad. Aclarado este punto quiero señalar que cambiare a mi gusto muchas escenas del manga y anime para adaptarlo a mi fic, espero les guste esto es un Kagome/Sesshomaru a aquellos que no les guste esta pareja simplemente escoja otro fic n_n¡.
Atentamente:
La Autora
Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)
"Así pues ahora aquí estamos, frente a frente tu y yo, dime ahora tú mi amado, ¿no soy una en un millón?... ¿Quién si no yo te ama? A pesar de las heridas que dejaste en ni alma, que dejaste en mi vida?, dime amado ¿por que callas? Por que esa acción desmedida, el silencio de tus labios, van a acabar con mi vida. De la angustia dolorosa quiero correr y ocultarme, pues el silencio finalmente ha hablado, de una manera cobarde, mi corazón sangrante llora, pues de ti no supe nada, sin esperar la alborada voy a liberar mi alma, de mi cuerpo ya no importa sin un corazón es carga…"
Elizabeth Lara.
Cap 17: Confrontaciones, el deseo correcto…
Conforme caían al vacío, Sesshomaru aferraba contra si el cuerpo inerte de Kagome, la rabia, la aprehensión, la vergüenza y la culpa le aferraban la garganta con fuerza, las sucias palabras de Naraku sobre su unión con Kagome, sus asquerosas mentiras contaminando el significado sagrado de un emparejamiento Inu; y todo era su culpa, si tenía que admitir, que debió haber previsto que Naraku se enteraría de su emparejamiento, y lo usaría a conveniencia, el Hannyo lo había echo, y los ecos del dolor, el shock y la profunda vergüenza de su compañera era un amargo sabor en su boca, que ni aun su veneno podía superar, bajó la mirada hacia su compañera mientras aterrizaba suavemente sobre sus pies. Inuyasha y el resto de sus compañeros le dedicaron una mirada acusadora, que el ignoro olímpicamente y empezó a avanzar en silencio hacia la choza de la anciana miko, primero atendería la salud de su compañera, después se encargaría del resto del mundo, después, mucho después, decidió.
Había sido una sorpresa para todos ver hasta donde los había llevado Naraku para la librar batalla final, la enorme araña había regresado a la aldea de Kaede, donde aquella historia se había iniciado tantos años atrás, cuando Kikyo vivía, y había cuidado del moribundo y quemado bandido Onigumo, quien a su vez se había obsesionado enfermizamente con ella, codiciando su belleza al punto de ceder su cuerpo y hasta su negra alma a los demonios para poseerla con la ayuda de la Joya sagrada que la Sacerdotisa custodiaba, con engaños logró que ella se llenara de odio y sellara al único que había amado verdaderamente, muriendo en el proceso pues la joya que había deseado para ayudarse en su objetivo al final lo había traicionado; tampoco había contado con el deseo de Kikiyo de alejar la joya maldita, de los codiciosos que destruirían la aldea tras su muerte en su afán de obtener la joya y su engañoso poder, a tal punto había sido su empeño, que se había llevado con ella de aquel mundo a la joya maldita, sin saber que ésta buscaría en el futuro la forma de volver a su mundo a sembrar caos y destrucción a su paso. Había pasado una día después de la batalla, Kagome había caído en una profunda inconsciencia que los alarmo a todos, en especial a Sesshomaru aunque no lo expresara en voz alta, Kaede aseguraba que ella estaba bien que no debían preocuparse pues solo se había agotado con la ultima batalla, donde había usado una gran cantidad de poder, con el cual finalmente habían derrotado finalmente a aquel, que había destruido tantas vidas en su en su codicioso deseo de alcanzar poder, de dominar a todos bajo su puño.
Para ellos aun era extraño, aun no podían creer que finalmente casi había acabado todo, pues aun quedaba el no tan pequeño asunto de "destruir" la perla, Inuyasha había aceptado ya que no había mas salida que destruirla para bien, Miroku no podía dejar de mirar su mano completamente libre de maldición desde que habían llegado a la choza de la anciana Kaede, se había quitado el rosario, aun con temor de encontrar la prueba de la maldición de Naraku, allí presente aun en su cuerpo, pero al ver la palma perfectamente formada, sin agujero negro no pudo hacer mas que ver incrédulo su mano hasta que finalmente acepto que no estaba soñando, realmente Naraku se había ido; y Sango no podía dejar de abrazar a su hermano cada vez que podía, de celebrar cada paso, cada respiro, cada tímida sonrisa de su hermano si, él había sufrido en mano del Hannyo, pero tenía fe de que podría ayudarlo a recuperase y con el tiempo a perdonarse, miraba con miedo a Sesshomaru, preguntándose cuando tomaría su vida en represalia por lo que había estado a punto de hacer con Rin, pero este no había prestado mas atención que a Kagome. Inuyasha y Kikyo hablaban en susurros mirando constantemente a Daiyoukai sentado junto a Kagome guardándola, de donde nadie había pensado e incluso intentado hacerlo mover, era obvio para todos ellos que nada de lo que le dijeran lograría arrancar a Lord de su auto-impuesta guardia, no había bebido ni comido, no había siquiera descansado desde que habían llegado y no parecía dar indicios de que fuera a moverse en un futuro muy cercano.
Por otra parte, dentro de Daiyoukai el remolino de emociones era tan brutal, que otro ser mas débil habría enloquecido, su bestia rugía de furia lanzando todo tipo de acusaciones que no podía siquiera refutar, así que mientras su bestia rugía caminando de un lado a otro enjaulada, él soportaba estoico cada insulto, cada promesa, cada amenaza sin alterase, hundiéndose en la culpa y la vergüenza, lo merecería y era algo que no iba a discutir, jamás debió dejar que otro le explicara lo que había sucedido aquella noche, lo que el mismo había iniciado sin saberlo siendo un cachorro, por que el recuerdo estaba allí, vago y borroso, no podía ver la imagen de ella, pero su voz y su olor estaban allí enterrado entre sus recuerdos mas lejanos; su padre debía estar revolcándose en su tumba de la indignación de ver cómo había tratado a su compañera y su unión con ella, cuando su madre se enterara y se enteraría, la mujer le amargaría aun mas la vida con sus posibles comentarios. Pensar que los primeros minutos renegó de su unión, maldijo y se enfureció por estar atado a ella, maldijo a su padre imaginado que estaría desternillándose de risa por la ironía del destino, "él" que siempre había criticado abiertamente su relación con la madre de Inuyasha desde que se había enterado, "él" que había despreciado y desdeñado con saña a los humanos en especial a las mujeres, estaba atado a una irrevocablemente. Si, el destino era una perra vengativa se dijo apartando los mechones de oscura seda del rostro de su compañera con extrema delicadeza no queriendo hacerle daño alguno con sus mortíferas garras, no la merecía, pero la tenía se dijo en su fuero interno.
Una de las cosas mas extrañas de la inconsciencia es recuperarla, el mundo parece estar presionándose dentro del cerebro para hacerse notar, generalmente se toma conciencia primero del cuerpo, pero ella no, ella nunca podía reaccionar como el resto de los mortales, así que lo primero que sintió fue la fuerte presencia de Sesshomaru envolviéndola total y completamente, su energía y la de él un bucle interminable, profundamente entrelazadas al punto de finalmente reconocer la sensación que había estado sintiendo durante los ultimo tres años, lo segundo fue el vértigo en el fondo de su estomago, la sensación de caer aun estando en la tierra y lo tercero fue la suave estola envolviéndola. Kagome pestañeo un par de veces sintiéndose un poco desorientada dos días después de la ultima batalla, notó también finalmente la perla encerrada en su mano derecha junto a varios cuarzos que había usado como conducto para destruir a Naraku…
— ¡Naraku!— murmuro inaudiblemente, entonces los recuerdos llagaron con cruel claridad a su mente, Naraku, la batalla…
*¡Esa marca estúpida humana, es una marca de lo que un humano llamaría "matrimonio",
Eres su compañera… "humana", "patética", "débil" y sin atractivo alguno,
Eres tan inaceptable para él, que incluso todos tus "fieles amigos" y él te lo han estado ocultando*
Recordó las palabras de Naraku, llenas de cruel burla, sintió como cada una de ellas se clavaba en su corazón como un puñal ardiente, el dolor, la confusión, que había sentido en aquel momento volvió con fuerza dejándola sin aire. Sus ojos azules se abrieron de golpe chocando inmediatamente con las orbes doradas de Sesshomaru siempre impasible, ella apartó la mirada avergonzada y trató inútilmente de sentarse, la estola estaba aferrada a ella de tal manera que le impedía moverse con libertad.
— ¿Podría… soltarme por favor Lord Sesshomaru? — Dijo Kagome sin mirarlo, la mortificación era demasiada y como esperaba, él no dijo una sola palabra y solo se limitó a liberarla de su Mokomoko-sama, Kagome se sentó notando que alguien la había cambiado de ropa y le habían colocado uno de los vestidos que su madre le había regalado otra vez.
— ¡Ya has despertado muchacha nos tenías preocupados! — Dijo la anciana Kaede dándole un vaso con agua intentado inútilmente, romper la tensión que podía palparse con las manos alrededor de aquellos dos poderosos seres.
— ¡Lo siento, creo que me excedí un poco!... — Se disculpó Kagome recibiendo el vaso agradecida de tener algo con que distraer su atención del hombre aun junto a ella, abrió la mano derecha mirando a la perla brillar reluciente, la oscuridad con la que había sido imbuida había desaparecido. — ¿Lo hicimos entonces… a terminado de verdad?
— ¡Si muchacha, y todos están bien! — Dijo la anciana contestando la pregunta que Kagome había formulado silenciosamente.
— ¡Gracias a Kami! — Dijo Kagome en un suspiro aliviado tomándose el vaso de agua en dos tragos. Sesshomaru estaba junto a ella, tratando de formular las palabras, tratando de explicarse por primera vez en su larga vida, él era quien tenía que dar explicaciones, disculparse incluso y allí estaba, toda la etiqueta y diplomacia que le fue instruido desde cachorro no le estaba sirviendo de nada, no podía simplemente formular palabras y lanzarse a explicar los motivos, el por que, su mente se había derrumbado al ella usar un honorífico para dirigirse a él, ella "nunca" había usado un honorífico con él, era ella quien estaba poniendo distancias entre ambos y el dolor de su bestia y el propio era insoportable.
— ¡Los dejo entonces supongo que tienen que hablar! — Dijo la anciana retirándose y dejándolos a solas incapaz de soportar la energía llena de tensión de aquellos dos. Kegome no se atrevía a mirarlo, ni sabía que podía decir, ella no quería ni podía creer lo que Naraku había dicho, aun cuando la unión estaba allí ahora mas clara y mas fuerte que nunca, ahora que podía explicar la extrañe energía que siempre la rodeaba; Sesshomaru parecía que no iba a decir absolutamente nada, largos minutos pasaron en tenso silencio antes de que Kikyio e Inuyasha entraran rompiendo la tensión que había en el ambiente tras la salida de Kaede, Kikyio la había visto atentamente desde la entrada antes de sentarse junto a ella y colocar su fría y dura mano sobre la de ella, donde empuñaba la Joya maldita, en señal de silencioso apoyo.
— ¿Están bien entonces?... — Dijo Kikyio haciendo a ambos tensarse cuando esta los miró a ambos, notando con pesar que aun no habían resuelto nada, estaba dispuesta a apostar que ni siquiera se habían mirado el uno al otro, le dirigió una mirada llena de intención a Inuyasha, y este se la devolvió con resignación, él conocía su posición, tres años atrás ella misma se lo había advertido.
— ¿Es verdad? — Preguntó Kagome finalmente decidida a acabar con la incertidumbre. — ¿Sesshomaru? — Insistió Kagome mirándolo por primera vez desde que Naraku soltara aquellas palabras, sentía la unión, pero necesitaba escuchar las palabras para hacerlo totalmente real en su mente, mientras el Daiyoukai permanecía en estricto silencio sin siquiera mirarla.
— ¡Si Kagome es verdad!— Dijo Kikyio finalmente, ya no importaba que Sesshomaru la terminara de enviar al otro mundo, después de todo Naraku estaba muerto y la perla había sido purificada y devuelta a su guardiana legitima, ella podía irse en paz. Kagome cerró los ojos angustiada y respiró profundamente tratando de calmarse su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho y ni siquiera el tibio medallón podía consolar el desgarrador dolor que parecía partirla por la mitad, *** ¿Tanto desprecio tenía por ella, tal era la vergüenza que le causaba, Naraku tenía razón? — *** Pensaba con la mortificación subiéndole como hiel por la garganta.
** ¡Rechazas todo lo que no quieres sin darle oportunidad a probarse digno de ti!…** recordó sus propias palabras, y estas la golpearon con tal fuerza, que de no haber estado sentada la habrían lanzado al piso en un golpe demoledor.
— ¡Acompáñame a tomar una baño Kikyio por favor!— Rogó Kagome desesperada queriendo alejarse lo mas que pudiera del Youkai. —¡Después… quisiera hablar con usted Lord Sesshomaru, déjenme despertar del todo y vuelvo a aclarar esto!— Dijo Kagome sin mirarlo levantándose un poco tambaleante con ayuda de Kikyio, el Daiyoukai no contesto, ella sabía que bien podía regresar con las mil y un preguntas que explotaban en su cabeza y encontrarse con que él se había ido; no le importo, alguien contestaría sus preguntas si no él, "Inuyasha", si no entonces sería "Toga", ahora entendía la reacción de Toga respecto a la bendita marca, ahora entendía por que le había insistido en que hablara con Sesshomaru sobre eso. Involuntariamente bajo la mirada de Dos Inu y Kikyo, Kagome sacó de su bolso todo lo que necesitaría para asearse y vestirse nuevamente, salió de la cabaña caminando automáticamente sin ver realmente a nadie, demasiado sumida en sus pensamientos para ver sus alrededores, se baño y vistió mecánicamente bajo la atenta mirada de Sango que se había unido a las sacerdotisas, y se había enterado por medio de Kikyo lo sucedido en la cabaña de su hermana, el corazón le dolía por su amiga, la culpa y la vergüenza de haber contribuido era el precio que tenía que pagar.
— ¿Estas bien Kagome-chan? — Preguntó Sango minutos después, Kagome se había vestido y se había quedado allí estática mirando sin ver su reflejo en el agua, como esperando que las respuestas a su nuevo dilema se reflejaran en la superficie.
— ¡Ustedes… lo sabían y no me lo dijeron!... — Dijo Kagome finalmente con un deje de tristeza, Kikyo y Sango se removieron incómodamente mirándose con culpa entre ellas, Kagome no había echo una pregunta, no, simplemente se había limitado a aclarar ese punto, ambas asintieron incapaces de contestarle. — ¿Por qué? — preguntó con la voz quebrándose, como su corazón en ese instante. No comprendía por que le habían ocultado algo tan importante como aquello, ella jamás les habría dejado en la ignorancia sobre algo, ella siempre se había dedicado a compartir con todos sus conocimientos.
— ¡Él no quería que… —empezó a decir Kikyo siendo cortada por el crudo dolor que vio en los ojos de Kagome, bajó la mirada avergonzada, ellos había contribuido a crear ese dolor en aquel ser tan puro que había iluminado sus vidas, sentía que había cometido un pecado, un sacrilegio imperdonable, al contribuir con aquel crudo y desgarrante dolor.
— ¡Ya veo…!, Regresemos!...— Cortó Kagome lacónicamente incapaz de escuchar lo que era obvio; deshaciendo sus pasos regresó a la cabaña de Kaede, Sango se quedó en el camino buscando a Miroku y a su hermano, Kikyio y Kagome entraron a la cabaña donde los Inus parecían no haberse movido ni un centímetro. Kagome los observo a ambos con detenimiento un momento, ambos una mezcla perfecta de Toga, con su propio toque personal se dijo. — ¡No puedo creer que me ocultaras algo así Inuyasha, eres como una hermano para mi, sin embargo me ocultaste esto!...—Dijo Kagome lanzando sus cosas al descuido dentro del bolso.
— ¡Kagome yo … — Trato de excusarse el aludido, aun sabiendo que no había realmente excusa alguna a que aferrase, el había aceptado, bien pudo negarse, pero no él había aceptado y se había prestado para engañarla y ahora debía aceptar lo que su hermana dispusiera como castigo.
— ¡NADA!, ¡Inuyasha, no tienen excusa alguna, ninguno de ustedes a los que he llamado mis amigos, MIS HERMANOS durante todos estos años, tienen excusa alguna para mentirme y engañarme!—Soltó Kagome con toda la rabia y dolor contenida dentro de ella, liberándola sobre los presentes como un toxico veneno justo en el momento que Sango y Miroku entraban a la cabaña y hacían gestos de recibir un golpe físico. — ¡Puedo entender que Lord Sesshomaru nunca quisiera decirme algo así, Kami puedo entenderlo muy bien, por que se lo que siente hacía los humanos, y se que nunca bajo ningún concepto estaría de acuerdo con semejante unión, pero ¿ustedes? —Dijo Sobresaltándolos a todos profundamente el dolor y profunda desdicha que destilaban sus palabras. Sesshomaru se tenso congelado por sus palabras, por las crudas emociones atadas a ellas, su bestia rugía negando enloquecido y el tuvo que concentrarse en calmarla, y escuchar en silencio a su compañera, al menos le debía eso.
— ¡No teníamos derecho a decirte esto Kagome, para los Youkai! — empezó a explicar Inuyasha en un vano intento de calmar a su amiga.
— ¡No digas una sola cosa mas, no me digas UNA MALDITA COSA MAS!... — Lo cortó Kagome secamente y se volvió a mirar a Sesshomaru. — ¡Mírame Sesshomaru! — Exigió Kagome logrando que el aludido la mirara de inmediato. — ¿No ibas a decírmelo verdad?... ¡aunque enloqueciera tratando de entender lo que estaba pasándome TU no ibas a decírmelo!...— Dijo ella viendo en el intenso brillo de sus ojos la verdad, él no había pensado en decírselo jamás, así enloqueciera, así ella siguiera con su vida y se casara con otro hombre, el no iba a decirle la verdad, la idea de otro hombre le provoco nauseas pero empujo la sensación a un lado, no quería a ningún hombre estaba claro que su destino era estar sola, los hombres de la raza que fueran, solo significaban problemas y sufrimiento para ella.
— ¡Pero, pero… — Balbuceo Inuyasha tratando de aliviar la angustia de su amiga, aunque sabía que no merecía el titulo, pues con sus propias acciones había manchado aquella amistad, lo sabía aun así ya nada podía hacer.
— ¿Cómo pudiste Sesshomaru, como te atreviste a ocultarme algo así?... ¿acaso no tenía derecho a saberlo?... ¡Si ya se que soy una "patética humana" lo se... créeme! "¡LO SE!", ¡aun así tenía derecho a saber y entender lo que estaba sucediendo!… ¿Creías que iba a rogarte o presionarte para que te quedaras conmigo?... ¡Puedo ser humana pero tengo algo llamado "dignidad", insultas mi inteligencia al pensar que puedo creer que sientes "algo" mas por mi, a parte del deprecio general que sientes por TODOS los humanos! — Ya poco le importaba si éste la mataba por sus acciones, de cierta forma él había logrado lo que Naraku, ni nadie había logrado hasta ahora, la había herido profunda y mortalmente; cada palabra destilaba dolor, amargura y mucha tristeza, cada palabra se clavaba en ambos como una daga ardiente, Kagome estaba dejando salir su dolor, volcándolo sobre él, y Sesshomaru estaba allí aceptándolo, sabía que lo merecía y mas, su mente era un caos, las palabras estaban allí agolpándose unas con otras, mas él no sabía como hacer uso de ellas, no sabía como empezar a explicarse y ella estaba allí frente a él echa una furia toda fuego y dolor, rompía su corazón y el de su bestia verla a si, pero no sabía como empezar, no sabía que decir exactamente, pues ella tenía toda la razón. — ¡Me equivoque contigo!, ¿sabes?... ¡al menos esperaba que me "respetaras" un poco, por lo menos como aliados, pero veo que no, veo que puedo haberme superado como sacerdotisa e incluso como guerrera… pero siempre seguiré siendo la misma chica estúpida, ingenua y crédula, confié en ti, en que TU al menos me arrojarías las verdades en mi cara… fui y soy una maldita tonta! — Finalizó con un agotado suspiro, tragándose el doloroso nudo que tenía en la garganta — ¡No vas a decir nada!, bien… ¡Ya veo… entonces!… —Murmuró acercándose a su bolso y sacando un fajo de sobres y un libro pequeño del tamaño de un diario que había estado escribiendo desde que llevara a Toga a su época; aferró el fajo de cartas y el libro contra su pecho con un gesto decidido antes de volverse y ojear los sobres y extenderle uno a Sango en silencio.
— ¿Kagome? — Dijo Sango confundida recibiendo un grueso y pesado sobre, mirando a Kagome perpleja, no entendía que significaba aquello, después de escuchar y sentir el dolor de su amiga, esperaba que se volviera a ellos y les reprochara su innegable traición, sin embargo allí estaba entregándole un pesado sobre sin explicaciones.
— ¡Eso es para ti, léelo atentamente y guárdalo muy bien, espero de corazón que te ayude mucho, a pesar de todo eres mi mas querida hermana! – Dijo Kagome entregándole otro a Kikyo dedicándole una sonrisa— ¡Esto, es para ti espero... si te decides, le des un buen uso y no abuses de esto que estoy dándote! — Dijo Kagome colocando junto a Sesshomaru el libro y sobre el un sobre. — También te pido por favor, por el bien de Rin que leas esto muy bien y luego cuando ella esté en edad de leerlo por si misma se lo entregues!— Agregó volviéndose hacia Inuyasha, arrancando la mirada de Sesshomaru, dolía verlo, dolía como jamás le había dolido Inuyasha, dolía tanto que no podía respirar.
— ¿Se puede saber que diablos es esto?—Dijo Inuyasha mirándola confundido, con la sospecha clavándole las garras en las entrañas, él no era completamente estúpido, sabía lo que sucedía, así como sabía aquel día en la tumba de su padre que el todos lamentarían el día e que Kagome descubriera la verdad por boca de otro que no fuera alguno de ellos, Sesshomaru incluido, maldito idiota, se lo dijo, tres años tras él, para que Naraku se lo escupiera en la cara de la peor manera posible.
— ¡Ya e acabado mi misión Inuyasha, no se los había comentado pero existe la posibilidad que mi tiempo aquí se acabe pronto, no soy de esta época, no he nacido aun, creo que ni mi madre a nacido aun… así que en cualquier momento simplemente me desvaneceré y dejaré de existir en esta era, yo aun no existo! — Kagome respiró profundo y explicó sin notar el brillo de silenciosa alarma en los ojos de Sesshomaru. — ¡Es tiempo de destruir la perla chicos, Kikyio lamento mucho no poder desear tu regreso y tu conversión Inuyasha, la leyenda dice que tengo que pedir el deseo correcto y después de pensarlo bien ya lo tengo!—Finalizo cargando su bolso sobre sus hombros ante las perplejas miradas de sus compañeros de batalla.
— ¿Te vas?—Salto Sango consternada, ella había pensado que se quedaría un tiempo con ellos, sabía que tendría que irse pero quería ser egoísta y conservarla con ellos mas tiempo.
— ¡Mi tiempo se acaba amiga, no se en que momento desapareceré!—Explicó Kagome encogiéndose de hombros, enterrando su dolor profundamente cuando llegara a casa, ya lloraría, maldeciría y le daría varias descargas de reiki a Toga por callarse algo así. – ¿Salgamos si?... ¡Quiero ver la aldea antes de irme! — Dijo Kagome sin esperar respuesta saliendo de la cabaña desesperada por poner distancia entre Sesshomaru y ella, no podía respirar, él ni siquiera se había dignado a explicar por que había pasado eso en primer lugar, por que jamás iba a creer que la había marcado por que había querido hacerlo, los dioses malditos fueran todos, realmente jugaban con ella, unirla a él de alguna alocada manera, era la cosa mas ridícula que habían podido hacer, ellos disfrutaban con su miseria y ya no podía negarlo, un Daiyoukai que odiaba a los humanos, con una sacerdotisa humana, era toda una aberración para él, eso era mas que seguro, al menos se dijo en su fuero interno, no había resuelto el problema matándola y abandonándola en algún camino y eso era al menos aun alivio.
— ¡Mami!—Chilló Shippo saludándola antes de lanzarse a sus brazos, Kagome abrazo al pequeño Kitsune y su corazón sucumbió y lloró, lloró por ella, lloró por dejar a su amado hijo atrás, por que ahora aunque pudiera regresar no lo haría, pondría un sello permanente en el pozo y no regresaría jamás, dejaría a su bebe atrás. — ¿Por que lloras?... ¿Inu-baka.. Que le hiciste a mi mama? — Dijo el pequeño mirando molesto a Inuyasha que venía junto a Kikyio e hizo un gesto de defensa ante el ataque del chico, Sango, Miroku y un relegado Sesshomaru venían justo tras de ellos.
— ¡No me hizo nada cariño… solo, a tengo que irme bebe, y no creo que regrese mi misión esta completa! — Explicó Kagome secándose las lágrimas y mirándose reflejada en los verdes ojos de su hijo adoptivo ahora llenos de lágrimas, quería recordarlo así, daba gracias a su corazonada de último momento, al menos su cámara tenía fotos de todos ellos, todos incluido Sesshomaru, cerró los ojos agotada por un instante y volvió a mirar a su hijo.
— ¡NO! – Chilló el joven aferrándose a ella, en un intento de retenerla con él, en el fondo había visto la decisión de su madre en sus ojos azules, sabía que no cambiaria de opinión, estaba dejándolo, no quería dejarlo lo sabía, pero igual, se iba.
— ¡Tienes que crecer fuerte Shippo para que te conviertas en Youkai poderoso, pero no abuses de tu poder, no olvides a tu madre humana, recuerda que no todos los humanos son benévolos y sobretodo recuerda que te amo con todo mi corazón y deseo que vivas una larga vida!—Dijo Kagome abrazándolo una vez mas y obligándose a apartarse de él — ¡Esto es para ti, léelo bien y consérvalo! — Dijo entregándole un sobre pesado que el chico recibió agarrándolo con fuerza contra su pecho.
— ¿Ya te vas entonces muchacha?— Dijo la anciana Kaede, no le extrañaba la decisión de la joven.
— ¡Hai… gracias por todo has sido una madre para mi, dejo los libros a su cuidado, cuando el tiempo llegue debe destruirlos, no pueden caer en otras manos Kaede-sama, esto es para ti!—Dijo Kagome entregándole el saquito de cuero con gemas semipreciosas y cuarzos que su madre le había dado junto a un sobre, le había dejado unas a cada uno de ellos dentro de sus propios sobres.
— ¿Kagome no crees que deberías tratar de hablar con él de nuevo? — Murmuro Kikyio, viendo a Sesshomaru acercarse a ellos mientras su protegida lloraba sonoramente despidiéndose de Kagome.
— ¡Él no quiere hablar Kikyo, no puedo ni voy a obligarlo! — Dijo Kagome negándose a mirarlo, cortando la discusión de raíz, lo había decidido se iría y punto, Sesshomaru estaría mejor sin cargar con la vergüenza que suponía para él estar emparejado con una humana, decidió respirando profundo— ¡Bueno aquí vamos… Shikon no Tama estoy lista para pedir mi deseo!—Dijo Kagome, sus amigos la miraron con aprehensión mientras la luz rosácea la envolvía.
— ¿Cual es tu deseo amada estrella, guardiana eterna? — Dijo la suave y cantarina voz de una mujer, los presentes se quedaron perplejos con las palabras del espíritu y miraron a Kagome perplejos.
— ¡Mi deseo es que… te destruyas para siempre Shikon no tama, ese es mi único deseo! – Dijo Kagome aferrando sus manos alrededor de su medallón, mirando a la perla flotar frente a ella.
— ¡Que así sea!, Bendita sobre los nuestros!... – dijo claro y fuerte la suave voz mientras la perla de desintegraba por completo frente a ella, entonces una luz brillante apareció en el lugar donde antes había estado la perla y tomó la forma de una mujer, con un traje de sacerdotisa una armadura y espada, Kagome sonrió con lagrimas de emoción en los ojos en bienvenida a Midoriko su tía.
—¡Siento mucho haberte puesto en esta posición "Kagome" yo… siempre desee tener la oportunidad de conocerte, pero "el" estaba aquí, estaba aquí, mi otra mitad… has aprendido muchas cosas y me has enseñado otras mas, ese deseo que guardas en tu corazón, el que sacrificaste para acabar con mi sufrimiento, también será concedido ese es mi regalo a ti, sangre de mi sangre; por favor pídele perdón a mi hermana y dale recuerdos a papa por mi, los amo a sido un honor para mi conocer a "Kagome"!— Dijo sonriendo feliz y volviéndose encantada cuando una luz se unió a ella y se fueron juntos hacía el firmamento libres finalmente.
— ¡Se feliz tía querida! — la despidió Kagome sintiendo un vértigo a la altura del estomago y como algo de unía a ella completando una parte que faltaba. — ¡NO! —Grito Kagome volviéndose a ver a Kikyo caer.
— ¡KIKYO! —Grito Inuyasha sosteniéndola, horrorizado, comprendiendo lo que había pasado tan rápido que no lo había notado.
— ¡NO, NO, NO… DIJERON QUE LA PERLA NO TORCERÍA MI DESEO DIJERON.. DIJERON…! — Grito Kagome a los cielos entonces algo la rozo y Kagome miró a Kikyio con intensidad.
— ¡Inuyasha… estoy… —Murmuro ahogada Kikyio mirándose las manos perpleja como si nuca antes las hubiera visto, miró a Inuyasha con los ojos llenos de lagrimas colocando una mano sobre la mejilla de su amado hannyo.
— ¡Viva… estas…!— Dijo Inuyasha abrazando a la Kikyo estupefacto, entonces Kagome sonrió comprendiendo complacida Kikyio viviría, realmente viviría.
— ¡Mami te esta pasando algo! — Dijo el zorrito alarmando a todos, Kagome miró sus manos, ahora traslúcidas y sonrió con triste comprensión. — ¡Ya veo Hawdquin tenía razón entonces!… ¡bueno chicos, sean felices ¿si? — Dijo Kagome mirándolos y enfocándose por ultimo en Sesshomaru acercándose a él — ¡Sesshomaru, habría deseado que tuvieras la suerte de encontrar a una pareja digna de ti, a alguien de quien no pudieras avergonzarte, a alguien a quien pudieras llegar a amar, en cambio me obtuviste a mi, es una suerte que no pueda permanecer. Pero aun puedes hacerlo, tu tienes derecho a ser feliz y deseo que seas feliz, yo... bueno los errores ocurren no?, yo soy tu error es fácil olvidar o dejar de lado los errores... cuídate mucho, puedo irme en paz sabiendo que a pesar de todo… puedo llamarte mi amigo!—Dijo Kagome envolviendo a Daiyoukai en un único abrazo que se permitiría tomar de él, antes de desvanecerse por completo.
Sesshomaru se quedo allí perplejo aun sintiendo el calor y el olor de su compañera rodearlo, el dolor que sus palabras trajeron a él, comprendió finalmente que la había perdido, no por la muerte, no por el tiempo y sus misterios en torno ella, la había perdido por su propia estupidez, y ahora que no podía hacer nada era que veía todo con claridad, sus ojos se volvieron rojos teñidos de sangre, la transformación fue rápida aun cuando podía sentirla en aquel plano cruzando a otro; aulló, desgarrados él y su bestia de la pena, aulló ensordecedoramente haciendo retumbar y doler los oídos de los humanos a kilómetros a la redonda, tuvo la vaga noción de que Inuyasha apartaba a todos de su camino. Él había perdido por su estupidez, lo único que valía la pena proteger, lo único por lo que valía la pena vivir. Su estupidez había sido grande y ahora estaba pagando las primeras cuotas del infierno al que se había condenado así mismo, a su bestia y a ella. ¡Oh kami a ella!, aulló con rabia, con dolor, la culpa y la ira lo inundaban, el dolor físico de sus almas rasgarse era insoportable, rugió temblando de dolor sobre sus cuatro patas gigantes, quería destruir todo a su paso, no había nada, nada por que luchar nada por que vivir, se dijo en medio del torbellino de pensamientos que lo inundaba. Inuyasha miraba a su hermano sintiendo lastima por él, y por Kagome, Sesshomaru parecía enloquecido, Kaede y Kikyio le habían mirado preguntándole silenciosamente si podían subyugarlo de alguna forma, él sabía que era imposible, este era un Daiyoukai, unido a Kagome, solo ella podía calmarlo.
— ¿Oiiii Sesshomaru, ella esta viva recuerdas? — Dijo Inuyasha pensando que tal vez su bestia la creyera muerta, los ojos rojos de Sesshomaru se posaron sobre él y lo próximo que supo es que estaba siendo aplastado por una pata gigante. — ¡Solo tienes que aguantar 496 años y la encontraras! — Insistió Inuyasha. Vio como un ligero brillo de lucidez se instalaba en los ojos de su hermano antes de perderse de nuevo ** Mierda** pensó frenéticamente buscando algo mas que lo trajera de regreso, pero antes de que pudiera pensar en algo mas un enorme Inu apareció de la nada golpeando el flanco izquierdo de Sesshomaru, haciéndolo dar un respingo y liberando a Inuyasha, vieron con temor, como Sesshomaru se lanzaba hacia el Inu a toda velocidad, ambos se rodearon y finalmente se detuvieron uno frente al otro, el Inu extraño era mas pequeño notaron finalmente, antes de que la luz lo envolviera, y apareciera en su lugar una mujer alta de cabellos plateados peinados en dos largas coletas con un Kimono de varias capas de seda con joyas, envuelta en una boa blanca como la de Sesshomaru, parada con un porte real que solo acentuaba la media luna en su frente y el par de marcas sobre sus mejillas.
— ¡Basta ya de este sinsentido! — Regaño la mujer a Sesshomaru secamente. — ¡Eres el hijo de tu padre Toga, Inutaisho y esta Inukimi, eres el Lord de las tierras del Oeste y heredero de la noble casa de la luna, reacciona! — Dijo secamente, mirando a su hijo con un sordo dolor, a pesar de todo ella entendía, ella también había perdido a su compañero. Sesshomaru volvió a su forma humanoide y por primera vez desde que era un cachorro buscando consuelo, enterró la cabeza en el cuello de su madre permitiéndose gemir como una bestia herida, justo donde la marca de su padre aun después de su muerte, permanecía sobre ella, su madre lo envolvió con su mokomoko-sama gruñendo suavemente confortándolo como si fuera un cachorro.
— ¡Ella esta en el futuro, ya la apartaste de ti una vez!, ¿vas a dejar que viva los días de su vida sufriendo por tu ausencia? — Dijo Inuyasha arriesgándose a que la hembra inu lo matara, después de todo, él era el resultado de una aventura de su padre; Madre e hijo se volvieron a mirarlo, sin contestar una palabra.
Mientras desaparecía, y el horrible y lacerante dolor que había sentido durante sus viajes los últimos años, Kagome escuchó un rugido lleno de pena retumbar en sus oídos, mientras sentía como algo la alaba hacia delante con fuerza, cerró los ojos ante los remolinos de colores que la rodeaban y la estaban haciendo sentir nauseas, el vértigo era cada vez mayor y su cuerpo parecía el de una marioneta incapaz de dejar de dar vueltas en aquel remolino de conversaciones, gritos, luces, tiempo y espacio, finalmente la era feudal había notado la paradoja llamada "Kagome Higurashi" y la había escupido fuera con violencia; después de largas horas de vueltas incontables sintió sus pies tocar tierra finalmente, entonces casi con temor, se atrevió a abrir los ojos en medio de las nauseas y vio el árbol sagrado, elevarse orgulloso sobre ella dándole la bienvenida.
Finalmente estaba en casa.
*** ¡Oh Sesshomaru!…*** fue su ultimo pensamiento coherente y entonces accedió al impulso y se desmayó dándole la bienvenida al olvido, al dulce alivio que prometía la oscuridad que tanto necesitaba en aquel momento.
Owari…
