Antes que nada, quiero aclarar que Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U¡ me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi hiperactiva y loca imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa casualidad. Aclarado este punto quiero señalar que cambiare a mi gusto muchas escenas del manga y anime para adaptarlo a mi fic, espero les guste esto es un Kagome/Sesshomaru a aquellos que no les guste esta pareja simplemente escoja otro fic n_n¡.

Atentamente:

La Autora

Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)

"¡Soledad cruel y eterna compañera, ve y dile a mi amada que es a ella a quien ansío, que es a ella a quien anhelo, que es por ella que suspiro y vive en todos mis sueños, dile soledad amiga que es eterna la espera, que es amarga la pena y la condena no termina, dile también amiga que si no merezco su perdón que se apiade de mi corazón y acabe con migo en el acto, en el umbral del ocaso solo prenunciaré su nombre como inmortal plegaria y abrazare el fin!"

Elizabeth Lara

Cap 19: Ecos del pasado, sin ti

Era Sengoku 1510

Estaban todos allí, frente al Goshinboku ese día se cumplía un año en que ella, Kagome se había desvanecido de sus vidas, después de que se descubriera la traición que todos, con las solas excepciones de Shippo, Rin y Ah—Un, habían cometido ocultándole la verdad sobre la unión que compartía con Sesshomaru, allí estaban todos incluso el Lord Daiyoukai junto a su madre Lady Inukimi quien no se había separado de su hijo desde su fatídica perdida, las expresiones de todos eran solemnes llenas de tristeza y arrepentimiento por sus acciones.

— ¡Bien, este día recordaremos al ser mas puro que kami puso en nuestros caminos, Lady Kagome, es un alma noble que toco nuestras vidas, muchos la subestimaron y se encontraron con el tiempo con la entereza y el gran poder que ella tiene por que, no… no hablare en pasado, todos sabemos que lady Kagome vive, así que me niego a hablar de ella como si estuviera muerta! — Dijo Kaede rompiendo el silencio finalmente, mirándolos a todos con la serenidad que dan los duros años bien vividos. — ¡Con sus poderes, no me refiero a sus poderes espirituales o físicos, aquí todos sabemos que ella es poderosa, me refiero al poder de unirnos a todos, de mostrarnos que todos tenemos bondad, todos podemos tener algo bueno dentro de nosotros, ESE, es el gran poder que posee nuestra amada Kagome, así que elevemos una plegaria para que Lady Kagome sea feliz en el futuro y para darnos fuerzas a nosotros para vivir sin ella! — Finalizó la anciana uniendo sus manos y hundiéndose en una profunda oración, aun le dolía la ausencia de aquella jovial mujer que amaba como a la hija que nunca había tenido, la angustia y el dolor en aquellos ojos azules la perseguiría hasta la muerte y lo sabía ella lo sabía y lo aceptaba.

— ¿Puedo ofrecerles té? — Pregunto Kikyio acercándose con cautela hacia donde los albinos Youkai estaban, se habían presentado a la reunion, pero se habían mantenido al margen del resto, notaba con tristeza el ligero control que el estoico lord tenía sobre si mismo, se pregunto ausentemente por que habría venido si le afectaría tanto.

— ¡Puedes servirnos miko! — Contesto Inukimi, sabía muy bien que su hijo no contestaría, se había obligado a venir y ella se había permitido acompañarlo, éste era después de todo su cachorro, no importa que estuviera emparejado con una "humana" ni mas ni menos, él siempre sería su cachorro, finalmente el muy terco estaba aceptándolo. Vio a la mujer del hijo de su compañero servirles té, no vio nada extraordinario en ella, no entendía aun como habían llegado a la errónea idea de que la compañera de su hijo y esta mujer eran "reencarnación & encarnación" no eran para nada parecidas, ni física, ni espiritualmente.

— ¡Sesshomaru-sama! — Dijo Rin extendiéndole un ramo de flores sonriéndole con genuina alegría, Sesshomaru extendió sus manos llenas de garras y tomó el ramo sin decir una palabra, la joven se limito a sonreír con infinita alegría, ella sabía que su padre estaba triste, había sido muy duro para ella conocer lo que había pasado entre Kagome y él, pero lo había perdonado ella podía ver tras su mascara y sabía cuanto estaba sufriendo en realidad, de allí su costumbre de llenar todos los rincones de su palacio con fragantes flores y pequeñas piedras que se parecían a las que Lady Kagome había dejado para ella en un sobre junto con información que semanas después necesitaría pues había alcanzado la pubertad en medio de la intensa depresión que reinaba tanto en el grupo como en su padre y señor. Trataba de traer algo de alegría a su vida.

— ¡Muchacha impertinente! — Mascullo Jaken ya por costumbre el deje de afecto por la joven era evidente, en realidad esos detalles de su joven ama llenaban de alegría al viejo Kappa, su negra alma se oscurecía aun mas viendo a su amo sufrir de esa manera, habría dado su vida alegremente por retener a su señora allí en esa época, con saber que su amo sería feliz, podía irse gustoso al cielo o al infierno si los kami decidían, suspiró internamente apartando sus pensamientos de los primeros duros días después de la partida de lady Kagome, el palacio del Oeste estaba desde entonces sumido en la tensión.

Inuyasha miraba a su hermano mayor desde el otro lado del claro, su pose mas estoica que nunca, su rostro una mascara fría y sin vida alguna, sus ojos vacíos de propósito, vio a su compañera ofrecer y servirles té a él y a su madre Lady Inukimi, aquella mujer había estado junto a Sesshomaru desde entonces.

— ¡Inuyasha! — Gruño Shippo con un deje irritado, aun esperaba a que Inuyasha cumpliera con su petición.

— ¿Estas seguro? — Pregunto por enésima vez, no quería que el joven kitsune se arrepintiera.

— ¡Míralo bakka, no me arrepentiré! — Dijo el joven señalando al Diayoukai mirar fijamente el punto exacto donde Kagome donde había desaparecido ausente de todo lo que le rodeaba, Inuyasha sintió su corazón pesado de dolor por su hermano y por Kagome.

— ¡Ella estaría orgullosa de ti por esto! — Acepto Inuyasha avanzando hacia Sesshomaru.

— ¡Ella siempre estuvo orgullosa de mi, bakka! — Dijo Shippo sonrojado por las palabras de Inuyasha, jamás admitiría que le había agradado escuchar eso. Miró al compañero de su madre, aun le ardía que el hombre la hubiera dejado ir, pero después pensó que igual todos la perderían, la perla maldita se la había llevado lejos de ellos, lo había perdonado también animado por Rin, ella también amaba a Kagome como a una madre y la había perdido; al menos él estuvo mas tiempo con ella que Rin, por eso había tomado la decisión que había tomado, él hombre amaba a su madre si no fuera así, él no le habría cedido lo que le estaba dando, decidió caminando tras Inuyasha aferrando en ambas manos un retrato nítido de su madre echo por el, que había decidido dar a Sesshomaru.

Sengoku 1520

Diez años habían pasado, las tierras del Oeste prosperaban, diez años atrás los otros señores cardinales y señores menores habían aprendido que el Lord del Oeste estaba emparejado y que no debían enviar a ninguna hembra casadera, so pena de recibirla de regreso en pedazos, solo un idiota se había atrevido a hacer caso omiso a la advertencia y había pagado con su vida y la de la ambiciosa hija, desde entonces se sabía que debían dejar en paz al lord del Oeste y a su manada pues este era celosamente posesivo con todo aquel que llamara suyo.

En el palacio del Oeste como era costumbre para esas fechas se escuchaba el rasguño de la piedra contra el cincel y las garras, las esquirlas de piedra golpear en todas direcciones, ya serían diez años que su señor se enceraba en aquellas habitaciones, donde nadie mas podía entrar ni siquiera a limpiar, fuera los sirvientes se esmeraban para limpiar hasta el ultimo rincón del lugar pues una celebración se llevaría a acabo aquella noche, los únicos invitados, eran un grupo extraño desde el punto de vista foráneo, pero para el Oeste eran bien conocidos, era el grupo de la señora del Oeste, una extensión de la manada principal por increíble que fuera, pues estaba compuesto de : Un monje pervertido, una Taijiya seguida de cuatro hijos, dos sacerdotisas y un joven hombre todos humanos pero lo mas sorprendente era el Hannyo hijo de lord Inutaiso y lady Izaiyoi su concubina; por supuesto nadie dijo nada como siempre querían seguir viviendo y no se atreverían a enojar a su lord.

Sesshomaru acarició con suma delicadeza la curva perfectamente tallada y pulida de la mejilla de su musa, de su diosa, la fría piedra lo saludo con crueldad, su mente dio un vuelco y sintió como la ultima protección que había puesto sobre él se agrietaba y caía, se alejo con rapidez de su obra, como un borrón salió de la habitación y se lanzó en una frenética carrera a sus aposentos personales los sirvientes en su camino huyeron en todas direcciones, no se sorprendió de encontrar allí a su madre, la mujer tenia un instinto único para los inicios de sus episodios.

— ¡Madre! — Dijo con los colmillos apretados, su cuerpo ardía de deseo no consumado, de búsqueda inconclusa, de dolor por la ausencia, sabía que sus ojos estaban rojos, su bestia golpeaba rabioso contra su cárcel donde se había obligado a encerrarlo once años atrás.

— ¡Aquí, ven! — Dijo la mujer sosteniendo con increíble facilidad unas gruesas cadenas, mirándolo con solemnidad, dolía ver a su hijo en esa condición, pero no podía flaquear él la necesitaba fuerte y fría y por Kami que así estaría entonces. Con calma y metódicamente se dio a la tarea de colocar cada cadena soldada a enormes grilletes, que cerró en sus muñecas y tobillos, por ultimo cerró el pesado collar de metal justo entonces su hijo perdió el control y su bestia tomo forma, tratando de liberarse de las cadenas, mas por mucho que se retorciera las cadenas no cedían, estaban echas con los colmillos del mismo Sesshomaru y ella, nada la rompería, lo vio gruñir y dejarse caer echo una bola temblorosa por el esfuerzo, la cadena lo drenaba de energía en esa forma, la bestia lo sabía aun así tenía que presentar lucha era algo instintivo en él, estaría horas o días en ese estado, hasta que estuviera tan débil y adolorido, que cedería al impulso y volvería a su forma humanoide, Inukimi salió de la habitación incapaz de soportar ver a su hijo en ese estado, con el shoji tras la espalda la Inu suspiro y se permitió un momento de debilidad, cuando una solitaria lagrima rodó por su perfecta mejilla, solo una si, pero cargada de suficiente pena y dolor, que para un humano significarían siglos de lagrimas, ella solo se permita una, solo una.

Era Sengoku 1586

Desde la que había sido su prisión auto-impuesta por un par de semanas Sesshomaru podía sentir al grupo de su hermano y a su madre reunirse, hacia ya 25 años que había ido por ellos y les había dado refugio en sus tierras lejos de los ojos curiosos, ahora todos estaban avocados a cumplir el plan a la perfección, su única meta de vida fuera de su penitencia, era volver a ella, volvería a ella a como diera lugar, se decía ignorando sobre su cuerpo nuevas cadenas con varios sutras adheridos, hacía tiempo que el dolor no le afectaba, su cuerpo ya aceptaba el dolor como parte natural, como respirar, aceptaba con humildad el dolor físico que se merecía, el había echo daño a su amada compañera, jamás se lo perdonaría así mismo, ni se permitiría olvidarlo, por ahora solo podía soñar con todo lo que haría con ella una vez la tuviera a su merced, después de tirarse a sus pies suplicado si era necesario que lo aceptara en su vida.

— ¡Sesshomaru-sama! —Dijo el Youkai sacándolo de su letargo.

— ¡Ya es el momento de liberarme Shippo! — Dijo Sesshomaru, aceptando la humillación de ser atado como una vulgar animal, el había tenido que aceptar muchas cosas que antes jamás habría siquiera contemplado en aceptar.

— ¡Manos a la obra Miroku! — dijo el Youkai Kitsune, apartándose sintiendo pena por el gran lord, mientras el aludido empezaba a retirar sutras y las cadenas bendecidas, sin mirar a los ojos a Sesshomaru, el sabía muy bien que era muy duro para el Daiyoukai estar en aquella posición; una vez retiradas las cadenas y sutras Miroku dio una reverencia y se retiro en silencio. Shippo lo observo mientras las cadenas echas con los colmillos de los Inu caía con facilidad al sentir que no tenían nada que subyugar.

— ¿Los preparativos? — Preguntó Sesshomaru sin mirarlo, mientras se quitaba el Gi sucio y lo lanzaba al descuido a un lado.

— ¡Todo listo, en estos momentos se están repartiendo los amuletos! — Contestó este a su vez. — ¡Hecho algo para usted, para todos nosotros en realidad! — Dijo Shippo, Seshomaru lo miro con intensidad entonces, sabía que su hijastro había hecho alguna obra de su madre.

— ¡Muéstrame! — Ordenó. Shippo sonrió genuinamente.

Edo – Era Tokugawa 1744

Hacia mucho tiempo que la era de los Youkai había pasado, aquellos quienes se habían opuesto al cambio habían muerto penosamente a causa de su propia estupidez, de las cuatro casas cardinales solo el norte y el Oeste sobrevivieron para 1744 el Norte se unió al Oeste siendo absorbido por este ultimo; ya los clanes no se dividían por "raza" de youkai, ambas casas habían aceptado bajo su protección, varios sobrevivientes de otros clanes sobre todo cachorros, ahora todos obedecían al Oeste bajo el mandato de Lord Sesshomaru; escondiendo sus apariencias se integraron a la comunidad humana, borrando y ocultando por completo todo vestigio de su existencia y su historia, así debía ser, había declarado el Lord, y su palabra era ley, después de todo, bajo su mando el Oeste había sobrevivido sin apenas bajas y sin perdidas significativas, ellos parecían estar siempre un paso delante de todos, incluso parecían saber el curso de acción de los humanos. Obedecieron y se adaptaron a su mando, tomaron los cargos que les fueron asignados y sobrevivieron juraron lealtad total a Lord y a la Lady ausente como solían llamarla en lo mas escondido de sus mentes, su señor era termínate respecto a el grado de respeto que debían a su compañera, y lo habían aceptado a cabalidad, solo una vez había una hembra intentado meterse en su cama y había acabado muerta a manos del mismo Lord esa había sido la primera y única vez que alguna hembra Youkai se había atrevido a ofrecerse a su señor, las humanas habían sido despreciadas por él, con mucho tacto en algunas ocasiones por cuestiones diplomáticas y sin nada de el cuando la ocasión lo ameritaba.

Habian pasado años desde que tuviera que regresar a esa habitación, pero allí estaba, su madre había estado leyéndole un pergamino que lo había dejado perplejo por la vasta información que contenía sobre su compañera, su bestia rugía aturdida ante la información, un antiguo pergamino rezaba "Kagome".

El alma más pura y la mas grande que existirá en este mundo…

Ni el odio, ni el dolor, ni la rabia, ni ningún mal sentimiento opacaran jamás su luz…

No podrá odiar no estará en su naturaleza… siempre será inocente no importa que…

Kagome…

Las palabras rezumaban en su mente enviándole dolor y alivio en igual medida.

Era Tokugawa 1840

— ¡Sesshomaru-sama, mire! — Dijo Rin entregándole emocionada un libro con tapas de cuero que había llegado a ella a través de Shippo, que había salido de la isla con su compañera y le había traído aquel hermoso regalo; Sesshomaru apartó la mirada de la escultura que tenía frente a si mismo sin acabar y recibió el libro de manos de su hija, con los años Rin había madurado en cuerpo y espíritu pero en algún punto como le había pasado a todos, menos en el caso de lady Kaede, el tiempo se había detenido y ella estaba allí aun, no se quejaba, daba gracias a la deidad que le concediera el cosuelo de la presencia de su manada, incluido el idiota de su hermano. Abrió la tapa de cuero y vio la primera pagina del libro Le Langage des Fleurs, de Charlotte de Latour.

— ¡El lenguaje de las flores! — Leyó Sesshomaru traduciendo con facilidad, él se había instruido en toda información que cayera en sus manos, el conocimiento era poder después de todo.

— ¡Las flores pueden decir desde un simple "te quiero" hasta un "perdón", ¿no es maravilloso? — Dijo Rin emocionada dedicándole una dulce sonrisa a su amado padre.

— ¡Ya veo!... — contesto el mirando el libro con una nueva percepción de la información que guardaba en sus paginas. Vio a Rin dedicarle una sonrisa antes de volverse para dejarlo con sus esculturas. — ¡Rin, tu libro! — Dijo Sesshomaru.

— ¡Ese es para ti padre, yo tengo una copia! — Dijo esta dedicándole una mirada llena de intención, que el entendió de inmediato, ella quería que él leyera y usara la información del libro.

— ¡Gracias! — Murmuró ausente, pero ya Rin se había ido, él llenaría de flores la vida de su Kagome entonces, se prometió dejando el libro a un lado y volviendo sus manos a la piedra de onix que esperaba a medias por él.

Era meiji 1868

La casa Tokugawa al igual que muchas casas de "nobles" humanos antes que ellos cayeron finalmente; la llegada de los buques negros puso fin al aislamiento de la isla y el comercio internacional se abrió paso, la casa del Oeste y sus diferentes ramas seguían manteniéndose a flote interviniendo en los problemas humanos solo en contadas ocasiones, y nunca algo que pudiera ser de relevancia, Sesshomaru había sido terminante en eso, el ni nadie de la rama principal permitirían que el futuro cambiara y que hubiera si quiera el mínimo riesgo de perder a Kagome. Kaede recientemente emparejada con un Youkai lobo de su guardia, había llevado a colación la necesidad de tomar acciones para ayudar a Kagome cuando llegara el momento, se habían metido en la política educativa y habían echo construir una escuela, que en la época de su compañera sería la escuela a la que ella acudiría, todos se habían lanzado de buena gana a cumplir el proyecto y él había revisado cada mínimo detalle, todo debía estar perfecto para la llegada de su compañera.

Era Taisho 1912

El mundo se movía rápido, la tecnología estaba dejando en la oscuridad a las viejas costumbres, la vida estaba cambiando, las mujeres podían trabajar y elegir vivir solas, el sexo iba perdiendo el tabú de antaño, poco a poco se convertía en algo de usar y tirar.

Cuatrocientos dos años había pasado sin su compañera, su bestia había perdido parte de la razón ahora, no estaba seguro ya si seria bueno para ella estar cerca de el cuando podría hacerle, mas mal que bien con su presencia, él era una bestia destruida y dañada, se dijo mordiendo con fuerza hasta que sintió el sabor metálico de su propia sangre e la boca, tenia que contenerse, se dijo una vez mas faltaba poco, dejaría que ella le matara si así lo exigía, dejaría que hiciera su voluntad con él, y haría lo que fuera para ser perdonado por ella, solo por ella, el resto del mundo podía irse directo al mismo infierno si por el era.

Era Sowa 1945

El paisaje era algo desolador, los altos contenido químicos no podían hacerle daño, él era mucho mas radioactivo que aquel brebaje químico echo por hombres, lo humanos en su mayoría seguían siendo unos completos imbesiles, se dijo mirando la completa devastación, su compañera le había dado una fecha con hora exacta, ellos habían evacuado a tantos como pudieron, habían echo regar los rumores aun así, muchos humanos no prestaron atención, y ahora yacían allí como enormes muñecas quebradas sobre cualquier superficie, los Youkai y hannyo habían abandonado la zona con facilidad y sin discutir, los humanos demasiado aferrados a su posesiones se habían quedado y muerto. Después de ayudar todo lo que pudieron eliminaron de sus cuerpos el toxico letal para los humanos y regresaron a casa liderados por Sesshomaru.

6 años después

Tokio

— ¡Demonio, vete, vete ya! — La joven voz de un cachorro humano lo sacó de sus ensoñaciones, había ido allí de nuevo como siempre, el día que había desaparecido y se había lanzado a contemplar al Goshinboku y lo había tomado por primera vez en su vida por sorpresa un Sutra al pegarse en una de sus rodillas, que era lo mas alto a lo que el pequeño llegaba de él, Sesshomaru miró al pequeño dividido entre la indignación y la risa.

— ¡Toshio-chan, vasta! — Chillo una mujer mortificada corriendo hacia el niño.

— ¡Okka-chan este es un youkai y voy a exorcizarlo! — Declaró el pequeño levantando otro "sutra" sospechosamente hecho de papel común con dibujo infantil y embadurnado en pega blanca. Sesshomaru ignoro su húmeda rodilla y se agacho hasta llegar a la altura del muchacho que lo miraba desafiante.

— ¿Con que soy un Youkai dices? — Murmuro Sesshomaru optando por inclinarse a la gracia de la situación.

— ¡Oh por Kami Taisho-sama! — Gimió la mujer horrorizada cuando logro ver bien a quien había atacado "hoy" su amado hijito.

— ¡Matsudaira-san! — Saludo Sesshomaru con tranquilidad. — ¡Esos sutras humanos no hacen daño a este Sesshomaru monje! — replico a su vez, el muchacho se le encendieron los ojos de picardía y empezó a reírse encantado de que alguien finalmente se prestara para su juego.

— ¡Ah pero estos son especiales, echo con hojas de Demonio arbol el, y pintados con sangre de Kappa y agua sagrada del monte Fuji! — Recitó el niño con seriedad, sacando el pequeño pecho con orgullo.

— ¡Soy el mas fuerte de todos, así que nadie mas que la misma Shikon no Miko puede acabar conmigo! — Dijo a su vez Sesshomaru, preguntándose vagamente que diría aquel jovenzuelo si supiera que a diferencia de él, Sesshomaru no jugaba si no que decía la verdad, posiblemente saldría espantado.

— ¿Shikon no miko dice? — Respondio este perplejo, aun no había llegado a esa parte de la historia del templo, ahora no podría contestarle. — ¡Bien tal vez sea descendiente suyo! — dijo el niño.

— ¡Vamos Toshio, ve a lavarte las manos y ve al templo tu sensei te espera! — Ordeno su madre finalmente saliendo del embeleso que le causaba ver a aquel guapo hombre adulto, meterse en el mundo de su hijo con facilidad.

— ¡Hasta luego Taisho-sama! — Replico el niño de golpe y corrió hacia la casa obedeciendo de inmediato a su madre.

— ¡Espero que no lo haya molestado mucho! — Se disculpo la mujer apenada.

— ¡Es un buen hico, con una imaginación hiperactiva, pero buen chico! — Contesto Sesshomaru volviéndose a mirar nuevamente al Goshinboku .

— ¡Se dice que el árbol de las edades ha sido inicio de muchas historias, la shikon no miko libero al Hannyo Inuyasha de una flecha sagrada que estaba sellado en él! — Dijo la mujer con nostalgia, queriendo compartir la historia del árbol sagrado de su templo. — ¡Se dice también que después de derrotar al malvado Naraku, su compañero un Youkai ni mas ni menos liberó la desolación de su pena al perderla, bajo sus viejas ramas, este árbol es especial Taisho-sama, a vece creo que esta vivo, me encuentro recordando cosas bajo sus ramas, cosas que había olvidado! — Dijo finalmente haciendo una reverencia ante uno de sus beneficiarios y retirándose, el siempre quería estar solo cada vez que venia al templo.

— ¡Se dice, que él esperara eternamente a que ella vuelva a él, a este Sesshomaru! — murmuro para si, antes de darse la vuelta y abandonar el lugar donde nacería su compañera.

Era actual: Hieisei 1980

— ¡Oh vamos amor, solo es algo de helado, helado de chocolate! — Gimió la muy embarazada mujer. — tenemos que celebrar, Kagome esta aquí! — agrego emocionada

— ¡Bien Sakura, amor mío, te dejare en lo alto de la escaleras y Midoriko-chan se encargara de ti y voy a comprarte tu heladote chocolate! — Concedió el hombre reconociendo al Youkai en el área como aliado, como prometió, después de dejarla en lo alto de las escaleras, vio al joven hombre sentado como siempre bajo el árbol sagrado con los ojos cerrados y fue por el helado.

— ¡Taisho-san! — Saludó Sakura al hombre que de inmediato se levanto y la ayudo a caminar como si ella sola no pudiera, se había resignado el hombre era muy cuidadoso con ella.

— ¡Higurachi-sama! — contestó este a su vez mirando a la mujer de los pies ala cabeza deteniéndose en el abultado vientre donde crecía su amada compañera.

— ¡Sakura-chan! — Llamó su hermana Midoriko que ese día vestía sus ropas de sacerdotisa, pues ayudaba en el templo familiar todo el día, ahora que ella embarazada no podía, su mente busco la de su hermana, el vinculo que habían compartido desde el nacimientos las confortaba mutuamente, Midoriko se extendió a su vez y amabas sonrieron agarrándose de las manos como niñas, Sesshomaru observaba aquello con pesar, el había aprendido a tomarle cariño a las dos mujeres, y sabía lo que pasaría con Midoriko, ¿Era esto lo que su compañera sentía cuando estaba en el pasado, sabiendo que ellos morirían?. — ¿Y? — Dijo la mujer impaciente mirando a su hermana.

— ¡Es una niña Midori-chan, UNA niña! — Dijo Sakura apretando con fuerzas las manos de su hermana, esta la miro encantada y la abrazo con lagrimas en los ojos.

— ¡Ya vengo!, ¡Espérame en la caseta hermana, tengo algo que decirte! — Dijo Midoriko cambiando de una intensa alegría a una mortal seriedad, antes de soltar a Sakura y entrar corriendo a la casa, Sesshomaru sintió el peso en el estomago, pasaría frente a el, Sakura la miró desconcertada y disculpándose ausentemente con Sesshomaru camino hasta la caseta del poso, por la que 15 años atrás habían llegado a aquel mundo. Observo desapasionado a Midoriko caminar con un pequeño bulto hacia la caseta del pozo, segundos después de que entrara, los gritos horrorizados de Sakura habían echo a su compañero soltar su carga de helado y correr hasta ella, Sesshomaru estaba allí también, Sakura se aferraba al borde del pozo mirando al vacío con la cara en blanco.

— ¡Daichii… Midori… Midoriii! — Balbuceo débilmente antes de desvanecerse en los brazos de su compañero, esa noche les explicó entonces la historia de Kagome, su compañera, su misión y como se supone que debían proceder, les contó toda la historia incluyendo su propia historia con ella, decir que el padre de Kagome, lo había dejado echo una pulpa sanguinolenta era poco, al final había aceptado las cosas como eran, Sesshomaru era un visita regular al templo Higurachi; el día del nacimiento de Kagome, fue él después de sus padres a quién le concedieron el honor de cargarla en brazos, los enormes ojos azules se rieron inocentes con él, mientras con sus pequeños dedos aferraron con fuerza sus largos cabellos, desde los tres años, se dedicó a observarla de lejos, hasta el día en que ella misma cayó en el pozo, y luego después de eso, hirvió de ira ante el acoso de los jóvenes hormonales, uno en especial había estado a punto de morir varias veces, solo Daiichi lo había salvado de una muerte sucia en sus garras.

La vio alejarse del templo y en silencio como un fantasma apareció de la nada y tomo solo la flor que ella había tocado, su dulce olor se sobre ponía sobre el de la flor.

Hacia tres meses que su youki estaba alterado por una presencia que no podía ubicar o reconocer por completo, tal ves por eso estaba tan alterado. Aquella noche se cumplían ya cuatrocientos noventa y siete años, una noche como aquella el la había reclamado marcándola como suya fuera la lluvia azotaba el mundo con furia como si la misma estuviera en resonancia con él vendaval que llevaba dentro, la había sentido ingresar a esta época, ella estaba tan cerca ahora, su marca sobre ella, la deseaba la necesitaba, la ansiaba mas que al aire mas que a la misma vida; su Youki se disparó descontrolado destruyendo en masa las cadenas sagradas que explotaron en todas direcciones derretidas lejos de su cuerpo, sus propias cadenas empezaron a ceder, su Youki expandiéndose como un tsunami de energía fuera de él, de la habitación, de la casa arrasando toda la ciudad, al día siguiente se registrarían varios cortos circuitos parte de la ciudad estaría sin electricidad, trato de controlar su Yoki, y tuvo la ligera noción de ver a su madre en su forma real tratando de de subyugarlo, la había empujado con fuerza y esta había caído de espaldas a varios metros de él, ella se lanzó de nuevo a por él, entonces de la nada un enorme Inu como él apareció empujándolo lejos de su madre y gruñéndole amenazadoramente, Sesshomaru olfateo y se quedo inmóvil, no podía ser posible, el estaba muerto, el estaba muerto…

— ¿Padre? — Gruño volviendo de golpe a su forma humanoide.

— ¡Sesshomaru! — Cohonestó Inutaiso frente a el. Su madre se abalanzó sobre él mas furiosa que alegre de verlo.

— ¡Maldito seas Toga!, ¿Cómo es posible?… ¡explícate! — Exigió la mujer dividía entre la hilarante felicidad de recuperar a su compañero y la furia de entender donde había estado todo aquel tiempo.

¡Kagome, me trajo aquí! — Dijo ganándose la atención de madre e hijo, entonces se lanzo a contarle toda la historia desde la primera vez que había visto a Kagome hasta aquel día.

Owari..