Primer paso: Sonríe con frecuencia.
Disclaimer: Ningun personajes que aparecen a continuacion, son unicamente creacion de Sir Artur Conan Doyle, y me baso en la adaptacion de la BBC hecha por Mark Gatiss y Steve Moffat. Yo solo adoro jugar con estos personajes.
"Para que alguien se enamore de ti, debes hacerle ver que disfrutas plenamente su compañía. Por eso debes utilizar tu mejor arma. Tu sonrisa. Y lo mejor de todo… ¡Es gratis!"
Mycroft Holmes se encontraba sentado en su despacho en el Club Diógenes. Meditando profundamente el contenido de la revista que había leído con anterioridad. Para el todo eso era absurdo y patético, mas sin embargo en el articulo afirmaban, ser los expertos, y el no podía refutar un argumento tan profundo como ese. Por lo tanto, tomo la importante decisión de seguir los diez pasos.
Todo iba perfectamente bien, hasta que comenzó con el primer paso. ¿Cómo se supone que se sonreía? Buscó dentro de sus recuerdos, (el no iba a decir Palacio Mental, como su "querido" hermano) pero no encontró más que vagas ideas acerca de eso llamado "sonrisas". Recordaba cuando él era chico y mami le regalaba un libro, o cuando lo felicitaba por sacar sobresalientes calificaciones. Él le mostraba todos los dientes,-aunque en algunas ocasiones no tenía todos-. También podía ver que la gente se sentía reconfortada cuando lo hacía.
Temiendo que su plan no fuera a ser tan bueno, tomó sus cosas, he hizo que lo llevaran a su casa. Practicaría antes de lanzarse a la aventura.
Anthea llegó a la casa de su jefe, llevaba documentos gubernamentales, que se le había pedido. Habían costado un poco de trabajo de conseguir, había tenido que conversar,- o secuestrar-, con muchas personas, pero los había conseguido.
Feliz de su logro, entró a la casa y se dirigió hasta el despacho, solo para llevarse un gran susto.
-¡¿Pero qué demonios?! – Fue la única exclamación, capaz de soltar. Su Jefe se encontraba de espaldas mirándose al espejo con una lupa en la mano, agrandado su boca 5 veces su tamaño, haciendo muecas solo comparables con una mujer dando a luz.
-¡Anthea! - Grito el susodicho saltando del susto, soltando a su vez la lupa, dándose la vuelta tratando de fingir seriedad – Te he dicho que toque la puerta antes de entrar.
-Lo lamento, pensé que no habría nadie señor. Y perdone mi intromisión, pero ¿Qué estaba haciendo, con la lupa?- Aventuró Anthea, esperando que su jefe no se enojara con ella.
-Nada que te incumba.-Contestó cortantemente, Anthea al escuchar la contestación de su jefe, ya había dado media vuelta y se disponía a salir.- ¡Espera!, perdóname, por contestarte así. Además necesito tu ayuda.
-¿Para qué?- Cuestionó sin darse vuelta.
- Para sonreír.
Anthea miro a su jefe por un segundo, luego recordó el espejo y la lupa. Atando los cabos sueltos, vio todo claro, por lo cual comenzó a reírse a carcajadas
Después de que Anthea dejara de reír a carcajadas cada vez que miraba a su jefe. Se dedico a instruirlo en el noble arte de sonreír. Y después, de múltiples intentos, logro sonreír,-o algo así-. Por lo tanto decidió, encaminarse hacia Scotland Yard para empezar a enamorar perdidamente a ese inspector que lo había enamorado a él de la misma forma.
Para Gregory Lestrade el día había transcurrido sin menor eventualidad. Ningún estúpido psicópata había asesinado a alguien más, por lo menos hasta ahora. Y sinceramente lo agradecía, a veces era cansado estar de un lado para otro, tratando de deducir que había sucedido en los crímenes, y lo peor de todo… ¡El papeleo! Como lo odiaba al maldito, aun no entendía por qué debía hacerlo, si ya había atrapado al criminal, solo debían meterlo a la cárcel y ya. No veía utilidad a las montañas de formulario "rutinario" que debía completar. ¡Maldito gobierno y su sistema!
A demás el hecho de no tener casos, significaba no tener a Sherlock Holmes husmeando por todos lados. No es que detestara verlo, si no, es que era justamente eso. Al igual que el hecho de que solo venía a derrochar superioridad y a cuestionar su inteligencia. Por lo tanto era feliz tomando su café acompañado de su habitual dona.
Eso hasta que alguien toco a la puerta de su despacho, la que había cerrado para que no molestaran, y se dispuso a abrirla. Para sorpresa suya detrás del marco se encontraba el mismísimo gobierno británico. El maravilloso Mycroft Holmes, con una mueca que no supo identificar marcando su rostro.
- ¡Oh! Su visita es inesperada, ¿Ha venido, por información de Sherlock? Dudo que le pueda decir mucho más de lo que de seguro puede ya saber.
- No vengo por mi hermano, he venido a verlo a usted – sin saber a ciencia cierta que debía hacer, o decir.
- Ahh… entiendo y ¿en qué le puedo servir?- sintiéndose intrigado ante ese hombre. Siempre le había parecido interesante, misterioso, ¿atrayente? Eso, le había aterrado y gustado en partes iguales simultáneamente.
- En nada realmente, he venido a platicar con usted, dígame ¿Cómo va el divorcio? – Mycroft se regaño mentalmente, eso había sido estúpido. Uno no va con las personas diciendo ¿Cómo a el divorcio?, aunque no se tenga otra cosa que preguntar.
- B-bien, bastante bien, supongo, dentro de poco será la repartición de bienes. – Respondió con algo de amargura. Odiaba a su ex esposa.
Un silencio incomodo se situó entre ellos, Mycroft continuaba con su sonrisa –o intento de ella-, mientras Lestrade, solo veía una preocupante mueca en el rostro de su acompañante. Uno se preguntaba si el plan iba marchando bien. El otro empezaba a pensar que se veía horrible y por eso su acompañante tenía una mueca constante. Ambos se observaban entre sí, mas sin embargo el contacto visual era nulo. Así pasaron los dos minutos más torturantes para ambos, los cuales fueron interrumpidos por la Teniente Donovan, solicitando la presencia inmediata del DI Lestrade.
Al mismo tiempo en que la Teniente Donovan platicaba con Lestrade, la sonrisa de Mycroft se disminuía gradualmente, hasta convertirse en una mueca de disgusto. Inmediatamente se dedico a deducir todo lo que pudo acerca de esa "intrusa" que le había robado la atención del DI. Podía ver que tenía mal carácter, debido a que fruncía el seño seguido en modo de disgusto y tenia arrugas, mal disimuladas por el maquillaje. Al igual que parecía que ella se había acostado con exactamente 10 personas, de las 15 del departamento, en las cuales agradecía que Lestrade perteneciera a las 5 faltantes, lo podía apreciar perfectamente en el planchado de su falda y el perfume que traía. Siguiendo con la idea de sonreír trato de pensar en algo que lo haría feliz; "Ideas desaparecer (misteriosamente) a la Teniente Donovan".
Gregory ya se había cansado de escuchar las ridículas quejas de Donovan, a veces desearía poder despedirla y ¡problema resuelto! Pero no todo era tan sencillo. Decidió enfocarse en otra cosa. Las quejas se las sabía de memoria. Recordando que tenía un invitado más agradable en su despacho dirigió su atención a él. Y empezó a preocuparse en su rostro se veía una sonrisa psicópata, solo comparable con la del Guasón. Empezaba a preguntarse si no podría llegar a ser peligroso.
Pasaron varios minutos y aunque trataba,-en vano- de seguir sonriendo. Mycroft había decidido rendirse e irse avergonzado a su casa, cosa que internamente agradecía, estaba haciendo mucho el ridículo, camino hacia la puerta, probablemente ni se darían cuenta de su ausencia. Lestrade al ver las intenciones del otro, hizo a un lado a Donovan, e ignorando su mirada de reproche, se acerco a Mycroft y con una sonrisa apenada, sintiendo sus mejillas arder.
- Te vas – afirmo Greg - Tal vez… - empezó a decir, mientras a su vez se arrepentía inmediatamente.
- ¿Sí?- cuestiono Mycroft, mientras la curiosidad lo carcomía internamente.
- No, nada. De seguro debes estar muy ocupado… es una tontería.- Tratando de arreglar su arrebato, pero decidió arriesgarse. Podriamossaliracenar
- ¿Qué, disculpa no te entendí?
- Que, deberíamos salir a cenar un día de estos, para seguir platicando.- No sabía de que podrían platicar, pero el solo quería ver al hombre otra vez.-, si deseas claro.- En momentos así cuanto deseaba que la tierra se lo tragara.
- Eso sería… – No sabía que decir, se encontraba en shock, ¿Lo había invitado a salir?, ¿A él? Al ver la mirada expectante del otro decidió aceptar su oferta.- seria increíble, ¿Mañana a las 8?, ¿Paso por ti?
- Si, perfecto, hasta mañana
La sonrisa que se coloco en el rostro de Mycroft era una sonrisa tan sincera y pura, que el DI Lestrade solo atino a corresponderla de la misma forma. Tomando su fiel paraguas con más firmeza de lo habitual hizo un gesto con la mano en modo de despedida, salió del lugar. En ningún momento la sonrisa se borro. Ni cuando se subió al coche, ni cuando llegó a su casa, ni cuando salto de alegría.
¡El primer paso había funcionado! Solo quedaban 9…
¡Hola a todos!
Lamento la demora, he tenido mucha tarea y he tenido que estudiar para unos examenes. Horrible sinceramente.
Espero que les guste este capitulo. A mi no me ha terminado de agradar. Creo que Mycroft es un poco -o mucho- OoC, ¿no creen? Me gustaria saber si eso no les molesta. Acepto cualquier comentario, tomatazo, halago, etc que deseen darme:)
Y si mas que decir, me despido.
Lady Amoran
