Segundo Paso: Muéstrale lo mejor de ti.


Disclaimer: Ningún personajes que aparecen a continuación, son únicamente creación de Sir Arthur Conan Doyle, y me baso en la adaptación de la BBC hecha por Mark Gatiss y Steve Moffat. Yo solo adoro jugar con estos personajes.

"¿Primera?, ¿Segunda?, o ¿Tercera impresión?... ¡No importa! Para hacer que esa persona especial quede rendida a tus pies. Debes de mostrarle lo mejor de ti. Busca tus mejores ropas, usa tu perfume favorito, ¡lúcete!"


Cualquiera que viera a Mycroft Holmes sentado en el escritorio de su casa pensando con una mueca de preocupación en su rostro, podría pensar que alguien de su familia estabaenfermo de gravedad, que había sido despedido, o que estaba próximo a iniciar una guerra con algún país vecino. Y todos aquellos no estarían más que irremediablemente equivocados. Ningún miembro de su familia estaba enfermo, por supuesto que no había sido despedido y mucho menos pensaba iniciar una guerra… no por el momento, al menos.

Mycroft-el-gobierno-británico-Holmes, estaba preocupado ni más ni menos por su cita con el Detective Inspector Gregory Lestrade. Lo cual resultaba un poco irónico, pues ni cuando veía a Su Majestad se ponía así.

Aunque el problema era que cuando iba con Su Majestad tenía trajes previamente seleccionados para la ocasión, lo que llevaba una considerable cantidad de tiempo, a veces llegaban a ser días. Pero para esta cita solo tenía horas. ¡Un par de horas! El pánico se estaba apoderando rápidamente de él. ¿Cómo mostraría lo mejor de él, si no tenia que usar?


- Ese traje le sienta bien jefe. – la desesperación en la voz de Anthea era evidente, y era claramente justificable, llevaba horas en tiendas de ropa mirando como su adorado jefe se probaba trajes tras trajes. Parecía adolescente que iba a su primer baile.

- Ni siquiera lo has visto, no despegas la vista de tu BlackBerry.- Refuto molesto, viendo su perfil derecho en uno de los espejos. Aquel traje no le gustaba, era muy azul. Además lo hacía ver gordo.

- Estoy en todo, no necesito enfocarme para decir que le sienta bien, además, creo que solo debe ser usted mismo y ya. – trato de convencerlo Anthea, quería verdaderamente salir de ahí.

- ¡Tonterías! Los expertos dicen que debo mostrarle lo mejor de mí.

- Ese traje muestra lo mejor de usted

- Solo lo gordo que estoy.- Gruño molesto, mirando detenidamente el área de su abdomen.

- No está gordo.- apunto inmediatamente Anthea Bueno, como diga si tanto le preocupa, use una faja.

Mycroft sonrió macabramente como había aprendido a hacer. Anthea rodó los ojos, tecleo rápidamente en su celular, tendría que buscar una faja. Mientras Mycroft siguió probándose traje tras traje, hasta llegar a la conclusión que aquel traje azul que se había probado por primera vez era perfecto.


¡Malditos! Malditos cafés. Era lo único que pensaba Gregory Lestrade observando con gran irritación la macha que ahora se encontraba en su traje. ¡Era su único traje casi nuevo! Lo había tomado el día de hoy sin ningún motivo aparente. Aunque en el fondo sabía perfectamente que era por su cita cena con Mycroft Holmes.

Aquel hombre siempre le había parecido muy interesante, desde que lo vio por primera vez cuando había arrestado a Sherlock por irrumpir en una escena del crimen, con drogas en su sistema, y para colmar el asunto con el arma asesina.

Recordaba cómo había llegado a su oficina perfectamente vestido, con aquel inseparable paraguas -del cual se sentía celoso-, le había expuesto innumerables motivos por los cuales su hermano era completamente inocente. Recordaba igual como se había reído en su cara a carcajadas considerando inútil todo lo que le había dicho con anterioridad.

Pero antes de sacarlo "amablemente a patadas" de su despacho, lo miro a esos profundos y hermosos ojos. Viendo en ellos una seriedad y poder que al principio lo intimidó profundamente, pero poco a poco lo fue intrigando hasta el punto de enamorarlo. Patético, se enamoro de él en menos de 5 segundos solo con ver sus ojos. ¡Y su traje seguía manchado!


Ya era la hora, no podía esperar más, subió a uno de los muchos coches negros a su disposición. Le indico a su chófer que se dirigiera a Scotland Yard para recoger al DI Lestrade para llevarlo al mejor restaurante que conocía en la ciudad de Londres. Estaba preparado con su traje azul, el cual se veía perfecto debido a la faja que estaba usando. Aunque le estaba cortando levemente la respiración, valía la pena. Lestrade valía la pena.

Llegó a su destino y rápidamente con mucho entusiasmo bajo del automóvil, entro en el edificio. En el cual ya se encontraba Greg esperando en la recepción. Sonrió en su dirección mientras el se acercaba.

- ¿Listo?

- Por supuesto.

Ambos subieron al auto. Sin decir palabra alguna el trayecto fue tranquilo. Ambos se disponían a disfrutar al máximo de la compañía del otro. Disfrutando simplemente de poder sentir el calor del otro.

Cuando llegaron al restaurante cada uno tenia diferentes pensamientos. Los cuales iban desde el hecho que era el restaurante mas caro al que alguna vez en su vida había cenado o siquiera pisado. O el hecho de arrepentirse de vaciarse aquel carisimo perfume por completo, se empezaba a sentir mareado y todo el cuerpo empezaba a picarle. Mas sin embargo un pensamiento era el mismo, el de una completa felicidad.


En el hospital de Sant Barts todo transcurría con una considerable normalidad. La gente enferma era atendida por los doctores de aquel hospital. Los familiares se encontraban en las salas de espera, velando por sus seres queridos. John tenía turno nocturno y estaba tomando felizmente un café con galletas, mientras hablaba con Sherlock por medio de mensajes, los cuales poco a poco lo empezaban a frustrar -él no tenía la culpa de que se aburriese-. Todo perfectamente normal.

- Se solicita urgentemente al Doctor John Watson en urgencias.- Se escucho por altoparlante alertando a John quien inmediatamente corrió hacia la zona.- Doctor Watson a Emergencias.

Al llegar a emergencias se encontró con una escena que nunca en toda su vida imagino que llegase a suceder. En una de las camillas se encontraba un Mycroft Holmes con una notable coloración morada y clara irritación cutánea, o vamos, un montón de ronchas rojas en toda la cara. Mientras junto a él se encontraba un claramente perturbado y preocupado Gregory Lestrade sosteniendo su mano.

- ¡¿Que diablos le sucedió?! - fue lo único capaz de decir John ante semejante panorama.

- Doctor, al parecer el paciente tiene una pequeña -enorme- reacción alérgica al perfume que utilizaba, ademas tiene una falta de oxigeno debido a la presión de una faja que traía


Hola!

Lamento mucho la demora u.u He estado horriblemente enferma y no tenia ningún animo de escribir o hacer otra cosa. Verdaderamente lo lamento.

Les agradezco mucho sus comentarios me