¡Vaya!, no me esperaba que éste relato tendría tanto apoyo. ¿Saben?, originalmente nunca pensé en hacer este tipo de fic —considerando lo mucho que detestó este tipo de fics donde Naruto es malvado debido a lo mal que lo caracterizan, mal hecho que están la historia, mala trama, etc. Me hacían desistir al principio—, pero finalmente, pensé «¡Qué diablos, hazlo! A lo mejor lo haces mejor». Pero. Que quede claro algo.

NO VOY A BASHEAR A NADIE.

ODIO ÉSA MIERDA LLAMADA «BASHING».

Y el protagonista absoluto de esta historia es Sasuke; mientras que Naruto es el antagonista del fic no el primario, sino uno secundario, y será narrada desde los puntos de vista de ambos rivales, bueno en realidad desde el punto de vista de la gran mayoría de las personas, pero más de los dos.

Posibles parejas. Conste, dije POSIBLES.

Naruto x Harem

Sasuke x Secreto por ahora… solo les daré dos pistas… cabello azul y no pertenece al universo de Naruto.

Naruto no me pertenece, le pertenece a Masashi Kishimoto.

2

El crecimiento de los dos.

La estación del verano se marchaba ya. El día de mañana, sería el primer día del otoño. Aunque ya de por sí, el viento se sentía frío y las lluvias ya se habían vuelto comunes. Parecía que no pasaría un solo día sin llover, hoy fue uno de esos pocos días donde el cielo estuvo azul como la esperanza, con aquel dorado sol refulgente posado encima del cielo. Y ahora, era una plateada y gigantesca luna que bañaba toda la nación con su brillante resplandor.

Uchiha Sasuke, el único huésped que no dormía en la posada «Hanoi», alzó la mirada y contempló el cielo estrellado desde la ventana de su habitación. Aunque la fina mortaja de cristal los dividía a él y el campo, lo sentía vivificante como la luz plateaba toda su blanca piel. Por un momento, giró su cabeza para mirar su habitación que compartía con Jiraiya, plateada con una penumbra que ocasionaba la luminiscencia lunar que chocaba contra el cristal. Le echó un vistazo a Jiraiya, el Sapo Sennin. Roncaba tan fuerte que parecía hacer estremecer la tierra, Sasuke lo observaba con perplejidad (incluso una gota de sudor gigante se deslizaba por su cabeza) no había oído ronquidos tan estruendosos en su vida, ni siquiera Naruto roncaba tan fuerte.

Movió aquel sentimiento de perplejidad que sentía mientas observaba al Sennin y nuevamente se volvió para contemplar aquel bello cielo nocturno, mientras divagaba en los recuerdos y pensaba. ¿Qué se habrían hecho Sakura y Kakashi? ¿Habrían cambiado algo en estos dos años? Porque él sin duda lo había hecho, se miró fijo y contempló su nuevo vestuario. Parecía un contraste completo con su viejo atuendo azul, una camiseta sin mangas negra, una hakama tubular azul colgando debajo de su cintura, atado con una cinta de tela morada, y unos pantalones negros.

A Jiraiya no le agradaba mucho que usara aquel atuendo, Sasuke supuso que era porque era muy parecido al que Orochimaru usaba pero realmente no tenía ni idea del porqué, hablar de Orochimaru delante de Jiraiya provocaba que la plática se tornara incómoda. Jiraiya parecía afligirse cada vez que hablaban de Orochimaru o Naruto. Sasuke comenzó a conjeturar que algo paso entre los dos, de seguro se trataba de algo similar a lo que paso entre Naruto y él, hace dos años y medio.

Disipó aquellos pensamientos. Se enfoco en otros más importantes. Mañana sería el día en que volverían a Konoha. Él añoraba tanto Konoha que parecía tener un dolor en el estomago que no se marchaba. Añoraba las misiones que debía realizas; añoraba a sus camaradas; añoraba las calles tumultuosas de Konoha; añoraba a Kakashi y Sakura. Habían pasado dos años y medio ya desde que no los veía ni los saludaba ni nada, se la había pasado entrenando todos los días junto con el Sannin Jiraiya, y él estaba a la altura de su reputación como tal.

Sasuke aprendió mucho durante el trayecto de los años, desde técnicas, hasta habilidades con las armas. Jiraiya notó lo bien que el chico podría llevarse utilizando la espada. Cuando le consiguió una chokuto del Monte Myōboku notó las grandes destrezas que el joven Uchiha podía hacer, se había vuelto un excelente espadachín y utilizaba aquella espada como un conductor de su técnica favorita, el Chidori.

Sus ojos comenzaban a pesarle, su cuerpo comenzaba a sentirse pesado, tenía sueño y no había dormido en más de dos días. Se tiró en su cama y tras dar un largo bostezo, durmió esperando a que el día de mañana llegara.


Los rayos deslumbrantes del sol comenzaban a ser visibles desde el horizonte. El nuevo día llegaba con una fresca brisa matinal que arrancaba las hojas doradas y añejas de los árboles. La habitación de la pequeña posada fue bañada con aquel refulgente y amarillo resplandor, pero Uchiha Sasuke ya había despertado y como siempre impávido. Posó sus ojos negros en su actual maestro, quien ni el cantar de los gallos despertaba. Sasuke permaneció taciturno. Movió sus piernas, un paso delante del otro; abrió la puerta corrediza de madera y fue a desayunar mientras esperaba que su maestro despertase.

Sasuke tomó asiento en una mesa que estaba ubicada justamente al lado derecho de una ventana, quería contemplar el amanecer mientras desayunaba. Ninguno de los inquilinos de la posada decía nada ni hablaban entre ellos, el silencio reinaba en el comedor, siendo el único ruido audible para Sasuke el sonido del masticar del arroz. El muchacho comía con suma tranquilidad y se tomaba su tiempo con cada masticada, al mismo tiempo que contemplaba pletórico de recuerdos felices y nostálgicos, por alguna razón, le pareció volver a revivir aquel momento cuando Naruto, Sakura y él corrieron por aquella montaña cubierta por una colosal sabana de hierba. Sasuke rápidamente agarró una botella de sake, estaba acostumbrada a ella por Jiraiya, según él, desde que cumplió los quince ya tenía la edad suficiente para hacerlo.

Bebió un trago… Sabía mal. Tenía ese inconfundible sabor azucarado de la sangre.

«Sabe horrible —razonó Sasuke—. Puedo beber de todo; pero cada vez que tomó sake sabe a sangre».

La verdad era así. Desde la primera vez que tomó su primera copa, cuando la primera gota tocó su lengua, tuvo esa sensación salada y a la vez azucarada; era el mismísimo sabor de la sangre, ya había probado el mismo sabor de ese tipo las veces que se lastimaba el labio. Él curioso y algo alarmado por aquello intento pedirle ayuda a Jiraiya.

No fue una respuesta un tanto directa para él, fue más bien metafórica:

«Sí sabe mal, es porque hay algo mal dentro de ti» fue la respuesta que Jiraiya le dio. En aquel momento, la única respuesta de Sasuke fue apartar la mirada un momento para reflexionar sobre aquello.

Pero hasta el día de hoy aquella duda persistía, ¿Qué podría haber de mal dentro de él? ¿Sería su desdén hacia su hermano mayor? ¿Sería que aún seguía con esas ambiciones de poder?... o acaso ¿añoraba tanto a Naruto que se sentía mal por dentro? Sasuke decidió no hacer caso a esto. Jiraiya finalmente había despertado y por lo que se veía, estaba listo para partir ya.

Él se acerco a su joven aprendiz Uchiha, y con una sonrisa le dijo:

—Hora de irse. Estoy seguro que Kakashi y Sakura esperan impacientes por ti.


Jiraiya y Sasuke se encontraban por lo que podían saber, a menos de unos kilómetros de llegar. La brisa otoñal seguía sintiéndose en el aire, sin embargo, Sasuke no lo sentía tan frío debido a la larga capa que cubría su cuerpo desde el cuello, Jiraiya lucía temeroso. Sasuke supuso que Jiraiya pensaba alguien los atacaría erróneamente ya que la capa que portaba era muy similar al uniforme de un Akatsuki, en especial por los colores negro y rojo que llevaba.

Sasuke no consiguió esta capa por una razón muy importante, él supuso que así, si se encontraba en algún combate, el oponente no podría ver el arma predilecta del muchacho, una chokuto bien escondida en el hilo de tela que sujetaba su hakama, pero no era el momento de preocuparse como eso, lo importante, era que finalmente iban a regresar al lugar donde ambos se habían criado de niños, la aldea de Konoha, precisamente, al mismo tiempo que ambos atiborraban sus mentes de bellos recuerdos nostálgicos, desde lo lejos pudieron divisarlo. Aquel enorme portón rojo. Habían llegado.

Izumo dejo escapar un largo bostezo mientras apoyaba su cabeza en la palma de la mano izquierda. El día de hoy había sido muy laborioso y aburrido, ningún suceso impresionante ni nada, salvo las mismas, Jounin saliendo de la aldea para realizar algún recado de la Hokage o alguna misión; grupos de tres miembros encabezados por algún Jounin de Elite, viajeros que entraban a la aldea por turismo, etc., pero algo hizo que él, y su amigo y compañero, Kotetsu, casi cayeran de sus propias sillas al ver a dos personas muy bien conocidas por ellos dos entrar en la aldea y mezclarse entre la multitud.

—¡Mira, es…! —exclamó Kotetsu.

—No hay duda alguna.

Jiraiya contemplaba su aldea de antaño y a la vez a las bellas mujeres que estaban a su alrededor.

—Dos años y medio… el tiempo vuela, ¿no crees, mocoso? —expresó Jiraiya.

—Sí… —respondió el muchacho.

Sasuke se detuvo en medio de aquella muchedumbre, se sentía algo frustrado —incluso dejo escapar un respingo por ello—, quería ver la aldea y lo mucho que debió haber cambiado durante estos largos dos años con seis meses que había llevado lejos de allí. Concibió un plan para poder ver su amada aldea que no había visto en tanto tiempo. Depositó su raída mochila azul en el suelo, dio un salto y con su chakra logró trepar por el poste. Oyó las débiles risas de Jiraiya debajo de él, no eran burlonas, eran más bien divertidas.

—Por lo visto estas de buen humor, ¿eh? —dijo Jiraiya.

Desde lo alto de aquel poste de luz, Sasuke sintió la brisa otoñal que movía sus cabellos, más fuerte que como se sentía abajo. Contempló su hogar, —aunque algunas personas lo observaban perplejos porque él de la nada hubiese trepado por aquel poste de electricidad—, a él no le importaba en lo más mínimo aquello. El muchacho se hallaba feliz de estar allí nuevamente, incluso sonrió por ello, como Naruto Uzumaki lo haría.

—Ahora sí, esto me trae muchos recuerdos —dijo Sasuke—. Este lugar no ha cambiado nada en todo este tiempo.

Aunque algo llamó su atención. De hecho, algo si había cambiado. Tanto Sasuke como Jiraiya ahogaron una breve risa al verlo. El monte Hokage llevaba tallado ahora el rostro de Tsunade, justo al lado izquierdo del Yondaime.

—¡Ah!... Sasuke, has crecido.

Reconoció aquella voz. Aquel tono grave y sereno con esa familiar forma de hablar solo podría pertenecer a una persona que sabía su nombre. —Con una amplia sonrisa— él se volteó y allí, sentado en el tejado de un edificio estaba con el mismo aspecto que tenía desde la última vez que lo vio hace dos años y medio, mismo cabello plateado, mismas facciones faciales que le daban un aspecto somnoliento, mismo atuendo corriente de un jounin con la particularidad que su banda regulatoria —de un tono de azul más oscuro que el de un genin— cubría su ojo izquierdo.

—¡Buenas! —le saludó Kakashi con la mano.

—¡Hey, eres tú, Kakashi! —exclamó Sasuke con regocijo de ver a su sensei de antaño. Él pegó un saltó para acercarse al hombre de los cabellos plateados—. No has cambiado en nada durante el tiempo que estuve fuera.

Sasuke comenzó a buscar un cierto objeto que Jiraiya le había dado. Él pensó que sería mejor dárselo a Kakashi, ya que él lo apreciaría más.

—Oye, te tengo un regalo, a mí no me gusto, me pareció bastante aburrido, pero estoy seguro que te gustará, Kakashi.

Sasuke finalmente sacó el presente del que hablaba, un libro, contenía un máximo de ciento sesenta y tres páginas de ancho y tenía una tapa dura de color celeste, en el momento en que Kakashi leyó el libro sintió un estremecimiento recorriéndole el cuerpo.

—¡¿Qué?! ¡Tú!...¡E-e-esto es!

Kakashi temía el solo tocarlo —no se sentía digno de hacerlo todavía—, aquel objeto sagrado que llevaba esperando tener en sus manos desde hace meses. El último libro de la saga Icha Icha finalmente estaba en sus manos, ¿era un sueño? Se pellizco la mejilla, ¡pero no soñaba! ¡Su mayor sueño se había hecho realidad! Aún temblando de la emoción le dio a Sasuke un abrazo de alumno y maestro.

—¡Uchiha Sasuke! ¡Juró que te guiaré por el buen camino como tu maestro!

—Sí… —una enorme gota de sudor cayó por su nuca completamente confundido sobre lo que su sensei hacía— éste… Kakashi me estas asustando.

Los dos bajaron nuevamente con Jiraiya tras una pequeña charla tras haberse reencontrado tras dos años y medio. Habían acordado ir para buscar a Sakura y hablarle, aunque durante el camino, alguien se puso en su camino.

¿Quién era aquella muchacha de larga cabellera rosada? Hasta que se volteó, Sasuke no se dio cuenta de quien se trataba. ¡Era Sakura! Se veía completamente diferente a como había lucido la última vez que se vieron las caras; sin embargo, su rostro aún seguía viéndose exactamente igual a como se veía hace dos años y medio, solo que ciertas facciones de su angelical rostro habían madurado levemente. Había dejado crecer su cabello para dejarlo tan largo como era antes, sus atuendo era un largo vestido rojo con una franja rosada por debajo del busto, aquellos pantalones azules que usaba antes habían sido reemplazados por unos pantalones cortos negros que se ajustaban perfectamente a sus muslos, las acostumbradas sandalias azules que solía usar ella —como Sasuke— las había reemplazado —en su caso por unas botas marrones—. Algo más que había notado el Uchiha era que sus brazos estaban cubiertos por guantes marrones tan largos que los abrigaban completamente incluso alcanzando los hombros y además, ya no llevaba ningún tipo de banda atado en el cabello.

—¿Sakura? —inquirió Sasuke.

Sakura se volteó, y miró con los ojos desmesuradamente abiertos de la sorpresa al Uchiha. Lucía completamente cambiado al Sasuke que conocía, siendo el cambio más grande: sus ojos, que lucían más amistosos que la mirada angosta que tenía antes.

—¡Hey, tú eres Sasuke-Kun! ¿Verdad? —inquirió Sakura, mientras le apuntaba.

El momento que ella había esperado llego. Ella se acercó a Sasuke para pedirle su opinión sincera sobre un tema en específico. No era que fuese para él, ella quería saberlo para mostrárselo a otra persona…

—¿Cómo estoy? Me he vuelto bastante más femenina, supongo —preguntó mientras apoyaba el dedo índice debajo de su mejilla.

—Bastante —expresó Sasuke aún observando con asombro a su compañera de cabellos rosados—, casi ni te reconocí. Cambiaste muchísimo, Sakura.

Sakura examinó más afondo a Sasuke. Sin duda había cambiado más de lo que ella esperaba. Haber estado con el maestro de antaño de Naruto parecía haberle cambiado tanto física y mentalmente. Solo oraba porque no lo hubiera convertido en un pervertido como lo era él.

Ambos querían charlar, aunque sea un momento para saber sobre lo que habían hecho durante aquellos dos años y medio. Si habían conocido a nuevas personas durante aquellos tiempos, que tipo de entrenamiento habían hecho y que tan fuertes se habían vuelto; sin embargo, Tsunade —tras dar un suspiro— se dirigió a Kakashi.

—Muy bien, el descanso acaba aquí, de vuelta al trabajo, Kakashi…

Kakashi entendió lo que Tsunade se refería. De pronto, su libro yacía cerrado y guardado en su bolsa porta-armas para continuar con aquella lectura en otro momento, ya que ahora había que preocuparse por otras cosas. Él centró su atención en sus dos estudiantes.

—Bien, ¿ha pasado un tiempo, no?

»A partir del día de hoy, ustedes dos y yo formaremos un equipo e iremos a misiones juntos. Pero ya no hay sensei y discípulos. Simplemente somos ninjas de Konoha.

Ambos dirigieron su atención hacia él, cuando Kakashi dirigió su mano derecha hacia la misma bolsa donde acababa de guardar su libro. Pareció hurgar en él por algo que yacía en su interior, pues podían oír como las distintas armas afiladas se revolvía entre sí. Finalmente, oyeron el tintineó característico de un cierto objeto que en un instante les trajo un sinnúmero de remembranzas nostálgicas. Finalmente alzó el brazo, y les reveló aquello que emitía ese curioso tintín. ¡Los mismos dos plateados cascabelesque hace tres años intentaron con vehemencia conseguir!

—¡Muestréenme todo lo que ustedes han madurado! —dijo Kakashi—. Las reglas son las mismas que la última vez. —Los dos compañeros sonrieron al encontrarse desafiados por su sensei—. ¡No podrán quitarme estos cascabeles a menos que tengan la intención de matarme!


Los tres se habían dirigido al campo de entrenamiento. Decidieron utilizar el terreno número siete, el mismo lugar en donde habían hecho la misma prueba en aquellos días de antaño. Sasuke contempló aquel campo. No había cambiado absolutamente. Reconoció los tres postes; aquel extenso boscaje donde se había metido en aquellos días para luchar contra Kakashi; el extenso y verde césped que se extendía debajo de ellos formando una mortaja de herbaje verdoso; y el pequeño riachuelo que estaba cerca de ellos donde podía notar a algunos peces brincado por encima del agua.

Sasuke sonrió tras emitir una breve risa.

—Esto es nostálgico… —opinó.

Kakashi desvió los ojos de su lectura.

—¡Ah sí, es verdad! Aquí fue donde tuvieron su primer enfrentamiento —rememoró Kakashi.

Sakura contempló el suelo con pesar.

—Equipo Siete… —ella murmuró.

Sasuke frunció el ceño con abatimiento.

Éramos tres en esos tiempos —murmuró

Kakashi también se notaba abatido por recordar, como él pudo haberlo impedido todo, si tan solo hubiera hablado a tiempo…

—En aquel entonces —musitó— Naruto estaba allí

Kakashi levantó la cabeza al escuchar un súbito bullicio delante de él. Cuando se dio cuenta. Sakura y Sasuke estaba desplomados en el suelo mientras notaba nubes oscuras alrededor de ambos. Se dio cuenta de lo que ocurría si mencionaba el nombre Uzumaki Naruto delante de ellos dos. Al hacerlo se dio cuenta que el estado emocional de los dos decaía por los suelos cuando lo oían ¿Acaso tan afectados estaban por ello?

Kakashi estaba tan confundido en esos momentos, que incluso una colosal gota brillante de sudor hizo su camino sobre su frente.

«No, no hay duda de que no puedo nombrar a Naruto delante de ellos»,caviló Kakashi.

Sin embargo, la nube de depresión de los dos se esfumó de inmediato, cuando Sasuke oyó el sonido del libro que hace un momento Kakashi leía. Volteó y cuando se dio cuenta, el libro «Tácticas Icha Icha» ya no estaba en manos del jounin, seguramente lo había guardado.

—Bien, comencemos de una vez —dijo Kakashi.

Sasuke comenzó a remover la capa que llevaba alrededor de su cuerpo, mientras su rostro sostenía una sonrisa astuta.

—Mejor prepárate, Kakashi, porque no tendrás tiempo de leer ese libro como la última vez.

Tras haberlo dicho. Sasuke lanzó la capa por los aires, quedando con sus vestimentas que llevaba debajo de aquellas. Kakashi supuso que era porque él iba a luchar en serio contra él.

—¿Terminaste de leerlo? —preguntó Sakura.

—No, dejaré la lectura para más tarde —respondió Kakashi— Creo que voy a tener —él postro su mano en su banda regulatoria y la movió para revelar el carmín Sharingan maduro de sus ojos— que ponerme algo más serio.

—¿Listos?... comiencen.

De pronto, Kakashi se esfumó dejando detrás de él una nube de humo. Había usado el jutsu de cuerpo parpadeante para esconderse en algún sitio. Pero, ¿en dónde? Sakura examinó el lugar con sus ojos en busca de Kakashi y ella giró sus ojos en todas las direcciones posibles. «¿Arriba, derecha, detrás, izquierda?»… era bastante obvio donde estaba él. Kakashi-sensei se encontraba…

—¡DEBAJO!

Sasuke se movió lo más rápido que podía en el momento que el puño de Sakura chocó contra el suelo. Sasuke no esperaba el efecto que surgió tras el impacto. ¡El suelo colapso debajo de los pies de él! Él plenamente aterrado miró a Sakura con sus ojos hechos unos enormes platos blancos. «¡¿Pero qué de– ?!

De entre la tierra y los escombros. Ambos pudieron distinguir a Kakashi, él —al igual que Sasuke— estaba aterrado por aquella fortaleza que la kunoichi tenía. Sus ojos convertidos en colosales orbes blancos no mentían.

—Mamá… que fuerza tan horrorosa —musitó Kakashi.

—Kakashi-sensei… —Sakura habló con tono meloso, capturando la atención del jounin— te encontré.

Kakashi inmediatamente se puso de pie, y se sumió en sus pensamientos…

Ahora me doy cuenta de lo que ocurre, Sakura ha moldeado una gran cantidad de chakra en su cuerpo; liberándolo en un instante en forma de un súper-puñetazo. Sin hacer uso de un control perfecto y preciso del chakra ella no podría hacer algo como esto.

Además de dominar técnicas médicas, fuerza sobrehumanas…

No… es más que eso, Sakura originalmente era del tipo genjutsu… ella puede superar con creces a la Godaime.

—¡De acuerdo! —exclamó Kakashi—. ¡Tomaré la iniciativa! ¿Están listos?


Para Uchiha Sasuke, esta había sido una de las pruebas más arduas que había tenido en años. Aunque hubo momentos en el pasado en los cuales Jiraiya casi pareció intentar atentar contra su vida; esto era comparable a aquellas ocasiones. Ambos, Sakura y él se habían ocultado detrás de un árbol.

Sasuke desde hacía unos minutos tenía la inquietante sensación de que Kakashi estaba más cerca de lo que ellos creían, pero ya no podía activar su Sharingan para verificarlo, su chakra se agotó y estaba exhausto. Él notaba como en la tersa piel de su compañera estaba empapada por las gotas de sudor y mugre, y ahora que notaba, también él estaba en las mismas condiciones.

—Ya sabíamos de lo que es capaz el Sharingan—opinó Sakura—; sin embargo, encima hay que sumarle la velocidad que tiene para hacer sellos de mano. Es muy rápido por lo que no puedo acercarme demasiado.

—Sí, Kakashi es muy fuerte —corroboró Sasuke—. Es más listo que Shikamaru, tiene un olfato mejor al de Kiba, un Sharingan que (puedo decir con certeza que es mejor que el mío), y lucha mejor que Rock Lee.

Sakura sonrió animada.

—¡Pero Kakashi-sensei debe tener una debilidad!

Sasuke ubicó su mano por debajo del mentón y se decido a pensar. Contempló a la luna llena que se cernía sobre ellos. Sakura no podía estar equivocada, hasta alguien como lo era Kakashi debía tener una debilidad, hasta podría ser lo más inofensivo. Y ahora que lo pensaba bien ¡Sí, lo tenía! ¡Esa tenía que ser la debilidad de Kakashi!

Sakura contempló como el níveo rostro del Uchiha formaba una sonrisa en la zona de los labios. Una animada. Él se volteó hacia ella y le dijo:

—Ya lo sé

Sakura abrió los ojos y alzó las cejas desmesuradamente por aquella sorpresa. ¿Sería verdad?

—¿Eh? ¿En serio?

Sasuke rió de forma picarona.

—Si piensas mucho en lo que Kakashi ha hecho hasta ahora, lo sabrás —replicó Sasuke.

—¡No me tengas así! —se quejó Sakura—. ¡Dímelo ya!

—Bueno, es esto…

Sasuke le hizo a Sakura una señal para que ella se acercara. No quería arriesgarse a que Kakashi los oyera arruinando así aquel plan que le había costado un gran esfuerzo de maquinar.

La muchacha de cabellos rosados acercó su rostro como él lo pedía, y en el oído le susurró el plan que tenía planeado, ella oyó con la mayor atención posible cada una de las palabras que susurraba su compañero, no era ni el plan más complicado del mundo, ni el más normal; ¡pero le encantó! Conociendo bien a Kakashi-sensei iba a funcionar sin hacer el mínimo brío. Ella se sonrió radiante.

—¡Ya veo! ¡No puedo creer que ése sea su punto débil! —exclamó—. ¡Con eso seremos capaces de que el sensei no use las manos y si las cosas marchan bien, tampoco será capaz de usar el Sharingan!

—¡Usemos entonces esa táctica! —exclamó Sasuke.

—¡Sasuke-Kun, realmente eres un genio!

El muchacho Uchiha cerró sus ojos y sonrió mostrando su dentadura ante el elogio de su compañera. Tras un instante abrió los ojos y puso el puño adelante.

—¡Si actuamos primero, ganaremos! Tenemos que tomar la iniciativa —dijo Sasuke.

—¡Muy bien, vamos!

Los dos emprendieron la marcha. Saltaron por encima de los árboles, y corrieron por las ramas, brincado una en otra. Para su suerte, el joven Sasuke sentía como su chakra había vuelto, no era una cantidad ni muy grande ni muy pequeña, era lo suficientemente grande para usar el dōjutsu conocido simplemente como Sharingan. En una milésima de segundo, él cerro sus ojos y los abrió de forma desmesurada dejando ver sus ojos carmines brillando en medio de la oscuridad de la noche y entre las siluetas generadas por la frondosidad de las hojas de los árboles. Allí estaba, a más o menos cuatro metros de distancia —según contaba—.

Él se ocultaba tras un árbol, asomando de vez en cuando la cabeza para intentar observar si es que alguno de ellos dos intentaba atacarlo furtivamente. De pronto, una sacudida pasó en su mente, alguien venía, los dos Chakras de sus alumnos era palpable para él. Pero no venían corriendo, ¡venían de arriba! Kakashi alzó la cabeza a lo alto de los arboles. Kakashi se sentía confundido, ¿por qué vendrían a atacarlo así directamente hacía él? El sigilo era el arma más importante de un buen shinobi, eso le habían enseñado en la academia, y en esos momentos, Sasuke y Sakura no estaban haciendo más que la más colosal tontería que había visto en años. Pero, en ese preciso momento, Sasuke habló:

—¡Aquí voy, Kakashi! —bramó Sasuke.

Kakashi se preparó para lo que sea que él tuviese preparado. Ya sabía con antelación lo que Sasuke debía planear, atacarlo frontalmente era lo mismo que había hecho hace años, justamente en el mismo día en que había tenido aquella prueba. Nunca aprendía, era como Naruto de una forma bastante difícil de explicar para él. Pero, para su horror, su plan no era atacarlo en lo más mínimo, cuando Sasuke gritó lo que planeaba, Kakashi sintió como su corazón daba un bombazo que lanzaba adrenalina a todo su sistema nervioso.

—¡EL FINAL DE TÁCTICAS ICHA ICHA ES! —rugió Sasuke—. ¡LA VERDAD ES… EL PROTAGONISTA DE VERDAD ES…

«¡¿QUÉEEEE?! ¡PELIGRO, SPOILERS!» Kakashi sabía con horror que no podía oír aquello que Sasuke dijera, si lo hacía le arruinarían el nuevo libro que tanto había añorado por leer. Con brusquedad se tapo sus oídos… pero… «¡Maldita sea, aún así puedo leer sus labios con el Sharingan! ¡DEBO…!» Cerró sus ojos con fuerza y desvió la mirada para evitar que pudiera evitar alguna revelación de lo que ocurría.

Oyó un ruido.

Tintín…

Se destapo los oídos y se volvió hacia sus alumnos. «Oh no…»

Para su horror. Ambos tenían los cascabeles en mano, ¡pero qué tonto fue! ¡Sí se le había olvidado como Sasuke le había dicho que le parecía aburrido! Pero, bueno, no se le podía hacer más nada a aquello. Él sonrió al ver como los dos habían hecho un progreso muy marcado al hecho anteriormente en sus años de niñez. Kakashi lo sabía, no lo habían hecho todo aquel sacrificio diario de entrenamiento hecho con cada uno de sus maestros, ellos lo hacían por él. Ahora mismo, Kakashi se preguntaba… ¿Dónde se encontraba Naruto en esos momentos en los que ellos hablaban calmadamente?


Entre tanto, a incontables kilómetros de distancia de allí; un muchacho de la misma edad de Uchiha Sasuke, con el mismo desvelo, marchaba en medio de la nieve y el frío; pero no le afectaba en lo más mínimo. Un paso delante del otro, no tenía nada más que hacer que contar sus propios pasos, mirando las huellas que dejaba en la fría nieve, y aquella sensación fría alrededor de sus dedos. Inclinó su vista un momento para observar sus pies, estaban enrojecidos y pelándose, un dolor intenso taladraba desde el meñique hasta el dedo gordo del par de pies, sin embargo, el chico mostraba una mirada imperturbable y fría —como una máquina— volvió a mover un pie delante del otro, caminando como un autómata sin detenerse ni un momento.

Nisshoku Naruto no era ni la sombra de Uzumaki Naruto quien había sido su pasado. Él era un muchacho imperturbable, frío y cruel. No tenía piedad con cualquiera que se enfrentara en contra suya. Ni aquel que había sido su maestro durante los dos últimos años había podido con él, Naruto acabó con su vida tan rápido que el pobre viejo Masamure ni siquiera tuvo tiempo para defenderse, en un instante, sintió el acero traspasando su pecho, y tras ello nada más.

Él había cambiado en esos años, dejo completamente de ser aquel chiquillo tonto que vestía anaranjado, y decidió convertirse en alguien completamente diferente a Uzumaki Naruto para dejar en claro una marcada diferencia de quien fue alguna vez. Sus vestimentas, oscuras y poco llamativas en contraste a el viejo naranja; portando una camiseta sin mangas oscura como la noche, pantalones negros similares a aquellos que usaban los Jonin con su atuendo típico, sandalias negras que le servían para cubrir sus tobillos, se cubría del frío mediante una larga capucha oscura muy raída por el tiempo. Su físico también había cambiado, aunque su piel seguía siendo sonrosado y tenía aún aquellas marcas asimiles a los de un gato; era compensado por su mirada, intimidante y insensible. Además de una katana colgando detrás de su espalda, su arma predilecta en aquellos momentos.

Sus planes eran sombríos. Necesitaba personas que lo apoyaran, ¿hombres? No… mujeres, para él, las mujeres eran lo más manipulable posible. No le importaba en nada nadie ni nada, él ya sabía que podría hacer, con aquella personalidad que tenía en estos momentos podría engañar a cualquier mujer para que lo siguiera. No le importaba si realmente ellas crearan un sentimiento por él, ¡sus habilidades era todo lo que él necesitaba! (Entre ellas estaba Naomi, él había logrado engatusarla con su nueva personalidad, la Yoko no se daba cuenta que ella solo formaba una pequeña parte del plan de Nisshoku Naruto —él era tan astuto que incluso podía hacer que sus pensamientos fuesen privados solamente para él, y ni siquiera ella sabía que planeaba en esos momentos—). Así Konoha sería destruida y Danzou, muerto como la sabandija que era.

Él había llevado recorriendo aquel sendero. Maquinando su plan poco a poco juntamente a los pasos que daba. ¿Cuál era el destino de esté personaje?... Un cierto lugar, con una cierta vieja amiga que había conocido durante este entrenamiento.


Próximamente: Dos individuos muy curiosos invaden Sunagakure; y está en deber del nuevo Godaime Kazekage pararlos a toda costa.

El próximo capítulo será: Los que invaden la arena.