Género: Yaoi
Pareja: Taichi X Yamato
Contenido: Angustia, Romance
Clasificación: NC-17
Título:
RAPSODIA
Versión 4.0
Escrito por: Meyka Tanimoto
Pensando: "".
Hablando: - -.
Recuerdos: cursivas
Capítulo 2
Del odio al amor hay un paso
: -: : -: : -:
Yamato y Taichi caminaban despacio por las calles, el cielo comenzaba a oscurecer. Ninguno de los chicos movió sus labios para decir algo; sin embargo, el ambiente se sentía tenso.
-"Genial, ¿qué se hace en estos casos?" -pensaba Taichi mientras miraba a Yamato despistadamente- "Necesito contacto físico, pero..."
-"¿En qué estará pensando Taichi?" -Yamato comenzó a sentirse nervioso, pues la situación era incómoda para ambos- "¿Qué pensará hacer? ¿Y si me besa?"
-"¿Y si lo beso?" -Taichi desechó esa idea, para él era demasiado pedirle una cita- "No, ¡qué asco!"
-"Ay Yamato..." -comenzó a sonrojarse cuando esa escena comenzó a formarse rápidamente en su mente- "… tú y tus sueños guajiros."
-Oye Yamato... -Taichi rompió los pensamientos del chico rubio mientras le sonreía-, ¿qué tienes planeado para ésta noche?
-¡Qué! -lo dijo totalmente sonrojado- Pues... "¿Por qué demonios me lo pregunta? ¿Querrá avanzar tan rápido?"
-Dime, ¿no me tienes confianza?
-No. Eh... no, ¡no quise decir eso! -se alarmó por su respuesta- Claro que te la tengo, pero...
-Sí, ¡la misma confianza como cuando me dijiste que Sora y tú eran novios! –el tono que empleó en su voz fue fulminante, haciendo que el corazón del otro diera un brinco.
-Lo siento mucho Taichi –bajó la cabeza, sintiéndose apenado-, pero no era mi intención ocultártelo.
-Bueno, eso ya no importa, ¿sabes por qué? –el moreno comenzó a acercarse a Yamato lo más que pudo- Porque al saberte de otra persona enloquecí, a quien realmente amo es a ti, lo que sentía por Sora siempre fue un amor de amistad.
-¿En serio? –volteó a todas partes, intentando no mostrar su nerviosismo, sin éxito.
-Así es -lo dijo acercándose aún más.
-"¿Me va a besar?" -pensó, intentando retroceder sin mucho éxito, pues un árbol se interpuso en su camino "¿Lo hará?"
-¡Qué cara tan graciosa pusiste Yamato! -rió sensualmente en el oído del rubio, a quien no le agradaron sus palabras.
-¡Déjame en paz! -fue lo último que alcanzó a decir antes de que unos cálidos y suaves labios se juntasen a los suyos.
Todo fue tan rápido. Quiso decir algo, pero ese descuido fue aprovechado por Taichi para introducir su lengua en su boca, dejándose llevar por el momento, enredando la suya con la del moreno. Su cuerpo comenzó a ser empujado por Tai, rozándolo contra el suyo, lo cual aumentó su pulso de un momento a otro. Pero no había intenciones de separarse del chico moreno que lo tenía aprisionado.
Su boca fue abandonada, para que una suave lengua pasara, dejando un rastro húmedo en su cuello. Un gemido escapó de sus labios, pero pronto estos fueron cubiertos por la mano de Tai, el cual le susurró al oído: "Te excitas fácilmente" algo que hizo que Yamato entendiera las intenciones de su amigo.
-¡Déjame! –Yamato sentía una terrible confusión, sus sentimientos se arremolinaban en su pecho. ¿Cuánto tiempo no esperó ese momento? Y ahora que llegaba lo rechazaba.
-Pero tú me aceptaste –Taichi abrazó al rubio, creando un caos mayor en su corazón.
Una lágrima escapó de los hermosos ojos azules del portador del emblema de la amistad, pero fue detenida por él mismo, no iba a delatar lo que sentía en ese momento, quería darle un puñetazo al moreno en la cara, pero a la vez quería afianzarse con mayor fuerza de su abrazo.
-Sé que lo deseas porque seguiste el beso que yo te di.
-No, es que, yo... –balbuceó un par de veces, tratando de traer lucidez a su mente-… no sé lo que estaba pensando.
-Está bien, no te molestaré más –el castaño dio media vuelta, sabiendo la reacción inconsciente que tendría su mejor amigo, lo conocía bien.
-Tai... –su mano izquierda se movió y detuvo el andar del otro-... Perdóname, yo...
-Esto es extraño, pero...–sonrió-... sé que tú también lo deseabas –le plantó un inocente beso en la mejilla, acariciando suavemente su rostro, después se alejó de ese lugar-. ¡Nos vemos el lunes, Yamato! ¡Piensa en mí! –con un ademán de su mano derecha se fue perdiendo en el horizonte.
Tragó fuertemente saliva, tocando sus labios. Se dejó caer sobre el pasto del parque, sintiéndose conmovido y defraudado. Debía decirle lo que escuchó, sabía que tenía qué hacerlo, pero no sabía cómo comenzar y tampoco cómo explicar lo que sentía cada vez que estaban tan cerca. ¿Acaso Taichi aceptaría sus sentimientos o lo repudiaría?
-¿Por qué te rechacé? ¿Por qué no acepté lo que en realidad siento?
Apretó los puños, levantándose de ahí. Miró después el cielo gris que se extendía por la ciudad, seguramente ese día llovería y si no se daba prisa, pronto quedaría empapado.
Comenzó a caminar mientras recordaba porqué se enamoró de él, del líder del grupo. Fue quizá porque le hizo ver cuando estaba equivocado, le abrió el corazón hacia los demás y fue su acompañante fiel desde la primera vez que se conocieron. Sin embargo, en ésta ocasión, él sabía que era un juego, una apuesta, que pronto terminaría en tragedia y si no se alejaba en ese momento caería en la trampa, en la red que Taichi le estaba tejiendo.
-Dile que lo sabes Yamato, díselo...
Pensó en voz alta mientras se dirigía al único lugar en el que se sentía seguro: Un departamento que había comprado con los ahorros de las giras de él y su grupo.
-Dile que lo amas, ¡pero que sabes lo del plan de Sora!
No obstante, al tomar las llaves para abrir la puerta se llevó un tremendo susto al ver los ojos azules de su hermano menor mirarle con gran detenimiento.
-¿El plan de Sora? –Takeru sonrió, mientras le seguía- Ya estás delirando.
Ambos entraron a aquel espacioso lugar bellamente decorado. Las paredes eran de color blanco, y sobre los ventanales se encontraban unas amplias cortinas de color rojo. La sala era el recibidor, en donde tres sillones y una mesa de centro con detalles como del tablero de un ajedrez, llenaban de calidez cada rincón. La cocina se podía observar desde el lado derecho, donde una barra separaba el comedor de ésta. Los muebles de color rojo le daban cierto aire de elegancia. Su lugar favorito, en donde se podía relajar.
-Hola –dijo Yamato, sentándose en el sillón más pequeño. ¿Cómo está mamá?
-Bien–su hermano pequeño se sentó en uno de los brazos del mueble en donde se encontraba sentado su hermano-. Te mandó saludos –calló por unos instantes-. Hermano, ¿por qué no estabas en el departamento de papá? –su voz sonó como en tono de reproche, aún y cuando sus ojos mostraran lo contrario.
-Quería estar solo –bajó la cabeza con pesadumbre-, para poder pensar.
-Así que te quedarás aquí –afirmó, esperando que con la mirada tierna que puso su hermano comprendiera sus intenciones.
-Pues no lo sé... creo que es mejor –sonrió a su hermanito con condescendencia-, ¿y por qué no estás en casa? Ya es noche.
-Quería visitarte... dime, ¿me puedo quedar? Quiero bañarme en la tina, es genial.
-No lo sé. La verdad no planeaba quedarme -Yamato volteó hacia otro lugar y después señaló el teléfono-. ¿Le hablas a mamá tú o lo hago yo?
-Dile tú, porque si sabe que fui yo el de la idea no me dejará –le mostró la lengua, en señal de diversión.
-Está bien.
El rubio más grande levantó el auricular del teléfono y marcó varios dígitos. Segundos después alguien descolgó y contestó del otro lado.
-¿Bueno? –la voz de una mujer sonó por la bocina.
-Hola mamá, ¿cómo has estado?
-¿Yamato? ¿Eres tú?
-Sí, soy yo, disculpa, quería pedirte permiso para que Takeru se quede conmigo.
-Ahora no, tu padre está aquí -se alejó de la sala, para que su ex esposo no la escuchara y bajó la voz-. Vino a visitar a Takeru, ¿qué le diría?
-Es cierto, qué lástima –bajó un poco la voz tambié por guardar mi secreto.
-De nada, Yamato –sonrió, regresando su voz a la normalidad-. Vengan ambos a cenar.
-Claro, muchas gracias, allá vamos. ¡Hasta pronto!
-Hasta pronto cariño... -colgaron los dos al mismo tiempo.
Natsuko, la madre de aquellos dos chicos, dejó escapar un suspiro. Aún se preguntaba si su ex esposo, Hiroaki Ishida, no se había dado cuenta que los ingresos de la banda de su hijo le habían dado la oportunidad de comprar semejante apartamento.
-¿Quién era, Natsuko? -gritó Hiroaki desde la cocina.
-Era tu hijo mayor –sonrió un poco nerviosa, para después revolver algo que se estaba cociendo en una olla-. Me dijo que Takeru había ido con él, pero le dije que estabas aquí y pensaron en venir.
-Mejor, así estaremos los cuatro juntos.
-Así es... -el nerviosismo la delataba, pero lo aparentó en la confianza que le tenía a Yamato, tanta como para no decirle a Hiroaki que su hijo había comprado ese lujoso apartamento-... los cuatro juntos...
Yamato Ishida y Takeru Takaishi caminaban por la ciudad de Hikarigaoka, lugar donde ambos nacieron. Acababan de bajar del tren y se dirigían a la casa de su madre.
Por el físico que tenían llamaban la atención de cualquiera que pasaba a su lado, aún y cuando Yamato llevara aún el uniforme de la secundaria.
-¿Has pensado en decirle a mi papá sobre el apartamento, Yamato? –preguntó de improviso a su hermano, mientras le miraba directamente a los ojos- Es extraño que aún no lo hagas.
-¿Por qué me lo preguntas Takeru? –se extrañó por el interrogatorio, dado que estaba un poco distraído.
-Bueno, es que aún no se lo dices, ¿qué esperas para hacerlo?
-Ja, ja... bueno, lo que sucede es que no quiero que me moleste y pues como no conoce ese lugar, no corro el riesgo de que me vaya a reprender allí –sonrió con condescendencia.
-Sí, ya se me hacía extraño. Un plan con maña, ¿verdad?
-Justamente lo que insinúas.
Cuando llegaron al departamento ambos saludaron a sus padres y se dispusieron a cenar; sin embargo, el distanciamiento y la distracción de Yamato estuvieron presentes a cada momento, haciendo preguntar a su hermano cuál era el motivo por su ensimismamiento.
El lunes llegó, algo que Yamato no quería, o bien, intentaba retrasar el momento en que viera a su mejor amigo, pues aún se sentía confundido por todo lo que había sucedido.
Se alistaba para irse a la escuela cuando tocaron la puerta.
-¡Voy!
Gritó desde su habitación, tomó sus cosas y abrió la puerta, sorprendiéndose sobremanera cuando vio al moreno frente a él, sonriendo con delicadeza, mientras se mantenía recargado sobre el marco de la puerta con su brazo derecho.
-¡Tai! –dijo con sorpresa.
-¡Hola Yamato! -Taichi le sonrió con alegría, mientras lo arrastraba fuera del departamento- ¡Hoy vine por ti!
-Sí, ya me di cuenta –dijo, mientras el recuerdo del beso acudió a su mente, poniéndolo nervioso-, entonces vámonos.
-Ja, ja, ja. ¿No me das mi beso de los buenos días? -se acercó acechante hacia él, como incitándolo.
-Tai, estamos afuera de mi casa... -se hizo hacia atrás, hasta que la pared lo detuvo.
-Es sólo un beso, ¿por qué le das tanta importancia?
-Porque pueden vernos –entrecerró los ojos.
-Si no me lo das, te lo robaré.
-No te atreves –aunque sus palabras contradecían sus actos, pues se hacía cada vez más para atrás, adentrándose en el departamento.
-Claro que sí, ¿quieres ver otra vez?
Yamato dejó caer la mochila cuando sintió los labios del moreno sobre los suyos, después, Taichi se alejó victorioso, mientras un sonrojado Yamato caminaba detrás de él minutos después para ir a la escuela.
-¿Por qué caminas tan despacio? –Yagami parecía radiante al arrastrar a su mejor amigo, quien tenía el rostro sonrojado.
-Es que no tengo deseos de ir a la escuela –aunque realmente sus pretensiones no eran esas, sino tratar de calmar a su corazón.
-Yo sé cómo librarnos de las clases.
-¿Ah, sí? –por primera vez volteó a verle, con la incredulidad pintando todo su rostro.
-Sí.
-¿Y cómo? –parpadeó, seriamente confundido.
-Así... -lo lanzó a la calle y un automóvil casi lo atropella- Ups, no sabía que estabas tan distraído. No era mi intención que te lastimaras –se colocó en cuclillas frente al rubio, mirándole con mucha preocupación-, ¿estás bien?
El rostro del rubio estaba tan blanco como la nieve después del susto recibido y el fuerte dolor que le acometía comenzó a formar en sus ojos unas lágrimas que no permitió que cayeran.
-¡Te parece que esté bien! –Yamato gritó histérico, mientras tomaba del cuello de la camisa al moreno que se encontraba agachado para cerciorarse del estado en que se encontraba- ¡Casi me atropella ese auto! ¡Me caí hacia atrás, me torcí el pie y me lastimé el tobillo! ¡Ahora no puedo caminar! –en ésta ocasión, las lágrimas fueron más notorias- ¡No... no vuelvas a hacerlo!
-Lo siento, será mejor llevarte a casa, no puedo dejarte así –parecía realmente arrepentido por lo que había hecho.
-¡Claro que no, estúpido!
-Cálmate por favor, te juro que no fue mi intención. Sólo era una broma.
Taichi dejó escapar un suspiro, mientras ayudaba a su mejor amigo a incorporarse.
-No sé qué pasa últimamente por tu cabeza que estás tan distraído.
El corazón de Yamato se detuvo, mientras volteaba a ver al moreno con sorpresa. ¿Últimamente?
-¿Desde cuándo? –le preguntó a Tai, quien se sorprendió por la pregunta.
-Bueno, tienes unos meses actuando raro –hizo memoria-, si mal no recuerdo, desde la vez en que la maestra de matemáticas te regañó por mirar por la ventana.
Era cierto, recordaba que en esa ocasión se había quedado viendo el partido que Taichi tuvo como capitán contra otra escuela rival. Sonrió con tristeza, entonces desde ese momento se había percatado él mismo que sentía algo especial por el moreno.
-Recuerdo que cuando llegamos del partido la maestra estaba completamente sorprendida por tu comportamiento, porque eres de los mejores en esa materia.
-Sí, supongo –dijo con tristeza.
-Perdóname por no tomar en cuenta que quizá no estarías prestando atención a lo que hacía y por haberte causado un susto de muerte. Creo que me sentiría mucho muy culpable de que algo malo te pasara.
-No, perdóname a mí por ponerme como histérico.
-Bueno, eso ya es de todos los días.
Ambos rieron.
Taichi cargó a Yamato en brazos, el cual tuvo qué rodear con los suyos el cuello del otro. Su sonrojo fascinaba al chico moreno, mientras el rubio trataba de aparentarlo mirando hacia otros lugares; sin embargo, algo no salió como esperaban.
-Yamato, traes la llave del apartamento, ¿verdad?
-¿Por qué me lo preguntas Tai?
-Porque cuando te empujé vi que algo cayó de tu bolsillo.
-A ver... –se cercioró de que las llaves estuvieran en ese lugar, pero no encontró nada-¡No, no la traigo!
-¡Qué!
Taichi no prestó atención y dejó caer al rubio, quien nuevamente fue a parar al suelo.
-¡Oye! ¡Ahora me lastimé la cadera! –Yamato comenzó a sobarse la retaguardia, mientras miraba al otro desconcertado- Pero traigo las de otro lugar que está más cerca.
-¿En serio? ¿Y eso en qué nos beneficia? –la incredulidad surcaba su trigueño rostro.
-Oh, bueno, si no quieres ir mejor para mí -intentó levantarse, algo que no logró. Resignado, al final decidió quedarse en ese lugar-. Mejor llama a un taxi, porque no puedo levantarme ahora.
-Está bien, te llevaré –dijo a regañadientes-, ¿en dónde está?
Caminaron por unos minutos más, hasta que llegaron a unos edificios magníficos que se elevaban al cielo. El moreno tuvo que detener su quijada, puesto que tenía la boca abierta al ver tal diseño y elegancia.
-¿Y qué estamos haciendo aquí? -Taichi preguntó a Yamato mientras miraba desconcertado los alrededores.
-Este es el lugar del que hablamos, en el piso de hasta arriba.
-¡Pero escuché que ese departamento era como una suite! –ahora se encontraba más sorprendido.
-¿Me llevas o qué?
-Bueno, pero me suena a que estás en malos pasos –con resignación de dirigió al ascensor hasta llegar a la planta de arriba.
-¿Cómo que en malos pasos? –le dio un zape al otro- Yo sería incapaz.
Cuando llegaron Taichi se dio cuenta que era la habitación más grande que hubiese visto, no, más bien era el departamento más grande que había visto.
-¡Bonito lugar! –silbó al decirlo, dejando al rubio sobre un sofá- ¿A quién se lo robaste?
-Lo compré con el dinero de mis giras con la banda, pero aún no le he dicho a mi padre.
-¿Y por qué? –parpadeó un par de veces al decirlo.
-Es que seguramente me fastidiará por haberlo comprado y además aquí puedo tener cierta tranquilidad.
-Aún así creo que sería mejor que se lo dijeras para que no vayas a tener algún problema mayor –reprendió a su mejor amigo.
-Es cierto, por eso tengo qué avisarle a mi padre lo sucedido. Por favor, has como si estuvieras en tu casa –levantó el auricular del teléfono.
-Es mejor le digas ahora.
-¡Estás loco! ¡Si viene y me quiere matar no podré correr!
Taichi cayó en la cuenta de que su amigo tenía razón, así que rió un poco, sentándose cómodamente en un sillón.
El rubio le habló a su padre y le informó del infortunado incidente que había sucedido minutos atrás, también le pidió que justificara su falta y la de Tai, cosa que con mucho gusto hizo él.
-Buena salvada, ¿eh? ¿Qué hubieses hecho si no estuviera yo aquí? –Yagami soltó, pero fue golpeado en la cara con un cojín de los sillones.
-¡No tuviera el pie hinchado, con una bolsa de hielos alrededor de él para que se me desinflamara! –entrecerró los ojos.
-¡Qué temperamento el tuyo! –él sólo se limitó a rodar los ojos.
Ambos desayunaron y posteriormente comieron en el apartamento. Mandaron pedir tres pizzas, algo que al final fue insuficiente debido al estómago insaciable del moreno.
-¿Pues qué no has comido en semanas? -Yamato tomó el último pedazo de pizza que quedaba de las 3 que habían llevado.
-Claro que sí, pero tenía mucha hambre, ¡me cansé por traerte cargado! -se terminó su pedazo y se le quedó viendo a Yamato con cara de borrego a medio morir- ¿Me das?
-¡Ya te comiste 2 pizzas y media!
-¡Pero quiero más! –hizo un puchero.
-¡No te daré! -se metió el último pedazo de pizza a la boca y dejó al otro enfadado- ¡Si quieres sácalo de mi boca! –sus palabras sonaron extrañas al hablar con la boca llena.
-Está bien...
-¿Cómo que está bien?
Su pregunta fue prontamente respondida, dejándolo estupefacto cuando Taichi se le acercó peligrosamente e introdujo sensualmente la lengua en la boca que se encontraba entreabierta por el asombro que tenía, y comenzó a comer lo que él traía dentro de su boca. Ambos comenzaron a disfrutarlo. Yamato se hizo para atrás y propició que Tai cayera encima de él. El roce de los cuerpos subió de tono las mejillas de Yamato, y un sonido de un cristal al caer al piso los separó, había alguien más allí...
