Género: Yaoi

Pareja: Taichi X Yamato

Contenido: Angustia, Romance

Clasificación: NC-17

Título:

RAPSODIA

Versión 4.0

Escrito por: Meyka Tanimoto

Pensando: "".

Hablando: - -.

Recuerdos: cursivas

Capítulo 4

Una declaración a la luz de la luna

: -: : -: : -:

Yamato daba vuelta tras vuelta en su habitación. Trataba de encontrar la libreta de canciones, donde escribía cada verso que se le venía a la cabeza, pero no daba con ella.

¿Qué sucedía? Estaba muy seguro de haberla dejado cerca de su cama, pero con todo ese desorden no la encontraba.

-Debería de haberle hecho caso a papá, prometo que cuando la encuentre limpiaré enseguida éste cuarto.

Sin embargo, cuando la encontró decidió posponer la limpieza de su habitación... otra vez.

Salió de ahí antes de arrepentirse y regresarse a limpiar. El verano pronto comenzaría. ¡Ah! Qué sensación tan hermosa poder salir a la calle sin un abrigo o algo parecido, la playa era fresca y también se veía reluciente de vida a pesar de que no había ni un solo rastro de vegetación.

EL CALOR DE VERANO RESBALA POR MI CUERPO

Y CALIENTA CADA PARTE DE MI SER

¿QUÉ HARÉ CON ESE FERVOR QUE SIENTO?

¿CADA VEZ QUE TE ACERCAS SIN QUERER?

-¡Hola Yamato! -gritó Tai mientras movía su mano insistentemente de un lado a otro sonriéndole al otro lado de la calle.

-Ah, hola Tai -dijo Yamato sonrojándose, mientras su corazón latía a mil por hora.

Aún no podía olvidar los cálidos labios de Tai juntándose con los suyos, pero sacudió la cabeza con fuerza, intentando no sentirse más estúpido de lo que ya lo hacía.

-¿Qué haces por aquí? -Tai se acercó a él.

-Bueno, se me antojó un helado, ¿no quieres uno?

-Sí, claro, yo pensé lo mismo –el moreno secó un poco de sudor de su frente con el antebrazo derecho-, hace un calor de los mil demonios.

-Cierto –sonrió con condescendencia-. Por eso somos los mejores amigos, porque pensamos parecido.

-Sí, tienes razón –Taichi sonrió de oreja a oreja-, ¿aunque eso de amigos no suena también como novios?

-Deja de bromear idiota –se sonrojó, dándole un leve golpe en el abdomen-, alguien puede escucharte.

Después de que ambos prorrumpieran en carcajadas y se platicaran algunas cosas graciosas que les sucedieron, se dirigieron a una nevería.

-Y no sabes cómo batallé para que Kari me creyera que no eres mi novio, pero no me hizo caso.

-Comprendo... -bajó la cabeza y después se acordó que Takeru no le creía aún- ¿Y Kari te creyó?

-No, aún no lo hace.

-Ni Takeru, son muy parecidos.

-A mí qué se me hace que ellos si son...

-¿Tú crees que si son…?

-Si, la manera en que se miran... ¿tú crees que algún día Takeru se lo pedirá a Kari?

-¿Oh viceversa?

-No creo, Kari no lo haría, va en contra de sus principios. Aunque si se cansa lo hará.

-Bueno, eso espero, me gustaría que Kari y Takeru quedaran juntos, hacen muy bonita pareja.

-Eso es cierto, aunque me daría risa decirte cuñado de mi hermana.

-Tai, si no te callas, te golpeo por tarado –entrecerró los ojos, algunas veces se preguntaba cómo era que el moreno se comportaba de repente como un cabezahueca.

-Bueno, ejem, pues... ¿de qué vas a pedir tu helado?

-No lo sé... mejor pido una limonada.

-Bueno, como quieras, yo pediré el menú sorpresa.

-Sí, claro... –sonrió con condescendencia, tratando de imaginarse de lo que se trataba.

Después de esperar cinco minutos llevaron la limonada de Yamato y una copa enorme, donde se encontraba una montaña de helado.

-No inventes, ¿te comerás todo eso?

-Claro, ¿no te parece delicioso? –dijo con la boca llena de comida.

-Eres un barril sin fondo, ¿verdad? –entrecerró los ojos al ver el poco recato de su amigo al comer.

-¿Qué insinúas? –escupió levemente fragmentos del helado mientras volvía a hablar.

-Nada, en serio –rodó los ojos, diciendo aquello con sarcasmo.

-Pues más te vale –le mostró la lengua, a veces se comportaba como un chiquillo.

-Y si no fuera así, ¿qué me harías?

-Ya verás, cuando deje de comer no te dejaré vivo si sigues diciendo que como mucho.

-Pues es la verdad –encogió los hombros-, después tendrás panza de barril

-Como eres grosero, eso les gusta a las chicas –después hizo un ademán con la mano derecha para que Yamato prosiguiera con lo suyo-. Bueno, tómate tu limonada y deja de decirme de cosas.

-Ok.

Ambos comenzaron a probar lo que habían pedido hasta que Tai comenzó a charlar con un tono extrañamente serio.

-Yamato...

-¿Qué?

-¿Qué es lo que más te gusta?

-¿De qué?

-Bueno, si te regalaran algo, ¿qué te gustaría que fuera? –jugueteó un poco con la cuchara del helado.

-Depende de quien lo haga.

-Bueno, dime...

-Si fuera alguien conocido pues...

-No, no, bueno, mejor cambio de pregunta –sonrió con condescendencia.

-¿Eh?

-Si te declararas a alguien, ¿cómo lo harías?

-Ah, si de eso se trata depende de la persona.

-¿Y eso? –nuevamente se llevó una cucharada de helado a la boca.

-Bueno, si es una chica fácil pues nada más con algún presente. Pero si es a una chica que no se deja ni tocar entonces tendrías qué ser muy, pero muy romántico. Pensar en todo lo que le gusta y le desagrada.

-Suena interesante –dio el último bocado a su enorme copa de helado y se levantó de su asiento-. Bueno, gracias y ¡adiós! -salió corriendo a pagar la cuenta- ¡Te cuidas!

Taichi gritó en la puerta del establecimiento, mientras se despedía con un ademán de la mano. Después salió de ahí como alma que lleva el diablo.

-¿Y ahora a este qué le pasa?

Yamato se quedó estupefacto, viendo cómo se alejaba el moreno por las calles de Odaiba.


Tai corría por la ciudad a todo lo que daban sus pies, su carrera frenética no acabó sino hasta que llegó al tren subterráneo. Después, cuando por fin llegó a la ciudad que deseaba, no descansó hasta que se encontró frente a unos edificios. Subió por el elevador y cuando estuvo frente a una puerta tocó, siendo atendido pronto por un chico rubio de ojos azules.

-¡Tai! ¿Qué haces aquí? –preguntó el rubio, algo sorprendido por la visita.

-Hola Takeru –el moreno sonrió ampliamente-. Oye, yo solo quería, bueno... -no encontraba las palabras-... quería preguntarte algunas cosas sobre Yamato.

-Ah, ¡sobre mi hermano! –una pequeña sonrisita, que no le agradó a Taichi, se formó en los labios del rubio.

-Sí... –dijo, no sabiendo qué esperar.

-Bueno, desembucha, ¿qué quieres saber? -le abrió totalmente la puerta y lo invitó a pasar- Pasa, creo que no será bueno que todos los vecinos se enteren de nuestra charla.

-Gracias... –Taichi entró, quitándose los zapatos, para ponerse unas pantuflas de invitado, tomando después asiento- ¿Por qué tanta amabilidad?

-Sólo porque quiero saber qué me preguntarás.

Takeru se sentó frente a Tai.

-¿Te ofrezco algo?

-No, dejemos tanto formalismo de lado –el moreno sonrió con condescendencia.

-¿Y bien? ¿Qué quieres saber? –el rubio entrecerró los ojos.

-Bueno, no es nada malo, en serio.

-Pregunta entonces.

-Lo que sucede es que... bueno... quería saber cuál es la comida que más le gusta.

-Ja, ja, ja, ja,... no te la quiebres tanto, con una sopa instantánea ya la hiciste.

-¡Muy gracioso! –entrecerró los ojos.

-Es la verdad.

-Dime qué le desagrada.

-Tú.

-¡Takeru!

Después de 3 horas de casi matar a Takeru por algunas respuestas bobas, Tai sacó la información que necesitaba, y cuando ya se iba...

-Yo te ayudaré, y no dudes en pedirme lo que quieras cuñado.

-Si, gracias... –salió por la puerta, pensando si Takeru se imaginaba lo que quería hacer.


Mientras Taichi caminaba por el edificio en donde vivía, después de su visita a la casa de los Takaishi, se sorprendió de ver a Sora esperándolo fuera de su casa.

-¿Qué haces aquí Sora?

-Ah, Tai... -se sorprendió de verle- Acabo de salir. Te dejé una nota con un pequeño regalito que necesitarás.

-¿De qué se trata? –preguntó, sintiéndose algo ansioso.

-Ya lo verás –ella sonrió, acercándose un poco al moreno-. ¡Oh! Por cierto, ¿cómo vas con eso?

-Pronto Sora, pronto lo tendré donde lo quieres –sonrió triunfante.

-Eso espero –ella rio, algo incrédula-. Entonces te dejo, adiós Tai -se acercó para darle un beso en la mejilla pero Taichi la desvió hacia sus labios.

Ambos cerraron los ojos y se dejaron llevar por el momento, rápidamente pasó de ser un inocente beso a uno apasionado.


Yamato se había quedado con la incógnita de lo que Taichi había querido decirle en la tarde, así que, después de estar dando vueltas en su cama, decidió ir a verlo a su casa.

Subió las escaleras del edificio, esperando encontrárselo; sin embargo, al llegar, no pudo evitar encontrarse con aquella escena, sintiéndose extrañamente incómodo y triste. Apretó el puño derecho sobre su pecho, sintiendo una gran pena en su corazón. Después, se alejó de ahí.

-"¿Por qué me pongo como si hubiese visto a alguien querido besándose con otra persona, si sé que solo es una apuesta? Debo decírselo de una vez por todas".

Mientras tanto, Taichi y Sora se habían separado, mirándose a los ojos y sonriendo.

-Debo admitir que besas muy bien Tai, ¿dónde aprendiste?

-No te lo diré, además, tengo que decir lo mismo de ti.

-Es que yo aprendí con Yamato.

-Ah, sí, es cierto –entrecerró los ojos, molesto por el comentario-. ¿Me dirás qué es lo que me dejaste?

-Claro que no tonto, me voy. ¡Adiós! –se alejó, yéndose directamente a su casa.

-Nos vemos, Sora -la vio alejarse y se metió a la casa-. Bien, voy a ver qué fue lo que me dejó.

Paseó su mirada por la sala, pero no encontró nada.

-¿Qué buscas Tai? -su madre llegó y le saludó- Sora vino a dejarte unas cosas, están en tu habitación.

-¡Gracias, mamá! -se dirigió al cuarto y fue ahí cuando la vio, una cámara de video- ¿Y para qué me la dejaría?

El moreno se sentó en una de las esquinas de la cama, tomando con su mano derecha una pequeña nota que se encontraba sobre la cámara.

Tai:

Te regalo ésta cámara, con la condición de que filmes cada salida tuya con Yamato, absolutamente todo, hasta lo de esa noche. Ésta es la prueba de la que te hablaba así que no me falles, ¿entendido?

-¡Es una depravada!-las mejillas de Taichi se encendieron cuando se le vino a la mente la escena de esa noche- ¿Para qué quiere ver eso?

En ese instante se encendieron las alarmas en su cabeza, pero al no encontrar alguna razón de peligro, decidió ignorarlas.


En el edificio contiguo un chico rubio comenzaba a deprimirse en su habitación.

-¿Por qué no se lo digo de una vez por todas? -Yamato hundió su cabeza en la almohada- Si lo hiciera, me quitaría de tantas penas. Pero, ¿y si lo hago? ¿Y si no resisto su desprecio cuando me reclame el porqué de seguirle la corriente? ¿Y si le digo lo que siento? ¿Y si le digo que me gusta?

Todo en su cabeza comenzó a dar vueltas.

-¿Será que lo amo porque él me ha tratado tan bien? ¿Porque he olvidado lo que es sentirse querido? Es esa sonrisa la que no puedo olvidar, su manera de mirar, de desafiarme. ¿Es que sólo por ser enemigos nos convertimos en los mejores amigos? -el rubio se levantó; no obstante, se dejó caer inmediatamente después al piso, cerca de la puerta de su habitación- ¿Por qué me siento así? ¿Por qué mejor no le digo lo que sé y me quito de problemas? -se levantó y después sacudió su ropa-. No, es más, creo que mejor iré a caminar para despejar mi mente.

Yamato salió del apartamento. Su padre había dejado un mensaje de que llegaría hasta muy tarde o si no, sólo regresaría a cambiarse y se iría, así que no había problema si estaba fuera en la calle.

Afuera estaba oscuro, seguramente pasaban de las nueve de la noche; sin embargo, no miró siquiera su reloj, tan sólo metió las manos en los bolsillos, mientras su rostro reflejaba los sentimientos que se iban arremolinando en su corazón.

Ira, molestia, enfado, decepción, todos esos sentimientos que se encuentran entrelazados con el desamor.

La calle estaba vacía y ocasionalmente pasaban algunos automóviles; el vecindario donde vivía no tenía vida nocturna.

Sus pasos se escuchaban como en eco por todo su trayecto, debido al silencio que lo rodeaba.

SIENTO ALGO EN MI PECHO QUE NO ME DEJA RESPIRAR

¿ES ACASO MIEDO E INCERTIDUMBRE DE NO VOLVERTE A BESAR?

PERO ES QUE PREFIERO VIVIR DE ILUSIONES Y MENTIRAS

ANTES DE DECIRTE QUE SÉ LA VERDAD A ESCONDIDAS

-"¿Qué haré?" –pensaba mientras suspiraba profundamente- "Se lo tengo qué contar a alguien, ¡es que ya no soporto! No puedo tenerlo yo solo en mi corazón".

Por estar tan ensimismado en sus pensamientos tropezó con alguien y los dos cayeron al suelo. Sentado en el piso, vio cómo el otro sujeto se levantó, tendiéndole inmediatamente después la mano.

-Lo siento, no me fijé por donde caminaba –Yamato se disculpó, sin fijarse en la otra persona que le estaba tendiendo la mano.

-¿Puedo saber qué haces a éstas horas en la calle? -esa voz parecía familiar y al subir la mirada se sorprendió de ver a quien se encontraba frente a él.

-Superior Jou –sonrió-. -¿Y tú?

-Ja, ja, ja, ja, me quedé a ayudarle a mi padre en el hospital y apenas me dirigía a mi casa.

-Oh, ya veo -bajó la cabeza y decidió seguir su camino.

-¿Te pasa algo? -preguntó Jou al momento en que le miraba confundido- Te ves deprimido, cosa que no es muy frecuente en ti.

-No, no me pasa nada –trató de sonreír, pero no lo logró.

El peliazul sonrió con comprensión.

-Sé que no soy alguien de tu confianza, pero si quieres platicar tengo tiempo -miró su reloj y después le sonrió-. Para un amigo tengo todo el tiempo del mundo.

-Jou, eres muy amable –le miró comprensivamente, riendo después a carcajadas-. Ja, ja, ja, ja, caíste justo del cielo.

Ambos chicos siguieron caminando, al tiempo en que un terrible silencio los envolvió, hasta que Jou habló.

-¿Qué es lo que te sucede?

-Nada importante.

-No te ves como alguien a quien no le pasa nada. ¿Te peleaste con tu padre?

-¿Prometes que no se lo dirás a nadie? –hizo un mohín.

-Sí, te lo prometo.

-Está bien, pero no sé cómo empezar -Yamato tomó aire y después lo expulsó.

-Tómate tu tiempo, no importa si no lo quieres decir.

-Necesito decírselo a alguien, pero no sé qué vayas a pensar de mí.

-Dijo alguien en el pasado: "El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra", así que no te juzgaré ni nada, te lo prometo –sonrió comprensivamente, algo que hizo que Yama lo mirara con dolor.

-Gracias -bajó la cabeza y guardó silencio, no sabía cómo decírselo a Jou-. Oye Jou...

-¿Qué sucede?

-¿Alguna vez te has enamorado?

-Francamente sólo una vez –una sonrisa de tristeza apareció en su rostro.

-¿Y qué sucedió con ese amor?

-Todavía no puedo alejarlo de mi mente, pero para ella no soy más que un amigo.

-Comprendo... y bueno... ¿qué se siente cuando se está enamorado?

EL AMOR, PALABRA DIFÍCIL DE EXPLICAR

TÉRMINO QUE SE FORMA DE CUATRO LETRAS Y NADA MÁS

SOLEDAD MARCHITA QUE NO TE DEJA PENSAR

ENCONTRARÁS UNA AMARGA DESPEDIDA O LA PAZ

-Bueno, se siente como si el corazón latiera más rápido cuando estás junto a esa persona especial, las palabras se traban en tu boca, no puedes pensar en otra cosa que no sea ella, para ti ella tiene toda la razón y tú siempre estarás equivocado, te menosprecias, cosas así.

-¿Menosprecias? ¿A qué te refieres?

-Bueno, lo que sucede es que piensas que eres muy poca cosa para ella, que siempre habrá mejores que tú.

-Jou... -Yamato se sonrojó-... es que... no sé cómo decirte esto, pero... pero es que... no es una chica.

-No me digas que es un...

-Si, es un chico -guardó silencio-. Si no quieres hablar más conmigo.

-No importa, es natural algunas veces enamorarte de otro chico. De todos modos se veía que tú y él llevaban una relación más allá de la amistad, era demasiado obvio.

-¿De quién hablas? –parpadeó, seriamente confundido.

-De Taichi y tú...

-¿Eh? –volvió a parpadear, perplejo al escuchar esas palabras, sonrojándose a tal extremo que parecía una olla a punto de ebullición.

-No tienes por qué alarmarte tanto –sonrió un poco al ver la reacción de su amigo-, era obvio.

-Algunas veces me sorprendes –sonrió con algo de gracia.

-Pero no es por eso por lo que te sientes triste, ¿o sí? ¿Ya hablaron los dos? ¿Tú te declaraste o él?

-Yo estoy... bueno, creo estar enamorado de él, pero él de mí no.

-¿Y cómo lo sabes? ¿Él te lo ha dicho?

-Sé que sólo me quiere enamorar para que tenga sexo con él.

-Taichi sería incapaz de jugar así contigo, ¿de dónde has sacado semejante idea? –preguntó, con la incredulidad pintando su rostro.

-Lo escuché haciendo una apuesta con Sora.

-¿Con Sora? Pero ella sería incapaz, es una de las niñas más dulces que conozco.

-Sí, cómo no –entrecerró los ojos.

-¿No te habrás equivocado Yamato?

-Claro que no, los escuché y los vi hablando de eso.

-Comprendo entonces por qué estás así, pero si lo sabes, ¿por qué no se lo dices a Tai? No permitas que su juego te afecte.

-¿Pero y si me pregunta por qué le he seguido el juego? –dijo con horror.

-Dile entonces lo que sientes –dijo, como si fuera lo más obvio.

-Me va a odiar por todos los días de su vida –bajó la cabeza acongojado por el sentimiento de desasosiego.

-¡Qué pesimista!

-¡Oh, no! -dijo alarmado, asustando a Jou.

-¿Qué sucede?

-¡Me estoy convirtiendo en ti! Ja, ja, ja, ja.

-¡Muy gracioso!–entrecerró los ojos.

-Lo siento Jou –continuó riendo, no parecía arrepentido en lo absoluto.

-Mejor vete, el frío de la noche te está afectando, no vaya a congelar tus neuronas, las pocas neuronas que te quedan.

-Muy gracioso -Yamato entrecerró los ojos y después se acercó a Jou-. Lo siento por esto –le tomó de la corbata y le dio un leve beso en los labios-. Es mi manera de darte las gracias. ¡Cuídate mucho!

El rubio se alejó, dejando a Jou estupefacto.

-Adiós –después, el superior tocó sus labios, claramente sorprendido, pero después sonrió-. ¿Por qué Tai no te quiere? Si eres muy especial -se sonrojó después-. Algunas veces he querido ser como tú, ser rudo, frío, calculador, pero a la vez más optimista, poner una coraza alrededor de mí, pero ahora es diferente, ¿qué te ha hecho Tai, Yamato? El amor cambia a las personas, ¿verdad?

Jou Kido dio media vuelta, continuando con su camino.


Yamato caminaba un poco más tranquilo por las calles, pues ya no tenía ese gran y enorme sentimiento carcomiendo sus entrañas, estaba más despejado y feliz. Sí, eso era, estaba muy feliz, le encantaba la forma de ser de Jou, no temía que las personas supieran lo que sentía, era alegre, aunque algunas veces muy pesimista, ¿pero a quién le importa eso si puedes decir lo que piensas? No te callas las palabras cuando eres sincero, unas de las cosas que más deseaba tener de Jou era su Sinceridad.

Cuando llegó a su casa su padre no había llegado, ya eran las 4:00 de la madrugada, pero aún, a pesar de eso, no lograría conciliar el sueño. Un rayo de luna se coló por la ventana haciendo que el rubio mirase por ella, la luna estaba hermosa, al día siguiente habría luna llena, tan bonita y tan mística, tan radiante y tan sombría...

-Como desearía ser tú -le dijo a la luna-. Eres tan hermosa, pero lo que más deseo de ti son tus dos caras, la luz y la oscuridad -después sonrió-; así, cuando estuviera con Tai, pondría una cara más cuerda, no como la que siempre pongo, supongo que parezco un idiota -comenzó a reír con amargura-. Nunca me hubiera imaginado ponerme así, el amor es algo que nadie podrá explicar, menos un sentimiento que se lleva adentro y que algunas veces no puedes olvidar -cerró los ojos y una canción lejana llegó a su mente, ¿era su voz la que escuchaba entre sueños?

No, no era él el que cantaba. Una espesa neblina invadió su vista, al parecer era él, ¿pero cómo podría ser? Parecía un muchacho de 15 cantándole a un niño. El bebé se encontraba en una cuna, cerca de un hermoso y gran piano. La voz melodiosa de ese chico lo hacía dormir con tonadas tan bellas y hermosas que jamás pensó escuchar, esa voz era tan, pero tan reconfortante.

Una muchacha se acercó al niño y lo cargó, sonriéndole cuando hubo despertado de su profundo sueño. Los dos chicos le sonreían, la muchacha que lo traía en brazos tenía los ojos verdes más bonitos que hubiese visto, esa sonrisa era fascinante, sus cabellos eran rubios y sus labios delgados y rojos como la sangre, el muchacho que estaba cantando era como él, rubio y de ojos azules, en ese momento se sentía bien, sentía una gran paz. Y de pronto todo se apagó, el llanto del niño, esa chica lo llevaba cargado, después ya no...

-¿Adónde se fue? -pensó- ¿por qué lo deja ahí? ¿Por qué?

Y de pronto todo cesó.

-¿Qué hora es? -Yamato se levantó un poco confundido con ese sueño- ¿Quiénes serían? ¿Sería yo el que cantaba?-sacudió su cabeza- Me sentía tan bien, tan tranquilo.

Se levantó un poco cansado, aunque con una gran paz que no podía comprender, su padre aún no llegaba, ¡pero si pasaban de las 3:00 de la tarde!

-Demonios, ¡me quedé totalmente dormido! -en ese momento tocaron la puerta del apartamento- ¡Voy! –gritó, tropezándose con algo invisible, por lo que topó con la puerta y cuando abrió se sorprendió de ver a su superior-¡Hola!

-¡Hola Yamato! –Jou sonrió- ¿No te habías levantado?

-No -se sonrojó-. Me quedé dormido, ¿quieres pasar?

-¡Claro, muchas gracias! –el superior entró.

Yamato comenzó a recoger rápidamente el departamento mientras Jou pasaba, quien sonrió con condescendencia cuando vio todo el desorden. Por Dios, ¿hacía cuánto no lo limpiaba?

-Siento mucho el desorden.

-No importa, dos hombres no pueden tener limpio un departamento, ¿verdad?

-Creo que tienes razón –sonrió, apenado-. ¿No quieres algo de beber?

-Sí, por favor.

Yamato se alejó a la cocina y después de unos minutos le llevó una soda y se sentó a su lado.

-Me preguntaba si ya pensaste en decirle a Tai que lo sabes.

El pobre de Yamato se atragantó y casi se ahoga con la bebida.

-Lo siento -Jou comenzó a reír-. No pensé que te pondrías así.

-No te preocupes, pero realmente no lo había pensado –dejó escapar un suspiro.

-¿Qué pasará si te convence y pasa... bueno... eso? –estaba sonrojado mientras lo decía.

-¿Eso? -Yamato se sonrojó al extremo- No lo creo, él no lo haría.

-Pero fue una apuesta y sabes que a Taichi le gustan los retos. ¿Qué harás si te convence?

-No lo creo.

Jou miró su reloj de pulsera.

-Ya es tarde –el peliazul se levantó de su asiento, mirando al rubio-, sólo vine a cerciorarme de que no te hubieras cortado las venas o algo por el estilo -después se dirigió a la puerta.

-Muy gracioso –entrecerró los ojos.

-Nos vemos, Yamato -abrió la puerta y salió.

-¡Espera Jou! -Yamato corrió a alcanzarlo- Te agradezco por todo, no sabes cuánto me ha tranquilizado el haberte contado todo y que no me hubieras juzgado.

-No hay problema –sonrió, alborotando el cabello del rubio-, cuídate.

-Tú igual, amigo -lo vio alejarse-. Y aún sigo envidiándote -suspiró y, resignado, se introdujo en el apartamento.

Minutos después se encontraba bañándose, el agua de la regadera recorría su cuerpo, esa agua tibia. Una mano indecisa se colocó en su boca, sus dedos recorriendo sus labios. Comenzó a imaginar a Taichi besándole, tocándole, abrazándole, sus mejillas comenzaron a tornarse en un color rojizo mientras su respiración comenzó a ser más y más agitada, descontrolándole totalmente.

De un momento su mano comenzó a recorrer su cuerpo. Estaba temblando por las reacciones que sentía, que sufría su cuerpo. Su mano se detuvo en un lugar y al tocar ese punto sensible se estremeció y gimió, no se había percatado de que su miembro estaba erecto. Ya no parecía tener temor, la primera vez que lo había hecho se arrepintió, debido a la moral que le había sido impuesta desde pequeño, pero ahora ya estaba un poco más acostumbrado.

Con su mano rodeó su pene y comenzó a frotarlo, mientras su cuerpo se movía junto con su mano. Los movimientos que hacía eran cada vez más rápidos, llevándolo al clímax inevitable que estaba por venir. Cerró los ojos con fuerza y abrió los labios, mientras la satisfacción que le recorría por entero se hizo ver con el líquido que salía desde sus entrañas, recorriendo su mano y su entrepierna confundiéndose con el agua que aún caía a chorros. Su respiración aún era rápida, no podía recuperar el aliento, no imaginando aún a Taichi.

Sacudió su cabeza más fuertemente y sin pensarlo dos veces continuó con su baño.


Mientras tanto en otro lugar de la ciudad de Odaiba:

-¿Ya está todo listo? –preguntó Taichi, viéndose como un chiquillo al que se le ha prometido un dulce.

-Por enésima vez sí, Taichi –Takeru entrecerró los ojos-. ¿Para qué quieres saber?

-Porque quiero que le llames.

-¿Ya?

-Sí, idiota, por eso te estoy preguntando –entrecerró los ojos-. Anda, es tu hermano, llámale Takeru.

-Pero Tai... ¿tú crees que sea conveniente? Además, no le pedimos permiso para estar en su departamento.

-Por favor –hizo ojos de borrego a medio morir.

-Está bien –Takeru sonrió con condescendencia, mientras marcaba y no contestaban, después de un rato se escuchó la contestadora.

"Por el momento no estamos, te suplicamos que dejes tu mensaje cuando escuches el click, gracias" después se escuchó un pequeño y fugaz sonido del timbre y Takeru dejó el siguiente mensaje: "Hermano, necesito que me hables, por favor hazlo a tu departamento, gracias..."–después colgó.

-No está, Tai.

-Pues llámalo a su celular.

-Ah, pues sí -después marcó el número de Yamato.

Segundos después contestó el rubio, mientras parecía estar bostezando

-¿Qué sucede, Takeru?

-Hermano, ¿dónde estás?

-Voy a mi departamento.

-¿Y dónde estás?

-Estoy en el elevador, ¿por qué?

-Oh, por nada, con razón no contestabas, nos vemos.

-Ok.

Ambos colgaron.

-¡Que ya viene para acá! -grito Takeru- Está en el elevador.

-¿Pues qué se tele-transportó, o qué?

-Taichi –volteó a ver al moreno con cara de pocos amigos-, ¿eres estúpido o sólo lo haces para molestarme?

-Perdóname –se cruzó de brazos, algo enfadado por el comentario-. ¿Dónde está ese niño educado que eras antes?

Takeru rodó los ojos.

-Apaga las luces –dijo entonces el rubio-, yo estaré preparando lo último y no dejaré que prenda las luces –colocó el dedo pulgar de su mano derecha hacia arriba.

-¡Como ordenes!

Tai se escondió detrás de la puerta y Takeru bajó el switch. Cuando Yamato llegó no sabía lo que le esperaría.

-Por fin descanso... – el rubio se estiró gatunamente e intentó prender la luz, pero nada sucedió- ¿Qué demonios sucede aquí? -fue lo último que pudo decir antes de que algo le impidiera hablar- Mmm... -estaba forcejeando, pero no podía contra esa persona, fue cuando la luz se prendió y Tai le sonrió por encima de su hombro.

-Bu...

-¿Qué haces tú aquí? –entrecerró los ojos, tratando de controlar su respiración, pero después comenzó a gritar-¡Pensé que me iban a secuestrar o algo por el estilo!

-Claro que no, aunque si te quisiesen secuestrar no sería solo para pedir rescate por ti -se acercó y Yamato sintió su respiración en su oreja.

Lentamente, el moreno lamió su lóbulo y lo mordió, haciendo gemir al rubio que se encontraba a su merced.

-Te querrían para ellos...

Lo volteó y lo besó tiernamente, como Yamato nunca hubiese imaginado que lo besaría. Taichi se separó un poco, tratando de apartarse, pero Yamato no lo dejó, pues sus brazos se enredaron en el cuello del moreno, el cual lo tomó de la cintura y lo atrajo hacia sí.

Tan ensimismados estaban que no se percataron de Takeru, quien los observaba desde el otro extremo de la habitación.

-Muy bonitos, y yo aquí como su sirviente, ¿eh? ¡No coman pan enfrente de los pobres!

-Takeru -Yamato se separó totalmente sonrojado de Tai, el cual estaba también ruborizado y aún no cabía en su asombro.

Por otra parte, el moreno se preguntaba cómo era que Yamato lo había besado así. Era verdad que besaba muy bien, no sabía porqué pero él también necesitaba seguir besándolo, deseaba volver a besarlo. Aún recordaba el cosquilleo que había recorrido palmo a palmo su cuerpo, el cual se detuvo en su sexo, el cual comenzaba a despertar.

-¿Qué haces tú aquí? –Yamato se apartó bruscamente del moreno, evitando cualquier contacto visual con éste.

-Je, je, bueno, Tai te tiene una sorpresa, ¿no es así? –el menor de los hermanos habló, mientras le daba un sutil codazo al moreno.

-Es... es cierto... –Yagami sonrió con condescendencia.

Takeru tomó su mochila, caminando hacia la puerta.

-Bueno, ya es un poco tarde. Son las 8:00 de la noche y como soy buen niño de 12 años, pues me retiro de aquí, no quiero ser el mal tercio –sonrió con algo de malicia, mientras se despedía con un ademán de la mano-. Nos vemos tortolitos, que pasen buena noche –les guiñó un ojo.

-¡Takeru! –ambos se sonrojaron.

-¡Hasta luego! –el rubio más pequeño salió por la puerta, casi carcajeándose.

Después de que Takeru saliera por la puerta, Yamato volteó hacia el moreno, demasiado interesado por la información que acababa de recibir.

-¿Una sorpresa? -Yamato se asombró cuando Tai lo levantó en sus brazos- ¿A dónde me llevas? -se sonrojó con la sola idea de que lo llevase a una de las habitaciones, pero ese deseo que comenzaba a nacer en él desapareció con la desilusión de descubrir que lo llevaba a la terraza.

-Yamato... -lo sentó en una silla y después tomó asiento en otra que estaba enfrente al rubio, después prendió unas velas- ¿Te gusta?

-¿Es una cena romántica? –después sonrió con sorna- ¿A quién esperas?

-A la persona que es dueña de este departamento.

-Entonces me habré equivocado –hizo un mohín.

-Yamato... -tomó las manos del rubio y las comenzó a acariciar, haciéndolo sonrojar-... no te equivocaste, te esperaba a ti, por eso le pedí a Takeru que me ayudara.

-¿A qué?

-Nos conocemos desde hace tiempo –su rostro mostraba determinación, algo que le hizo saber a Yamato que Taichi iba en serio-. Siempre estábamos peleando, pero a pesar de ello éramos los mejores amigos, siempre juntos, inseparables, en el Digimundo lo demostramos y también cuando nos separamos estuvimos muy felices de volver a encontrarnos –pasó su mano sensualmente por el rostro del rubio y le sonrió-. Estoy seguro de que éste sentimiento no puede ser sólo de amistad, creo que te amo... te amo, Yamato.

-Tai... -las palabras de Yagami llegaron justo al corazón de Yamato, ocasionando con ello que comenzara a llorar.

Quería decirle lo que sabía, pero no podía articular palabra alguna, estaba demasiado conmovido. Nunca nadie le había dicho tan hermosas palabras, nunca nadie se había preocupado por sus sentimientos.

-Yo también...

El rubio calló. ¿Pero qué decía? ¿Cómo podía decir esas palabras si sabía que Taichi no le correspondía igual que él? ¿Qué sucedía con su razón? Pero su corazón era el que hablaba.

-Yo también te amo.

Tai se quedó estupefacto al escuchar aquellas palabras, ¿era cierto lo que le decía Yamato? No podía creerlo, el chico más frío, el más inalcanzable ¿le había dicho que lo amaba? ¿Pero cómo había sucedido?

Nuevamente las alarmas sonaron en su cabeza y sintió por primera vez remordimiento; no obstante, no podía darse el lujo de cambiar su plan, así que tuvo qué continuar con él.

-¿Quieres...?

-¿Quieres que sea tu pareja? –el rubio susurró, bajando la cabeza totalmente sonrojado.

-No, ¿quieres ser mi novio?

-¿Tu qué...? –volteó a ver con incredulidad al otro.

-Lo que escuchaste –dijo, completamente azorado-. Después de todo, eso de "pareja" no me cuadra, preferiría decir que somos novios. Me amas, yo te amo.

-Pero...

-No me digas eso, mírame y dime que no –tomó por el mentón al rubio y le hizo mirarle a los ojos, por lo que Yamato terminó derritiéndose en los ojos del moreno, en esos ojos color miel que le embriagaban- ¿No me amas? ¿No quieres ser mi novio?

-Yo... -Taichi seguía su mirada y no dejaba que Yamato se alejara-... no lo sé... -Taichi aún esperaba la respuesta, estaba seguro de que Yamato se confundiría, saldría corriendo y todo acabaría, algo que deseaba, a pesar de no conseguir el amor de Sora, pero no le agradaba la idea de tener una relación sexual con otro chico-. Te amo... te amo Tai... -se echó a los brazos del moreno y se acurrucó en su pecho.

¿ES VERDAD QUE EL AMOR TODO CAMBIA?

¿ES VERDAD QUE TE LLENA LA VIDA DE ILUSION?

PUEDE DERRETIR LOS MÁS GRANDES ICEBERGS

PERO NUNCA CONGELAR TU CORAZON

Taichi se sentía confundido, más cuando sintió algo húmedo en su pecho, ¿Yamato estaba llorando? ¿Cómo podía suceder eso? No era posible, el rubio nunca mostraba sus sentimientos, no lo hacía frente a las personas, nunca. El moreno comenzó a temblar, era tanto el asombro, que un impulso le hizo abrazarlo, acurrucarlo aún más en su pecho. Los brazos de Yamato se enredaron en su espalda, y el rubio dejó salir todo lo que tenía dentro.

¿Hacía cuánto no lloraba así? Se preguntó Yamato, pero lo recordaba, sí, lo recordaba como si hubiese sido ayer.

Inicio del Flash Back

Los gritos se hacían más fuertes entre los dos, los insultos se escuchaban por toda la casa. Minutos después los gritos fueron reemplazados por sonidos de cosas que habían sido tiradas al piso, de cristales rompiéndose.

Yamato estaba temblando mientras abrazaba a su hermanito, quien se encontraba dormido en su regazo. Estaba escondido en un clóset, temblando por el miedo, por la incertidumbre.

-Te envidio-lo acarició y le besó la frente-. Tú duermes, mientras yo tengo qué escuchar todo, no sabes qué difícil es esto, es terrible, que feo, ¿por qué siempre están peleando? ¿Por qué no pueden llevarse bien?

De pronto, se abrió la puerta de aquel lugar, revelando a la figura de Hiroaki Ishida, su padre.

-¡Vámonos Yamato! -le ordenó su padre, mientras lo tomaba del brazo- ¡Muévete!

-¿Pero y Takeru?

-Él se quedará aquí.

-¿Te lo llevarás? -la madre de Yamato entró a la habitación y abrió el closet completamente, Takeru aún continuaba durmiendo.

-Si, me lo llevaré... ¡y no me detendrás! -agarró a Yamato y Takeru despertó.

-¡Hermano! -Takeru quiso correr a abrazar a Yamato, pero su madre lo detuvo.

-¡Takeru! -los llorosos ojos azules de Takeru fue lo último que vio antes de irse, mientras las lágrimas escapaban de sus ojos.

Esa fue la última vez que lloró en frente de las personas.

Fin del Flash Back

Yamato se alejó un poco de Tai, el cual le tomó por la barbilla y le hizo mirarle.

-¿Te sientes mejor?

-¿Eh? -Yamato se sorprendió.

-Nunca te había visto llorar –añadió, antes de que las palabras se malinterpretaran-, no es que sea malo. Siempre me pregunté por qué dejaste de ser expresivo, por qué razón siempre estás a la defensiva.

-Fue... –el rubio bajó la cabeza y volvió a abrazar a Taichi-... porque dejé de sentirme querido, porque tuve miedo de que las personas me hicieran daño cuando mostrara lo que en realidad sentía, porque sabía que el mundo exterior era peligroso y no quería que todos se dieran cuenta de mis debilidades.

-Siempre pensé que no tenías sentimientos, hasta que en el Digimundo expresaste todo lo contrario.

-Creo que los dos nos hemos sorprendido -cerró los ojos mientras se acercaba a los labios del moreno-. Te amo.

-"Nunca pensé que tuvieras un corazón tan sensible" -lo pensaba mientras besaba a Yamato-. "No sabía que eras más bello por el interior que por el exterior, creo que me has sorprendido aún más a mí que yo a ti".

Mientras tanto en la entrada del edificio:

-¡Pero mamá! ¡Yamato ha de estar acostado! ¡Ya hasta ha de estar dormido!

Takeru tratataba por todos los medios posibles de que su madre no entrara al departamento, ni siquiera sabía qué podrían estar haciendo su hermano y Taichi, y aún a pesar de que quizá sólo estuvieran compartiendo un momento o un beso, probablemente aquello sería demasiado sorprendente para su madre y no sabía qué consecuencias atraería eso para ambos.

-Pero quiero conocer el apartamento.

-¡Mamá!

Takeru sonrió con condescendencia, rogando porque el ascensor no bajara, que se descompusiera o simplemente que su madre se arrepintiera.

-Por cierto, me habías dicho que aquí estaba Taichi, así que me tomé la libertad de invitar a su madre –ella sonrió, ocasionando que su hijo palideciera.

El rubio sintió cómo su corazón se había detenido cuando escuchó aquello.

-Mira, ahí viene su madre, espero y Yamato no se enfade porque la invité.

-"¡Lo que me faltaba!" –pensó el rubio.

Yuuko Yagami, una mujer joven de cabellos castaños y ojos amielados, como los de Taichi, se acercó a ellos. Llevaba el cabello recogido en una coleta. Un vestido azul con flores pintadas a mano la envolvía, mientras unas ligeras zapatillas del mismo color adornaban sus pies.

-Hola, señora Takaishi, perdone la demora, pero estaba a reventar el tren.

El rubio quiso darse de golpes contra la pared cuando las puertas del ascensor se abrieron. Minutos después estaba sudando copiosamente cuando su madre abrió la puerta del departamento, encontrándose la escena que Takeru había intentado por todos los medios evitarles ver.

-¡Taichi!

-¡Yamato!

Ambas gritaron al unísono. Estaban demasiado sorprendidas al ver besándose a sus dos hijos. Takeru sintió que la tierra se abría y aunque intentó escapar, su madre lo detuvo mecánicamente.

-¿Podrían explicarme qué está pasando aquí? –la expresión en el rostro de Natsuko Takaishi, la madre de los dos rubios, denotaba mucha sorpresa.

-¿Mamá? -Taichi se separó de Yamato al momento en que Yamato también se quedaba estupefacto, secándose las lágrimas que aún tenía en sus ojos.

-¿Madre?

Los problemas apenas estaban comenzando...