Género: Yaoi
Pareja: Taichi X Yamato
Contenido: Angustia, Romance
Clasificación: NC-17
Título:
RAPSODIA
Versión 3.0
NOCTURNO
Escrito por: Meyka Tanimoto
Nota: Quiero pedir una disculpa por el retraso a las personas que han seguido a lo largo éste fic. Desde sus comienzos me gustó bastante. Maduré como persona en éste tiempo, al igual que como escritora, aunque a mucha gente no le parezca.
Volver a leer ésta historia me trajo recuerdos felices; sin embargo, también me recordó cosas tristes del pasado.
Espero que les guste éste capítulo. Les agradezco por leer.
Pensando: "".
Hablando: - -.
Notas de la Autora dentro del fic: ( ).
Para futuras aclaraciones ((Al final del fic)):
Capítulo 10
A flor de piel
Ambos se miraron. Sabían que algo había cambiado a lo largo del tiempo. Sus miradas eran diferentes, sus sentimientos también.
No sabían cómo comenzar a decirse lo que sentían. Taichi se sentía desorientado, Yamato estaba nervioso y preocupado. Ya antes se habían herido con las palabras, diciéndose cosas tristes y crueles. ¿Acaso ésta vez sería diferente? ¿Todo por lo que habían pasado los había hecho madurar, o quedarse estancados en la negación a la verdad?
-Yo te amo… -Taichi dijo quedamente.
Matt sintió un estirón en su corazón, indicándole que sentía que las palabras eran ciertas, que existían de verdad y que sus sentimientos por fin eran correspondidos; sin embargo, existía algo que lo hacía dudar.
-Ojala fuera cierto –Yamato bajó la cabeza, mientras sentía que las lágrimas pugnaban por escapar de sus ojos-, ojala pudiera creerte.
-Sé que en el pasado cometí muchos errores –el moreno comenzó a acercarse, hasta tomar por los hombros a su antiguo amigo-, pero era un niño inmaduro. Hemos pasado por muchas cosas, unas más crueles que otras, pero salimos adelante. Míranos ahora –levantó con cariño el mentón del rubio-; nos encontramos nuevamente. Al principio me negué a aceptarlo, pero ya no puedo más con esto que siento. Si no me crees, lo comprendo. Ahora sólo lo dejo a tu decisión. Si me llegases a odiar, lo merezco; si me amaras, sería el hombre más feliz sobre la tierra.
Taichi dio media vuelta, pasando a un lado de Mimi, quien le sonrió con tristeza. A modo de saludo movieron sus cabezas, pero no dijeron nada.
-¿Qué vas a hacer? –preguntó Mimi, esperando una respuesta de su amigo- ¿No querías saber qué era lo que él sentía por ti? ¿No querías volver a estar a su lado? ¿Por qué repentinamente cambias de parecer?
-No es eso… -la voz del rubio se quebró-… es que nunca me había dicho algo semejante y no supe qué decir.
-Eres un idiota –la castaña sonrió, revolviendo los cabellos de Matt-, pero debes darte prisa. Alcánzalo y dile lo que sientes. Aún si es rabia, aún si es dolor. Tu vida debe continuar, sin que dejes que las sombras del dolor y del pasado te arrebaten la felicidad.
-¿Y si me siento muy feliz? –preguntó con los ojos llorosos.
-Ve y dícelo, dile todo lo que sientes, sino le expresas tus sentimientos, no serán capaces de tener una relación estable. Has pasado por mucho dolor, creo que es el momento de alcanzar la felicidad al lado de la persona que amas y que también te ama.
HACE TIEMPO CAMINÉ A TU LADO
ESTOY SEGURO DE QUE FUI FELIZ
PERO LA VIDA NOS HA SEPARADO
TÚ NO ME QUISISTE COMO YO A TI
Matt no dejó que su amiga dijera algo más, tan sólo fue a alcanzar a su mejor amigo, esperando tomar la decisión correcta, aún y cuando supiera que la había tomado desde el primer momento en que ambos se besaron.
-Si nunca hubiera pasado eso… -apretó su puño derecho sobre el pecho-, no habría sentido la felicidad de éste momento…
Raion había tomado la autopista mientras Kyosuke miraba el mapa esperando encontrar la desviación correspondiente. Llevaban algunas horas perdidos desde que habían llegado a Japón, pero a ninguno de los dos parecía importarles, bueno, no demasiado.
-Gira a la derecha –el castaño señaló una intersección de la carretera, en donde un letrero señalaba "Hikarigaoka"-, la casa de Yamato debe estar en los suburbios de la ciudad.
-Okay, ya voy –movió el volante, dirigiendo el automóvil al lugar señalado.
-¿Crees que Keisuke esté bien? –removió con inquietud sus manos, mirando por encima de su hombro los edificios que se elevaban al cielo.
-Ya está grandecito, no te preocupes por él –rió al escuchar la pregunta, ahora se preguntaba cuál de los Matsumoto era el que cuidaba celosamente del otro-, se las arreglará él solo, además...
-¿Además? –volteó a verle, parpadeando un par de veces.
-Además estoy seguro de que en estos momentos ha de estar ocupado... tú sabes –guiñó juguetonamente su ojo izquierdo, haciendo sonrojar a su acompañante.
-Por Dios, era más de lo que yo quería saber.
Volvió a reír, esperando ver en los señalamientos de la ciudad el camino que los conduciría a la casa de su primo en Japón.
Keisuke se enfrentaba a la versión apocalíptica de su padre, mientras Yamato sonreía con condescedencia a su lado; ninguno de los dos se imaginaba que hubiera tomado un jet para encontrárselos en Japón, o más bien, para intentar asesinar al castaño.
Por otra parte, Kenji Matsumoto, tío de Keisuke, tomaba tranquilamente un poco de té, sonriendo con bastante diversión al ver la escena que estaba armando su hermano mayor.
-¡Tú, bastardo infeliz desgraciado! –las ventanas retumbaron con fuerza cuando el mayor de los Matsumoto elevó la voz- ¡Tú lo instaste a quedarse con Raion Yamaguchi!
-Bueno... –quiso agregar algo, pero su padre se lo impidió.
-¡Tú lo sabías! ¡Todos lo sabían! ¡Ese compromiso que pacté con el empresario Nakajima se vino abajo!
-Bueno, pero eso tú lo habías decidido, padre –añadió, entecerrando los ojos-; además, lo haces sonar como si fuera monstruoso que dos hombres...
-¡No entiendes, Keisuke! –agarró por el cuello a su hijo, propiciando que su hermano lo detuviera.
-Ya, ya... cálmate Kouji –Kenji tomó a su hermano por los brazos, tratando de hacerle entrar en razón-. Keisuke lo hizo pensando en el bienestar de mi sobrino, no como tú.
-¡Sí, pero tus hijos no son homosexuales! –enfrentó a quien le sujetaba.
-Bueno, no –admitió-, pero me han acarreado peores problemas, entre algunos, los financieros. Los hijos no son siempre lo que tú esperas de ellos, pero eso no significa que no sean buenos hijos.
Kouji Matsumoto dejó de forcejear, para ser soltado por su hermano segundos después. Se quedó pensativo, mientras bajaba la cabeza.
-Padre, Kyo no es malo –dijo con suavidad-, yo tampoco lo soy. Siendo un psicólogo reconocido me sorprende que tengas tantas aberraciones en tu pensamiento. Nosotros no juzgamos, padre.
-No es eso... –derrotado, se dejó caer en un sillón y Kenji le ofreció un vaso con agua que aceptó con gusto, necesitaba refrescar su garganta y sus ideas-. Es sólo que no quería algo así para ninguno de los dos. Esperaba que ambos se casaran y que tuvieran una linda esposa, hijos que yo pudiera adorar tanto como a ustedes.
Keisuke resopló, llamando la atención de todos los presentes.
-Padre, no quieras vivir a través de tus hijos –se levantó de su asiento para acomodarse al lado de su progenitor-; te agradecemos lo que nos has dado, pero tú no puedes decidir por nosotros. Kyo y yo somos adultos responsables, ambos tenemos pareja y es estable; además, también tenemos proyectos personales que no tienen que ver contigo o con nuestra familia. Nos ofreciste una profesión, sustento, cariño, pero también nos dotaste de una capacidad de decisión. Por favor acepta que no le estamos haciendo un daño a nadie y que a pesar de todo te seguimos queriendo.
Kouji se quedó unos minutos en silencio. Kenji negó con la cabeza por unos instantes, mirando de reojo a su hermano mayor. Yamato bajó la cabeza, sintiéndose un poco extraño en ese lugar. Keisuke sólo esperó la respuesta de su padre.
-Es verdad, siguen siendo mis hijos.
El mayor de los Matsumoto concluyó, incorporándose de su asiento.
-Si Yamato aceptó después de tanto tiempo la relación entre ustedes dos –señaló a Yamaguchi y a Keisuke-, entonces no me queda más remedio que aceptar la relación entre Raion y Kyosuke; sin embargo, trataré de digerir esto, por lo que no quiero saber nada de ellos por un tiempo.
-Bien, no los mencionaré por ahora, así que trata de calmarte entonces –Keisuke sonrió, esperando que la felicidad llegara a la vida de su hermano menor.
Su corazón latía con fuerza, tanto, que sentía que de un momento a otro se le escaparía por el pecho. Estaba nervioso, claro que sí, pero debía aclarar las cosas, terminar con todo lo que lo hacía sufrir, continuar con su camino de una vez por todas.
LE COSTÓ MUCHO A MI CORAZÓN ACEPTAR
QUE POR MÁS QUE QUISIERA NO ERAS PARA MÍ,
FUE AÚN MÁS DIFICIL LA FELICIDAD ENCONTRAR
CON LA INCERTIDUMBRE DE SI PODRÍA SEGUIR
El semáforo cambió y pudo pasar la calle, intentando alcanzar a Taichi, el cual no iba muy lejos de ahí.
Mimi tenía razón, aunque le costara aceptarlo. Tenía que hablar con Tai y arreglar su vida, para que ambos pudieran continuar, pero tenía miedo, las inseguridades de su corazón le hacían más difícil caminar.
Su cuerpo tembló levemente cuando detuvo el andar del moreno al tomar su mano derecha, el cual volteó a verle con sorpresa. Entonces el tiempo se detuvo para los dos, el mundo dejó de existir para ambos, en ese momento sólo estaban ellos en aquel lugar, por aras del destino, por decisión propia, por lo que fuera...
Taichi suspiró suavemente, bajando después la mirada. Muchos conflictos se removían en su interior, estaba inseguro de lo que vendría después, ya antes se había equivocado con respecto a Yamato y no sabía cómo reaccionar. Era verdad que minutos antes le había dicho que lo amaba, porque así era como se sentía; sin embargo, al tenerlo frente a él, mirándolo con tanta determinación, su valor se vino abajo.
Se burló de sí mismo, ¿qué no era el portador del emblema del valor? ¿Entonces a dónde se había ido?
-Taichi, yo... –dejó que el rubio hablara, esperando el momento para seguir su conversación-... perdóname.
Sintió de pronto un fuerte mareo, ¿por qué le estaba pidiendo disculpas cuando él mismo había creado tanto dolor en su vida?
-No, Matt –tomó sus manos, estrechándolas entre las suyas-, el que tiene que pedir perdón soy yo. Por mi estupidez yo te dañé y te pisoteé en el pasado. El que debería de hacer eso siempre he sido yo... te mentí muchas veces, negándome a ver la realidad.
-Tai... –quiso decir algo, pero fue detenido por el otro.
-Por favor perdóname, era muy inmaduro en ese tiempo y lo que causamos Sora y yo ya no puede borrarse de tu corazón, pero quisiera que pudieras ser feliz, porque tienes derecho a serlo.
Yamato sonrió débilmente, cerrando después los ojos. Muchas veces se había preguntado por qué tuvo que sufrir de esa manera, por qué aquella persona que tanto amó le odiaba de esa forma. Cuando descubrió las razones sintió que podría seguir avanzando, pero era verdad, aún había mucho dolor y desasociego en su corazón.
De repente, todo se desvaneció y sólo quedó el dolor punzante que no le dejaba continuar con su vida. Amaba a Tai, pero, ¿podría volver a confiar en él?
-Aún cuando yo te ame –el moreno se llevó la mano derecha hacia su cabello, haciéndolo unos instantes para atrás- no tienes que estar a mi lado.
Matt no supo qué decir. Las palabras quedaron nuevamente atoradas en su garganta. Ya había perdonado una vez, pero, ¿sería capaz de perdonar una vez más? Taichi pareció comprender de pronto lo que estaba pensando, porque sólo sonrió, dando media vuelta.
Lo vio desvanecerse nuevamente entre las personas, pero no pudo moverse; sus pies no le obedecieron, aún y cuando quería correr para alcanzarle. Ya no tenía palabras para describir lo que sentía. Se sentía inseguro, tenía mucho miedo. Miedo al rechazo, miedo al odio, miedo a ser nuevamente herido.
Taichi Yagami llegó a su apartamento. Estaba sudando, y su rostro se encontraba oculto entre sus cabellos. El teléfono sonó, asustándole, pero sólo movió la cabeza un poco, mirando el aparato electrónico, sin pensar en contestar la llamada.
La contestadora sonó y la voz de Sora le sorprendió.
-Tai, no quiero molestarte, pero debemos hablar. Espero que nos podamos ver pronto. Gracias.
Su corazón seguía latiendo tan rápido, no podía calmar su palpitar. Se fue resbalando por la puerta, hasta quedar completamente sentado en el piso.
Apretó los dientes, no estaba molesto con ella, sino consigo mismo. De pronto, las lágrimas afloraron de sus ojos, virtiéndose por sus mejillas, cayendo como pequeñas gotas de lluvia sobre su ropa. Se sentía mal, por él, por Yamato, por todas las personas que se vieron involucradas en ese problema, en esa apuesta de la adolescencia.
VOLVÍ A CAMINAR, ME LEVANTÉ,
EL CIELO SE NUBLÓ, MI VIDA TAMBIÉN
Y LA LLUVIA QUE CAYÓ A MIS PIES
SE ASEMEJABA AL LLANTO QUE DERRAMÉ
¿Yamato le perdonaría algún día? Era claro que el rubio ya no podría estar con él, porque ni él se podía perdonar por aquello. Se había quedado estancado en los momentos en los que fue feliz y en los que había sentido la imperiosa necesidad de lastimar a su mejor amigo.
-Perdí a mi mejor amigo y a la persona que amaba el mismo día –sus puños se cerraron, golpeando de pronto el suelo- y nunca pude sobreponerme de esa pérdida. Perdóname, Matt... perdóname.
Takeru prendió la televisión cuando vio regresar a su hermano. Naoko había llamado a todos los hospitales, preguntando por él y Hiroaki había estado buscándolo por toda la ciudad durante horas.
Se levantó del sillón, mirando con temor a su hermano cuando vio la expresión en su rostro.
-Me encontré con Taichi...
Fue lo único que escapó de sus labios. El menor de los hermanos se quedó callado, esperando a que Matt dijera algo más, pero no sucedió nada. Después, se acercó a él, abrazándole suavemente.
-... me pidió perdón...
Un sollozo involuntario escapó de la garganta de Yamato, mientras se aferraba al cálido pecho de su hermano menor.
-... me dijo que él fue el causante, y que aún me amaba.
Takeru no supo qué decir. El amor de Taichi y Yamato había sido real, ambos se amaban, ¿por qué tuvieron qué terminar así?
El moreno se había convertido en su mejor amigo cuando su hermano se había marchado. Sabía que Yagami no era un mal sujeto, y que después de regresar de Estados Unidos había devuelto la esperanza a su familia al decirles que quizá había encontrado a Matt, pero Tai también quería continuar con su vida, dejar de aferrarse a algo que no era verdad, una falacia que se había estado creando en la mente al pensar que Yamato aún conservaría el amor que alguna vez sintió.
Recordó de pronto la anécdota de la hoja que es arrugada, como los sentimientos de las personas, que después de haberse doblado, la hoja no puede volver a su estado natural, igual que el dolor causado a otros ya no pude llegar a olvidarse.
-¿Tú aún lo amas, Matt? –separó un poco el cuerpo de su hermano para poder observar su rostro.
El desconsuelo que Yamato mostró, le hizo saber que sí, pero que también tenía miedo.
-Si tú lo amas y piensas que puedes olvidar, entonces hazlo.
-Yo lo he perdonado –bajó su rostro.
-Perdonar no es olvidar, Matt –sonrió, con cierta tristeza-, perdonar es continuar adelante con el dolor, con la angustia, con el desconsuelo. Es dar un paso adelante y dejar de voltear atrás. Es avanzar, Matt, no quedarse estancado, como ustedes dos han hecho. Si no puedes continuar con tus pasos a su lado, entonces no vale la pena.
El rubio parpadeó un par de veces, mirando con resentimiento su hermano. Se negaba a renunciar, pero, ¿y si Takeru tenía razón?
-Si no puedes ser feliz tú, no podrás hacer feliz a nadie, hermano –TK sonrió con pesadumbre, apretando en un gesto de consuelo el hombro de Yamato.
Después, salió de la habitación. Lo único que podía hacer en esos momentos era mirar de lejos, como un espectador. Lo que seguía sólo podía ser arreglado por su hermano y por Yagami.
Daisuke levantó la cabeza cuando vio aparecer a su novio, se le notaba contrariado, por lo que se acercó rápidamente a él. Takeru se dio cuenta de su presencia pronto, pero no elevó el rostro, tan sólo se limitó a mirar el piso.
-¿Tú crees que mi hermano y Tai puedan volver a estar juntos?
El moreno se quedó de una pieza, ¿por qué le preguntaba algo así?
-Es su decisión, TK –sonrió débilmente, abrazando suavemente a su pareja-, sólo ellos serán capaces de perdonar y ser perdonados. Y lo más difícil a lo que ambos se tendrán que enfrentar ahora es a poder perdonarse a sí mismos. Siempre es lo que más tiempo lleva, porque si la otra persona dice que ya quedó en el pasado lo que sucedió, uno mismo trae a los recuerdos aquellos momentos de dolor.
Takeru asintió, enterrándose en el pecho de Davis. Se sentía realmente desolado al no poder hacer nada por ellos, aún y cuando se había prometido ser sólo un espectador más otra vez.
-Te duele porque es tu hermano y tu mejor amigo –el moreno hizo un puchero al decir lo último.
-Tú también eras... –sin embargo, sus palabras fueron interrumpidas.
-Sí, pero a Tai siempre lo quisiste más que a mí –entrecerró los ojos.
-¿Estás celoso? –sonrió, un tanto divertido.
-Claro que no –dejó escapar un suspiro-, yo sé que sólo me amas a mí, ¿verdad? –volvió a entrecerrar los ojos.
-Ja, ja, ja... –ésta vez despositó un suave beso en la mejilla de su novio-, es verdad, yo sólo te amo a ti.
-Gracias...
Keisuke Matsumoto nunca había tenido tantos problemas como en ese momento. Su hermano menor, propenso a causarle un ataque de nervios a su padre, se había mostrado ante él. Quiso que la tierra se lo tragara, más cuando se encontró en medio del camino de ambos.
Kenji Matsumoto, reconocido psicólogo, hijo de una prestigiada familia, de gran porte y elegencia, nunca había sentido tanto coraje al ver a su hijo menor al lado de su actual pareja, de hecho, la única que le había conocido. Volteó de pronto a ver a su hijo mayor, quien parecía un tanto descolocado al verlos a ambos, mientras intentaba por todos los medios, idear una forma para calmar la ira que se revolvía de pronto en su interior.
Kyosuke Matsumoto, un prestigiado estudiante, una persona con gran capacidad intelectual, querido por sus maestros, profesores y amigos, se quedó helado al ver a su padre, quien caminaba rápidamente hacia él. Su hermano mayor parecía haberse dado cuenta del asunto, pero aún no ideaba la manera de deterner el cataclismo que aquel encuentro conllevaría.
Yamato Yamaguchi, actual pareja de Keisuke Matsumoto, hijo de un respetado comerciante, heredero de la fortuna de su familia, con un futuro prometedor por delante, no supo cómo reaccionar ante aquella tormenta que se avecinaba. Pensó en irse a esconder del tornado que pronto se desataría, pero lo único que hizo fue quedarse ahí parado, cuando vio aparecer a su primo, el causante de todos los males de Kenji Matsumoto.
Kouji vio a su hermano voltear con cierta sorpresa hacia Raion Yamaguchi, mientras éste se plantaba frente a él. Temiendo por su vida quiso acercarse a ambos, para evitar que su hermano mayor fuese acusado por un homicidio.
-Señor Matsumoto –Raion habló con gran convicción-, que bueno que lo encuentro. Me gustaría que usted nos diera su bendición para...
No obstante, las palabras del pelirrojo murieron en su boca cuando un ataque al corazón de su ahora suegro, o quizá las convulsiones eran de coraje, amainaron las tremendas ganas del mayor de los Matsumoto de matarle.
-¿Me estás pidiendo... su mano? –sus ojos desorbitados, sus labios resecos. Raion parpadeó un par de veces, para sonreír después.
-No era para tanto, pero si usted lo permite...
-¡Jamás!
Su voz sonó como en eco, logrando que los pájaros que se encontraban cerca volaran. Un silencio atormentador los invadió después.
-Pe...
La voz de Raion murió en sus labios cuando vio la terrible ira que se revolvía en las pupilas de su "casi suegro".
-No es para tanto, trate de calmarse –sonrió condescendientemente-, además, mi familia también es rica y poderosa y pronto comenzaré a hacerme cargo de los negocios familiares, así que tómelo como si Kyo se estuviese casando con esa mujer de la cual no recuerdo el nombre...
Keisuke abrió los labios, pero no pudo pronunciar nada. ¿Acaso Raion era un suicida? Sin embargo, el semblante de Kenji se mostró feliz, algo que los sorprendió a todos, incluso a Kouji, quien conocía mejor a su hermano que lo que cualquier persona podría.
-Es verdad –Kenji Matsumoto tomó las manos del pelirrojo, en señal de aprobación-, hijo.
Raion no supo ni qué decir, menos cuando el mayor de los Matsumoto le abrazo y lo llevó casi a rastras al hotel, para invitarle unos tragos.
-Esto es... –dijeron Keisuke y Kyo al unísono.
-Estúpido... –dijo Kouji, logrando que sus sobrinos volteasen a verlo con sorpresa, para después reír a carcajadas.
Yamaguchi sólo suspiró, aliviado por la tensión.
-Menos mal tu padre ya no quiere matar a mi primo –el ojiazul sonrió, siendo correspondido por el castaño.
-Tienes razón, esto merece un festejo –tomó de los hombros al rubio, arrastrándolo fuera; no obstante, antes de llegar a la puerta del lugar, volteó a ver a su hermano-. Si Raion te pone una mano encima, dile que yo seré quien lo asesine.
La puerta automática de cristal se cerró cuando su hermano y su actual pareja, salieron, dejando con un tic nervioso al más pequeño de los Matsumoto.
-Supéralo, así son los hermanos mayores –Kouji colocó una mano en su hombro, para que lo siguiera hasta la mesa en donde Raion y su padre platicaban animadamente.
Abrió los ojos con pesadumbre. Se fijó entonces en la luz que entraba suavemente por la ventana de su ahora departamento. ¿Pasarían de las siete de la noche? El ocaso teñía de rojo el suelo y la pared, inundando con ese color la habitación. Dejó escapar un suspiro e intentó incorporarse, pero justo al hacerlo el sonido del teléfono lo sorprendió, haciendo que trastabillara.
Con dificultad se levantó, sintiendo borrosa la visión. Dejó escapar un suspiro y contestó, sabiendo que era Sora quien le hablaba.
-Bueno... –dijo, escuchando su voz extrañamente rasposa.
-Hola, Tai, perdona que te interrumpa –la voz de Takeru le sorprendió sobremanera.
-¿TK? ¿Qué sucede? –su voz se volvió queda, como si estuviese hablando con un niño.
-¿Podemos hablar?
La pregunta lo descolocó. ¿Acaso ya le había dicho algo Yamato? Dejó escapar otro suspiro después, apretando con fuerza el auricular.
-¿Dónde quieres que nos veamos? –dijo por fin.
-Por teléfono está bien –la voz del chico se escuchó triste-. ¿Tú y mi hermano se encontraron?
Sintió un dolor agudo en el pecho. ¿Sería acaso su corazón destrozado el que lo hacía sentir así? Le costaba incluso respirar, intentar vivir. Se sentía vacío, se sentía solo. ¿Por qué los fantasmas del pasado se empeñaban en no dejarle avanzar, en impedir sus pasos hacia adelante? Cerró los ojos, intentando amainar sus sentimientos, pero le era imposible, por lo que las lágrimas escaparon de sus ojos, y aquel sufrimiento, escapó a modo de lamento de sus labios.
Takeru se quedó estático, sabiendo que su amigo estaba sufriendo, pero también quería que pudiera superar ese dolor.
-Aún lo amas, ¿cierto? –el rubio preguntó.
-Sí, pero... ya no podemos estar juntos. Supongo que Sora ya sabe que está aquí, porque quiere hablar conmigo.
-¿Entonces... qué harás, Tai?
-Lo que debí haber hecho hace mucho tiempo.
PERO UN DÍA DE PRONTO EL CIELO
AZUL HERMOSO SE VOLVIÓ
COMENCÉ A TENER ANHELOS,
LA SONRISA EN MI ROSTRO REGRESÓ
-¿Hacer qué? –preguntó Takeru, sin saber lo que pasaba por la mente del moreno.
-Continuar, TK, y perdonarme. Yamato no será feliz conmigo, lo sé... Quizá evocará las memorias del pasado, para hacerse daño, para hacerme daño. Nuestra confianza es nula. ¿Cómo puedo pedirle algo cuando ni yo mismo sé lo que quiero? Ya estoy cansado de todo, de los regaños de las personas, del fantasma del ayer. Hace tiempo pensé que me gustaría volver a verlo, para pedirle una disculpa apropiada, y ahora que así ha pasado, mi corazón descansó un poco, pero no sé si el de Yamato pueda encontrar la paz.
El rubio dejó escapar un suspiro, sintiéndose decepcionado por las palabras del moreno, pero era verdad, Taichi ya estaba cansado de todo, lamentablemente para su hermano.
-¿Te casarás con Sora?
La pregunta descolocó a Tai, quien se quedó en silencio cerca de un minuto.
-No lo sé, TK, la plática que tengamos los dos lo decidirá.
Matt tenía fija la mirada en la ventana; sin embargo, no veía nada en concreto.
-¿Te quedarás ésta noche?
El rubio escuchó la voz de su madre en el umbral de la puerta. Llevaba una charola de comida, dudando en si entrar o no a la habitación. Yamato negó con la cabeza, sonriendo después con tristeza hacia su madre. Ella correspondió el gesto, dejando la charola en la mesita de noche que se encontraba a un lado de la cama en donde se encontraba el chico, sentándose después a su lado.
-¿Hablaste con Taichi?
Los ojos de Matt se llenaron de lágrimas, mientras sentía una gran opresión en su pecho. Asintió, muy a su pesar, recordando el miedo que sintió al escuchar las palabras del moreno.
-Tengo miedo...
Esas dos palabras escaparon de sus labios, mientras Natsuko comprendía a la perfección a que se refería su amado hijo. Acarició con ternura sus cabellos dorados, acercando el cuerpo de Yamato hasta abrazarlo. El rubio se dejó hacer, cerrando los ojos en el acto que estuvo sobre el pecho de Natsuko.
-Es normal, Matt... –ella habló, con un suave susurro, tratando de tranquilizar al muchacho que lloraba en su regazo-, el miedo es parte fundamental en nuestas vidas, pero también es algo que nos impide probar cosas nuevas. Es como la historia del gato que en una ocasión se sentó sobre la estufa caliente. Se quemó, y a pesar de que en alguna otra ocasión, la estufa se encontraba fría, el gato prefirió no volverse a sentar, sin saber si aquello le haría daño una vez más o no. El amor es igual. Nos daña, pero no siempre será así.
-Él dijo que... que aún me quería... –un fuerte sollozo escapó de su pecho-... pero tengo miedo, mamá...
Natsuko cerró los ojos, tratando de ser fuerte para su hijo.
-¿Y tú, Matt? ¿Serás capaz de enfrentar tus miedos por estar con él?
ME HICISTE DAÑO,
PERO ATRÁS QUEDÓ
NO LO OLVIDARÉ,
PERO YA TE PERDONÉ
Ella sonrió, acunando aún más a su hijo.
-Perdonar no es olvidar, sino seguir adelante, no lo olvides, Matt, tienes que vivir con ello y aprender de lo que ha pasado para que puedas levantarte cuando has caído. Tiene más méritos quien cae y se levanta, que quien nunca cae o quien cae y nunca se puede levantar para continuar.
El rubio asintió, haciendo sonreír a la mujer, después ella se separó del joven, levantándose para salir de ahí.
-Come algo, Matt... creo que necesitas fuerzas para lo que vendrá –dijo en el marco de la puerta, antes de marcharse.
Después el rubio se quedó solo; sin embargo, se dio cuenta de que el sentirse solo o el estar solo es muy distinto, puesto que uno es un estado y el otro únicamente un pensamiento.
-Gracias...
Fue lo único que escapó de sus labios.
Yamaguchi se sentía inquieto, mientras esperaba el regreso de Keisuke. Su corazón palpitaba a mil por hora, mientras sentía una crecierte y urgente necesidad de acariciar su piel. Escuchó de pronto el sonido del agua de la regadera cesar, después deslizarse la puerta del cancel del baño. Su mejillas se tiñeron de rojo, al igual que aquel punto que deseaba ser tocado.
Intentó por todos los medios no parecer ansioso, pero le era imposible. Tantos años habían pasado desde que había descubierto su amor por el psicólogo que no podía controlar esos crecientes sentimientos.
Después escuchó la puerta del baño abrirse; sin embargo, cuando pensó que ambos podían tener un momento de intimidad, el sonido de su celular le molestó.
-¿No vas a contestar?
Preguntó Keisuke, mientras secaba su cabello con una toalla y varias gotas de agua resbalaban por su cuerpo, perdiéndose en la toalla que envolvía su cintura.
El rubio se mordió los labios, fantaseando un poco, hasta que el celular dejó de sonar por unos segundos y después volvieron a marcar con insistencia.
-¿Bueno? –dijo de mala gana, sin fijarse en quién le llamaba.
-¿Pa...pá? –la voz de su hijo lo descolocó, mientras escuchaba la tristeza impregnada en ella.
-Yama... ¿qué pasa? –su voz se volvió un susurro.
Keisuke volteó a ver al rubio, intuyendo, al ver su rostro, que lo que su hijo le contaba no era nada bueno. Dejó que hablaran lo suficiente, yéndose a cambiar a uno de los rincones de la habitación, esperando, como siempre había hecho, a que Yamaguchi confiara en él.
-Ok... te espero aquí.
Fue lo último que dijo, mientras cerraba el celular, después volteó a ver al ojiverde, quien le miraba expectante.
-Yamato se encontró a un viejo amor –sonrió con tristeza-, yo...
-Es normal sentirse triste por lo que pasó –dejó escapar un suspiro, acercándose al rubio y abrazándolo después-. El pasado es un fantasma que nos persigue y no nos deja en paz, pero si dejas que te controle, lo único que conseguirás será retroceder.
-Es verdad... –bajó el rostro, sabiendo que las palabras de Keisuke no mentían-... es como colocarte a ti mismo un pesado grillete para no poder caminar.
-Sí, lo sé... –suspiró suavemente sobre el oído derecho de Yamato, haciéndole sonrojar-... y aún a pesar de todo lo que ha pasado, te amo.
HACE TIEMPO CAMINÉ A TU LADO
PERO NO PENSABAS NI SIQUIERA EN MÍ
LA VIDA COBRA LO QUE NOS HA DADO
PERO A MÍ ME HA HECHO FELIZ
Yamaguchi cerró los ojos, recargándose un poco más en el cuerpo de su pareja. Después sonrió, sabiendo que el sentimiento que por tantos años albergó en su corazón por fin era correspondido.
-Yo también te amo...
Susurró aquellas palabras para que sólo la persona que quería que las escuchara lo hiciera, causando un abrazo aún más cálido por parte del psicólogo. Después suspiró, pensando si algún día su hijo podría ser feliz.
AHORA HAY ALGUIEN A MI LADO,
POR FIN PUEDO VOLVER A SONREÍR...
Pero sería difícil para los dos si lo único que hacían era mirar hacia el pasado para tomar las cosas malas y olvidar los buenos momentos que pasaron juntos.
¿Podrían superar el dolor y el miedo? Sólo el tiempo lo decidiría.
Continuará...
Gracias por leer hasta aquí n.n Tardé años en actualizar, pero prometo que actualizaré más pronto en ésta ocasión.
Taichi y Yamato merecen ser feliz, pero deben de darse ambos la oportunidad. El miedo es el peor de nuestros enemigos porque no nos deja avanzar.
