SERENATA
Serenata: Composición poética o musical que se interpreta en la calle y durante la noche para festejar a una persona.
Género: Yaoi
Pareja: Taichi X Yamato
Contenido: Angustia, Romance
Clasificación: NC-17
Título:
RAPSODIA
Versión 4.0
SERENATA
Escrito por: Meyka Tanimoto
Pensando: "".
Hablando: - -.
Recuerdos: cursivas
Capítulo 1
Boda de ensueño
Había gran caos por toda la mansión, comenzando por Raion, quien estaba como paranoico, mirándose en el espejo a cada momento que podía.
-Ya cálmate... –Yamaguchi le puso el pie, para que se tropezara, cosa que consiguió-... sólo es una boda.
-¡Una boda! –el pelirrojo se levantó, demasiado enfadado- ¡Una boda! ¡Esto no es simplemente una boda!
-¿No se supone que el que debería de estar nervioso aquí, soy yo? –entrecerró los ojos.
Raion se quedó pensativo, sonriendo después.
-¿Estás nervioso?
-No lo estoy –se sonrojó por completo, sintiendo sus mejillas arder.
-Bueno, pues esto es un gran paso –cruzó los brazos, asintiendo con la cabeza-, antes estabas pensando si debías lanzarte del trampolín, pero ahora que estás en la orilla y que Keisuke te empuja entonces...
-No lo hagas ver como algo tan terrorífico –se abrazó a sí mismo, odiaba sobremanera las alturas-. Saltar de un trampolín...
-¿Y te has puesto a pensar... –abrazó a su primo-... en que antes convivían juntos, pero no vivían juntos? Digo, ahora tendrás qué levantarte a su lado y verlo dormir. Desayunar con él, pelear por estupideces, atenderlo, mimarlo... –su rostro se fue transformando en algo de enfado-... espera un momento –hizo un puchero-. Yo quiero hacer mi vida marital con Kyosu...
Sus palabras murieron en sus labios cuando Keisuke apareció con un cuchillo de carne en las manos.
-¿Qué dices de mi hermanito, sabandija pelirroja?
-Que... –tragó saliva audiblemente-... tiene un hermano sumamente caritativo y bueno, incapaz de hacer daño a alguien.
El castaño le entregó a uno de los meseros el cuchillo, tronándose los dedos.
-¿Listo? –preguntó hacia el rubio, quien se sobresaltó por la pregunta, haciéndolo preocuparse- Te miras como si fueses a salir corriendo en cualquier momento.
-¿Quién, yo? –sonrió nerviosamente- ¿Por qué habría de huir?
-Aún puedes arrepentirte, Yamato –le miró con tranquilidad, haciendo que Raion se sintiera como alguien que no debía estar ahí en esos momentos-, aún puedes dar marcha atrás.
-Eso jamás –sonrió con nerviosismo-, sólo estoy nervioso por lo que me dijo Raion.
Cuando el pelirrojo escuchó su nombre, se dio media vuelta, caminando sigilosamente a otro lugar, pero fue detenido por el psicólogo, quien lo tomó del cuello de su camisa, atrayéndolo hacia él.
-¿Y qué le dijiste, León?
-Ah... –sonrió con condescendencia-... que... sería genial despertarse al lado de la persona que amas.
El chico abrió los ojos, encontrándose con la versión apocalíptica de su cuñado. Comenzó a rezar, hasta que el castaño lo soltó cuando vio a Matt bajar las escaleras.
El chico rubio sonrió, saludando con la mano.
Habían pasado cuatro años desde que habían vuelto de Japón. El chico se había esforzado sobremanera en la escuela, aunque de vez en cuando –casi siempre en las vacaciones de verano- se daba un descanso y se marchaba a su país natal para ver a su novio.
Keisuke sonrió inconscientemente cuando el muchacho se reunió con ellos en el vestíbulo. Estaba ataviado en un elegante smoking negro, con un moño rojo adornándolo.
-¿Qué? –Matt sonrió- ¿Ya están listos?
-¿Qué te dijeron tus familiares? –Yamaguchi sonrió.
-Bueno –sonrió de oreja a oreja-, vienen en camino.
Takeru le pasó sus maletas a su novio, Daisuke Motomiya, mientras subían sus pertenencias a un taxi. El moreno sonrió con condescendencia cuando tuvo qué subir él solo las cosas, pero podía entender las ansias del rubio por ver a su hermano, ya que tenía casi un año sin estar cerca de él físicamente.
-¡Hola, chicos!
Mimi Tachikawa, quien no había cambiado mucho con el tiempo, a excepción de que su vestimenta era un poco más recatada, los saludó desde lejos, sobre un BMW negro de cinco puertas.
-¿Qué tal estuvo el viaje?
Se escuchó cómo alguien vomitó, por lo que omitió el comentario.
-En fin... –la mujer sonrió-... ¿dónde está Tai? Escoltaré a su majestad principezca a la casa de Matt.
Taichi Yagami salió, arrastrando una maleta, mientras sus padres conversaban animadamente a su lado.
-¡Yagami, yuju! –Mimi salió del auto, recarcándose en él- ¡He venido por usted, príncipe azul!
El moreno dejó de sonreír, tan sólo para entrecerrar los ojos por el estúpido recibimiento que había causado la burla de todos sus acompañantes.
-Deja de humillarme así –rodó los ojos y se encaminó hacia donde estaba Mimi para que lo dejara de molestar.
-¿Cómo has estado? –la chica abrió la cajuela para que Tai dejara sus cosas ahí dentro.
-Estaría mejor, de no ser por ti –contestó a regañadientes.
-Yo también te extrañé –la chica sonrió, aunque se podía ver en su semblante que si no contestaba de una manera más gentil, quizá lo lanzaría del primer puente que se encontraran en el camino.
-Lo mismo digo –sonrió con condescendencia, entrando en el auto.
La chica arrancó enseguida, dejando atrás a los otros chicos.
-¿Por qué has venido por mí? –preguntó el chico.
-Porque necesitaba quién cargara todas las cosas que compraré para la boda.
-Ay, por favor, no... –el chico se golpeó contra el vidrio del auto-... ¿por qué sólo éstas cosas me pasan a mí?
Todos quedaron boquiabiertos cuando llegaron a la gran mansión de la familia Yamaguchi. El extenso jardín que la rodeaba los dejó anonadados.
-¿Aquí es donde vive Matt? –Natsuko no daba crédito a lo que veía.
-Es enorme –Hikari se asomó por la ventana.
-Mi hermano me dijo que también tienen un lago –TK estaba muy sorprendido-, pero pensé que era una broma.
El taxi se detuvo frente a la enorme casa, al igual que un montón de camiones que llevaban entre comida, hasta mesas y utensilios de adorno.
Cuando se bajaron del taxi y cuando Susumo iba a pagar, alguien le detuvo.
-Permítame, por favor...
Un hombre muy atractivo, de cabellos castaños, sacó su billetera y le pagó a cada uno de los conductores de los taxis.
-Discúlpenos por no haber podido ir personalmente por ustedes al aeropuerto, pero hemos estado un poco ocupados con los preparativos. Mi nombre es Keisuke Matsumoto y soy...
-¡Mamá!
Yamato abrazó con fuerza a Natsuko Takaishi, quien correspondió el abrazo.
-Hola, Matty –sonrió la mujer, estrujando al chico, el cual se sonrojó al darse cuenta que Keisuke lo miraba con una gran sonrisa.
-Perdón... él es Keisuke Matsumoto... –sonrió pícaramente-... y es como un padre para mí.
-Ya tenemos el gusto de conocernos –Natsuko sonrió, saludando cordialmente de la mano al castaño.
-¿Cómo? –el rubio se asombró- ¿Se conocen?
-Es una larga historia, pequeño –Keisuke sonrió-, pero sí, ya nuestros caminos se habían cruzado. Por cierto, gracias por su consejo, sino fuera por él, entonces no estaríamos aquí.
-Ya veo... –la rubia sonrió con suavidad-... me da gusto saber que se encuentra mejor ahora y que arregló el problema que tenía aquel día.
Un hombre extremadamente parecido a Matt, apareció detrás de unos hombres, llevando un celular con el que hablaba.
-Sí, sí, sí –rodó los ojos-, le diré a Keisuke –se dirigió al castaño-. Te habla Ai, dice que vendrá a impedir la boda para quedarse contigo y ya sabes... –le pasó el teléfono.
-¿Bueno? –Matsumoto sonrió con condescendencia- Hola, Ai. Sí, hemos estado bien. ¿De veras? ¿No crees que no deberías de venir? No, claro que eres bienvenida, pero... Ah, ya veo... Sí, él también está bien. Ok, acá te esperamos –colgó.
-¿Por qué le dijiste que estaba bien que estuviera aquí? –Yamaguchi entrecerró los ojos.
-Sería una descortesía decirle lo contrario, además, eso ya quedó atrás.
-Sí, pero... –hizo un puchero, pero después su semblante cambió a uno de sorpresa al ver a tanta gente cerca de su hijo.
-Él es Yamato Yamaguchi y mi padre –Matt sonrió, presentando al otro rubio.
-¿Mucho gusto? –el aludido sonrió con condescendencia.
-Ya decía yo que usted se me figuraba a Matt la primera vez que nos conocimos–Hiroaki le ofreció su mano derecha a modo de saludo-. Incluso ambos se ven jóvenes, en vez de padre e hijo, parecen hermanos.
Yamaguchi se sonrojó con el comentario, ocasionando que Keisuke riera un poco.
-¡Felicidades por su matrimonio!
Kari y Yolei sonrieron, mirando con ojos en forma de corazón a Keisuke.
-Es una lástima que hombres tan guapos como Matsumoto-san sean gays.
Ambos comenzaron a llorar.
Matt las tiró a locas, al igual que los chicos, bueno, a excepción de Ken, quien entrecerró los ojos, muy enfadado por el comportamiento de su novia.
-¿Y... –el chico rubió se sonrojó-... dónde está Taichi?
-Pues verás...
En una tienda departamental de la ciudad:
-Mimi, moriré de aburrimiento si continúo aquí –el moreno bostezó con fuerza, mientras caminaba, cargando como veinte mil bolsas y cajas-. Por favor, sólo por un momento déjame descansar.
-Bueno... –ella hizo un puchero-... iremos al estacionamiento y dejaremos las bolsas en el auto, ¿qué te parece?
-Me parece perfecto y mejor sería que nos fuéramos ya o no llegaremos.
-Tenemos tiempo de sobra –volteó a ver su reloj, mientras le sonreía-. Además tienes que verte extremadamente guapo.
-No soy yo quien se casa –el moreno entrecerró los ojos.
-Ya sé –ella le mostró la lengua-, pero eso no impide que vayas guapo.
-Preferiría sólo ir –entrecerró los ojos-, ya sé que no soy rico como tú y como Matt, pero...
De repente aquellas palabras le cayeron como un balde de agua fría, mientras entraban al elevador.
-No te preocupes, cariño –ella le sonrió-, ustedes son amigos de la infancia, quizá él tenga un padre rico, pero eso nunca le ha importado demasiado, a él le gustan las cosas sencillas, por eso sale contigo.
Taichi volteó a verla con una expresión de que quería matarla.
-Gracias, Mimi –dijo con sarcasmo-, tú sí que sabes cómo subirle la moral a alguien.
Ella sonrió, complacida con el "halago" hacia su persona.
-¿A qué hora va a comenzar la boda? –preguntó Taichi.
-A las tres –contestó la chica despreocupadamente.
El moreno volteó a ver su reloj, mientras se quedaba blanco como un papel.
-¿Qué pasa? –preguntó ella.
-¡Ya son las tres, Mimi!
Mientras tanto en la mansión Yamaguchi:
-¿Por qué demonios tarda tanto Taichi? –Matt parecía más ansioso de lo normal mientras el oficial del registro civil llegaba a la recepción.
-Cálmate, ya llegará.
-¡Son las tres! ¡Dijo que llegaría temprano!
-Él no tiene la culpa de que Mimi lo haya secuestrado –Kari dejó escapar un suspiro-. Pobre de mi hermano, seguro que ahora está eufórico por llegar.
Taichi y Mimi se encontraban en un embotellamiento. La chica sonrió hacia él con condescendencia. De repente, Taichi se daba de golpes contra el vidrio de su ventana, mientras miraba airado a la castaña.
-Mimi, ¿por qué me haces esto en un día tan importante?
-Lo siento, cariño –ella sonrió otra vez-, pero no fue mi intención que el estilista se tardara tanto.
La fila de al lado comenzó a moverse, dándole esperanza a Taichi.
-Creo que ya están avanzando –dijo ella con entusiasmo.
Mimi también sonrió, esperando a salir de ahí; sin embargo, justo cuando se incorporaron a la autopista, la chica pisó el acelerador y Taichi quedó pegado al respaldo de su asiento.
-Esto amerita el turbo, agárrate fuerte del asiento –dijo ella, mientras pisaba la palanca del acelerador.
-Madre mía, ¿quieres matarnos?
De repente comenzó a ver todos los automóviles pasar como manchas a sus costados. Su cuerpo se movía involuntariamente hacia donde la conductora guiaba el carro. Estaba comenzando a rezar sus oraciones cuando vislumbró a los lejos la casa de los Tachikawa y de los Yamaguchi.
-¿Crees que ya haya comenzado la boda? –ella sonrió con algo de condescendencia.
El oficial registrador se estaba acomodando en aquel improvisado altar cuando de repente salió un auto de la nada que por poco y lo golpea. Mimi se bajó, al igual que Taichi, quien se veía pálido y casi sin vida.
-Necesito un médico.
Jou sonrió, mientras se acercaba a Taichi.
-A deducir por tu cara se nota que Mimi por poco y los mata.
El peliazul volteó a ver a Mimi con algo de sarcasmo.
-Él dijo que quería llegar temprano.
Ella dijo como si nada. El Oficial Registrador sonrió con algo de nerviosismo, pensando que los ricos eran muy excéntricos.
-Bueno, ya que estamos aquí hay que disfrutar –los senos de Mimi rebotaron un poco cuando tomó del brazo a Taichi y lo sentó a un lado de Yamato-. ¿Qué hay, Matt?
-Hola, Mimi –contestó el rubio.
La boda se llevó a cabo con tranquilidad, mientras Mimi lloraba y mordía un pañuelo, debido a la emoción; Yolei y Kairi miraban con ilusión a los dos novios, soñando con aquel momento. Era un instante de suma alegría; sin embargo, Tai volteó a ver a Matt, quien sonreía cuando su padre y Keisuke se dieron un beso, entonces pensó si era momento de decirle lo que estaba pensando y cómo lo tomaría.
El moreno dejó escapar un suspiro, sintiéndose algo desolado.
Continuará...
