Disclaimer: Personajes pertenecientes a JK, las modificaciones a su historia original son producto de nuestras locas imaginaciones que no quedan conforme con ciertos detalles y aman moldear a los personajes a su anotojo.

...

Tres Regalos y Tres Tazas de Café

...

—¡Hermione! —la aludida giró su cabeza para ver quien la llamaba. Algo bueno de su nombre es que era poco común, y en el Ministerio no había otra llamada igual, por lo que cada vez que lo oía, sabía que se dirigían a ella.

—Chicos, ¿por qué la tardanza? —preguntó la chica. Habían quedado en almorzar juntos a la una en punto, y llegaban con diez minutos de retraso.

—Perdona Herms, pero nos pusieron examen sorpresa cinco minutos antes de salir, por lo que nos apresuramos todo lo que pudimos para llegar a tiempo —se excusó Harry.

—Pero, ¡no les dio el tiempo para revisar las respuestas! ¿Y si reprueban? No me lo perdonaría jamás —se alteró Hermione. —Por favor díganme que sabían las respuestas y las contestaron muy seguros.

—Claro que si —Ron pasó un brazo por sus hombros y la dirigió a la fila del comedor —esta especialización es la más simple de todas, y somos los mejores en ella. —Harry y Ron, luego de tener su título de Aurores, decidieron cada año especializarse en algo nuevo, para así acrecentar sus niveles de lucha.

—Si Herms, no te preocupes por nosotros —añadió Harry.

—Este bien. Si ustedes lo dicen, les creeré.

Hermione disimuladamente se quitó el brazo de Ron de sus hombros. Ellos no habían funcionado como pareja. Luego de acabada la guerra, decidieron intentarlo, pero Hermione se fue en búsqueda de sus padres durante dos meses, y al llegar a Londres, comenzó con lo del modelaje. Los primeros días se sentían incómodos cuando estaban juntos. Un sentimiento extraño flotaba sobre ellos. Querían ser amigos, pero su relación parecía impedírselos. Al ver que Ron parecía más feliz compartiendo con Harry que con ella, extrañó esa alegría pasada, así que terminó toda relación con el pelirrojo que no fuera la amistad. Luego, al preguntarse porque Ron no había peleado más por ella, dejándola ir a otro continente por casi ocho meses, lo primero que afloró en su mente fue que no era tan linda como las demás brujas de su generación. Quizá por ello siga siendo modelo, para demostrarle a Ron que tenía un lindo cuerpo y, además, era inteligente. No. Ese no era el motivo. No era lo suficientemente fuerte ese sentimiento como para obstinarse a caminar por las pasarelas, y era lo bastante inteligente para querer y saber que si alguien andaba con ella, sería por su intelecto más que por su físico.

—….¿qué opinas tú? —Hermione salió de sus pensamientos al sentir la mirada de los chicos sobre ella. Se había quedado pegada en sus recuerdos.

—Disculpen, ¿qué decían?

—Con Ron nos debatíamos si pedir el pastel de carne o la pasta salteada, y queríamos saber que opinabas tú.

—Bueno, ambas son unas bombas calóricas —al ver la mirada de los chicos, rectificó —, pero como están en entrenamientos y campañas, sería conveniente que pidieran de ambas una ración. —Ante esto, Ron asintió enérgicamente, dando a entender que apoyaba la idea.

— ¿Y tú? ¿Qué comerás? —preguntó Harry.

—Creo que pediré un poco de pasta. Me daré un regalo —dijo, mientras se sobaba el abdomen.

—Mientras no mueras de hambre, por mí está bien —dijo un pelirrojo conciliador.

— ¿Qué problema tienen los Weasley con la comida? —Hermione sonrió, negando con la cabeza continuó. —Ginny, el lunes, tenía preparado un desayuno para, al menos, unas cinco personas, ¡y ni siquiera ella alcanzó a comer! Ahora, con lo cansada que llega, ni ánimos le dan de levantarse a preparar algo, así que me toca a mí servir dos tazones de cereales y frutas.

—Bueno, mi madre siempre dice que barriga llena corazón contento —dijo Ron con una sonrisa.

—Ese es un dicho muggle Ron, seguramente Arthur lo leyó en algún documento y se lo dijo a tu madre para conseguir más comida de parte de ella —los tres rieron ante las palabras de Harry.

—De algo puedes estar seguro Harry, no morirás de hambre. —el aludido se sonrojó ante la insinuación de Hermione. Él y Ginny estaban llevando una relación al fin, libre de ataduras, culpas y preocupaciones.

Ginny y Harry no vivían juntos aún. Querían disfrutar su noviazgo sin complicaciones ni peleas diarias sobre cosas domésticas, al menos no todavía. Un noviazgo puertas afuera era mucho menos rutinario. No querían más compromiso que disfrutar lo máximo su relación. Por otra parte, estaba Hermione. Los chicos, Harry y Ron, se negaban a que la chica viviera sola, no porque no la creyeran autosuficiente, sino porque si a ellos les costaba aun enfrentarse a episodios de su pasado, ella más aún, ya que la guerra iba orientada básicamente al exterminio de hijos de muggles. La invitaron a Grimmauld Place a vivir con ellos, pero la chica se negó, argumentando que no podía vivir siempre bajo sus cuidados. También influyó en eso su fracaso como novia de Ron. Ginny, en cambio, se ofreció vivir con ella. Ella aceptó gustosa, le hacía falta una amiga con la cual platicar por las noches sin más esfuerzo que sentarse en el sofá. A los chicos les pareció bien, Ginny era de confianza para todos. Y aunque Hermione no hubiese cambiado de opinión, independiente del veredicto de sus amigos, les agradecía profundamente su preocupación. No tenían tiempo de extrañarse, se veían a diario a almorzar (siempre y cuando los chicos no tuvieran una expedición), y en los pasillos del segundo piso del ministerio paraban a charlar un rato. Cuando Ron y Harry tenían tiempo libre que matar, iban al despacho de Hermione a compartir un rato. Y los fines de semana, Hermione los repartía entre su familia, el modelaje, y los chicos (generalmente en la Madriguera).

—Entonces, mañana iremos a tu departamento a cenar con mi hermana, y luego nos vamos de fiesta a celebrar su cumpleaños —dijo Ron. Ya estaban camino a la oficina de Hermione, luego de una agradable hora que tardaron en almorzar, donde la dejarían para luego irse a entrenar.

La semana había pasando volando para los chicos, claro, menos para Ginny, quien no hallaba la hora de celebrar.

—Me parece perfecto. Recuerden que es una doble celebración.

—Lo sé Herms, no te preocupes. Entre Harry y mi madre hablándome de lo bien que le ha ido a Ginny, he tenido que comprarle otro regalo —dijo Ron, soltando un suspiro.

—Mírame a mí, que soy su novio. Tres regalos le tengo —Ron palmeó a Harry en la espalda, en un gesto que claramente decía "te entiendo amigo, mi pésame para tu bolsillo".

—Chicos, no sean quejitas. Nadie les pidió regalos.

—Lo sabemos —dijeron riendo. Ron continuó —Pero nadie niega que a Ginny la emocione un presente.

—Es cierto —aceptó Hermione —, pero recuerden que lo importante de mañana es pasarla bien y disfrutar con ella.

—Por supuesto. Llegamos —dijo Harry señalando el lugar de trabajo de Hermione —. Pasaremos por ti en un rato.

—No es necesario, me iré por Flú directo a casa.

—Entonces vendremos a despedirnos —terció Ron.

—Vale, nos vemos entonces. ¡Tengan buen entrenamiento! —exclamó Hermione mientras ingresaba a la oficina.

—Y tu ten… —Ron asomó la cabeza por la puerta entreabierta —bueno, ten buen "algo" en eso que haces.

—Investigaciones Ron, Hermione hace investigaciones —decía Harry mientras tiraba de la manga de su amigo.

—Eso dije —escuchó Hermione que Ron le decía a su amigo, mientras se alejaban rumbo al sector del Departamento de Aurores.

.

.

—Te juro que no me agrada tu novia —dijo una sulfurada Pansy, quien acababa de aparecer por la chimenea de la oficina de Draco.

El rubio dio un salto. Seguía sin acostumbrarse a las apariciones repentinas de Pansy, y por más que quisiera desconectar su chimenea, no le era conveniente, ya que era el medio más rápido en que los chicos podían contactarse con él.

—Sí, ya lo sabía. ¿Por qué entras a mi oficina por Red Flú? Algún día de estos me dará un ataque. Y estamos a una pared de distancia. ¿Tanto te costaba venir caminando? ¿Recuerdas que Abby tiene órdenes expresas de dejarte entrar, "pase lo que pase"?

Justamente para evitar esos sobresaltos, había decidido que Pansy podría entrar a su oficina siempre que lo requiriese. No tenía problemas con eso, era su mejor amiga y no le incomodaba estar junto a ella, y además Pansy no se vería en la obligación de aparecerse.

—Que sepas que venía a dejarte unos informes financieros del último mes para que los revises una última vez, pero al abrir la puerta me encuentro con la desagradable sorpresa de que tu noviecita estaba muy cómoda sentada en el sofá de espera, y no sola, sino que vino también con su hermana. Te juro que antes de dirigirles la palabra por cortesía, prefiero aparecerme por Flú.

— ¿Astoria está aquí? —Draco frunció el ceño — ¿Qué hace aquí? Pasaría por ella mas tarde para cenar.

—Quizá viene a asegurar que no abras los ojos y salgas con alguien que, no sé, tenga algo de masa encefálica —dijo Pansy, mientras dejaba los papeles sobre el escritorio del chico y se sentaba frente a él. —En serio Draco, ¿por qué estas con ella?

—Ya lo sabes, mis padres.

—Tus padres, por mucho que los quiera, no pueden obligarte a vivir una mentira.

—Lo sé, de hecho, pienso cortar nuestra relación —dijo Draco mientras se paraba a buscar unos archivos en el estante que tenía en una de las paredes. —Pasé un tiempo prudente con ella, en el que me di cuenta que las cosas entre los dos jamás funcionarían, ya que, aunque venimos de familias parecidas, y nuestro linaje es uno de los más puros del mundo mágico, no es lo que yo espero en una mujer.

—Tienes el discurso preparado para tus padres, por lo que veo.

—Algo así —Draco se sentó nuevamente y comenzó a hojear lo que traía entre manos. —Es sólo que quiero estar seguro de mi decisión. Y digamos que le estoy dando unas semanas de prueba para ver si hay algo más en ella que me cautive. No quiero volver a ella como un imbécil arrepentido.

—Oh, claro que no lo harás —Draco, ante la afirmación de su amiga, levantó la vista de los papeles y la miró, incrédulo.

—No me digas que me presentarás a alguna de tus amigas, porque te aseguro no estoy de humor para intentar citas.

—Por supuesto que no. No creo que mis "amigas" estén dispuestas a salir contigo, de todos modos. Ambas son altas, una es morena, ojos intrigantemente oscuros y facciones alegres, la otra es castaña, con unos hermosos ojos azules y facciones aristocráticas. —Ante la mirada curiosa de Draco, Pansy se paró y se dirigió a la chimenea —Si quieres les preguntamos ahora si entraría en sus planes salir contigo —la chica arrojó polvos a la chimenea, y gritó —Theo, Blaise, a la oficina de Draco ¡YA!

—Es broma, ¿verdad? —Draco se reía en su asiento.

—No se para que preguntas cosas obvias. Los únicos a quienes considero amigos son ustedes, las demás chicas de la alta sociedad que he conocido son demasiado superficiales para mí —Pansy se giró para enfrentarse a sus amigos, quienes acababan de llegar.

— ¿Pasó algo? —inquirió Theo.

—Sí, les tengo una pregunta —dijo Pansy, tomándose las manos.

—Pansy, no es necesario que sigas. Me ha quedado clara la idea —Draco seguía batallando con las risas, con su cara escondida entre sus manos.

— ¿Algunos de ustedes saldría en una cita romántica con Draco? —prosiguió Pansy, ignorando a su mejor amigo y provocando la cara de incredulidad de Blaise y Theo.

—…. —ambos chicos se miraron — ¿qué?

—Nada chicos —dijo Draco, parándose de su asiento y dirigiéndose donde sus amigos. —Pansy está demostrándome que no me presentará jamás a alguna amiga.

— ¿Y nosotros que tenemos que ver ahí? —se preguntó extrañado Blaise.

—Creo que Pansy nos trató de amigas —dijo Theo, pálido como la luna.

—Pansy, ¿eso es verdad? —preguntó angustiado Blaise. Su masculinidad había sido puesta en duda.

—Pero que graves se han puesto, chicos —dijo, tomando a cada uno del brazo. —Ustedes son tan buenos, o incluso mejores, que cualquier amiga mujer.

— ¿Ahora quien es la grave? —dijo Blaise, desordenándole el cabello.

— ¡Blaise! —gritó Pansy.

Los chicos comenzaron a reír, mientras Pansy sacaba la varita y se arreglaba nuevamente su peinado.

— ¡No se escucha como que estuviera haciendo algo importante! —una voz chillona y molesta sonó desde la sala de espera.

— ¡Merlín! Odio a esa mujer.

—Lo sabemos Pansy —dijo Theo, con voz cansada.

— ¿Me repito mucho? —preguntó la morena.

—Quizá algo —dijo Blaise.

— ¡Que se corra de ahí y me deje pasar le he dicho! —se sintió desde afuera. Se oyeron unos murmullos que alcanzaban a entender como "está ocupado" "no puede entrar" "siéntese en su lugar", a lo que Astoria volvió a chillar —¡Como pareja del DU -E -ÑO de la compañía, te exijo me dejes el paso libre!

—Es que no puede ser más insufrible e irrespetuosa —dijo una Pansy muy indignada.

—Será mejor que nos vayamos —Theo tomó a Pansy de la mano y la empujó consigo a la chimenea, desapareciéndose rumbo a la oficina de él.

Se oyó un ruido de cosas al caer al piso, al parecer Astoria había empujado a Abby.

—Amigo, suerte con ella. —Y Blaise se desapareció, siguiendo a sus amigos.

.

.

Un somnoliento Blaise entraba a la sala de reuniones con una taza de café en la mano. Con la otra, se frotaba los ojos, intentando despejar su mente. Tras él entraba Theo, quien traía dos tazas de café y gafas oscuras.

—Veo que anoche durmieron mal chicos, ¿qué les pasó? —preguntó Draco, quien ya se encontraba sentado a la cabecilla de la mesa, dispuesto a comenzar la reunión.

—Los inversionistas holandeses resultaron unos dispuestos a la diversión. No quisieron cerrar el trato sino hasta las… ¿a qué hora fue Theo? —preguntó Blaise, mientras se sentaba a la derecha de Draco.

—Creo que como a las cinco de la mañana —dijo Theo, dando un bostezo, a la vez que se sentaba al lado de Blaise.

—Pero tenemos cerrado el trato, es lo que importa.

Draco designó a los chicos para las conversaciones con los holandeses. Pansy no iría, ya que ella había cerrado un trato a principios de semana, y les exigió a ellos la dejaran descansar. Draco también iría, pero la conversación —discusión con Astoria la tarde anterior lo dejó con un humor horrible, y conociendo la personalidad de sus inversores, sabía que así no podría negociar, así que les indicó a los chicos que se las arreglaran ellos. Claro que nunca contaron con "la fiesta de negociación" que les tenían preparada.

—Claro, y que mis horas de sueño se vayan al caño —respondió Blaise. —Necesito dormir al menos ocho horas diarias para estar presentable ante los ojos de mis admiradoras.

—Ante mis ojos estas horrendo —dijo Pansy, quien acababa de entrar. Se fue a sentar al lado izquierdo de Draco, frente a Blaise. — ¿Cómo les fue?

—Bien, bien. Tenemos inversionistas holandeses. Pero luego te explico, o más bien, les explico en que consistió el acuerdo —dijo Blaise, todavía algo somnoliento.

— ¿El café sobrante es para mí? —preguntó Pansy, mientras tomaba una de las tazas de Theo y se la llevaba a la boca.

— ¡No Pansy! —Theo se pasó de su asiento y le quitó la taza de las manos. —Está preparado con al menos seis cucharadas de café y sin azúcar, no te gustará.

—Ya tomé un poco —dijo Pansy, mientras tosía por la amargura que se extendió por su garganta — ¿cómo puedes tragar eso?

—Necesito mantenerme despierto todo el día.

—Está malo, amargo y asqueroso —seguía quejándose la ojiazul, a la vez que se acariciaba la garganta. —Hablando de algo malo, amargo y asqueroso, ¿cómo te fue con tu novia, Draco?

Draco no les contaría como habían discutido, cuantas maldiciones quiso tirarle encima ni como Astoria, con sus lágrimas, logró que él la perdonara por su actitud petulante y pactaran una cita para dentro de unas horas más. Les contaría lo importante, o lo que a los chicos les importaba.

—Deja de tratarla tan mal —le reprochó Draco, pero luego relajó su expresión y les comentó —Astoria y su hermana, Daphne, entrarán al modelaje profesional.

—Ya. Qué bueno —respondió irónicamente Pansy — ¿Terminaste con ella? —preguntó inocentemente.

—Claro que no —dijo firmemente el rubio.

— ¡Oh, Merlín! Esa noticia fue incluso más amarga que tu café, Theo —exclamó la chica, mientras apoyaba su mejilla derecha en la mesa, abatida.

—No seas tan dramática, por favor, y déjame proseguir.

—Es que no le veo la importancia a esa noticia —Pansy seguía apoyada en la mesa, mientras los chicos cerraban los ojos por momentos prolongados, luchando contra el sueño.

—Con Astoria dentro, me será más fácil llegar a nuestro objetivo —dijo Draco, apoyando los codos en la mesa. Pansy alzó la vista y lo miró.

—Espera, no me digas que… —dijo Pansy, atando cabos rápidamente. Theo y Blaise se desperezaron y los miraban, curiosos.

—Sí. Astoria y Daphne trabajarán para Alex Caillaux, el escurridizo e importante empresario del arte del modelaje —Draco hizo un ademán con las manos, como dándole más protagonismo.

La compañía, hace un par de meses, había fijado sus ojos en él cuando investigaron su trayectoria y evaluaron su desempeño en lo económico. Era un joven que a los treinta y cinco años contaba con una red de agencias de modelaje en Europa, las cuales incluían a modelos tanto del mundo muggle como del mundo mágico. Su trayectoria era intachable, salió de Hogwarts y se inscribió en la Universidad de Paris I, donde realizó estudios sobre diseño. Al titularse, vio que sus modelos (los cuales mezclaban las modas de los dos mundos) eran muy particulares y únicos, por lo que se asesoró con expertos respecto a la forma en que debía presentarlos en sociedad. Ellos le recomendaron que creara su propia escuela de modelos, y que fueran estas mismas quienes posaran sus obras. Eso hizo que, a la edad de veintisiete años, fuera un exitoso y reconocido empresario del mundo de la moda, con ganancias anuales de hasta el cincuenta y seis por ciento.

— ¿Puedo encargarme yo de cerrar este negocio? —preguntó Blaise, a quien la palabra "modelo" pareció quitarle todo rastro de sueño que podría haber tenido.

—No. De este me encargaré yo —respondió Draco, con una voz que no admitía réplicas. Pero sus amigos no se intimidaban con eso.

—Que injusto —reclamó Blaise. —Opino votemos por quien se hace cargo de él. ¿Quién está conmigo? —el moreno levantó su mano, esperando el apoyo de los demás.

—Ya déjalo Blaise —respondió Pansy, acompañando sus palabras con una dura mirada. Blaise bajó lentamente la mano. —Nosotros ya tuvimos nuestra tanda de Contratos, le toca a Draco. Fin de la discusión.

—Estoy de acuerdo con Pansy —dijo Theo, desemperezándose. Blaise gruñó —Además míralo por el lado bueno —Theo ahora se dirigía a Blaise, —Draco será el encargado de tratar a uno de los inversores más inaccesibles del mundo, el cual se nos ha escurrido de las manos como el agua. Pero para nosotros es un beneficio. No nos darán dolores de cabeza, y no olvides que siempre que queramos podemos asistir a ver a esas bellezas.

— ¿Teniéndome a mí presente hablan de bellezas como si fueran objetos? —reclamó la chica.

—Y de colección —respondió Blaise. —Nosotros vamos, las vemos, escogemos a una y le pedimos una cita. Tú, bueno…

—Eres como nuestra hermanita —terminó Theo por Blaise, —eres hermosa, pero te queremos como si fuéramos hermanos.

—Oh, me conmueven —dijo una irónica Pansy.

—Ya Pansy, te sabes hermosa, no se para que te enojas. Debe haber más de alguno que esté interesado en ti. —Blaise intentó reconfortar a Pansy.

Pero yo quiero que solo tú estés interesado en mí. Pensaba Pansy, mientras simulaba una sonrisa a las palabras antes dichas por el moreno.

Quizá yo sea uno de esos chicos que andan tras tuyo. Pensó Blaise, mientras correspondía a la sonrisa de su amiga.

—Es tiempo de que comencemos la reunión —dijo Draco, dando por terminada la plática anterior y adoptando un tono serio y solemne para llevar a cabo a lo que habían venido, hablar sobre negocios.

Y aunque mantuvo su formalidad durante las dos horas en que se extendió la junta, su cabeza estaba en todos lados, dispersa.

No podía terminar su relación con Astoria hasta por lo menos tener asegurado a Alex Caillaux.

Debía buscar una manera en que Alex aceptara siquiera oír su propuesta. Odiaba que fuera tan difícil de persuadir.

Tendría que ir, de ahora en adelante, a ver los aburridos desfiles de modas. Fue una de las peticiones que le hizo Astoria, que asistiera a los desfiles en que ella participara.

Eso tenía un punto a su favor. Acortaba las distancias con Alex.

Y por supuesto, aplacaría su curiosidad. Desde que se enteró, no hallaba la hora en que la viera modelar. La hora por fin había llegado.

Draco Malfoy vería por sus propios ojos que era lo que escondía la túnica gigante que se empeñaba en usar y las torres de libros que insistía en llevar con ella Hermione Granger.

.


Hola!

Tardé un día más, lo siento. Mi internet anduvo con fallas. Pero acá está el cap número 3 :D!

Agradecemos a Sabaana por su beteo express (aunque este cap ya lo había leído hace semanas!).

Estoy congestionada, asi que mi mente no da para intentar encajar alguna canción so.. quedará para el siguiente.

Espero les guste! Y dejen reviews *-*!

Nos leemos en unos 5 días más ¿?

Saludines Intergalácticos *-*