Acercamiento a lo desconocido

Tres días habían pasado desde que Whiton y Granderson se hubieran visto juntos, tratándose como compañeros normales, sin mostrar rencor o resentimientos por el otro.

Para Candy, todo parecía volver a la normalidad. Aunque estaban en el mismo salón, Terry estaba inmerso en la clase, junto a su grupo, igual a ella.

-El próximo evento que tendremos en la academia será el festival guitarrista, no lo olviden por favor-habló el prof.-. Todos deben formar una banda, con 5 integrantes como máximo, que toquen los instrumentos necesarios para crear la armonización perfecta.

-¿Nos evaluará con una interpretación?-preguntó una estudiante más.

-¿Por qué no? La mejor forma de corroborar que han completado este objetivo es que elijan una canción, y la interpreten ustedes mismos.

-¿Puedes ser cualquiera?

-Cualquiera. Preferiblemente debe ser una composición fuerte, del género rock, para que puedan usarse todos los instrumentos, o al menos los más usados.

-¿Haremos las interpretaciones con los demás cursos?

-Sí. Yo sugerí al prof. Steckley que debíamos unir a todas las clases. Por eso, el festival se hará en el patio principal, donde se puede armar fácilmente un escenario, y aún así, conservarse el espacio necesario para que todos los demás puedan estar frente a la banda que toque, escuchando su interpretación.

-¿Y cuándo se hará el festival, prof.?

-La fecha será publicada en dos días más, por la prof. Mongar. Pero tengo entendido que será en tres semanas, más o menos. Tiempo suficiente para que todos se preparen para dar lo mejor de ustedes en esa interpretación.

-¿Y si tenemos alguna duda que usted pueda aclararnos, prof.?

-Vengan y háganlo ahora mismo, entonces.

Varios jóvenes se levantaron, algunos con cuadernos y lápices, dispuestos a bombardear al prof. con sus preguntas. Candy sólo suspiró y dejó que su vista cayera sobre el libro abierto que descansaba sobre su escritorio.

-Amiga, debemos hablar-la voz de Ruby la despertó.

Carola estaba a su lado, y ambas frente a ella. No era raro que se levantaran, igual que todos los demás, para hablar sobre el nuevo evento.

-El prof. dijo que debíamos armar bandas, Candy, y aunque nosotras somos una no tenemos la armonía perfecta.

-Por eso, Carola y yo decidimos resolver ese conflicto.

-¿Un nuevo integrante en la banda?-preguntó Candy cerrando de golpe el libro entre sus manos.

-Serán dos. Necesitamos más apoyo.

-La música rock exige batería, y lo mejor para una interpretación serían dos bajos.

-Bien, dos nuevos integrantes. ¿A quién escogeremos que aún no tenga grupo?

-Ya no es necesario escogerlos, Candy. Creo que por ciertas distracciones-Terry Granderson había sido la única distracción, eso era obvio-, no te comenté que ya habíamos pensado en ampliar la banda.

-De acuerdo. ¿Quiénes son?

-Creo que ya los conoces, pero igual te los presento-dijo Carola antes de llamar a dos chicos distanciados del revuelo estudiantil-. Él es Calvin Arbon.

-Hola-la saludó el moreno.

-Y Alexander Waymon-señaló Carola al segundo muchacho frente a ellas.

-Mucho gusto, Candy-él, a diferencia del primero, extendió su mano, la que ella aceptó.

Mentalmente, Candy describió a ambos jóvenes. Ya los conocía, desde luego, asistían a la misma clase, pero nunca había mantenido un trato directo con ningún muchacho. Granderson se había vuelto la excepción desde hace algunas semanas.

Calvin era un buen muchacho. Era moreno, un poco gordo, usaba lentes, y por lo que sabía de él, era un buen baterista; varias veces pilló a sus compañeros buscándolo para que les ayudase con alguna composición; parecía ser un buen chico, y los poco comentarios que había escuchado de él le decían que era una buena persona. Alexander era un buen tipo, se llevaba muy bien con las mujeres, y aparentemente era respetuoso; siendo rubio, de ojos avellana, con buena figura y una sonrisa de interés en el rostro, hacía muy normal el hecho de que se fijasen en él; aunque su actitud le decía que podía ser un mujeriego, nunca escuchó un comentario de él que le indicara tal cosa.

-Calvin será nuestro nuevo baterista, y Alexander será mi nuevo apoyo en el bajo-explicó Carola.

-Por favor, llámame Alex, Carola. Me gusta más así. Sirve para romper el hielo, ¿verdad?

-Claro-afirmó ella algo sonrojada por la sonrisa del muchacho-. En el grupo, como yo soy la bajista, Candy y Ruby se turnan su puesto. Las dos pueden cantar, y tocar la guitarra.

-De las dos, Candy tiene mejor son para la guitarra, pero también puedo defenderme con eso-aclaró Ruby.

-Perfecto. Entonces podemos empezar a considerar algún tema en especial para la interpretación del festival guitarrista-propuso Calvin.

-Pueden elegirlo ustedes, si así lo quieren. Igual son ustedes quienes van a lucirse con la guitarra-sonrió Alex mirando a Candy.

-Ahora somos un grupo. Debemos hacerlo entre todos, ¿no?-aseguró Candy desviando la mirada para no verle a los ojos.

-Cierto. Podemos reunirnos después de clases en el laboratorio de guitarra, para escoger alguna canción que a todos nos guste y que conozcamos.

-Ruby, el laboratorio de guitarra se va a llenar al final de las clases hoy. Todos querrán usarlo para practicar sus canciones ahora que sabemos lo del festival-previo Carola.

-Podemos reunirnos en la biblioteca. Seguramente no haremos mucho ruido por escoger una tonta canción, ¿verdad?

-Mejor en el patio, Calvin-dijo Alex-. Allá apenas y podemos hablar, y como dice Carola, todos estarán en los laboratorios esta tarde.

-Okey. Hoy al final de las clases, o también podemos después del almuerzo.

-Después del almuerzo está bien. Igual no hace falta una hora completa para comer-concordó Calvin con Ruby.

-Les propongo algo mejor, chicas. ¿Qué tal si almorzamos todos juntos hoy? Calvin y yo siempre comemos solos, así que podemos ocupar todos una misma mesa.

-Candy, Carola y yo también comemos juntas siempre. Sería estupendo compartir el almuerzo hoy. Así podríamos socializar un poco más.

-Por mí está bien-dijo Carola dando su respuesta.

-¿Te parece bien a ti, Candy?-le preguntó el rubio sin dejar de sonreír.

-Claro. ¿Por qué no?-sonrió ella sintiendo algo de confianza hacia ellos.

Los 5 llegaron a un acuerdo, y tan pronto como el prof. pidió a los estudiantes frente a él que volvieran a sus asientos, todos se separaron.

-Entiendo que aún tengan dudas, pero todavía nos queda tiempo, jóvenes. Igual que yo, cualquier otro prof. que dicte las cátedras involucradas en esta evaluación, puede ayudarles en sus interpretaciones. Y como tengo entendido que el festival será en dos semanas más, podemos continuar con nuestra clase habitual-explicó el maestro.

-Prof. Glaser, después de que se haga la evaluación, ¿terminará el festival?

-No. El festival será más o menos así-comenzó el hombre a explicarse-. Los profesores estaremos allí más como un jurado, ocupando una de las mesas que se dispondrán esa tarde. Ustedes darán las interpretaciones, y luego podrán disfrutar de la música y las canciones de los que quieran subir a tocar al escenario.

-Es decir que, ¿después de hacer la evaluación, el festival continuará?

-Tengo entendido que el comité estudiantil le ha pedido permiso al director de la academia para organizar algo así como una fiesta. Tendrán comida, bebidas, y la música que por supuesto ustedes escojan.

-¿Y los equipos de audio? ¿De dónde vamos a sacarlos? Los necesitaremos si vamos a tocar en un lugar donde estaremos todos.

-El audio y todos esos equipos también los tendremos en el festival, y por permiso del director, podrán usarlos también después de la evaluación para continuar oyendo música.

Ante el despliegue de información, varios jóvenes sonrieron, aplaudieron y gritaron de alegría al saber que en poco tiempo tendrían una verdadera fiesta. Siendo todos estudiantes de la música, era lógico que supieran armar una fiesta con excelente sonido; y después de la evaluación, el escenario y la música sería todo suyo, podía decidir qué hacer, qué tocar y quién subiría al escenario.

-Bueno, bueno, basta ya-paró el docente la algarabía que recién se había formado-. Después de la clase pueden comentar todo lo que quieran sobre el dichoso festival. Ahora sigamos estudiando estos ejercicios, jóvenes-señaló el pizarrón acrílico-. Para completar ésta progresión armónica, debemos escribir las escalas correspondientes e indicar las tensiones disponibles.

Auque en la pizarra todos veían un montón de letras musicales y números romanos, volcaron toda su atención en la explicación del maestro. Ya habría tiempo para planear el festival, y las composiciones que debían presentar en aquél día.


Para Granderson, el día pasó muy lento, consecuente tal vez de que todos hablaban más de lo mismo. El festival les venía de perlas para descansar, relajarse y divertirse un poco, él en cambio, lo veía muy normal. Su banda ya estaba conformada, y por más que varios insistieron en unírseles, ninguno de los tres aceptó las ofertas. Brandon, Oscar y él hacían una banda armoniosa y perfecta; estaba seguro de que juntos podrían tocar cualquier canción de rock; por eso, ninguno de los tres se preocupaba realmente por planear la interpretación.

Cuando llegó la última clase antes del almuerzo, Terry decidió apartarse de sus amigos, sentándose en uno de los extremos del salón. Desde allí pudo ver a Whiton y a sus amigas; pero lo que realmente llamó su atención fue una mirada sobre ella.

Ese rubio era conocido en la academia, pero él apenas recordaba su nombre. Alexander, creía que se llamaba, miraba a Candy con una sonrisa de interés. No era la primera vez que alguien lo hacía, y estaba seguro de que ese rubio lo había hecho también alguna vez, pero lo extraño no fue aquello. Candy desvió su mirada por un instante, miró fugazmente el salón y se cruzó con la mirada de Alexander en el proceso; verla sonreírle a él, devolverle la sonrisa, fue algo que meditó hasta el almuerzo.

Candy no era el tipo de chica que socializa con los muchachos, ella misma se lo había dicho. Estaba sentado junto a sus compañeros, prestándole muy poca atención a su charola de comida cuando la vio entrar a la cafetería, con sus inseparables amigas. La rubia avanzó hasta una mesa cercana a su dirección, y para su sorpresa Alexander también la ocupaba.

¿Compañeros de banda? Seguramente. Eso explicaría el por qué conversaban tan amenamente, y aun así notó el retraimiento por parte de Whiton.

Oscar lo llamó para hacerle una pregunta, y Terry tuvo que salir de su trance mental. Después de todo, lo que Whiton hiciera con su vida era lo de menos.


-Mm. Terminé mi postre en tiempo record-dijo Carola muy contenta.

-Creo que todos comimos en tiempo record hoy-señaló Calvin-. Nos deja tiempo suficiente para salir al patio y hablar de la interpretación.

-Buena idea. Vayamos ahora mismo que tenemos tiempo-Ruby se levantó con su charola en mano, y todos la imitaron.

Los jóvenes avanzaron al contenedor de basura y dejaron las bandejas encima del mismo.

-Creo que hay varias canciones que podemos considerar para tocar en el festival-dijo Carola siguiendo a Ruby hasta la salida.

-¿Tú no vienes, Candy?-Alexander pareció ser el único en notar que la rubia no caminaba junto a ellos.

-Sí, lo haré en un momento. Primero quiero ir al baño, para lavarme las manos-respondió la rubia con algo de timidez.

-De acuerdo, pero no tardes. Recuerda que no podemos escoger nada sin ti-le advirtió Ruby.

-Sí. Nos vemos en el patio en diez minutos-agregó la rubia antes de voltearse y tomar la dirección opuesta a ellos.

El baño no era muy concurrido a esas horas. Whiton secó sus manos con lentitud, sintiéndose algo desganada, y con ese pensamiento, la sorprendieron las recién llegadas al tocador.

-Hola, Whiton. ¿Cómo estás?-la saludó una de ellas.

-Hola, Marina. Estoy bien, ¿y tú?-respondió sin dejar de ocuparse de sus asuntos.

-De maravilla. Hoy ha sido un gran día. El anuncio del festival nos sorprendió a todos, ¿no crees?

Al parecer, las chicas habían entrado al baño para maquillarse, arreglar su ropa o echar un simple vistazo a su figura. Candy no las conocía muy bien a ellas, pero sabía que siempre estaban en grupo; nunca las había tratado más que por cortesía, había algo en ellas que distanciaba a todos, y en realidad nunca se preocupó por saber qué era aquello.

-Decidimos celebrarlo a nuestra manera, Candy-le sorprendió que una de las amigas de Marina, la llamara por su nombre-. Y como no permiten el paso de licor por los salones, decidimos comprar esto.

-¿Una soda dietética?-inquirió ella mirando la botella que la chica sostenía ante sus ojos.

-Una bebida energizante, que reestablece todas tus fuerzas perdidas, y te ayuda a ganar confianza en ti misma-aclaró Marina.

-Que bueno. Todos debemos tener una especie de "ritual" para celebrar y apoyarnos. Me alegra que ustedes lo tengan. Con permiso-dijo ella arrojando el pedazo de papel al cesto de basura.

-Espera, Candy, no te vayas-la detuvo Marina-. La verdad es que nos sobra una botella, y para que ninguna tenga más que otra, quisiera que tú la tomaras.

Marina sacó la sexta botella de aquél líquido morado del gran bolso que llevaba al hombro. Candy la miró con desconfianza aunque trató de ser discreta sin mucho éxito.

-No tengo a nadie más a quien regalársela. Y la verdad es que esta bebida se toma bien fría, para que realmente tenga su efecto. Y si busco a alguien más seguro tardaré tanto que se calentará.

-Es que…yo comí demasiado en el almuerzo. No creo poder beber nada más-se excusó sin ningún deseo de beber aquella cosa.

-Oh, vamos, Candy. Esta bebida es especial, te dará fuerzas para seguir de pie todo el día. Además no puedes despreciar este gesto de nosotras.

-¿Un gesto?

-Sí, porque queremos que compartas esto con nosotras. Que lo bebas ahora, que brindemos juntas.

-Pero…yo no soy parte de su banda, de su grupo…-Candy no hallaba las palabras para librarse de aquella situación.

-No importa, sólo te pedimos que brindes con nosotras, no que nos guardes un secreto de estado-sonrió Marina con inocencia-. ¿Qué dices, Candy? ¿Bebes con nosotras?

Al ver que todas abrían las botellas y las levantaban al nivel de sus rostros, entendió que no podría decir que no. Beber aquello no le haría ningún daño, sólo lo bebería y saldría de allí.

-…De acuerdo. Beberé con ustedes-aceptó aún con reticencia abriendo la botella e imitándolas en movimiento.

-¡Salud!-gritaron todas antes de llevarse a los labios la bebida.

Candy sonrió y bebió su propia botella. Pensó en beber un sorbo, cerrar la botella nuevamente y excusarse con alguna tontería; pero cuando las vio beber hasta la última gota supo que tendría que imitarlas completamente. Y así lo hizo, luego arrojo la botella a la basura y se volvió hacia ellas.

-Gracias por el detalle, chicas, fue muy lindo de su parte. Y ahora si me disculpan, debo ir al patio central.

-¿Tú vas para allá? ¿Por qué tan temprano?-preguntó otra joven del grupo.

-Mi banda y yo planeamos hablar de la interpretación para el festival...y seguramente me están esperando ya-trató de abrirse paso pero ellas seguían en sus lugares, sin moverse.

-Que coincidencia, nosotras también íbamos al patio central. Planeábamos hablar con Sofía, de la clase 01. ¿La conoces?

-No, Marina. Y para serte franca, me interesa muy poco. Con permiso-respondió la rubia empezando a molestarse por el impedimento del paso a la salida.

-No te enfades, Candy, no quería importunarte. Si quieres, podemos ir juntas a patio, como te dije Sofía me espera ahí. Su mamá es una excelente diseñadora y quisiera hablarle sobre unos modelos que me gustan. Puedes acompañarnos si así lo quieres.

-No, gracias. La música está por encima de cualquier diseño de modas, al menos para mí-trató de sonar severa, pero por alguna razón, algo en sí la estaba haciendo perder las fuerzas sobre si misma.

-De acuerdo, Candy, tú ganas. Al menos salgamos juntas, ¿sí? No creo que nos haga daño salir al patio en grupo.

-Está bien-aceptó ella confundida.

Las demás se apartaron y comenzaron a seguir a Marina. La hicieron caminar junto a ella en menos de un segundo, y aunque puso toda su atención en llegar pronto al patio, algo parecía estar en su contra. Se sentía débil, exhausta, con poco dominio sobre si misma, como si algo más estuviera incomodándola por dentro. Luego se sintió liviana, y extrañamente en paz consigo misma.

-Dime, Candy, conoces a Granderson, ¿no? Ese chico que va en tu misma clase.

-Sí…lo conozco hace poco-sintió la necesidad de responderle, de hablarle, de acercarse a ella.

-Aún así el muy descarado estaba juzgándote y acusándote de lesbiana. No estoy de acuerdo con ello. Creo que todos tienen derecho a escoger quienes son sin tener que soportar rechazos.

-Claro…la libertad es un derecho…

-Pensamos parecido, Candy, todas nosotras pensamos así. ¿Sabes?, nosotras conocemos un método para ganar valor. ¿Te gustaría que te lo enseñáramos para la próxima vez que Granderson se te acerque lo uses?

-¿Un método?...Sí…quiero que Granderson se acerque…

-Claro, así podrás demostrarle quién eres. Ten por seguro de que aprenderá a respetar tus decisiones después de que apliques nuestros métodos-Marina posó su mano sobre su hombro izquierdo, y la chica junto a ellas hizo lo mismo.

-Vamos primero al laboratorio de piano, a esta hora estará vacío. Allí podremos platicarte de cómo tratamos a las personas que a nosotras nos juzgan.

Candy sintió que tomaban una nueva dirección, pero no pudo oponerse a nada, se sentía muy distinta de cómo era ella. Su último pensamiento de lucidez fue Granderson, yendo hacia ella como había hecho anteriormente, estando frente a una Whiton que tomaba una nueva actitud.


-¿Por qué no vamos a practicar un rato?-le propuso Oscar a Brandon y a Terry.

-Seguro. Tal vez el laboratorio de batería esté ocupado, pero con la presencia de nosotros tres se vaciará por completo-aseguró Brandon levantándose de la mesa.

Granderson terminó su bebida a la vez que ambos muchachos frente a él se levantaban.

-Sabemos que no podremos practicar nosotros, pero Oscar quiere mostrarnos la nueva composición que ha estado trabajando.

-Serán sólo unos minutos. Luego si quieres podemos ir al laboratorio de guitarra. Brandon y tú también pueden practicar un rato.

-Está bien, Oscar. Hoy no tengo ánimos de ensayar.

-De acuerdo, igual vamos. Iremos al laboratorio de batería un rato.

El castaño suspiró antes de levantarse y seguir a sus compañeros. Los tres conocían bien los pasillos, por eso a Granderson se le hizo extraño avistar a Whiton girando en el corredor menos concurrido.

-¿Qué pasa, Terry? ¿No quieres venir?-la voz de Brandon lo devolvió a la realidad. Sus amigos estaban a varios pasos de distancia, él se había detenido.

-Claro, es sólo que…iré en un rato, ¿sí? Los alcanzaré en un momento.

-Pero, Terry, ¿qué…?-Brandon no alcanzó a comprender el por qué su amigo se alejaba de ellos.

-Adelántense ustedes, en un momento iré-fue lo último que el castaño les dijo antes de desaparecer por el pasillo más solitario.

Terry no sólo había alcanzado a ver a Whiton en ese pasillo, sino que también había visto a sus acompañantes. Hasta él conocía la fama de "Marina y sus amigas"; el grupo de chicas feministas que diferían en sus preferencias sexuales parecía guardarle rencor a él, pero Terry conocía sus motivos. Estaba claro que, siendo un hombre popular entre las chicas de la academia, ellas le vieran como un rival, aunque él apenas y notaba su presencia; no se preocupaba por lo que opinaran de él, mucho menos un grupo de lesbianas. Pero Whiton sí le importaba…al menos le importaba descubrir la razón por la cual acompañaba a ese tipo de chicas.

Tomó el mismo camino que ellas, pero aparentemente habían camino demasiado rápido. Había varios salones por esa ala de la academia, y como al parecer no había ni un alma allí en esos momentos, Terry decidió revisar uno por uno, con un poco de suerte las encontraría.


-¿Estás segura de que pusiste la cantidad necesaria de damiana? No queremos que caiga inconciente-Marina parecía enfurecerse a cada segundo.

-Puse en su bebida la misma cantidad que usamos nosotras cuando la necesitamos. Tú sabes lo que hace, el que esté así no significa que está inconciente-explicó una de sus amigas.

-De acuerdo. Comencemos a hablar con ella. Tal vez ahora quiera sincerarse.

Todas se volvieron a la rubia que estaba sentada tranquilamente en uno de los escritorios. Candy estaba en otro mundo, se sentía de buen humor, y muy desinhibida.

-Candy, nosotras queremos hablarte-Marina se puso frente a ella-. Sabemos que eres como nosotras, que no te gustan los hombres, aunque tratas de ocultarlo.

-El estúpido de Granderson te acusó de ser mala por ser diferente, pero nosotras nunca juzgamos a nadie-dijo otra de las chicas.

-Sabemos que es difícil aceptar lo que eres, pero ya no hay nadie que te juzgue.

-Es obvio que Granderson hizo un trato contigo. Un trato que implicaba que salieras con él y así no te acusaría delante de toda la academia. Es tan injusto.

-Por eso nosotras vamos a ayudarte con Granderson. Y al final, él tendrá que aceptarte como eres.

-Sí…Granderson…quiero que me acepte…-Candy tenía una sonrisa en los labios, y sin entender por qué sentía que su temperatura aumentaba.

-Así se habla, Candy, mente positiva. Y ahora que somos amigas, ¿qué tal si nos dices quien de todas las chicas de la academia te gusta?

-…Tú…me gustas…-Candy estaba totalmente fuera de sí. En su mente veía a Granderson delante de ella, escuchando lo que tanto se afanaba por callar…cuando en realidad, era Marina quien estaba.

-Vaya…pues…tú también me gustas, Candy. Eres…muy linda-dijo ella retrocediendo para detallarla mejor-. A ti… ¿te han besado antes?

-No…

-No te preocupes. No es falso lo que dicen. Las mujeres somos más dulces y comprensivas. Pero si no me crees, te lo demostraré.

La rubia alcanzaba a escuchar frases sueltas a lo lejos, pero pronto sintió la presión de unos labios desconocidos sobre su boca, unos labios que pronto le pidieron acceso, y unos labios que aceptó creyendo erróneamente que eran los mismos que antes le habían robado un beso.


Terry tardó varios minutos revisando uno a uno los salones, pero al final pudo llegar al aula a la que habían entrado ese grupo de chicas. Por suerte para él, la puerta del salón tenía ventanillas, y pudo ver sin dificultad lo que hacían. Pero lo que vio lo dejó helado. Allí estaba Marina y Whiton, rodeadas de las otras 4 chicas, besándose y correspondiéndose mutuamente.

Su primera impresión fue de asombro, pero luego sólo sintió asco. No era el tipo de chico que se excitaba cuando veía a dos mujeres acariciándose, y menos cuando una de ellas era Candy.

Quiso alejarse, darse la vuelta y marcharse de allí, pero hubo algo que lo detuvo. Marina se había separado de la rubia, pero Candy tenía una expresión muy distinta a la que debería tener después de corresponder a su beso. Sonreía, pero parecía más una persona ebria, que no dejaba de mirar a la nada, y su rostro reflejaba euforia. Algo no andaba bien, ella no era así, nunca se había comportado de esa manera. Eso le dio la confianza suficiente para irrumpir en esa aula.

-¡Granderson! ¿Qué haces aquí?-Marina sonaba molesta, y hasta indignada.

-No tengo por qué darte explicaciones. Quiero hablar con Candy.

-No-se interpuso una de ellas para evitar su avance-. Ella no quiere hablar contigo.

-¿Y quién eres tú para saberlo? Hazte a un lado-se negó a retroceder.

-Nosotras sabemos lo que Candy quiere. Y no te quiere a ti, Granderson. Ella no quiere a ninguno-explicó Marina colocándose delante de él.

-¿Crees que ella es como ustedes? Ja, estás muy equivocada.

-El que está equivocado aquí eres tú.

-No dejaremos que le hagas daño. No la volverás a lastimar.

-Ella es una de nosotras ahora.

-¿Saben qué? Me importa muy poco lo que digan ustedes. Candy no es una lesbiana, y se los voy a demostrar.

Aunque ellas trataron de interponerse, Terry se abrió pasó y llegó hasta la rubia. Trató de obligarla a levantarse, pero ella parecía demasiado aturdida como para ponerse de pie. Grande fue el alboroto que armaron las chicas cuando vieron que el castaño la cargó en brazos.

-¡No la sacarás de aquí, Granderson!

-¡No te lo permitiremos!

-¡Y yo les aseguro, que no la dejaré con semejantes locas como ustedes!-aún con ella en brazos, Terry las apartó a todas no con mucha facilidad.

Los gritos de las mujeres y sus quejas se acallaron pronto. El castaño se alejó pronto del aula y dio gracias al cielo porque ellas no lo habían seguido. Le era más sencillo pensar sin ese montón de voces alrededor de él.

-Candy, ¿qué te ocurrió? ¿Por qué te fuiste con esas tipas?-le preguntó cuando ella comenzó a moverse entre sus brazos inquieta- Candy, contéstame.

Pero la rubia no dijo nada, sólo se movió contra su pecho, y eso terminó de comprobar las sospechas de Terry. Algo había ingerido que le hacía comportarse de esa forma tan extraña; sólo alguna droga o narcótico la haría adoptar una personalidad tan distinta a la que había mostrado desde que lo conoció.

Terry decidió que lo mejor era llevarla a la enfermería. Allí sabrían si estaba bien o no. Y aunque le fue algo difícil caminar con ella moviéndose en sus brazos, pudo llegar hasta la camilla y recostarla con lentitud.

-Explícame, Granderson, ¿qué le ocurrió?-le preguntó la enfermera tomando su pulso.

-En realidad, no lo sé…no estoy seguro. Pero creo que ingirió alguna droga, y no fue por propia voluntad.

-¿Crees que alguien más la drogó?

-No estoy seguro. Pero puedo asegurarle que ella no fue.

-De acuerdo-la mujer se volvió hacia la rubia con una pastilla y un vaso de agua-. Bébete esto, y reposa aquí un rato. Sea lo que sea que hayas ingerido, te sentirás mejor.

-¿Qué es?-preguntó el castaño con curiosidad.

-Digamos que le ayudará a recuperar todos sus sentidos. Por ahora es mejor que se quede aquí hasta que se reestablezca. Si quieres puedes acompañarla. Seguro que le alegra ver un rostro conocido.

-En ese caso…tal vez deba avisarle a sus amigas. Ella y yo sólo vamos en la misma clase.

-Entiendo. Antes debo ir a la oficina del director, para informarle de este asunto. Seguramente querrá interrogarla después para corroborar que ella no se drogó por voluntad propia. ¿Te molestaría quedarte un momento con ella en lo que yo voy a ver al director?

-No, está bien. Yo le haré compañía un rato.

-De acuerdo. Aprovecharé de localizar a sus amigas. En seguida regreso-y sin decir más, la mujer vestida de blanco se marchó de la habitación.

Terry se volvió hacia la rubia. Estaba recostada en la camilla, mirando a un punto inerte, murmurando tonterías que ni ella misma entendería. Sintió como la rabia comenzó a crecer dentro de él y al instante entendió a qué se debía: estaba molesto con ella, molesto porque había correspondido al beso de Marina, molesto porque se había comportado como una lesbiana.

-… ¿Terry?... ¿Eres tú?...-alcanzó a preguntar tontamente, sin dejar de sonreír.

-Sí, pero aún no puedo creer que la que está frente a mí seas tú-su voz iba cargada de severidad aunque ella no reparó en eso-. ¿En qué pensabas cuando hiciste todo eso, eh?

-En ti…me gustó ese beso, Terry…me gustó mucho…

-¿Hablas en serio? ¿Te gustó el beso de una lesbiana dices?-si antes estaba molesto, ahora estaba furioso.

-Fue extraño…pero…me gustó…

-Que bien. Dices que no eres una lesbiana, pero te gusta recibir sus besos. Te estás contradiciendo.

-No soy lesbiana…te digo que me gustó como me besaste…hace un rato…

-¿Como te besé hace un rato?-Terry meditó sus palabras y todo encajó. Candy creía que era él quien la había besado, no Marina.

-Aja…pero, no fue mejor que la última vez…que me besaste…-la vio tocarse los labios con las yemas de los dedos y sonreír torpemente-. La primera vez que me besaste, fue distinto…sentí mil cosas, y me encantó…tú, ¿tú me besarías, Terry?... ¿Me besarías así otra vez?

-¿Quieres que te bese?-toda su rabia se esfumó para dar paso a la sorpresa y a la ansiedad, pura y genuina ansiedad de escuchar la respuesta deseada.

-Sí…quiero que me beses…como la primera vez…ningún beso se compara al primero que me diste…bésame así otra vez, por favor…

-Haré algo mejor-sonrió con arrogancia antes de inclinarse hacia ella y detenerse a al distancia prudente-. Voy a darte un beso distinto. Un beso que no podrás olvidar ni en cien años.

-Sí…bésame, Terry…bésame…

Candy cerró sus ojos y entreabrió sus labios al ver como se acercaba a su rostro. El castaño no tardó en tocar su boca con la suya, y así de rápido profundizo el beso. Suspiró al sentir otra vez esa sensación, la que sólo había sentido con ella al besarla; el sabor de sus labios combinado con esa sensación lo hizo perder la noción de lo que pasaba a su alrededor. Ya no le importaba nada, sólo se dedicó a obedecer a sus deseos, a recorrer el interior de su boca con su lengua, a saborear esa miel que ahora ella le estaba ofreciendo. Sintió como ella aferraba ambas manos a su cuello, atrayéndolo más hacia su cuerpo y desfalleció; si ella se atrevía a tocarle, él también podía sujetarla de la cintura, y así lo hizo.

Creyó oír tras ellos una exclamación de sorpresa pero no le importó. Lo que estaba sintiendo le nublaba los sentidos, y todo era muy delicioso como para detenerse por unos cuantos murmullos. Pero entonces oyó un carraspeo, y temiendo que fuese la enfermera se volvió a ver quien los interrumpía.

-Wildenberg… Holden…-reconoció a las amigas de la rubia, que lo miraban con sorpresa y asombro desde el umbral de la puerta.

-Muy bien, jóvenes. He regresado-la enfermera apareció de pronto detrás de ellas, y entró al instante al cuarto para revisar a la chica-. Creo que se repondrá en una hora. Pueden turnarse para acompañarla, si quieren-agregó al ver que el muchacho no la había dejado con sus amigas, como antes le había dicho.

-…No, está bien…yo ya me iba…-alcanzó a decir, cuidando de no sonar muy agitado. Respiró hondo, a sabiendas de le faltaba el aire-…Con permiso.

Con las miradas de asombro de ambas mujeres, Terry se marchó presuroso, reprochándose a si mismo el haber sido tan débil frente a la rubia, incapaz de no aprovecharse de la situación para besarla otra vez.


Una hora después, Candy se sentía mejor. La rubia había recobrado el conocimiento, aunque aquello había dado paso a una leve jaqueca. Antes de salir de la enfermería, había tomado un par de pastillas más para aliviar esa dolencia. Ruby y Carola decidieron postergar la pequeña reunión con su banda para acompañar a su amiga a un lugar despejado del patio.

Whiton tomaba el último sorbo de su botella de agua mineral mientras las otras dos chicas la miraban detalladamente.

-Bueno, Candy. Ahora que te sientes mejor, cuéntanos qué fue lo que pasó-habló Ruby despacio.

-Nadie se droga así nomás, alguien debió dártelas o…no quiero ni pensar que tú las tomaras por propia decisión.

-Ay, Carola, claro que no. Ustedes mejor que nadie me conocen…saben que yo no soy así.

-Exacto. Y porque te conocemos, queremos pedirte una lógica explicación-exigió Ruby por segunda vez.

-Es que…todo es muy confuso…yo estaba en el baño, lavándome las manos y…esa chica, Marina y sus amigas, entraron al baño y comenzaron a hablarme.

-¿Marina?-preguntaron las dos al unísono.

-Sí…ella me dijo que estaba muy contenta por el anuncio del festival. Luego me invitó a beber una soda, una bebida extraña, no sé…

-¿Ella te dio algo de beber…y tú lo aceptaste?-inquirió Carola con algo de reproche- ¿De ella?

-¡Es que nada pasó! Luego de beberla salí camino al patio, y luego ya no recuerdo que pasó.

-Pues es más que obvio, Candy, ellas te drogaron. Marina te dio esa bebida para drogarte y hacerte quien sabe qué cosa.

-Ruby tiene razón, amiga. ¿Es que no sabes ya que Marina y sus amigas son las lesbianas de esta academia? Seguramente planeaban drogarte y luego llevarte a otro lugar para…-Carola acalló sus palabras sintiéndose asqueada de suponer algo sobre ese tema.

-Terry debió encontrarme…él fue quien me llevó hasta la enfermería…

-Entonces… ¡lo besaste estando conciente!-Ruby casi gritó.

-¡No!

-¡Acabas de decir que él te llevó a la enfermería, así que lo recuerdas!

-¡Ustedes me dijeron que él me llevó, por eso asumo que fue él quien me encontró en alguno de los pasillos!

-Ruby, Candy, cálmense-Carola actuó de mediadora-. Sólo queremos saber quien te hizo eso, amiga.

-Pero también queremos saber qué pasaba por tu cabeza cuando se te ocurrió besar a Granderson-insistió Ruby.

-Yo…recuerdo haberlo besado…pero…fue más bien un beso que él me dio a mí…

-Pero tú lo besabas también, Candy-aclaró Carola-. Al menos eso fue lo que vimos cuando llegamos a la enfermería.

-No lo sé, amigas, no lo sé-Candy parecía muy confundida-. Tal vez lo hice porque estaba bajo los efectos de la droga…ustedes saben que no soy así. Nunca me atrevería a besar a un hombre…yo…

-Está bien, Candy, no tienes porqué hablarnos de eso-Carola posó su mano sobre su hombro en un gesto de apoyo-. Nosotras te conocemos muy bien, y sabemos que si hiciste algo así habría de haber algo más que cordura en tu cabeza.

-Bueno la droga te desinhibió para que pudieras besarlo también, es lógico-aceptó Ruby-. Pero, por tu bien, por el de él, y por el del resto de la academia debes ponerle un alto a esta situación, Candy. ¿Te imaginas lo que sucedería si su novia se entera de que lo besaste?

-Es verdad. Haría un gran alboroto, y luego te buscaría para vengarse, igual que antes.

-Se pondría furiosa, y toda la academia la apoyaría, eso te lo aseguro. Por eso tienes que hablar con Granderson, y decirle de una vez que no puedes ser su amiga.

-¿Ah no?-preguntó la rubia aún confundida.

-Pues claro que no. ¿Crees que puedes ser su amiga cuando él te besa y se aprovecha de ti cada vez que puede? Eso no es una amistad.

-Pienso que deberías reclamarle, confrontarlo por lo que hizo-dijo Carola-. Y dejarle bien en claro que, para ser su amiga, debe haber un respeto entre ustedes.

-Pero Carola…

-Ruby, seamos razonables. ¿Qué hombre actual no sacaría provecho de una situación así, eh? Y que quede en claro que no lo estoy justificando.

-Pues un hombre respetuoso, cosa que, obviamente, no es él.

-Exacto. Y Candy tiene que dejarle bien en claro que, si quiere ser su amigo, debe ser muy respetuoso y amable con ella, no un aprovechado abusivo.

-Supongo…que es lo más razonable-reconoció Ruby algo reticente.

-Si le demuestras molestia no lograras nada. Tienes que demostrarle que eres una mujer sensata, y que su desfachatez no te afectó para nada, aunque no piensas tolerarlo una vez más.

Candy iba a decir algo para aclararles que estaba de acuerdo con ellas, pero el tono de su celular le aviso que tenía un mensaje de texto nuevo. La rubia extrajo su teléfono de su bolso y leyó con detenimiento el mensaje en la pantalla.

-¿Quién era, Candy?-preguntó Ruby después de un rato.

-Es Al. Dice que estaba buscándome por todos los salones, que tiene mucho rato que llegó para recogerme. Me está esperando frente a la oficina del director.

-Si quieres, te acompañamos, Candy. No vaya a ser que te desmayes en los pasillos.

-No, tranquila, Carola, estaré bien. Mañana hablaremos más de esto, chicas-se inclinó hacia ellas, las besó en la mejilla, y se alejó-. Adiós.

-¡Hasta mañana, Candy!-se despidieron a coro.


-¿Te sientes bien?-le preguntó Alberto después de un rato.

Tras haberla recogido en la academia, Al insistió en llevarla a un hospital. Ruby y Carola le habían informado por teléfono lo que había vivido su hermana esa tarde y aunque le aseguraron que estaba mejor, él decidió certificarlo con un profesional.

El doctor que la auscultó también ordenó que se hiciera unos exámenes, rutinarios en casos como el de ella. Descubrió que Candy se había drogado con Damiana, y así pudo darle un tratamiento preciso.

Aunque sabían que estaba fuera de peligro, había sido muy silencioso el camino de regreso a casa. Gerard conducía el auto mientras que Al y Candy ocupaban el asiento trasero.

-Sí…siento sueño, pero…debe ser por el ajetreo del día…

-Recuéstate en mi hombro-le ofreció él sonriendo pesadamente-. Si te duermes, te llevaré en brazos hasta tu cuarto.

-Gracias, Al-aceptó ella dejándose envolver por el calor de sus brazos.

-Candy… ¿me dirías como te metiste en semejante lío hoy?-preguntó Al con cuidado para no importunarla.

-Sí…es que…creo que unas chicas se confundieron…

-¿Unas chicas?

-Sí…creyeron que yo tomaba drogas y…bueno quisieron dármelas en una bebida.

-¿No será más bien que quisieron drogarte a propósito?

-No lo sé…y aunque lo hayan hecho, Terry ya las habrá reprendido.

-¿Terry Granderson? ¿Qué hizo él?

-Él me llevó a la enfermería, después de encontrarme en ese estado.

-Que amable de su parte. Ahora si creo completamente que se redimió contigo.

-No fue lo único que hizo…No lo recuerdo muy bien, pero…Carola y Ruby dicen que él me besó.

-¿Te besó?

-Sí…cuando estaba inconciente, recuerdo que sentí que alguien me besaba, pero pensé que no era verdad…-Candy trató de omitir los detalles del asunto.

No tenía porqué decirle a su hermano que recordaba bien desde que Terry la había llevado a la enfermería; que cada tonta palabra que dijo la hacía avergonzarse más y más; y que finalmente ella lo había incitado a besarla, porque, aunque no quisiera admitirlo, ella deseaba besarlo otra vez, estar conciente cuando sus labios tocaran los suyos y comprobar si todo aquello que recordaba había sido parte de un sueño o la realidad pura.

Su corazón palpitaba con fuerza cada vez que se lo repetía a si misma: había sido real, todas esas sensaciones que había sentido con Terry, no eran parte de un sueño o de su imaginación, eran reales...

-Y… ¿le reclamaste?

-Es que…creo que en la inconciencia, yo correspondí a su beso.

-¿En la inconciencia, o en el sano juicio?

-¿Insinúas que yo lo besé estando conciente?-su sonrojo no era de irritación, era de vergüenza por saber que, aquella indirecta de su hermano la hacía dudar. ¿Quería ella o no ese beso?

-No, sólo te pregunto si, volviste en ti misma en ese momento, y por no parecer loca te quedaste quieta.

-Muy gracioso, Al-le reprochó ella entendiendo por su sonrisa que aquello era una broma-. Si le correspondí, pero fue estando inconciente.

-Y si estabas inconciente, ¿por qué lo recuerdas?

-Apenas y corroboré que si me besó por mis amigas, yo pensé que todo era un sueño.

-¿Y qué piensas hacer ahora?

La rubia suspiró.

-Nada. No pienso reclamarle porque yo correspondí a su beso, estando conciente o no. Pero sí pienso dejarle en claro que sólo soy su amiga. Carola dice que se aprovechó de que estaba inconciente y que eso lo haría cualquier hombre, pero yo no dejaré que vuelva a hacerlo.

-Cualquier hombre enamorado sí.

-¿Qué quieres decir, Al?

El muchacho sonrió mirando a su hermana. Gerard incluso, sonrió enigmáticamente viendo a ambos jóvenes por el espejo del retrovisor.

-Nada, Candy. Mejor haz lo que piensas hacer, dile que eres su amiga y nada más. Ahora duerme. Necesitas descansar.

-Sí-la rubia recostó la cabeza contra su pecho y cerró los ojos al fin.

-Gracias por confiar en mí, hermanita. Nunca temas contarme tus problemas, porque nunca te juzgaré. Siempre voy a estar aquí para apoyarte.

-Lo sé…te quiero, Al.

-Y yo a ti, Candy-le dijo antes de verla caer en el sueño profundo.


Notas finales:

¡Hola chicas! Lo prometido es deuda, así que aquí les traigo el cap 9, jijiji. Y antes de que empiece la lluvia de tomates contra mí, les planteo mi excusa: el segmento de las lesbis fue extremista, lo sé, pero para este cap quise tocar un tema controversial y dado a las anteriores acusaciones que le habían hecho a la pecas…bueno, bueno, no es muy buena excusa, pero espero que el beso entre nuestra pareja favorita pueda enmendarlo un poco ante sus ojos.

Como dato aclaratorio, la "damiana" es una droga que se usa como afrodisíaco, su principal efecto es despertar el deseo y el interés sexual, en otras palabras, te desinhibe sexualmente hablando y la persona que la use puede superar incluso sus aversiones sexuales (sólo así la pecas pudo llegar a besar a una chica, además, recordemos que ella pensaba que era Terry).

En fin, saltándome a la parte más bonita del cap, jejeje, ¿qué les parece el nuevo amigo de Candy? Yo vi Alex normal…hasta que Terry empezó a detallar hasta cómo miraba a nuestra pecas, jajaja. Y hablando de Terry… ¿no creen que tiene una forma "especial" de ayudar a Candy? Digo, a mí me encantaría tener un amigo como él que me ayude a besos, jajaja.

Y ahora, igual que siempre, les doy mi agradecimiento a todas las que me siguen, las que me envían sus comentarios y las que simplemente me leen.

Auro, te doy la bienvenida a mi fic, gracias por animarte a leerme y a escribirme por vez primera. Me da gusto saber que te parece buena, continuaré trabajando para que sigua resultándote así.

Tania, yo también disfruté la tregua del cap anterior, pero en este noveno cap me encantó como Terry "ayudó" a Candy con ese beso que le dio, jajaja, supongo que a ti también te gustara eso. Y en cuanto a Susana…Mm, la están mencionando mucho, tendré que hacer algo al respecto con ella (risa malvada, jajaja).

¡Ivett! Amiga no soy cruel, todo fue tu idea (o al menos eso diré cuando me culpen, jajaja). Ivett si disfrutaste la cita anterior, creo que el beso entre este par también lo disfrutarás, jejeje. ¿Sabes que una de las cosas que me gusta de Gil es esa capacidad de ver más allá de todo? Digo, y como tú misma dices, ya intuye lo que pasa, ¿no? Jajaja.

Eli de Grandchester, al igual que tú yo también disfruté la cita anterior, y aunque este cap me cortó un poco amé el beso que Terry le dio a Candy (quien fuera ella…suspiro). Ya luego me dirás si este cap te dejó queriendo más o no, jejeje.

Elhyzha, del cap anterior como ya decía, el asunto de la guitarra queda pendiente (no creas que lo voy a dejar pasar por alto, tan solo lo he puesto en standby, o sea, en lista de espera, jejeje). En cuanto a este cap…espero que a pesar de lo feito, te haya dejado con una sonrisa ansiando el cap siguiente, jejeje.

¡Candida! Ya sé que tu fic-adicción no aguanta amiga, pero por primera vez espero que siga así y que lo feito en este cap no te haga cansarte de la historia (ya ves, después de todo te di el beso furtivo que querías, ¿no?, jejeje). Por tu silencio, ¡gracias! Para el próximo cap me toca explotar ese secreto de quién es Al, ups, dije demasiado, ya me voy mejor, jajaja.

¡Adryx! Generala de mi corazón, para mi es un honorazo saber que aún desde la periferia me sigues igual que antes, jejeje. ¿Verdad que chica pecosa le va bien a Candy? Que ella no lo acepte es otra cosa, jajaja. En cuanto al besito robado que querías…pese a le feito de este cap te lo di, ¡y mira que no fue robado! La pecas dio su aprobación y todo, jajaja. Por cierto, ya que tengo tus datos del facebook, le pedí a uno de los oficiales del aeropuerto que esté al tanto si te ve por los límites de mi país, porque de ser así yo arranco a correr (seguramente si vienes es para degollarme por las locuras de este nuevo cap, jajaja). Adryx querida gracias por siempre seguirme, sé que cuento contigo siempre amiga.

¡Conny! Gracias por tus buenos deseos para mi pequeñita, afortunadamente ella ya está mejor y hoy casualmente cerramos juntas ese episodio fuerte que nos tocó vivir. También debo agradecerte por tus palabras para "Amor, Deseo y Sangre", que si bien la actualicé junto con esta, la próxima actualización de ella todavía no tiene fecha, pero prometo que estará pronto. Me da gusto saber que el cap anterior te gustó (y tienes razón, quien fuera Candy, jajaja), y aunque este tiene partes feitas segura estoy de que el final con Terry héroe será agradable para ti (bueno, lo fue para mí, jejeje). Por la Susana…fíjate que voy a tener que hacer algo al respecto porque ya muchas la están extrañando (risa malvada, jajaja). Al igual que tú, me encantan los chicos buenos que rescatan a la damisela en peligro y creo que en este cap lo vuelvo a demostrar, jejeje. Por cierto, en verdad gracias por esos aportes musicales que me das, creo que la de Stranger in the night es un tema que tenemos en común, jejeje; de las 2 que me sugeriste en esta oportunidad me gustó mucho Sr. amante y hasta la busqué en el youtube para inspirarme, jajaja; Dos amantes me gustó pero definitivamente me inspiró más la anterior, jejeje. En fin, espero que las locuras de este cap 9 no hayan sido tan extremistas como para hacerte abandonar la lectura de "Reencarnación". Luego me lo cuentas con un review.

Valerys, tal cual lo pediste, tal cual lo cumplí, en este cap si que fueron amigos con ventaja, jajaja. Fíjate que para el cap anterior me vi tentada a poner una Candy glotona pero como la estaba manejando aún desconfiada con Terry decidí reservarme eso para el próximo cap; en cuanto a las travesuras de Candy por subirse a un árbol…créeme que me has dado más ideas futuras que puedo desarrollar (oye, en verdad me ayudas, ¿sabes? Jejeje). Yo también disfruté mucho que Terry la buscara en el cap anterior, y de este pues que la rescatara cual príncipe valiente, jejeje. En cuanto a la gusi…ya ves, no volvió en este cap, jejeje, pero no te extrañe que regrese pronto, y créeme, la haré volver sólo porque ya me lo están pidiendo todas (no porque yo quiera hacerla volver, jajaja). El episodio del baile me lo tengo reservado para un momento especial que mi mentecita ya está maquinando, y aunque todavía no sé que tema escogeré (hasta ahorita creo que de todo un poco, Chopin, Beethoven…) para cuando llegue el momento me decido (sino pediré tu ayuda, jejeje). Por cierto, Val, gracias por seguirme también en "Amor, Deseo y Sangre", mi amiga Ruby y yo trabajaremos duro para seguirlas divirtiendo en esa también.

Lizerthr, creo que es la primera vez que recibo un review tuyo así que te doy la bienvenida a mi fic, jejeje. Me alegra mucho que te hayas animado a leerme y a escribirme, y también que encuentres "Reencarnación" a tu gusto. Por el pasado de Candy…bueno, tal vez Terry pueda descubrir algo más de eso en el próximo cap, jejeje, y con la actualización no te equivocaste, sólo espero que la hayas disfrutado, y sino me lo cuentas con un cap, ¿vale?

Avances del próximo cap: Mientras Candy practica con su banda para el festival, surge un malentendido. Terry consigue salir con la pecas fuera de la academia, dispuesto a averiguar más sobre ella y corroborar los recientes rumores.

Como siempre, me despido invitándolas a visitar la segunda historia que también publico aquí junto a mi buena amiga Ruby-PknaPcosa:

AMOR, DESEO Y SANGRE

Las que son cautivadas por Terry y el famoso vampiro Edward Cullen por igual, hallaran en esta historia un universo paralelo que une a ambos galanes en una trama divertida.

Bueno chicas, me toca partir con la promesa de volver en 2 semanitas, como siempre les recuerdo que los tomatazos, y las amenazas de muerte, jejeje, me los pueden hacer llegar a través de un review.

¡Feliz fin de semana para todas!