6 GRADOS DE SEPARACIÓN

Fortaleciendo uniones

Henos aquí una vez más espiando cual acosadores la vida de otros… bueno, tal vez no a tal extremo, mejor habría que decir que estamos observando de cerca a ciertas personas que han captado nuestro interés.

Esta vez comenzamos con Yao ¿Por qué con él? No hay una razón en específico, sencillamente ha sido el primero en comenzar el día de hoy. Estamos en su casa que no es otra cosa más que una sencilla salita en la que todo está estratégicamente ordenado de acuerdo a lo que señala el feng-shui.

Cada mueble, cuadro e incluso espejo está posicionado de manera que solo traiga buena fortuna, paz y alegría a ese pequeño cuarto que representa su casa y la cual curiosamente es el departamento situado en la parte de arriba de su tienda, así que solo le basta con bajar una serie de escaleras para llegar a su negocio.

Esta mañana vemos a Yao terminando su sustancioso desayuno el cual a decir verdad desprende un olor muy apetitoso, el moreno está picando con sus largos palillos los últimos granos de arroz que quedan en el fondo de su cuenco y se termina de un solo trago su taza de té verde antes de dar los debidos agradecimientos por la comida, lleva sus platos a la cocina que queda a dos pasos del diminuto comedor y ahora va a su habitación a cambiarse.

Comenzamos a creer que solo tiene atuendos de estilo chino pues una vez más lo vemos envuelto en ellos, cada vez nos convencemos más de que Yao bien pudo haber sido extraído de una fotografía antigua. Mientras va por la casa intenta recoger su largo cabello negro en una coleta como suele hacer, se mira a uno de sus espejos mientras termina de amarrar la cinta que lo mantiene sujeto y se queda viendo su reflejo un par de minutos antes de hacer una cara de disgusto mientras toma la punta de su coleta alzándola ligeramente.

-Debería cortarlo… ya no estoy en edad para usarlo tan largo aru- se dice a si mismo dejando su cabello en paz y dando uno de sus acostumbrados suspiros sale de casa, baja las escaleras metálicas que no son otras más que las de emergencia, y entra a la bodega de su negocio.

De inmediato el aroma de todas las hierbas que ahí guarda nos golpea de lleno pero de una agradable manera, percibimos desde el olor de la manzanilla hasta el de otras especias que no logramos reconocer pero que hacen un delicioso contraste; el moreno por su parte anda entre paquetes y cajas mirando cada una e interpretando los ideogramas con los que están marcadas hasta que parece encontrar la que está buscando.

-Aquí esta- dice llegando a una caja en especial sacando de ella unos cuantos paquetes de hojas secas, se las acerca a la nariz inhalándolas profundamente.

-Aún están frescas, más vale que no ponga reproches como la última vez aru- Yao refunfuña tomando otros paquetes y poniéndolos en una bolsa para volver a salir, baja de nuevo las mismas escaleras y echándole una mirada a su negocio cerrado camina en dirección a la avenida principal.

Nuestro recorrido no difiere mucho de los otros que ya hemos hecho antes; las calles son las mismas de siempre, las estaciones del metro y los autobuses también solo que ahora tenemos a un hombre que cada veinte pasos suelta un suspiro y mira a todos lados con ese par de ojos marrones que parecen adormilados, mejor dicho, exhaustos. Camina como si el tiempo no corriera, pasos lentos y cortos, se detiene a mirar cualquier baratija en los aparadores y dice algún comentario en chino.

Es solo hasta veinticinco minutos después que parece hemos llegado por fin y esta calle se nos hace familiar, eso es porque obviamente ya hemos estado aquí, justo frente a este jardín de apariencia descuidada y la casa de alguien que podría ser tomado por un ermitaño. Yao chasquea la lengua en un gesto reprobatorio cuando ve ese jardín que más bien parece un prado rebosante de hierva mala y enredaderas que invaden las paredes, solo se ve una florecilla abandonada entre todo ese lío de plantas.

Trata de ignorar el feo paisaje y llama al timbre, al instante se abre la puerta y un par de ojos verdes con unas ojeras impresionantes bajo ellos, es quien recibe al chino y claro, a ti y a mí… aunque dudamos de que sea un buen momento para irrumpir.

-Tu pedido aru- dice Yao saltándose el "buenos días" y estirando su brazo al hombre rubio que es nuestro Arthur en una versión bastante demacrada.

-Gracias, pasa, ahora mismo te pago- dice entre murmullos el británico dejando la puerta abierta para entrar al santuario creativo del escritor del momento.

Y pues… para ser un santuario creativo en realidad esto solo parece una casa vieja llena de muebles aburridos en donde los colores marrones y verdosos abundan, esto más bien es como un museo, o la casa de alguna abuelita a juzgar por la vitrina que es decorada por una exquisita colección de juegos de té.

Entramos junto con Yao que alza su mano para saludar a alguien más que está presente. Justo al otro lado de un escritorio que tiene una máquina de escribir y una montaña de papeles además de una barricada de libros, está Lukas, también con un impresionante par de ojeras bajo sus ojos azul metálico; el muchacho apenas mueve su cabeza correspondiendo el saludo y de nuevo retomando su vista en las hojas de papel.

-No puedo creer que en plena ciudad solo tú seas la única persona que venda té decente- masculla Arthur que entre todo su reguero de libros y manuscritos tanto a mano como mecanografiados busca su cartera. Finalmente se da por vencido y rebusca entre los bolsillos de sus pantalones de tweed y saca un par de arrugados billetes que le extiende a Yao el cual se queda levantando una ceja.

-Esto no es suficiente, págame el doble porque te he repetido hasta el cansancio que no hago entregas a domicilio aru- le reprende Yao contando el dinero viendo a Arthur indignarse.

-Pero de todos modos aquí estás- replica el escritor y en eso tiene razón, después de todo ahí tenemos a Yao que fue expresamente hasta su casa solo para unas cuantas bolsitas de té, aun con ello no parece querer ceder.

-¿Te parece si te lo pago con una taza de té?- intenta negociar el ojiverde y parece ser que tanto británico como chino comparten cierta fijación por las infusiones herbales ya que Yao suelta un enésimo suspiro y asiente con su cabeza.

Es entonces que Arthur toma asiento frente a su escritorio y la rudimentaria máquina de escribir, ahora dirigiéndose a Lukas que ni se digna a corresponderle la mirada.

-No me mires a mí, no soy tu sirvienta- dice Lukas adivinando lo que Arthur le quería pedir, será que nuestro famoso escritor ni siquiera se puede preparar una taza de té sin tener que ordenárselo a alguien más.

Yao da un bufido negando con su cabeza como si fuera un padre regañón.

-Ustedes no tiene remedio, ya lo hago yo. Los occidentales no tiene buena mano para preparar té, todo lo quieren hacer rápido como si se tratara de hacer café instantáneo aru- va rezongando el moreno yendo hasta la cocina, de nuevo vemos que Arthur no pretende mover ni un solo dedo, será que ya está acostumbrado a que el chino le prepare el té.

No sabemos exactamente qué relación hay entre ellos, ya que incluso Lukas se da el lujo de permanecer en su mismo lugar con los ojos pegados al escrito y como esto parece algo aburrido mejor seguimos a Yao hasta la cocina en donde el preparar la infusión parece conllevar todo un rito.

Lo vemos separar las hojas más frescas, ponerlas de manera delicada sobre el agua que no está ni muy caliente ni muy fría y esperamos… lentamente un intenso olor comienza a llenar la habitación, aspiramos profundamente y es como si acabáramos de inhalar un aroma por mucho reconfortante, incluso podemos ver que a Lukas y a Arthur esto les relaja, sus hombros se ven menos tensos y sus entrecejos ya no forman esa fea arruga en sus frentes.

Yao por su parte dibuja una apenas perceptible sonrisa mientras busca las tazas y sirve el té ceremoniosamente, seguramente para no dejar que la manera en que es servido afecte en lo absoluto el sabor de este. Finalmente con cuidado lleva las tres tazas, le ofrece una a Arthur que murmura un seco "gracias", lo mismo Lukas que no esperaba que a él también se le fuera ofrecer una taza y finalmente Yao.

Tanto escritor como herbolario le dan un trago a su té al mismo tiempo y como si estuvieran sincronizados dan un suspiro de satisfacción, te preguntas si aún queda algo para ti, eso se ve rico y no nos caería mal una taza.

-En serio, te podría pagar todos los días solo para que me prepares mi té- dice Arthur rebuscando entre su desordenado escritorio hasta encontrar una cajetilla de cigarrillos, le ofrece uno a Yao que no parece del todo convencido pero opta por tomar uno y Arthur también lo hace poniendo el cigarro de la cajetilla directo a su boca. Enciende el cigarrillo del chino y luego el suyo.

-Y yo rechazaría de inmediato esa propuesta, no me apetece venir a este lugar todos los días. Mira como lo tienes, la energía no fluye porque la dejas toda estancada entre libros y trabajo aru- se queja Yao dándole una calada a su cigarrillo que toma de manera elegante, seguramente habito que se ha quedado rezagado gracias a fumar desde su pipa.

Arthur rueda los ojos por este comentario mientras sostiene su propio cigarrillo entre sus labios y se cruza de brazos.

-Pues mi energía puede quedarse estancada todo lo que quiera, tampoco es como si creyera en esas tonterías supersticiosas, yo solo creo en si hago bien o mal mi trabajo- dice él soltando el humo y de nuevo frunciendo sus espesas cejas apoyando uno de sus codos en el escritorio.

-Y hablando de trabajo ¿Ya terminaste de leer el libro que te di? ¿Qué te ha parecido?- le pregunta al moreno que le da otro trago a su té y se encoge de hombros.

-Es bueno… supongo aru- contesta Yao de manera casual haciendo que el ceño de Arthur se frunza todavía más, lo que nos hace temblar ligeramente ya que no parece del todo complacido con esa respuesta tan escueta.

-¿Bueno? ¿Solo bueno? ¿Por qué es bueno? ¿Quieres decir que es excelente o que es pasable pero pude haber hecho algo mejor?- pregunta Arthur desesperado captando la atención de Lukas aunque Yao más bien parece aburrido y con el cigarrillo entre sus dedos se queda mirando con sus ojos marrones a Arthur el cual espera las múltiples respuestas. Tú y yo casi queremos ir a darle unas palmaditas en el hombro y pedirle que se relaje un poco.

-¿Lo que yo pienso es realmente importante aru?- suelta Yao llevándose con la misma elegancia el cigarrillo a sus labios, tomándose su tiempo para soltar el humo y ver esas figuras grises deshacerse en el aire. –Eres muy extraño Arthur, siempre lo has sido, lo supe desde el momento en que entraste a mi tienda. Te aíslas de todo mundo y pretendes evitar a la gente como sea… pero siempre estás torcido porque mientras que una parte de ti quiere seguir un camino recto sin involucrarte con nadie, en realidad tu cuerpo se inclina para escuchar las habladurías y lo que el resto piensa de ti. Si eres así nunca podrás ir derecho, terminarás por desviarte hacía el camino de los cotilleos- le regaña Yao de nuevo hablando de esa peculiar manera.

Hemos notado que Lukas mira de reojo a Yao poniendo atención a sus palabras, mientras que Arthur da un gruñido que pretende sonar como una risa, de nuevo esos gestos ácidos sin humor.

-Eso suena muy filosófico Yao, tan digno de ti, pero déjame recordarte que soy escritor, vivo de las críticas y de mi público así que es imposible no prestar oídos a lo que se dice de ti- replica Arthur aun siendo examinado por Yao que vuelve a parpadear.

-¿Y también escribes para la crítica? Antes no eras así aru- le comenta Yao y vemos como el ojiverde se remueve en su asiento tomando su taza de té dándole un largo trago.

-Antes era joven, creía que bastaba con escribir acerca de mi mundo personal para ser feliz… no contaba con que habría muchas otras personas queriendo sumergirse en él, así que ahora escribo para las personas de las que irónicamente quería escapar en un principio- se queja Arthur y alcanzas a ver como ese brillo en sus ojos deslumbrantes va volviéndose opaco, como si una extraña niebla fuera apagando su resplandor esmeralda.

Tanto escritor como invitado sueltan un suspiro al unísono tras esto, le dan un trago al mismo tiempo a su té y se quedan un momento en silencio.

-Me pregunto porque todo es más fácil cuando se es joven, de alguna manera creemos que basta con sernos fieles a nosotros mismos, que con seguir nuestros sueños es suficiente para ser felices… ¿En qué momento todo se vuelve más complicado? ¿Porqué de pronto sin darnos cuenta, la felicidad es algo tan difícil de alcanzar y los sueños ya no son suficientes?- pregunta Yao recargándose pesadamente en el respaldo de su silla al igual que Arthur que pierde su mirada en el humo gris de su cigarrillo que se mezcla con el de Yao y un ambiente de lo más pesimista se forma alrededor de ellos.

Cuando vemos a ese par con sus ojos mirando a ningún punto en específico, dejando sus cigarros consumirse y su té enfriándose en serio te hacen sentir que algo pesado e invisible se posa en tus hombros, obligándote a encorvarte… contagiándote de un extraño pesimismo ante absolutamente todo.

-Por Dios ¿Tienen ochenta años o algo así? Escucharlos hablar es deprimente, me voy de aquí- interrumpe de pronto Lukas levantándose de golpe. Como ya podemos adivinar, su rostro se muestra inmutable y es entonces que nos empezamos a hacer conjeturas acerca de si este chico puede hacer al menos otra expresión facial que no sea la de una estatua.

-Esto ya está corregido, lo llevaré a la editorial- dice tomando los papeles y metiéndolos en su maletín que se cuelga al hombro con premura.

-Tan eficiente como siempre- dice en un claro tono de burla Arthur alzando su taza como si estuviera haciendo un brindis a Lukas que alza una ceja y vaya, parece ofendido aunque no sabríamos decirlo bien porque de nuevo su cara está inexpresiva.

-Prefiero mil veces soportar el humor de Feliks que quedarme aquí enterrado en lamentos de dos tipos que tienen la mentalidad de un octogenario- dice el ojiazul dirigiéndose hasta la puerta sin mirar atrás azotando esta al salir.

-Que irritante… quisiera azotarle toda su antología de novelas en la cara a ese tipo- masculla Lukas cuando vamos corriendo tras él pues de alguna manera tampoco queremos quedarnos dentro de esa trampa mortal de pensamientos trágicos y cosas filosóficas como la felicidad y los sueños.

-"Ahora escribo para esas personas"… ¡¿Y qué hay de malo con ello?!- dice Lukas y por primera vez lo escuchamos levantar su voz ligeramente, no ha sido un grito pero al menos hemos constatado de que este hombre tiene sangre corriéndole por las venas.

-La gente te lee, eres admirado, tienes talento, puedes vivir de esto… ¿A qué viene esa cursilada de antes?- sigue farfullando y hemos llegado a la esquina en donde él se detiene para respirar profundo y retomar lo que para ti y a mí ya es una molesta cara estoica.

-¿Qué hay de malo con dejar a las personas entrar a tu mundo?- se pregunta una última vez antes de hacerle parada a un taxi.

Otra vez el camino es mortalmente silencioso, una vez más la mirada de Lukas está perdida en la ventanilla y parece completamente absorto en sus pensamientos que hace que su gesto se muestre como si estuviera aburrido y harto de todo lo que le rodea.

No es que esto se torne incomodo, es que sencillamente Lukas tiene un aire algo intimidante, sus ojos gélidos parecen alejar a todo el que pretenda acercarse a él aunque sea unos milímetros, da la impresión de que te cortarás la piel si intentas siquiera tocarlo. Como si todo en él fuera hecho de hielo afilado.

Hemos llegado a la editorial y de nuevo vemos ese imponente edificio que se alza junto con muchos otros que le flanquean. El ojiazul paga al taxista y se interna al edificio de nuevo poniéndose su gafete y optando como siempre por usar las escaleras. No nos queda otra opción más que respirar profundo para enfrentarnos a esos interminables escalones.

Y ahí vamos, peldaño tras peldaño en lo que parece un viacrucis, es increíble ver al rubio tan fresco subiendo las escaleras como si nada, cualquiera pensaría que lleva un estilo de vida tan sedentario que llegando al quinto piso ya estaría al borde de la taquicardia… pero no lo está.

Lukas llega al departamento editorial y tú y yo vamos como si nos acabaran de robar todo el oxígeno de nuestros pulmones, pero pronto nos recuperamos mientras vamos tras el ojiazul el cual parece estar mirando a todos lados en ese caos que es este piso. Otra vez vemos gente al borde del colapso corriendo de una esquina a otra con papeles en mano, gritando desde los teléfonos, tecleando como locos y algunos otros exclamando ordenes cual generales a los subordinados que aguantándose las lágrimas y las ganas de renunciar obedecen sumisamente.

Lukas parece estar más que acostumbrado a este ambiente ya que mira a todo lo con el mismo aburrimiento que se ha cargado toda la mañana y sencillamente va hasta una mesa que está decorada con una montaña de papeles que se balancea peligrosamente, suponemos que es el escritorio de Feliks, es el único en todo el lugar que tiene un cerro casi kilométrico de manuscritos.

Sin importarle si todas esas hojas se vienen abajo, Lukas se sienta despreocupadamente esperando a que el rubio ojiverde se aparezca, mientras tanto podemos asomarnos a ese pedazo de vida de Feliks que está representado en todo lo que este tiene regado en su mesa. Libretas con anotaciones en pluma de tinta rosa (vaya profesional) sus notas adheribles en forma de corazón pegadas al monitor de su computadora con citas agendadas todas con Arthur (o eso suponemos cuando leemos "comida con el cejón amargado") y claro, montones y montones de papeles que no son otra cosa que los capítulos del nuevo libro de Arthur los cuales están rebosantes de correcciones también en tinta rosa y uno que otro garabato que solo Feliks sabe qué diablos significa. También entre sus cosas encontramos rezagados varios sobres de muchos otros autores que buscan al menos una crítica por parte de algún editor… estos por desgracia ya tiene una bonita capa de polvo acumulada en ellos. Parece ser que nuestro Feliks se ha olvidado cínicamente de ellos.

Ahí estamos esperando junto con Lukas que no ve reparos a la hora de leer todas las correcciones que Feliks ha hecho en los borradores de Arthur, cuando entonces comenzamos a sentir cierta incomodidad... alguien mira fijamente y podemos sentir esos ojos clavados sobre nuestras nucas, por supuesto, Lukas también lo percibe pues podemos ver la manera en que frunce ligeramente su ceño y se endereza en la silla mirando a todos lados y lo primero con lo que sus ojos chocan es con otro par de pupilas azul intenso que parecen estar perforándolo.

-¿Pero qué diablos hace ese idiota aquí?- le escuchamos mascullar al rubio platinado al tiempo que se levanta del asiento y cruza el pasillo hasta una maceta… bueno, mejor dicho hasta la persona oculta tras la maceta.

-¿Se puede saber que carajos haces?- le pregunta Lukas a Mathias que da un respingo asustado y pasa de estar encorvado a completamente erguido, otra vez tenemos que mirarlo hacia arriba.

-Shhhh, baja la voz, podrían descubrirme- dice de manera juguetona Mathias llevándose un dedo a los labios haciendo que Lukas de nuevo arqueé una ceja, aunque después da un suspiro, se cruza de brazos y lo mira con severidad.

-Te doy tres segundos para irte de aquí si no quieres que llame a seguridad y esta vez lo haré- le amenaza al más alto que no parece asustado por esta advertencia.

-No digas esas cosas, me he pasado la semana entera viniendo solo para verte- dice Mathias a lo que Lukas parpadea un par de veces con ese gesto estoico desesperante.

-Llevas toda la semana colándote al edificio sin que nadie te vea… ¿Y se supone que este lugar tiene un circuito de seguridad privada? Debería poner una queja- dice Lukas dándose la media vuelta ignorando por completo a Mathias que va tras él rápidamente.

-¡Hey espera!- le pide Mathias hablando en voz baja… aunque pensamos que si gritara tampoco nadie repararía en su presencia, todos están demasiado ocupados tratando de sobrevivir a ese caos.

-¡Ven aquí!- dice por fin Mathias al ver que Lukas no se detendrá.

Al muchacho alto le basta con dar dos zancadas para alcanzarlo y apenas lo hace le rodea la cintura con los brazos y sin ninguna dificultad levanta a Lukas que suelta un grito asustado por este repentino asalto. Mathias sonriéndose como un pícaro le cubre la boca y cargándolo lo lleva hasta el rellano de la escalera. Vemos a Lukas sacudir sus pies cómicamente mientras es prácticamente secuestrado por Mathias. Tal vez no deberíamos reír, pero en serio es muy graciosa la manera en como el rubio platinado se sacude violentamente y Mathias ni se inmuta, parece que solo lleva un costal muy grande a cuestas, además de que nadie asombrosamente se ha percatado de esto.

Hemos llegado también a la escalera, en el justo momento en que Mathias libera a Lukas pero antes de que el otro pueda hacer algo, nuestro intruso lo acorrala contra la pared poniendo ambos brazos a cada lado del mas bajito que da un salto porque tiene toda la cara de no saber qué diablos hacer a continuación.

-¡¿Qué te pasa, maldición?! ¿Estás loco?- pregunta de manera atropellada Lukas que parece muy azorado por estar siendo acorralado por el otro ojiazul.

-Solo quiero saber si leíste mi libro- responde como una lechuga fresca Mathias, sonriente como si lo que acabara de hacer no fuera algo grave. Podríamos apostar que Mathias está acostumbrado a tomar lo que quiere a como dé lugar.

En cuestión de segundos la expresión de Lukas cambia de anonadada a de nuevo esa cara inexpresiva y fría. Parece ser que para sus adentros está recordando que efectivamente un loco extraño se metió a escondidas al edificio, terminó por confundirlo por un editor y ahora exigía una opinión… aunque… Lukas nunca abrió dicho sobre, podemos asegurar que incluso lo olvidó y lo llevó cargando en su maletín quien sabe cuántos días.

El mas bajo desvía la mirada, se remueve muchas veces intentando ampliar la distancia entre él y el otro loco pero este no se lo permite.

-¿Y bien? ¿Qué piensas?- le pregunta otra vez sonriente y esto está irritando sobremanera a Lukas al cual le hemos escuchado un bufido escapar de sus labios, para fijar después sus ojos en los de Mathias.

-Creo que deberías considerar dedicarte a otra cosa- dice finalmente Lukas sosteniéndole la mirada al más alto al que vemos como desvanece su sonrisa lentamente. Es increíble presenciar la completa falta de escrúpulos por parte de Lukas a la hora de decir tal cosa.

-¿Por qué dices eso?- pregunta Mathias y a pesar de que no se escucha molesto su puño apoyado sobre la pared se cierra con fuerza.

-Las personas no buscan leer algo como lo que tú escribes, no es apto para el mercado- se inventa Lukas, sabemos perfectamente que está mintiendo pues nunca se dignó a ojear siquiera dicho libro.

El pequeño mentiroso entonces dobla sus rodillas y se escabulle por debajo del brazo de Mathias para escapar de este, sin embargo el otro muchacho es más persistente de lo que aparenta y logra atraparlo del brazo jalándolo hacía atrás para que no se vaya.

-¿Personas?... ¿Por qué dices personas?- le cuestiona Mathias y somos testigos de cómo su actitud y sus gestos cambian dramáticamente.

El chico alto entrecierra sus ojos con sospecha, su voz se vuelve más grave y por alguna extraña razón inspira algo de miedo…

-No entiendo tu pregunta- dice Lukas el que por su parte, se muestra firme a pesar de este drástico cambio de actitud.

-No has leído mi libro- afirma entonces Mathias y vemos como sus dedos se aprietan más al brazo de Lukas. –Si lo hubieras hecho no estarías diciendo personas; mi libro no es para personas… es para niños ¿Por qué me dices que las personas no querrán leerlo? Deberías decir que los niños no querrán leerlo- le pregunta y vemos con perfecto detalle la manera en como el rostro de Lukas palidece al saberse descubierto. Oh… eso es malo.

Aun con ello logra mantener la dignidad y se suelta del agarre del más alto y lo mira con la misma severidad de segundos antes, incluso levanta todavía más su cabeza en un intento fallido de quedar a la altura del otro joven.

-Déjame decirte algo antes de que me reproches cualquier cosa: Si vas a entregarle tu preciado libro a alguien, al menos asegúrate de que ese alguien sea editor- le suelta Lukas y es ahora Mathias el que palidece y después retrocede llevándose las manos a la cabeza.

-¡¿Por qué no me lo dijiste antes?!- dice completamente asustado y avergonzado Mathias, de nuevo retomando su actitud anterior.

-No me diste tiempo de decírtelo, y ahora que ya lo sabes puedes irte- dice fríamente Lukas disponiéndose a salir.

-¡No puedo hacerlo! Ahora tengo que encontrar a alguien que sea un verdadero editor- dice decidido Lukas adelantándosele a Lukas que alcanza a agarrarlo por el cuello de la camisa en un arranque inconsciente de su cuerpo y de paso casi ahorcando a Mathias.

-Espera, no puedes ir por ahí molestando a todo mundo ¿Sabes cuantas personas esperan una cita con alguno de ellos como para que un idiota solo llegue haciendo su voluntad? No es justo- le recrimina Lukas deteniéndolo todavía pero entonces Mathias se voltea muy sonriente y confiado de sí mismo.

-Sé que es un poco injusto, pero yo no tengo la paciencia para estar esperando y me gusta hacer las cosas a mi manera- responde como si nada de nuevo a punto de regresar al departamento pero por segunda vez es detenido por Lukas que lo mira con sus ojos helados… los cuales ya no nos están inspirando tanta confianza.

-Si tanto deseas hablar con un editor entonces yo te puedo ayudar- dice Lukas, Mathias sonríe de tal manera que parece que sus labios no pueden estirarse más. Mientras tanto tú y yo no nos fiamos de esa repentina buena fe.

-Te llevaré con el mejor editor del departamento, él también está a cargo de Arthur Kirkland, supongo que lo conoces- comenta Lukas soltándolo y comenzando a caminar junto con el más alto.

-¿Es en serio? ¡Muchísimas gracias! Por un momento pensé que eras una mala persona- dice Mathias caminando tras él muy feliz, de pronto le pone una mano en el hombro a Lukas al cual toma desprevenido y tras un respingo voltea a ver al otro que aún tiene su mano puesta en él.

-De verdad, muchas gracias- dice de manera sincera aunque Lukas solo hace una extraña mueca que pretende ser una sonrisa puesto que solo vemos sus labios medio curvearse.

-No es nada- dice en un tono nada sincero.

Juntos caminamos hasta esa mata rubia y andar amanerado que es Feliks el cual va discutiendo con el que parece ser el jefe de editores, al único al que parece no poder meterle una patada entre las piernas, así que solo van discutiendo en voz a cuello acerca de fechas límite y discusiones con la imprenta. Finalmente terminan por gritarse un par de insultos y se separan, es entonces que Lukas logra interceptarlo.

-Feliks, buenos días- dice educadamente mientras Mathias detrás de él parece ir embriagado de emoción.

-Hola cariño. Dame buenas noticias ósea, necesito buenas noticias y si vienes a decirme que tu jefe no terminó su trabajo a tiempo puedes ir yéndote antes de que te arañe la cara y termine de desahogar mis frustraciones laborales y sexuales contigo- dice Feliks sin reparar en la presencia de Mathias pues va de un lado a otro hasta su escritorio revolviendo papeles y haciendo llamadas.

-No te preocupes, casi lo amarré a la silla para que terminara el capítulo pero también hay otra cosa de la que quiero hablarte. Él es…- comienza a decir Lukas señalando al chico que lo acompaña.

-Mathias, muchos gusto- dice el más alto captando por fin la atención de Feliks que lo mira de pies a cabeza… es un poco inquietante la manera en cómo lo ve, casi parece que está catando un pedazo de filete jugoso.

-Mathias ha venido hasta acá para que le des una oportunidad a su libro, al menos para que lo leas y le des una opinión profesional- dice Lukas con voz monocorde y aburrida.

Mathias se sonríe más ampliamente mientras que Feliks abre ligeramente sus ojos y alza sus cejas meticulosamente delineadas… para luego echar a reír casi a carcajadas. Es tal el ataque de risa del ojiverde que tiene que recargarse en su escritorio para intentar tranquilizarse.

-Oh mi amor, que tierno de tu parte haber venido para eso- comienza a decir Feliks todavía soltando unas cuantas risitas y pellizcándole una mejilla a Mathias como si este fuese un chiquillo -Pero déjame decirte que tienes a otro ciento de autores que buscan una oportunidad antes que tú, aunque si tienes un par de premios gordos en tu historial tal vez podríamos contactarte, si no es así búscate un buen número de contactos y palancas que te ayuden, si no las tienes… bueno, puedes ser como cualquier otro mortal y esperar un golpe de suerte porque yo no tengo el tiempo ni la paciencia para trabajos amateur. Animo chico- dice Feliks riendo una última vez antes de darse la vuelta dejando a un boquiabierto y humillado Mathias.

-Y ahí lo tienes, un pedazo de realidad. Espero te haya servido- le dice cruelmente Lukas siguiendo a Feliks el cual va camino al elevador.

No nos queda otra opción más que ir tras ellos y entrar al ascensor casi derrapando. Vemos a Feliks y a Lukas entrar presionando un par de botones. Feliks entonces estira su mano y es como si Lukas ya supiera de antemano lo que busca y le entrega lo último escrito por Arthur.

-Qué cruel de tu parte cariño- comenta Feliks recargándose en las paredes de espejo hojeando el escrito.

-¿A qué te refieres?- pregunta el aludido fingiendo no saber de qué habla el otro que mantiene los ojos fijos en el montoncito de hojas.

-Ósea como que me das miedo a veces; mira que mandar a ese iluso chico precisamente conmigo habiendo muchísimos más editores que bien pudieron haberse tomado el tiempo de leer su libro. Eso es como que súper cruel, ya sabes que yo soy una perra cuando se trata de principiantes- comenta Feliks a lo que Lukas sencillamente se encoge de hombros.

-Solo estoy eliminando a la competencia. El fin justifica los medios- dice Lukas en el preciso momento en que el elevador se detiene, el ojiazul sale y Feliks se queda mirándolo hasta que las puertas vuelven a cerrarse. Finalmente nos quedamos en compañía del ojiverde que niega lentamente con su cabeza.

-Por eso no tiene amigos- se queja el rubio con una media sonrisa retomando su atención a los papeles y esperando a llegar al piso deseado.

El ascensor hasta ahora ha hecho dos paradas en las que la gente al ver a Feliks en el elevador mejor ha decidido hacer como que se desvía de su camino o sencillamente no entran. En serio parece ser que al editor lo precede una muy mala reputación y creemos que no es para menos cuando va por ahí pateándole las entrepiernas a los trabajadores.

Es hasta la tercera parada que alguien se atreve a entrar.

-¡Detengan el elevador!- exclama una persona y como el hombre bueno y generoso que es Feliks, hace caso omiso de la persona pero esta logra llegar corriendo dando un salto hacia adentro en el momento preciso en que las puertas se cierran.

El hombre alto con bufanda toma aire al tiempo que aprieta el botón del piso al que se dirige y una vez hecho esto mira al imperturbable Feliks que sigue muy centrado en su lectura.

Es mas que obvio el sobresalto que Iván siente cuando ve al rubio a su lado, parece estar a punto de decir algo pero ha cambiado de decisión y se ha quedado callado alzándose de nuevo la bufanda cubriéndose hasta la nariz, mirando por el rabillo del ojo al otro rubio que frunce ligeramente la nariz y le da un golpecito a las hojas que lleva en la mano.

-¿Qué porquerías está escribiendo este hombre?- se pregunta en voz baja ignorando por completo a Iván que se acerca un paso más a Feliks, de nuevo parece estar intentando decirle algo aunque por segunda vez se retracta de ello, gira los ojos al tiempo que vuelve a acomodarse la bufanda.

Esto es como ver una extraña rutina de comedia, Feliks hace gestos y suelta comentarios al aire e Iván parece estar debatiéndose contra si mismo para hablarle o no al rubio, si pudiéramos compararlo con algo podríamos decir que es como un colegial nervioso por pedirle una cita a una chica.

Iván se ve casi tierno cuando se intenta armar de valor para hablar, sin embargo es Feliks el que suelta un sonoro resoplido, baja las hojas de un solo golpe y voltea a ver con ferocidad a Iván que de pronto se ha convertido en una piedra enorme de casi dos metros de altura y robusta.

-Todo el que me rodea es un incompetente- le dice a Iván que no sabe si darse por aludido o solo seguir callado.

Ha optado por la segunda opción.

-¡Inútiles!- grita Feliks haciendo que Iván de otro saltito por este extraño gesto lo que a t mí nos parece realmente increíble pues nunca pensamos que un tipo al que su sola sombra da miedo, podría dar un saltito gracias a un grito afeminado.

-¿Ósea como que sabes lo que necesito ahora mismo? Necesito uno tras otro shot de vodka hasta perder el conocimiento, eso necesito, ¡Vodka en mi sistema y que mi escritor haga bien su maldito trabajo!- grita Feliks y tenemos que admitir que la cara de Iván en estos momentos es un poema.

Podría ser que el ojiverde recién ha notado también la expresión mezcla de incomodidad y desencajo del más alto y reflexiona un poco antes de preguntar.

-¿Quién eres tú? Como que no te había visto por aquí- dice poniéndose una mano en la cadera e Iván intenta sonreírse con naturalidad fallando de manera épica en el proceso. De nuevo esa mueca feliz es más como la de un asesino pero nuestro editor no parece en absoluto afectado por esto.

-Ah… me llamo Iván, me acaban de contratar hace poco, estoy en el departamento contable- responde con su vocecilla que parece tener un tonito infantil que no cuadra para nada con su imagen.

Feliks por su parte lo mira de arriba abajo y de abajo hacia arriba formando una sonrisa peligrosa en sus labios.

-Eso explica porque no te había visto, no me gusta mucho pasearme por ahí, todo en ese lugar es tan aburrido además de que la última vez tuve que ajustar cuentas con un pequeño retrasado- dice como si fuese un comentario casual y escuchamos a Iván reír por debajo de su bufanda.

-Te vi en ese momento- comenta el ruso a lo que Feliks amplía un poco más esa extraña sonrisa.

-Entonces me viste en todo mi esplendor. Bueno, ya no se te hará raro darte cuenta que todo mundo me evita, ser tan fabuloso tiene su lado obscuro ¿Sabes?- le dice al ojivioleta que desvía un poco su mirada.

-Yo creo que fue genial- se sincera Iván y de nuevo voltea a ver a Feliks con una gran sonrisa en sus labios –Aunque de haber sido yo le hubiera roto el cuello- remata haciendo que Feliks sienta un escalofrío para luego mirarlo de manera extraña.

-Hombre, eres un poco tétrico- dice sin medir sus palabras Feliks y parece ser que Iván ha caído apenas en la cuenta de lo que ha dicho ya que de un momento a otro se encoje en su mismo lugar agachando tanto su cabeza que parece que quiere que su bufanda le cubra por completo la cara mientras mira al piso avergonzado de ser así: Tétrico.

-Eso me gusta. Deberíamos ir a tomarnos esos shots de vodka. Si no te gusta el vodka entonces eres más marica que yo- de pronto le dice el ojiverde guiñándole un ojo y saliendo del ascensor cuando este abre sus puertas.

Iván levanta de nuevo su cabeza una vez más descolocado por este último comentario. Tal vez ya desde hace unos días se había dado cuenta de que Feliks es una persona a la que no puedes encasillar como común y corriente, pero ahora reafirmaba esa idea y esto lo hizo sonreír de nuevo aunque otra vez esa sonrisa es un poco inquietante, no tenemos idea de cómo es que Feliks pudo haber estado hablando de manera tan casual con un hombre así.

En fin, hemos terminado por seguir a Iván que como ya imaginábamos se hace cargo de su aburrido trabajo en un aburrido ambiente. Va de un departamento a otro recolectando firmas y algunos cheques que revisa meticulosamente antes de volver a abordar el ascensor infestado de personas que le hacen paso apenas entra.

Se nota de inmediato lo incomodo que esto hace sentir al ruso pues cuando la gente se mueve a un lado para hacerle lugar (por no decir se alejan todo lo que pueden de él) Iván dibuja esa extraña mueca de mortificación que oculta bajo su bufanda la cual nos comienza a dar una impresión de que es una especie de armadura para el ojivioleta. Cada vez que se siente acongojado, nervioso o incomodo tiene esa manía de subir la prenda hasta su nariz.

Llegando a la planta baja sale en dirección al banco y tomamos esta oportunidad para dar una tranquila caminata junto con él ya que parece que este recorrido será un poco largo. Iván camina y vamos tras él distraídamente, no hay nada en especial en que enfocar nuestra atención así que solo nos dejamos llevar.

El rubio llega al banco, esperamos en la fila, aguardamos en el tiempo en el que hace todos los trámites necesarios y que nos parece tan aburrido como todo su trabajo en general. Le echamos vistazos al ruso solo para saber si al menos él se siente emocionado y divertido con lo que hace, o por lo menos si lo encuentra interesante pero él tiene la misma mueca de aburrimiento que tú y yo.

Es así como nos nace la pregunta de porque diablos se dedica a esto… bueno, tal vez ya nos responda en alguna ocasión pues ahora mismo es hora de volver; caminamos por las transitadas calles hasta llegar a la esquina justo en el cruce de peatones los cuales ahora mismo esperan a que el semáforo cambie de color para poder atravesar la calle.

Iván se mezcla con la gente que espera sin contar con que a su lado haya un conocido… tal vez el único hombre en toda la ciudad que se atreve a salir a la calle con atuendos chinos.

-Qué casualidad- dice Iván como si le estuviera hablando al viento pero la persona a su lado reacciona en tiempo record ante el sonido de su voz.

Yao da un tremendo salto y voltea a ver al ruso que le sonríe y lo saluda ondeando su mano tranquilamente.

Si Yao tiene un talento ese es su capacidad para colorear su cara de un intenso rojo en cuestión de instantes. Apenas sus ojos obscuros han chocado con los violetas de Iván su cara se ha pintado de escarlata que hace juego con su ropa.

Al asiático se le ha ido la voz o algo le pasa a su garganta que ha tardado un buen rato en responder.

-Hola- dice después de casi tres minutos con una voz que suena más como un susurro, al darse cuenta de esto se aclara la garganta pero ya no dice más, voltea de inmediato al semáforo que ya parpadea para cambiar de color.

Se quedan en un largo e incómodo silencio que dura todo el rato en que cruzan la calle. Iván no dice nada y Yao tampoco, solo se limita a esas miraditas furtivas por el rabillo de su ojo y si lo miramos mejor podemos darnos cuenta de que está doblando sus dedos y haciéndolos tronar seguramente por el nerviosismo. En serio, el chino se vuelve otra persona al estar en presencia del ruso.

-¿Hoy no has abierto tu tienda?- pregunta Iván en un comentario que busca ser cortés, seguramente para hacer más ameno el camino ya que parece que caminarán juntos un rato antes de separarse por sus respectivas direcciones.

-No… bueno, si… quiero decir que aún no la he abierto pero la abriré en un rato aru- dice de manera atropellada el asiático que intenta respirar profundo porque podemos apostar que ahora mismo se siente tonto por hablar así. Iván solo se limita a sonreírle y la cara del pelinegro brilla todavía mas por el rojo escarlata que le llena las mejillas.

Para cualquier persona esta podría ser la oportunidad perfecta de comenzar una amena charla y mostrarte interesado por ese otro susodicho dueño de tus suspiros, tal vez darle a entender que quieres conocerlo mejor… pero está muy claro que Yao no es cualquier persona pues lo vemos caminando a un lado de Iván completamente mudo solo limitándose a un par de miradas de contrabando.

Nos dan ganas de pegarle un empujón y un golpe para que reaccione y le diga algo a Iván, pero muy tarde, el ruso se detiene y sonriente se dirige a Yao.

-Yo me voy por aquí- dice sencillamente el ojivioleta señalando la dirección contraria de Yao el cual asiente todavía sin pronunciar palabra; parece ser que este silencio ha incomodado a Iván pues ya no se muestra tan sonriente como al principio.

-Hasta luego. Tal vez en unos días pase a tu tienda, a mi hermana le encantó el té de la última vez- dice comenzando a caminar y alejándose, Yao solo atina a ondear su mano en un gesto de despedida y apenas el otro se pierde de vista el chino va a arrojarse dramáticamente contra la pared.

De cara al muro y golpeando este, suelta una especie de berrido que llama la atención de varios a su alrededor.

-¡Ya no puedo con esto, soy tan tonto!- se dice a si mismo pegando su frente a la pared y recargando sus manos en ella. –En serio… ya no puedo con esto, duele mucho aru- se vuelve a lamentar quedándose recargado en la pared como si fuese una especie de alma en pena, a esa escena solo le hace falta un nube de desolación posada sobre le moreno, en su lugar solo pasa la gente a su lado ignorando por completo su pesar.

-Ya no estoy en edad para estas cosas aru- se vuelve a decir tratando de recuperar la compostura que Iván le hace perder.

Yao respira profundo y con desgana retoma su camino con pasos lentos y perezosos, a su mismo ritmo lento vamos acompañándolo pues sin darnos cuenta hemos terminado por desviarnos junto con el chino en lugar de seguir a Iván.

Estamos escuchando el incomprensible murmullo en chino que Yao va diciendo entre dientes mientras caminamos; no sabemos realmente lo que está diciendo pero el moreno se escucha muy mortificado y como ya es su costumbre en él, cada una de sus frases va acompañada de un suspiro; es hasta el momento en que escuchamos un rasgueo solitario de guitarra que nos detenemos. Yao por supuesto que reconoce ese sonido, el vibrar de las cuerdas de metal, el sonido que intenta por todos los medios ser escuchado entre el tumulto de gente que hace oídos sordos al pasar por su lado.

La voz que siempre tiene algo que decir aunque no sabemos exactamente a quien. Yao parece ser el único destinatario de esa música que busca llegar a alguien.

El moreno entonces niega repetidamente con su cabeza y camina siguiendo las notas y la voz que se alza como un grito de auxilio, de ser tomado en cuenta.

Unos pasos después ya no le sorprende ver a Yong Soo, con guitarra en mano sacudiendo su cabeza al tiempo que canta y rasguea casi con rabia el instrumento que reproduce el sonido a merced del músico que sin micrófono fuerza a su voz a alzarse sin desafinarse.

Él estaba volando sobre mi

Traté de ocultarme para que nadie pudiera verme

Al igual que estoy haciendo esto para ti, para mí y para todos

Los que alguna vez han pensado que están rotos

Como si fuese una escena que se repite, otra vez Yao es el único entre el río de personas que se detiene a escuchar, sin embargo esta vez Yong Soo no ha reparado en su presencia y sigue cantando, con los ojos cerrados y moviendo sus manos por el brazo de la guitarra como si este fuera ya un reflejo innato.

Canto esta canción para volar lejos del mundo

Y nunca tener que llorar…

El chino más que solo oír la melodía y una letra cursi nos da la impresión de que se está tomando el tiempo para analizar cada estrofa de la canción, se cruza de brazos y se recarga en el poste de luz de enfrente del otro moreno para escuchar mejor sin estorbar el caminar de la gente.

La vida te da todo lo necesario para vivir o morir no importa como

Yo era el único que sabía que esta es la verdad mas hermosa de este mundo

Pero estoy viviendo aquí

Sin ningún miedo, olvidando que solo estoy pretendido ser

Pero sigo sonriendo, no caeré al pozo al que vas cuando te sientes morir.

Otra serie de notas se reproducen y un par de estrofas que son cantadas casi a gritos se repiten. Podría ser que para muchos esto se escucha mal y desentonado pero en realidad le da una pizca más pasional a la canción. La melodía termina y Yong Soo hace una profunda reverencia, esta vez en cambio hay un aplauso como recompensa lo que parece sorprender realmente al muchacho pues de pronto como un pajarito mueve su cabeza todos lados buscando de donde provienen las palmadas.

-¡El hombre de los ojos tristes!- suelta emocionado al ver a Yao que enarca una ceja realmente insultado por ese nuevo apodo.

-¿A quién le llamas así? Mocoso irrespetuoso aru- le reprende Yao dándole un buen golpe en la cabeza a Yong Soo que suelta un exagerado quejido por esto.

-Aprende a respetar a tus mayores o te irá mal en la vida aru- le vuelve a regañar muy enfadado llevándose las manos a la cintura para luego examinar el lugar en donde estaban y de nuevo mira con ojos severos al otro chico que ríe como un tonto

-¿Qué haces aquí otra vez? Te había dicho que en este lugar nadie va a escucharte, la acera de enfrente es la adecuada- le recuerda Yao y de nuevo Yong Soo ríe algo apenado mirando la otra banqueta.

-Si pero creo que aquí me va mejor, contra la corriente, como usted dice- responde viendo como Yao frunce el ceño por no haber hecho caso a su consejo. –Además pienso que fue cosa del destino que entre toda esta gente que nunca escucha nada solo usted se haya detenido, el único al que mi voz alcanzó- dice sonriente el pelinegro, casi parece sacado de una revista (o será que ha estado practicando frente al espejo su sonrisa de estrella de rock).

Yao se le queda mirando mientras parpadea un par de veces y ladea ligeramente su cabeza.

-Bueno, puede que en eso tengas razón. No deberíamos ponernos en contra de lo escrito así que supongo que está bien que hayas hecho caso a tu instinto aru- dice convencido Yao ante tan soso pretexto del joven el cual de pronto carraspea y el chino pone mala cara y chasquea la lengua.

-Ven conmigo jovencito- no le pide a Yong Soo, se lo ordena.

-Ah… pero no puedo irme solo así de la nada con alguien que no conozco- dice el músico viendo raro al otro que da un sonoro bufido por esta respuesta.

-Me llamo Yao, ya me conoces y ahora ven conmigo; tampoco es como si tuvieras muchas cosas que hacer aru- le dice y comienza a caminar como si con esto fuese más que suficiente para lograr que el otro lo siga

Aunque efectivamente al otro esto le bastó para tomar su amplificador y guitarra y seguirlo; ahora sabemos a qué se deben tantos secuestros y tráfico de órganos. Tal vez en el mundo abundan personas como Yong Soo que con un nombre les basta para ir tras un completo desconocido que se viste extraño. Empero tú y yo tampoco somos nadie para hablar, nos hemos pasado el día siguiendo gente como si nada.

A diferencia de Iván, Yong Soo habla mucho y Yao corresponde la plática, casi siempre con regaños. Por lo que escuchamos de la charla deducimos que Yong Soo es ese tipo de chico que es un espíritu libre y bohemio el cual cree firmemente en sus principios y tiene su propia idea de la libertad, el amor y por supuesto la vida, cosa que, le va explicando a Yao, refleja en cada una de sus canciones; para eso vive, para la música no para seguir el estricto organigrama que la sociedad impone (en palabras del mismo Yong Soo)

Yao por cada palabra escuchada niega rotundamente con la cabeza como si estuviera en completo desacuerdo con la forma de pensar del otro joven.

-Escucha bien a este viejo, la vida no son solo sueños algún día vas a caer de lleno contra la realidad y eso va a ser más doloroso de lo que crees; toma mi consejo y comienza a poner los pies en la tierra… no todo es tan fácil como cantar, cuando menos lo esperes tus palabras y tu música serán arrastradas por la corriente aru- le comenta Yao y podemos ver como su gesto cansado se acentúa conforme va diciendo esto. Entonces el muchacho a su lado se detiene, aun con guitarra al hombro y el amplificador en la mano lo mira seriamente, expresión que no corresponde para nada con alguien como él.

-¿Eso fue lo que le pasó a usted? ¿Lo arrastró la corriente?- le pregunta y Yao se queda con un rostro enigmático, sus ojos marrones se entrecierran ligeramente como si sus parpados le pesaran toneladas y apenas pudiera mantenerlos abiertos.

-Más bien yo me cansé de nadar contra ella… al final la fuerza se te agota y para cuando acuerdas ya eres parte de la corriente… no puedes ir contraflujo porque no llegarás a ningún lado, te quedaras estancado en tu mismo lugar sin nunca avanzar; si quieres hacer algo con tu vida debes seguir las corrientes del destino y no cuestionar porque de hacerlo es como chocar dolorosamente contra los pedregales- dice Yao con voz monótona al tiempo que cruza el gran arco que es la entrada al China Town pero antes de dar otro paso más siente como Yong Soo le da una fuerte palmada en la espalda que lo hace trastabillar y casi irse de boca.

-No entiendo realmente que quiere decir con eso pero no estoy de acuerdo. No me voy a resignar a vivir una vida planeada por alguien más, prefiero ahogarme y golpearme contra las piedras antes que renunciar a mi música y si es arrastrada por el agua ahora estoy seguro que al menos alguien me escuchará y vendrá a salvarme- dice con toda confianza en sí mismo, sonriendo de manera juguetona y caminando con la espalda todavía más derecha que segundos antes.

Yao por su parte parece hacerse pequeño a su lado y lo mira de una manera extraña… ya no cansado o aburrido, más bien parece receloso sin embargo no sabríamos decir exactamente porqué.

Siguen caminando un rato, todavía bajo una animada charla por parte de Yong Soo acerca de sus increíbles planes para el futuro hasta que llegan al negocio de Yao que abre dejando entrar al muchacho y cambiando el letrero para hacer saber que ya está abierto al público. Mientras el músico sigue hablando Yao se entretiene buscando hierbas por aquí y por allá, subiéndose a un taburete para alcanzar de una repisa alta un ramillete de flores secas.

-Aquí tienes aru- le dice a Yong Soo extendiéndole la planta y el muchacho la examina con desconfianza.

-Te ayudarán a aclarar y abrir tu garganta, mastica una hoja después de desayunar. Así podrás cantar mejor sin lastimarte aru- le recomienda Yao como si fuese un doctor recetando medicamento.

Yong Soo de nuevo examina el ramillete en su mano y parece estar realmente confundido, arrugando ligeramente su nariz y mirando con ojos entrecerrados a Yao lo señala con el ramo de flores secas.

-Entonces, primero me dice que debo dejar de soñar y adaptarme a la realidad y ahora me da un remedio para la garganta. ¿Acaso esto es un tipo de psicología inversa? Déjeme decirle que mi madre lo intentó hace tiempo y no caí en su trampa- espeta Yong Soo sacudiendo el ramillete mientras que Yao solo da un suspiro (otro mas).

-Si quieres o no hacerme caso es cosa tuya aunque deberías, te habla la experiencia. En cuanto a esto míralo como un pago por la canción, no has ganado ni un centavo desde que te he visto cantar en las calles aru- dice el chino yendo a sentarse detrás de su mostrador y sacando su inseparable pipa a la que de nuevo rellena con tabaco pero antes de encenderla prende una varita de incienso.

Yong Soo vuelve a mirar las hojas secas y luego a Yao que está con la mejilla recargada en la palma de su mano sosteniendo su pipa en una postura elegante que parece no corresponder a un simple tendero.

-Usted es muy extraño, habla como un viejo pero no creo que sea más de tres años mayor que yo- opina el chico a lo que el moreno despega la boquilla de sus labios y lo mira con un casi imperceptible gesto altivo.

-¿Cuántos años tienes tú aru?- le pregunta el chino al joven que de nuevo endereza todavía más su espalda orgulloso de rebelar su edad que lo hace sentir como un joven adulto.

-Tengo 19 años, recién cumplidos- responde muy feliz. -¿Y usted?... no, basta de formalidades, cuántos años tienes tú, en serio no creo que seas tan mayor-

Sacando el humo del tabaco por la nariz y manteniéndose tranquilo Yao contesta.

-Tengo 35 años, casi 36- responde sin más y solo por obra de un milagro la mandíbula de Yong Soo no ha ido a parar al piso por la manera exagerada en la que ha abierto la boca.

-¡Me estás mintiendo! Te ves como un veinteañero ¿Qué haces para verte así de joven? ¿Matas jóvenes vírgenes y bebes su sangre?- le pregunta acercándose rápidamente hasta él examinándolo tomándolo por la cara sobresaltando a Yao que intenta hacerse hacia atrás para evitar ese incomodo contacto pero no lo logra, Yong Soo lo tiene bien apresado del rostro fijando intensamente sus ojos negros en los marrones.

Si el músico se acerca unos milímetros más al rostro de Yao podríamos dar por seguro que algo más íntimo que una charla va a pasar ahí; sin embargo Yong Soo cuida de mantener esa ínfima distancia entre ellos y que parece estar molestando al mayor el cual intenta por todos los medios alejarse sin resultado alguno.

-Oh… apenas lo noto pero… tienes una cara muy linda para ser hombre- dice el jovencito haciendo que Yao se enfade de verdad y con un par de manotazos se lo quita de encima. Claro, para todo hombre el que le digan lindo debe ser un atentado contra su orgullo masculino… o algo así.

De la nada interrumpiendo a Yong Soo de decir algo más, suena el timbre de un teléfono que evidentemente no es el de Yao, el cual es una reliquia que obviamente no podría reproducir una canción de rock para anunciar una llamada entrante, aunque en este caso se trata de un mensaje pues el otro moreno rebusca entre sus bolsillos y solo mira rápidamente la pantalla luminosa.

Lentamente su cara se pinta de blanco y parece asustado.

-¡Tengo un examen y lo había olvidado! Maldición- dice apurado viendo su guitarra y amplificador que de pronto ya le parecen estorbosos, así que sin ninguna delicadeza ni pidiendo permiso deja ambos en el piso a un lado del mostrador.

-Por favor guárdalos por mí y vendré después por ellos. ¡Nos vemos!- y dicho esto el muchacho sale corriendo como si lo estuvieran persiguiendo para matarlo.

-¡Oye, no puedes dejarlos aquí aru!- le grita Yao tratando de ir tras él pero este ya ha emprendido la huida.

Y junto con Yong Soo también tú y yo que vamos intentando seguirle el paso alocado a este muchacho que va viendo su teléfono celular consultando la hora y acelerando su carrera, creemos que está intentando llegar a tiempo.

El chico no pierde el tiempo y cuando ve el autobús acercarse a la parada corre todavía más rápido si eso es posible y logra alcanzar el transporte al que se sube, apenas lo aborda se deja caer de rodillas tratando de recuperar el aliento, después prácticamente va arrastrándose hasta alguno de los asientos, podría ser que tú también necesites recuperar el oxígeno después de ese corto pero exhaustivo maratón.

Estando un poco más tranquilo el moreno se lleva los grandes audífonos de diadema a las orejas reproduciendo la música que siempre lo acompaña, aunque esto le ayuda a relajarse no puede evitar sacar de vez en cuando su teléfono solo para asegurarse de aun poder llegar a la hora indicada de su examen.

-Si no lo presento ya encontraré la manera de aprobar la materia- se dice finalmente resignado recargando su cabeza a la ventanilla del autobús viendo como pasamos por diferentes avenidas, damos vueltas, esperamos en los semáforos.

Finalmente tras un breve recorrido las verjas del campus comienzan a divisarse y Yong Soo se apresura a anticipar su parada. El autobús se detiene a unos metros de la entrada principal y en una última oportunidad el chico se fuerza otra vez a correr, todavía tiene tres minutos así que echa a correr como loco intentando esquivar gente a su paso.

Llega derrapándose por el pasillo del edificio y en la puerta del aula ve a un rubio ojiazul que al verlo parece aliviado y moviendo su mano le indica que se apresure.

-¡Alfred Jones, te amo, gracias por avisarme del examen!- exclama Yong Soo corriendo hasta el rubio y de un salto se abalanza sobre él rodeándole la cintura con las piernas quedando colgado de él.

Para suerte de Alfred Jones, tiene buenos reflejos y logra sostenerlo cuando el otro salta encima suyo.

-Si si si, yo también te amo pero metete ya o vas a reprobar por no presentarte- le regaña Alfred mientras Yong Soo le da una larga serie de besos fraternales en la mejilla y salta de nuevo al piso para entrar casi barriéndose al salón en donde el profesor justo tras de él, ya cierra la puerta.

-No tiene remedio- dice en voz baja Alfred comenzando a caminar cuando en ese preciso momento le llega un mensaje de texto del moreno de segundos antes.

"Espera a que salga del examen, te invito una hamburguesa"

-Compra mi tiempo con comida… ¿Quién se cree que soy?- escuchamos al buen Alfred decir mientras digita una respuesta desde su teléfono.

"¡Termina ese maldito examen ahora mismo! ¡Aliméntame!"

Y pues sí, Alfred F. Jones es un producto a la venta siempre y cuando tengas con que alimentarlo.

Para no interrumpir a Yong Soo en su importante examen hemos optado por acompañar a Alfred, sin embargo este no parece necesitar de nuestra compañía pues apenas ha ido a sentarse a una banca de los jardines del campus ya es abordado por muchísimos chicos que se sientan a su lado para platicar o preguntarle algunas cosas. Cada vez nos convencemos más y más de que este chico es como un imán de personas, no podemos poner en duda el hecho de que tiene un extraño magnetismo; será su sonrisa o esa personalidad relajada y alegre que te contagia de buen humor.

No sabemos a ciencia cierta que es ese "algo" en Alfred, solo sabemos que esta comodidad al estar en su presencia nos gusta.

-Hey muchachos ¿No se les antoja un chocolate frío? Yo muero por uno- comenta de la nada el ojiazul y sus amigos no dudan en hacerle burla por sus antojos tan infantiles.

-Oigan, no se rían, nunca se es demasiado mayor para un vaso de leche con chocolate- les advierte levantándose de la banca y caminando junto con todo su séquito hasta la cafetería más cercana que es la que queda casi a un lado de la entrada de la universidad, tiene mucha pereza para ir hasta la facultad de letras.

El resto de los jóvenes se quedan atrás mientras el de lentes hace su pedido de un chocolate frío y con una sonrisa de galán de película cincuentera le pide a la muchacha que lo atiende que le ponga el doble de crema batida por encima. La chica atontada por la galanura del rubio atiende a su pedido y ahora tenemos un gran vaso de chocolate coronado con una montaña de crema batida que al amenazar con caer es detenida por la lengua de Alfred el cual en el proceso se llena la punta de la nariz de blanco dulzón.

Nos es increíble la manera en como un universitario puede verse como un chiquillo y a la vez tan tierno y atractivo… este muchacho es todo un misterio.

Mientras Alfred está muy ocupado lamiendo toda esa crema batida y que comienza a verse apetitosa por la forma en que el ojiazul la devora, este sin quererlo o tal vez por mera obra del destino fija sus ojos al otro lado de las rejas de la escuela viendo a un solitario transeúnte que va con lentes obscuros y andar perezoso.

Alfred reconoce ese cabello color paja desordenado y por supuesto las anormalmente gruesas cejas que sobresalen del armazón de los lentes obscuros junto con esa cara de incomodidad. Otra vez el mundo o la vida misma pone en bandeja de plata un encuentro inevitable entre ambos personajes.

-Ahora vuelvo, espérenme aquí- les pide a sus amigos mientras cuidando de no derramar su bebida corre hasta la entrada principal en el preciso instante en el que este conocido hombre pasa por enfrente de ella.

-¡Arthur Kirkland!- exclama emocionado Alfred con ese vocerrón entusiasmado que se carga, hace dar tremendo salto al mencionado que se hace para atrás seguramente esperando una avalancha de periodistas o una horda de fans… en cambio solo está un chico que parece sufrir de hiperactividad.

Tras tranquilizarse Arthur fija sus ojos ocultos tras los cristales ahumados a quien le llama, se baja un poco las gafas y frunce severamente su ceño.

-¡Tú!- grita a su vez señalando al ojiazul que se acerca.

-Vaya coincidencia, pensé que jamás volvería a verte. Debe ser mi día de suerte, ven aquí, necesito una foto contigo- comienza a decir apresuradamente Alfred maniobrando con su vaso de chocolate y sacando su teléfono celular para luego jalar a Arthur del brazo hacía él, después pasándole su propio brazo por encima del hombro en un burdo abrazo levantando su teléfono celular enfocando con la cámara de este, a ambos.

-Oye, espera… ¿Qué haces?- pregunta confundido Arthur que con todo el barullo se le han resbalado los lentes obscuros.

-¡Sonríe!- le ordena Alfred ignorándolo completamente y disparando el flash del teléfono móvil, la tan famosa selfie ha sido tomada y Alfred suelta por fin a Arthur que solo ve lucecitas parpadeantes gracias al flash.

-Ahora sí, Mathew tiene que creerme ¿Sabes lo que hizo con el autógrafo que te pedí? Juró que era falso, lo comparó con una foto que encontró de tu firma en internet y me dijo que yo lo había hecho. Pero ahora tengo pruebas sólidas.- decía complacido Alfred viendo la foto recién tomada sonriendo satisfecho por su trabajo aunque a nuestro parecer esa foto se ve algo chueca, borrosa y Arthur aparece con los ojos cerrados, una pena considerando ese bonito color verde que tienen.

-No estoy entendiendo nada de lo que estás balbuceando ¿Y para qué es la foto? ¿Qué no se supone que mis libros ni siquiera te gustan?- le espeta Arthur arreglándose los lentes y la ropa.

-No me estás escuchando. Te digo que es para Matty, comprobarle que te conozco, para eso no tienen que gustarme tus libros- responde tranquilamente Alfred dándole un trago largo a su leche achocolatada haciéndose un bigote de leche obscura y llenándose de nuevo la nariz con crema batida.

Se relame el labio superior para quitarse la leche pero no se percata de la crema en su cara, por lo tanto Arthur lo mira con total desaprobación por ver a ese niño en un cuerpo tan grande.

-En serio me sorprende tu completa falta de tacto al decir tan a la ligera que no te gusta mi trabajo ¿No tienes un poco de consideración por el escritor frente a ti?- le reprende el ojiverde cruzándose de brazos pero el otro no parece entender cuál es su punto.

-Eres escritor, se supone que ustedes están acostumbrados a las críticas buenas o malas, además no creo que la opinión de una persona común y corriente te afecte en algo- responde con toda frescura Alfred y tiene un buen punto.

-En eso tienes razón pero… ah… digamos que me interesa saber que piensa el público en general de lo que escribo, eso es importante también para hacer mi trabajo- se justifica Arthur sintiendo una mirada penetrante por parte de Alfred que después gira los ojos.

-Si eso quieres entonces te diré…- el chico se aclara la garganta y despeina un poco su cabello haciendo que este caiga por su rostro en dos cortinas rubias.

-"Su literatura es como una ventana apenas abierta a un mundo un tanto obscuro y lúgubre pero brutalmente realista. Sus personajes están construidos de manera que son una especie de metáfora acerca de la sociedad consumida por el desasosiego y la completa falta de una visión optimista ante la vida"…- recita Alfred con una voz suave y bajita apenas audible mientras se encorva y actúa de manera tímida.

-Oh vaya… pues para no ser un lector ávido de mis obras pareces entenderlas muy bien. Ese fue un análisis muy… satisfactorio- dice Arthur que no puede evitar de formar una enorme sonrisa vanidosa y cínica en su rostro hinchando su pecho lleno de complacencia.

-Eso no es lo que yo pienso, solo es lo que mi hermano se la pasa repitiendo cada vez que habla de ti y lo ha dicho tantas veces que como puedes ver ya me lo sé de memoria. Si me lo preguntas a mi no tengo ni idea de qué diablos quiere decir con eso- dice Alfred retomando su tono de voz normal y peinándose bien de nuevo haciendo su cabello hacía un lado.

-¿En serio te haces llamar universitario?- pregunta Arthur viendo esfumarse toda la emoción de antes por ese último comentario, es ahora Alfred el que se siente ligeramente ofendido.

-Sí, el que no sea un pesimista meditabundo taciturno y tétrico no me hace estúpido. No sé porque tú y Matty creen que por usar palabras largas y difíciles los hace mejores que otros, o el hecho de ver el mundo como una gran pila de mierda también les hace pensar que son superiores que los que somos felices y disfrutamos de la vida- recrimina Alfred y a pesar de mostrarse molesto, en realidad no lo podemos tomar en serio cuando tiene crema batida en la punta de la nariz e infla las mejillas de esa manera.

-Jo, pues es por eso mismo que los pensamos idiotas ¿Qué hay de bueno con esta vida y toda esta gente que no alcanza a ver más allá de sus narices, que no tiene más que dos dedos de frente y cree que todo lo que le rodea es una película de Disney? Si las personas fueran inteligentes se darían cuenta de que este mundo no es más que una farsa, pura putrefacción- discute a su vez Arthur y vemos como Alfred infla todavía más las mejillas, casi parece un hámster metiéndose comida a la boca.

-Hay muchas cosas buenas y las personas no son "el reflejo de una sociedad en decadencia" son individuos con sentimientos independientes y autónomos que también pueden crear enlaces y conexiones fuertes con otros individuos en lugar de recluirse en un mundo pesimista creado por ellos mismos. Yo creo que es la gente que cree que todo lo que le rodea es malo, la que de verdad es estúpida y no puede ver más allá de su reducida opinión porque están demasiado ocupados lamentándose en lugar de salir a buscar esas cosas buenas- debate Alfred y por un momento creemos que rematará sacando la lengua pero se resiste a esto y le sostiene la mirada enfadada a Arthur el cual aprieta sus puños.

-¡Ese es un argumento muy infantil, inmaduro! No tienes bases para eso que aseguras- ataca Arthur y es ahora cuando vemos a Alfred en todo su tierno esplendor, llevándose las manos a los oídos, una de ellas aun carga su vaso con leche.

-¡Lalalalalalala! No me importa lo que un escritor amargado me diga, vivo en un mundo feliz rodeado de gente feliz y todo a mi alrededor es perfecto ¡Lalalalalalala!- dice Alfred alzando la voz cubriéndose las orejas, cerrando los ojos con fuerza y haciendo rabiar a Arthur.

-Hey, para eso y escúchame lo que te estoy diciendo- le ordena Arthur pero Alfred sigue indispuesto a escuchar al otro que todavía pelea por hacerse escuchar. Ahora esto de verdad se está volviendo completamente ridículo e infantil.

-¡Te digo que me escuches maldita sea!- Arthur repite y repite pidiéndole al otro que deje esa tontería pero Alfred no se detiene e incluso alza el sonido de su ya alta voz hasta que finalmente termine por echarse a reír al ver que Arthur está rojo de la ira.

-¿Ves cómo es molesto? Por eso no me gustan tus libros, son todos tan deprimentes, tus personajes son deprimentes y por cada cosa buena que parece que les va a suceder ellos le dan la espalda porque creen firmemente que todo a su alrededor es malo, es como si ellos estuvieran haciendo lo mismo que yo hacía un rato- explica Alfred dejando completamente descolocado a Arthur que por primera vez no tiene nada que contestar.

De pronto el teléfono de Alfred comienza a sonar con la melodía de la Marcha Imperial de Star Wars y rápidamente lo atiende para luego volverse a Arthur sonriente.

-Tengo que irme ya, espero de verdad reconsideres lo que escribes, si lo haces le daré otra oportunidad a tus libros- le dice el ojiazul al otro que esta vez logra detenerlo antes de que se vaya.

-Espera, no puedes dejar un debate a la mitad, tenemos que llegar a una resolución sobre esto- le ordena firmemente el ojiverde a lo que Alfred parece no entender porque a Arthur le cuesta tanto trabajo decir de una manera más sencilla que quiere seguir hablando con él.

Es así que Alfred saca de una de las bolsas de su mochila un marcador permanente y sin previo aviso toma la mano de Arthur que se sobresalta por el repentino contacto.

-Este es mi nombre, con él puedes localizarme en Facebook, también con este otro en Twitter y casi no se usa, pero este también es mi correo. Cuando tengas tiempo podemos seguir hablando de esto- le dice el sonriente y alegre Alfred escribiendo con letras grandes y burdas cada una de las direcciones en la palma de la mano de Arthur que parece estar un poco inquieto al tener a Alfred sosteniéndole la mano de manera tan confianzuda.

-No dudes en contactarme. Matty se enfermará de la envidia- dice entre risitas infantiles y entusiastas mientras el ojiverde lo mira como si fuera el ser más extraño sobre toda la superficie de la tierra.

-H… hey espera- le llama el escritor antes de que el otro se vaya y señala su nariz. –Tienes crema en la nariz- le dice al otro que saca su lengua y con la punta intenta alcanzar el dulce pero le es imposible… tal vez podría si tuviera una lengua de vaca, que no es el caso.

Arthur da un lánguido suspiro negando con su cabeza y sin pensarlo mucho le pasa el dedo índice por la nariz a Alfred quitándole la crema, el más alto sonríe agradecido y se va de nuevo en dirección al campus… el escritor mira la crema blanca en su dedo, se lo lleva a la boca saboreando el azúcar en ella. Después se percata de lo que ha hecho y la cara se le pone tan roja como un semáforo.

Alfred por su lado va de regreso con sus amigos, una gran sonrisa se pinta en sus labios aunque esta ya parece ser parte de él, es demasiado contagiosa, es como ese punto específico en el que centras tu atención cuando lo ves. El chico llega de nuevo con el resto de sus compañeros uniéndose rápidamente a la charla convirtiéndose de inmediato en el centro de todas las miradas.

Un par de horas después aparece Yong Soo, parece ser que ese examen le consumió toda la vida y su energía vital pues llega caminando torpemente balanceándose de un lado a otro hasta finalmente dejarse caer casi en los brazos de Alfred.

-¡¿Por qué no me dijiste que me pusiera a estudiar?!- le reclama al rubio ojiazul que solo se ríe de esa manera "heroica" acostumbrada en él.

-Lo intenté toda la semana pero me decías que ensayar era más importante que esto- responde Alfred y el otro en cuestión de instantes se incorpora como si nada.

-Y claro que tenía razón, mi música es más importante, no me arrepiento de nada. Vamos, te debo una hamburguesa- le dice al rubio al que le comienzan a brillar los ojos de una manera casi sobrenatural.

Nos ponemos en marcha siguiendo a los chicos que van hablando de temas varios, entre ellos el examen en el que Yong Soo está muy poco, o casi nada, interesado, dice que se conforma con tener cualquier nota aprobatoria, para él lo más importante es seguir concentrado en la música y en sus canciones. Se desvían hacía un McDonald's en donde continúan con su plática, se ponen al corriente de sus respectivas vidas ya que al parecer el moreno falta muy a menudo en la escuela y son raras las ocasiones en las que se encuentra con Alfred.

Le comenta acerca de sus nuevas canciones y claro de su nuevo compañero de cuarto que es un aspirante a escritor y como ambos intentan sobrevivir en ese caos que hacen llamar departamento ya que ninguno de los dos ha nacido con ese gen hogareño con el que parecen nacer las madres las cuales mantienen todo limpio y ordenado… ellos solo viven como Dios les da a entender, con partituras y borradores de libros regados por todos lados.

Seguimos junto con ellos la plática mientras devoran su comida, o bueno, Alfred la devora. Salen juntos del restaurante de comida rápida, caminan juntos unas cuadras antes de despedirse esperando volver a verse pronto, claro, si las presentaciones callejeras de Yong Soo no se interponen entre las clases y los seminarios.

Yong Soo entonces va solo, decidiéndose a recoger hasta el día siguiente tanto guitarra como amplificador, la comida le ha provocado sueño y solo quiere irse a recostar un rato.

Cruza la esquina y en un parque que queda detrás del complejo de departamentos en el que vive ve a Mathias recostado en una de las bancas concentrado en sus pensamientos mirando al cielo citadino. El moreno se acerca y se agacha haciéndole sombra al ojiazul.

-¿Hoy no vas a cazar editores?- le pregunta a su nuevo compañero el cual frunce el ceño.

-Respóndeme algo ¿Acaso toda la gente de este lugar son ruines, crueles y unos completos hijos de perra?- le pregunta al pelinegro y este hace como que medita la respuesta.

-Pues podría decirte que en realidad el setenta por cierto de la población mundial son ruines, crueles y unos hijos de puta, por supuesto yo entro dentro del otro treinta por cierto- le contesta con una sonrisa Yong Soo haciendo gruñir a Mathias que se incorpora y se sienta como se debe en la banca.

-No puedo creer que exista gente así, ¡Esto es tan frustrante!- grita entonces el rubio con toda la potencia de su voz haciendo eco y espantando a unos pajaritos que picoteaban el suelo cerca de ahí pero emprendieron el vuelo tras el alarido.

-Oye relájate, vas a asustar a los niños- le pide el tranquilo moreno señalando a otro pelinegro de ojos verdes que pasa por ahí y el cual no es otro más que Nicolai que se ha quedado como una piedra después del tremendo grito.

-Perdón pero es que ¡Ese tipo me las va a pagar!- vuelve a gritar Mathias ahora subiéndose a la banquilla usando sus manos como bocinas para amplificar su voz. Nicolai solo acababa de dar dos pasos cuando de nuevo se queda de piedra.

-¿Todo bien?- pregunta el adolescente viendo a Mathias gritando como un loco trepado en una banca de parque amenazando a nadie en especial.

-No te preocupes Nico, solo cosas de pueblerinos- le consuela Yong Soo acercándose al ojiverde que no parece creer que se trate de eso.

-Claro que no, es cosa de mi orgullo herido y gente aprovechándose de otros. Escucha bien chico, nunca dejes que unos abusones altaneros y presumidos se salgan con la suya ¿Me entiendes?- dice Mathias bajándose de un salto de la banca y encaminándose hasta Nicolai pasándole un brazo por el hombro al muchachito que da un respingo sorprendido por el gesto amistoso.

-Si alguien algún día se burla de tus buenas intenciones entonces regresa con ese tipo y destrózale la cara… bueno, no literalmente, destrózale la moral y todo eso para que aprendan a no meterse con tus sueños- le aconseja Mathias comenzando a caminar todavía enganchado a Nicolai acompañado de Yong Soo.

-Ya aprenderá ese engreído a no volver a aprovecharse de mi ingenuidad… ¡Ese enano insoportable con cara de que no le han dado buen sexo en siglos!- vuelve a gritar Mathias como si con sus gritos estuviera desahogando toda esa ira contenida… no sé tú, pero a mí ya comienza a darme miedo.

Nicolai solo se hace a un lado pero es todavía medio abrazado por el rubio.

-Oye, no es algo que debas decir cerca de un niño- le dice Yong Soo dándole palmaditas en la espalda a Mathias mientas que los tres van subiendo las escaleras de caracol y ahí vamos siguiéndolos.

-No me trates como a un chiquillo- dice molesto Nicolai subiendo al mismo paso que los otros dos, escuchando toda la serie de amenazas terroríficas de Mathias hasta que llegan al pasillo que les corresponde.

Nicolai da un suspiro de resignación cuando ve la puerta del departamento de Bladimir y de un momento a otro se detiene.

-¿Vienes todos los días a ver a tu amigo?- pregunta Mathias deteniéndose junto con el ojiverde que parece ir preparándose para llamar a la puerta.

-No es mi amigo… es muy raro como para serlo- masculla el moreno un poco molesto por este último detalle pero el ojiazul a su lado prefiere reír.

-Ser un poco raro es bueno, yo creo que la gente más interesante es la más rara- dice el rubio con una gran sonrisa revolviéndole cariñosamente el cabello a Nicolai que solo atina a agachar su cabeza por el peso de esa gran mano.

El moreno se queda con la cabeza gacha un momento más, incluso después de que Mathias y Yong solo se despiden para entrar a su propio departamento. Luego de esto y sabiéndose solo, el jovencito se lleva una mano a su cabello despeinado y con la otra llama la puerta aun sin levantar su rostro.

Ha tocado dos veces pero nadie atiende aun, solo desde el otro lado se escucha una voz familiar.

-¡Está abierto, entra!- es Bladimir que parece gritar desde su habitación así que haciendo caso el moreno abre la puerta y entramos junto con él a la casa de apariencia promedio.

No vemos al muchacho en la sala así que debe estar en su fortaleza, alias habitación, haciendo alguna locura como es digno de nuestro anfitrión.

Hemos estado en lo correcto, ya no nos sorprende ver a Bladimir trepado en su librero usando cada estante como improvisado peldaño.

-No voy a preguntar qué diablos estás haciendo- comenta Nicolai con su expresión reprobatoria cuando ve al otro como una especie de mono araña intentando llegar a lo más alto de su mueble, llenándose su atuendo de raso negro, de polvo.

-Qué bueno, no creo que fueras a entenderlo de todos modos- contesta el chico de apariencia gótica alzando su pie hasta el siguiente estante intentando mantener un precario equilibrio.

-¿Siempre tienes que tratar como tontos a todo el que intenta hacer contacto contigo?- le pregunta el moreno viendo al chico estirándose para alcanzar una caja que está sobre el mueble.

-No, solo a la gente que se empeña en actuar como tonta para sentirse parte de algo- responde Bladimir con toda tranquilidad forzando a su cuerpo a estirarse un poco mas y justo cuando el ojiverde está a punto de recriminarle por esto, el pie del ojirrojo ha resbalado de la tabla que hace de estante.

-¡Cuidado!- Exclama Nicolai y actuando por instinto corre hasta Bladimir alzando sus manos sosteniendo a este por la cintura justo al mismo tiempo que el rubio logra agarrarse del mueble.

Ambos se quedan estáticos unos segundos sin moverse de sus posiciones, tras el momento de súbita tensión Nicolai suelta bruscamente al otro chico y retrocede varios pasos.

-Pe… perdón- dice ocultando sus manos tras su espalda. Una vez más Bladimir clava su inquietante mirada en el otro joven.

-¿Por qué te disculpas?- pregunta el chico paliducho tomando la caja y bajando con cuidado del librero. Nicolai da otro paso hacia atrás sin razón aparente. El moreno mira a todos lados sin atreverse a sostenerle la mirada a su interlocutor.

-Pues… porque no pareces del tipo de persona que le guste que lo toquen- explica el pelinegro y Bladimir sorprendentemente sonríe dejando ver la punta de sus largos colmillos sobresalir de sus labios.

-No entiendo porque crees eso, me gusta el contacto físico; no soy un misántropo como seguramente piensas- le dice a Nicolai apresurándose a ir a su cama para sacar lo que sea que hay dentro de la caja polvosa.

-Pero si hace poco me acabas de decir que odias a la gente- dice entre dientes y con el ceño fruncido el ojiverde aun desde su mismo lugar con las manos todavía tras su espalda como si intentara ocultar algo.

-Corrección: Odio a la gente aburrida- le corrige Bladimir levantando su dedo índice y comenzando a armar el telescopio que está guardado en la caja.

-Sabes Nicolai, a diferencia de lo que crees, no puedo aislarme por completo de la gente… por mucho que lo intente este mundo aburrido me acecha y las personas que viven en él también. Es como un enlace que no puedo cortar- explica Bladimir terminando de montar el instrumento para luego ponerlo cerca de la ventana fijando el lente en el punto deseado.

Nicolai se queda callado en la misma esquina de la habitación en la que ha estado parado desde que llegó, todavía con sus manos enlazadas tras su espalda mira a todos lados examinando por enésima vez la bizarra habitación de Bladimir.

-Nunca entiendo lo que quieres decir, hablas raro- dice en voz baja el moreno y el otro solo se encoge de hombros como suele hacer dando por zanjada la discusión pues a este poco le interesa que alguien más lo comprenda.

-Aunque me acaban de decir que la gente rara es interesante… ¿Será cierto… le gustarán las personas extrañas?- dice más para sí mismo Nicolai llevándose una mano a la cabeza justo en su cabello todavía enmarañado por la sacudida de Mathias.

Sin embargo el que reacciona al comentario es Bladimir que despega su ojo de la mirilla del telescopio y mira a Nicolai que está perdido en sus propios pensamientos; sin que el ojiverde lo note, el rubio se sonríe complacido pero no dice nada más y sigue mirando a la ventana seguramente buscando a esa misma gente con la que está conectada, con la que tiene un lazo tal vez demasiado fuerte como para ser cortado.

Podría ser así, que entre más intentamos aislarnos esta cadena se hace más fuerte, cada eslabón se vuelve más estrecho para impedirnos separarnos… ¿Qué tanto podrán cerrarse los eslabones de esta cadena de personas? Espero lo sigas averiguando junto conmigo, aún queda mucho por ver.