N/A: Antes de comenzar el capítulo robaré espacio ya que ha surgido la duda con respecto de quien es Nicolai (como nación) Nicolai es Bulgaria, perdonen mi error al no haberlo especificado antes dentro del fic. Ahora con esto aclarado siéntanse libres de leer y si tienen alguna otra pregunta de cualquier tipo no duden en hacérmelo saber. Gracias.

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6 GRADOS DE SEPARACIÓN

Cadenas y eslabones

Está anocheciendo y otra vez nos encontramos en estos continuos escenarios con los que ya nos hemos familiarizado. Estamos en el departamento editorial mirando por uno de los ventanales como el sol ya termina de ahogar sus últimos rayos detrás de algunos edificios. Es un verdadero espectáculo ver como en una secuencia casi programada, las varias lucecitas de la ciudad se van encendiendo apenas el sol desaparece, lentamente como focos de una gran marquesina y el flujo de las personas y los autos continúa pues la noche no es impedimento alguno para seguir con sus ajetreadas vidas. Nunca hay descanso, nunca hay una pausa para detenerse a ver una puesta de sol o el más insignificante detalle a su alrededor.

Tú como yo somos una de esas excepciones a la regla, nos hemos tomado el tiempo necesario para ver el cielo pintarse de un intenso anaranjado seguido de un rosa pastel que se ha tornado en violeta, azul y ahora poco a poco… negro. Nos dan ganas de suspirar por el romántico momento pero preferimos desviar la vista hasta donde está Feliks, el que sí está demasiado ocupado en cosas que a nuestro parecer son triviales, cosas como el trabajo absorbente en el que ha estado concentrado desde que comenzó la jornada laboral.

Vemos al ojiverde con su cabello rubio recogido lejos de su cara y solo sostenido por un bolígrafo que usa a modo de improvisada horquilla para que su cascada de hebras rubias no se venga abajo. Se desanudó la corbata color rosa chillante y desabotonó el primer botón de su camisa. Su taza de café descansa junto a la gran montaña de papeles corregidos pero en sus manos aún hay otro montoncito de hojas que lee en un silencio poco frecuente en él que siempre está soltando algún comentario aunque sea para sí mismo.

El rubio cierra sus ojos un momento y gira su cabeza seguramente porque sus hombros están muy tensos. Un par de personas se despiden pues ya es hora de volver a casa pero Feliks no, ahí se queda metido en su lectura y aunque mira la hora en el reloj no le da importancia.

-Arthur Arthur… ¿Cuándo vas a crecer?- pregunta mientras lee un último párrafo antes de aventar el bonche de hojas a su escritorio con desdén. Endereza su espalda y se estira como si fuese un gato soltando un gemido de satisfacción mientras lo hace.

Se levanta, escribe algo en una de sus notitas adheribles en forma de corazón y la pega justo en el centro del monitor de su computadora, toma su bolsa Gucci y se la cuelga al hombro mientras va revisando algunas cosas desde su teléfono celular y sin poner atención por dónde camina lo seguimos hasta el ascensor en donde entra sin percatarse de otra presencia en él… aunque nos parece increíble puesto que dicha presencia es demasiado amenazadora como para pasar desapercibida.

Mientras Feliks sigue con sus ojos puestos en su teléfono la otra persona parece estar esperando a que el rubio repare en él pero no es así, por tanto tiene que armarse de valor para hablar.

-Ho… hola- dice Iván con su voz infantil sobresaltando a Feliks que voltea a verlo desviando por fin sus ojos del aparato y parpadeando un par de veces antes de contestar.

-Hola- responde el ojiverde sin mucho entusiasmo retomando su vista al teléfono sin hacer ningún otro comentario.

Podemos ver en Iván un claro gesto de desilusión ante el sutil desaire del otro, por lo tanto se ha resignado a quedarse en ese silencio que es solo llenando por la música ambiental del elevador y el timbre que anuncia que han llegado a otro piso. Las puertas se abren y se cierran y estos dos siguen ahí sin hacer contacto alguno entre ellos, solamente parados el uno al lado del otro.

Antes de llegar a la planta baja Feliks guarda el teléfono en su costosa bolsa, espera a que las puertas se abran y vuelve sus ojos a Iván que va cabizbajo con la mitad del rostro escondido bajo la bufanda.

-Ósea como que vamos por esos shots vodka… no, creo que necesito la botella entera- se corrige Feliks saliendo del ascensor mientras que el ojivioleta mira a todos lados buscando a quien le habla el otro rubio.

-¿A quién buscas? Vamos antes de que se me acaben las ganas de socializar- le dice a Iván que solo atina a sentir con la cabeza y seguir a Feliks que por fin se saca la corbata y de paso el saco.

-¿Estás seguro de querer ir conmigo?- pregunta Iván que tuvo que hacer un tremendo esfuerzo para atreverse a caminar a un lado del rubio que se medio sonríe.

-Ivancito, no estoy seguro de más de la mitad de las cosas que hago con mi vida y hasta ahora me ha ido bien. Tomar unas copas contigo no me va a matar a menos que tú tengas esa intención ¿La tienes?- le pregunta al más alto que niega con su cabeza.

-Perfecto, porque estoy confiando en que me lleves a mí casa cuando salgamos del bar y yo este bañado en mis lágrimas y vomito. Eso lo digo en serio- agrega Feliks cuando ha visto como Iván ríe creyendo que es una broma y sinceramente tú y yo también esperamos que eso sea un chiste, no nos apetecer ver borrachos llorando en su inmundicia.

Seguimos a ese extraño dúo que se ve bastante peculiar por la notable diferencia de estaturas, además de uno con su andar amanerado y el otro que parece dispuesto a asesinar a todo el que se cruce frente a él.

Hemos caminado unas cuantas cuadras hasta detenernos en un local que no llama la atención, de hecho, pudimos haberlo pasado de largo si no es que Feliks se detiene y entra como si nada abriendo la pesada puerta. Dentro del local suenan baladas de rock y el murmullo de varias personas que disfrutan de una tranquila velada.

Nos colamos al discreto bar en compañía de Iván que parece no sentirse parte del lugar, mejor dicho no parece sentirse parte de ningún lugar en el que haya mucha gente. Por supuesto se vuelve imán de miradas que se desvían en el preciso instante en el que chocan con sus ojos violáceos, Feliks ni siquiera se percata de eso y camina esquivando las mesas hasta llegar al fondo del bar saludando con guiños coquetos al barman que atiende en la barra y le contesta con una sonrisa y un movimiento de su cabeza.

-Siéntete como en tu casa, este lugar es así como que súper tranquilo y muy bueno cuando quieres embriagarte y tirarle de mierdas al mundo, como yo hago casi todo el tiempo- comenta Feliks sonriéndose y esperando a que los atiendan.

-Gracias, no suelen invitarme mucho a beber- comenta Iván con su sonrisa escalofriante de siempre.

-Uy ¿Y eso cómo por qué? ¿Eres mal bebedor?- inquiere Feliks y vemos al ruso de nuevo subirse (creemos que ya de manera inconsciente) la bufada hasta su nariz.

-No soy bueno tratando con las personas… creo que les doy miedo- se sincera el mas alto.

-¿Miedo? Miedo es el que yo doy cuando me sale una espinilla o cuando mis autores no hacen bien su trabajo. Miedo es lo que Arthur Kirkland va a sentir cuando mañana vaya a su casa a reclamarle la porquería de capitulo que se atrevió a entregarme- amenaza Feliks haciendo reír a Iván por esos gestos afeminados que pretenden sonar amenazantes sin lograrlo… será que Iván no ha visto a Feliks con una espinilla naciéndole en la punta de la nariz.

Un mesero joven llega para atenderlos y Feliks no conoce de reparos a la hora de examinar de arriba abajo al camarero que toma su orden bajo la sumamente incomoda mirada del ojiverde. Han pedido una botella entera de vodka pues parece será una noche larga. O el ojiverde de verdad tiene muchas mierdas que espetarle al mundo.

Pues por nuestra parte no nos queda otro remedio más que acompañar a este dúo, tomemos asiento junto con ellos que ya comienzan a servirse la bebida en sus respectivos vasos. Iván parece un poco sorprendido al notar que Feliks bebe el vodka solo, sin acompañarlo de otra bebida que suavice el golpe quemante de los casi 70 grados de alcohol etílico.

Alzan sus manos y chocan los vasos en un brindis para darle por fin el trago al vodka, Iván lo hace tranquilamente, no hay prisa, parece saborear la bebida y calarla en su lengua, por su parte Feliks se lo bebe de un trago y termina por azotar el vaso en la mesa como si estuviera muy enojado.

-Mi vida es un asco- suelta el rubio al tiempo que se vuelve a servir aún más de la botella.

Eso fue rápido, pensamos que tardaría al menos cinco tragos más antes de comenzar con los lamentos, el hombre ni siquiera está cerca de estar mareado.

Estamos presenciando como con una rapidez impresionante la botella va vaciándose hasta la mitad y un poco menos; Feliks e Iván son muy buenos bebedores, al menos son muy resistentes, han estado tomando trago tras trago sin inmutarse y solo es Feliks el que se la ha pasado hablando mientras que Iván lo escucha atentamente con una sonrisa tranquila en sus labios (o eso creemos que es, a nuestro parecer es solo otra mueca homicida)

-Ósea te lo juro Iván, mi vida personal es un desastre, un completo desastre como que no sé qué tiene el mundo contra mí; tal vez me está diciendo a gritos que debería dejar de ser gay… o no sé, ser célibe hasta que me muera- se queja Feliks meneando su vaso al tiempo que habla mientras que el ojivioleta solo le da tragos pequeños.

-La relación más estable que tengo ahora mismo es con mi trabajo lo que ya es patético si lo piensas bien. Y luego está toda la gente de mi edad, esos que son de mi generación, casados, establecidos y adoptando niños chinos o procreando los suyos como si fueran conejos… y entonces me veo a mí mismo, acostándome con cualquier pedazo de carne que se me pone enfrente porque parece que pienso y siento con la entrepierna. Apenas veo a alguien una vocecita dentro de mí me dice: "Vamos Feliks, acuéstate con el tipo del culo deseable, tal vez este si te tome en serio y te llame a la mañana siguiente"- se queja el rubio alzando la voz sin querer, dándole otro trago largo al vodka antes de dejar el vaso sobre la mesa.

-No sé de donde saco la estúpida idea de que alguien se va a quedar en mi cama hasta el otro día, ósea ya sé que andar metiéndote con completos desconocidos no es la mejor manera de encontrarte una relación seria… pero como que no sé qué hacer, no sé cómo funciona esto de las relaciones formales. Soy como en esas películas de adolescentes en las que termino enganchado al hijo de puta en turno, solo que a mí no me pasa eso de que cambian y se vuelven fieles y buenos… conmigo siguen siendo unos imbéciles y termino llorando como Magdalena, así súper patético mi caso- sigue diciendo Feliks recargando su mejilla en la palma de su mano.

-Lo peor es que no tengo la más mínima idea de porque es a mí a quien me pasa eso… como que quiero decir, soy exitoso en mi trabajo, solo mírame, tengo al mejor escritor bajo mi mando además de que no soy nada feo y si te atreves a decirme que lo soy te parto la cara. Pero cuando llega alguien, cuando creo que tengo la oportunidad de que alguien me quiera termino siendo pisoteado o peor que una puta, porque a mí ni me pagan por el sexo- Sigue diciendo Feliks sirviéndose más vodka directo de la botella volteando a ver a Iván que no ha dicho palabra en toda la velada.

-¿Te puedo decir algo?- pregunta el ruso hablando por fin.

-Claro, dime- responde el otro rubio dándole sendos tragos a su vaso.

-Por lo que me cuentas, más que buscar una pareja parece que en realidad estás buscando compensar tu baja autoestima en base al hombre con el que sales. Estás midiendo tu valor como persona usando como estándar al hombre en turno. Sales con hombres atractivos, hombres que la gente podría admirar cuando vas por la calle porque eso te hace pensar que eres digno de ellos, que estás a su nivel. No digas tonterías como que quieres establecerte y buscar una relación formal, solo quieres llenar tus huecos emocionales los que se hacen más grandes cada vez que en tu desesperado intento de que se queden contigo, vas y te acuestas con ellos a la primera noche y ellos te desechan volviendo así al principio de tu propio circulo vicioso de baja autoestima- explica Iván sonriente, con su voz infantil como si él mismo no estuviera consciente de todo lo que acaba de decir. Sigue ahí con su mueca feliz mientras que Feliks se endereza y lo mira con la boca abierta.

-Ósea… eso que acabas de decir es muy cruel y apenas me conoces- dice Feliks en voz seria y es hasta entonces que Iván se ha percatado de sus propias palabras ya que parece estar haciéndose cada vez más pequeño en su lugar pero antes de volver a usar ese dispositivo de auto defensa que es su bufanda sobre su rostro, Feliks le da un tremendo manotazo en la espalda y echa a reír de esa manera afeminada.

-¡Eso me gusta!- exclama el ojiverde dándole otra serie de palmadas a Iván en su espalda. –Eso necesito ahora mismo, como que necesito que alguien me dé una bofetada de realidad, directo a mi moral porque como que mis amigos siempre me dicen esa estupidez de "es solo que no has encontrado al indicado" ¡Pues al indicado me lo paso por las bolas!- grita entonces Feliks alzándose sobre su silla alarmando al resto de las personas todavía presentes.

Iván esta vez se alza la bufanda pero por la vergüenza ya que el otro no ha medido el volumen de su voz.

Feliks vuelve a reír y ahora sospechamos que tal vez tanto alcohol ya se le subió a la cabeza ya que un rubor extraño se posa en sus mejillas al tiempo que se tambalea ligeramente para volver a sentarse en su silla apoyando los codos en la mesa y su rostro en las palmas de sus manos

-El indicado… ¿Por qué crees que la gente lo dice con tanta facilidad? Ósea… quiero decir, todos los que te dicen eso parece que ya han encontrado al suyo y no saben lo difícil que es dar con alguien que te haga sentir bien contigo mismo.- comienza a decir Felisk volteando a ver a Iván que está ligeramente encorvado sobre su lugar, seguramente todavía apenado por lo que le había dicho hace un momento al ojiverde.

-Yo quiero… quiero una persona con quien me sienta bien pero no estoy seguro de cuando esto se volvió una obsesión ¿Por qué el tener pareja se ha convertido en un requisito para ser feliz? Quiero que me digan en que preciso momento de mi vida empecé convencerme de que solo valgo algo cuando alguien me está follando ¡Díganmelo!- vuelve a gritar Feliks a todo pulmón y ahora la cara de Iván es toda de un color escarlata seguramente por el comentario anterior.

-No creo que llegue alguien de la nada a decírtelo, y dame eso, ya estás mal- le pide Iván haciendo que se vuelva a sentar y arrebatándole la botella de vodka que está a pocos tragos de terminarse.

Feliks se mueve de un lado a otro y casi nos dan ganas de ir a sostenerlo antes de que se vaya a caer de lado de la silla, sin embargo logra mantenerse sentado y fijar su mirada en Iván que deja lejos de su alcance la botella de vodka, el ojivioleta no parece afectado en absoluto por el alcohol.

-¿Y tú qué me dices Iván? no creo que lleves una existencia tan penosa como la mía así que cuéntame cómo te trata el amor- le pregunta Feliks arrastrando la voz y el otro parece incomodo cuando se toca este tópico así que se remueve varias veces en su asiento mientras toma su vaso de vodka y parece poner toda su atención en él pues clava su mirada en este tardando un poco en contestar.

-No hay nadie en especial, no soy bueno congeniando con la gente y a la gente no le gusta congeniar conmigo así que… estoy bien solo- dice aunque su tono se escucha todo, menos convincente y a pesar de estar medio borracho Feliks puede darse cuenta de ello, lo podemos saber gracias a la manera en como sonríe y mira a ningún lado en especial.

-Es curioso que digas "solo" cuando habemos millones de personas en este mundo… todas enlazadas de alguna manera- comenta el ojiverde ahora posando sus afilados ojos en los violetas. -La verdadera cuestión radica en cuál de todos esos enlaces es lo suficientemente valiente como para quedarse contigo hasta la mañana siguiente. He ahí el reto- comenta el rubio levantando su vaso vacío e Iván hace lo mismo con el suyo medio lleno, chocan ambos y los dos se sonríen en una extraña especie de complicidad.

La noche todavía es joven sin embargo estos dos no pueden darse el lujo de quedarse hasta tarde emborrachándose y lamentando las peripecias de su vida, así que tras darle el trago final a la botella piden la cuenta y enfilan a la salida del bar camino a sus respectivas casas.

La calle a estas horas ya está casi desierta sin embargo aún se ve uno que otro transeúnte andando por aquí y por allá. Feliks va en un avanzar torpe unos pasos más adelante de Iván, tambaleándose peligrosamente de un lado a otro y cantando a todo pulmón alentado por las alarmantes cantidades de alcohol en su sangre.

-I´ve been lonely when Im with you, but now Im lonely all the same!- va cantando (o gritando) Feliks alzando su puño como si este fuera un micrófono. Iván por su parte va a unos seguros cinco pasos tras de él evitando que crean que va acompañándolo.

-If you need to find yourself in the arms of someone else!... I wish you on your way… but my love…- el rubio hace una dramática pausa en la que se detiene y alza sus brazos con todo y bolsa Gucci. –I´VE NEVER BEEN TO GOOD TO CHANGE!-

Grita con la voz terriblemente desentonada que incluso nos lastima los oídos a los desafortunados que tenemos la pena de escucharlo. Una vez más el ojiverde se detiene y torpemente señala la calle de enfrente.

-Yo me voy por allá- dice con su lengua patosa e Iván no está muy seguro de si es correcto dejarlo ir solo.

-Feliks- le llama el ruso antes de que este siga con su camino, el otro se voltea dando una media vuelta extraña. El ojivioleta lo mira por unos segundos y creemos que fracasará en hablar pero no lo hace, aprieta sus puños enguantados y redirige su mirada al ojiverde.

-¿Tú… tú no me tienes miedo?- le pregunta al otro que parece estar apenas captando la pregunta, y de un momento a otro el rubio amanerado se sonríe de una manera extraña, tal vez un poco altiva y presumida como es su costumbre.

-No eres alguien tan impresionante como para darme miedo, solo eres otro hombre en esta gran ciudad- contesta Feliks y de pronto suena extrañamente sobrio, pero esto cambia radicalmente cuando ondea su mano en un gesto de despedida y vuelve a retomar su camino cruzando la calle como si fuera a irse de bruces en cualquier momento.

Seguimos al rubio y agradecemos internamente que aun recuerde la dirección de su propia casa, así que entramos junto con él que solo atina a dejar un caminito de ropa y cosas hasta su cama en donde se desploma cayendo profundamente dormido. Supongo que no nos queda otra opción más que pasar la noche aquí en compañía de un editor exitoso pero con demasiados conflictos internos como para hacerse llamar feliz.

Mientras Morfeo hace acto de presencia pensamos en la ironía de las cosas… como es que al estar en completa plenitud en un aspecto de tu vida, el otro parece estar desmoronándose o sencillamente es un caos que no sabes ni siquiera como empezar a organizar… vivir es tal vez una tarea demasiado difícil para simples mortales como tú y yo… ah, claro, y Feliks.

La mañana no se hace esperar y nos da la impresión de que ha llegado a una velocidad anormal pues hasta hace unos minutos estábamos en un profundo sueño. Feliks ya está corriendo por toda su casa maldiciendo e intentando arreglar su cabello, con una pinza caliente intenta alisarlo haciendo malabares con el cable que la pinza arrastra, y la taza de café en la otra mano.

Es todo un espectáculo ver su rutina matutina, entre la elección del guardarropa, la bolsa y claro el desayuno que consiste en una enorme taza de café sin azúcar. Finalmente sale corriendo al trabajo… aunque cuando está a punto de tomar un taxi suelta otro insulto entre dientes y corre a la dirección contraria así que ahora vamos a un ritmo tan ajetreado como el de él que casi corre a saltar frente al taxi al cual le da la dirección, una que ya nos es conocida.

El camino no ha sido otra cosa más que escuchar todo el amplio glosario de groserías en polaco del editor, y algunas otras que ni siquiera sabíamos que existen, ventajas tal vez de trabajar con escritores, te amplían el léxico. Finalmente cuando por fin llegamos a la que hemos adivinado, es la casa de Arthur, Feliks se arregla el cabello un poco antes de sacar una copia de la llave del hogar del autor, ni siquiera se molesta en llamar a la puerta cuando ya está entrando.

-¡Cariño, ya estoy en casa!- dice en tono de broma mientras sonríe y justo en el escritorio alcanzamos a ver a un Arthur que suelta un sonido gutural y parece muy disgustado con la presencia de Feliks que a diferencia de segundos antes, ahora sonríe resplandeciente, pero solo le dura unos instantes.

-Oh… en serio Arthur, ósea como que ¿Qué tan hipster se tiene que ser como para que todavía uses una máquina de escribir? Te notifico que hay un increíble invento llamado computadora, con el que también harías mi trabajo más fácil- le recrimina Feliks acercándose al escritorio en donde Arthur intenta ignorarlo mientras teclea ruidosamente en su reliquia… ah… quiero decir, máquina de escribir.

-Las computadoras solo han logrado que se rompa ese íntimo contacto de papel y tinta, no es lo mismo escribir en ellas- contesta Arthur dándose aires de intelectual y Feliks solo gira los ojos.

-Me encanta que digas frases bonitas para encubrir el hecho de que no sabes usar la tecnología, te ves casi tierno. Ahora deja ese insulto de capitulo que seguramente estás escribiendo y ponme atención- le ordena Feliks haciendo que Arthur respire profundo antes de azotar sus manos contra la mesa y mire al otro rubio que tiene esos ojos de gata enfurecida, por lo tanto el escritor hace lo propio sosteniéndole la mirada como si se tratase de una pelea de orgullos.

-Explícame Arthur Kirkland aclamado escritor con un envidiable número de premios en su carrera, reconocimientos y una larga lista de Best Sellers… ¡¿Por qué diablos estás haciendo trabajos que un mocoso de preparatoria podría hacer hasta mejor que esto?!- le grita Feliks sacando de su ostentosa bolsa un bonche de papeles que van a dar contra el escritorio del otro ojiverde desparramándose dejando ver ahora un gran mar de hojas blancas rebosantes de anotaciones rosas.

-Para todo tienes que armar un drama. Deja tus exageraciones no estás en el set de una telenovela- le critica Arthur que no se ha inmutado en absoluto a pesar del regaño y el insulto.

-No son exageraciones ¿Qué te pasa Arthur? ¿Se te acabaron las ideas y ahora vienes a reciclarme historias a las que nada más le cambias el nombre de los personajes? Esto es predecible desde las primeras líneas, este argumento lo has reutilizado hasta el cansancio. Si tienes un bloqueo de escritor pues te das de topes contra la pared hasta que te abras el cráneo pero no te atrevas a entregar algo como esto- le espeta Feliks realmente enojado a lo que Arthur sencillamente bosteza y se restriega los ojos que están adornados con un par de bonitas ojeras.

-Pues que yo recuerde son esos mismos argumentos "reciclados" los que a tu casa editorial les han hecho ganar mucho dinero; no entiendo porque ahora vienes a quejarte- dice con total aburrimiento el británico volviendo a poner sus dedos sobre las teclas de la máquina de escribir, acariciando cada letra marcada en ellas.

-Oh Artie, no me vengas con esas respuestas tan mediocres, metete en tu cabecita que tu público no es igual de conformista que tú. Sí, cuando comenzaste estas historias, que para nada son de mi agrado, tenían éxito y ósea no es porque todo el mundo sea un amargado con una nefasta visión de la vida… sino porque eran honestas ¡Eran brutalmente honestas en todos los sentidos! Pero ahora vienes y me entregas una copia de esos éxitos, tus personajes siguen siendo los mismos, tus argumentos no han evolucionado en lo absoluto y solo sigues hundiendo tus escenarios en un pesimismo que raya en lo ridículo. ¡Madura Arthur!- le vuelve a retar Feliks mirando otra vez de esa manera tan desdeñosa el manuscrito mecanografiado que ahora yace revuelto en la mesa del escritor que no parece tomar del todo bien esas críticas… y es que ¿Quién sería capaz de tomar bien a Feliks gritándote de esa manera? Por un momento nos sentimos mal por Arthur.

-¿Evolucionar, madurar? Más bien me estás insinuando que cambie todo mi estilo solo para satisfacer lo que las masas quieren, quieres historias huecas llenas de sentimentalismos baratos y frases cursis, con personajes tan huecos como toda la gente que vive allá afuera- debate Arthur enlazando sus dedos frente a su rostro y hablando en un tono que denota un claro desprecio en cada una de sus palabras; por un momento el mismo Arthur nos provoca miedo.

En lugar de ofenderse como podría esperarse, Feliks comienza a dibujar una extraña sonrisa en sus labios a la vez que enarca sus delgadas cejas rubias.

-Ya entiendo. Como que no es una cuestión de crecer como escritor, olvidaba el ¡Grandísimo! detalle de que tus novelas no son otra cosa más que un reflejo de tu persona…- comienza a decir el editor arrastrando las palabras apoyándose sobre el imponente escritorio para quedar más cerca del ojiverde.

-Arthur, estás estancado en tu propio mundo deprimente, triste e inamovible y ahora también mediocre pues ya ni siquiera te esfuerzas para la gente que te lee, solo les entregas pedazos de tu absurda realidad- le dice el editor y podemos asegurar que esto ya no es un crítica constructiva, esto se ha tornado en un ataque personal. Arthur lo nota así que su gesto se vuelve más hostil todavía.

Esto es tan incómodo que sentimos unas ganas tremendas de salir huyendo de toda esta aplastante tensión.

-Mantengo en pie mi opinión sobre ti Artie, eres solo un amargado que sabe escribir; no te vendría mal ver un terapeuta o al menos intentar poner en orden tus patologías- le recomienda Feliks enderezándose a lo que el otro rubio suelta una risa seca y forzada.

-No quiero recibir consejos precisamente de ti. Dime ¿Con cuántos te has acostado este mes?- remata Arthur con una sonrisa sardónica que por supuesto Feliks corresponde de manera natural. Cualquiera que los viera sin conocer el contexto tras estas muecas sonrientes podría pensar que solo son dos amigos hablando de cosas agradables, y no dos tipos que en realidad se están tirando pedradas.

-Con los suficientes como para saber que todavía no estoy tan mal como tú, bombón. Ahora, ya que tienes el suficiente ingenio como para responderme, te dejo como tarea que repitas todo lo que me has mandado y no te estoy pidiendo que lo corrijas ¡Repítelo! Hablare con el jefe para que nos dé una prorroga- ordena finalmente Feliks acomodándose su bolsa para salir.

-Sigue esforzándote Artie, te quiero- se despide dando besos cortos al aire pero que van dirigidos al otro ojiverde.

Escuchamos como se cierra la puerta y nos quedamos con la solitaria compañía de Arthur que espera unos segundos con los dedos enlazados frente a su rostro y los ojos cerrados. Solo hasta pasados un par de minutos se apresura a levantarse de su silla y recolecta todos los papeles regados en su escritorio poniéndolos en orden y pasando a una velocidad inconcebible sus ojos por los renglones y las notas en rosa.

-¡¿Pero de qué diablos habla ese idiota?! ¿Por qué tengo que repetir todo? ¿Qué carajos hice mal para que venga a decirme todas esas tonterías?- se pregunta entre dientes repasando cada hoja y frunciendo un poco más su ceño al ver como el número de notas y señalaciones van en aumento a medida que sigue leyendo.

Ahora caemos en la cuenta de que a Arthur después de todo sigue importándole lo que la gente piensa… o por lo menos lo que su editor piensa, cosa que nos consuela un poco pues de no ser así ya no sabríamos que juicio hacernos de ese hombre que ha termino por dejar las hojas en el escritorio, recargarse en su sillón de piel y soltar un larguísimo y lastimero suspiro.

-¿Por qué todos me dicen lo mismo? Hasta ese tipo del otro día…- dice el británico y todavía mal sentado levanta su mano mirándola fijamente por lo tanto nos damos el permiso de ir a escudriñar eso que mira con tanta atención y no es otra cosa más que todas las direcciones electrónicas que Alfred había escrito en ella unos días antes. Queremos pensar que ese marcador era tan bueno que Arthur no se lo pudo lavar de la palma de su mano pues se ve ligeramente despintado pero aun legible.

Muy bien, tal vez Arthur ya vio por mucho tiempo su mano, podría ser que esté considerando realmente contactar a ese muchacho que es un pedazo de sol parlanchín… Aunque desechamos la idea porque se trata de Arthur Kirkland, la persona más antisocial que hemos conocido hasta ahora (bueno, tal vez solo superado por Lukas) por lo tanto es imposible que se ponga en contacto con otra forma de vida por voluntad propia… ¿Cierto?...

El mundo recién nos restriega nuestra ingenuidad en la cara puesto que vemos como Arthur saca de su bolsillo su teléfono celular, ese que seguramente Feliks le obligó a conseguirse ya que se mostraba tan renuente a una computadora, y esto es como ver a nuestros abuelos con tecnología en las manos.

Arthur parece temerle a su propio teléfono ya que con un tembloroso dedo índice presiona iconos en la pantalla táctil, lo que es una increíble habilidad para teclear sobre el teclado de una máquina de escribir, ahora se ve reducido a su dedo picoteando las pequeñas teclas digitales que torpemente van formando una oración que pasados unos minutos se han convertido en un larguísimo párrafo solo para una invitación.

-Creo que así está bien- murmura releyendo las casi seis líneas que redactan una cordial invitación por un café que comienzan con un "Estimado Alfred" y terminan con un "Esperando tengas una satisfactoria mañana, Arthur K."

Tragando saliva envía la misiva y justo cuando suelta el aire que había estado sosteniendo seguramente por los nervios, su aparato comienza a vibrar tomándolo desprevenido, sobresaltándolo y haciendo que casi tire el teléfono pero logra atraparlo a tiempo abriendo el correo que acaba de recibir y que no es de otro más que Alfred.

-Eso fue muy rápido- comenta Arthur tomando en cuenta que él tardó milenios en escribir.

Una cara de reprobación se posa en Arthur cuando ve el único renglón escrito el cual tiene más emoticones que palabras además de que las pocas escritas tienen unas faltas de ortografía que Alfred debería ser demandado por ello, aunque Arthur seguramente cotiza la idea de que el chico sufre de dislexia por eso de estar usando las K en lugar de las Q y comerse algunas letras junto con los signos de puntuación.

Aun con ello el ojiazul con su extraño lenguaje ha dado entender que le encantaría ir por un café con Arthur (o eso suponemos al ver todas las caritas felices que ha mandado).

-No puedo creer que de verdad esté haciendo esto- dice Arthur suspirando como si se estuviera arrepintiendo a último momento. Aun así lo vemos levantarse de su escritorio con el bonche de hojas corregidas y mientras se dirige a su cocina tira estas en el bote de basura a un lado de la mesa, llegando a la cocina enciende un cigarrillo que fuma con suma tranquilidad perdiéndose en sus propios pensamientos.

Nos quedamos en casa del británico hasta que el reloj marca las 12 en punto, es hasta entonces que el rubio toma sus lentes obscuros, su cajetilla de cigarros y claro sus llaves para salir de casa. Vamos tras él con paso tranquilo pero este no ha hecho más que fruncir el ceño seguramente por los montones de gente que hay en la calle. Lo acompañamos por su incomodo camino hasta el subterráneo en donde abordamos el metro notando como el ojiverde parece cada vez más ansioso por cada estación que pasamos hasta que finalmente llegamos.

No nos encontramos muy lejos de la universidad a la que asiste Alfred… y hablando del diablo, justo está en la entrada principal rodeado de chicos y chicas que hablan animosamente con él, quien se muestra tan sonriente y amable como siempre. Arthur se detiene en seco al ver al muchacho y de manera automática se da la media vuelta caminando en dirección contraria.

-Mala idea, mala idea, mala idea- va repitiendo mientras se aleja con pasos cortos pero rápidos.

-¡Arthur!- y entonces la estridente voz de Alfred lo llama y sin más remedio el ojiverde se detiene maldiciendo para sus adentros.

-Buenas tardes Alfred- dice aclarándose la garganta tratando de sonar natural sin muy buenos resultados.

-Hola- saluda a su vez el ojiazul con su sonrisa grande que logra iluminar todo su rostro y de alguna manera, intimida ligeramente a Arthur.

-No creí que de verdad me contactarías, cuando me llegó tu mensaje pensé que era de alguno de mis profesores ¿Siempre mandas ese tipo de mensajes?- le pregunta el muchacho a Arthur que se cruza de brazos.

-Claro que sí, yo aún conozco de educación y buenas maneras, además yo debería ser el que te esté haciendo esa pregunta ¿Cómo te atreves a cursar la universidad con esa forma tan penosa de escribir?- le cuestiona esta vez Arthur al joven que echa a reír como si lo anterior hubiera sido una broma.

-Relájate, es para ahorrar tiempo al escribir y soy matemático, escribir bien no es requisito- se excusa Alfred pero antes de que el británico reproche por la respuesta, el muchacho cambia abruptamente el tema.

-¿Y para que me llamaste? ¿Quieres seguir peleando?- pregunta comenzando a caminar despidiéndose del resto de sus amigos que siguen la puerta ondeando sus manos también despidiéndose.

-No peleábamos, debatíamos. Y pues si, para algo parecido concerté nuestra cita comenta Arthur caminando a un lado del joven el cual vuelve a reír sin ningún recato.

-"Concertar nuestra cita" no hables así o de verdad voy a empezar a creer que estoy con uno de mis maestros- dice Alfred negando con su cabeza y luego retomando su mirada a Arthur que suelta un bufido ya que seguramente no tiene idea de cómo hablar normalmente con un muchacho que parece ser socialmente funcional y no uno de todos esos inadaptados con los que se rodea (nótese Lukas, Feliks y ocasionalmente Yao). Por lo tanto carraspea otra vez para un segundo intento.

-Hoy hablé con mi editor y casualmente me dijo algo muy parecido a la critica que tú me diste hace unos días sobre mis libros- comienza a decir Arthur pero antes de proseguir Alfred lo interrumpe.

-¿Te dijo que tus libros son aburridos y deprimentes?- le pregunta el chico que saca de su mochila una bolsa de papas fritas que hace un molesto ruido a la hora en que la abre, le ofrece a Arthur el cual las rechaza cordialmente con un gesto de su mano, el de lentes entonces se dispone a devorar cada fritura sin piedad.

-Pues… digamos que fue un poco más rudo que eso; así que me hizo preguntarme ¿Qué espera leer la gente promedio? No te ofendas por cómo me refiero a las masas, es solo que…- pero cuando Arthur voltea para encarar a Alfred, notamos que este se ha quedado varios pasos detrás justo en el quiosco de los periódicos y revistas.

-¡Arthur, es el nuevo número de Batman!- grita entusiasmado Alfred alzando dicho comic como si este fuera una especie de Santo Grial. El ojiverde tiene cara de incredulidad, probablemente se está preguntando porque le pidió a Alfred que se vieran.

-No entiendo porque tanta emoción- masculla en voz baja el escritor viendo al muchacho hojear la historieta con avidez soltando grititos agudos al ver alguna viñeta en específico.

-Por esto, admira a Bruce Wayne, o como me gusta llamarlo a mí: Admira a la perfección hecha hombre- dice el joven abriendo de par en par las hojas del comic y acercándolas tanto como puede a la cara del británico que retrocede un poco antes de que el otro le pegue las hojas en los ojos.

-Y yo que pensaba que solo los niños leían esas cosas- critica el ojiverde y es como si acabara de apuñalar directo en el corazón a Alfred el cual incluso da un grito ahogado al tiempo que se lleva las manos al pecho y pone cara de estar sintiendo un profundo dolor.

-No vuelvas a decir eso en mi presencia. Arthur Kirkland, estamos hablando de Batman, no es cualquier cosa ¿Sabes todo el obscuro trasfondo que tiene este comic, el perfil psicológico de cada personaje? Son tan profundos como el océano Pacifico. Esto no es solo papel, es arte en su forma más pura- explica el apasionado Alfred abrazándose fervientemente a su historieta.

-Solo de escucharte mi fe en toda la humanidad termina de extinguirse- le critica Arthur dejando ver sus verdaderos colores, el agrio escritor de humor ácido.

Sin embargo, podríamos decir que Alfred es como su antítesis. El muchacho en lugar de ofenderse o de contestarle con un comentario salido de una lengua tan afilada como la del mismo autor, opta por dibujar una gran y sincera sonrisa en sus labios que hacen que sus ojos adopten una apariencia tornasol por unos instantes.

-Ese es tu problema, no te das permiso de conocer algo más, de ver más allá de lo que crees. ¿No es solitario... vivir en un mundo en el que solo estás tú?- pregunta Alfred con el comic en una mano y las frituras en otra, deteniéndose y Arthur junto con él quedándose ligeramente descolocado por esta pregunta mirando fijamente al muchacho que tiene una mirada dulce e indulgente en sus ojos no solo jóvenes, sino que también se ven tremendamente inocentes.

Tal vez no solo tú y yo, o el resto de las personas que rodean a Alfred, nos vemos contagiados por ese carisma, por esa aura sobrecogedora que nos hace respirar con tranquilidad en su presencia… podría ser que incluso el intransigente Arthur podría ser débil a esto.

Arthur abre la boca y es ahora él quien pinta una sonrisa, no irónica o de tintes sardónicos… es una sonrisa con una sombra de tristeza.

-Toda la vida he buscado estar solo, ese es mi refugio. Creo que tú no podrías entenderlo, me atrevo a decir que eres un chico muy popular, tienes amigos y siempre hay gente tras de ti. Yo no soy bueno con las personas, nunca me han gustado y yo nunca he logrado encajar… no encajo en ningún otro lugar que no sea mi propio mundo de libros y letras y es por ello que no sé escribir de otra cosa, porque no conozco otra cosa- dice Arthur posando su mano en la vitrina de una librería a la que hemos llegado después de un rato de caminata.

Justamente ahí se exponen los libros en venta del escritor que mira de una manera ausente sus propias obras encuadernadas en bonitas pastas de color esmeralda.

-Tienes razón, yo no entiendo nada de eso- dice muy fresco Alfred recargándose en la pared a un lado del aparador todavía comiendo tranquilamente sus papas fritas chupándose las puntas de los dedos al terminar de comer cada botana.

-A mí me gustan las historias de héroes- dice como si fuera un chiquillo. Arthur suelta un suspiro como si estuviera decepcionado del otro.

-Desde niño me ha fascinado la idea de que hay un superhéroe que vendrá a salvarme de cualquier aprieto. Lo mismo puede aplicarse para tus personajes ¿No? Ellos encerrados en un mundo triste y solitario que son salvados por un héroe que les muestra el mundo del que se han escondido por tanto tiempo. Es motivador y sinceramente a las personas nos gusta pensar que hay salvación- explica Alfred sonriente a pesar de que la última frase pareció haber sido dicha en un tono diferente, extraño.

-Oh, ¿Y ese héroe va a tener súper poderes, una capa ondeante y una máscara además de un perfil psicológico tan profundo como el océano Pacifico?- se burla Arthur alzando una ceja y con una media sonrisa burlona que no parece tener ningún efecto en Alfred que se ríe con más sinceridad.

-No, un héroe que tenga tu cara o la mía o la de cualquier otra persona- el rubio se encoje de hombros mientras alza la bolsa de papas para vaciar lo último que queda en su lengua, solo caen en ella unas cuantas migajas.

-Si algo me han enseñado los comics es que un héroe puede estar escondido en cualquier persona- dice orgulloso a lo que Arthur niega repetidas veces con su cabeza. Probablemente no puede conciliar esa idea tan romántica que tiene Alfred acerca del mundo y las personas.

-Pues vaya que has sido bien influenciado por los comics… aunque no te juzgo, todos tenemos nuestras manías- comenta Arthur retomando el camino dejando atrás Alfred que corre tras él para alcanzarlo en menos de dos pasos, que más bien son zancadas.

-Exacto, tú tienes los libros, yo tengo los comics- dice alegre Alfred ahora escondiendo sus manos en las bolsas de su chaqueta de cuero marrón.

-De ser así te haré la misma pregunta que tú me hiciste a mi ¿No es solitario vivir en un mundo en el que solo estás tú?- pregunta Arthur y esto es más bien otro de sus comentarios teñidos de humor negro, esta vez Alfred ríe pero un poco más desganado y alza su rostro con el pretexto de ver al cielo aunque en realidad tenemos la sensación de que está evadiendo la mirada de Arthur.

-No… todo lo contrario, yo no lo hago para estar solo sino para evadir la soledad. Detesto eso, nunca he sido bueno lidiando con ella- contesta Alfred y por unos segundos creemos que ha sido alguien completamente diferente quien ha contestado a la pregunta. El humor chispeante se desvanece junto con sus palabras.

Arthur como tú y yo lo mira detenidamente buscando sus ojos azules que miran hacia arriba y se ocultan tras el brillo de los cristales de los lentes, como si su mirada fuera a revelarnos la verdadera naturaleza de las frases antes dichas. Pero Alfred vuelve a ver al camino, con su sonrisa aniñada y su risa estridente que se contagia y que involuntariamente nos hace sonreír también.

A diferencia de ti y de mí, Arthur no parece estar satisfecho con ello y sigue escudriñando al rubio con la mirada mientras continúan caminando y vamos tras ellos.

A Alfred parece no acabársele los temas de conversación, o mejor dicho está tan metido en el tema de los héroes que ha terminado por soltarnos una cátedra acerca de todos y cada uno de ellos, a lo que a su vez Arthur discute y busca argumentos de donde sea para contradecir las ideas utópicas del muchacho que ríe cada vez que escucha una respuesta contraria a lo que él piensa. Arthur debate, Alfred se divierte contradiciéndolo.

Es así como hemos seguido su argumento desde hace ya un par de horas apenas deteniéndonos para que el ojiazul compre algo de comer, lo que ya han sido muchas veces y nos hace preguntarnos a dónde diablos se va toda esa comida pues el chico, gordo, no está.

Caminando por la acera Arthur ya no sabe si de verdad siguen discutiendo o eso ya es solo una charla, de esas que la gente normal suele tener cuando se busca socializar, sin embargo se interrumpe a si mismo cuando identifica la calle por la que van transitando, mira a todos lados en la banqueta de enfrente, doblando la esquina, ve una melena rubia platinada.

-Vamos por otra dirección, estamos cerca de la editorial y ahora mismo no tengo nada de ganas de verle otra vez la cara a mi editor- dice Arthur tomando del brazo a Alfred para que se diera la vuelta antes de que Lukas, que merodeaba cerca de ahí lo fuera a ver, ya que si el muchacho estaba por cerca era porque seguramente Feliks lo había mandado a llamar para que fuera a presionar al británico y se pusiera a trabajar.

Arthur le dedicó una última mirada a Lukas que por instinto, en la acera contraria a unos considerables metros lejos de él, volteó como si estuviera buscando a la persona que lo observaba, al no encontrar a nadie siguió con su camino con ese semblante desinteresado y gélido.

Por alguna extraña razón hemos terminado cruzándonos la calle y ahora acechamos al ojiazul porque esa cara de fastidio que se carga nos pareció interesante, si pudiéramos, ya lo estaríamos molestando un poco más solo por el mero placer de verlo haciendo otra expresión que no fuera su cara de estatua.

Sin embargo nos resistimos y sencillamente caminamos a su paso hasta que efectivamente unos pasos más adelante llegamos a la mencionada casa editorial en donde Lukas se detiene un momento para dar un larguísimo resoplido que es más como un bufido de irritación. Pronto recobra la compostura y se decide a entrar pero antes de hacerlo se percata de un susodicho que parece estar custodiando la entrada como si fuera una gárgola viviente… ese ser no es otro más que Mathias que con un paquete en sus brazos parece esperar por alguien.

-Otra vez tú- llama Lukas y el otro reconoce su voz en el instante pues justo cunando voltea a verlo su cara se pone ceñuda y desvía el rostro.

-Esta vez no tengo ningún asunto contigo y no me puedes correr porque ni siquiera estoy dentro del edificio- responde molesto Mathias y es ahora Lukas el sorprendido por ese repentino cambio de actitud hacía él.

Según recordamos Mathias es todo amigable y feliz… pero ahora parece irritado ante la sola presencia de Lukas que pretende no darle importancia y entrar sin embargo antes de hacerlo se da cuenta de lo maltratado que está el paquete que el más alto lleva en brazos además de que este tiene mejillas y nariz enrojecidas por el sol.

-¿Cuánto tiempo llevas esperando aquí?- le pregunta solo por mera curiosidad y el otro sin dignarse a mirarlo contesta con molestia en la voz.

-Un rato- responde aunque cualquiera pudo haber dicho que ese "rato" en realidad eran horas enteras, una jornada que se había repetido desde hace varios días.

Como si se estuviera reprendiendo a si mismo, Lukas se acerca al muchacho poniéndose frente a él, este a su vez vuelve a desviar la cara hacía el otro lado renuente a hacer cualquier tipo de contacto visual con el ojiazul.

-¿Y llevas un rato mendigándole a algún editor un poco de su tiempo para que le dé una oportunidad a tu libro?- pregunta Lukas sin querer sonar de esa manera cruel, hace que Mathias por fin lo encare, con el ceño todavía fruncido pero la frente muy en alto.

-Si por mendigar te refieres a ser constante y perseverante, entonces lo hago porque tengo la esperanza de que tú seas el único subnormal en todo el edificio que se comporta como un patán- responde Mathias y de nuevo mira a otro lado.

Lukas frunce los labios y vemos como un ligero rubor ilumina sus mejillas seguramente por la vergüenza que le provoca que alguien le hable con tal descaro; podría ser que nuestro pedazo de hielo no esté acostumbrado a esos golpes de ruda honestidad. Es así como el muchacho se prepara para una respuesta igual de hostil pero antes de decir una sola sílaba un gruñido extraterrenal se escucha y al instante y con la cara tan colorada que se puede ver a kilómetros de distancia, Mathias se cubre con el paquete la barriga pero se mantiene firme como un soldadito de plomo.

El de cabellos platino alza ambas cejas y Mathias intenta mantener la dignidad a pesar de que su estómago gruñe como si dentro tuviera encerrada a una bestia salvaje.

-Tal vez este subnormal podría llevarte a comer, no te preocupes, va por mi cuenta- le dice al más alto que arruga todavía más su entrecejo pero ese ser que gruñe en su estómago le obliga a aceptar la invitación.

-¿En serio? ¡Oh dios, gracias! No he comido comida decente desde que llegué aquí, mi compañero de cuarto y yo somos un par de inútiles en estos casos- dice Mathias totalmente aliviado, olvidando todo su orgullo que hace unos momentos parecía estar defendiendo pero cuando las necesidades del cuerpo llaman lo demás se olvida.

Aunque aún con ello tenemos la ligera sospecha de que una vez más Lukas no hace eso por ser un alma caritativa y altruista, el chico comienza a darnos la impresión de que siempre tiene razones ocultas bajo cada una de sus acciones, nunca son del todo desinteresadas y sinceras. Posiblemente Mathias lo sabe también pero ahora está tan hambriento que ya con el estómago lleno se hará cargo del otro que lo guía por las calles hasta un elegante pero discreto restaurante al que entran.

Toman asiento y piden la carta, Mathias busca el platillo más barato del menú mientras que Lukas por su parte solo ordena algo de beber para acompañar al muchacho que deja su propio manuscrito a un lado de la mesa.

-Así que… libros para niños- dice de la nada Lukas señalando el paquete mientras recarga su mejilla perezosamente sobre su mano y tanto tú como yo, damos por hecho de que Mathias tiene muchísimas copias de su libro.

El otro rubio asiente con su cabeza junto con una sonrisa a la hora de que le llevan la comida y no espera ni un segundo para llevarse grandes y sustanciosos bocados a la boca, escapándosele un gemido de placer a la hora de probar la comida, un poco más y casi llora de felicidad.

-Dime, ¿Por qué necesariamente tiene que ser esa casa editorial la que quieres que publique tus libros?- pregunta Lukas llevándose el popote de su bebida de limón a los labios mientras que Mathias traga con dificultad su comida pues se ha llevado mucha a la boca.

-Porqué es la más reconocida- contesta en el instante Mathias como si esto fuera completamente normal, cualquier otra persona sería feliz con que alguna editorial, por muy modesta que fuera lo publicara, pero este chico no, él quiere que sea solo la mejor.

-Por lo tanto no descansarás hasta que te den una oportunidad, aunque es muy probable que rechacen firmar contigo-

-No lo harán, soy bueno en lo que hago y si me rechazan entonces lo intentaré hasta ser todavía mejor y si aún siguen sin querer publicarme lo haré tantas veces como sea necesario. Solo me queda una opción, y esa no es empeorar.- responde Mathias con tanta naturalidad que ya no sabemos si es arrogante o solo goza de una excesiva confianza en sí mismo.

Por primera vez escuchamos una risa por parte de Lukas la que por cierto solo nos ha hecho temblar un poco por ese tono tan carente de humor y empatía, fue más bien como un ruido seco, altivo, retacado de desdén que Mathias pasa por alto pues sigue muy ocupado comiendo.

El ojiazul con el broche en forma de cruz se entretiene jugando con el popote de su vaso, llevándolo a su boca y girándolo antes de dar un pequeño trago y dirigirse otra vez a Mathias.

-Déjame adivinar- comienza a decir mirándolo con esa frialdad característica de él –Vienes desde muy lejos, un triste pueblo que apenas y tiene habitantes; has viajado hasta aquí con el ambicioso sueño de volverte un aclamado escritor solo porque allá estudiaste en una universidad mediocre en donde tus mediocres profesores te alabaron diciéndote que tenías talento para probar suerte en la gran ciudad y ahora estás aquí, en aras de cumplir tu sueño- comenta Lukas con un tono aburrido que hace que Mathias deje su comida por unos segundos y lo mire de mal modo.

El muchacho rubio platino recarga sus brazos sobre la mesa mirando fijamente a Mathias que ya no parece tan amigable otra vez.

-Esa historia la he visto tantas veces en los pasillos de la editorial que se está volviendo un cliché, sobre todo porque todas ellas tienen el mismo desenlace y no es precisamente uno feliz, a pesar del "talento" del que todos gozaban- termina de decir Lukas dándole otro trago a su bebida.

-¿En serio? Pues curiosamente yo también he presenciado algo parecido, aunque este más bien es como un estereotipo, del tipo que se comporta como una perra solo porque no soporta la competencia- contesta Mathias dándole una violenta mordida a su comida y forzando una sonrisa triunfal cuando escucha a Lukas atragantarse con su bebida por el comentario.

-¿Competencia? Por favor, no eres una amenaza para mí, un pueblerino que seguramente cree que tiene talento solo porque su mamá se lo dijo cuándo entregó su primera redacción en la primaria- espeta Lukas sin siquiera elevar el tono de su voz. Mathias sin embargo ríe, él si divertido con el comentario.

-Tengo talento y mi madre nunca tuvo que decírmelo para saberlo- le corrige Mathias llevándose los últimos trozos de comida a la boca con una sonrisa de autosatisfacción al ver como Lukas caía ante sus provocaciones y no al revés.

-¿Y entonces porque no estás siendo ya publicado? No te confundas, el trabajo duro no compensa la falta de talento. Aunque te mates estudiando y escribiendo, aunque mantengas el cuadro de honor durante toda la carrera y te empeñes en terminar una maestría, aunque puedas pasarte la noche entera leyendo y creando si no naciste con él no lograras ser alguien en esta profesión… no eres nadie por mucho que lo desees y te esfuerces- le reclama Lukas al otro rubio que sorbe las ultimas gotas de su propia bebida, deja el plato limpio, el vaso vacío, toma su libro y se levanta de la silla.

-¿Eso fue lo que te pasó a ti?- pregunta Mathias con toda tranquilidad descolocando por completo a Lukas al tiempo que termina de levantarse dándose palmaditas de satisfacción en el estómago pues ya está lleno.

-Nunca estuve en el cuadro de honor, mis calificaciones siempre dieron pena y nadie nunca me ha dicho que tengo talento, yo lo sé. Así que el único que está matándose para compensar lo que no tiene, eres tú- le dice Mathias inclinándose un poco hacía Lukas para presumirle su gigantesca sonrisa ególatra que deja al otro ojiazul completamente desencajado, por no decir ofendido hasta la médula.

-Suerte con eso y gracias por la comida- le dice Mathias despeinando al más bajito pasando de manera burda su gran mano por la cabellera rubia de Lukas que intenta quitárselo de encima a base de manotazos pero el otro hace su voluntad y tras dejarle un nido de hebras rubias en la cabeza, se va de ahí.

Claro, cuando salimos en compañía de Mathias vemos como este deja de sonreír y de nuevo se muestra malhumorado.

-¡¿Pero qué maldito problema tiene ese enano, cara de duende amargado?!- dice entre dientes para sí mismo mientras camina con el paquete bajo el brazo. -¡Anormal! ¿Quién carajos va por ahí pisoteándole la moral a la gente? Si tiene conflictos no debería estar desquitándose con otros que no tenemos nada que ver- sigue escupiendo Mathias y al pasar de nuevo por enfrente de la casa editorial se detiene seguramente listo para pescar a cualquier editor ingenuo que se dé el tiempo de escucharlo y pueda convencerlo de leer su libro, sin embargo el muchacho poco a poco va encorvando su espalda.

-Ah… al diablo con esto hoy, ese tipo me desmotivó- se queja Mathias retomando su camino en silencio y caminando con un poco más de desgana mientras sostiene frente a él el que paquete que lleva su opera prima y lo mira con algo de tristeza.

-Así que… el trabajo duro no compensa la falta de talento… pero entonces ¿Cómo diablos alcanzas tus sueños si no es partiéndote la espalda? No entiendo a ese chico, pero se veía muy frustrado- sigue comentando Mathias aunque aquello ya va convirtiéndose más en un soliloquio.

Y es entonces que también nos surge esa duda, acerca de cuál es la manera de alcanzar nuestros sueños, que tanto influye el talento y que otro tanto el esfuerzo y la perseverancia ¿Hacía que lado se inclina más la balanza del éxito?

Otra vez no nos sabemos responder así que nos limitamos a seguir a Mathias en su camino esperando que se le enfríe un poco la cabeza pues va muy malhumorado por el encuentro anterior, ojalá que esto no afecte en su digestión.

Hemos caminado lo suficiente como para que Mathias se dé cuenta que se ha desviado de su camino así que poniéndose otra vez de mal genio ahora tiene que regresar sobre sus pasos y ahí vamos de regreso pero esta vez por la dirección correcta y abordamos el mismo autobús que el muchacho el cual, a diferencia de muchas personas que optan por mirar a la ventanilla y fingir que el resto de los pasajeros no existe, decide mirar a todos y cada uno de ellos, por cada persona que aborda el transporte los examina con la mirada, a los que están sentados a su lado, enfrente y también a los transeúntes que van a pie por la ciudad, los mira a todos con una curiosidad casi infantil.

Será que a Mathias realmente le interesa la gente, otras personas y no es de los que prefieren guardar silencio y alejarse todo lo posible de alguien que ha tomado el asiento vecino del autobús. Podría ser que ahí está la fuente de inspiración de Mathias que no es otra más que el mar de gente que habita junto con nosotros.

Llegando a la parada el rubio se nos antoja todavía más desanimado que hace un rato, por ende sus pasos son mucho más lentos hasta que sus pies terminan por arrastrarse por el concreto hasta llegar al pequeño parque situado detrás del complejo de departamentos en donde vive. Sin mas se deja caer en una de las bancas estirando sus brazos poniéndolos tras su nuca.

-Estoy cansado- se dice a si mismo cerrando los ojos un rato amenazando con quedarse dormido pero antes de eso abre uno solo de sus ojos solo para ver a lo lejos, en una de las ventanas de los departamentos el brillo de un lente, o más bien como el reflejo del sol en un cristal.

-Otra vez el niño vampiro- masculla Mathias al reconocer la ventana del departamento vecino al suyo en donde vive Bladimir, a quien cariñosamente y cómo podemos ver, ha bautizado con el apodo de "niño vampiro".

Como una jugarreta inocentona, el rubio se sube a la banca y dirigiéndose justo a esa ventana de donde se asoma aquel brillo hace una mueca extraña con su rostro poniéndose los dedos índices dentro de la boca jalando hacía abajo sus labios dejando ver toda su mandíbula inferior y poniendo sus ojos en blanco en una cara que pretende ser "terrorífica".

Y justo desde donde se asoma el brillo del cristal que no es otra cosa más que el lente de un telescopio, Bladimir suelta una serie de risitas al ver aquella cara que a él le parece estúpida. Por favor no preguntes como es que hemos llegado del parque a la habitación de Bladimir, recuerda que somos entes omnipresentes y nos movemos a voluntad, es por ello que hemos logrado ver en el momento preciso como Bladimir se burla de Mathias mientras lo espía desde la distancia (no somos las únicas personas interesadas en eso de indagar vidas ajenas).

-Lo sabía, este tipo es sospechoso- murmura Bladimir todavía con sus ojo pegado a la mirilla de su telescopio mientras que Nicolai a su lado da un larguísimo suspiro y desvía su mirada de la pantalla de su teléfono celular en el que a juzgar por la barra que mide la batería, ha estado usando por mucho tiempo.

-No quiero saber a quién diablos estás viendo como para soltar esos comentarios- opina el moreno viendo a Bladimir sonreír.

-Eso está bien, no quisiera poner en riesgo a un simple civil con mi investigación- responde el ojirrojo que se separa de su telescopio y corre a alguna parte de su habitación por un cuaderno y un bolígrafo. Cuando hace esto Nicolai lo mira con sospecha y parece que ese último comentario ha despertado su curiosidad pues aprovechando la momentánea distracción del otro muchachito se escabulle por la cama hasta el aparato y pone su ojo verde en la mirilla para encontrarse con un Mathias que escribe tranquilamente sentado en la banca del parque.

Nicolai se queda embobado viendo a Mathias en el mecánico trabajo de escribir muy concentrado en un pedazo de papel cualquiera, creemos que se ha olvidado que está acompañado pues Bladimir se pone a su lado sin decir nada como esperando a que le devuelva el telescopio.

-¿Ves algo interesante?- le pregunta al moreno acercándose a él quedando su rostro casi pegado al del ojiverde que da tremendo salto y se aleja todo lo posible del ojirrojo quien ríe divertido por esta reacción.

-N… no, solo es Mathias- responde Nicolai de manera atropellada ya estando muy lejos de Bladimir que anota esto en su cuaderno.

-Así que ese es su nombre. Espera, ¿Cómo es que sabes el nombre del enemigo?- pregunta y es ahora él quien mira con desconfianza al jovencito de cabello negro que frunce ligeramente su ceño.

-Porque vive a un lado de ti y lo veo prácticamente todos los días; aunque aquí lo increíble es que tú no sepas el nombre de tus propios vecinos- le reclama el ojiverde a Bladimir el cual parece estar ignorándolo de nuevo pues ahora se ocupa en espiar de nuevo al rubio sin molestarse en contestar a lo último.

Tras unos segundos de silencio en los que Nicolai con cautela regresa a la cama para asomarse por la misma ventana, mira a Mathias y después a Bladimir que se relame los labios como si saboreara algún plan macabro y de vez en cuando también las puntas de sus anormalmente largos colmillos.

Es evidente que a Nicolai no le gusta nada de Bladimir, lo mira siempre de esa manera como si reprobara todo lo que el ojirrojo hace, podría ser porque no entiende por qué lo hace, el porqué de ser así.

-¿Por qué espías a Mathias?- pregunta entonces de la nada y el otro tarda un poco en contestar.

-Estoy seguro que es un espía, nadie puede ser así de alto sin ser un espía o un terrorista- contesta Bladimir muy seguro de sí mismo haciendo más anotaciones en su cuaderno mientras recita:

-Bitácora de la investigación, el sujeto no ha parado de escribir, o posiblemente, descifrar códigos enemigos desde aparentemente cinco minutos- susurra mientras escribe y vuelve a mirar por su telescopio. Nicolai gira los ojos y niega con su cabeza.

-No seas tonto, ser alto no te hace terrorista y Mathias es escritor… o algo así me contó. Es una persona normal- responde el ojiverde haciendo que el otro muchachito lo mire de mala manera y haga desaparecer su sonrisa traviesa de segundos antes.

-Que aburrido eres, ni siquiera eres capaz de usar tu imaginación unos minutos. Al diablo con esto, ya me quitaste las ganas de seguir jugando- dice molesto Bladimir arrojando lejos su cuaderno de notas alejándose de su telescopio para irse a sentar frente a su computadora de nuevo aislándose por completo de todo, incluso de Nicolai a pesar de que este siguiera ahí con él.

El rubio ahora está sumergido en lo que sea que le muestra el monitor de su computadora mientras que el moreno sigue en la cama totalmente incomodo, como si quisiera disculparse aunque ¿De qué debería disculparse? Esa era la cuestión.

-Ya estás algo grande como para seguir jugando esas cosas- solo eso atina a decir en el momento en que otra pieza de opera comienza a sonar de las bocinas.

-¿Y dónde se estipula el límite de edad para seguir jugando?- cuestiona a su vez Bladimir, ya no con voz juguetona, ahora es más cortante sin siquiera dirigirle una mirada al moreno. –Por eso eres tan aburrido, haces lo que la gente espera que hagas llegado a cierta edad y sigues el orden estricto que alguien más impuso sobre ti; pudiste haber nacido sin voluntad y sin raciocinio y sería exactamente lo mismo que ahora. Aburrido e insulso- repite el ojirrojo con ese tono que parecía estar menospreciándolo y haciendo que de nuevo Nicolai se sienta atacado por esas palabras, o eso adivinamos al verlo encogerse en la cama.

-Pues perdón por ser así- contesta sarcásticamente Nicolai enfurruñado recostándose en la cama y quedándose en silencio viendo al atuendo que Bladimir lucía esa tarde.

Está vez el color era un azul marino en telas de raso y brocado, pantaloncillos cortos que llegaban a su rodilla y debajo sus eternas botas retacadas de correas y cadenas, un saco elegante de frac que parecía quedarle un poco grande y ahora en lugar de un sombrero de copa era un bombín negro el que coronaba su cabeza rubia ceniza.

Se le quedó viendo largo rato cada detalle del muchacho mientras escuchaba de fondo la opera de Il Pagliaccio. Sus ojos de un anormal rojo que sobresalían todavía más por su piel pálida. Si Nicolai hubiera nacido con esos ojos casi podemos asegurar que hubiera hecho hasta lo imposible por esconderlos, demasiado llamativos, jamás se vestiría así tampoco. Al contrario de Nicolai, Bladimir parecía disfrutar de toda esa excentricidad.

-¿No te da miedo lo que la gente piense de ti?- pregunta de la nada el moreno en voz baja suponiendo que Bladimir lo va a ignorar como cada vez que se pone a hacer berrinche o le da la gana.

-Claro que no, la gente aburrida no me interesa en nada… aunque me gusta que me miren, es divertido ver sus caras cuando lo hacen- responde el muchachito sonriéndose por el ultimo comentario mientras que el moreno por su parte se remueve un poco todavía acostado en la cama.

-¿Cómo puedes soportar eso?...- pregunta en voz todavía más baja el ojiverde, ya sin mirar al rubio sino perdiendo sus ojos en algún otro punto de la habitación. –Odio llamar la atención y que las personas me señalen- dice el moreno como si nada.

Bladimir parece haber captado algo en estas últimas palabras, y está a punto de preguntarle algo pero el teléfono de Nicolai suena antes de que el otro formule la pregunta.

-Oh, un mensaje- dice el ojiverde comenzando a teclear rápidamente en su teléfono, Bladimir entonces vuelve a ignorarlo ya sin ganas de decirle algo más así que cada quien se enfrasca en sus propios asuntos y tú y yo de nuevo nos envolvemos en este ambiente en donde a pesar de haber dos personas juntas parecen encontrarse completamente solas.

Las horas corren tan solo con la melodía de la ópera, Bladimir concentrado en sus asuntos y Nicolai todavía muy metido en su teléfono celular sin que se digan una sola palabra.

Es solo hasta que el ojiverde mira la hora y se da cuenta de que ya puede ser libre, se levanta de la cama y toma su mochila pero al bajar de ella tropieza no solo con la libreta que antes Bladimir había arrojado como si nada, sino también con unos cuantos libros que están regados por el piso. Nicolai levanta uno de ellos, el que se ve más desgastado pues tiene la pasta despintada y las hojas maltratadas, casi despegadas del lomo del libro, como si este hubiera sido leído un millón de veces.

-¿Te gusta mucho Drácula?- pregunta al ver el título del libro.

-No me gusta, gustar en una palabra demasiado pequeña. Drácula es mi biblia- especifica Bladimir a lo que el otro chico parece algo asombrado pues para ser su biblia esta se ve muy maltratada aunque debe ser por las muchas veces que lo ha leído.

-He visto varias películas de él, pero nunca he leído el libro- dice muy fresco Nicolai a punto de irse pero antes de ello escuchamos como algo cae y volteamos a ver que Bladimir se ha parado de golpe y con ello ha tirado la silla, parece estar realmente ofendido, tanto que nos recuerda a cierto americano con un comic.

-¡¿Cómo te has atrevido a seguir viviendo sin haber leído Drácula?!- espeta y Nicolai ahora teme por su propia seguridad.

-Ah… ¿Perdón?- dice como si con ello fuera a zafarse del lío en el que se ha metido solo por decir lo anterior.

-Nada de perdón. Toma llévate esto y si te amas a ti mismo al menos un poquito lo vas a leer, hazte un favor y hazlo. Anda, tómalo- le dice casi pegándole el mencionado libro al pecho y dándole de empujones al moreno.

-No pierdas el tiempo aquí, corre a leerlo de una vez para salvar tu alma errante… nunca haber leído Drácula, que insulto- refunfuña el ojirrojo prácticamente corriendo a Nicolai de su casa a base de empujones hasta sacarlo de ella y cerrarle la puerta en la cara.

-Hey Nico ¿Por qué tanta prisa?- pregunta Yong Soo que va saliendo de su departamento justo al mismo tiempo que Nicolai casi se va de cara al piso por el último empujón de Bladimir al sacarlo de su casa. El ojiverde recobra el equilibrio y mira al asiático que le sonríe abiertamente como siempre.

-Pues porque al parecer tengo que ir a salvar mi alma leyendo un libro de vampiros- responde el adolescente mostrando el libro haciendo reír al músico.

-No sabía que los clásicos literarios podían hacer eso- bromea Yong Soo comenzando a caminar junto con el otro muchachito que da un resoplido guardándose el libro en la mochila.

-Pues según Bladimir lo hacen y creo que hablaba muy en serio- responde Nicolai comenzando a bajar las escaleras escuchando reír de nuevo al otro moreno.

-Por cierto ¿Has visto a Mathias? Hoy le toca hacer de comer y si regreso otra noche a casa y no hay nada en mi plato voy a empezar a cotizar la idea de sacarlo a patadas de mi departamento- dice el oriental.

-Creo que lo vi escribiendo en el parque- contesta Nicolai a lo que su acompañante solo asiente con la cabeza como si estuviera cotizando la idea de ir a hostigar al ojiazul o darle una ultima oportunidad. Al final parece reconsiderar la última opción y en lugar de dirigirse al parque se va hacía la avenida principal. Se despide de Nicolai que se apresura a regresar a casa tomando la dirección contraria.

Con los audífonos puestos sobre sus oídos y la música a tope Yong Soo nos encamina por las transitadas calles y flanquea a la gente que pasa a su lado con esa maestría digna de un citadino. Va silbando una melodía pegajosa y de vez en cuando menea alegremente su cuerpo al ritmo de la música, a veces también lo acompaña cantando pedazos de la canción con su voz bien entonada que hace que más de una persona voltee a verlo por subir el volumen sin darse cuenta.

Esta vez no nos ha llevado mucho tiempo llegar al arco que es la entrada del famoso Barrio Chino. Nadie ahí ve raro a Yong Soo por sus rasgos orientales aunque tampoco lo tratan con tanta familiaridad seguramente porque se han dado cuenta de que a pesar de todo, no es chino. De esto Yong Soo ni siquiera se percata, se contenta con llegar al negocio de Yao y entra haciendo sonar la campanilla de viento que hace un dulce sonido cuando la puerta choca con ella.

Dentro otra vez todo es rojo gracias a los farolillos y un humo gris que se esparce por el lugar y se desprende de algunas varitas de incienso que están cerca de un pequeño Buda dorado y un gato de la fortuna que mueve su pata de adelante hacía atrás.

Yao se encuentra subido en su taburete intentando acomodar algunas cosas del estante más alto. Yong Soo mira divertido la manera en como el otro moreno se alza en puntillas y estira todo lo que puede sus brazos para alcanzar las cajas polvorientas del estante. Viéndolo así parece un niño queriendo robar los dulces antes de la merienda.

-¡Yao~ hola!- dice con voz cantarina el muchacho corriendo hasta el mayor aprovechando que este está sobre el taburete, lo abraza desde atrás rodeando con sus manos el pecho de Yao que grita al sentir el contacto del otro que también restriega su cara contra su espalda.

-¡Qué pecho tan suave tienes! ¿Seguro que eres hombre? Podría quedarme así para toda la vida- dice Yong Soo aferrándose al cuerpo pequeño del otro que entre forcejeos y gritos en mandarín logra zafarse y propinarle un merecido golpe en la cabeza a Yong Soo.

-¡No te atrevas a volver a hacer eso aru!- le grita al muchacho que se lleva las manos a la cabeza con un par de lagrimitas de dolor saliendo del rabillo de sus ojos.

-Que cruel y yo que estaba tan feliz de verte, y también a mis pequeños bebés- dice de inmediato corriendo hasta su amplificador y guitarra que había dejado desde días atrás.

Corre a ellos y también los abraza como si efectivamente fueran personas.

-Agradece que no los haya vendido a las tiendas de segunda mano aru- recrimina Yao yendo hasta detrás de su aparador mientras que Yong Soo saca la guitarra del estuche ignorando por completo al otro asiático y usando su amplificador para sentarse.

-Perdona por eso, no pude antes porque tenía cosas que hacer en la universidad; mis profesores me dijeron "¡Una falta más Im Yong Soo y puedes ir dando por perdido el semestre!"- dice el muchacho imitando la voz severa de algún anciano y luego chasqueando la lengua.

-Pensaba que no estudiabas y solo te dedicabas a la música aru- dice Yao sentándose y viendo al joven rasgar las cuerdas del instrumento sin que este esté conectado.

-Qué más quisiera yo que solo dedicarme a la música, pero mis padres me pusieron como condición terminar una carrera si quería seguir tocando así que aquí me tienes, siendo físico matemático pero con un alma bohemia por naturaleza- presume el muchacho tocando unos acordes casi silenciosos mientras tararea algo que a Yao le es incomprensible y a ti y a mí también.

-Tus padres son sabios al pedirte eso, no deberías desobedecerlos. Escúchalos con atención que la mejor maestra siempre es la experiencia y ellos saben de eso aru- dice como un anciano el mayor cruzándose de brazos y asintiendo con la cabeza solo para reafirmar lo antes dicho. Sin embargo para su molestia, Yong Soo ríe por ello.

-Nada de eso, ellos quieren lo que todo mundo quiere y yo soy diferente, soy especial- dice el muchachito moviendo su cabeza al ritmo de los acordes insonoros y es esta vez Yao es el que ríe de una manera extraña así que el joven voltea a verlo encontrándose de nuevo con la razón por la cual ha bautizado a Yao como "el hombre de los ojos tristes".

El moreno con sus trajes chinos, su cabello negro desparramado por su hombro y esa apariencia juvenil, de nuevo remarca en su mirada la de un viejo cansado con una fina línea que son sus labios delgados dibujando una pequeña sonrisa.

Yong Soo se queda embelesado por un momento ante esa imagen que tiene un tinte romántico pero inmensamente triste.

-Me recuerdas mucho a mí cuando joven, yo también pensaba que era diferente a todas las personas- dice Yao y entre sus palabras se cuela un suspiro desganado.

-¿Y qué pasó para que dejaras de creer que eres diferente?- pregunta Yong Soo apoyándose sobre la guitarra viendo con atención a Yao que desvanece su discreta sonrisa y sus ojos se empañan todavía mas.

-Crecí. Eso pasó- contesta sin más con un último suspiro.

Nos quedamos aquí envueltos en esta súbita nostalgia acompañada del aroma del incienso y una guitarra que casi no suena en compañía de otros dos personajes tan dispares como todos los que hemos visto a lo largo de este día.

Es curioso, como personas que tiene enfoques tan distintos de la vida, de alguna manera casi al azar se ven relacionados. Aunque sería interesante ver como todas estas visiones de tantas cosas que influyen en nuestro día a día podrían ser cambiadas solo por la manera de pensar de otros, como el relacionarnos con alguien más puede ejercer una fuerte influencia en las cosas que ya dábamos por hecho.