6 GRADOS DE SEPARACIÓN

Mas allá de ti.

Llevamos más de media hora admirando a Yong Soo y como este a su vez tiene su mirada pérdida en las motitas de polvo que se reflejan en los rayos de luz de la ventana. ¿Aburrido? Sí, es un poco aburrido tomando en cuenta que llevamos cerca de cuarenta minutos de nuestras preciadas vidas desperdiciados en ver a un muchachito con una guitarra en sus brazos, tocando acordes al aire y volviendo a perder sus ojos en la absoluta nada. Podríamos estar haciendo algo mucho más productivo como… espiar a gente interesante, pero en lugar de ello seguimos aquí porque tenemos la absurda esperanza de que algo suceda.

-Tus procesos creativos parecen muerte cerebral- comenta Mathias que va saliendo de una pequeña habitación luciendo una sencilla playera banca y sus boxers de un rojo intenso nada mas lo que nos hace preguntarnos que diablos hizo toda la noche como para venir levantándose a pleno medio día.

El rubio lleva su computadora portátil bajo el brazo y va a sentarse en el piso frente a la mesita de centro de la sala, uno de los poco muebles en el penoso y desordenado departamento.

-No es muerte cerebral, estoy pensando- reprocha Yong Soo dejando escapar un suspiro y recostándose en el sillón mullido de segunda mano al que se le asoma el relleno de uno de los cojines. Vuelve a rasgar las cuerdas de la guitarra provocando un sonido sordo y feo para luego quedarse mirando a la nada mientras que Mathias comienza a teclear en su computadora.

-Necesito la voz de la experiencia ahora mismo así que contéstame unas cuantas cosas- dice entonces el moreno haciendo que el ojiazul frunza ligeramente su entrecejo.

-No soy tan mayor, solo te llevo unos cuantos años de diferencia- comenta el rubio sin despegar sus ojos de su computadora.

-Unos años son suficientes- dice el asiático volviendo a pasar sus dedos por las cuerdas esta vez mirando al techo. –¿Crees que es posible enamorarse de alguien solo por su mirada?- le pregunta a Mathias que voltea a ver al muchacho que sigue recostado en el sillón.

-Espera. ¿Apenas nos conocemos y ya tenemos charlas profundas?- pregunta con una media sonrisa Mathias viendo como Yong Soo hace un puchero con sus labios.

-Somos un músico y un escritor, se supone que tengamos charlas profundas sobre la vida todo el tiempo. Ahora contesta ¿Tú crees que eso es posible?- le pregunta a Mathias que suelta una risa corta que más bien suena burlona.

-Claro que no, enamorarse conlleva muchas otras cosas que solo "una mirada"- responde el ojiazul dejando el teclado y leyendo el párrafo recién escrito mientras se lleva una mano a la barbilla repasando otra vez las palabras.

-Que poco romántico eres, y se supone escribes para niños, seguramente solo les pones mensajes acerca de que se resignen a ser adultos sin alma y perder su humanidad trabajando para una misma empresa por lo que les resta de vida- critica el moreno enfadado haciendo reír de nuevo a Mathias.

-Y tú que drástico- comenta Mathias regresando sus manos a su teclado paseando sus dedos rápidamente por cada tecla muy concentrado en su trabajo.

-Si la gente fuera capaz de enamorarse de otra persona solo por su mirada ¿No crees que encontrar el amor sería demasiado fácil? No habría tantas personas sufriendo por eso, el mundo y la vida no son algo tan sencillo- continúa diciendo Mathias haciendo que Yong Soo frunza el entrecejo acentuadamente y se incorpora dejando su guitarra a su lado en el sillón.

-Tú eres como todos los demás. ¿Por qué todos tienen que ser tan pesimistas? Dios, ¿Qué les ha hecho la vida para convertirlos en parásitos de resignación? ¿Por qué todo mundo habla dando por hecho que el mundo es duro y cruel y no te queda otra opción más que seguir a la corriente y renunciar a todo lo que crees? ¿Quién te lava el cerebro de esa manera como para que termines haciendo lo que todos hacen y pensar como si al nacer, del útero de tu madre también hubiera salido un manual de cómo ser un engrane funcional de la sociedad? No me gusta, no me gusta para nada eso- decía Yong Soo cruzándose de brazos y negando efusivamente con su cabeza haciendo reír de nuevo a Mathias.

-En serio eres drástico, yo nunca dije que te convirtieras en… ¿Cómo dijiste? Oh, sí, un parasito de resignación; solo te digo que las cosas no son tan fáciles como tú las crees, no basta solo con soñar y seguir tus principios hay algo más allá… ¡COMO UN ENANO ENGREIDO QUE HAGA TODO LO POSIBLE POR QUERER DESMOTIVARTE! ¡Pues te pudres maldito goblin desabrido! ¡Te jodes porque no me voy a detener hasta que me publiquen, maldita sea y te lo voy a restregar en toda esa cara de frígido que te cargas!- grita de pronto y de la nada Mathias levantándose y alzando tanto su áspera voz que esta retumba por toda la habitación para luego reír a sonoras carcajadas llevándose las manos a la cadera solo para acentuar su pose intimidante.

Sinceramente, ya no sabemos si reír o sentirnos amenazados… es que sencillamente no podemos tomarnos en serio a Mathias. Y parece ser que no somos los únicos, Yong Soo también está bastante aburrido de ese discurso.

-¿Otra vez con eso? Ya supéralo- le aconseja el moreno también con un tono tan aburrido como el que muestra su rostro al tiempo que se levanta, toma su guitarra y entre todo ese mar de partituras, borradores de letras y capítulos de libros busca su estuche para meter el instrumento y carga el amplificador para salir de casa.

-¡No voy a superarlo hasta que la portada de mi libro esté tatuada en la cara de ese mocoso!- grita por ultimo Mathias antes de que Yong Soo cierre la puerta y se sonríe de manera pícara.

-Me gusta esa actitud- dice sin que el rubio lo escuche pues ya va caminando por el pasillo y baja la escalera a paso rápido mientras que tú y yo nos preguntamos cuando diablos nos liberaremos de la maldición de las escaleras ¿Acaso no existen elevadores o escaleras eléctricas? En fin. Hemos terminado por seguir a Yong Soo que va más animado que de costumbre con los audífonos en las orejas como si estos ya estuvieran implantados a sus oídos y fueran un órgano importante de su cuerpo.

Suponemos que el moreno se dirige a otra jornada de conciertos callejeros para ganar al menos unas cuantas monedas, sin embargo se ha seguido sin detenerse en la esquina en la que suele ubicarse para cantarle a un público completamente ausente, podría ser que se ha resignado a no ser escuchado, aunque no parece ser el caso ya que su sonrisa grande y juguetona sigue en su rostro mientras canta en voz alta y sus pasos siguen el ritmo de la canción que va reproduciendo. La mano que tiene libre está marcando acordes de un instrumento invisible, como si este ya fuera un tic que su propio cuerpo ha desarrollado tras largos y constantes ensayos con la guitarra.

En el último tramo del camino ya sabemos cuál es el verdadero destino de Yong Soo, lo podemos adivinar nada más ver la calle y los farolillos rojos que cuelgan en paralelo en la larga avenida que no es otra que el China Town y claro, también estamos conscientes de a qué negocio en específico se dirige pues nada al divisarlo casi echa a correr emocionado y una vez estando ahí abre la puerta emocionado haciendo sonar la campanilla de viento y sobresaltando a Yao por esa entrada.

-¡Hola!- exclama el emocionado Yong Soo mientras Yao retoma su calma de siempre y se quita la pipa que hasta hace unos segundos fumaba en completa paz.

-Otra vez tú aru- dice el chino a modo de saludo sostenido el indumento entre sus estilizados dedos viendo como el otro moreno entra muy cómodo como si fuera su casa.

-¿Por qué siempre me recibes de manera tan fría? Yo que hago todo el recorrido hasta aquí solo para verte- dice el muchacho haciendo pucheros dejando en una esquina de la tienda su guitarra y amplificador para luego ir corriendo hasta detrás del aparador para abrazarse a Yao que no se espera esto y se retuerce entre los brazos del chico.

-¡Te dije que no hicieras eso, muévete aru!- chilla enfadado Yao mientras que el otro solo ríe intentando restregarse a él.

-Pero que malo, con lo mucho que me gusta hacer esto, eres tan suavecito- dice el empalagoso joven ganándose por ello un par de coscorrones justo en la coronilla.

-Oye, creo que ya va siendo hora que te quede claro que soy hombre ¡Hombre aru!- exclama irritado Yao una vez que se pudo quitar de encima al otro muchacho que lloriquea por los golpes antes dados.

-Ya lo sé pero no puedo evitarlo, me gustas mucho, creo que terminé enamorándome de ti- dice con toda naturalidad y frescura el músico; y para haber recibido una confesión de la nada Yao se muestra bastante tranquilo, apenas abre ligeramente sus ojos y tras eso vuelve a ponerse la pipa entre los labios fumando tranquilamente sacando el humo por su nariz.

-¿¡No vas decir nada!? Un joven puro e inocente acaba de confesarte su amor- dice en una muy exagerada desilusión Yong Soo.

-¿Amor? No, no creo que lo tuyo sea amor aru, tal vez solo estás un poco confundido- responde Yao con una calma casi desesperante volviendo a sostener la pipa entre sus dientes a lo que Yong Soo parece meditar esto.

-Bueno puede que al principio estuviera un poco confundido porque es la primera vez que me enamoro de un hombre, después de todo siempre me han gustado las chicas pero es algo que no pude controlar me enamoré de tu mirada triste- dice el chico viendo que Yao no cambia en absoluto su expresión, solo sigue ahí, fumando como si las palabras del muchacho también fueran parte del humo que se va desvaneciendo junto con el aire.

-Solo estás confirmando lo que te acabo de decir, estás confundiendo el amor con otra cosa y ya te dije que no estoy triste. Deja de decir algo tan serio como eso, el amor es una palabra muy grande como para usarla tan a la ligera, no subestimes el poder de las palabras aru- le regaña Yao señalando al otro moreno con su pipa para hacer más severo su regaño, cosa que no funciona por cierto.

-Los jóvenes hablan con tanta ligereza y se enamoran también con la misma facilidad, ah… definitivamente la ingenuidad es un don que se va perdiendo con la edad- comenta más para sí mismo el chino soltando otro de sus incontables suspiros y esta vez haciendo enfadar a Yong Soo que no está siendo tomado en serio. Aunque también podría decirse que es un poco difícil tomar aquello como una confesión formal cuando nace de la nada.

-No soy ingenuo, estoy muy seguro de lo que siento- recalca el jovencito pero esto sigue sin provocar reacción alguna en el chino que da un golpecito en una de las esquinas de su cenicero para dejar caer la ceniza sobrante provocando un breve tintineo.

-Tan seguro lo estás que dentro de unos días, cuando tus ojos choquen con otra mirada que no sepas descifrar también vas a caer enamorado y te olvidarás de lo que justo ahora me dices. Lo sé, eres volátil y las palabras de un muchachito como tú no perduran… son efímeras como los sentimientos de juventud; hoy son fuertes, te queman la piel y el corazón pero mañana serán solo memorias distantes aru- dice Yao de nuevo hablando como en paradoja, dando suspiros de cansancio al mismo tiempo que sus ojos marrones se opacan, dejando caer sus parpados rasgados, ahora se ve como si sus ojos fueran solo un pincelazo delicado, un par de líneas obscuras en su rostro nada más.

Yong Soo por unos segundos relaja sus hombros y creo que podemos entender porque dice se ha enamorado de la mirada de Yao. El muchachito que lo observa con atención y embeleso parece estremecerse por unos segundos al seguir con sus ojos la mano del otro asiático posarse en su mejilla mientras ese rostro se recarga en ella perezosamente y entre sus suspiros se mezcla el aroma del tabaco, todo eso acentuado por una mirada que no es cansada... si pudiésemos describirlo de una manera, diríamos que es una mirada de anhelo añejado como si estuviera cansado de añorar esas memorias distantes de las que segundos antes hablaba.

Yong Soo se percata de ello y vemos como su garganta traga saliva dificultosamente, la manera en que su pecho lentamente va hinchándose por una respiración onda y como la piel de sus brazos se eriza ligeramente al poner más atención a esos ojos obscuros ahogados en viejos sentimientos y como estos cambian a un tinte de tristeza. Y justo así somos testigos de la manera en como alguien se enamora.

-Dime Yao, ¿Alguna vez te enamoraste?- le pregunta al chino que al escuchar esto de inmediato pierde toda esa bonita y romántica apariencia y su cara se pone completamente roja, tira su pipa de manera torpe y comienza a balbucear como si hubiera algo realmente mal con su capacidad del habla ya que podemos dar por hecho que justo se le acaba de venir a la mente cierto ruso intimidante.

-¡¿Enamorado?!... ¿Qué…? ¿Qué cosas dices? Yo ya no estoy para andar tonteando con eso de enamorarse aru- dice de manera torpe agachándose para tomar su pipa pero al levantarse se golpea la cabeza con el mostrador soltando un quejido agudo y largo. Yao en serio se vuelve una persona completamente diferente cuando se tocan esos temas.

-Nada de lo que me dices ahora mismo suena convincente ¿De quién te enamoraste? Espero que no de alguien tan increíble como yo porque eso no puede ser posible- dice Yong Soo regocijándose con una sonrisita confianzuda como esas que justo le había copiado a Mathias.

-Ya te dije que no me enamoré… además… no es como si fuera a pasar algo entre nosotros, no es más que una fantasía tonta, algo platónico así que no es amor si no está consumado o si solo uno siente algo- explica Yao hablando rápido mezclando sus palabras con otras frases en chino mientras su cara se pone más y más roja. Yong Soo sencillamente atina a entrecerrar sus ojos mirándolo como si estuviera intentando descifrar todo ese parloteo.

-Si si si… pero ¿Por qué hablas en presente?... No me digas… ¿¡Estás enamorado ahora mismo de alguien que no soy yo!?- exclama alterado el músico alterando a su vez a Yao que logra ahogar un grito justo a tiempo.

-¡Ya te dije que no es así aru!- grita Yao levantándose de su asiento. –No es tan fácil como tú lo haces ver, aun eres un niño y no entiendes que el amor no es solo llegar y confesarle tus sentimientos a alguien esperando que el otro los acepte y sean felices para siempre… tiene que haber algo más, muchas otras cosas para poder llegar a una relación y poder llamarlo amor así que no te hagas ideas equivocadas, lo que yo siento… es solo un sentimiento unilateral, nada más aru- explica Yao pero podemos notar cuanto le cuesta explicar esto ya que aprieta sus puños con mucha fuerza haciendo que sus nudillos se pongan blancos por la fuerza impresa en esta acción.

-Tú también dices lo mismo que Mathias; no tengo que ser un vejestorio para entender lo que es el amor, soy joven pero igualmente siento- discute Yong Soo viendo a Yao negar con la cabeza y salir de detrás del mostrador haciendo como que va a arreglar la campanilla de viento que quedó chueca cuando el muchacho entró golpeándola con la puerta.

-Sentir no significa entender, todos sentimos pero solo el tiempo te enseña a entender… y cuando llegas a eso te das cuenta que no basta solo con los sentimientos o las intenciones aru- replica subiéndose a una silla acomodando la campanilla escuchando como el músico golpea con fuerza uno de los gabinetes.

-¡Pues entonces no quiero entender nada! Prefiero solo sentir a…- Sin embargo el muchacho es interrumpido en el momento en que un cliente entra.

Un cliente que es altísimo, rubio y de ojos violáceos que se detiene al apenas entreabrir la puerta y que de paso a ti y a mí nos provoca un mini-infarto al corazón.

-Oh disculpen… ¿Es mal momento?- pregunta Iván que se nota apenado por llegar justo en plena discusión, Yong Soo se calla y aprieta los labios mientras que Yao parece a punto de desvanecerse todavía subido en la silla.

Para nuestra sorpresa Yong Soo es capaz de mantener la compostura y se queda tranquilo como un buen niño mientras que el cerebro de Yao parece tener dificultades para procesar lo que pasa y es hasta unos minutos después en los que baja de la silla de un solo salto.

-Para nada, pase pase- invita Yao y apenas da un paso se tropieza con sus propios pies pero logra recobrar el equilibrio haciendo gala de que tan tonto puede volverse con la sola presencia de una persona.

Yong Soo por supuesto que se da cuenta de ello así que su mirada se vuelve hostil mientras que Iván por su parte solo termina de entrar con una pequeña sonrisa que se asoma desde los pliegues de su bufanda.

-Buscaba algún remedio para el dolor de cabeza o la resaca- dice el ruso con toda calma completamente ajeno al ambiente que se ha formado en la pequeña tienda y nos preguntamos cómo puede estar tan tranquilo con un jovencito que lo mira con ojos asesinos y un chino torpe que asiente varias veces con su cabeza, mira a todos lados, camina hacía una parte de la tienda pero regresa sobre sus pasos y sencillamente es un caos.

Mientras Yao intenta recobrar la compostura y buscar lo que se le ha pedido, Iván se mantiene sonriente y tranquilo todavía acechado por Yong Soo que no le ha quitado ni por un segundo los ojos de encima.

Tras casi diez minutos en los que hemos visto al chino andar de un lado para otro de su negocio, lo que ya nos comenzaba a desesperar, por cierto, por fin lleva unas ramitas en las manos que después tritura pacientemente en un mortero aunque su mano se le nota un poco temblorosa.

Luego de esto las pesa en una rustica báscula y satisfecho con la cantidad se la entrega en una bolsita a Iván.

-Disuelva una cucharada en agua y bébalo cuando tenga migraña o le duela la cabeza, hará efecto casi enseguida aru- masculla Yao sin atreverse a hacer contacto visual con el ojivioleta que ensancha su sonrisa al recibir su mercancía y pagarle al moreno.

-Gracias- dice sencillamente Iván con una última cara feliz dedicada tanto a Yao como a Yong Soo que desvía el rostro muy enfurruñado. Finalmente sale de la tienda.

-¿Le habré hecho algo a ese muchacho?- se pregunta Iván cuando ya vamos junto con él al salir del humilde negocio. Se guarda su remedio en la bolsa de la gabardina y sigue con su camino.

Preferimos perseguir a Iván antes que seguir en ese otro ambiente en el que ya comenzaba una fuerte discusión que seguramente duraría largo rato, así que mejor husmeemos en el día de hoy del ojivioleta que parece estar de buen humor puesto que su sonrisa de esta tarde no nos da tantos escalofríos como la de días pasados, esta vez parece que su gesto se ha suavizado un poco.

Lo escuchamos de vez en cuando soltar risitas breves y quedas lo que nos hace pensar que seguramente está tramando alguna especie de asesinato aunque no parece ser el caso ya que sencillamente se dirige a su trabajo, justo en la casa editorial pues a juzgar por la hora está terminando su horario de comida y tiene que regresar.

Entra al edificio de nuevo con su buen humor que hace que más de uno se aleje de su lado al ver esta mueca extrañamente feliz, y para nuestra sorpresa esta vez al ruso no parece importarle estar ahuyentando a la gente, pues no ha subido en ningún momento su bufanda para cubrir su cara o no se ha mostrado incomodo, ni siquiera cuando todos en el elevador casi se movieron hasta la esquina de este solo para dejarle espacio y subir hasta su piso correspondiente en donde con el mismo ánimo caminó hasta su gris y aburrido cubículo.

Esta vez cuando lo hemos seguido hasta este departamento silencioso, gris y desabrido de nuevo escuchamos murmullos y el constante "tlac tlac tlac" de calculadoras y teclados siendo golpeados a un ritmo que parece casi estar en una perfecta coordinación, aunque Iván no hace lo suyo, está mirando a todos lados como si buscara a alguien y no tarda demasiado antes de encontrar esa larga mata rubia que se mece junto con el caminar amanerado y el contoneo de caderas.

No es difícil darnos cuenta de que Iván parece emocionarse pues de pronto endereza su espalda y su sonrisa se hace ligeramente más larga todo esto al tiempo que escuchamos la voz de Feliks escupir ordenes acompañadas de esas muletillas tan propias de él.

-Ósea a mí no me hables de cuál es el límite del presupuesto para las reimpresiones, eso háblalo con mi jefe pero si no me das mis reimpresiones es conmigo con quien te las vas a ver y como que te aseguro que no me quieres ver exigiendo lo que me corresponde así que me importa un carajo a ver a que otro autorcillo de tercera le reduces el presupuesto para completar el mío pero quiero ese número exacto de copias y si no lo haces puedes ir con el editor en jefe que da un poquito más de miedo que yo y eso no te va a gustar- dice Feliks de nuevo al hombrecillo de lentes que suda profusamente cada vez que se tiene que enfrentar a los caprichos descabellados del rubio que sonríe de manera altiva al dar por zanjada la discusión y camina por el pasillo del departamento contable como si fuera una diva en plena pasarela… excepto que a su alrededor solo hay murmullos reprobatorios, alguno que otro insulto dicho en voz muy baja y miradas desdeñosas a las que Feliks pasa de largo con aire triunfal.

-¡Feliks!- le llama entonces Iván alzando un poco su voz haciendo que el mencionado se detenga un momento y mire a todos lados buscando entre ese laberinto de cubículos hasta ver la única cabeza que sobresale más que el resto y se desvía hacía ese lugar en específico.

-Ivancito mátame o ayúdame a quemar esta empresa con todos sus empleados dentro- dice Feliks apenas llegando dejándose caer sobre la espalda de Iván haciendo parecer eso más un abrazo que hace al ruso ponerse tan tieso como una tabla.

Es gracioso ver su cara azorada al tener a Feliks prácticamente colgado de su espalda; el ojiverde apoya su barbilla en el hombro del más alto rozando con su nariz la mejilla del ojivioleta que intenta mantenerse en calma aunque sus músculos tensos no parecen querer cooperar.

-Si hacemos eso me quedaré sin trabajo- contesta Iván sonriente y vemos como hace un considerable esfuerzo por pretender sonar normal. Feliks suelta un bufido y se incorpora sentándose en el pequeño escritorio y tomando los extremos de la bufanda de Iván jugando con ellos.

-¿Y eso qué? Quemamos el lugar, nos volvemos prófugos de la justicia, escapamos a alguna playa en México y nos vamos de putas- bromea Feliks jugando con los extremos de la bufanda haciendo reír a Iván que todavía parece estar algo nervioso ya que sus hombros todavía están muy rígidos. Se deberá seguramente a la confianza con la que Feliks le habla, la manera en que lo toca sin siquiera inmutarse y como parece que a pesar de llevar poco tiempo juntos le hable con tanta naturalidad.

-No suena como un mal plan ¿Cuándo quieres mandarlos a todos al infierno?- pregunta Iván con una sonrisa que retoma su aire perturbador, otra vez sentimos la necesidad de alejarnos un par de pasos de él. En cambio Feliks ríe dándole un golpecito en el hombro.

-Me gusta que me sigas la corriente, ósea, súper gracioso- dice Feliks todavía recargado en el escritorio, desviando su mirada entonces al portarretrato que el ruso tiene ahí, la mitad de la foto se oculta bajo un par de sobres y papeles.

-¿Tú novia?- pregunta el ojiverde de pronto señalando la parte visible de la foto que muestra a una chica de largo cabello platinado.

-No, mis hermanas- dice el ojivioleta alzando el portarretrato para mostrárselo a Feliks que ahora ve a dos mujeres de ojos azules y cabellos rubios.

-Diablos Iván, tus hermanas son hermosas… ¿O acaso recortaste esto de una revista para no sentirte tan solo? Si no es así dime como carajos funciona la genética en tu familia- dice el rubio viendo a las muchachas, una que sonríe abiertamente con un poco de timidez y la otra completamente inexpresiva, pero curiosamente el gesto logra acentuar sus facciones tan refinadas.

-Si te sirve de algo Natasha sale en revistas, es modelo y Yakaterina siempre ha sido muy popular. Los buenos genes se los llevaron ellas- dice orgulloso Iván de sus hermanas y con ese reflejo inconsciente vuelve a alzarse la bufanda ocultando su nariz ganchuda. Empezamos a creer que tiene algún complejo con ella, tal vez la siente muy grande para su rostro, podría ser que no le gusta que esa parte especifica de su cara sobresalga de tal manera.

-Uy ósea, deja tu modestia para alguien que se la crea, si tú también eres guapísimo ¿Sabes cómo eso me hace sentir? Si no fuera porque me estoy reivindicando ya te hubiera vuelto la cosa más gay sobre la tierra después de una noche conmigo- dice Feliks y ahora vemos como la cara de Iván se colorea de manera violenta de un intenso color rojo por el comentario y es que el ojiverde a veces es demasiado directo.

-Pero para tu buena suerte he decidido dejar de ser tan zorra y como que buscarme algo sano para reprimir el saco de complejos y nula autoestima que soy. Me he dedicado a ver telenovelas coreanas como poseído y vaya que ayuda, ¿Has visto una alguna vez? Ósea como que mi vida es mucho menos miserable a comparación de las de ellos- comenta Feliks y no dudamos ni por un segundo eso que dice sobre los teledramas coreanos… cualquiera se siente un poquito menos miserable cuando ve esas historias.

Iván tratando de tranquilizarse y regresar a su tono normal de piel solo se sonríe al tiempo que Feliks consulta su reloj y da un lánguido suspiro levantándose del escritorio pasándose las manos por el cabello para amarrarlo rápidamente en una coleta dejando algunos mechones dorados enmarcar su rostro.

-Hora de regresar al trabajo, tengo un autor incompetente al que explotar. Nos vemos corazón- dice a punto de irse pero Iván lo detiene.

-Espera, toma esto- le dice sacando de la bolsa de su gabardina el pequeño paquete que un rato antes había adquirido en la tienda de Yao.

-¿Qué es esto?- pregunta Feliks estirando su mano para recibir la bolsita.

-Es un remedio para el dolor de cabeza, me habías dicho que tenías migrañas y también para la resaca… por si algún día necesitas acabarte otra botella de vodka- dice Iván sonriente y esta vez Feliks ríe.

-Siempre necesito vodka en mi sistema, todos los días acumulo porquerías y necesito desinfectarme. Gracias Ivancito, eres un terrón de azúcar- agradece el ojiverde pellizcándole una mejilla al más alto que suelta un ligero quejido por la fuerza del pellizco que le deja la mejilla un poco amoratada.

-Seguramente eres de esos novios súper atentos y lindos, en serio me sorprende que estés soltero aunque digas eso de que la gente te tiene miedo. Imagino que tus relaciones han sido muy duraderas a pesar de todo- comenta Feliks y esta vez Iván ríe con algo de desgana.

-Para nada… las personas no se me acercan y cuando lo han hecho creo que al final todas se han arrepentido- dice el ojivioleta y su tono entonces comienza darnos miedo por la manera en cómo se vuelve más grave; el otro rubio lo mira como cuestionándole en silencio el porqué del comentario.

-No soy bueno como pareja, tiendo a ser extremadamente posesivo cuando estoy con alguien, no me gusta que toquen lo que es mío- explica y su expresión se torna sombría al igual que su tono de voz y la manera en como dice esto. La piel se nos eriza y sentimos un escalofrío desagradable concentrarse en nuestra nuca…

Es entonces que nos preguntamos qué clase de humano es Feliks que de nuevo se echa a reír con toda la naturalidad del mundo sin estar en absoluto afectado por ello.

-Bueno Ivancito, tú siendo un loco controlador y yo un neurótico emocionalmente dependiente de cualquier cosa que le muestre empatía, somos parte del club de "moriré soltero porque estoy demasiado retorcido para mantener una relación saludable con una persona psicológicamente funcional". Junto con la membresía te llevas una botella de Jack Daniels, una caja de antidepresivos y una agenda con el número de todos tus ex porque en algún momento crees que es buena idea llamarles llorando y berreando como morsa moribunda- bromea el ojiverde haciendo que Iván borre al instante ese rostro sombrío y vuelva a reír cubriéndose la boca para que los jefes no le llamen la atención.

Feliks tiene una peculiar cualidad de hacer chistes crueles acerca de su propia condición, el humor casi siempre es una gran ayuda para enfrentar algunas pesadas realidades.

-Ahora si me voy cariño, o el editor en jefe no va a dejar de gritarme en lo que reste del día- dice el rubio corriendo con pasitos amanerados hasta el ascensor dejando a Iván otra vez sonriente, posiblemente satisfecho de saber que hay alguien a quien no le provoca escalofríos, que toma sus defectos con extrañas dosis de humor negro, pero que finalmente los acepta, no los rechaza ni intenta cambiarlo.

El editor logra alcanzar el elevador y las personas que van en él de inmediato salen como si todas casualmente tuvieran asuntos en el departamento contable. Feliks está acostumbrado a esto así que no le da mucha importancia, aprieta el botón que corresponde a su piso y se recarga en la pared esperando llegar mientras escucha esa desesperante música ambiental que llena el silencio que el resto de las personas dejaron.

Finalmente nos detenemos en el piso deseado y el rubio sale caminando directo a su escritorio tratando de evadir seguramente al jefe de editores, cosa que logra exitosamente aunque en su mesa hay alguien más sentado ocupando su lugar como si nada.

-Ey niño, mueve tu bonito trasero de ahí- le ordena el ojiverde a Lukas que estaba muy cómodo en su silla, con algo de pereza el muchacho hace caso y Feliks toma asiento dejándose caer en su silla.

-¿Cómo que, qué haces aquí? ¿Artie te mandó de su recadero otra vez?- pregunta el editor revolviendo papeles en su escritorio.

-No precisamente aunque sí tiene un mensaje para ti, creo que quiere saber si puedes verlo en la noche para hablar algunas cosas de su nuevo libro- dice el ojiazul viendo como el otro rubio sonríe ligeramente mientras arquea ambas cejas.

-Uy que romántico por parte de Artie, espero me reciba con una cena decente y un capitulo aceptable- responde Feliks ahora alzando su mirada hacía el chico que parece aun estar esperando algo.

-¿Se te ofrece algo más?- le pregunta al ojiazul que se queda pensando un rato pero finalmente toma valor, podemos darnos cuenta de ello por como sus hombros de pronto se enderezan ya que su rostro, como de costumbre, no expresa absolutamente nada.

-También vine para hacerte una pregunta un poco más personal- comenta el muchacho ahora captando la completa atención del ojiverde. -¿Cómo fue que te decidiste a ser editor? Tengo entendido que estudiaste letras clásicas, pudiste haberte dedicado a escribir… ¿Por qué elegir editar los libros de alguien más?- pregunta el joven esperando ansioso la respuesta.

-¿Te dijeron que no tenías talento para escribir?- inquirió una última vez antes de que el otro contestara.

-Ósea relájate Lukas, no todos los que estudiamos literatura teníamos el deseo de ser escritores. Si soy editor es por dos sencillas razones: Me gusta criticar y me gusta leer. Fin. Ser editor me permite ambas cosas; hombre, deberías dejar de estar obsesionado con ese tema del talento- contestó sencillamente sin darle más rodeos al tema.

-Cómo no quieres que lo esté cuando todo este tiempo solo he terminado de darme cuenta que solo la gente que nace con él logra triunfar en esto… esforzarse es lo único que nos resta a los que nacimos sin el don y ni siquiera eso asegura que podamos llegar a la meta- dice Lukas en algo que mas bien suena como un largo suspiro de desgana.

-¿Y tú crees que Arthur un día solo se despertó con las ganas de escribir y al día siguiente alguien le propuso firmar un contrato?- responde Feliks negando con su cabeza y volviendo su mirada a su trabajo.

-Pues considerando lo joven que es y el número de Best Sellers que ha acumulado no lo dudo; además por más que trabaje a su lado y sea su asistente sigo sin saber cómo es que logra escribir de esa manera, finalmente llegué a la conclusión de que se trata de algo con lo que puedes o no nacer. Así de fácil.- explicó Lukas escuchando una risa extraña por parte de Feliks.

-Mi amor, yo no soy del tipo de personas que va dando consejos a gente tan lastimera como tú pero haré una excepción contigo porque tienes una cara linda.- comenzó a decir Feliks cruzando de manera afeminada sus piernas y jugueteando con su bolígrafo rosa enredándolo en uno de los mechones de su cabello.

-Trabajar con Arthur las veinticuatro horas del día no te va a dar la respuesta a lo que buscas, hay muchas cosas que influyen en el éxito y una de esas sin duda es "nunca digas todo lo que sabes". Arthur tiene su técnica de escribir, sus procesos creativos, la manera de ordenar sus historias y construir a los personajes, son cosas que ha ido aprendiendo después de muchísimo trabajo y claro, no se lo va a venir a enseñar a un mocoso que solo se la pasa sintiéndose mal por no haber nacido sabiendo escribir. Busca tu propia manera de aprender, haz como los simples mortales: Tratando y fallando. Tus lamentos sobre el talento ya nos tienen un poco aburridos a todos los que te escuchamos.- responde Feliks y con esta última frase ha dejado bien claro que deje de molestarlo con ese tema de una vez por todas y la verdad es que a ti y a mí también ya nos está empezando a enfermar todo ese tema de los talentos natos.

Lukas sencillamente rueda los ojos de esa manera que parece decir "nadie me entiende" y sin siquiera despedirse se da la media vuelta dejando a Feliks atrás que tampoco se molesta en decirle otra cosa así que el chico solo se va y ahí vamos tras él escuchando sus múltiples resoplidos porque parece ser que le frustra el hecho de que nadie lo entienda y de alguna manera conocemos ese sentimiento, la sensación de que nadie comprenda que tienes un "algo" perforándote por dentro.

Siendo aún victimas de nuestra maldición con las escaleras, Lukas justo ha decidido bajar por estas con unos pasos que nos dan pereza y ganas de empujarlo por ellas para ver si rodando es capaz de bajar más rápido, pero nos contenemos, somos gente civilizada después de todo.

Tras haber terminado el recorrido de todos los peldaños salimos junto con él, que se quita el gafete y se dispone a guardarlo en su maletín pero antes de hacerlo encuentra dentro el libro de Mathias, el que ya lleva ahí metido demasiados días, tantos que el sobre ya está un poco sucio y maltratado. El ojiazul lo saca y lo mira por unos momentos suspirando otra vez.

-No tengo nada mejor que hacer- dice poniéndose el sobre bajo el brazo encaminándose al mismo pequeño restaurante tranquilo de la última vez, ese en donde tuvo la intención de humillar a Mathias pero el tiro le salió por la culata.

Llegamos y el lugar está casi vacío aunque es refrescante estar lejos de tanta gente, tomamos asiento junto con el rubio que con cuidado abre el sobre y saca el montón de hojas; la primera es la portada del libro que no es otra cosa más que un cielo estrellado lleno de muchos colores, como una aurora boreal, todo pintado a acuarela y con una firma en la esquina pero que no corresponde a la de Mathias puesto que esta reza un nombre italiano. Tras darle una rápida mirada a la portada salpicada de colores llamativos sobre un lienzo negro que se degrada a un azul marino, Lukas se dispone a leer el primer capítulo.

La ventaja de los libros infantiles es que son breves y las letras tan grandes junto con las ilustraciones abarcan casi toda la página, así que el leerlo no le llevará tiempo.

El camarero ya ha pasado a dejar la orden que de nuevo es una bebida fría retacada de hielos, vemos a Lukas muy concentrado leyendo, dejando las páginas leídas a un lado. Las ilustraciones nos dan una idea acerca de lo que va el libro, seguramente alguna historia de un chiquillo solitario que se la pasa mirando al cielo bajo esa aurora boreal tan bien pintada, aunque en la expresión del ojiazul no vemos ni un ápice de emoción, sus ojos solamente recorren las letras y los hielos de su bebida comienzan a derretirse pues no le ha dado ni siquiera un trago.

Le escuchamos soltar un suspiro de vez en cuando cuándo se queda más tiempo del necesario leyendo (o releyendo) alguna página en especial. Cuando creemos que ha terminado de leer todo, vuelve a acomodar las paginas en orden… y comienza de nuevo. Creemos que Lukas está releyendo esto para hacerse de una larga lista de defectos y fallos en el libro pues esta vez está tomándose el doble de tiempo para leer, concentrándose más y más en cada página ahora dejando de lado las que tiene las ilustraciones.

Unas horas después, cuando su bebida no es más que hielos convertidos en agua y ha terminado la segunda lectura deja escapar un larguísimo suspiro como si con ello también estuviera dejando salir todo el oxígeno en sus pulmones. Toma pacientemente el manuscrito y lo vuelve a poner en el sobre para luego recargar su barbilla sobre su mano mirando a la nada con unos ojos extraños, ya no son fríos o gélidos, tampoco podemos decir que chispean de emoción… sencillamente están ahí, como canicas que adornan el rostro de una muñeca.

-Y entonces el tipo loco tenía razón… es bueno- comenta a nadie en especial con su tono de voz monocorde. Y se queda así, estático sin hacer otro comentario o alguna otra cosa… detalle que comienza a asustarnos…

Finalmente tras casi diez minutos de quedarse completamente inmóvil y que nos hiciera sospechar que había quedado catatónico, Lukas deja caer su cabeza y la golpea contra el borde de la mesa provocándonos un maldito sobresalto por eso. Tras el fuerte golpe el chico con la frente enrojecida se vuelve a enderezar y se lleva las manos a la cara cubriendo solamente sus ojos tomando hondas y largas respiraciones, otra cosa que por cierto, nos está preocupando pues su respiración se torna entrecortada.

-Ah… que mierda… ¿Y si solo me doy por vencido? Ya me estoy cansando de todo esto- dice otra vez para sí mismo, su voz baja pero ahora se le nota un tanto diferente, temblorosa al tiempo que sigue cubriendo sus ojos y respira rápido.

Hey… ¿No estará…? Tú sabes… ¿Llorando?... ¡Claro que no! No puede ser, es el chico mortalmente frío que apenas y tenemos la certeza de que tiene sangre en las venas y no nitrógeno líquido, es imposible que él sepa hacer algo tan humano como llorar.

Pero de nuevo la vida y el mundo nos enseña que rebosamos ingenuidad y vemos como Lukas se limpia afanosamente los ojos junto con las mejillas y vuelve a llevarse las manos a la parte de arriba de su rostro cerrando con mucha fuerza sus parpados percatándonos de sus pestañas humedecidas.

-Esto es tan frustrante… casi parece un mal chiste- vuelve a decir y toma una larguísima inhalación una última vez antes de volver a pasarse las mangas de su camisa por los ojos y la cara retomando su gesto estoico y frío con lo que lo conocimos.

Toma un par de tragos a su bebida, esnifa unas cuantas veces y toma sus cosas dejando el dinero sobre la mesa junto con la propina saliendo del restaurante y comenzando a caminar como si en ningún momento se hubiera quebrado, nadie lo sospecharía, ni siquiera al ver esos ojos algo irritados puesto que el resto de su cara se muestra completamente impasible.

Al ir por la calle casi podríamos jurar que lo que vimos hace un rato fue solo un espejismo, una mala jugada de nuestra imaginación ya que no encontramos manera en como Lukas puede mostrarse tan natural y de nuevo como si absolutamente nada lo afectase; una vez mas llegamos a la conclusión de que este hombre no es del todo humano. Así que estando conformes con nuestra resolución vamos a su lado en la transitada calle llena de gente con sus propios problemas, gente que seguramente también se derrumba, llora, y después finge que nada pasó… ¿Cuántos de todos los que vemos por aquí han hecho eso hoy… cuantas veces lo hemos hecho nosotros mismo?

Al seguir andando entre el barullo de personas y el ruido que hacen al andar podemos escuchar que algo ajeno a este ambiente se hace escuchar, una guitarra eléctrica junto con una voz que se alza entre todas las charlas triviales.

Lukas capta el sonido y sin cambiar todavía su expresión mira con sus ojos azules a todas direcciones hasta la esquina de la calle en dónde hay un chico de cabello negro y guitarra que canta a todo pulmón, solo ayudado de su amplificador y la propia potencia de su voz. Nuestro rubio platino alza una ceja.

-Otro como yo- dice entre dientes.

Podría ser que se refiere a otro tipo insulso y sin talento que quiere convencerse de lo contrario y hace hasta lo imposible por cumplir sus sueños aun a sabiendas de que no tiene lo necesario para ello.

-Hasta es triste verlo- comenta Lukas siguiendo con su camino acercándose al muchacho que canta y que no es otro más que nuestro Yong Soo que esta tarde se le ve más inspirado que de costumbre.

El rasgueo de la guitarra acompaña la voz que canta a un ritmo apresurado, su voz un tono más alto de lo acostumbrado pero no por ello menos potente lo que hace increíble que la gente no voltee a verlo aunque hace que nuestro escritor frustrado se detenga un momento, momento que basta para escuchar el mensaje del músico.

No entiendo porqué

Me quedo quieto porque de todos modos no tengo remedio.

Supongo que no importa lo que haga

Estoy intentando no perder la esperanza, ahora me enfrento a un futuro en el que no sé

Cuanto estaré retrocediendo.

Yong Soo ha logrado captar la atención de Lukas ya que este no se ha movido de su lugar y lo mira a los ojos intensamente como si el otro tuviera las respuestas a los males que lo aquejan. Podría ser que Yong Soo tiene la cualidad (o mala suerte) de que la gente que está al borde de cualquier tipo de abismo se detiene a escucharlo, podría ser que después de todo la voz de Yong Soo no es tan muda como muchos lo piensan, la prueba está ahí en Lukas que ahora con los brazos cruzados sigue escuchando el tocar violento de la guitarra y las palabras que salen una tras otra.

¿Qué tan pronto descubriré el futuro si sigo intentando caminar cubriendo mi cabeza?

¿Cuánto tiempo me llevará?

Incluso si me enojo al ser superado, nunca intentaré pasarlo otra vez

Como la luna que flota en la noche

El chico moreno ha notado que lo escuchan y aun mientras canta no puede atinar a hacer otra cosa más que sonreír mientras pasa hábilmente sus dedos por el brazo de la guitarra y hace un breve contacto visual con el joven rubio que da la impresión de seguir esperando más de su mensaje.

De algún lugar escucho una voz

"Si es un futuro en el que vas a tirar todo a la basura.

Por favor dámelo a mí, te enseñaré a usarlo bien"

Con otro breve suspiro Lukas se busca entre los bolsillos de su pantalón y encuentra una moneda que arroja al estuche de la guitarra mientras el moreno aun toca, pasa a su lado después de dejarle el dinero y podemos jurar por nuestra vida que le hemos visto a Lukas un asomo de sonrisa que dura tan solo unos instantes. Por su parte Yong Soo sonríe todavía más, si no se le ha salido una risa es porque tiene que seguir cantando, la última estrofa que Lukas no escuchó y que tal vez le vendría muy bien para situaciones futuras.

Yong Soo retoma la vista al resto de su ausente público, tomando aire para continuar.

Muy a lo lejos, te grito

A partir de ahora, espera antes de que te vayas

Tú, que tienes lágrimas flotando en tus ojos

Eres esa cosa en mi futuro

Canta por ultimo Yong Soo y por la mueca en su rostro podemos ver que va dedicada a cierto chino al que hace apenas unas horas acababa de declarar su amor en un arranque de pasión seguramente.

-¡Kyaaaaaa! ¡Yong, hazme un hijo!- una voz que pretende sonar aguda y femenina se hace paso entre los murmullos del resto de la gente y podemos ver que es Alfred que él llega dando saltitos afeminados y más grititos agudos imitando a alguna especie de fanática loca.

-Ni siquiera me escuchaste- le reclama Yong Soo cuando el rubio y alto Alfred llega a abrazársele aun en esa extraña parodia de fan.

-Es cierto, apenas crucé la calle, pero sabes que soy tu fan número uno, aunque no venga a todos tus conciertos- le dice el animoso Alfred que todavía enganchado al moreno y aprovechándose de la notable diferencia de estaturas, le revuelve el cabello moviendo ese peculiar rizo que sobresale de la cabeza del músico.

-Si claro ¿Cómo quieres que te crea si nunca vienes a verme? Ni siquiera te tomas diez minutos para escucharme tocar, eres como todos los hombres Alfred Jones, fui un tonto al haber caído por ti- dice dramáticamente Yong Soo fingiendo sollozar lastimeramente y ganándose por ello un empujón fuerte por parte del rubio que casi lo hace irse de lado.

-Me das escalofríos cuando te pones en tu papel de esposa engañada. Y hablando de eso, tengo que ir a ver a alguien, lo siento cariño no me esperes para cenar- vuelve a decir Alfred tomando a Yong Soo por la cara formando un mohín con sus labios haciendo como que lo va a besar en la boca pero el moreno le pone la mano en la cara y le devuelve el empujón.

-¡Aléjate de mí bastardo infiel! ¡Lárgate con la otra y no me busques más!- le sigue el juego Yong Soo haciendo reír a carcajadas a Alfred mientras que el resto de la gente apenas les dirige una mirada pensando que realmente son una pareja en pleno pleito.

Alfred se aleja apretando el paso y hemos terminado por ir tras él mientras que un rasgueo solitario de guitarra se reanuda a lo lejos, pero ahora nos centramos en seguir al ojiazul que saca su teléfono celular solo para revisar el último mensaje que le llegó y que a juzgar por la absurda extensión de este, seguramente es de Alfred.

-¿En serio tiene que escribir tanto solo para invitarme a salir?- pregunta el muchacho al ver las, casi siete líneas que esta vez Arthur escribió, primero con un cordial y anticuado saludo, después explicando la razón del mensaje, luego "buscando la posibilidad de poder citarse" y finalmente deseando otro fructífero día para el ojiazul que respondió con un: "Ok. Te veo en treinta minutos" junto con la dirección del lugar a verse, cosa que seguramente sacó de sus casillas a Arthur por el hecho de que el muchacho contestara con esos mensajes escuetos.

Cabe mencionar que este no es el único mensaje, si nos fijamos bien podemos ver que la bandeja de correos tiene un cuantioso número de mensajes todos de Arthur… será que este par ha estado hablando más de lo que pensábamos.

-Lástima por Matty, le dije que me vería con Arthur y no quiso venir, él se lo pierde- dice el chico pensando en su hermano menor el cual posiblemente no le creyó ni una sola palabra cuando le dijo que se vería con el afamado escritor.

Vamos tras el apresurado Alfred que suelta unas risitas traviesas cuando revisa la hora desde su teléfono y camina más rápido haciendo que tú y yo también tengamos que hacer un esfuerzo para alcanzar a ese muchacho que es más bien como un huracán de energía y sonrisas aniñadas. Este comienza a correr por entre las calles todavía riendo como si aquello fuera una competencia con un rival invisible hasta el momento en que nos acercamos a un pequeño parque que parece no encajar en medio del paisaje citadino. Justo debajo de un árbol como si fuera la escena de alguna comedia cliché, vemos una silueta que hace a Alfred reír otra vez alzando un poco más la voz.

-¡Arthur!- llama dando un salto para que el ojiverde voltee y de inmediato frunza el entrecejo y chasqueé la lengua en un gesto reprobatorio.

-Me dijiste que nos veríamos en treinta minutos, ya pasaron cuarentaicinco y apenas te apareces- le regaña al chico que se acerca sonriendo como si fuera un mocoso que acaba de hacer una travesura.

-Perdón, salí un poco más tarde de lo planeado de clase y bueno, tú sabes que soy un chico popular y la gente necesita un poco de mi presencia en sus vidas- bromea el ojiazul haciendo que Arthur haga más profunda la arruga entre sus cejas mientras niega con la cabeza dando un resoplido.

-La verdad es que no sé cómo tomar tu completa falta de modestia, pero te llamaba para otra cosa, necesito saber si…- pero antes de que el ojiverde pueda continuar hablando, Alfred suelta un gritito de emoción interrumpiéndolo abruptamente.

-¡Mira, un balón de soccer! Vamos a bajarlo- dice el chico de lentes señalando el balón atrapado entre las ramas del árbol importándole muy poco lo que el escritor estaba a punto de decirle y el británico ya no sabe no solo como tomar la falta de modestia de Alfred, sino su actitud de niño y esas acciones que le nacen de improvisto.

-Hey espera… está muy arriba, ya intenté alcanzarlo pero no se puede- explica el ojiverde solo haciendo reír a Alfred con sus carcajadas heroicas y algo vanidosas. El muchacho se saca la chamarra de cuero tirándola al césped y mira el árbol como si estuviera examinándolo concienzudamente hasta que finalmente asiente con la cabeza, se agarra de la rama que le queda más cerca comenzando a escalar.

-¡Oye, te vas a caer! Baja de ahí ahora mismo- le ordena Arthur pero el muchacho ya está demasiado metido en su tarea de escalar dispuesto a alcanzar el balón que seguramente algunos niños abandonaron después de intentar bajarlo.

-Relájate ya casi llego- dice Alfred que con su sonrisa de chiquillo apoya uno de sus pies en la rama más gruesa mientras estira su brazo hacía arriba empujando con las puntas de sus dedos el balón intentando zafarlo del agarre de las ramas hasta que finalmente este gira y cae.

Arthur desde abajo corre a atrapar el balón sorprendido del que el otro rubio de verdad haya ido hasta casi la copa del árbol solo para bajar la pelota.

-Ya baja de ahí antes de que te caigas y te rompas todos los huesos- le ordena el ojiverde a Alfred que se vuelve a sonreír y baja con cuidado sin importarle el hecho de que ahora toda su ropa está sucia y tiene un par de rasguños en los brazos. Definitivamente Alfred es como un niño, no nos sorprendería verle las rodillas raspadas junto con las mejillas llenas de tierra.

Estando de nuevo en tierra firme el rubio suelta una serie de risitas mientras intenta sacudirse la ropa que ya es un desastre.

-¿Qué te parece si jugamos un rato?- pregunta Alfred a lo que Arthur no parece nada convencido. -¿Qué pasa? ¿El señor escritor no sabe jugar soccer?- pregunta en un tono altivo y de burla, esta vez es Arthur el que suelta una sonora carcajada que se escucha extraña viniendo de él.

-Por favor niño, estás hablando conmigo que pasé toda mi infancia jugando contra cuatro hermanos mayores tiranos que me usaban de portería, escuchaste bien, no de portero, de portería. Puedo aguantar un juego con un yanqui que seguramente ni siquiera sabe patear la pelota- le provoca el ojiverde a Alfred.

-Hablas mucho Arthur, mejor vamos a jugar- y con esto dicho el ojiazul le arrebata el balón al escritor que se quita sus lentes obscuros y su saco para correr en dirección de Alfred que ya va corriendo como loco riendo.

Nos encantaría unirnos pero parece ser que hay un bonito ambiente desarrollándose entre ambos… o eso creemos pues por primera vez vemos a Arthur sonreír y no esas sonrisas sardónicas, irónicas o inyectadas de sarcasmos. Esta vez va persiguiendo a Alfred con una sonrisa de verdad, intentando arrebatarle el balón con un complicado movimiento de pies que Alfred pretende evitar aprovechándose de ser más alto y posiblemente más pesado de Arthur.

Van de un lado a otro, comenzando a sudar, cayéndose y levantándose sin importarles ensuciarse, dándose jaloneos para robarse el balón y a veces también empujándose para disputarse el control de la pelota, usando el arco sin red como portería. Cada vez que alguno de los dos mete un gol les da por soltar gritos que sobresaltan a la gente, Alfred grita y hace un baile raro mientras que cuando Arthur anota suelta gritos de regocijo y su acento británico se remarca todavía más haciendo un poco difícil de entender lo que dice (que seguramente son palabrotas).

Siguen jugando así, cometiendo más faltas que jugando ya que parece que se han acostumbrado a eso de andarse jalando la ropa, meterse el pie para hacer tropezar al otro y en vez de empujarse ya se taclean lo que nos hace pensar que es increíble que no se hayan roto un dislocado algo aun.

-¿Qué te pasa Arthur? Si te quedas ahí parado voy a pensar a creer que los años ya te pesan- dice Alfred a quien le escurre el sudor por la frente y se quita los lentes para limpiarse la cara mientras que el ojiverde por su parte se deja caer en el césped tomando hondas respiraciones.

-Olvidé que soy un fumador compulsivo, creo que si sigo corriendo así me va a dar un paro respiratorio- dice el ojiverde recostándose en el piso estirando sus pies y brazos –Y aun con ello te gané. Pequeño perdedor- se burla Arthur con la respiración acelerada tratando de recuperar el aliento mientras que Alfred camina hasta él dejándose caer a su lado riendo estrepitosamente.

-Pura suerte. No acostumbro a jugar soccer, yo soy de deportes de verdad, juego futbol americano en la universidad- presume el ojiazul con su enorme sonrisa radiante que contagia un poco a Arthur que con el cabello hecho un desastre (todavía más de lo acostumbrado) voltea a verlo y le sonríe por igual.

-Deporte de barbaros, aunque jugar americano no es muy diferente de jugar soccer con mis hermanos… eran unas bestias; todavía lo son por eso evito tanto las reuniones familiares- comenta Arthur mientras que Alfred a su lado enlaza sus manos tras su cabeza para usarlos de apoyo.

-¿No te llevas bien con ellos?- pregunta Alfred mirando de soslayo a Arthur que deja sus ojos perderse en el cielo azul sobre él.

-No, soy el menor de todos y eso siempre me hizo el blanco de todas sus torturas además creo que nunca me sentí como parte de ellos ¿Sabes lo incomodo que es ser el único de toda la familia que no es pelirrojo? Siempre me hacían burla diciéndome que era adoptado y creo que en algún momento me convencieron de ello… que yo no pertenecía a esa casa y finalmente terminé por aislarme de toda la familia- comenta Arthur como si fuera la cosa más normal del mundo pero en el rostro de Alfred se pinta una mueca de tristeza que no va para nada con él, ya nos hemos acostumbrado tanto a verlo sonriente que nos hace sentir un extraño malestar verlo con ese tipo de expresiones en su cara.

-Eso es muy triste…- dice Alfred –Yo siempre he tenido a mis padres y a Matty aunque él vivió en Canadá un tiempo porque se empeñó en estudiar allá; aun así siempre hablamos y esas cosas a pesar de que casi siempre estamos peleando yo sé que puedo contar con él cuando lo necesite. No puedo imaginar cómo es no poder contar con tus propios hermanos- dice en un tono triste el ojiazul a lo que Arthur le da un pequeño codazo en las costillas al chico.

-No fue tan malo, gracias a eso descubrí lo mucho que me gusta escribir. Me aislé de mi familia y de todo el mundo pero creé mi propio universo con libros y cuentos que escribía desde que era niño así que algo bueno vino de ello aunque ahora ya no tengo idea de para quien escribo o qué diablos estoy haciendo de mi mundo- contesta Arthur y ambos se quedan callados por un momento hasta que Arthur se incorpora quedándose sentado mirando a Alfred.

-Lo que me recuerda la verdadera razón por la que te llamé. Estaba pensando en nuestra última conversación y pensaba que era una buena idea la de implementar un personaje con las características que me habías comentado- dice Arthur y Alfred no parece entender qué diablos le está diciendo, por supuesto el ojiverde se ha dado cuenta de esto y da otro resoplido.

-¡El héroe! Recuerda que me comentabas acerca de un héroe que pudiera salvar a mis personajes y estoy cotizando esa idea… alguien que venga a darle un giro dramático a toda la historia, creo que es algo que mis lectores no se esperarían, ver a alguien que es todo lo opuesto a lo que están acostumbrados, un experimento interesante- explica Arthur haciendo que Alfred también se levante y se siente en flor de loto.

-¡¿En serio?! Podrías hacer un personaje que sea como Tony Stark… no, creo que sería demasiado drástico y no funcionaría, que tal entonces si lo haces más Wolverine un poco menos salvaje. Oh, ya sé puede que sea…-

-Que sea tan solo un jovencito con demasiada energía en el cuerpo, que sonríe sin razón aparente y parece vivir en un planeta completamente diferente… como un alienígena que viene a invadir el mundo del protagonista- termina de decir Arthur mirando al otro con unos ojos extraños que hacen que Alfred se quede callado por unos segundos y el rubor que antes se posaba en sus mejillas por el ejercicio, ahora se acentúa ligeramente.

-No… no creo que algo así funcione- dice Alfred y tenemos la increíble suerte de apreciar un evento sumamente raro que solo pasa una vez cada mil años: El de ver a Alfred F. Jones avergonzado.

-¿Por qué no? Haré un héroe ficticio basado en un héroe de la vida real, empiezo a creer que tal vez en este mundo podrido podría haber algún extraterrestre que es capaz de ver las cosas de diferente manera, con una visión especial que le hace notar cosas que a la gente como yo sencillamente le es imposible- dice Arthur de nuevo alzando la vista al cielo mientras que Alfred a su lado se levanta tomando su chamarra y dándole la espalda un momento.

-Creo que el héroe que buscas podría ser algo mejor, no debería ser un hipócrita ni un miedoso…- dice Alfred y de nuevo entre sus palabras se cuela ese tono extraño que no parece pertenecer a él, que nos da la impresión de que alguien más está hablando usurpando su cuerpo.

Arthur se levanta de golpe por supuesto percatándose de esto, también toma su saco y sus lentes obscuros y se apresura a alcanzar a Alfred dándole una palmada en la espalda.

-¿Tú crees? Yo creo que eso es lo mejor del héroe… lo hace humano- contesta Arthur a lo que Alfred lo mira con ojos muy abiertos mientras que Arthur se mantiene tranquilo así que el ojiazul tan solo dibuja una tranquila y pequeña sonrisa en sus labios.

-Vamos por algo de comer, tengo tanta hambre que podría arrancarte un brazo ahora mismo y devorarlo- dice Alfred volviendo a la normalidad mientras que Arthur se aleja un poco de él con una cara extraña.

-No digas cosas tan grotescas por favor- pide el ojiverde mientras se aleja unos cuantos metros del ojiazul que ríe y para molestarlo se acerca todavía más a él.

-Imagina, un héroe que en realidad practique el canibalismo, ese si sería un cambio y nadie se lo esperaría- comenta Alfred riendo como si intentara sonar como un villano de película infantil mientras que Arthur no parece convencido.

-Relájate, esto no es El silencio de los inocentes y Hanibal Lecter ya es propiedad de otro autor- responde Arthur mientras siguen caminando discutiendo acerca de la mejor manera de construir un personaje.

Los dos rubios van tan entretenidos agregándole cualidades y defectos a la nueva creación que entre tantos elementos ya no sabemos si eso es realmente un personaje o una especie de Frankenstein; ambos están tan concentrados en su charla que cuando queremos percatarlos de que alguien más se acerca ya es muy tarde.

-¡Perdón!- dice un jovencito de cabello negro que fue a dar de lleno contra Alfred y casi se va de espaldas dejando caer el libro que iba leyendo mientras caminaba.

-No te preocupes ¿Estás bien?- pregunta Alfred que logró atrapar al moreno de ojos verdes por el brazo antes de que este se fuera de hacia atrás por el choque.

-Ah… si, perdona otra vez- balbucea un poco desorientado el muchachito que no es otro más que Nicolai que busca en el piso el libro que recién se le cayó y lo levanta sacudiéndolo.

-Ten más cuidado- le aconseja Alfred con su sonrisa grande y heroica a lo que Nicolai solo asiente con la cabeza y retoma su camino poniéndose el libro enfrente para seguir leyendo. Alguien debería decirle a este niño que es peligroso andar caminando por la calle leyendo.

Pero claro, los chicos siempre serán chicos y no hacen caso a los peligros que representa ir en plena avenida sin poner atención al camino, así que el muchacho sigue apenas alzando la vista para cerciorarse de que no se va a caerse por una coladera o que no lo van a atropellar. Sus pasos son lentos y cambia la página parsimoniosamente, de vez en cuando lo vemos leer moviendo sus labios y frunciendo el entrecejo como si estuviera intentando entender algún párrafo que se le dificulta.

Casi nos dan ganas de ser sus lazarillos puesto que el chico ya dejó de dignarse a ver enfrente y va chocando con todo, ojalá se golpee con un poste para que aprenda a poner atención. Sin embargo parece ya tener bien calculado el tiempo puesto que en el momento justo cuando nos vamos acercando a cierto complejo de departamentos desvía sus ojos del libro y lo cierra. Al menos tiene el suficiente sentido común de subir las escaleras sin leer.

Una vez más vamos cumpliendo nuestra penitencia de subir peldaño tras peldaño esta vez en compañía de Nicolai que ya parece bastante acostumbrado a este recorrido y no tardamos mucho en llegar hasta la puerta que corresponde al departamento de Bladimir, Nicolai llama a la puerta y nadie contesta así que toma el riesgo de girar la perilla encontrándose con la puerta abierta.

-¡Bladimir!- llama asomando su cabeza a la casa pero no recibe respuesta así que un poco inseguro se atreve a entrar cerrando la puerta tras de sí.

El ojiverde recorre la sala y se encamina a la habitación de Bladimir, mira con esos ojos reprobatorios el letrero que alerta sobre un vampiro en letargo y entra.

-Bladimir…- llama Nicolai deteniéndose en la puerta y ve al mencionado tirado en el piso boca arriba con sus piernas y brazos extendidos, la lengua de fuera y su propia silueta dibujada con gis blanco en el piso, justo como en una de esas escenas del crimen de las series policiacas, solo como último detalle una enorme mancha de "sangre" en la frente del ojirrojo escurre por su cara.

Nicolai se queda viendo un momento al joven tirado en el piso con los ojos abiertos y que parece estar aguantando la respiración para hacer su interpretación de cadáver un poco más realista. El moreno entra al cuarto, da un par de saltitos para esquivar las piernas de Blad que está desparramado en el piso y se va a sentar a la cama de este para seguir leyendo.

El lugar queda en completo silencio, solo interrumpido por el sonido de las páginas de papel al ser volteadas, Baldimir sigue en el piso y Nicolai leyendo como si estar en una sesión de lectura en compañía de un pseudo muerto fuera la cosa más normal del mundo.

Han pasado ya cerca de quince minutos cuando el supuesto cadáver se levanta enfadado.

-¿Pero a ti que te pasa? ¿Qué no ves que estoy muerto?- espeta Bladimir levantándose a lo que Nicolai levanta sus ojos del libro.

-Oh, ya reviviste- solo dice viendo al ojirrojo con su sangre falsa escurriéndole por la nariz hasta la boca y la barbilla, muy espesa para ser sangre real.

-No eres nada divertido ¿Te lo han dicho?- dice Bladimir sacudiéndose su ropa negra e intentando evitar pisar su silueta dibujada en gis.

-Desde que te conozco me lo has dicho tantas veces que ya dejó de tener sentido para mí- contesta Nicolai mientras que el rubio frunce más el ceño y se limpia con las manos el líquido rojo que ya gotea en su ropa; mientras hace esto mira de reojo el libro que Nicolai tiene entre las manos y abre muchos sus ojos.

-¡Lo estás leyendo! ¡Estás leyendo Drácula!- dice de la nada emocionado saltando a la cama asustando al moreno que se aleja unos centímetro de él sin entender a qué viene la reacción.

-Eh, pues si, para eso me lo prestaste- responde el ojiverde viendo la enorme sonrisa que Bladimir luce en su rostro dejando ver todos sus dientes incluido su par de colmillos largos. Tú y yo como Nicolai, no entendemos a que viene tanta emoción.

-Wow, no pensé que de verdad lo leerías ¿En qué parte vas? ¿Ya conociste al doctor Van Hellsing? ¡Dime que es el hombre más increíble del mundo! ¿Leíste ya cuando van al castillo de Drácula? ¿Cuál ha sido tu parte favorita hasta ahora?- le ataca con preguntas Bladimir a medida que su sonrisa se hace todavía más ancha y aun sentado en la cama da algunos saltitos por cada pregunta hecha y Nicolai parece no saber qué diablos contestar primero.

-No tengo una parte favorita hasta ahora pero… creo que me está gustando el libro aunque es un poco difícil de leer, me está costando trabajo- comenta Nicolai a lo que Bladimir suelta una risa.

-Pronto te acostumbrarás y no se te hará tan complicado. ¡Tengo una idea! Cuando termines Drácula también puedes leer estos, son mis otros favoritos- dice entusiasmado Bladimir bajando tan rápido de la cama que casi se va de cara al piso pero logra recuperar el equilibrio así que se apresura hasta su librero y emocionado toma tantos libros como puede cargar hasta llegarlos a la cama.

-Dr. Jekyll and Mr. Hyde, Fausto, La llamada de Cthulhu, Una temporada en el Infierno. Toma, te los presto todos- dice Bladimir y definitivamente no entendemos de donde ha nacido esa explosión de emoción por parte del ojirrojo.

-E… espera, son muchos y…- comienza a decir asustado Nicolai viendo los autores y hojeando un par de páginas de los mismos libros pero Bladimir no lo deja hablar siquiera pues el ojirrojo de nuevo salta de la cama corriendo hasta uno de sus cajones.

-Esos llévatelos a casa, hoy para conmemorar que has entrado al increíble mundo de Drácula es obligación ver Drácula pero la versión de 1958 porque es la mejor adaptación, tal vez la segunda mejor es la de Francis Ford Coppola pero podemos ver las dos. Ven- dice el rubio hablando sin parar tomando las dos películas y luego dirigiéndose hasta donde está Nicolai que no le puede seguir el hilo a la conversación y para cuando acuerda ya tiene al otro muchacho jalándolo por la muñeca arrastrándolo a la sala en donde casi lo sienta a la fuerza frente a la televisión para comenzar a ver la película.

-Muy bien Nicolai, prepárate para ver cine de verdad- dice otra vez sin darle oportunidad a replicar al otro muchacho que se queda medio pasmado intentando reconocer al chico que le habla con tanta emoción.

La película apenas comienza y Bladimir es otra vez un vertedero de opiniones, observaciones y críticas a la película. Que si tal o cual escena no viene en el libro, que si la actuación del actor fue "sublime", las tomas de la cámara, la iluminación, la fotografía y el efecto que esta tiene sobre el espectador y los que la vieron apenas estrenada. Bladimir habla como si toda su vida hubiera estado en silencio y solo hasta hoy le estuvieran dado oportunidad de decir todo lo que se había callado.

De vez en cuando da saltos y aprieta el brazo de Nicolai a su lado que da brincos pero por la fuerza que el otro pone, muy emocionado a pesar de presumir haber visto el largometraje tantas veces que incluso se ha memorizado algunos diálogos. El ojiverde lo mira como si fuera la cosa más extraña del mundo, bueno… siempre lo mira así en realidad pero esta vez es diferente, de verdad parece no reconocerlo en lo absoluto.

Ha llegado un punto en el que Nicolai ya no está viendo la película y tiene sus ojos clavados en el rubio a su lado que señala el televisor todavía sonriente y emocionado, de vez en cuando volviendo a tocar el brazo del moreno, otras tantas ocasiones quedándose callado, sosteniendo la respiración en alguna parte emocionante o de suspenso.

De un momento a otro, a mitad de la película Bladimir toma el control remoto y pausa el video.

-¿Por qué lo detienes? Aun no se termina- pregunta Nicolai viendo como el ojirrojo se encoje de hombros y su sonrisa se desvanece un poco.

-Creo que te estás aburriendo, no estás viéndola- dice el muchacho que después de todo logró notar que el otro ya no estaba poniendo atención a la película, pero entonces el moreno niega varias veces con su cabeza.

-No, no es eso es solo que me quedé pensando… eres realmente raro- comenta el ojiverde a lo que Bladimir suelta un resoplido que pretende sonar como una risa y se levanta del sillón para quitar la película.

-Tú también me has dicho eso tantas veces que ya empezó a perder sentido- responde el ojirrojo.

-¡No! Creo que no me entiendes, no digo raro en mal sentido. Quiero decir, cuando al principio mi mamá me dijo que tenía que venir a hacerte compañía pensé que solo eras un tipo extraño, deprimido y antisocial pero… creo que estaba equivocado- dice Nicoali haciendo que Bladimir se detenga y voltee a verlo intrigado por este comentario.

-Bueno, si eres extraño, mucho muy extraño sin embargo no sabía que eras tan culto. Lees libros difíciles, ves películas de culto y sabes muchas cosas de eso además de que antes no pensé que sonrieras tanto, siempre lo haces y aparte todo el tiempo estás jugando además de que te gusta platicar, por eso estaba un poco sorprendido, no creí que fueras ese tipo de persona... casi normal- explica Nicolai y por unos segundos Bladimir no sabe que contestar, mira a todos lados y de nuevo ese rastro de sonrisa se dibuja en él hasta que se hace más amplia dejando ver la punta de sus colmillos.

-No soy culto- solo comenta regresando al sillón todavía sonriente.

-Claro que sí, no conozco a nadie que sepa tanto de la arquitectura gótica solo para despotricar contra la escenografía de una película de 1958- contesta Nicolai mientras que el ojirrojo vuelve a reproducir la película entre risas por el comentario.

Otra vez se reanuda la emoción de Bladimir pero esta vez Nicolai se incorpora haciendo preguntas y comentarios que son respondidos al instante por el rubio que a veces incluso vuelve a pausar la cinta para poder explicarle a detalle lo que Nicolai no logra entender, como partes del libro o de los personajes.

Al final le película termina con aplausos solitarios por parte de Bladimir que corre a poner la siguiente película.

-La próxima semana hagamos un maratón de El cuervo tampoco puedes atreverte a seguir viviendo si no las has visto- propone emocionado el muchacho y esta vez el ojiverde se nota un poco incomodo.

-La siguiente semana no podré venir- dice el moreno y en cuestión de microsegundos la sonrisa vampírica se borra y ahora parece la cara de un niño que le han quitado su caramelo de la boca. -Hace tiempo que no salgo con mis amigos y ya están empezando a molestarse porque nunca puedo ir con ellos y no quiero que se hagan ideas raras- se excusa Nicolai ligeramente apenado.

La sala se queda en un rápido silencio mientras que Bladimir sigue aun con esa expresión un tanto extraña, mira al suelo y luego a Nicolai

-Entiendo- solo contesta Bladimir volviendo a sentarse a ver la película, sin embargo la charla ya no se reanuda. En este preciso momento es como si hubieran vuelto a ser como cuando recién los conocimos.

Es así como nos quedamos viendo películas de vampiros aunque ya no ponemos atención a la cinta solo nos quedamos mirando a estas personas junto a las otras a las que hemos acompañado, la manera en como unos causan un efecto en otros, como algunos sin darse cuenta abren puertas a su vida… a sus mundos, como permiten que estos les afecten cual virus extraño que se cuela a tu cuerpo.

Y nos damos cuenta de que no hay una vacuna para este virus, no hay una burbuja hipoalergénica que nos proteja de la sociedad, de los individuos, de los lazos que se van tejiendo sin que nosotros nos percatemos siquiera.