Buensa señores lectores! Primero que nada me gustarí agradecer a todas las personas que leyeron, y leen este fanfic, gracias a todos lo seguidores, y favoritos. Que la historia continúe.


Las semanas habían pasado e Hipo había estado visitando la isla constantemente, hasta le había puesto un nombre 'la helada gris' Bueno, claro que el nombre fue muy literal, ya que era helada y gris. Lastimosamente, a pesar del tiempo que había transcurrido, no había tenido éxito.

Toda la isa era como un laberinto gigante, el follaje no dejaba ver nada si volabas por el aire y a la punta de la montaña era imposible penetrar, estaba rodeado de púas de hielo, era algo impresionante, algo que llegaba a ser curioso, ya que ese tipo de cosas no se hacen por si solas, Hipo sabía que si penetraba, llegaría a encontrar algo adentro.

Tristemente, Hipo tenía que dejar su búsqueda un par de días, ya que habían muchos preparativos que hacer, Snoggledog se acercaba, estaba a un mes y medio, la época en que los vikingos olvidaban sus problemas y convivían felices entre ellos, además del hecho de que los dragones migraban para poner sus huevos.

Como jefe tenía que dirigir la decoración, asegurarse que nada se pierda o que los dragones no pongan huevos en la isla, o que nadie salga herido… Era mucho para él, además del hecho de que se encontraba especialmente nervioso ese año… sería su primer Soggledog sin su padre, aunque también sería el primero con su madre, pero lo que más lo preocupaba eran los planes que tenía con Astrid… estaba pensando en proponerle matrimonio, sería algo muy difícil, ya que primero debería conseguir la bendición de sus padres… su madre no le preocupaba mucho, era cariñosa y paciente… lo que le causaba angustia y temor era su padre, un imponente vikingo, era enorme y protector ante su hija, no sería una tarea fácil, pero tampoco sería imposible, si lo había aceptado como novio, lo aceptaría como esposo… bueno, eso era lo que esperaba.

Tres días habían pasado e Hipo había trabajado como nunca antes, solo para regresar a esa isla lo más rápido posible, la curiosidad lo mataba lentamente, pero no lo culpen, él siempre fue exagerado.

En la madrugada del cuarto día, Hipo despertó antes de que el sol saliera y se dirigió a la isla, estaba muy oscuro, y por esta misma razón hacía mucho más frio, pero todavía no lo suficiente como para que nevara, por eso le parecía curioso divisar en la punta de la montaña de la isla, pequeños copos de nieve caer.

Ya había dado vueltas y vueltas con chimuelo, a tal punto que era aburrido, aún no encontraba nada, ni una sola oveja. Ya estaba por darse por vencido, pero pronto notó a chimuelo oler un montón de piedras que se encontraban al pie de la montaña, apiladas de una forma que parecía hecha por alguien más.

Al hacer un movimiento brusco, el dragón derrumbó las piedras enseñando un pasadizo. Hipo se asomó con cuidado, lo estudió por un momento, era muy largo y no se podía ver nada pero lograba escuchar las gotas de agua caer del hielo derritiéndose, y mirando hacia abajo se veía como un poco de agua salía. Realmente no era un lugar muy atractivo, pero si lo llevaba a algo, valdría la pena entrar.

Con mucho cautela comenzó a adentrarse, pero notó que Chimuelo se hacía famoso por su ausencia, así que salió viendo como su dragón se negaba a entrar.

-Vamos chimuelo- Hipo se quejó con un tono histérico.

El dragón solo evadió su mirada mirando aborrecido hacia un lado.

-¡Chimuelo! No me digas que le tienes miedo a una cueva oscura. ¿O lo tienes? Dragón miedoso- Hipo sabía a donde iba con estos comentarios.

Chimuelo lo miró ofendido, y decidido entró a la cueva a paso rápido, Hipo iba detrás de él.

AL muchacho la cueva le parecía muy interesante… a pesar de no ver nada, en cambio al dragó se le erizaba la piel, a pesar de tener vista nocturna. Llegaron a un ponto en el que Hipo tropezó con algo, al tocarlo sintió como el frío recorrió su piel, eran escaleras, pero estaban recubiertas totalmente de hielo, pero esto no le importó en absoluto, solo estaba interesado en saber que encontraría ahí arriba.

El dragón y su jinete, ya estaban cansados, llevaban mucho tiempo subiendo gradas, nunca terminaban.

Hipo se golpeó la cabeza contra algo tan duro que lo hiso tambalearse, casi cae, pero gracias a los dioses que Chimuelo se encontraba detrás para sostenerlo. Después de haberse frotado la cabeza por un rato, solamente usando el sentido del tacto, estiró su brazo para que su mano pueda alcanzar la dura pared con la que se había chocado. Logró notar que no había sido roca, sino hielo, el cual se encontraba totalmente congelado y duro, eso significaba que el frio era aún más fuerte que afuera.

Hipo realmente quería entrar, pero tenía que darse prisa ya que con temperaturas tan bajas podía llegar a morir. Tenía que derretir el hielo, pero una bala de furia nocturna haría que todo se desmorone, así que recordó su espada, Hay dioses! ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Podía haber alumbrado todo el camino. Bueno… eso ya no importaba, había encontrado una manera para derretir el fuerte muro, así que la encendió y la apoyo, esperando que se derritiera un espacio lo suficientemente grande para que él y Chimuelo lograran entrar.

Hipo logró pasar, así que arrancando los pedazos de hielo que aún quedaban en el hoyo, hiso suficiente espacio para que chimuelo entrara. Y este lo hiso, pero Hipo entró en pánico cuando chimuelo golpeó con su cola la delicada pared, que después del impacto se quebró un poco, pero no pasó nada grave, así que Hipo dio un suspiro muy aliviado.

-Amigo, será mejor que te quedes quieto- Aconsejó Hipo a su desdentado amigo, que muy educado se sentó en el lugar en el que se encontraba.

Con su espada de fuego, Hipo trataba de iluminar el camino para no chocarse de nuevo, pero era tal la oscuridad que solo podía alumbrar a un metro de distancia, bueno, por lo menos de algo le servía.

Pronto notó que por todo el espacio que había recorrido, se encontraban montones de pilares de hielo, bastante deformes, algunos parecían rocas gigantes, mas otros largos troncos delgados.

Se escuchaba el sonido de las gotas de hielo derritiéndose, junto a la fuerte brisa que cortaba con la diminuta ventana que se encontraba en uno de los muros. El camino parecía interminable, se notaba que el lugar era muy espacioso. Se notaba porque el hielo no se derretía, el frio era mucho más fuerte que por fuera.

Se escuchó el sonido de un movimiento rápido y prolongado por las espaldas del chico, este se dio la vuelta con mucha velocidad pero no logro ver nada, intentó de buscar con la mirada pero lo hiso en vano, seguramente había sido el viento, pero en cuanto comenzó a sentir estos movimientos más cercanos a él, los analizó un poco y se dio cuenta de que el extraño sonido, no era más que Chimuelo, que seguramente lo había estado siguiendo. Llamó al dragón un par de veces.

-¡Chimuelo! Ven acá amigo, vamos muchacho, ven. Ya sé que estás ahí- Hipo lo comenzó a buscar con la mirada, pero logró escuchar la respuesta de su amigo del otro lado del pasillo, a mucha distancia, justo donde lo había dejado. Hipo sintió como un escalo frío le recorría por todo el cuerpo, algo lo estaba siguiendo, algo más se encontraba en esa cueva, y ese algo podría ser peligroso. La criatura comenzaba a rodearlo, pero mantenía su distancia, Hipo estuvo a punto de llamar a Chimuelo, pero con la poca luz logró notar las dos grandes alas del que parecía ser un dragón. Hipo estaba muy confundido, ¿Por qué no se le acercaba? Él tenía una espada con fuego, usualmente los dragones quedan asombrados en cuanto la ven, pero este… mas bien pareciera que intentaba alejarse del fuego. Hipo comprendió el mensaje, entonces tomó una arriesgada decisión… apagó su espada quedando totalmente a oscuras, nada se podía divisar y además que contaba con el riesgo de ser devorado por un dragón desconocido, ya que jamás había escuhado de un dragón de disfrute del hielo que viva en la punta de las montañas.

Hipo estaba totalmente tieso, no producía ni un solo movimiento, ni un solo sonido, solamente el dragón que daba vueltas cada vez más cercanas a él, lo estaba logrando, la bestia se acercaba e Hipo ya era capaz de divisar sus ojos, los cuales eran iguales a los de chimuelo, solamente que más pequeños y en vez de verde eran blancos, la pupila negra y enorme era negra igual a la de su amigo. Fuera de eso, no podía ver nada más, notó como el dragón se tranquilizaba dejando de dar vueltas y mirándolo fijamente y con ternura. Hipo estiró su brazo para tocarle la cabeza, ese era el primer paso al conocer a un dragón, pero antes de que lo lograra, escucho como su desdentado compañero comenzaba a rugir totalmente histérico, como si algo hubiera pasado. Los gritos del animal espantaron al dragón y este huyó, pocos segundos después sintió un temblor que aumentaba su intensidad a cada segundo, la cueva se estaba desmoronando, y justo antes de que cayera, Chimuelo lo sujetó con sus fuertes patas y lo sacó con la primera pared que se había derrumbado, desde los aires, Hipo notó como la gigantesca estructura se caía, pero no logró divisar al dragón que se encontraba ahí dentro, esto lo preocupó, quizá no tuvo la posibilidad de escapar y ahora se encontraba enterrado en un cementerio de hielo.

Chimuelo cargó con Hipo en sus patas todo el camino de regreso a Berk, en donde su mamá lo esperaba preocupada. Al llegar su madre lo recibió a brazos abiertos haciéndole montones de preguntas.

-Hipo, ¿Dónde te encontrabas? Me tenías preocupada- Reclamó su madre que habló a todo pulmón mientras lo agarraba por los brazos y ponía sus manos por su cabeza para asegurarse que todo este bien.

-Mamá, te prometo que estoy…-

-No, no, Hipo, estás todo helado, vamos, será mejor que te metas en cama- Dijo Valka algo apurada, y por supuesto preocupada.

-Pero mamá, tengo algo que contarte…-

-Puedes contármelo, ¡En tu cama! Además, aún te queda mucho trabajo que hacer-

Hipo no reclamó más e hiso caso.

En cama Hipó le contó a su madre de su aventura, Valka con mucho interés escuchó asombrada la historia de su hijo, jamás había escuchado de tan curioso dragón, pero lastimosamente parecía que había dejado de existir, la última parte de la historia la había desanimado mucho, le encantaba descubrir y develar los secretos de los dragones, y la perdida de tan misteriosa criatura era una tragedia, era como perder a un hermano o hermana.

-Entonces… tú supones que murió?- Preguntó Valka con la mirada en el piso.

-No lo vi salir de ahí…supongo que no logró escapar-

-O quizás no sabía volar- Dijo Valka aún con los ojos algo llorosos

-¿Qué?- Preguntó Hipo muy asombrado

-Dijiste que no se acercaba al fuego, quizás porque jamás lo había visto. Y ¿Sabes que es el fuego? El fuego es luz y calor, lo cual seguramente era algo totalmente nuevo para ese dragón, Lo que nos da pistas… Jamás dejó su nido…-

Hipo la cortó.

-…Y su nido era esa cueva de hielo- Dijo Hipo con un tono emocionado, pero pronto la emoción se perdió, el pobre dragón jamás había dejado la cueva, jamás había aprendido a volar y por esa razón muró, o por lo menos eso creía.


Una vez más, muchas gracias a todos los cometarios y seguidores, ma han hecho muy feliz. No puedo esperar terminar de escribir el siguiente capítulo, estará lleno de sorpresas.

¿Qué será de la criatura? ¿Habrá muerto realmente?

Raurayausllyfan: Aww muchas gracias por seguir leyendo mis historias, y lo lamento por haber borrado las demás, es solo que me haceleré un poco en escribirlas y se me fueron acumulando, entonces decidí comenzar desde cero. No te preocupes, seguiré esta historia con mucho gusto.

Yaz: Muchas gracias, ya prontó padrás saber más sobre la criatura, juega un rol muy importante, y bueno, no te quiero dar ninguna pista de lo que pasará pero solo te puedo decit, que jugó un rol muy importante años atras.

Emina megpoid: Supongo que ya sabes un poco más, creeme te encantará lo que sigue

Atzuko san: Bueno, quizá es un dragón, pero quizá no ;)