Da-chan: *música que tocan cuando aparece el logotipo de Tuenti Senturi Focs (yo escribo como se me da la regalada gana! xD)
Aquí el tan afamado y esperado CAP FOUR!
*llora de alegría y tristeza*
(sí, llorar...)
Yo espero que esté a la altura de todo lo que han leído, chicas. Disfrútenlo!
Agradecimientos: RankaxAlto, 0White-Rose0, AFuckingAngel, SakuraBallSeiyaMejoresAnimes, Bubble Glass, Patohf, harumi-chan nekopanda, MeguK, Viviana Miu, AlexanUchiha, nn, fran.s, ciin uchiha, Hinedi Hizuki, Marilyn Uchiha, Jesica Ryuzaki Hyuga Higurashi y KanadeKirishima.
O por kami! Chicas... sus comentarios hacen que mi corazón brinque como loco! *ensimismada por elogios*
Disclaimer: El meditar zombi que da mi cabeza cuando está aburrida junto a la INSPIRACIÓN de los personajes del querido Masashi-sensei permitieron la creación de este fabuloso fic... Te adoro, Masashi! Gracias por terminar en un final Naruhina la historia! *grita como desquiciada*
(Chicas... sí... soy NARUHINERAAAAAAAAAA!)
Pero eso no les afecta (verdad?)... El fic es de mis personajes favoritos: Sasuke y Hinata!
A DELEITARSE! ;)
Hinata miró al nuevo estudiante directo a los ojos, su cabeza se ladeó un poco y entrecerró sus parpados... — (( Es como si... si... si lo hubiera visto antes... )) — se cuestionó.
El joven de cabellera blanca primero la observó confundido. Sin embargo una imagen cruzó su mente y su expresión facial cambió totalmente — Hinata-san?
— To-Toneri... chan? — pronunció ella en un susurró. Él caminó rápidamente hacia ella, la sujetó de los hombros para levantarla de su silla y la abrazó sin medir las consecuencias que ello implicaría drásticamente. La sangre hervía por las venas del Uchiha.
— Estoy muy feliz de volverte a ver, Hinata-san! — pronunció Toneri con una voz dulce.
Sasuke tomó del hombro a Kisame y lo apartó de su camino con calma y mucha, mucha rabia. El azabache emanaba un extraño humo entre negro y lila que empezaba a empantanar el aula... Se abría paso entre los pupitres del salón hasta llegar al puesto de la chica y, colocando ambas manos sobre los hombros de Toneri, expresa lo más calmado que su tono de voz podía ser en ese momento...
— QUÍ-TA-LE... tus-manos-de-encima! — fingiendo una sonrisa con tinte diabólico y con sus ojos... Sus ojos parecían haberse tornado de un tétrico carmín. Todo el salón estaba cubierto de una densa neblina asesina. Aquella intensa y escalofriante sensación, junto a la frase que expresó Sasuke, puso el rostro azul de cada alumno presente; incluso Kisame cambió su tono de piel a uno totalmente azul.
Toneri aparta delicadamente a Hinata de sus brazos y gira su cabeza para observar a Sasuke de perfil; el azabache quita sus manos de los hombros del estudiante. Con una voz llena de indiferencia y un tanto molesta; expresa de manera educada y respetuosa: — Disculpe el desborde de mis emociones, se-n-se-i. — dando un énfasis casi burlón a la última palabra; Sasuke estaba aún más enojado.
Hinata parpadeó un par de veces algo preocupada por lo que el Uchiha pudiera hacer en aquel momento y cuando iba a hablar para calmar la tormenta, Toneri comenta algo inapropiado en tono seguro, alto y muy claro; como queriendo que todos los presentes escucharan atentamente para que lo grabaran en su mente...
— Sería muy descortés de mi parte si no me emocionara al ver a MI PROMETIDA después de tantos años. — volteando totalmente su cuerpo para mirar de frente a Sasuke.
El tono carmín de sus ojos mermó abismalmente y su mirada expresó confusión y preocupación. Sus órbitas se dirigieron a la tímida chica que estaba contemplando, sorprendida, la actitud de Toneri. Hinata nota la penetrante mirada y sus ojos perla colisionan con los de él. Ella desvía la mirada al suelo por un instante...
Sasuke abre sus ojos unos milímetros y cuando el azabache estaba a punto de decir lo que cruzaba por su mente; se escucha una voz proveniente del escritorio del maestro.
— Es suficiente! — expresa Kisame con autoridad y firmeza. Los tres miran al frente y se topan con las inquisidoras, preocupadas, temerosas, pícaras y demás expresiones faciales del los estudiantes que habían sido espectadores de aquella escena. Sasuke solamente miró a Kisame; el rector le señaló, tan solo con su mirada, que lo que había hecho estaba mal y supo que debía abandonar el aula junto a él.
El Uchiha no quería hacerlo.
Pero Sasuke sabía que si no se iba con Kisame, si él desafiaba la autoridad del rector, podría ser expulsado en su primer día como docente permanente y eso le permitiría a ese blanquecino y delgaducho pre-adolescente la oportunidad adecuada para tomar ventaja sobre el asunto y tal vez... sólo tal vez... enamorarla y...
...perderle.
Sasuke abandonó el salón de clases con el ceño fruncido y no dejó de observar a Toneri hasta que su silueta no era más que una alucinación del pelinegro a través de las paredes.
El ambiente regresó a la normalidad.
Una vez que el salón se quedó sin la extraña presencia del nuevo docente, todas las chicas se levantaron de sus pupitres y se dirigieron hacia el caballeroso y atractivo nuevo compañero de clases; exceptuando, claro está, a Ino.
— Hola Toneri-san!
— ¿Es verdad que ella es tu prometida?
— ¿Quieres ser mi amigo?
— ¡¿Cuándo es la boda?!
— Toneri-san...
— No crees que ella es... no sé, ¿rara?
— Yo no tengo novio Toneri-san~
Cada una de ellas destilaba coquetería, unas eran discretas y otras muy descaradas!
Los chicos del salón se reunieron en una esquina del aula para discutir la actitud peculiar de cada una de ellas. Uno de los muchachos miró a Hinata y comentó dentro del círculo de amigos: — Desde que llegó... — ellos le prestaron atención — ...pienso que Hinata-san es muy bonita. ¿O acaso no creen lo mismo?
Entonces cada uno de los pares de ojos de los chicos del aula se enfocaron en Hinata.
Cosa que la chica de ojos perla notó instantáneamente y miró en dirección a ellos. El que había comentado le sonrió con picardía y ella sonrojó tímidamente para desviar su mirada hacia el suelo. Gesto que a la mayoría de los adolescentes les pareció lindo, tierno y sensible. Y de todos ellos, al menos un par quedó flechado por su tímida personalidad.
Toneri tenía un buen oído y escuchó los cumplidos y demás palabras que mencionaban a la dulce Hinata; cosa que no le gustó.
— Es para mí un honor poder compartir este último año con todas ustedes... — ellas suspiraba por las palabras tan respetuosas que él decía, pero ellas no notaban el tono de sarcasmo y un poco de sadismo cubiertas tras ese discurso noble y su hermosa sonrisa. El tono de voz desabrido sólo lo notó una chica, Ino, que se molestó por esa actitud. Hinata también lo habría apreciado si no hubiese estado tan cohibida ante tantas miradas que no le permitían distinguir ni sus pensamientos — ...pero temo que la única dueña de mi corazón fue, es y será Hinata-san. Si me disculpan.
Toneri se escabulló con delicadeza y rapidez del cúmulo de señoritas cabizbajas, sujetó la mano de Hinata con dulzura y seguridad para sacarla del aula con una ligera prisa. Ella no se asustó ni se sorprendió... después de todo Hinata quería conversar con él a solas por unos minutos. Al abandonar el aula el peliblanco miró a cada uno de sus nuevos compañeros con firmeza, como si su mirada les dijera: — Hinata-san es dulce y preciosa, pero sólo yo tengo derecho a observarla de esa forma!
Todos se dieron cuenta, en ese instante, que ella estaba totalmente fuera de su alcance. Pues Toneri, a pesar de ser un completo desconocido en ese edificio, desprendía un aura de seguridad y respeto que a las chicas les atraía y a los chicos les producía emoción de competir al considerarlo un digno de rival.
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Faltando una hora para el almuerzo, la puerta el aula de tercer año se abre con rapidez provocando ruido y llamando la atención de los alumnos; todas las miradas se posan sobre él.
— DISCULPE EL RETRASO, SENSEI! — grita Kiba con sus ojos cerrados. Su rostro tenía un par de moretones, su maletín abierto al igual que el primer botón de la camisa, la que estaba salida del pantalón por un costado, su cabello más alborotado de lo acostumbrado y el chaleco en su brazo estaba lleno de tierra y gotas de sangre. Todos estaban acostumbrados a la actitud y vestimenta que traía Kiba desde que inició clases en ese colegio. Cada uno de ellos volvió a su actividad social... conversar.
Inuzuka se dirigió a su antiguo puesto con velocidad y al notar la mochila de Hinata se calmó y tomó asiento, liberando un suspiro que parecía haber contenido durante todas las vacaciones.
— Creí que no vendrías en toda la semana, Kiba. — manifiesta Ino con tinte irónico.
— Si... — el chico de colmillos grandes rascó su nuca y posó su mirada sobre el bolso de la Hyuga por unos instantes — De todas formas... ¿Dónde está Hina-chan? — pregunta con inocencia y un poquito de vergüenza.
Ino miró a Shino con complicidad, y si Aburame no tuviese las gafas puestas, la rubia se había dado cuenta que él estaba tan preocupado en tocar el tema como ella.
Ambos pensaron callar; ninguno quería comentar lo que había pasado horas atrás... pero nunca falta el amigo entrometido.
— Olvídate de ella, Inuzuka. — expone un chico con mirada taciturna mientras se aproxima al pupitre de Yamanaka — Hyuga-san está fuera de nuestro alcance. — la rubia acechó al compañero con odio para regresar a la mirada de Kiba que la miraba confundido... muy confundido!
Una extraña sensación revolvió su estómago y preguntó con la cabeza baja; sus ojos no eran apreciados, pues los cubría una sobra negra — ¿Dónde está... Hinata?
— No dijeron donde iban... — dice otro chico, el mismo que había ruborizado a Hinata con una mirada risueña hace un buen rato.
— ¿Dijeron? — Kiba lo mira con miedo... como si supiera lo que diría aquel chico.
— Ella está con su prometido.
(( prometido... prometido... prometido... PROMETIDO! ))
Fue la palabra que colocó a Kiba en un trance — Si... me... dis... cul... pan... — reflejaba monosílabos durante su trayecto a la puerta con paso tambaleante.
— Kiba... ¿Dónde vas? — cuestiona a su amigo con preocupación. Inuzuka deja el salón hablando en un extraño lenguaje...
A nadie pareció importarle su actitud, excluyendo a sus dos mejores, y únicos, amigos.
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— Itachi me puso al tanto de tu situación... — Kisame conversaba con el Uchiha... aunque parecía más una reprimenda — ...temo que me dejé influenciar demasiado por tu hermano y la amistad de años que llevamos... — Sasuke permanecía sentado con sus brazos cruzados y los párpados totalmente cerrados. — ¿Qué tipo de educación les impartirás a mis estudiantes si no puedes controlar tu carácter?
Kisame esperó una respuesta...
— No volverá a suceder. — responde luego de unos largos y tediosos minutos.
— En este preciso momento te daría de baja o te cambiaría a otro curso.. — una corriente eléctrica transitó por el interior del pelinegro al oír el comentario — ...pero... le prometí a tu hermano que estarías con ella... — el rector se recostó sobre el respaldar y sobó sus cienes — no sé que tipo de táctica está usando... — el pelinegro abrió sus ojos con molestia y aburrimiento. Lo único que cruzaba por su cabeza era regresar al aula para que ellos no estén juntos. — Sinceramente, Sasuke, creo que es una mala idea que impartas clases en el mismo salón de la señorita Hyuga. No obstante, tu hermano siempre ha acertado en las decisiones que toma.
Cuando la conversación dio fin; el Uchiha abre la puerta y lo último en expresar el rector fue: — Confiaré en el buen juicio de Itachi.
Sasuke regresa al salón de clases para toparse con tres puestos vacíos. — ¿De quién es esa mochila?
— Allí se sienta Inuzuka-kun! — expresa una chica, queriendo que el maestro le preste atención, cosa que no le resultó — (( Ese debe ser el holgazán que mi hermano tiene como vecino... )) Dónde está Hyuga-san y Otsutuski-san? — interroga la salón con tono calmado y sereno, aunque por dentro su cuerpo sea al mismo infierno.
— Se marcharon hacer unas horas y no han regresado. — especificó con malicia la última parte y los jóvenes rieron con pillería. Obvio, al azabache no le pareció nada gracioso y aclaró los puntos de respeto y normas con su clase tal y como hacía desde que trabajaba de maestro.
No podía hacer nada más que continuar su clase y confiar en que ella estaría bien.
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— (( ¿Será que por eso no me respondió? · · · ¿Será mejor que yo? · · · Tal vez sea un matrimonio arreglado! · · · Pero... )) — Kiba pensaba cada detalle que confirmara que ella le había dicho o si quiera insinuado que tenía pareja. Sus pasos lo llevaron a la terraza de forma mecánica — (( ¿Será celoso? · · · Me gustaría, por lo menos, quedar como amigo de ella... O tal vez... sólo tal vez ella si me- eh? )) — la puerta de la terraza estaba abierta y escuchó unos murmullos; se acercó con cuidado y divisó dos siluetas.
Una de ellas era perfectamente reconocible ante sus ojos.
— (( Hinata! )) Ese idiota debe ser su prometido! — susurró entre dientes y mordió su labio inferior mientras sus cejas se juntaba en el centro y esbozaban unas marcadas líneas oblicuas. Kiba no podía distinguir la conversación por la distancia a la que se encontraba, pero decidió espiar... Algo le decía que no debía apartar su vista de ellos.
El timbre de almuerzo sonó y Hinata pareció saltar del susto o más bien de la impresión. Después de todo llevaba la mañana entera conversando con su prometido en la terraza. Kiba aún permanecía oculto; espiando cada detalle.
El tema de conversación que tocó Hinata pareció molestarle a Toneri; que frunció sus cejas con molestia y confusión. Parecía que el tema era delicado y la sostuvo de la muñeca expresando palabras que Inuzuka seguía sin comprender. El peliblanco le soltó la muñeca para tomarla de los hombros con firmeza y ella lo miró... Kiba no podía escuchar bien, pero pudo leer los labios de Toneri cuando tomó una posición donde Kiba podía ver su rostro completamente... el castaño comprendió.
— Yo te he esperado todo este tiempo, Hinata-san! — Kiba no podía ver el rostro de la pelinegra porque estaba de espaldas — Debes amarme como yo lo he echo todo este tiempo.
Toneri se acercó a la cara de Hinata con rapidez para darle un beso en los labios, pero ella colocó sus manos sobre su boca y desvió la mirada. Fue en ese preciso momento en que Kiba notó que el amor de su vida se encontraba incómoda a más no poder. Hinata no estaba ruborizada ni sonrojada, ella expresaba disgusto y temor en su rostro.
Él no se iba a quedar como espectador...
— IMBÉCIIIL! — con una velocidad que ella desconocía, Kiba se aproximó a Toneri para darle un golpe en la cara que lo envió dos o tres metros hacia atrás con su nariz ensangrentada. Colocándose delante de la delicada flor lila vocifera lleno de rabia — YO LA PROTEGERÉ DE MALNACIDOS COMO TÚ QUE BUSCAN APROVECHARSE DE UNA DAMA!
— No es de tu incumbencia, ella será mi esposa, no tuya. — dice con calma mientras se levanta del suelo como si nada le hubiese sucedido.
— Una chica como ella no le pertenece a malditos como tú! — grita en menor intensidad — Ven Hinata!
Kiba voltea, toma de la mano a la chica y se la lleva corriendo de ese lugar. Toneri caminó con calma rumbo a la enfermería mientras su boca hacía una mueca de perfil...
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La puesta de sol daba paso a la iluminación de los postes de alumbrado y el chirrido de los grillos junto a las cigarras anunciaban la llegada de la noche.
En la casa Uchiha había preocupación por parte de todos los hombres del hogar; cada quien lo manifestaba de forma diferente: Itachi caminaba por el pasillo sin parar con su rostro relajado, Atsuki miraba por la ventana con melancolía, Yosai emanaba humo y destilaba molestia... y Sasuke... Sasuke se encontraba recostado en la cama de una alcoba.
— Hina-chan! Nos tenías preocupados. — Itachi corre a la entrada a recibir a Hinata; ella mantenía su cabeza agachada por la vergüenza. Itachi divisa una sombra y una voz alegre muy conocida — No fue su culpa Itachi-san... — excusaba a la chica mientras se colocaba delante de ella para evitar que la regañen por lo que él había hecho — Hinata no iba a llegar tarde. Fui yo quien la mantuvo hasta estas horas lejos de su casa sin avisar. Ruego no la regañe y me disculpe por mi comportamiento. — haciendo una marcada reverencia.
Atsuki y Yosai corrieron junto a Itachi para grita el nombre de su onee-chan y abrazarla con lágrimas en sus ojos. — Lo... lo siento... No quería pre-preocuparles... — susurra apenada, baja su cabeza y mira al los pequeñines con tristeza.
— La merienda está preparada, sólo debes calentarla. — ella obedece e ingresa con los pequeños niños aferrados a sus piernas — Lo bueno es que estuvo con Kiba-kun todo este tiempo, ¿no? — el castaño asiente con seguridad — Entonces no debo preocuparme por nada. Kiba es un chico en el que puedo confiar. — Inuzuka sonríe con felicidad hasta que Itachi le corta de golpe esa alegría — Pero le diré a Tsume-san lo que haz echo todo este tiempo que llevas en el colegio. — el rostro de Kiba se puso azul y sus ojos se tornaron completamente blancos; su cuerpo empezó a tiritar de miedo — Ten — Ita-chan le pasa su mochila y lo escolta a casa.
— Se-seguro que no po-podemos dejarlo en... en se-secreto?! — intentó convencen a Itachi de que no le cuente aquella confidencia. El mayor de los Uchiha se enteró por casualidad hace unos meses y, hace unas horas, Hinata también lo sabía.
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/FLASH BACK/
— Ki-Kiba-kun! ¿Do-dónde me llevas? — ella salió corriendo de la mano de Kiba y dejaron el instituto en hora de receso, él lo hacía con frecuencia y había descubierto un atajo que le permitía fugarse sin que los maestros se dieran cuenta. Siempre iba al mismo lugar...
Él subió a una bicicleta un poco oxidada y de llantas desgastadas que estaba detrás de un contenedor de basura a unas cuadras en la parte trasera del colegio. — Podrías... acompañarme? — ella estaba reacia a dejar el instituto en horas clase, Hinata era aplicada y buena estudiante, pero la mirada que le dio Kiba hizo empequeñecer su corazón y subió a la parte trasera, aferrándose de la cintura del chico con fuerza y abandonaron la institución con rumbo desconocido.
Luego de unos cuarenta minutos sin emitir sonido alguno y después de recorrer por tantas calles y callejones estrechos, llegaron a un edificio muy viejo pero de excelentes cimientos que tenía las ventanas rotas; la fachada sucia y desgastada junto a una puerta caída y destrozada. Una construcción de tres pisos que estaba rodeada de otras viviendas abandonadas en un sector que, perfectamente, si se arreglara serviría como asilo de ancianos o departamentos para arrendamiento. Cuando ella bajó, expresó: — ¿Qué es este lugar?
— Es mi... nuestra guarida secreta! — deposita la bici en una pared y silba de forma peculiar.
Hinata sintió un temblor provenir de adentro de la construcción desvencijada y por la puerta salieron corriendo más de 50 perros. Se asustó por un momento, pero caminó unos pasos hacia los cánidos, se acuclilló y sonrió.
Todos los perritos se sentaron instantáneamente y menearon sus colas con alegría, como si los hubiera hipnotizado. Kiba quedó pasmado. — Adoro los animales, Kiba-kun! — se acercó a uno de ellos, el más grande y de pelaje blanco con orejas largas, caídas y manchadas de café en forma de óvalo que recorría la parte externa de las mismas; mismo color que rodeaba el hocico del can. Ella lo acarició en la cabeza.
— Se llama Akamaru y le agradas!
— Ho-hola Akamaru, mi nombre es Hinata. — el hermoso y gigantesco perro le dio una gran lamida y ella cayó sentada al suelo; cada uno de los perros pequeños se acercó corriendo y comenzaron a lamerla también.
— Basta chicos! — como si fuera su padre, todos los animales se detuvieron y se sentaron; estaban bien entrenados.
— I-increíble... Kiba-kun.
— Jejeje... gra-gracias! — sus mejillas se ruborizaron y rascó su nuca con felicidad — Entremos. — Hinata siguió a Kiba dentro del edificio y para su sorpresa estaba limpio; él notó su asombro y le dijo — Pues... verás... Tomemos asiento primero, ¿sí?
Ella asintió y se dirigieron a un lugar que parecía ser la sala, donde habían cojines mordisqueados y sofás viejos rasgados. — Eh... eso lo hicieron los cachorros... — miró a la chica un tanto avergonzado — ... aún estoy entrenándolos.
— Eso significa que... To-todos son tuyos, Kiba-kun? — ella lo miraba asustada, pero era por la cantidad de comida y cuidados que necesitaban no por otros motivos.
— Yo... yo te quiero decir algo importante. — Hinata se puso un poco incómoda y él lo notó. — NO-NO ES LO QUE... LO QUE CREES! — dejó de gritar — Yo... yo quiero decirte mi secreto.
— Secreto?
— Es acerca de los rumores en el instituto.
— Ha-hablas sobre que peleas con pandillas... po-por diversión?
— Sí... — bajó la cabeza con amargura. Un perro pequeño de color café se trepó en las piernas de Hinata y Akamaru se acostó a los pies de Kiba.
— ¿Cómo se llama él, Kiba-kun? — señalando al perrito café de piel en exceso que ella acariciaba con ternura; quería ver feliz a Kiba. Cuando él hablaba de los perros siempre sonreía.
— Él es Pakun. — expresó con una sonrisa.
— Tú les das... das nombre, Kiba-kun?
— A la mayoría, sí. Otros son perros que tenían dueño y los abandonaron con collar. Inuzuka se mantuvo en silencio, pero parecía que quería hablar.
— Si no quieres decirme... comprenderé, Kiba-kun
— No es eso...
— ¿E-entonces? — se levantó y se sentó junto a ella.
— Cuando era pequeño, mi padre me regaló a Akamaru... — él comenzó a decirle la verdad de sus fugas — ... él es mi mejor amigo. No tengo ningún recuerdo donde Akamaru no aparezca, pero... — el can apoyó su cabeza en la pierna de Kiba y éste empezó a acariciarlo — ... hace tres años mi padre dejó a mi madre por otra mujer. Nos abandonó sin dejar rastro. — Hinata agachó sus parpados y lo miró con tristeza — Mi madre quedó muy dolida y decidió deshacerse de todo aquello que mi padre nos haya regalado a mí y a Hana-oneesan... — la pelinegra abrió sus ojos un poco; comprendió a dónde iba todo el asunto. Kiba observó esos hermosos y cálidos ojos liliáceos — Si... mi madre abandonó a Akamaru sin decirme.
Hinata tomó la mano de Kiba, dando soporte y comprensión a sus palabras. Kiba no parecía estar acongojado al contar la historia, era como si la herida estaba cerrada por completo.
— Gracias a Itachi-san lo encontré tres meses después! — manifiesta con alegría — Itachi-san me dijo que vio a un perro muy parecido a él en este sitio y un día me fugué de clases para buscarlo. Y aquí esta! — sobando con emoción el lomo del animal; Akamaru ladró con emoción. — Akamaru me guió a este sitio y me topé con diez perros más que estaban abandonados. Decidí cuidar de ellos...
— Eso es... es muy lindo, Kiba-kun. — ladea su cabeza — Pero... cómo les das de comer y demás cuidados?
— Ah... ¿eso? — Kiba miró el tejado — Trabajo de vez en cuando para costear su alimento, pero es complicado a medida que llegan más! — expresa un tanto agobiado por el exceso de trabajo — Cuando eran 11 perros me era sencillo pagarles la comida con mi mesada y dinero extra por trabajos por el barrio, pero ahora que son 46... — rodó sus ojos con cansancio. Ella iba a hablar, pero él la interrumpió de golpe: — Hinata... — sus ojos mostraban vergüenza y seriedad al mismo tiempo — Yo... yo quiero saber tu respuesta a mi confesión.
Hinata soltó la mano de Kiba; estaba incómoda, pero no podía evadir el tema más tiempo. Él la observaba con detenimiento.
— Pe-perdón, Kiba-kun... — manifiesta con tono débil y sereno — Yo... yo no puedo corresponder a tus sentimientos. — a pesar de rechazar su propuesta, su voz estaba envuelta en dulzura y compresión. Ella no quería herirlo, pero no había forma de decirlo sin que...
— Comprendo... — él cerró sus ojos y suspiró profundamente — Dentro de mí, ya conocía la respuesta... (( Creí que estaría preparado, pero... pero... duele. )) — los ojos de Kiba contemplaron a Akamaru con infinita tristeza y su mente divagó en los bellos momentos donde creyó tener una oportunidad de conquistarla.
— Ki... Kiba-kun? — aquel silencio de varios minutos fue roto por ella; él la miró sin querer levantar del todo la mirada — Aun podemos... po-podemos ser amigos, ¿s-sí? — ella creyó que esas palabras no eran apropiadas en el estado en el que estaba Inuzuka-san, sin embargo... acotó: — Yo... yo podrías ayudarte con los perros... si-siempre y cuando me... me lo permitas... — susurros de amistad escapaban de su boca.
Kiba levantó su cabeza de golpe abriendo sus ojos como platos y ella hizo todo lo contrario — Pe-perdón Ki... Kiba-kun! Yo... yo no...! — él la abrazó.
— Eso sería fabuloso, Hina-chan! — la alejó de su cuerpo y ella lo admiró con alegría.
Kiba sonreía como hasta ahora lo había hecho.
— Tu ayuda será bien recibida por parte de todos los muchachos! — así, ambos, se quedaron hasta que el sol se ocultó en el horizonte; jugaron con los canes y Kiba le enseñó cómo entrenaba a los novatos del grupo. — (( Mientras estés a mi lado, podré protegerte de todo los imbéciles que se quieras sobrepasar contigo! )) — pensaba el chico castaño mientras ella sonreía y acariciaba a cada uno de los cachorros — (( No podré ser tu novio... pero te cuidaré como un hermano! )) — ella lo mira y él le sonríe...
Sonrisa que cubría la tristeza y dolor de su corazón... pero aquel amor adolescente se curaría tarde o temprano.
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De regreso en la bicicleta, ella estaba preocupada porque la regañarían al escaparse. Más aún, sabiendo que Sasuke la amaba como nada en toda su vida y ella le estaba provocando, quizá, un colapso de celos. Ella se encontraba un poco nerviosa e inquieta. Kiba lo notó en el constante movimiento que hacían sus manos al estar aferradas a su estómago.
— No preguntaste.
— Eh? — Kiba quería distraerla e sus culpables pensamientos.
— No preguntaste por mis heridas, ropa sucia...
— ((Ci-cierto...)) — volteó su cabeza y atisbó un rostro confundido y lleno de dudas; ella estaba distraída.
— Eso sí es culpa de las pandillas.
— Pe-pero creía que...
— No. No pertenezco a ninguna pandilla, Hinata. — la bici dio un pequeño brinco al toparse con una piedra; ella se juntó un poco más a la espalda de Kiba — Es que, a veces, cuando voy a alimentar o jugar con mis amigos, me topo con rufianes que los maltratan. — ella miraba la nuca de Kiba y su cabellera negra-azulada se movía con el viento. Kiba viajaba a velocidad; era tarde y no quería que la regañaran por su imprudencia. — Yo les enseño a no morder a los imbéciles que les golpean, sino las perreras darían con el lugar y se los llevaría a todos. Así que me encargo de esos malditos por mí mismo.
— No deberías hacerlo... No quiero que un día e-ellos puedan herirte... — sí, ella siempre pensaba en el bienestar de los demás y era lo que más le gustaba de la delicada flor lila.
— Tranquila, Hina-chan! — sonríe con emoción — Jamás haré algo que te haga llorar!
/FIN FLASH BACK/
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— Sa-Sasuke-kun... — ella entraba a su alcoba luego de dejar a Atsuki y Yosai en sus respectivas habitaciones disculpándose hasta no más poder, en especial con Yosai, que la regañó como padre; ni Ita-chan le replicó su comportamiento. Era la primera vez que ella se comportaba de forma libre desde que la familia Uchiha conoció su vida en el anterior colegio. Para Itachi, que ella se diera su primera escapada no era para regañarle... Además de que Sasuke, seguro le reclamaría por ello.
E Itachi no se equivocó.
— Dónde fuiste?
— Yo... yo estuve con Ki-kiba-kun... — ella lo comentó lo más natural y feliz, no era un secreto que Sasuke no pudiera saber, pero la ceja del Uchiha comenzó un tic notorio y ella decidió no decir más... Al menos, incluir la palabra Kiba en sus oraciones era preferible no hacerlo.
— Es cierto?
— Eh? — Sasuke se levantó y caminó hacia la delicada chica mientras proseguía con su interrogatorio.
— Es verdad lo que dijo ese tal Toneri?
— Pu-pues... — ella agachó la mirada y él se acercó hacia ella, llevó su mano con rapidez hacia el costado de su cintura y cerró la puerta con picaporte. Sasuke estaba muy cerca de su rostro.
— Tiene que ver con tu pasado... cierto?
— S-sí... — ella susurró y él suspiró, la abrazó con ternura y delicadeza. La iluminación de la habitación era mínima.
— No quisiera obligarte a contarme tu pasado, pero... — ella abrió sus ojos un poco y llevó sus brazos al rededor de él — Yo quiero saber... realmente quiero conocer lo bueno y lo malo de tí... Si puedo ayudarte en cualquier, CUALQUIER cosa... Yo sólo...! — Sasuke abrió sus ojos con asombro y sus labios sintieron un cálido tacto...
Ella lo besó.
— P-por esto... y por todo los demás... — comenzó a susurrar ella después de besarle, apenada y con su cabeza baja — ... es que yo... yo... te amo.
Ella tomó su mano, grande y varonil, se sentaron en el borde de la cama. Ella agachó su mirada y soltó un pequeño suspiro.
— Sa... Sasuke-kun... — él supo en ese instante que, cualquier sonido que emita, podría llenarla de inseguridad. Sasuke sabía dentro de sí mismo, que aquello que le iba a decir era muy difícil. Quizá era una herida que no ha sanado aún y ella quería mantenerlo en secreto. Tal vez, sólo tal vez... aquello que le contaría en ese instante le cambiaría un poco su perspectiva de cómo ella era antes y cómo cambió su vida estando en infierno al que, hace unos meses, llamó Instituto Konoha.
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/FLASH BACK/
— Okaa-san, mira!
— Es hermosa, Hinata. Más tarde la prensaremos juntas, ¿sí?
— Humm! — una pequeña niña de unos seis años le mostraba a su madre una bella flor que había encontrado en la pradera.
— Hinata, dejemos a tu madre descansar. — un hombre de cabellera larga y suelta entra a la habitación para sacar a la pequeña. Aquel hombre tenía una bebé de un año es sus brazos. La pequeña asiente con respeto — Okaa-san, es para ti! — la niñita le entrega la flor con una sonrisa y la señora recostada en la cama acepta el obsequio, regresando el favor con un beso en su mejilla.
Esa tarde... la madre de Hinata falleció.
SEIS AÑOS DESPUÉS...
— Hanabi-chan, bájate de allí! — corrió a la alacena y se lanzó en el aire para atraparla. No le pasó nada malo ni a ella ni a su hermanita. — Hanabi... chan... — su hermanita la miró con alegría. Parecía que la pequeña no estaba acongojada por la reciente muerte de su padre. Hinata debía sufrir por ambas.
Una tarde, llegó al pueblo un hombre de cabellera abundante, larga y blanca como la espuma de mar. Su rostro se veía marcado por las líneas del tiempo y la experiencia. Utilizaba un ropaje de rojo vivo, como si quisiera llamar la atención. Junto a él estaba un hombre de aspecto joven y cabellera amarilla semilarga. Aquel chico era muy bien parecido.
Ambos clientes tomaron asiento en la mesa más lejana de la cafetería del pueblo y empezaron una conversación privada.
Hinata se acercó a ellos para pedirle su orden. El hombre viejo la miró asombrado al igual que el muchacho de cabellos dorados.
— ¿Por qué una bella jovencita como tú, trabaja de mesera? — pregunta con curiosidad el viejo de cabellera blanca.
— Necesito pagar las cuentas de la casa y darle de comer a mi hermanita, señor. — la jovencita hizo una reverencia.
— ¿Qué edad tienes, pequeña? — curiosea el hombre.
— Tengo 12 años.
— ¿Acaso tus padre te piden trabajar? — Hinata agachó la cabeza con tristeza y le respondió con dolor en su tono de voz.
— Fallecieron...
— Mil disculpas, señorita. — el buen mozo de cabellos dorados golpeó en la cabeza al viejo por su excesivo cuestionario a la niña... Lo único que provocó, fue entristecerle. Ambos pidieron su orden y ella se retiró a la cocina.
— Jiraiya-san, no debería preguntar cosas personales a toda persona que se le acerque.
— Ya, ya, Minato! — riendo despreocupadamente. El chico, llamado Minato, lo miró con severidad y el viejo sintió que se había sobrepasado.
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Era más de las diez de la noche y Hinata caminaba de regreso a su casa, tomando de la mano a su pequeña hermanita. Hanabi llevaba un par de días enferma, pero ella no podía hacer mucho; aún era una pre-adolescente.
A la mañana siguiente, la tierna Hanabi amaneció peor. — Hanabi-chan... no... no me dejes... — la pequeña comenzó a llorar. Su impotencia y soledad hacían correr lágrima tras lágrima por sus blancas mejillas. Unos golpes en la puerta la sacó de la habitación; Hanabi estaba arropada y con una paño de agua fría sobre su frente.
— Se-señor...
— Hola! — Jiraiya la saluda con una sonrisa. — ¿Podemos pasar? — detrás de él se encontraba Minato. Ella sabía que no debía dejar entrar extraños a casa, era una regla estricta de su padre, pero algo dentro de ella le decía que no les harían daño.
— Gracias, Hinata-san. — le contestó Minato.
— ¿Cómo sabe mi nombre, señor?
— Permítenos presentarnos. — Jiraiya reverencia ante la jovencita de cabellera corta azulada — Mi nombre es Jiraiya y él joven apuesto es mu consejero Minato.
— Un gusto. — ella también reverenció — Mi nombre es Hinata. — ella se asombró y sus mejillas ruborizaron; llevó su mano a la boca — Pe-pero ya lo sa... sabían... — susurró apenada.
— QUÉ LINDAAAAAA! — gritó Jiraiya con estrellas y flores decorando su entorno.
— Cálmese, Jiraiya-san — Minato lo observó con una gota enorme recorriendo su cabeza.
— De todas formas, Hinata. — el viejo se acuclilló a la altura de la hermosa señorita — Venimos a adoptarlas! — sonriendo lleno de júbilo.
— eh? — quedó pasmada.
— Sí, Hinata-san. — replicó Minato. — Jiraiya-san vino a este pueblo en busca de un heredero.
— He-heredero?
— En este caso, heredera! — riendo escandalosamente. Minato prosiguió — El hombre frente a usted, que desborda emociones, es dueño de una empresa muy bien posicionada en el mercado bursátil y no tiene ningún familia a quién dejarla.
— (( Qué será bu-bursátil? )) ¿Po... por qué no se la deja al... al señor Minato? — preguntó inocentemente.
— No sólo eres aplicada y trabajadora, sino también intuitiva! — el vejete de levantó, una pierna se le estaba acalambrando — Minato tiene su propio negocio y desea que su hijo se encargue de él.
— Es un placer trabajar para Jiraiya-san.
— Gracias, Minato-chan — llevando una mano a su cabellera y revolviendola completamente, como si fuera su hijo.
— Pe-pero yo... yo soy pobre y mi... mi hermana...
— Hicimos averiguaciones sobre tu familia; ruego disculpes la intromisión a tu información personal. — ella negó con la cabeza — Jiraiya-san y yo dimos con este pueblo por accidente y decidimos observar el entorno...
— Y te conocimos en la cafetería. — interrumpe el viejo de vestimenta roja — Mira, Hinata. Puede que parezca extraño para una chiquilla de tu edad que un hombre totalmente desconocido quiera adoptarte de la noche a la mañana, pero, te juro por mi honor que no es con malas intenciones, pequeña.
Hinata lo meditó un instante, ella iba a negarse rotundamente, pero la fuerte tos de su hermana la preocupó y corrió junto a Hanabi. Los hombre hicieron lo mismo.
— Parece que es grave, Jiraiya-san. — murmuró Minato y aquel viejo asintió.
— Hinata, como dije antes. Vine a adoptar a ambas.
— ... — escuchaba con detenimiento sin dejar de vigilar a Hanabi.
— Si aceptas, tu hermanita podrá ser atendida en el mejor hospital del mundo. Te juro que no la perderás.
Luego de tres eternos minutos para la ojiperla, responde...
— De... de acuerdo... — musitó no muy conforme con la decisión que había tomado...
/FIN FLASH BACK/
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Hinata miraba con tristeza el oscuro manto lleno de estrellas que se podía apreciar por su ventana; Sasuke la mira en silencio. Parecía que la historia a penas iba en la mitad y le costaba mucho continuar.
Para Hinata, la peor parte de su pre-adolescencia vino después de que Jiraiya la adoptó junto a su hermanita Hanabi.
— Podemos llegar hasta allí si quieres, Hinata. — sujetando su mano con gentileza y compresión. Ella miró directo a los ojos de su amado, su vista se estaba nublando.
— No... Qui-quiero contarte todo... — Sasuke sacó el celular de su bolsillo y lo apagó, no sin antes escribir un mensaje:
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Que nadie nos interrumpa, nii-san.
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Hecho eso, Sasuke la tomó de los hombros y la recostó sobre su pecho mientras él se apoyaba en el respaldar de la cama de ella. Hinata sentía su calidez; comprendió, con toda certeza, que él la apoyaría en lo que fuera que atormentaba su interior.
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/FLASH BACK/
— Hanabi-chan...
— Tranquila, onee-chan; debes ir por el bien de Jiraiya-otousan.
— Pe-pero...
— Ve! — Hanabi sonríe — Así me dirás cómo fue la fiesta... — Hinata asintió dubitativa — ... tal vez conozcas a un muchacho lindo! — sonriendo inocentemente.
— Ha-Hanabi-chan! — Hinata sonroja mucho, se levanta de la silla, besa la frente de su hermanita y abandona la habitación del hospital.
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— ¿Qué sucede, Hinata-san? — pregunta Minato mientras conduce el auto.
— Es que... yo... yo nunca... — jugueteaba con sus dedos.
— Es algo nuevo para ti el asistir a una reunión con personas de otro país. — Hinata lo observa con atención — Para Jiraiya-san es importante presentarte como su heredera en los negocios. Tranquila, no te dejaré sola.
— U-umm...
Han pasado tres meses y medio desde que Jiraiya adoptó a las hermanas Hyuga y hoy era momento de presentarla con sus colegas y demás conocidos; Era buena forma de entrar al mundo de los negocios. Además de que el veterano de cabellos nevados buscaba que la pequeña hiciera amistad con un niño en particular.
— Él es Toneri Otsutsuki. — habla Minato — Ella es Hinata Hyuga. — Jiraiya decidió no incomodar a las pequeñas con cambios excesivos; era mejor que permanecieran con su nombre de nacimiento. A él no le molestaba en lo absoluto y Hinata pareció sentirse más segura con respecto al respeto que Jiraiya le daba a sus raíces.
— Hola, Hinata-san.
— Ho-hola... To-Toneri-sama...
— No es necesario ser tan formal, Hinata-san. — ella asiente — ¿Quieres beber algo? — ella vuelve a asentir; Toneri la toma de la mano y ella se ruboriza. Ambos abandonan el salón y Minato decide dejarlos solos. El niño de cabello blanco y alborotado la trataba con mucho respeto y eso le serviría a ella para tener un amigo dentro de ese mundo de hombres de negocios.
— ¿Qué... qué hacemos a-afuera, To-Toneri-san.?
— Pensé que necesitarías algo de aire fresco.
— Gra... gracias... — baja la cabeza.
— Si no te molesta... — ella lo mira al escuchar su dulce tono de voz — ... me puedes decir "Toneri-chan"?
— ¿Po-por qué?
— Soy hijo único y mis padres no me quieren dar un hermano. Tienes mi edad, pero eres bajita... — ella mira hacia arriba al notar sus palabras — Me gustaría que fuéramos como hermano mayor y hermana menor.
— Y-yo... yo tengo una hermanita.
— Eso es estupendo. ¿Cómo se llama?
— Ha-Hanabi-chan...
— ¿A qué hora viene a la reunión?
— No vendrá... — Toneri la miró algo apenado, pero quería saber más sobre la hermosa jovencita de mirada perla.
— ¿Puedo saber la razón?
— Ella... — Hinata apenas conocía a aquel educado muchacho, pero sentía que era una buena persona... Alguien en quien confiar — ... está enferma...
Hinata y Toneri permanecieron debajo de un hermoso y florecido árbol de cerezos conversando sobre sus vidas y cómo han cambiado en tan poco tiempo, pues: Hinata y Hanabi habían sido adoptadas por un hombre mayor que las trataba como verdaderas hijas. Hanabi-chan tenía cáncer y permanecía todo el tiempo en el hospital, necesitaba terapias constantes; así se curaría. Eso es lo que Jiraiya y Minato le decían a diario. Además de asistir al colegio y visitar cada tarde a su hermanita. Por otro lado, Toneri era un niño que era hijo único y consentido en lo que él quisiera, pero a cambio, la fama de su madre y los negocios de su padre lo hacían sentirse solo. Cada día, Toneri era más asilado y abandonado por sus padres.
Después de la reunión, Toneri y Hinata se volvieron buenos amigos, e incluso acompañaba al hospital a la ojiperla una vez por semana.
Fue entonces, luego de una año de adopción, cuando Hinata cumplió 13...
— ¿Por qué no puedo ir con ella? — pregunta a su padre adoptivo, dándole una mirada llena de lágrimas y ceño fruncido.
— Te aseguro que Hanabi-chan estará con los mejores cuidados. — Hinata llevó sus manos a su rostro — Es necesario que termines tus estudios en Japón. Hinata miró el suelo y asintió resignada.
— Ha... Hanabi... — ella entró a la habitación de su hermana a despedirse; la pequeña Hyuga estaba muy pálida y tenía ojeras muy marcadas, su respiración era forzosa y estaba muy delgada. Usaba un gorro tejido para que no se notara tanto su falta de cabello por las quimioterapias. — Di... discúlpame, Hanabi-chan... Yo... yo realmente quiero acompañarte, pero... pero... — no pudo continuar y sus ojos no le permitieron ver con claridad por tantas lágrimas. Tomó la mano de su hermana y se agachó al lado de la camilla...
Hinata conversaba con Hanabi todos los días, después de que Jiraiya autorizara su viaje a Estados Unidos para que recibiera un tratamiento experimental para la rara condición que presentó después del cáncer.
DÍAS DESPUÉS...
— Cuando llegues, me cuentas como está, Toneri-chan!
— Por supuesto, Hinata-san... — Toneri viajaba a Estados Unidos, sus padres se mudarían allá por negocios.
— Te voy a extrañar mucho.
— También de extrañaré, Hinata-san. — Toneri se acerca a la cara de Hinata y la besa en la mejilla sin avisar.
— To-To-Toneri... chan!
— Je... — el joven sonríe complaciente, logró sonrojarla con ese inocente gesto — Quería recordar tu rostro cuando te avergüenzas... — ella miró el suelo apenada — Espero que los problemas de Jiraiya-san se solucionen pronto.
— Yo-yo también...
La compañía de Jiraiya estaba pasando por unos terribles momentos y era muy posible que entrara en quiebra con el paso de los meses.
— Intentaré venir en vacaciones para contarte cómo es Estados Unidos... y hablarte de Hanabi-san.
— Eso me haría muy feliz!
— Así te ves más bonita, sonriendo. — ella volvió a ruborizarse.
— Ba-basta, Toneri-chan!
— De acuerdo. — se despidieron y el caballeroso hijo de la familia Otsutsuki subió al avión.
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Toneri no la llamó ni mostró señales de vida después de que viajó a ese lejano país.
Cuatro meses, la crisis en la Compañía Konoha no Senin empeoró y terminó por cerrarse; las deudas eran tan altas que buscaban a Jiraiya para cobrarlas y decidió aislar comunicación con el extranjero, es decir, Hinata no podía hablar ni recibir llamadas de su hermana. Era peligroso que supieran que ella, Hanabi, era su hija adoptiva y determinó su custodia a un tercero; además de que ya no podía costear los gastos en el hospital.
Hinata se sentía culpable de no estar al lado de su hermana.
Pasó un año y medio después de la banca rota de Cía. Konoha no Senin y Hinata (con sus catorce años y medio), junto a Minato y Jiraiya, recibieron una carta del tutor de Hanabi, comunicando que el tratamiento estaba perjudicándole en vez de curarla y la propia Hanabi dictaminó el ceso del tratamiento. Hinata, al igual que Jiraiya, estaban impotentes ante la situación... No podían viajar, no podían hablarle y, por si fuera poco, la carta de respuesta de la Hyuga fue rebotada, ya que el remitente se había mudado...
La ojiperla quiso informarle a Toneri para que averiguara sobre la pequeña Hanabi, pues antes de irse le había dejado un numero para comunicarse, pero los padres de Toneri le habían prohibido tener amistad con aquella chica. Después de todo, Jiraiya había entrado al mundo de la clase media.
Los cobradores estaban tras su padre adoptivo...
No podía hablar con Toneri, su mejor amigo...
Hanabi se había perdido de su radar...
Su vida, su entorno, su adolescencia! Todo lo que la involucraba a ella estaba de cabeza y no podía cambiar nada en ello.
/FIN FLASH BACK/
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— Lo... lo lamento, Sasuke-kun... — su voz se quebró totalmente y no pudo pronunciar más palabras, sus liliáceos ojos se nublaron y sobre la camisa del pelinegro cayeron cálidas gotas saladas que rodaban por las mejillas de Hinata.
— ¿Por qué te disculpas? — acariciando su larga cabellera con suavidad mientras ella sumergía su rostro en el pecho de él.
— Po... por no decírtelo antes...
— Es normal que no quisieras hablar de ello.. — él miró por la ventana y suspiró con pesar — Yo lo lamento... — Hinata apretó la camisa de Sasuke sin levantar la cabeza. — Lamento haber pedido que me contaras si aún no estabas lista... — acomodó su postura y besó su cabellera con ternura. — Es mejor que descanses... — allí se quedó él, acostado a su lado hasta que ella, poco a poco dejó de sollozar y se quedó dormida profundamente...
Aunque habían algunas dudas en su mente...
El cielo nocturno estaba totalmente despejado (( Me siento como la primera vez que la vi... )) y las estrellas brillaban con fulgor, (( IMPOTENTE! )) mordió su labio inferior al punto de casi romperlo (( Si alguien más me hubiera contado su historia... )) una pequeña avecilla se posó en el marco de la ventana (( ...yo no le habría creído, pero ahora... )) para descansar por un momento y emprender su vuelo de nuevo (( Su rostro parece estar calmado. )) la observó con ternura y tristeza (( Quizá el peso sobre sus hombros es menor... )) Las luminarias de la calle estaban tenues ante le brillo lunar (( ...ahora que yo comparto su carga. )) Sasuke decidió cerrar sus ojos y la arrimó a su cuerpo para quitarle (( No volveré a tocar el tema, a menos que ella... )) todos aquellos sentimientos que la abrumaban (( ...quiera contarme. )) Verla sonreír sin esa pesada carga que ella misma soportaba; la culpa.
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(( Hanabi-chan... Hanabi... chan... Te extraño... t-tanto... ))
(( Sus lágrimas son como agujas ardientes clavadas en mi corazón. ))
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Da-chan: Llorar? · · · Las asusté, no? *risa malévola*
En realidad... si lloré, porque mi cerebro está líquido! Dx ··· No saben lo difícil que fue el tomar un camino triste en la trama... (yo? verlas llorar? Cómo creen!) XD
Para su agrado (y mi desvanecimiento cerebral) habrá un CAP CINCOOOO~ \(u_u)/
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(( ¿Reviews? ))
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Vaaamos... sé que quieren preguntarlo... yo sé que sí~ *mirada pícara*
Si me quieren reclamar por el asunto de Kiba o la discusión que tuvo Tone con Hina... DE MALAS! D: Se esperan al cap 5! *de nuevo, risa malvada*
Debo aclarar que yo no he visto THE LAST - NARUTO THE MOVIE ... porque me gusta ver una peli en excelente definición, así que esperaré hasta que la publiquen como yo quiera (si eso implica spoilers y terminar sin uñas a mediados de año) ... Por ello, la personalidad de Toneri (tal vez, no lo sé) está -demasiado- fuera de lo canon. Ustedes me dirán qué opinan en lo poco que pudieron apreciar al sensualón de Toneri *derrame nasal!*
PD: Creo que... que volví a salirme del tema, ¿no? (-_-) Yo creo que no, ¿verdad? :/
