Da-chan: No hay palabras de disculpas lo suficientemente largas para expresar mi pena por la demora de este capítulo. Así que dejen ese odio hacia la tardanza y lean, lean... ¡LEAN! Que estoy más que segura que lo esperan con mucho afán. Por cierto... este cap es más largo de lo que acostumbro. Algo así como para... compensar mi falta de responsabilidad. :p Por ello decidí hacerlo en dos partes. Para que la lectura no sea tan pesada. ;D

Agradecimientos: HinataYaoi, patohf, MusaSpinelli, nn, momoko haru-chan, ayame-chan, francin p.p, ciin uchiha, MariaHinalove y a todas y todos los que han dado (y darán :3) "follows", "favorites" y ¡por su puesto! "reviews". :D

Disclaimer: Masashi-chan me permite usarlos mientras mencione que los personajes son de él. La historia es mía... y una de las que mejor acogida he tenido en todo el tiempo que llevo en


La noche emanaba una densa paz... Un silencio abrumador que recorría las entrañas de Sasuke asiendo que sintiera sus músculos tensos y los huesos de goma. No sabía si hallaría algún pequeño indicio de lo que sucedió en la habitación de la chica en esos malditos treinta minutos en los que la dejó sola; la frustración y agonía lo hacían pedazos como un papel.

Cada centímetro de esa sencilla alcoba estaba de cabeza: libros y cuadernos esparcidos por el suelo, los cajones de la cómoda tenían la ropa salida o revuelta, los abrigos del armario estaban regados sobre el colchón... nada, absolutamente nada estaba en su lugar una vez que el azabache puso un pie dentro.

Respiraciones profundas y sus manos tirando hacia atrás sus mechones de cabello — ((¿Dónde? ¡¿Dónde no he buscado ya?!)). Se levantó de la cama, en la que estuvo recostado no menos de un minuto para caminar por el lugar. La luna estaba completa y era hermosa... pero el hombre no se fijaba en ello. Su mente sólo tenía una cosa: "¡Encuéntrala!"

Caminó hacia la ventana por un simple reflejo, no es que buscara tomar aire fresco ni nada — ((¿Por qué te fuiste?)) — sacó la cabeza por aquel espacio que permitía el ingreso del viento y bajó la mirada. Sus ojos notaron un diminuto punto blanco; eso no encajaba en una casa con tal estricto control de limpieza. Su primer pensamiento fue saltar, pero hacerlo desde un segundo piso sin tener conocimientos de parkour o sin habilidades ninjas era una fractura segura; lastimado no sería de ninguna ayuda. Corrió a todo pulmón, pues ese papel arrugado entre los arbustos era una inequívoca pista de su paradero.

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— ¿Itachi?

— Buenas noches, Kisame. Necesito la dirección domiciliaria del joven Otsutsuki Toneri.

— ¿Qué? ¿Para qué la quieres?

— Kisame, es imperioso que me digas la dirección. — tono calmado, poco común en él.

— Espera un momento mientras reviso los registros. — siendo amigos desde inicios de la universidad, Itachi y Kisame llevan una relación de amistad muy rara. Todo lo que Itachi dice o pide, Kisame acepta sin negarse. Se conocen tan bien que parece que nacieron del mismo vientre, pues con esos imperceptibles cambios de voz, Kisame conoce el estado de ánimo de su amigo. Podría decirse que se ven más como padre e hijo, donde, extrañamente, Kisame es el hijo. Aunque el rector de colegio supera a Itachi unos 8 años. — ¿Tienes dónde anotar?

— Por supuesto.

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— ¡APÚRATE!

— ¡No me grites! Estoy buscando y si me gritas me altero y no puedo concentrarme...

— ¡Ya, ya!

— ¡Ah!

— ¿La encontraste?

— ¡No! Por tu culpa me rompí una uña.

— ¡Hinata es más importante que tu tonta uña pintorreteada!

— ¡Eso lo sé muy bien, por algo soy su amiga! — Hana abre la puerta desmesuradamente y Kiba salta del susto.

— En-esta-casa-no-se... ¡GRITAAAA! — un coscorrón que dejó al castaño con los ojos blancos, tumbado en el suelo.

— ¿Aló? ¿Kiba, sigues allí? — reacciona ante la tenue voz que proviene del celular.

— Sí, a-a-aaay... digo, aquí estoy. — soba su cabeza — ¿Lo tienes?

— ¡Sí! — hace una pausa que preocupa a Kiba.

— ¿Qué pasó Ino? ¿Acaso no es la...?

— ¿Seguro que está bien? — su tono de voz estaba mezclado. La rubia estaba muy preocupada por lo que le contó Inuzuca, y estaba dispuesta a ayudarlo, pero también se encontraba tensa; no estaba del todo segura en si el plan de Kiba resutaría — ¿La policía debería encargarse, no?

— Si no quieres ayudar ¡BIEN! No necesito nada de cobardes como tú. — colgó el celular y arrancó una hoja de cuaderno para escribir unas cuantas palabras. Dejó la nota debajo de su almohada, tomó su abrigo plomo de capucha pomposa y salió por la ventana. Lo había hecho muchas veces para revisar a sus amigos por la noche. No podía llevar a cabo su plan sin un acompañante, así que tomó su bicicleta con un lugar en mente.

A unas cuadras de la casa su celular vuelve a sonar.

— ¿Qué quieres? Si es para detenerme, olvida...

— No. Pero no quiero que te pase nada malo, Kiba. — Ino realmente veía a Kiba como un hermanito problemático. — Te diré donde es...

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— ¿Te apetece cenar? —Hinata negó con su cabeza agachada — Comprendo tu falta de apetito, pero no quiero que enfermes.

— No tengo hambre... gracias. —él suspiró y se dirigió a la puerta del cuarto.

— Está bien. Descansa Hinata-san. —cierra la puerta y delicados cristales redondeados brotan de sus ojos, produciendo un leve brillo por la luz de la luna que ingresaba por el vitral de la ventana.

Se encontraban en un departamento con dos habitaciones, una sala-comedor, un baño en cada recámara y la cocina. El lugar no era lujoso; es un común y corriente edificio departamental ubicado en el centro de la ciudad.

Ni el conductor, ni tampoco el guardaespaldas de Toneri la trataban mal o de alguna forma indecorosa, pero eso la hacía sentir más prisionera. ((¿Por qué lloro si... si... pronto veré a... a Hanabi-chan?)). Dentro de su pecho, en su corazón, podía percibir una sensación de opresión y calor al mismo tiempo... le era confuso expresar si estaba feliz por volver a ver a su hermana o triste por dejar a todos aquellos que le brindaron su amistad... su amor incondicional.

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Itachi termina de anotar la dirección y ve pasar a su hermano con una velocidad impresionante, se despide de Kisame alegando que le explicaría la situación luego; cuelga y corre tras su hermano para evitar alguna locura.

— ¡Sasuke...! —al llegar a la entrada observa a su hermanito con un papel en las manos— ¿Qué es eso? —aproximándose con curiosidad.

Ella lo sabe. —corre hacia la casa Inuzuka e Itachi le arrebató el papel antes de su escapada. El timbre se repite una y otra vez. Itachi no lograba comprender cómo un adolescente era capaz de escribir una carta tan sencilla, pero con un mensaje tan amenazante. No conocían del todo la historia y era lo más frustrante de todo, pues las palabras que cruzaron los jóvenes habrían sido lo suficientemente fuertes como para obligarla a escapar.

— ¿Ahora qué?

— Llámalo. —Hana rodó los ojos, no porque le desinteresaba el tema; sino que el problema era Sasuke y su actitud de mandón lo que chocaba con ella. Nunca se han llevado bien por ello.

— ¡KIBAAA! —pasaron un par de minutos y vuelve a gritar. El moreno mayor da unos pasos hacia el costado de la casa; conocía el lugar de la alcoba del joven.

— Hana, la ventana está abierta.

— ¡Maldición, Kiba! —ella y Sasuke corren al segundo piso para toparse con el sitio vacío— Su chaqueta favorita no está, ni su celular. —le comunica a Itachi una vez ambos bajan y regresan a la entrada— Espero que no haga algo estúpido.

Sasuke regresó a la vivienda en busca de las llaves de su carro.

— Disculpa por meter a Kiba en esto, Hana. —expresa al percibir la preocupación en la cara de la muchacha.

— ¿En qué está metido ese idiota?

— Los detalles no los sabemos, pero la chica que Sasuke cuida se escapó por una amenaza hacia su único familiar. —su mirada se notaba molesta y confundida— Tu hermano sabe algo al respecto que no nos contó hace un momento.

— No creo que vaya a la policía, pero sí intentará ayudar si tiene la oportunidad... estúpido hermanito. —Itachi escuchó el pito del auto de su hermano en la entrada y observa a Sasuke diciéndole que se suba.

— Tienes la dirección, vamos antes de que ese niño meta la pata. —expresa imperioso a su hermano mayor. Aparece Konan con su abrigo y les desea suerte.

— Cualquier cosa te llamaré.

— Gracias. Que los niños no se asusten y si sabes algo de Kiba, comunícaselo a Hana. —le da un beso en la mejilla y el carro se aleja.

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— Se equivoca, joven.

— ¿Segura que no ha vivido una persona de apellido Otsutsuki aquí? ¿Antes, quizá?

— No. Esta ha sido mi casa desde pequeña y no me he marchado. Lo siento.

— No... Gracias por su amabilidad. —la puerta se cierra y Kiba se aleja maldiciendo en voz baja. Toma su celular y llama a Ino.

— ¿Qué pasó?

— ¿Segura que me diste bien la dirección?

— Sí. Es la que está en el sistema.

— Ese desgraciado... —aprieta su puño libre y la mandíbula.

— No vive allí... ¿verdad?

— No. Seguro cambió su dirección.

— Imposible, Kiba. La vivienda de cada estudiante es corroborada con facturas de luz, agua o teléfono a nombre del representante del alumno. Toneri no conocía a Hinata cuando llegó al salón.

— Yo no sé... ¡recuerda que llegué tarde! —Ino mantuvo el silencio— Ya... perdóname, no quería grita...

— ¡Alto! —Kiba frunció en ceño— Aquí encontré un cambio.

— ¿Cambio?

— Seguro lo hizo el mismo día que la llevó a la terraza. —el chico recordó el rostro de Hinata y sintió más odio— ¡Tengo la primera dirección!

Ino le comunica a Kiba y este rasca su cabeza con desesperación.

— ¡ARGH! ¡NO CONOZCO ESE LUGAR!

— ¡No grites por el celular!

— Ya, ya, ya... pero es que... ! —un momento de silencio pensando que todo el esfuerzo por saber de ella había sido inútil.

— ¿Akamaru es un buen rastreador? —ella le interrumpe.

— Sí. ¿Por qué? ¡¿Eso qué tiene que ver?! —Ino no comprendía lo idiota que podía llegar a ser.

— Utiliza~la nariz de Akamaru~para encontrarla~ —expuso su idea con lentitud, en caso de que Inuzuka no captase el plan. Kiba abrió sus ojos de golpe... para, luego de unos segundos, volver a enfurecer.

— Pero no tengo nada de Hinata... ¿Y tú? —el silencio respondió y él lo comprendió.

— Pero... —a ella se le ocurrió algo, aunque no sería fácil— podrías ir a su casa por algo. —su rostro se puso azul y se escuchaban balbuceos incomprensibles a través del celular por parte de él.

— Ese eso... o perdemos a Hinata.

Una fuerza de miedo y valor se mezcló en su interior. Subió a la bicicleta con mirada segura y sudor frío recorriendo su frente.

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— Niños... —Yosai y Atsuki estaban acostados en la cama de Hinata. Miraban la luna de forma vacía y los párpados de Yosai pestañeaban de manera pesada. Konan los contempló desde el marco de la puerta y decidió bajar a la sala en caso de que el teléfono sonara. Ambos Uchiha quedaron solos en la habitación... escuchando las cigarras mientras la brisa movía sus cabelleras negras.

— Yosai-nii, onee-chan... ¿onee-chan ya no nos quiere? —su respiración era serena y sintió como su hermano mayor sostenía su mano de forma gentil.

— Sí nos quiere, ¡nunca lo dudes! —miró a Atsuki con seguridad. Esa sensación de protección siempre le ayudaba al pequeño Uchiha a tomar valor. Eso es lo que más admiraba de Yosai— Onee-chan sólo fue a caminar... Mamá y papá nos dijeron eso. Confía en ellos.

— Pero... pero Hinata-oneechan está enferma...

— Por eso el tío Sasuke también fue por ella. Yo sé que el tío Sasuke es frío y algo aterrador, pero cuando está cerca de onee-chan es... no sé, ¿menos aterrador?

— Mamá me dijo que... pues, Hinata-oneechan es la... la felicidad que tío Sasuke no sabe demostrar.

— ¡Papá me dijo lo mismo! —ambos niños se miraron con diversión— Tío Sasuke es raro.

— Eh... eso... eso creo... —reían a voz baja, para que Konan no subiera y los regañara por hablar así del azabache. Aunque ella reía en su interior cuando escuchaba las ocurrencias de su niños.

— ¡Agh! —un sonido grave junto a unos rasguños y golpes se escucharon en la ventana y ambos pequeños pararon su diversión para entrar a un modo de alerta. Las luces apagadas en la habitación no ayudaban a pensar cosas alegres.

Una sombra, con gran cabeza peluda entró por la ventana y cayó sobre el suelo sobre su espalda. Un gemido de dolor por aterrizar sobre un muñequito provocó el retorcimiento atroz sobre la alfombra.

Yosai se paró al filo de la cama, algo temeroso, y saltó sobre el monstruo con valor; característico de él. No dejaría que esa loca y fea sombra le hiciera algo a su hermanito.—¡Llama a mamá! ¡VE!

El miedo lo paralizó por unos segundos y lo único que pudo hacer, Atsuki, fue emitir un chirrido tan agudo como la voz de un niño era capaz de crear. Dejando un pitido en los oídos de todos.

— ¡Yosai! ¡Atsu-chan! ¡S-soy yo! ¡Soy Kiba! ¡KIBA!

— ¡¿Aniki?! —el niño de ojos ámbar y cabellera corta, revoltosa, negra se bajó de la espalda del monstruo y Kiba quitó su capucha— ¿Qué haces aquí, aniki?

— Es una misión. —se sentó en el suelo y sobó su cabeza por los golpes del pequeño— Te haz vuelto más fuerte. —Yosai sonrió ante el elogio.

— ¿Qué tipo de misión, aniki?

— Es por... por Hinata-oneechan... ¿cierto, Kiba-nii?

— ¡Sí! Necesito algo de ella para poder encontrarla.

— Papá y tío Sasuke ya fueron a buscarla.

— Eh... sí, pero... Ellos no saben dónde está.

— Y tú... tam-poco... —Atsuki escondió sus negros orbes detrás de sus mechones largos.

— Pues... tienes razón. ¡No lo sé! Por eso necesito algo de Hinata para que mi colega la busque por mí.

— ¿Colega? —asomándose los tres por el ventanal, divisaron entre los arbustos a una figura canina. — ¿Un perro es tu colega, aniki?

— El es Akamaru y confío en él como él en mí. —luego de una pausa pequeña— ¿Qué dicen? ¿me ayudan?

— Claro. ¿Te sirve esto, Kiba-kun?

Cuando los tres voltean, se topan con la mirada serena de tono ámbar de la señora Uchiha. Los niños se quedaron tranquilos, pero Kiba se puso tan azul, que sus piernas se hicieron fideos cocinados y cayó sentado.

— Ko-Konan-san... ¿Po-podría decirle a... a Itachi-san q-que junte en mi... mi testamento a Hinata?

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— Quién diría que ese niño es... inteli...

— Lo que escucho es... ¿un intento de cumplido?

— ¡Cállate! Concéntrate en conducir. —Itachi echó a reír. Puede que el ambiente era tenso; ¡demasiado! Pero era necesario que alguien mantenga la calma. Itachi sabía que su hermanito era el más preocupado en todo esto.

— Nos ayudó, pero Hana no será blanda con él. —Sasuke no le prestaba atención a sus palabras— Sasuke... —el moreno lo miró de soslayo— ¿Qué sucede si ella no quiere regresar?

— No es su decisión. Soy su tutor al fin de cuentas.

— No creo que debas portarte así frente a ella; ponte en su lugar. —Sasuke miró por la ventana del auto de nuevo recordando la plática de hace unas horas.

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/FLASH BACK/

— Itachi, necesito la llave del cuarto de Hinata.
— Oh. Hablando de ella... — se quitó el sobretodo y lo colgó en la percha — Hoy me llamó Tsunade.
— ¿Tsunade? — la duda no tardó en aparecer. Konan estaba presente: — ¿Esa no es la amiga de Orochimaru-san?
— Sí, esa misma. — dándole a su esposa un beso tierno, pero rápido, en los labios.
— Espero que esa mujer no salga con estupideces como que quiere demandarme para recuperar a Hinata.
— No, no, no. — moviendo sus manos de un lado a otro — Ella me contó algo interesante sobre el pasado de la chica.— Caminaron los adultos a la sala, los Uchiha tomaron asiento y Konan fue por té. — Quiero contarte primero y luego vemos cómo decirle a ella.

— ¡Maldita sea, Itachi! ¿Por qué demonios siempre hablas en clave? — refunfuñó con un notorio ceño fruncido.

— ¡Calma! ¡Calma, hermanito! — sonriendo divertido, pero su expresión se endurece y su rostro se vuelve completamente serio — Mira, es que Tsunade y Orochimaru eran amigos de Jiraiya.
— Eso ya lo sabía.
— Ya, ya. Jiraiya no pudo tener hijos y se fue de viaje con Minato-san a un...

—... a un pueblito hace varios años, donde encontró dos niñas huérfanas. Una estaba enferma de cáncer. Las adoptó. La mayor se hizo amiga del hijo de dos actores famosos. La niña que tenía cáncer fue llevada al extranjero para un tratamiento. Jiraiya se fue a la quiebra. El hijo de los actores también se fue al extranjero. El pervertido enfermó. Murió y la mayor perdió el paradero de su hermana.

Itachi y Konan se quedaron boquiabiertos al oír esas palabras. Ella depositó la bandeja de té en la mesita de centro y les sirvió una taza a cada uno.

— Bie... n. —una palabra para romper el silencio— No sabía que Hinata era amiga de Toneri. Sí que estás alterado para que te hallas expresado de tal manera. —el azabache cerró los ojos aceptando las palabras e intentando tranquilizarse. Después de todo Hinata llevaba en la alcoba varios minutos y sus ojos llorosos aún no se desvanecían de su mente.

— Pero bueno. Tsunade me dijo que el otro día la llamó Orochimaru para que reciba a la hija de Jiraiya en el aeropuerto. —Sasuke abrió ambos ojos— Mmmm.. Hanabi, creo que era el nombre que mencionó.

— ¿Hanabi está viva?

— Eh... ¿sí? —sarcasmo ante una pregunta tonta. Es muy raro que Sasuke se comporte de una manera tan anormalTsunade me contó que Jiraiya le dejó una de sus hijas a cada uno de sus amigos. Resulta que —a cada palabra que pronunciaba Itachi, los ojos de Sasuke se abrían cada vez más; ni si quiera bebía el té que sostenían sus manos quietas— Jiraiya dejó a Hinata con Tsunade y la menor se quedó con Orochimaru.

— Pero Jiraiya no separaría a las niñas.
— No lo iba a hacer. Pero justo ocurrió la quiebra de la compañía y tu maestro...

— No le digas así. Sabes que odio al maldito.
— Que hayas aprendido muy bien sobre investigación y que se te haya insinuado son dos cosas muy diferentes.
— ¿Orochimaru se le insinuó a Sasuke-kun? —Konan estaba sorprendida; algo poco común en ella. Itachi miró a su esposa con mirada pícara.
— ¿Ne te lo había contado?
— Cállate, Itachi.
— Verás, cariño. Cuando mi hermanito estaba en último año de universidad, Orochimaru fue su maestro...
— Sí, sí, sí. Y resulta que el maldito me trataba bien porque le interesaba de forma romántica.
— Orochimaru terminó con un ojo morado cuando le tocó el trasero a mi hermano. —Konan e Itachi comenzaron a reír; él más escandaloso que ella.
— Ya basta. Mejor sigue contándome, porque algo me dice que no son buenas noticias. — Itachi endureció el rostro; a Sasuke no se le podía engañar. Suspiró con pesar y prosiguió.

— Bueno... ¡ah sí! Resulta que Orochimaru estaba en Estados Unidos y antes de terminar en la banca rota total, le otorgó la tutoría de la pequeña.
— Ahora lo malo... — colocó la taza de té sobre la mesita y se acomodó en el sofá.
— Los padres del joven Otsutsuki fallecieron en un accidente de avión hace no mucho y al ser famosos, Hatashi...
— Hanabi.
— Eso. —el moreno rodó los ojos— Hanabi fue a presentar sus respetos y el chico se comportó de una forma extraña.

— ¿En qué sentido?
— Tsunade no me dijo, pero tuvieron que emitir una orden de alejamiento. Y el chico regresó al país por simple nostalgia.
— Seguro está obsesionado con Hinata. —no quería pensarlo, o si quiera decirlo. La ocasión lo meritaba.

— ¿Obsesionado?

— El primer día de clases. Ese chico expresó delante de toda la clase que ella era su prometida. —el Uchiha mayor no podía abrir más sus ojos o se saldría de su lugar— Hinata me contó hace poco sobre su pasado. Expresó que Toneri se fue al extranjero cuando los padres de Otsutsuki se enteraron que Jiraiya estaba en quiebra.
— Otsutsuki... —a ella le pareció familiar el nombre— ¡Oh! Kaguya Otsutsuki, la famosa "Megumi".
— ¿La conoces, amor?
— No en persona, pero en una de mis giras fui al teatro. Ella estaba casada, pero desconocía que tenían un hijo. —su mirada era tranquila, con un dejo de melancolía— Ella y su esposo murieron hace un par de meses en un accidente de avión. —Sasuke tosió para regresar al tema.

— Hinata intentó contactarlo, pero no pudo.

— Ese era el defecto. Kaguya realmente se creía una diosa y terminó por despreciar a todos los que no sean de clase alta.
— Luego de eso, Hinata no supo más de él o su hermana. —una extensa pausa por parte de los tres. Cuando el azabache analizó cada palabra, encontró algo extraño— La chica, Hanabi. ¿Está bien?
— Seguro. Viene sola. Orochimaru le pidió a Tsunade que vaya por ella, porque, se supone, que ella era la tutora de Hinata. Como Hina-chan está con nosotros, me pidió que fuéramos por ella.
— Si se curó del cáncer, ¿Por qué no contactó a Hinata?

— Habrá que preguntarle.

— Cariño—Konan quiso hacer hincapié en algo que parecía, estaban olvidando— dijiste que ese jovencito tiene una orden de alejamiento. Sasuke-kun, expresaste que el chico está obsesionado con Hina-chan.
— ¿Eso a qué viene, Konan?
— Hinata ha actuado extraño esta semana; tú la viste hace unos minutos. —mirando y demostrando que ella corrió a la habitación; llorando ¿No creen que...? —los hermanos se miraron teniendo la misma idea en mente. Sasuke se levanta del sofá con rapidez.

— ¿Dónde vas? — pregunta Itachi con algo de espanto a su hermano, que se detienen en el marco de la entrada de la sala — ¿Creí que eras más listo, nii-san?

— Es mejor tomarlo con calma, Sasuke-kun — expresó su cuñada mientras el pelinegro mayor se golpeaba la frente con la palma.
— Ella necesita saberlo.
— Claro... y luego YO soy el idiota. — le reprocha su hermano con mirada acusadora — ¡Ve! ¡Cuéntale! Y luego... ¿qué? — Itachi se levantó del asiento y miró a su hermanito con comprensión — ¿Y si la noticia no la mejora? ¿Si Hinata se entera y eso la preocupa en mayor medida?

/FIN FLASH BACK/

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Saber que está en la habitación de junto lo mantenía inquieto. Hace varios años que esperaba volver a verla. Jamás creyó que cambiaría tan poco... o más bien, ella no cambió en nada. Seguía teniendo aquella mirada gentil y personalidad dulce, esa cabellera oscura de tinte azulado y esos ojos perla decorados con largas pestañas.

Aquella vez, cuando subió a ese avión para nunca más comunicarse... odió. ¡Los odió!

Toneri sabía que sus padres siempre pensaban en el dinero. El poder, la fama y las ganancias monetarias estaban por encima de su hijo y a él no parecía importarle mucho. Aunque eso no cambiaba que se sentía solo la mayor parte del tiempo.

Muchas veces se preguntó cómo nació. En lo poco que lograba observar a sus padres nunca fue testigo de alguna muestra de afecto, incluso se trataban con indiferencia.— "¿Acaso todos los padres son iguales?" —se preguntaba por lo menos una vez a la semana.

Viviendo en un hogar donde la falta de afecto era abrumadora, Toneri no lograba hacer amistades. La mayoría de chicos de su edad, por no decir todos, no congeniaban con él debido a su actitud. ¿Era culpa suya?¿O era de sus padres? Pensar en ello no era productivo.

Entonces la conoció.

"Lugar soleado" era la traducción de su nombre. ¿Una señal? ¡SÍ! Ella era especial.

Desde que la vio, supo que era distinta al resto de personas que había conocido. Ella también tenía una vida complicada. Hinata no había sido capaz de formar lazos fuertes de amistad, debido a su timidez.

— Ah... su timidez.

Como no adorar esos sonrojos. Pero si tuviera que escoger lo más llamativo en ella, sin dudarlo es su sonrisa. Cuando vio su sonrisa por primera vez... aquella mueca de alegría y vergüenza era sincera. No falsedad. ¡Sin hipocresías!

Decidido a ser su amigo. —"Su mejor amigo."— Eso es lo quería al inicio. Pero, al pasar más y más tiempo con ella... Latidos irregulares y esa ansiedad mezclada con alegría que iniciaba en su estómago y se expandía a todo su cuerpo cuando escuchaba su voz. Cuando pensaba en ella ya no sentía esa soledad, no pensaba en cuanto tiempo regresarían sus padres o si él realmente era hijo de Kaguya y Senju.

— Hijo —¿por qué esa palabra siempre retumbaba en sus oídos de forma vacía... hueca?— Nos iremos a Estados Unidos en unos días.

Eso fue inesperado. ¿Acaso pensaron en sus sentimientos? No, jamás lo hacían, pero siempre obedecía. Toneri tenía la esperanza de que un día ellos lo abrazarían o elogiarían por su esfuerzo y obediencia... Nunca pasó y ahora no pasará jamás.

Pensar en aquello es inútil...

Si lo hubiera analizado con cuidado... si hubiera preguntado aquella vez... o si por lo menos le hubiera dicho lo que sentía cuando fue a despedirse al aeropuerto... Tal vez ella lo hubiera esperado. Quizá sentía lo mismo, pero al ser tímida le costaba expresarlo. —《Hinata-san... me gustas... Estoy enamorado de ti.》

Toneri liberó un pesado suspiro. Se encontraba acostado en la cama con sus brazos bajo la cabeza. La ropa de dormir era cómoda y mantena su cuerpo cálido.

— Cálido... —susurró y recordó aquel día que la vio. Sentada en aquel pupitre, observándolo confundida. Sus latidos se aceleraron y su cuerpo reaccionó por instinto. Ella emitía esa aura de siempre. Ese calor que no sentía por nada ni nadie más.

Se levantó y miró la luna. ¡Sí! Debía verla. Tenía que disculparse por ese actuar impropio de aquel día en la terraza. Esas palabras... la mirada de temor en sus ojos perlados. No lograba conciliar el sueño cuando rememoraba la manera tan poco caballerosa con la que trató a la persona que hacía latir su corazón de aquella forma.

— ¿Hinata-san? —tocó la puerta un par de veces— Puedo... ¿Me permites pasar? —giró la perilla, solo para notar que tenía puesto el picaporte por dentro. No la culpaba.— Necesito hablar contigo de algo importante. ¿Podrías darme unos minutos de tu tiempo, Hinata-san?

Parado por unos minutos. Aguardó en silencio una respuesta por parte de ella. Si insistía, seguro la haría sentirse más incómoda de como ya debe sentirse. Dio unos pasos rumbo a su recámara cuando escuchó la puerta de su habitación abrirse.

— Pasa...

— Gracias, Hinata-san. —ingresa al cuarto y cierra la puerta.— Veo que no estás usando la pijama que compré para ti.

— Lo... lo siento. Es que... n-no me queda bien. —no, Hinata no mentía. La talla de busto era el problema.

— Tranquila. Cuando lleguemos a Estados Unidos te podrás comprar la ropa que... —la mirada triste en el iluminado rostro de ella detuvo sus palabras. — ¿Por qué estás afligida, Hinata-san?

— Yo... no lo sé.

— Prometí llevarte con tu hermana... ¿Acaso no crees en mí?

— Toneri-chan. Sí... te... te creo, pero... —una lágrima apareció en su rostro y las palabras fluyeron como un cauce— Yo... yo no pude despedirme apropiadamente de las personas que... que me brindaron su amistad. No me despedí de... de... ((Sasuke-kun))

La mirada. Esos ojos que brillan sin necesidad de luz. Eso solo significa una cosa; que él conoce a la perfección después de tanto tiempo lejos.

— Ese día en la terraza —Hinata limpió aquella gota cristalina con la manga de su abrigo y abrió sus parpados con asombro mezclado en temor; recordar eso le hacía sentir horrible— Hinata-san. Pido con total sinceridad que disculpes mi comportamiento. —ella alzó sus ojos por unos segundos, quería ver la mirada en él. Esos orbes de celeste hielo no mentían, pero no estaba preparada aún. Ella sí quería perdonarlo, pero ese escenario quedó grabado en su memoria y no sería algo sencillo de borrar.

— Hinata-san —quiso tomar la mano de ella, cosa que no permitió y desistió— yo sé que mi actitud, frente a ti ese día, no merece si quiera que vuelvas a dirigirme la palabra. —él observó la luna y ella mantenía la mirada en sus manos prestando atención a sus palabras.— Mis padres murieron hace poco.

— Toneri-chan... —esas palabras la hirieron tanto. Comenzó a culparse por tratarlo con tanta frialdad.

— Descuida. —la observó de perfil donde ambos orbes se toparon por unos segundos para desviarse nuevamente al lugar de antes.— No lo sabías y no te lo dije antes.

— Lo lamento tanto... Tone...

— No. —la interrumpió— No tienes que decirlo. Ni si quiera he sido capaz de llorar por ellos en todo este tiempo. No siento dolor ni pena por su pérdida. ¿Eso me convierte en un mal hijo? Seguro los decepcioné...

— ¡No digas eso! —su tono de voz se elevó un poco— Toneri-chan es una buena persona. P-puede que no llores porque no sabes cómo... —él se acomodó en la cama y la miró con un poco de confusión— Es que... a lo que me refiero es... pues... —verla sonrojar le sacó una sonrisa ladina. Esa alegría que sólo aparecía cuando la tenía cerca.

— ¿Me permites... abrazarte, Hinata-san? —ella quedó en silencio— Comprendo.

El chico se levantó de la cama y caminó hacia la puerta con paso sereno. Sujetó la perilla y la giró, abriendo la puerta con prosa. Giró su cabeza ligeramente para observarla de perfil con una sonrisa agradable y afligida— Descansa bien, partiremos en la mañana. —a punto de cerrar la puerta por completo acotó— Cierto. Gracias por escuchar.

Hinata llevó sus mano al pecho y se recostó en la cama. Estaba bien, ¿no? Toneri estaba sufriendo sin poder demostrarlo y ella era una parte esencial en su vida. Ella había sufrido en su pasado, pero fue gracias a terceras personas que pudo valorarse y ver lo que la rodeaba... la belleza del mundo.

Él a duras penas tenía a su guardaespaldas y era tan amable que se pueda decir.

Hinata empezó a crear una lista en su mente de las cosas buenas que obtendría al irse de Japón. No porque quisiera darse a la idea, sino que con pensar tanto su cerebro la obligaría a conciliar el sueño. Con mantener ocupada su capacidad racional dejaría que su mente y cuerpo sucumbieran ante el cansancio y, con ello, su tristeza cedería... las lágrimas dejarían de salir.

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El edificio era extenso y pasaba de la media noche. Itachi y Sasuke no creyeron que el lugar que les proporcionó Kiba se situara en pleno centro. Sin duda alguna, ese muchacho tenía una mente ingeniosa.

— Piso 7, departamento 206.

Leyó en voz alta el moreno mayor y ambos dispusieron en subir.

— Joven Toneri, ¿Me copia? —el hombre de cabello verdoso y amarillentos ojos hablaba a través de un walkie talkie. El muchacho de cabello blanco se levanta y toma el comunicador que se encontraba en la mesita de noche.

— ¿Qué sucede, Zetsu?

— Hay dos hombres de cabello y ojos azabache en la entrada. Mantendré el comunicador encendido y que la chica no vaya a gritar.

— No te preocupes por Hinata-san. Ella de seguro está despierta, pero no emitirá sonido alguno.

— De acuerdo.

El tipo de piel pálida estaba sin camisa y con pantalones de dormir. Sobre la mesa del comedor y en el suelo de la sala se podía apreciar un variado número de botellas de cerveza. Una tarrina de comida rápida en la mesa y unos cuantos trastes sucios en el fregadero.

— ¡ABRE! —vocifera Sasuke.

— Cálmate, hermanito.

— ¡ABRE O LA DERRIBO!

— ¡Sasuke! —el Uchiha menor estaba sulfurado y ansioso. Apretaba la mandíbula con fuerza y sus puños golpeaban el rectángulo de madera con ímpetu. Itachi intentaba tranquilizarlo lo más que podía, pero su hermanito no era el mismo niño al que podía tocar en la frente con sus dedos, diciéndole que le tenga paciencia. El azabache de cabellera larga creyó que haber jugado así con Sasuke en su niñez, quizá afectó la parte de relajación y ahora detesta ser paciente.

— ¡Maldita sea! ¡TÚ LO PEDIST...!

El picaporte sonó con lentitud y torpeza. El inquilino asomó su cara por la rendija que dejaba la cadena interior.

— ¿Qué su-sucede? ¿Es... es ust-ted un pol-pol-policía? —el olor a cerveza era insoportable. Itachi parpadeó incrédulo.

— Déjame entrar, borracho de mierda.

— Sasuke... —mirando a su hermano con algo de pena ajena— Discúlpelo. Es que estamos buscando a alguien.

— ¡No le digas nada, Nii-san! ¡Quita la cadena, borracho asqueroso!

— Que~ Pero o-oficial... yo... yo no he problemas causado e-en mucho tiempo...

— No somos oficiales. —colocándose delante de Sasuke a empujones— Mi nombre es Itachi, Uchiha Itachi. Él es mi hermano Sasuke y queremos saber si aquí vive alguien de apellido Otsutsuki.

— ¿O-Otro suki? ¡Yo no sé de- de qué me ha-blan! —el borracho molesto intenta cerrar la puerta. El azabache empuja a su hermano y patea la puerta, logrando romper la cadena y haciendo que el hombre cayera al suelo— ¡N-no, oficial~! ¡Yo-yo no quería tr-atarlo así! ¡No me lleven! ¡NO, PORF-AVOR!

— Cálmese. Nadie le hará daño ni lo llevaremos a la cárcel. —Itachi entró para recoger al hombre alcoholizado mientras su hermano ingresaba intempestivamente a las recámaras. Revisó cada uno de los cuartos y alacenas.

— No hay nadie aquí. —el sujeto de cabello verde y ojos amarillos que aún se encontraba en el suelo empezó a llorar.

— Mi... mi mujer me de-jó y se llev-vó mi vida... Lo que m-me queda es el trago...

Ambos hermanos miraban con detalle cada lugar del departamento. Itachi ayudó al sujeto a ponerse de pié y sentarlo en el sofá. Por su parte, Sasuke, revisaba cada pequeño rincón, encontrando objetos fuera de lugar.

— Vámonos, Itachi. —sin despedirse o si quiera disculparse, el azabache dejó el sitio.

— Discúlpenos, señor. —el borracho parecía estar en sus cincuenta o sesenta años. Itachi observó tres cosas peculiares en el lugar; decidió callar, retirarse pidiendo perdón por la intempestiva intromisión y dejando unos yenes sobre la mesa del comedor para la reparación de la puerta.

Cuando el guardaespaldas ya no logra ver las siluetas en el pasillo por el mirador de la entrada, se levanta, limpia su rostro de las falsas lágrimas y recupera el walkie talkie.

— Todo listo. Como pidió, se han creído cada palabra.

— Si... No te confíes. El mayor es Fiscal de la Prefectura.

— Tranquilo, joven Toneri. Permaneceré así unas horas más y arreglaré antes de partir.

— Perfecto, Zetsu. Cambio y fuera.

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