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Llegaron a casa con fatiga mental, pero la búsqueda no era en vano. Konan los recibió con una tasa de café para mantenerse despiertos. En la mente de cada uno estaba el reproche de: ¿Por qué no llamar a la policía? Puede que siendo adultos... ¿se estuvieran dejando mandar por un simple adolescente? El problema era denunciar... ¿qué?
Hinata cumpliría los 18 años en diciembre. Sí, era menor aún, pero no era secuestro. ¿Qué tal si ella mentía y decía ante los oficiales que solo era una fuga de enamorados? No hay ley que castigue ello —a menos que él fuera adulto, cosa que no pasa ya que tienen la misma edad—. También estaba la duda de: ¿Ella sería capaz de decir que él la amenazó para irse del país?
Quizá no. Pero eso era antes. Ahora Hinata conocía el paradero de su hermana y era razón suficiente para hacer lo que sea con tal de volverla a ver. Además, el papel que leyeron no era prueba suficiente para culpar a Toneri de secuestro. Hanabi llegaría a Japón por sí misma. Eso significaba que no corre riesgo alguno.
Pero había una manera de hacer recapacitar a la ojiperla.
Debían encontrarla en el aeropuerto y decirle que Hanabi estaba bien; sana y salva. Ella cambiaría de opinión y regresaría a su lado. Si ese escuálido chico de cabello cano se lo impedía, entonces sí había un delito y sin duda, Sasuke lo golpearía, aunque implicara unos días en prisión.
Pero, ¿cómo estaban tan seguros que ella no se había ido ya? ¿Qué les hacía creer que Hinata seguía en Japón? Eso es gracias a la capacidad de observación de los hermanos Uchiha. Conversaron de las anomalías que encontraron en el departamento cuando regresaban a casa.
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/FLASH BACK/
Ambos hermanos subieron al coche y arrancaron rumbo a casa. Sasuke se fijó por el retrovisor de los vehículos estacionados en el aparcamiento.
— ¿Y bien? —pregunta Itachi— ¿Inicias tú o lo hago yo?
— Uno de los vehículos tiene alterada la placa. —Sasuke tenía su frente arrugada y los párpados juntos, con voz serena— No es notorio, pero es un imbécil para encubrir el matiz que provoca el brillo de las luces de otro vehículo sobre la pintura.
— El departamento tenía demasiadas botellas regadas por el lugar, pero no había señas de violencia o suciedad de vómito. —la mirada fija en el camino y su tono de voz cambió; se vuelve más grave cuando trata con suma seriedad un caso peligroso.
— Los platos estaban sucios, pero no había comida en el cubo de basura. Eran restos de comida instantánea. Estando borracho no creo que se alimente, y si lo hace habría restos o manchas en el suelo por su descuido.
— Un walkie talkie sobre la estufa estaba impecable. Viviendo en esas condiciones debería estar roto o quemado. —el auto paró en una luz roja por unos segundos— Me dio tristeza verlo llorar de forma tan fingida. —el auto retomó la marcha.
— La forma de cambiar el tema. Si realmente hubiese bebido algo del alcohol que compró para hacer su teatro, le habría creído; al menos un uno por ciento.
— Llama a Konan y dile que nos espere con algo de café caliente y que averigüe el próximo vuelo a Estados Unidos, incluso los que hacen escalas. —Itachi le pasa su celular a Sasuke, que mantenía el silencio. Marcó el número de casa. Todo con normalidad, aunque no podía ocultar su preocupación.
— El más pronto sale a las 7:15 de la mañana. —cerró el celular mientras le comunicaba lo que su cuñada le había dicho— Es directo.
— Me siento más aliviado al saber que sigue en Japón. Supongo que tú también, ¿no, hermanito?
De pocas palabras. Así es Sasuke y él está acostumbrado a ello. Sonrió internamente al pensar la forma tan extraña en que ambos se complementaban. Ella era un libro abierto de emociones, mientras él era... pues... Sasuke.
/FIN FLASH BACK/
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Luego del café y una ducha fría, los hermanos se encontraban en la sala. El reloj de pared marcaba las cinco de la madrugada. Y la señora Uchiha estaba recostada en el sofá.
Los niños llevaban rato en la alcoba de Hinata; se habían quedado dormidos luego de la estrepitosa visita de Hana cuando Konan llamó para avisarle que estaba en su residencia con su mascota.
— Mejor nos vamos. No vaya a ser que ese niño se vaya a ir antes. —el moreno mayor tomó su abrigo y las llaves. Sasuke ya se encontraba en la entrada.— Te mantendré informada, amor.
— Recuerda, Deidara está trabajando en el aeropuerto.
— Preferiría no hablar con él, ya sabes cariño, me odia. —sonríe algo incómodo.
— Ese golpe en el ojo pasó antes de que naciera Yosai. Seguro ya no guarda rencores.
— Eso espero... Aunque no creo que necesite su ayuda.
— Si los guardias de seguridad aparecen... lo verás de todas formas. Él es gerente del lugar.
— ¡Tsk! —ella le dio un beso en la mejilla y lo miró con simpatía.
— ¡ITACHI! ¡VIENES O ME DAS LAS LLAVES! —arruinando el momento con su esposa expulsó todo el viento de sus pulmones y se marchó. Dejando a Konan en la entrada.
— ¡No grites! Despertarás a los niños. —el moreno menor bufó. Itachi siempre encontraba la forma de hacerlo sentir el menor. ¡Era todo un adulto, cielos!
Konan cierra la puerta y se dirige a la cocina para preparar el desayuno. Los niños e levantarían en cualquier momento y un poco de comida les sentaría de maravilla a todos.
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Se encontraban en el auto. El silencio era igual a la noche anterior y no cambiaría tan rápido. Zetsu usaba un traje costoso y el perfume era sutil. Miraba a los jóvenes con indiferencia. Sí, sabía del plan de Toneri. Lo único que le importaba era la paga; sin dinero, desaparecería.
— Hinata-san ¿Dormiste cómodamente?
— Eh... Sí. Gracias por preguntar... —sus manos se acariciaban con nerviosismo. Toneri lo notaba pero no estaba dispuesto a retractarse. Sino ella se iría y... Hinata era todo. Todo.
— Qué bien.
Llegaron al aeropuerto. El reloj en la muñeca del chico pálido y cabellos de nieve marcaba las seis y treinta. Zetsu caminaba unos pasos delante con el equipaje de ambos. Ellos viajarían solos y para pasar, al ser menores de edad, el joven Otsutsuki sólo debía dar unos billetes al guardia de la entrada. Sólo en caso de que sea necesario.
— ¡DETENTE AHÍ! —el sonido de pisadas era cada vez más cercano y cuando ambos jóvenes voltean, frente a Hinata aparece un puño, el brazo, la cabeza de Kiba con una expresión de odio infinito que mostraba la dentadura completa. Las perlas estaban completamente dibujadas en sus ojos y el chico frente a ella pasó en cámara lenta.
— ¡¿Ki... Kiba... kun?!
El castaño lanzó un golpe directo en la cara, pero sólo tocó su mejilla; cayendo sobre él.— ¡¿Pensaste que podrías llevarte a Hinata?! —le gritaba entre dientes con las pupilas casi finas. Su expresión era la de un demonio canino protegiendo a su amo— ¡¿ESO CREÍSTE?!
Hinata llevó ambas manos a su boca al ver el dolor con que Kiba se expresaba; resonaban en sus oídos. Si Inuzuka, que era su amigo, estaba en tal estado de preocupación... ¿Cómo estaría Sasuke? ¿La estaría buscando? Como rogaba en su interior poder verlo en esos momentos.
— ¡Kiba, detente! —esa voz era conocida. Al levantar su mirada se topó con Itachi, quien corrió hacia el castaño para apartarlo de Otsutsuki. Zetsu hizo lo mismo con Toneri, que estaba intentando liberarse del salvaje.
— ¡HINATA! —esa voz... Elevó la mirada y su corazón comenzó a latir con fuerza. Habían sido unas pocas horas en las que no había visto a Sasuke, pero... Ella se había metido en la mente que jamás lo volvería a ver, que su recuerdo debía permanecer siempre en su interior. No creyó que verlo ahí, inquieto, mirándola con tal alivio... Su pecho dolió, ¡dolió como nunca antes! — Sasuke... kun...
Los gritos de Kiba atrajeron a los oficiales del aeropuerto y a algunos curiosos que estaban a punto de subir a sus respectivos vuelos. Un avión había llegado y muchos de los pasajeros fueron atraídos por el escándalo.
— ¡No dejaré que te vayas! —la sujetó de la muñeca y la aproximó a su cuerpo, envolviéndola en sus brazos; proporcionándole seguridad, calor y júbilo sin comparación. Ella ocultó su rostro en su pecho y con lentitud correspondió el gesto de Sasuke. Sus ojos empezaron a ver con dificultad y el entorno se volvió borroso, abriendo paso a gotas saladas que recorrían sus mejillas. Susurró tan bajo que él no dio importancia. Lo único que importaba era que la tenía junto a él y no dejaría que se fuera.
Cuando el extraño y último pasajero logró llegar delante de la multitud para poder apreciar la escena en primer plano, entrecerró los ojos y fijó su mirada en la chica de cabellos azulados.
Hinata apretó la ropa de Sasuke en la espalda y se apartó con la misma velocidad con la que correspondió el abrazo. — Lo siento... Sasuke-kun...
— Olvida eso, Hinata. —él sostiene la delicada mano de ella y camina hacia la salida, sin importarle que su hermano estaba luchando para que Kiba se calmase y se fuera con ellos de regreso en el auto. El moreno nota que Hinata no se mueve y el brazo se tensa; gira la cabeza y se topa con el rostro oculto de ella tras su flequillo.
— Lo... lamento, Sasuke-kun. —murmura y levanta la mirada llena de lágrimas. Sus negros orbes estaban estupefactos ante tal mirada de dolor. El extraño también abrió sus párpados ante el recuerdo y confirmación de aquel rostro familiar; una sonrisa se reflejó en su pequeña boca.
— No dejaré que... —ella se libera de la mano del Uchiha con brusquedad y elevando su dulce voz exclama: —¡No, Sasuke-kun! —Itachi, Kiba y los demás curiosos, incluyendo a los guardias del lugar se sorprendieron y observaron a la pareja. Ella continuó hablando con menos volumen, pero sus ojos llenos de lágrimas demostraban seguridad.
— Pedirte disculpas y decir... que lo siento tanto no... no será suficiente, Sasuke-kun. Pero yo... yo... —cerró los ojos y juntó sus manos en el pecho— ¡Debo ver a Hanabi-chan! —la persona en el público se hizo para atrás— ¡Debo pedirle perdón por... por todo este tiempo que la he dejado sola! Si ella... no me odia y me logra perdonar... ¡Necesito ir aunque esto implique no ser feliz a tu lado!
— Hinata... —no era un tonto como decían; Kiba comprendió esas palabras. Estaba sorprendido de verla gritar, a pesar de ser una chica dulce y tímida. Ver esos ojos perla bañados en lágrimas mirando a Sasuke de aquella forma... Su pecho se oprimió al conocer el dueño del corazón de la Hyuga. Dejó de forcejear y se paró con la mayor serenidad que jamás demostró en toda su vida. Itachi miró de perfil al muchacho de cabellos marrones y sintió pena por él, pero el Uchiha mayor sabía que se repondría. Kiba era fuerte.
Hinata secó las lágrimas con la manga de su abrigo, endureció el rostro y caminó hacia Otsutsuki. Una máscara de frialdad fue lo que mostró a su amor y su corazón se hacía pedazos. Toneri sonreía complacido ante su triunfo. Sasuke estaba en shock. ¿Realmente había sido tan idiota? Siempre él... ¿y ella? No pensó en las emociones de Hinata. Tal era la agonía y culpa en sí misma por perder a su hermana que prefería tirar al suelo su propia felicidad con tal de verla. Porque Hanabi era más importante que ella misma.
Sasuke elevó su brazo con pesadez dispuesto a vociferar que no lo deje, que juntos la encontrarían, que siempre la protegería a ella y a sus deseos... que si se iba con ese imbécil de cabello cano su corazón se volvería polvo...
— Hi...
— ¡HINATAAA! —la ojiperla volteó sorprendida ante un timbre femenino. Cuando su cuerpo dio media vuelta un golpe suave la tomó por la cintura y sumergió el rostro en sus pechos. Ella sintió incomodidad por unos segundos hasta que observó con paciencia el cuerpo frente a ella, que la abrazaba de tal forma... parecía que jamás la volvería a liberar.
Cabello largo, castaño y lacio. Piel suave y clara como ella. Su estatura no sobrepasaba sus hombros y vestía una blusa amarilla con estampado de flores, jeans de un tono azul oscuro y deportivos grises.— ((Es... es una niña...)) —fue lo que pensó y le tranquilizó que no fuera un pervertido. Pero... ¿Quién era?
— ¡Te extrañé tanto, nee-chan! —su rostro se elevó y sus ojos se toparon con los de ella. Sasuke e Itachi no podían estar más sorprendidos y aliviados al mismo tiempo. Por su parte, Kiba no comprendía si la aparición de esa niña era buena o mala señal.— ¡Eras más alta y tu cuerpo tiene más curvas!
— ¡¿Hanabi-chan?!
— ¿Quién más? —apartándose de la peliazul y colocando las manos en la cintura en forma de regaño, alegría y molestia.
— Hanabi... chan... —su rostro se quebró por completo. Hinata perdió el equilibrio por uno segundos y su hermanita la sostuvo para que no terminara en el suelo. No apartaba la mirada de ella y sus ojos, nublados, empezaron a derramar incontables lágrimas de sentimientos mezclados.
— Nee-chan... sigues siendo tan sentimental. —sonrió agachando los párpados y volviéndola a abrazar— Nee-chan, ¿Dónde ibas?
— ¿Iba? —Hinata se encontraba en un letargo mental. Nunca ¡jamás! creyó que la vería tan alegre, tan saludable.
— ¡Claro! Yo vine para estar contigo. —la peliazul recuperó el control de sus extremidades inferiores y se mantenía de pie por sí misma, así que Hanabi se colocó delante de ella con las manos en su cintura, frente arrugada y ojos fijos en los de su hermana mayor— ¡No me digas que igual piensas viajar estando yo aquí! —reprochó la menor. La Hyuga mayor tomó las manos de su hermanita con delicadeza, para ella seguía siendo un sueño— ¿Dónde viajabas? —continuó preguntando para que Hinata recuperar un poco su sentido de la realidad.
— A Estados Unidos.
— ¿Para qué, nee-chan?
— Para ir por ti. —se había vuelto una máquina y respondía de forma mecánica a las preguntas de su curiosa hermana.
— Pero ya estoy aquí. —sonrió pícaramente— ¿No me digas que viajarías con él? —miró de perfil a Sasuke; el más cercano de todos. Él simplemente se encontraba callado y sereno al saber que no pasaría nada malo— ¿Cómo se llama? —llamó su curiosidad al ser la única persona con quien Hinata habló y, de dicha discusión Hanabi fue testigo. Además de que era la primera vez que Hanabi veía gritar a su hermana.
— Sasuke-kun, pero no me iba con él. —la Hyuga menor lo observó sorprendida.
— ¿Entonces te ibas a ir sola? Nee-chan, las chicas que nunca han estado allá no deberían ir solas.
— I-iba a ir con Toneri-chan.
— ¿Qu-? ¡¿Quién...?! —el rostro de Hanabi se tornó oscuro por completo y habló con tono molesto, iracundo. Giró su dulce rostro buscando entre las personas a dicho individuo.— To-ne-ri... —cuando lo encontró, pronunció cada sílaba como si quisiera verlo explotar con tan sólo decir su nombre.
— Hanabi-san... No creí que nos veríamos aquí. —soltando con delicadeza las manos suaves de su hermana— ¿Hanabi? —caminó hacia el chico de cabellos blancos, liberando fuego a cada pisada.
— ¡Te-atreviste-a-venir-por-ella... ¿después-de-lo-que-te-dije?! —palabras expresadas con mandíbula apretada y su ceja izquierda hacía un raro movimiento repetitivo. Toneri daba pasos pequeños alejándose de la pre-adolescente.
— No pensaba encontrarla, Hanabi-san. Si pasó fue el destino.
— ¿Destino? —su tono era tan dulce, su rostro se volvió como el de un ángel y sonrió con tanto júbilo que a los pocos espectadores presente les pareció tierna. — ¡Oh, sí! Eso del hilo rojo y amor para toda la vida, ¿no? —reflejó con tal inocencia en sus palabras que Toneri dejó de alejarse y ella volteó la mitad de su torso— ¡No me digas esas estupideces!
Cerrando su mano derecha en un puño muy marcado, arrugando sus cejas y endureciendo el rostro a tal punto que las venas cercanas a sus ojos parecían brotarse de una forma atemorizante. Hanabi embistió con tal fuerza y tino un golpe en el rostro del peliblanco que cayó al suelo a un metro de distancia. Los guardias y una pequeña cantidad de mirones (pues los demás siguieron con sus respectivos destinos) terminaron con la mandíbula en el suelo y los ojos blancos como dos círculos completamente redondos, manifestando al unísono un enérgico: "¡¿QUÉ!?"
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El problema con la policía del aeropuerto se solucionó con rapidez cuando Itachi les dijo que era el Fiscal de la prefectura; eso era lo genial de su trabajo. El moreno mayor también tenia cierto control de las autoridades y como premio para él, Deidara tenía el día libre ese día, así que no tuvo que toparse con los errores del pasado (en una reunión de compañeros, se pasaron de copas y una cosa llevó a la otra). El Uchiha mayor conducía, Sasuke estaba junto a él y en la parte trasera se encontraba Hinata, Hanabi y Kiba, respectivamente.
Hinata le preguntó, con algo de vergüenza, por qué no se había contactado. A lo que su hermanita le respondió sin mucho detalle que luego de ser pasada como ahijada de Orochimaru, éste la llevó a un hospital que experimentaba en curas de enfermedades raras. Bajo pedido de ella, y con posibilidades de salir mal cualquier tratamiento, la utilizaron como un "conejillo de indias". A Hinata no le agradó oír eso, pero Hanabi le dijo que no debía molestarse, ya que Orochimaru la había tratado bien todo ese tiempo. Además de que los resultados fueron satisfactorios.
Cuando por fin fue dada de alta en el centro de investigación, ella le pidió permiso para buscar a Hinata. Por ello, se contactó con Tsunade; su difunto amigo le había comunicado por cartas que ella era la tutora de la Hinata. Dado que Orochimaru está más interesado en las investigaciones, decidió quedarse y dejar a Hanabi el tiempo que ella quiera. Al fin de cuentas no es que él sea tan apegado a las personas...
Kiba decidió dejar aquella plática del pasado como un tema que debía tratarse en familia, así que cambió de tema a su manera.
— Aún no puedo creer que le hayas roto la nariz, Hanabi-chan. ¡Eso fue fabuloso! —Kiba elogió a la chica.
— Gra-gracias... —y ella sonrojó agradecida, desviando la mirada del chico salvaje. A Kiba le pareció raro ese comportamiento; sin embargo no analizó más allá de ello.
— Hanabi-chan —Hinata había sido puesta al tanto de todo lo que descubrieron y decidió preguntar— ¿Qué le hiciste a Toneri-chan para que ponga una orden contra ti? —la chica se cruzó de brazos, cerró sus ojos y comenzó a relatar...
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/FLASH BACK/
— Toneri-chan.
— Tiempo sin vernos, Hanabi-san.
— Sí, pasó mucho. —ambos conocidos vestían ropas oscuras. La habitación tenía tres guardaespaldas y no menos de veinte personas, pero ninguno era realmente un amigo de la familia.— A penas me enteré... Lo lamento tanto.
— No, tranquila. Para ser totalmente sincero, yo no lo lamento. —ella elevó ambas cejas, para luego de unos segundos arrugar su frente.
— Por muy mal que te hayan tratado, Toneri-chan, padres son padres. No deberías expresarte así de ellos. Mi hermana se sentiría decepcionada si te escuchase.
— ¿Qué has sabido de Hinata-san? —cambió de tema. Él no podía hablar de eso con la menor de los Hyuga; no era comprensiva.
— Ahora que ya estoy completamente curada, puedo ir a buscarla.
— Mejor sería traerla.
— No podría. Nee-chan seguro ya debe tener una vida bien establecida y no sería capaz de quitarle eso. —dibujando una expresión pícara en su rostro— Quizá y ya tiene novio.
— Eso es un pensar apresurado.
— ¿Por qué? Hinata-neechan es una buena persona y seguro se puso muy hermosa; como yo. —sonriendo por sus propios elogios.
— Hinata-san me está esperando; es mía.
— ¿Qué? Mi hermana no es un objeto que le pertenezca a nadie. —la chica de ojos perla y mechón delante de su fino rostro se molestó ante el comentario.
— Eso no lo decides tú, Hanabi-san. Ahora que mis padres se han muerto, soy libre para ir por ella a Japón.
— Sobre mi cadáver. No permitiré que le arruines la vida.
— Tú no tienes el poder para cambiar eso. Quiero que dejes la residencia.
Ella no podía sulfurarse más. Vio aproximarse a los guardias, hombres corpulentos y de cara rústicas. Su perfilado rostro se serenó y acomodó su abrigo en sus hombros.— No necesitas indicarme la salida. —da dos pasos hacia la puerta— ¡Oh cierto! Tengo un presente para ti. —señalando el bolsillo del sobretodo.
Toneri permitió el paso de la chica hasta él a través de los sujetos de seguridad. Hanabi abrió el bolsillo para meter su mano, mira al peliblanco con una sonrisa traviesa... y de un segundo a otro se encontraba sentada sobre Otsutsuki propiciando tantos golpes que los hombre encargados de su protección estaban anonadados ante la fuerza y velocidad de la chica.
/FIN FLASH BACK/
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A su hermana y a Itachi les recorrió una gota gigantesca en su cabeza; Sasuke no le dio importancia a ese tipo de conversación. El auto por fin había llegado a la residencia Uchiha y bajaron con normalidad. Itachi fue a la entrada a saludar a su esposa, que se encontraba acompañada de sus pequeños y una invitada no grata para el moreno y menos para el castaño.
En el momento que Yosai y Atsuki distinguieron a Hinata, corrieron a ella y la empujaron en un abrazo de enfado y felicidad.
— ¡Onee-chan! No vuelvas a hacernos esto. —expresaba el hijo mayor de Itachi con enfado, pero sin dejar de abrazarla .
— Es... estoy feliz de que Hinata-neechan también... también esté feliz. —ella abrió muchos los ojos ante las palabras de Atsuki— Es bueno que... que seas la de antes, nee-chan. —mientras Hinata pedía disculpas ante los pequeñines abrazándolos con fuerza y ojos de mirada acuosa, hacia Kiba se aproximaba...
— Hana-nee...! —un coscorrón bien colocado en la cabeza, dejó a Kiba con los ojos blancos cayendo sobre su trasero.
— ¡Cómo te atreves! —mirada furiosa y manos en la cintura. Hana regañaba a su hermano sin esperar a llegar a casa— ¡Te vas, dejando una carta mal escrita! ¡¿Cómo diablos voy a saber que dice si tienes una letra horrorosa?!
— P-pero nee-chan, esa carta sólo decía que iba a ayudar a buscar a Hi...!
— ¡Me importa un carajo lo que decía!
— La... la había escrito antes de...
— ¡No me respondas! —dispuesta a darle otro coscorrón más, una mano pequeña la detiene.— ¿eh?
— ¡No le pegues! —Hanabi se interpuso— Si no fuera por Kiba-kun, no habría encontrado a Hinata-neechan —Hana parpadeaba perpleja y Kiba se volvía cada vez más azul ante el futuro que le esperaba por sus palabras— y ese idiota de Toneri la habría alejado de mi. ¡Discúlpate! —la hermana de Kiba parpadeó un par de veces, pasmada. Un segundo después sonrió ante la pequeña. Posó su mano sobre su cabellera larga y la revolvió, como hace siempre con su hermano cuando quiere portarse de forma tierna.
— Tienes carácter, pequeña. ¡Eso me agrada! —la pre-adolescente sentía su orgullo crecer ante otra victoria. La Inuzuka mira a su hermano de manera traviesa y, con una sonrisa amplia, dice sin más— Buen trabajo, hermanito tonto. —Hana se dirige hacia Itachi para agradecer la protección que le da a su despistado hermano. No sin antes golpearlo en la cabeza al llevarse a Kiba sin permiso.
— Oi, Hanabi-chan. —se pone de pie y sacude su pantalón— A mi hermana nunca se le habían enfrentado.
— Disculpa, Kiba-kun. Pero me pareció que era una mandona prepotente. —Hinata escuchó sin querer y sonrió algo incómoda por el cinismo de su adorada hermana menor.
— Antes creí que eras genial por golpear a ese niño mimado, —tomándola por sorpresa, coloca su mano sobre el cabello y lo revuelve; tal y como su hermana hizo segundos atrás.— pero ahora te admiro. ¡Eres mi ídolo! —Hanabi sonrió tímidamente.
Hinata sonrió por simpatía mientras era arrastrada por los pequeños para que entrara a casa, y de un instante a otro, ese acto cesó. Cuando volteó, los niños corrían a casa entre saltos y júbilo. Ella distinguió unos yenes en sus manitos.
— No suelo dar dinero por favores. —la voz de Sasuke proviene desde su espalda— Pero haría de todo con tal de estar solos un momento.
— Sasuke-kun... yo... —sus ojos demostraban el tropiezo que había causado— yo...! —ella sintió aquel tacto frío sujetar sus manos... Caricia que calentaba su corazón. Todos entraron a casa para tomar el desayuno que Konan había preparado no hace mucho.— ¿Y nee-chan?
— Necesitan un momento a solas, Hanabi-chan. —el moreno mayor le guiña un ojo y ella capta el mensaje con rapidez. Todos se sientan al comedor.
— Tienes los mismos ojos que Hinata-neechan.
— ¡¿Nee-chan?! —a la Hyuga menor le sorprendió escuchar eso del niño más grande— ¡No te la llevarás! —Yosai se paró frente a ella y la señaló con el dedo índice; Atsuki se paró detrás de su hermano queriendo imitar a su ídolo, sin tener el más mínimo efecto por su dulce rostro— ¡Atsu-chan y yo no lo permitiremos! —Hanabi comenzó a reír.
— Ella es ¡mi! hermana... —indicando con cierta diversión— pero veo que ustedes son mi familia también. —sonriendo con amplitud, toma la cabeza de Yosai y la estruja en como si ella fuera otro muchacho.
— ¡AH, NO! ¡Eres igual de salvaje que aniki!
— Salvaje yo jajajajaaa... espera ¡¿qué?!
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No pasaba de las diez de la mañana y el sol iluminaba con delicadeza; no obstante la sombra de los árboles era mejor; más reconfortante. Él caminaba delante, sujetando su mano con ternura, sin un atisbo de duda o de que la soltaría pronto. Observar su espalda y cabellos negros meciéndose con la brisa le hacía sentir apacible, protegida... afortunada. Tal como la primera vez que la salvó en el colegio.
El silencio no era incómodo, pero ella no podía calmar su corazón. Latía cada vez más fuerte, mucho más que antes.— ((Debe estar molesto... aún.)) —y con ese pensamiento bajó la mirada y movió sus dedos de forma involuntaria. Él se detuvo. Giró la cabeza y se topó con aquella delicada y fina muchacha. Él era un adulto, sin duda alguna tenía en claro las emociones que florecían cada vez que la tenía cerca... o lejos. Y aún así no podía evitar preguntarse cómo pasó.
— Sasuke-kun yo quiero...
— Shhh —elevó sus perlas y se topó con aquellos ónix de brillo particular que la miraban con seguridad, calidez y amor puro. Sus suaves labios se abrieron para expresar con tanto afán aquella disculpa, pero no pudo. Sasuke posó su dedo sobre ellos... o más bien, casi tocando la piel rosada de su boca. Clara señal de que mantenga el silencio como hasta ahora había pasado mientras caminaban lejos de ojos curiosos.— Perdóname.
Una simple palabra que destelló en su mirada tanta confusión como estupefacción.
— Pensar que te irías de mi lado me llenó de ésa soledad. —agachó sus párpados y sostuvo sus manos con firmeza; Hinata podía sentir un ligero, casi indetectable, temblor— ((¿Esta... nervioso?))
— Toda mi infancia la pasé con Itachi. Ya en secundaria empecé a distanciarme por los trabajos que teníamos, pero nunca dejé de preocuparme por él. Para cuando ingresé a la universidad, verlo era casi imposible. —ella estaba atenta a su habla y no desvió la mirada en ningún momento— Conoció a Konan y supe que era tiempo de irme. Casi toda mi vida la soledad me ha acompañado y no me quejaba de ello. No me importaba si hablaba con los colegas de mi profesión o si salía con mujeres... Hasta hace unos meses.
El trino de las aves era dulce y las hojas de los árboles acompañaban la melodía como si fuera un concierto natural. Sasuke y Hinata estaban en un pequeño sitio de descanso: árboles de copas anchas que proporcionaban sombra abundante, bancas para sentarse y leer un poco, una que otra máquina expendedora de bebidas que era cambiada en cada estación... A esa hora la luz del sol bañaba las flores que exhibían sus colores y diseños con elegancia.
— Al comienzo sentí la necesidad de cuidar de ti porque me recordabas mucho a mi madre. —sus pupilas blancas se sobresaltaron— Pero luego... —Sasuke desvió la mirada. Primera vez que ella veía esa parte dulce y tímida en él.— Tu forma de hablar, tu mirada, tus expresiones... La forma en que intentabas llevar esa carga tú sola. —volvió a posar sus ojos en ella— Me mostraste algo peor que la soledad; algo que no comprendía. Te veías triste, presionada e intimidada, pero nunca dejaste de observar el mundo con humildad. Pensando en los demás. Que, a pesar de no tener a nadie junto a ti, creías que las cosas cambiarían.
— Sasuke-kun.
— Empezaste a llamar mi atención y cuando lo noté, mi corazón se sentía intranquilo si no te tenía frente a mí. Cuando leí la carta que ese idiota de Otsutsuki te escribió...
— ((¡La encontró!))
—... sentía esa angustia de nuevo. Incluso creí que la soledad que me acompañó casi toda la vida, volvería. No la quiero. La única compañía que deseo a mi lado eres tú. —su mirada se tornó nublada y sus labios comenzaron a dibujar una sonrisa tenue.— Te pido perdón por ser un idiota que no pensó en tus emociones. Yo sé lo que es amar a tu familia por sobre todo, pero eso no lo analicé cuando estaba buscándote...!
Ella había escuchado suficiente. Se aproximó de una forma dinámica, se paró de puntillas, rodeó su cuello con los brazos y unió sus labios con los de él; ella estaba sonrojada.
— Esta bien, Sasuke-kun. Estoy muy... muy feliz de que sientas lo mismo que yo, cuando estoy pensando en ti. —sonrió como siempre. Él tosió para recuperar su tono normal de piel— Regresemos. Konan-nee...! ¡¿Q-qué haces?!
La levantó del suelo como si fuera una princesa; su rostro inmutable estaba a unos centímetros del suyo. La miró de perfil, sonrió sutilmente y con total descaro, oculto tras aquel perfecto perfil, expreso: — Ya que ambos sentimos lo mismo, entonces es momento de casarnos. —su rostro se convirtió en un tomate; eso era lo que buscaba. Ella cerró los ojos y comenzó a forcejear para que la bajara.
— ¡P-p-pero... aún s-soy una estudiante... —él empezó a caminar sin darle importancia a sus palabras—... S-Sasuke-sensei!
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((Un día soleado es muy cálido y llena de vida, pero junto a ella su nombre es incomparable.))
((Mi tutor debe aprobar el casamien... Un momento. Sasuke-kun es... ¡es mi tutor!))
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·*·_·*·_·*·_·*·_·*·_·*·_ FIN _·*·_·*·_·*·_·*·_·*·_·*·
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Da-chan: Yo sé que era con tinte dramático, pero si me pasaba con eso se volvería una novela y lo ¡odiaría! Dx Por ello me fui por este lado, casi comico, sin dejar de ser romántico :3 Espero les haya gustado mucho, porque a mí si me gustó. :D
Yo... yo *snif snif* estoy muy feliz de que hayan seguido y apoyado esta... esta historia. Puede que suene algo triste pero... este es el capítulo final de la saga. Toda buena historia debe terminar en algún momento y, pues... *seca sus lágrimas con la manga de su abrigo* Yo les quería agradecer infinitamente sus "favorites", "follows" y "reviews". Estos tres puntos me ayudaron mucho en la continuación de esta fabulosa historia... en la que fueron partícipes como lectoras.
Sin ustedes este fic no habría pasado de un simple oneshot. *sonríe y caen lágrima del rostro de la escritora...* :'D
Fan A: — ¿Tendrá epílogo?
Da-chan: — ¡Claro que sí!
Fan C: — Habrá shippeo formal entre Kiba y Hana-chan... ¿o son locuras mía?
Fan A: — ¡¿Y Toneri?! Mi hermoso Itachi aparecerá aunque sea unos segundos, ¿no?
Fan D: — ¿Volvieron a encontrarse con Naruto y sus niños?
Fan B: — Sí le avisaron a Ino y Kisame que todo está bien , ¿verdad?
Fan E: — Chicas... También deben pensar en Shino-kun ('-_-)
Da-chan: — Calma, calma... *expresa nerviosa* No puedo decir nada más sobre el tema. Quiero que, al igual que todos los capítulos, sea una sorpresa.
Vuelvo a agradecerles su constante apoyo y gran paciencia... *reverencia* Pero no se acongojen. Tengo algunos proyectos en elaboración. Los publicaré cuando lleve avanzado algunos capítulos. Nos leemos dentro de poco, acosadoras mías.
Besos y abrazos en papel... ¡reciclado!
