Hola a todos lo que aún tienen la esperanza que siga escribiendo. He vuelto. Estuve a nada de abandonar el proyecto. De eliminarlo de la vida por siempre, pero recordé el último review y me esforcé en esto.

Esto se lo dedico a esas personas que aún creen que seguiré y lo haré. Un cálido saludo y claro... disculpen la tardanza, pero sufro crisis existenciales como todos u-u no es excusa, pueden insultarme si gustan en un review XD ok ya estuvo. A leer

Disclaimer: Dominik no es mío, ojala lo fuera XD ok ya.


Capítulo III

Despertó con la luz tenue del amanecer, sostenía el brazo donde quedaron las primeras cicatrices de su desprecio por la vida ¿su desprecio? ¿En qué momento dejo de abrir los ojos al mundo y cerrar su corazón? ¿En qué momento murió su esperanza y volvió a nacer? Dominik se hundió de nuevo en la oscuridad para respirar de forma pausada y por un momento se imaginó en su propio ataúd, en su letargo eterno; por primera vez se lloró a sí mismo por su propia muerte. Se pensó de nuevo quieto, rodeado de nada y tuvo miedo. Hizo muchas cosas y otras tantas no, pudo perderse demasiadas experiencias.

—No tengas miedo, Dominik. Estás de nuevo aquí ¿no?— era la primera vez que se preguntó si el estar allí, si respirar y sentir no eran un sueño, un eterno sueño de muerte "¡No!" se gritó, no era posible estar muerto y no tener la ilusión de Sylvia a su lado ¿verdad?

La angustia no es la mejor manera de vivir una segunda oportunidad, sentir que estás en un lugar que tal vez es una mentira se vuelve tan doloroso que se desea la extinción total: física, mental y espiritualmente. ¿Dónde había quedado la esperanza de ayer? ¿A dónde fue su seguridad y las ganas de seguir adelante? Sylvia debía volver a formar parte de su mundo para sentirlo real, palpable. Todo comenzaba a carecer de sentido sin ella. Aspiro profundo, trato de calmarse para comenzar un nuevo día sin sentirse vacío en ese lugar.

Se encontraba de nuevo sin café, ya era un hecho su adicción a esa sustancia revitalizadora. Los últimos días habían sido de ocho horas de trabajo con pequeños descansos para llenar de nuevo su sistema de la tan preciada cafeína. Necesitaba agua y algo sólido; se despegó de la computadora y se dirigió a la cafetería de la institución, pensaba que el clima era agradable así que un paseo tampoco le haría mal.

Después de conseguir una comida poco apetitosa, con la botella de agua en la mano se dispuso a estirar sus piernas entumidas; demasiado sedentarismo dañaría su organismo.

Los amplios jardines del hospital estaban bien cuidados, olía a hierba fresca, flores, a sol y vida; los árboles frondosos, verde por todas partes, casi no parecía una institución mental, pero su condición era delatada por los pacientes que vagan sin rumbo con la constante preocupación en el rostro. Dante vio a lo lejos una figura conocida con el ceño fruncido y los labios apretados; parecía tener el miedo aunado a la ira, demasiado de ambas cosas. Se acercó con cautela hasta quedar frente a él y sonrió.

—Hola—hizo un gesto como si recordará— Dominik ¿cierto?— se miraron por largos momentos. Dominik contuvo el aliento.

—Sí… —tardo en decir y bajo la mirada ¿él era real?—Dante ¿no?—No podría olvidarlo aunque quisiera. Necesitaba que lo contactará con Sylvia.

—Deberías alejarte de páginas como la que pensabas visitar anoche. —dio un sorbo al agua mientras veía las cicatrices que Dominik acariciaba. Parecía leerle los pensamientos. Con el rostro avergonzado las cubrió con la manga de la única prenda traída de casa.

—Ya tengo un terapeuta. Gracias. —Desvió la mirada, agrego para sí mismo "además ¿qué más da? Tal vez no estoy vivo de verdad, estoy muerto y soñando que vivo."

—No tengas miedo… Y te aseguro que estás vivo. ¿Puedes sentir el calor del sol, el sabor insípido de la comida de este lugar —rio un poco—, oler las flores y claro el dolor? De cualquier clase. Dominik, estás vivo— toco el dorso de su mano— si tienes dudas llora. Y te darás cuenta que las lágrimas tienen un sabor y una temperatura.

Cuando Dante toco a Dominik muchos recuerdos lo golpearon como una tormenta, no distinguía si su corazón se aceleraba de pánico o de emoción. Quería correr, huir tan lejos de todo y de todos; pero entonces lo escucho y la tranquilidad lo invadió, como si en los ojos de ese hombre coexistieran las respuestas que buscaba se esfumo el miedo de la inexistencia y quedo de nuevo una luz que iluminaba el túnel donde se sentía atrapado.

—Gracias— dijo en un susurro y no dudo en asir la mano ajena para que no se alejara. Se sonrieron cómplices de un secreto. Un silencio cómodo se hizo presente, por un momento la música de fondo fue la briza que mecía el follaje de los árboles.

—Pero para asegurarme que no entres… —dijo Dante serio— tendré que destruir esa página.

—¡No!— grito Dominik tomando a Dante con ambas manos— por favor… ayuda a muchos… a sentirse menos solos…

Dante se quedó callado, cerró los ojos, dio un suspiro profundo y un recuerdo oscuro apareció, imágenes sin sentido. Triste destino el de los seres humanos, son capaces de creer en algo aunque eso los lleve a un camino cuyo retorno ya no es posible; dejan atrás todo lo que les es ofrecido por una tranquilidad hueca y solitaria.


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