Disclaimer:Algunos de los personajes pertenecen a Suzanne Collins, el resto & la historia "The Selection" pertenece a Kiera Cass, esta es una adaptación sin fines de lucro, todo es meramente por entretenimiento.

CAPÍTULO 4

La semana siguiente no pararon de entrar & salir de mi casa, los funcionarios asignados a prepararme para la Selección. Vino una mujer odiosa que aparentemente pensaba que había mentido en más de la mitad de las cosas de mi solicitud, seguida de un guardia de palacio que repasaba las medidas de seguridad con los soldados que nos destinaron & que le dieron un buen repaso a la casa. Daba la impresión de que, para preocuparse por posibles ataques rebeldes, no hacía falta esperar a llegar a palacio. Estupendo.

Recibimos dos llamadas de una mujer Effie Trinket— que parecía muy desenfadada, pero metódica al mismo tiempo— que quería saber si necesitábamos alguna cosa. De entre las visitas que tuvimos, mi favorito fue un hombre con una extraña barba, que vino a tomarme medidas para el vestuario. Yo no estaba segura de cómo me sentaría llevar constantemente vestidos tan formales como los de la reina, pero esperaba con impaciencia mi cambio de vestuario.

El último de nuestros visitantes vino el miércoles por la tarde, dos días antes de mi partida. Tenía la misión de repasar toda la normativa oficial conmigo. Era increíblemente flaco, tenía el cabello negro & graso peinado hacia atrás & no paraba de sudar. Al entrar en casa, preguntó si había algún lugar donde pudiéramos hablar en privado. Aquello fue el primer indicio de que pasaba algo.

—Bueno, podemos sentarnos en la cocina, si le parece —sugirió mamá.

Él se secó la frente con un pañuelo & miró a Primrose.

—De hecho, cualquier lugar irá bien. Pero creo que deberían pedirle a su hija menor que espere fuera. — ¿Qué podía tener que decirnos que Primrose no pudiera oír?

— ¿Mamá? —protestó ella, triste por quedarse al margen.

—Primrose, cariño, ve a practicar con tu pintura. Esta última semana has dejado el trabajo un poco de lado.

—Pero…

—Déjame que te acompañe, Primrose —me ofrecí, al ver las lágrimas que asomaban en sus ojos.

Ya en el otro extremo del pasillo, donde nadie nos podía oír, la cogí entre mis brazos & la abracé.

—No te preocupes —le susurré—. Te lo contaré todo esta noche. Te lo prometo.

Hay que reconocer que se controló & no descubrió nuestro acuerdo dando saltitos de alegría como era habitual en ella. Se limitó a asentir en silencio & se fue a su rincón en el estudio de papá. Mamá preparó té para el flacucho & nos sentamos a la mesa de la cocina para hablar. El hombre colocó un montón de papeles & una pluma junto a otra carpeta que llevaba mi nombre. Dispuso todas sus cosas ordenadamente & dijo:

—Siento ser tan reservado, pero hay algunas cosas que tenemos que tratar & que quizá no sean aptas para los oídos de los niños. —Mamá & yo cruzamos una mirada fugaz.

—Señorita Everdeen, esto puede sonar algo duro, pero, desde el viernes pasado, se la considera a usted propiedad de Illéa. A partir de ahora tiene la obligación de cuidar su cuerpo. Traigo varios informes para que los firme mientras la voy informando. Debo decirle que cualquier incumplimiento de los requisitos por su parte supondrá su eliminación inmediata de la Selección. ¿Lo comprende?

—Sí —respondí, recelosa.

—Muy bien. Empecemos con lo fácil, esto son vitaminas. Como es usted una Cinco, supongo que no siempre ha tenido acceso a la nutrición necesaria. Debe tomarse una de estas al día. Ahora tiene que hacerlo por su cuenta, pero en palacio tendrá a alguien que la ayudará.

Me pasó un gran frasco por encima de la mesa, junto a un impreso que tuve que firmar a modo de recibo. Tuve que contenerme la risa. ¿Quién necesita ayuda para tomarse una píldora?

—Aquí tengo el informe de su médico. No hay nada de lo que preocuparse. Parece que está usted en perfecto estado de salud, aunque me dice que no ha dormido bien últimamente. ¿Es así?

—Bueno…, es de la emoción. Me ha costado un poco dormir —alegué.

Y no era mentira del todo. Los días eran un torbellino de preparativos para el palacio, pero de noche, cuando estaba tranquila, pensaba en Gale. En aquellos momentos no podía evitar que su recuerdo me invadiera, & lo cierto es que me costaba mucho pensar en otra cosa.

—Ya veo. Bueno, puedo hacer que le traigan algo para ayudarla a dormir esta misma noche, si lo desea. Queremos que esté bien descansada.

—No, yo…

—Sí —me interrumpió mamá—. Lo siento, cariño, pero pareces agotada. Por favor, consígale esos somníferos.

—Sí, señora —concedió el flacucho, que hizo otra anotación en mi informe—. Vamos a otra cosa. Bueno, sé que es algo personal, pero tengo que hablar del tema con todas las participantes, así que le ruego que no sea tímida. —Hizo una pausa—. Necesito que me confirme que es usted virgen.

Mamá puso unos ojos como platos. Así que ese era el motivo por el que Primrose no podía estar presente.

— ¿Lo dice en serio? — No podía creerme que hubieran enviado a alguien para eso. Al menos podrían haber enviado a una mujer…

—Me temo que sí. Si no lo es, tenemos que saberlo inmediatamente. — Increíble. & con mi madre ahí delante.

—Conozco la ley, señor. No soy tonta. Claro que soy virgen.

—Piénselo bien, por favor. Si se descubre que miente…

— ¡Por amor de Dios, Katniss nunca ha tenido siquiera novio! —exclamó mamá.

—Así es —añadí, esperando así poner fin al tema.

—Muy bien. Pues necesito que firme este impreso para confirmar su declaración.

Puse los ojos en blanco, pero obedecí. Estaba orgullosa de mi país, Illéa, más aun teniendo en cuenta que aquel mismo territorio había quedado prácticamente reducido a escombros, pero tantas normas empezaban a sofocarme, como si fueran cadenas invisibles que me ataran. Leyes sobre a quién podías querer, papeles que certificaran tu virginidad… Era exasperante.

—Tenemos que repasar una serie de normas. Son bastante sencillas, & no deberían suponerle ningún esfuerzo. Si tiene alguna pregunta, no dude en hacerla. — Levantó la vista de su montón de documentos & estableció contacto visual conmigo.

—Lo haré —murmuré.

—No puede abandonar el palacio por voluntad propia. Tiene que ser el príncipe quien la descarte. Ni siquiera el rey o la reina pueden despedirla. Ellos pueden decirle al príncipe que no es de su agrado, pero es él quien toma la última decisión sobre quién se queda & quién se va.

No hay un tiempo límite para la Selección. Puede ser cuestión de días o de años.

— ¿Años? —reaccioné, consternada. La idea de estar lejos tanto tiempo me horrorizaba.

—No hay de qué preocuparse. Es improbable que el príncipe alargue mucho el proceso. En este momento se espera que se muestre decidido, & alargar la Selección no le daría buena imagen. Pero si decidiera hacerlo, se le exigirá que se quede todo el tiempo que necesite el príncipe para hacer su elección.

El miedo debió de reflejárseme en el rostro, porque mamá alargó la mano & cogió la mía. El flacucho, en cambio, permaneció impasible.

—Usted no decide cuándo se encontrará con el príncipe. Será él quien la busque para sus encuentros a solas si lo desea. Si se encuentra en un evento social & él está presente, es diferente. Pero usted no debe presentarse ante él sin ser invitada. Aunque nadie espera que usted se lleve bien con las otras treinta & cuatro participantes, no debe pelearse con ellas ni sabotearlas. Si se descubre que le ha puesto la mano encima a otra participante, que le ha provocado alguna tensión, que le ha robado algo o que ha hecho cualquier cosa que pueda afectar a su relación personal con el príncipe, estará en sus manos el echarla al momento. Su única relación romántica será con el príncipe Peeta. Si se la descubre escribiendo notas de amor a otra persona del exterior o manteniendo una relación con alguna otra persona en palacio, se considerará un acto de traición, castigable con la muerte.

Mamá puso cara de que aquello era una gran tontería, pero a mí era la única norma que me preocupaba de verdad.

—Si se descubre que ha infringido alguna de las leyes nacionales, recibirá el castigo correspondiente a la ofensa. Su estatus como seleccionada no la sitúa por encima de la ley. No debe llevar prenda alguna ni comer nada que no se le proporcione en palacio. Esa es una norma de seguridad & se aplicará estrictamente. Los viernes estará presente en todas las emisiones del Capital Report. Para la ocasión, pero siempre con aviso previo, puede haber cámaras o fotógrafos en palacio, & usted se mostrará amable & les hará partícipes de su estilo de vida & su relación con el príncipe.

»Por cada semana que permanezca en palacio, su familia recibirá una compensación. Yo le daré su primer talón hoy mismo. Por otra parte, si tuviera que abandonar el palacio, nuestros ayudantes la ayudarán a encarrilar su vida tras la Selección. Su ayudante personal la asistirá en los preparativos finales antes de dejar el palacio, & la ayudará a buscar una nueva vivienda & un empleo posteriormente.

»Si llegara a situarse entre las diez últimas finalistas, se la considerará miembro de la élite. Una vez que alcance ese estatus, tendrá que aprender el funcionamiento interno de la vida & de las obligaciones que podría tener como princesa. No se le permitirá acceder a esa información hasta entonces.

»Desde este momento, es usted una Tres.

— ¿Una Tres? —exclamamos mamá & yo a la vez.

—Sí. Tras la Selección, a las chicas les cuesta volver a su antigua vida. Las Dos & las Treses lo llevan bien, pero las Cuatros o inferiores suelen tener dificultades. Ahora es usted una Tres, pero el resto de los miembros de su familia siguen siendo Cincos. Si ganara, usted & todos los miembros de su familia se convertirían en Unos, como parte de la familia real.

—Unos —dijo mamá, pero la palabra apenas fue un murmullo.

—Y si llegara al final, se casará con el príncipe Peeta & se convertirá en la princesa de Illéa, con lo que adquiriría todos los derechos & responsabilidades que conlleva el título. ¿Lo entiende?

—Sí. —Esa parte, por muy grandilocuente que sonara, era la más fácil de soportar.

—Muy bien. Si tiene la bondad, firme este documento justificante de que ha oído todas las normas oficiales, & usted, señora Everdeen, firme este recibo conforme le ha sido entregado el talón, por favor.

No vi la cantidad, pero sus ojos reaccionaron positivamente. Me entristecía la idea de marcharme, pero estaba segura de que, aunque me echaran al día siguiente, aquel talón nos proporcionaría suficiente dinero para vivir de un modo desahogado todo un año. & cuando volviera, todo el mundo querría oírme cantar. Tendría mucho trabajo. Pero ¿se me permitiría cantar siendo una Tres? Si tuviera que escoger una de las profesiones propias de una Tres…, quizá me gustaría ser profesora. Al menos así podría enseñar música a otros.

El flacucho recogió todos sus papeles & se puso en pie para marcharse. Nos dio las gracias por nuestro tiempo & por el té. Ya solo tendría que encontrarme con un funcionario más antes de mi partida, & sería mi asistente personal, la persona que me ayudaría a prepararme hasta el momento de salir hacia el aeropuerto. & luego…, luego estaría sola.

Nuestro invitado me pidió que le acompañara a la puerta, & mamá accedió, ya que ella quería empezar a preparar la cena. A mí no me gustaba estar a solas con él, pero solo era un momento.

—Una cosa más —dijo el flacucho, con la mano en el pomo de la puerta—. Esto no es exactamente una norma, pero haría bien en tenerlo en cuenta: cuando se le invite a hacer algo con el príncipe Peeta, no se niegue, sea lo que sea. Cenas, salidas, besos (más que besos), lo que sea. No le diga que no.

— ¿Disculpe? — ¿El mismo hombre que me había hecho firmar para certificar mi pureza estaba sugiriéndome que dejara que Peeta me la arrebatara si lo deseaba?

—Sé que suena… indecoroso. Pero no le conviene rechazar al príncipe bajo ninguna circunstancia. Buenas noches, señorita Everdeen.

Me sentí asqueada. La ley, la ley de Illéa, dictaba que había que esperar hasta el matrimonio. Era un modo efectivo de controlar las enfermedades, & ayudaba a mantener el sistema de castas. Los ilegítimos acababan en la calle, convertidos en Ochos; si te descubrían, fuera porque alguien se chivara o por el propio embarazo, te condenaban a la cárcel. Solo con que alguien sospechara, podías pasarte unas noches en el calabozo. Sí, aquello había limitado mi intimidad con la persona a la que amaba, & no me había resultado fácil. Pero ahora que Gale & yo habíamos roto, estaba contenta de haberme visto obligada a reservarme.

Estaba furiosa. ¿Acaso no me habían hecho firmar una declaración aceptando que se me castigaría si infringía la ley de Illéa? Yo no estaba por encima de la ley; eso es lo que había dicho aquel hombre. Pero aparentemente el príncipe sí. Me sentía sucia, más inmunda que una Ocho.

—Katniss, cariño, es para ti —anunció mamá, con voz alegre.

Yo ya había oído el timbre de la puerta, pero no tenía ninguna prisa por responder. Si era otra persona pidiendo un autógrafo, no podría soportarlo. Recorrí el pasillo & giré la esquina. & allí estaba Gale, con un ramo de flores silvestres.

—Hola, Katniss —saludó, con un tono comedido, casi profesional.

—Hola, Gale —repuse, apenas sin voz.

—Esto te lo envían Kimberly & Posy. Querían desearte buena suerte. —Se acercó & me dio las flores. Flores de sus hermanas, no suyas.

— ¡Qué encantos! —exclamó mamá. Casi me había olvidado de que estaba en la sala.

—Gale, me alegro de que hayas venido —dije, intentando poner una voz tan neutra como la suya—. Haciendo las maletas he dejado la habitación hecha un asco. ¿Me quieres ayudar a limpiar?

Con mi madre allí mismo, no pudo negarse. Como norma general, los Seis no rechazaban ningún trabajo. En eso éramos iguales.

Gale exhaló por la nariz & asintió. Me siguió a cierta distancia hasta la habitación. Pensé en la de veces que había deseado aquello: que Gale se presentara en la puerta de casa & entrara hasta mi habitación. Pero las circunstancias no podían ser peores. Abrí la puerta de mi cuarto & me quedé en el umbral. Gale soltó una carcajada.

— ¿Quién te ha hecho las maletas? ¿Un perro?

— ¡Cállate! Me ha costado un poco encontrar lo que buscaba —protesté. & sonreí a mi pesar.

Él se puso manos a la obra, poniendo las cosas en su sitio & doblando ropa. Yo le ayudé, por supuesto.

— ¿No te vas a llevar nada de toda esta ropa? —susurró.

—No. A partir de ahora me visten ellos.

—Oh, vaya.

— ¿Están decepcionadas tus hermanas?

—En realidad no —dijo, meneando la cabeza—. En cuanto vieron tu cara en la tele, toda la casa se volvió una fiesta. Siempre les has encantado. A mi madre en particular.

—Adoro a tu madre. Siempre se ha portado estupendamente conmigo. — Pasaron unos minutos en silencio, mientras mi habitación volvía a su estado normal.

—Tu foto… Estabas absolutamente preciosa. — Me dolió que me dijera que estaba guapa. No era justo. No después de todo lo que había hecho.

—Fue por ti —susurré.

— ¿Cómo?

—Pues que… pensaba que ibas a declararte muy pronto —dije, con la voz rota. Gale se quedó en silencio un momento, buscando las palabras.

—Me lo había planteado, pero ahora ya no importa.

—Sí que importa. ¿Por qué no me lo dijiste? — Se frotó el cuello, indeciso.

—Estaba esperando.

— ¿El qué? — No me imaginaba qué podía estar esperando.

—El Sorteo. — Aquello sí lo entendía. No estaba claro qué era mejor: si ser llamado a filas o no. En Illéa, todos los chicos de diecinueve años entraban en el Sorteo. Se escogía un nuevo reemplazo por sorteo dos veces al año, de modo que todos los reclutas llegaran como máximo con diecinueve años & medio. El servicio obligatorio iba desde los diecinueve años a los veintitrés. La fecha se acercaba.

Habíamos hablado del tema, pero no de un modo realista. Supongo que ambos esperábamos que, si no pensábamos en ello, el Sorteo también nos pasaría por alto a nosotros. Lo bueno de ser un soldado es que se pasaba automáticamente a ser un Dos. El Gobierno te entrenaba & te pagaba el resto de tu vida. Lo malo era que nunca sabías dónde podías ir a parar. Lo que estaba claro era que te enviaban fuera de tu provincia. Suponían que los soldados se volverían más indulgentes rodeados de los conocidos, tratando con ellos. Podías acabar en palacio o en el cuerpo de policía de otra provincia. O podías terminar en el Ejército, & podían enviarte al frente. No muchos de los que iban a la guerra regresaban a casa.

Los que no se habían casado antes del sorteo casi siempre se esperaban al resultado. Si te tocaba, en el mejor de los casos suponía separarte de tu esposa cuatro años. & en el peor, dejar una viuda muy joven.

—Yo… No quería hacerte eso —susurró.

—Lo entiendo. — Se puso en pie, intentando cambiar de tema.

—Bueno, ¿y qué te llevas?

—Una muda para ponerme cuando me echen. Unas cuantas fotos & libros. Me han dicho que no necesitaré mis instrumentos. Todo lo que quiera lo tendré allí. Así que solo llevo esa mochila, nada más.

Ahora la habitación estaba ordenada, & por algún motivo la pequeña mochila parecía enorme. Las flores que había traído, colocadas sobre el escritorio, presentaban un gran colorido en comparación con mis cosas, todas de tonos apagados. O quizá fuera que todo me parecía más triste ahora…, ahora que todo había acabado.

—No es mucho —observó.

—Nunca he necesitado demasiado para ser feliz. Pensé que lo sabías. — Él cerró los ojos.

—No sigas, Katniss. Hice lo correcto.

— ¿Lo correcto? Gale, me hiciste creer que podíamos hacerlo. Hiciste que te quisiera. & luego me convenciste para que me presentara a este maldito concurso. ¿Sabes que prácticamente me han convertido en un juguete de Peeta? — Él se giró de golpe & me observó.

— ¿Qué?

—No se me permite decirle que no… a «nada». — Gale parecía asqueado, furioso. Apretó los puños.

—Incluso…, incluso si decide no casarse contigo… ¿Podría…?

—Sí.

—Lo siento. No lo sabía —dijo, & respiró intensamente unas cuantas veces—. Pero si te elige…, eso estaría bien. Te mereces ser feliz.

Aquello fue demasiado. Le di una bofetada.

— ¡Idiota! —le espeté, entre gritando & susurrando—. ¡Le odio! ¡Yo te quería a ti! ¡Quería estar contigo! ¡Todo lo que he deseado en mi vida eres tú!

Los ojos se le llenaron de lágrimas, pero no me importaba. Ya me había hecho bastante daño, & ahora le tocaba a él.

—Debería irme —dijo, & se dispuso a salir.

—Espera. No te he pagado.

—Katniss, no tienes que pagarme. — Y reemprendió el camino hacia la puerta.

— ¡Gale Hawthorne, no te atrevas a dar un paso más! —solté, con furia. Se detuvo & por fin me prestó atención.

—Veo que ya estás practicando para cuando seas una Uno. —Si no hubiera sido por sus ojos, habría pensado que aquello era una broma, no un insulto.

Sacudí la cabeza & me dirigí a mi escritorio. Saqué todo el dinero que había ganado yo sola, & puse hasta el último céntimo en sus manos.

—Katniss, no voy a aceptar esto.

—Y un cuerno. Claro que vas a aceptarlo. Yo no lo necesito, & tú sí. Si alguna vez me has querido lo más mínimo, lo aceptarás. Tu orgullo ya nos ha hecho bastante daño a los dos. — Sentí que algo en su interior se apagaba. Dejó de resistirse.

—Vale.

—Y toma. —Metí una mano detrás de la cama, saqué mi frasquito de céntimos & se lo vacié en la mano. Un céntimo rebelde que debía de estar pegajoso se quedó pegado al fondo—. Estas monedas siempre han sido tuyas. Deberías usarlas.

Ahora ya no tenía nada suyo. & cuando la desesperación le hiciera gastarse aquellos céntimos, él tampoco tendría nada mío. Sentí que, de pronto, afloraba el dolor. Los ojos se me llenaron de lágrimas. Tuve que respirar hondo para contener el llanto.

—Lo siento, Kat. Buena suerte —dijo. Se metió los billetes & los céntimos en los bolsillos & salió a toda prisa.

No era así como pensaba que lloraría. Me esperaba grandes sollozos desesperados, no lágrimas lentas & minúsculas. Quise dejar el frasquito en el estante, pero volví a ver aquel céntimo dentro. Metí el dedo en el frasco & lo despegué. Repiqueteó contra el vidrio. Era un sonido hueco, & sentí el eco en el interior de mi pecho. Sabía que, para bien o para mal, no me habría librado del todo de Gale; todavía no. Quizá no lo hiciera nunca. Abrí la mochila, metí el frasquito & la cerré de nuevo.

Primrose asomó la cabeza por la puerta. Decidí tomarme una de aquellas estúpidas píldoras. Me dormí con ella en brazos. Por fin pude olvidarme de todo por un rato.

La mañana siguiente me vestí con el uniforme de las seleccionadas: pantalones negros, camisa blanca & la flor de mi provincia —un lirio— en el pelo. Los zapatos los pude escoger. Me decanté por unos rojos bajos desgastados. Pensé que más valía dejar claro desde el principio que no tenía madera de princesa.

Estábamos ya a punto para salir en dirección a la plaza. Cada una de las seleccionadas iba a tener una ceremonia de despedida en su provincia de origen, & a mí la mía no me hacía ninguna ilusión. Toda aquella gente allí mirándome, & yo de pie como una tonta. La escena en conjunto era ridícula, ya que tenía que recorrer los tres kilómetros de trayecto en coche, por motivos de seguridad.

El día fue incómodo desde el principio. Kenna vino con James para despedirme, lo cual fue todo un detalle, teniendo en cuenta que estaba embarazada & cansada. Kota también vino, aunque su presencia no hizo más que añadir tensión. En el camino de casa hasta el coche que nos habían dejado, Kota fue con mucho el más lento, de modo que los fotógrafos & curiosos pudieran verle bien. Papá se limitó a menear la cabeza, & en el coche nadie dijo nada.

Primrose era mi único consuelo. Me cogió de la mano e intentó transmitirme parte de su entusiasmo. Cuando llegamos a la atestada plaza aún íbamos de la mano. Daba la impresión de que toda la provincia de Carolina había acudido a despedirme. O a ver qué tenía yo de especial. Desde la tarima en la que me encontraba, vi la masa de gente que me observaba.

Allí de pie pude comprobar las diferencias entre las castas. Cashmere Stines era una Tres, & ella junto con sus padres me perforaron con la mirada. Rue Digger era una Siete, & me lanzaba besos. La gente de las castas superiores me miraba como si les hubiera robado algo que les perteneciera. Las Cuatros & la gente de castas inferiores me animaban, veían en mí a una chica del montón que había triunfado. Me di cuenta de lo que significaba para aquellas personas, como si representara algo para cada una de ellas.

Intenté concentrarme en aquellas caras, levantando la cabeza. Estaba decidida a hacerlo bien. Sería la mejor de mi grupo: la heroína de la plebe. Aquello me dio una razón de ser. Katniss Everdeen: la campeona de las castas bajas. El alcalde hizo un discurso lleno de florituras:

— ¡… & Carolina animará a la bella hija de Magda & de Shalom Everdeen, Lady Katniss Everdeen!

La multitud aplaudió & me vitoreó. Algunos lanzaron flores. Registré aquel sonido por un momento, sonriendo & saludando con la mano, & luego volví a escrutar a la multitud, pero esta vez con un objetivo diferente. Quería ver su rostro una vez más si podía. No sabía si habría venido. El día anterior me había dicho que estaba preciosa, pero se había mostrado aún más distante & reservado que en la casa del árbol. Habíamos acabado, & lo sabía. Pero no puedes amar a una persona casi dos años & luego olvidarlo de la noche a la mañana.

Tuve que pasear la vista varias veces por entre la gente, pero por fin lo encontré, & de inmediato deseé no haberlo hecho. Gale estaba allí de pie, con Mags Butler delante de él, agarrándola por la cintura desenfadadamente & sonriendo.

Quizá sí había gente que podía olvidar de la noche a la mañana.

Mags era una Seis & debía de tener mi edad. Era bastante guapa, supongo, aunque no se parecía en nada a mí. Tal vez ella se quedara con la boda & la vida que antes iba a ser para mí. Y, al parecer, a Gale la posibilidad de ser reclutado no le importaba ya tanto. Ella le sonrió & luego fue a reunirse con su familia.

¿Acaso ya le gustaba Mags desde antes? A lo mejor se veían cada día, mientras que yo solo le daba de comer & le cubría de besos una vez por semana. Tal vez todo el resto del tiempo del que no me hablaba durante nuestras conversaciones furtivas no se correspondía simplemente con largas horas de tediosos inventarios. Estaba demasiado furiosa como para llorar.

Además, tenía admiradores que reclamaban mi atención. & Gale ni siquiera se había dado cuenta de que lo había visto. Me volqué con aquellos rostros entregados. Volví a lucir mi mejor sonrisa & me puse a saludar. No le iba a dar a Gale la satisfacción de romperme el corazón una vez más. Estaba allí por su culpa, e iba a aprovecharlo.

— ¡Damas & caballeros, despidamos como se merece a Katniss Everdeen, nuestra hija de Illéa predilecta! —jaleó el alcalde.

Detrás de mí, una pequeña banda tocó el himno nacional. Más vítores, más flores. De pronto me encontré al alcalde hablándome al oído.

— ¿Querrías decir algo, querida? — No sabía cómo decir que no sin parecer maleducada.

—Gracias, pero estoy tan impresionada que no creo que pueda.

—Por supuesto, pequeña —dijo él, cogiéndome las manos entre las suyas—. No te preocupes. Yo me ocuparé de todo. Ya te prepararán para estas cosas en palacio. Lo necesitarás.

Entonces el alcalde procedió a ensalzar mis virtudes ante la audiencia, mencionando solapadamente que era muy inteligente & atractiva, para ser una Cinco. No parecía un mal tipo, pero a veces hasta los miembros más agradables de las castas superiores se mostraban condescendientes.

Al pasar la vista por la multitud, una vez más vi el rostro de Gale. Parecía que lo estaba pasando mal. Su expresión era el extremo opuesto a la que le había visto cuando estaba con Mags, unos minutos antes. ¿Otro jueguecito? Aparté la mirada. El alcalde acabó su discurso. Sonreí & todo el mundo aplaudió, como si aquel hombre hubiera soltado un discurso legendario. Y de pronto llegó el momento de decir adiós. Venia, mi asistente personal, me indicó que me despidiera con calma pero sin extenderme, & que luego ella me acompañaría hasta el coche que me conduciría al aeropuerto.

Kota me abrazó & me dijo que estaba orgulloso de mí. Luego, con menos sutilidad, me pidió que le hablara de sus creaciones al príncipe Peeta. Me libré de su abrazo con la máxima elegancia posible. Kenna estaba llorando.

—Apenas te veo ya. ¿Qué voy a hacer cuando no estés?

—No te preocupes. Volveré pronto.

— ¡Sí, ya! Eres la chica más guapa de toda Illéa. ¡Se enamorará de ti!

¿Por qué todo el mundo pensaba que todo dependía de la belleza? A lo mejor era así. Tal vez el príncipe Peeta no necesitaba una esposa con la que hablar, sino solo una que fuera guapa. Me estremecí, considerando la posibilidad de que mi futuro se redujera a eso. Pero había un montón de chicas mucho más guapas que yo en la Selección.

Resultó difícil abrazar a Kenna con aquella barriga, pero lo conseguimos. James, al que en realidad tampoco conocía tanto, también me abrazó. Entonces llegó Gerad.

—Sé bueno, ¿de acuerdo? Prueba con el piano. Estoy segura de que se te dará de fábula. Quiero oírte cuando vuelva, ¿vale?

Gerad se limitó a asentir, de pronto embargado por la tristeza, & se lanzó hacia mí abriendo sus pequeños bracitos.

—Te quiero, Katniss.

—Yo también te quiero. No estés triste. Volveré pronto.

Él volvió a asentir, pero se cruzó de brazos e hizo morritos. No tenía ni idea de que se lo fuese a tomar así. Era justo lo contrario que Primrose, que estaba dando saltitos, de puntillas, emocionadísima.

— ¡Oh, Katniss, vas a ser la princesa! ¡Lo sé!

— ¡Venga ya! Preferiría ser una Ocho & quedarme con vosotros. Tú sé buena & trabaja duro, ¿eh?

Primrose asintió & dio unos saltitos más, luego le llegó el turno a papá, que estaba al borde de las lágrimas.

— ¡Papá! No llores —dije, & me dejé caer entre sus brazos.

—Escucha, gatita: ganes o pierdas, para mí siempre serás una princesa.

—Oh, papá… —Aquello hizo que me echara a llorar yo también & sacara al exterior todo mi miedo, mi tristeza, la preocupación, los nervios… Precisamente aquella frase de papá, que dejaba claro que nada de todo aquello importaba.

Si después de aprovecharse de mí me descartaban & tenía que volver a casa, él seguiría estando orgulloso de mí. Tanto amor era difícil de sobrellevar. En palacio estaría rodeada de un ejército de guardias, pero no podía imaginar un lugar más seguro que los brazos de mi padre. Me separé de él & me giré para abrazar a mamá.

—Haz todo lo que te digan. Intenta no protestar & sé feliz. Pórtate bien. Sonríe. Mantennos informados. ¡Hija mía! Sabía que acabarías demostrándonos que eres especial.

Lo dijo como un halago, pero no era eso lo que necesitaba oír. Me habría gustado que me hubiera dicho que para ella ya era especial, como lo era para mi padre. Pero supuse que ella nunca dejaría de desear algo más para mí, algo más de mí. Quizá fuera algo típico de las madres.

—Lady Katniss, ¿está lista? —preguntó Venia. Yo estaba de espaldas a la multitud, & enseguida me limpié las lágrimas.

—Sí, estoy lista. — Mi bolsa esperaba en el reluciente coche blanco. Ya estaba. Eché a caminar hacia las escaleras al borde de la tarima.

— ¡Kat! — Me giré. Habría reconocido aquella voz en cualquier parte.

— ¡Katniss! —Miré & vi a Gale agitando los brazos. Iba apartando a la multitud. La gente protestaba ante sus empujones, no demasiado considerados. Nuestros ojos se encontraron.

Se detuvo & se me quedó mirando. No pude leerle el rostro. ¿Preocupación? ¿Arrepentimiento? Fuera lo que fuera, era demasiado tarde. Negué con la cabeza. Ya tenía bastante de los juegos de Gale.

—Por aquí, Lady Katniss —me indicó Venia, al pie de las escaleras. Me detuve un segundo para asimilar que me iban a llamar así a partir de entonces.

—Adiós, cariño —dijo mi madre. Y se me llevaron de allí.

Era la primera vez que iba al aeropuerto, & estaba aterrada. La mareante emoción del encuentro con la multitud había quedado atrás, & ahora me enfrentaba a la terrible experiencia de volar. Viajaría con otras tres chicas seleccionadas, así que intenté controlar los nervios. No quería sufrir un ataque de pánico delante de ellas.

Ya había memorizado los nombres, las caras & las castas de todas las seleccionadas. Empecé a hacerlo como ejercicio terapéutico, como rutina para calmarme. Había puesto en práctica esa técnica otras veces, memorizando escalas & curiosidades. Al principio buscaba rostros amables, chicas con las que pudiera compartir el tiempo mientras estuviera allí. Nunca había tenido una amiga de verdad. Me había pasado la mayor parte de la infancia jugando con Kenna & Kota.

Mamá se había encargado de mi educación, & era la única persona con la que trabajaba. & al irse mis hermanos mayores, yo me había dedicado a Primrose & a Gerad. & a Gale… Pero Gale & yo nunca habíamos sido solo amigos. Desde el momento en que fui consciente de su presencia, me enamoré de él. Ahora iba por ahí cogiendo a otra chica de la mano.

Gracias a Dios que estaba sola. No habría podido soportar llorar delante de las otras chicas. Me dolía. Muchísimo. & no había nada que pudiera hacer. ¿Cómo me había metido en aquello? Un mes atrás me sentía segura de todo lo que pasaba en mi vida, & ahora no quedaba nada familiar en ella. Un nuevo hogar, una nueva casta, una nueva vida. & todo por un estúpido papel & una foto. Tenía ganas de sentarme a llorar por todo lo que había perdido.

Me pregunté si alguna de las otras chicas estaría triste en aquel momento. Supuse que todas se sentirían pletóricas. & al menos tenía que disimular & fingir que yo también lo estaba, porque todo el mundo me estaría mirando.

Hice acopio de valor para enfrentarme con todo lo que se me venía encima. Afrontaría todo lo que se pusiera en mi camino. & en cuanto a todo lo que dejaba atrás, decidí que haría exactamente eso: dejarlo atrás. El palacio sería mi santuario. No volvería a pensar ni a pronunciar su nombre. No tenía derecho a acompañarme en aquel viaje: aquella sería mi propia norma para aquella pequeña aventura.

Se acabó.

Adiós, Gale.

Una media hora más tarde, dos chicas vestidas con una camisa blanca & unos pantalones negros como los míos atravesaron las puertas con sus asistentes, que les llevaban las bolsas. Ambas sonreían, lo que confirmaba mi sospecha de que yo era la única de las seleccionadas que estaba deprimida. Era el momento de cumplir mi promesa. Respiré hondo & me puse en pie para darles la mano.

— ¡Hola! —saludé, animada—. Yo soy Katniss.

— ¡Ya lo sé! —respondió la chica de la derecha. Era una morena de cabello obscuro con ojos marrones. La reconocí inmediatamente como Johanna Mason, de Kent. Una Cuatro. No hizo caso de mi mano tendida; se echó adelante & me dio un abrazo sin pensárselo dos veces.

— ¡Oh! —dije.

Aquello sí que no me lo esperaba. Aunque Johanna era una de las chicas que tenía cara de buena persona, mamá llevaba toda la semana advirtiéndome de que considerara a todas aquellas chicas enemigas, & su pensamiento agresivo había ido penetrando en mi mente. Así que ahí estaba, esperando como mucho un saludo cordial por parte de unas chicas dispuestas a luchar a muerte por alguien a quien yo no quería. & lo que recibí fue un abrazo.

—Yo soy Johanna. Esta es Ashley.

Sí, Ashley Brouillette de Allens, una Tres. Ella tenía el cabello rubio & unos ojos azules de aspecto delicado que le daban a la cara una imagen serena. En comparación con Johanna, parecía frágil. Ambas eran del norte; supuse que por eso habían venido juntas. Ashley me hizo un gesto con la mano & sonrió, pero eso fue todo. Yo no estaba segura de sí era porque era tímida o porque ya estaban analizándonos. Tal vez es que era una Tres de nacimiento & sabía comportarse mejor en público.

— ¡Me encanta tu pelo! —Exclamó Johanna—. Ojalá yo hubiera sido castaña de nacimiento. Te da mucha vida. —A pesar del día asqueroso que llevaba, Johanna hablaba con tal desparpajo que no puede evitar sonreír.

— Gracias

De ahí pasamos a una conversación distendida sobre lo que nos hacía enfadar & lo que siempre nos hacía recuperar la calma. A Johanna le gustaban las películas, & a mí también, aunque raramente tenía ocasión de ir al cine. Hablamos de actores guapísimos, algo que resultaba extraño, ya que nos disponíamos a integrarnos en el grupo de novias de Peeta. Ashley soltaba alguna risita tímida de vez en cuando, pero nada más. Si le hacíamos alguna pregunta directa, daba una respuesta breve & volvía a su sonrisa comedida.

Johanna & yo nos llevábamos bien, & aquello me dio esperanzas de que al final de la aventura al menos hubiera ganado una amiga. Aunque probablemente hablamos más de media hora, el tiempo se nos pasó volando. No habríamos dejado de hablar de no haber sido por el claro sonido de unos tacones altos repiqueteando contra el suelo. Las tres nos giramos al mismo tiempo. Johanna abrió la boca tan de golpe que oí el ruido de sus labios.

Una rubia con gafas de sol se dirigía hacia nosotras. Llevaba una margarita en el pelo, pero teñida de rojo para que hiciera juego con su pintalabios. Contoneaba las caderas al andar, & sus tacones de siete centímetros acentuaban su paso decidido. A diferencia de Johanna & de Ashley, no sonreía. Pero no era porque no estuviera contenta. No, es que estaba concentrada. Había estudiado su entrada para intimidarnos. & funcionó con la educada Ashley, que murmuró un «Oh, no» apenas audible.

La nueva chica, a la que reconocí como Glimmer Newsome, de Clermont, una Dos, no me preocupaba. Ella suponía que luchábamos por el mismo objetivo. Pero no pueden quitarte algo si en realidad no lo quieres. Cuando llegó a nuestra altura, Johanna la saludó alegremente, intentando mostrarse amistosa, pese a aquella puesta en escena. Glimmer se limitó a mirarla brevemente & suspiró.

— ¿Cuándo nos vamos? —preguntó.

—No lo sabemos —respondí, sin el más mínimo miedo—. Te has hecho esperar un poco.

Aquello no le gustó nada, & me dio un repaso con la mirada. Lo que vio no le impresionó nada.

—Lo siento, había bastante gente que quería despedirse de mí. No pude evitarlo —dijo, mostrando una gran sonrisa, como si fuera evidente que todo el mundo debía adorarla.

Y yo iba a verme rodeada de chicas como aquella. Genial. Como si estuviera esperando su momento, por una puerta a nuestra izquierda apareció un hombre.

—Me han dicho que las cuatro chicas seleccionadas están aquí. ¿Es cierto?

—Desde luego —respondió Glimmer con una voz dulce.

El hombre se quedó algo azorado, se le veía en los ojos. Vaya. Así que aquel era su juego. El capitán hizo una breve pausa & luego reaccionó:

—Bueno, señoritas, si me quieren seguir, las llevaremos al avión & a su nuevo hogar.

El vuelo, que en realidad no resultó tan terrible, salvo por el despegue & el aterrizaje, duró unas horas. Nos ofrecieron películas & comida, pero lo único que yo quería era mirar por la ventanilla. Observé el país desde lo alto, impresionada ante lo grande que era todo. Glimmer decidió pasarse el vuelo durmiendo, lo cual agradecimos.

A Ashley le instalaron un escritorio plegable & ya estaba escribiendo cartas sobre su aventura. Bien pensado, lo de llevar papel. Estaba segura de que a Primrose le habría encantado que le contara aquella parte del viaje, aunque no incluyera al príncipe.

— ¡Es tan elegante! —me susurró Johanna, indicando con la cabeza a Ashley. Estábamos sentadas una frente a la otra, en las cómodas butacas de la parte delantera del pequeño avión—. Desde el primer momento, ha sido educadísima conmigo. Va a ser una dura rival —dijo, con un suspiro.

—No puedes planteártelo así —respondí

— Sí, tienes que intentar llegar al final, pero no derrotando a las demás. Simplemente has de ser tú misma. ¿Quién sabe? A lo mejor Peeta prefiere a alguien más informal. — Johanna se lo quedó pensando.

—Supongo que es un buen planteamiento. Pero es difícil que no le guste a alguien. Es de lo más amable. & también guapa. —Asentí, & Johanna bajó el volumen de voz hasta hablar en un murmullo

— Glimmer, en cambio… —Abrí bien los ojos & meneé la cabeza.

—Ya. Solo llevamos juntas una hora & ya estoy deseando que se vaya a casa. — Johanna se tapó la boca para ocultar su risa.

—No quiero hablar mal de nadie, pero es muy agresiva. & eso que aún no hemos visto siquiera a Peeta. Me pone un poco nerviosa.

—No hagas caso —la tranquilicé—. Las chicas así se eliminan ellas solas de la competición.

—Eso espero —dijo Johanna, con un suspiro—. A veces desearía…

— ¿Qué?

—Bueno, a veces desearía que los Dos tuvieran una idea de lo que se siente cuando te tratan como ellos nos tratan a nosotros.

Asentí. Nunca me había planteado estar al mismo nivel que una Cuatro, pero supongo que nuestra situación era similar. Si no eras una Dos o una Tres, lo único que variaba en tu vida era el nivel de las dificultades a las que te enfrentabas.

—Gracias por hablar conmigo. Me preocupaba pensar que cada una fuera a lo suyo, pero Ashley & tú habéis sido muy amables. A lo mejor al final esto resulta divertido & todo —dijo, & la voz se le llenó de esperanza.

Yo no estaba tan segura, pero le devolví la sonrisa. No tenía motivo para rechazar a Johanna ni para ser maleducada con Ashley. Quizá las otras chicas no fueran tan llanas. Cuando aterrizamos, todo estaba en silencio. Recorrimos el trecho entre el avión & la terminal flanqueadas por unos guardias. Pero cuando se abrieron las puertas, nos encontramos con un estrépito de gritos que rompían los tímpanos.

La terminal estaba llena de gente que gritaba & nos jaleaba. Nos habían abierto un camino con una alfombra dorada flanqueada de postes & una cuerda a juego. Por la alfombra, a intervalos regulares, había guardias que echaban nerviosas miradas a su alrededor, preparados para golpear al primer indicio de peligro. ¿Es que no tenían cosas más importantes que hacer?

Por fortuna, Glimmer iba por delante & se puso a saludar. Enseguida supe que aquella era la respuesta correcta, no la de encogerse. & como las cámaras estaban ahí para captar todos nuestros movimientos, agradecí doblemente no ir en primera fila del grupo.

La multitud estaba extasiada. Aquella sería la gente que tendríamos más cerca, & todos estaban impacientes por ver a las chicas que llegaban a la ciudad. Una de nosotras sería algún día su reina.

Me giré una docena de veces en cuestión de segundos al oír mi nombre por toda la terminal. También había carteles con mi nombre. Estaba atónita. Allí ya había gente —gente que no era ni de mi casta ni de mi provincia— que esperaba que fuera yo la escogida. Sentí una punzada de culpabilidad en el estómago al pensar en la decepción que les causaría.

Bajé la cabeza un momento & vi a una niña apretujada contra la barrera. No podía tener más de doce años. En las manos llevaba un cartel que decía: « ¡Las Castañas molan! ». La niña quería un autógrafo. A su lado, alguien pedía una fotografía, & más allá alguien deseaba darme la mano, & así fue todo el camino; también tuve que girarme un par de veces para hablar con la gente al otro lado de la alfombra.

Fui la última en salir, & las otras chicas tuvieron que esperarme al menos veinte minutos. Sinceramente, es probable que me hubiera entretenido aún más si no fuera porque estaba a punto de llegar el siguiente avión con chicas seleccionadas, & me pareció de mala educación quitarles protagonismo.

Al subir al coche vi la cara de hastío de Glimmer, pero no me importó. Aún estaba impresionada de ver lo rápido que me había adaptado a algo que tanto me asustaba solo un momento antes. Había superado las despedidas, había conocido a las primeras chicas, había tomado mi primer vuelo & me había relacionado con las fans. & todo sin hacer nada que me dejara en mal lugar.

Pensé en las cámaras que me seguían por la terminal & me imaginé a mi familia viendo por televisión mi llegada. Esperaba que estuvieran orgullosos de mí...

Recuerden que siempre es mejor leer la saga original The Selection, esta increíble!