K&P

Disclaimer:Algunos de los personajes pertenecen a Suzanne Collins, el resto & la historia "The Selection" pertenece a Kiera Cass, esta es una adaptación sin fines de lucro, todo es meramente por entretenimiento.


K&P

CAPÍTULO 11

—Bueno, Lady Glimmer, ¿dice usted que la tropa no basta, & que debería aumentarse el número de reclutamientos? —preguntó Caesar Flickerman, moderador de los debates que se organizaban en el Illéa Capital Report & la única persona que entrevistaba a la familia real.

Nuestros debates del Report eran pruebas, & nosotras lo sabíamos. Aunque Peeta no tenía un plazo límite, el público no veía la hora de que el grupo fuera reduciéndose, & yo notaba que también el rey, la reina & sus asesores sentían lo mismo.

Si queríamos quedarnos, teníamos que cumplir con nuestro papel, cuando & dondequiera que nos lo pidieran. Yo estaba encantada de haberme quitado de encima aquel informe tan pesado sobre la tropa. Recordaba parte de las estadísticas, así que tenía buenas posibilidades de dar una buena impresión aquella noche.

—Exactamente, Caesar. La guerra en Nueva Asia dura ya años. Creo que si en un par de reemplazos aumentáramos la cantidad de soldados reclutados, contaríamos con el número suficiente para ponerle fin.

No soportaba a Glimmer. Había conseguido que echaran a una de las chicas, había arruinado el cumpleaños de Bonnie el mes anterior & en una ocasión me había intentado destrozar el vestido, literalmente. Como era una Dos, se consideraba superior al resto de nosotras. La verdad es que yo no sabía cuántos soldados había en Illéa, pero ahora que sabía qué opinaba Glimmer, tenía claro que mí postura era la contraria.

—No estoy de acuerdo —dije, con la máxima elegancia que pude.

Glimmer se giró hacia mí, agitando su larga melena sobre los hombros. De espaldas a la cámara no tenía ningún problema en soltarme aquella mirada desafiante.

—Ah, Lady Katniss, ¿cree usted que aumentar el número de soldados es mala idea? —preguntó Caesar.

Sentí que me sonrojaba & el calor en las mejillas.

—Los Dos se pueden permitir pagar para evitar el reclutamiento, así que estoy segura de que Lady Glimmer nunca ha visto lo que supone para algunas familias perder a sus únicos hijos varones. Reclutar a más de esos chicos podría ser desastroso, especialmente para las castas más bajas, que suelen tener familias más numerosas & que, para sobrevivir, necesitan a todos los miembros que puedan trabajar.

Johanna, a mi lado, me hizo un gesto cómplice. Glimmer contraatacó.

—Bueno, entonces, ¿qué vamos a hacer? No estarás sugiriendo que nos sentemos a esperar mientras estas guerras se alargan interminablemente.

—No, no. Por supuesto que quiero que la guerra acabe en Illéa —respondí. Hice una pausa para ordenar las ideas & miré a Peeta en busca de apoyo. El rey, a su lado, parecía molesto. Necesitaba cambiar de argumento, así que solté lo primero que me vino a la mente.

— ¿Y si fuera voluntario?

— ¿Voluntario? —preguntó Caesar. Glimmer & Delly hicieron un ruidito despreciativo con la boca, lo que empeoró aún más las cosas. Pero entonces me lo pensé mejor. ¿Tan mala idea era?

—Sí, claro que habría que exigir ciertos requisitos, pero quizá le sacaríamos más partido a un ejército de hombres que deseen realmente ser soldados que a un grupo de chicos que solo hacen lo que pueden para sobrevivir & poder volver a la vida que han dejado atrás.

En el estudio se hizo el silencio mientras la gente se planteaba lo que acababa de decir. Aparentemente no era ninguna tontería.

—Eso es buena idea —intervino Maysilee—. & podríamos ir enviando nuevos soldados cada mes o cada dos meses, según se fueran alistando. Eso animaría a los hombres que llevan sirviendo un tiempo.

—Estoy de acuerdo —añadió Johanna, que no solía extenderse mucho más en sus comentarios. Estaba claro que el debate no le resultaba cómodo.

—Bueno, ya sé que quizás esto suene un poco moderno, pero ¿y si el reclutamiento también estuviera abierto a las mujeres? —comentó Bonnie. Glimmer se rio en voz alta.

— ¿Quién crees que se apuntaría? ¿Querrías ir tú al campo de batalla? —replicó, con un tono que dejaba patente su incredulidad.

Pero Bonnie no se vino abajo:

—No, yo no tengo madera de militar. Pero si he aprendido algo en la Selección —prosiguió, dirigiéndose a Caesar—, es que algunas chicas tienen un tremendo instinto asesino. Que los vestidos de gala no engañen a nadie —apostilló, con una sonrisa.

Ya en mi habitación, dejé que mis doncellas se quedaran conmigo un poco más de lo habitual para que me ayudaran a quitarme aquel montón de horquillas del pelo.

—Me gustó su idea de que el reclutamiento fuera voluntario —dijo Mary, mientras sus hábiles dedos trabajaban sin parar.

—A mí también —añadió Lucy—. Recuerdo lo mal que lo pasaban mis vecinos cuando se llevaban a sus hijos mayores. & ver que había tantos que no volvían era una pesadilla —dijo, & estaba claro que los recuerdos volvían a hacérsele presentes.

Yo también tenía los míos. Miriam Carrier era una joven viuda; pero ella & su hijo, Aiden, se defendían, los dos juntos. Cuando los soldados se presentaron a su puerta con una carta & una bandera para darle un pésame que no significaba nada para ellos, la mujer se hundió. No podía seguir adelante. & aunque hubiera podido, no tenía fuerzas para intentarlo siquiera. Era una Ocho, & a veces la vi pidiendo limosna en la misma plaza donde yo me despedí de Carolina. Pero yo no tenía nada para darle.

—Lo sé —dije, para consolar a Lucy.

—Creo que Bonnie se ha pasado un poco —comentó Anne—. A mí eso de enviar mujeres al frente me parece una idea terrible.

Sonreí al ver su gesto remilgado mientras ella se concentraba en mi cabello.

—Según mi padre, antes las mujeres…

Un repiqueteo en la puerta nos hizo dar un respingo a las cuatro.

—Se me ha ocurrido una cosa —anunció Peeta, entrando sin esperar respuesta. Daba la impresión de que los viernes por la noche tuviéramos una cita fija, tras el Report.

—Alteza —saludaron las doncellas, todas a la vez. A Mary se le cayeron las horquillas, al inclinarse para hacer una reverencia.

—Déjame que te ayude —se ofreció Peeta, acudiendo en ayuda de Mary.

—No hace falta —insistió ella, que se sonrojó & se retiró enseguida.

Con menos discreción de la que deseaba, seguramente, miró a Lucy & a Anne con los ojos bien abiertos, indicándoles que salieran de la habitación con ella.

—Ah, eh, buenas noches, señorita —dijo Lucy, tirando del borde del uniforme de Anne para que esta la siguiera.

Una vez solos, Peeta & yo nos echamos a reír. Me giré hacia el espejo & seguí quitándome horquillas del pelo.

—Son muy graciosas —comentó Peeta.

—Es que te admiran mucho. — Él quitó importancia al comentario con un gesto de modestia.

—Siento haberos interrumpido —dijo, dirigiéndose a mi reflejo en el espejo.

—No pasa nada —respondí, tirando de la última horquilla. Me pasé los dedos por la melena & me la coloqué sobre los hombros

— ¿Estoy bien? — Peeta asintió, haciendo una pausa algo más larga de lo necesario. Luego recuperó la concentración & prosiguió:

—Lo que te decía de esa idea…

—Dime.

— ¿Te acuerdas de eso del Halloween?

—Sí. Oh, aún no he leído el diario. Pero está bien escondido —prometí.

—Está bien. Nadie lo echa de menos. Lo que estaba pensando es que… Todos esos libros decían que caía en octubre, ¿no?

—Sí —respondí, sin pensar.

—Pues estamos en octubre ¿Por qué no celebramos una fiesta de Halloween? — Yo me di media vuelta.

— ¿De verdad? Oh, Peeta… ¿Podríamos?

— ¿Te gustaría?

— ¡Me encantaría!

—He pensado que podríamos encargar que os confeccionaran disfraces a todas las chicas de la Selección. Los guardias que no estén de servicio podrían hacer de bailarines, ya que yo soy uno solo, no sería justo teneros a todas esperando vuestro turno para bailar, & podríamos organizar clases de baile la próxima semana, o durante un par de semanas. Tú misma has dicho que a veces no tenéis mucho que hacer durante el día. ¡& Golosinas! Tendremos las mejores golosinas, hechas para la ocasión e importadas. Cuando acabe la noche, querida mía, estarás hinchada como un pavo. Tendremos que sacarte de la pista rodando. —Estaba fascinada.

—& lo anunciaremos, le diremos a todo el país que lo celebre. Que los niños se disfracen & vayan de puerta en puerta pidiendo golosinas, como antes. A tu hermana eso le encantará, ¿no?

— ¡Claro que sí! ¡A todo el mundo! — Él se quedó pensando un momento, frunciendo los labios.

— ¿Tú crees que le gustaría venir a celebrarlo aquí, al palacio? — No me lo podía creer.

— ¿Qué?

—En algún momento del concurso se supone que tengo que conocer a los padres de las chicas de La Élite. También podría hacer que vinieran los hermanos & hermanas, coincidiendo con una fiesta como esta, en lugar de esperar…

Aquellas palabras hicieron que me lanzara a sus brazos. Estaba tan contenta con la posibilidad de ver a Primrose & a mis padres que no podía contener mi entusiasmo. Él me rodeó la cintura con los brazos & se me quedó mirando fijamente a los ojos, entusiasmado. ¿Cómo podía ser que esa persona, alguien que siempre había considerado absolutamente opuesto a mí, diera siempre con todo lo que más ilusión me podía hacer?

— ¿Lo dices de verdad? ¿Pueden venir?

—Claro —respondió—. Hace tiempo que tengo ganas de conocerlos, & forma parte del concurso. En cualquier caso, creo que a todas os irá bien ver a vuestras familias. Cuando estuve segura de que no iba a echarme a llorar, respondí:

—Gracias.

—No hay de qué… Sé que los quieres mucho.

—Es verdad. — Peeta chasqueó la lengua.

—& está claro qué harías prácticamente cualquier cosa por ellos. Al fin & al cabo, participaste en La Selección por ellos.

Di un paso atrás, para dejar un espacio entre nosotros, para verle bien los ojos. No analizó mi reacción; parecía confundido por aquel gesto inconsciente. Yo no podía dejarlo así. Tenía que ser absolutamente clara.

—Peeta, ellos son uno de los motivos por los que me quedé al principio, pero no son la razón por la que sigo aquí ahora. Eso lo sabes, ¿verdad? Estoy aquí porque…

—Porque… — Me lo quedé mirando, con su expresión esperanzada. «Díselo, Katniss. Díselo ya».

—Porque… —insistió, esta vez con una sonrisa traviesa en los labios, que me hizo ablandarme aún más. Pensé en la conversación que había tenido con Johanna & en cómo me había sentido el otro día, cuando hablamos de la Selección. Me costaba imaginarme a Peeta como mi novio cuando estaba saliendo con otras chicas, pero era algo más que un amigo. Volvió a invadirme aquella sensación ilusionada, aquella esperanza ante la posibilidad de que pudiéramos ser algo especial. Peeta para mí era más de lo que yo me permitía creer. Esbocé una sonrisa pícara & me dirigí hacia la puerta.

—Katniss Everdeen, vuelve aquí —dijo, & echó a correr hasta ponerse delante de mí, rodeándome la cintura con el brazo, de pie, uno frente al otro—. Dímelo —susurró. Apreté los labios en un mohín.

—Bueno, pues tendré que recurrir a otro medio de comunicación.

Sin previo aviso, me besó. Me dejé caer un poco hacia atrás sin darme cuenta, apoyando todo el peso en sus brazos. Coloqué las manos sobre su cuello, deseando abrazarlo… & de pronto algo cambió en mi mente.

En general, cuando estábamos juntos, todo lo demás desaparecía de mi mente. Pero aquella noche pensé en la posibilidad de que pudiera haber otra persona en mi lugar. Solo de imaginarlo, otra chica en los brazos de Peeta, haciéndole reír, casándose con él… se me rompía el corazón. No pude evitarlo: me eché a llorar.

—Cariño, ¿qué pasa? — « ¿Cariño?» Aquella palabra, tan dulce & personal, me llegó al alma. En aquel momento, todas mis resistencias cedieron. Quería ser su novia, su «cariño». Deseaba ser solo de Peeta.

Aquello podía significar abrir las puertas a un futuro que nunca me había planteado & decir adiós a cosas que nunca había pensado dejar, pero en aquel momento la idea de separarme de él me parecía insufrible. También era cierto que yo no era la mejor candidata a la corona, pero tampoco sería merecedora de estar en el concurso si no era ni capaz de confesar mis sentimientos. Suspiré, intentando mantener la compostura.

—No quiero dejar todo esto.

—Si mal no recuerdo, la primera vez que nos vimos dijiste que era como una jaula —sonrió

— Uno se va acostumbrando, ¿eh? — Meneé la cabeza.

—A veces te pones de lo más tonto —dije, & solté una risita ahogada.

Peeta dejó que me echara atrás, lo mínimo para que pudiera mirarle a los ojos.

—No es el palacio, Peeta. No me importan lo más mínimo los vestidos, la cama ni, aunque no te lo creas, la comida.

Peeta se rio. No era ningún secreto que los elaborados manjares que preparaban en el palacio me volvían loca.

—Eres tú —dije—. No quiero dejarte a ti.

— ¿A mí? — Asentí.

— ¿Me quieres a mí? — Solté una risita nerviosa al ver su expresión de asombro.

—Eso es lo que estoy diciendo. — Por un momento no reaccionó.

— ¿Cómo…? Pero… ¿Qué es lo que he hecho?

—No lo sé —repuse, encogiéndome de hombros—. Solo creo que podría funcionar. — Él sonrió gradualmente.

—Funcionaría de maravilla. — Peeta tiró de mí, más bruscamente de lo que era habitual en él, & volvió a besarme.

— ¿Estás segura? —me preguntó, separándome de nuevo para verme mejor & mirándome con ganas—. ¿Estás segura?

—Si tú estás seguro, yo estoy segura.

Por una fracción de segundo, algo cambió en su expresión. Pero pasó tan rápido que incluso me pregunté si, fuera lo que fuera, había sido real o no. Un instante después me llevó hasta la cama & los dos nos sentamos en el borde, cogiéndonos de las manos mientras yo apoyaba la cabeza en su hombro. Esperaba que dijera algo. Al fin & al cabo, ¿no era eso lo que él esperaba? Pero no hubo palabras. De vez en cuando soltaba un largo suspiro, & solo con ese suspiro yo ya notaba lo feliz que era. Aquello me ayudó a relajarme un poco.

Al cabo de un rato —quizá porque ninguno de los dos sabía qué decir— levantó la cabeza & se decidió:

—Quizá debería irme. Si vamos a incluir a todas las familias en la fiesta, tendré que hacer planes.

Me separé & sonreí, aún aturdida ante la idea de poder abrazar a mi madre, a mi padre & a Primrose.

—Gracias otra vez.

Nos pusimos en pie & nos dirigimos a la puerta. Yo no le soltaba la mano. Por algún motivo, me asustaba dejarle marchar. Tenía la sensación de que toda aquella situación era muy frágil, de que si me movía demasiado bruscamente podía romperse.

—Te veré mañana —prometió, en un susurro, con la nariz solo a unos milímetros de la mía. Me miró con tal entrega que me sentí tonta por preocuparme—. Eres increíble.

Cuando se fue, cerré los ojos & me puse a recordar cada momento de nuestro breve encuentro: el modo en que me miraba, las sonrisas traviesas, los dulces besos. Pensé en todo ello una & otra vez mientras me preparaba para meterme en la cama, preguntándome si Peeta estaría haciendo lo mismo.


K&P

—Estupendo, señorita. Siga señalando los diseños, & el resto de ustedes intenten no mirarme —dijo el fotógrafo.

Era sábado, & todas las chicas de la Élite habíamos sido excusadas de pasar el día en la Sala de las Mujeres. A la hora de desayunar, Peeta había hecho su anuncio sobre la fiesta de Halloween; & por la tarde nuestras doncellas habían empezado a trabajar en el diseño de los disfraces, & habían venido fotógrafos para documentar todo el proceso.

Yo intentaba estar natural mientras repasaba los dibujos de Anne, & mis otras doncellas esperaban al otro lado de la mesa con trozos de tela, cajitas de alfileres & una cantidad absurda de plumas. El flash de la cámara nos iluminó mientras intentábamos dar diferentes opiniones. Justo mientras yo posaba sosteniendo un tejido dorado junto a la cara, llegó una visita.

—Buenos días, señoritas —dijo Peeta, atravesando el umbral. No pude evitar levantar la cabeza un poco, & sentí que una sonrisa afloraba en mi rostro. El fotógrafo captó ese momento justo antes de girarse hacia Peeta.

—Alteza, siempre es un honor. ¿Le importaría posar con la señorita?

—Será un placer.

Mis doncellas se echaron atrás, Peeta cogió unos bocetos & se situó detrás de mí, con los papeles en una mano, por delante de los dos, & la otra rodeando mi cintura. Aquel contacto significaba mucho para mí. Parecía decir: « ¿Lo ves? Muy pronto podré tocarte así delante de todo el mundo. No tienes que preocuparte por nada».

El fotógrafo tomó unas cuantas fotos & luego pasó a la siguiente chica de su lista. Entonces me di cuenta de que mis doncellas se habían retirado sigilosamente & ya no estaban allí.

—Tus doncellas tienen talento —observó Peeta—. Estos diseños son estupendos. Intenté actuar como siempre hacía con Peeta, pero ahora las cosas eran diferentes, mejores & peores a la vez.

—Lo sé. No podría estar en mejores manos.

— ¿Ya te has decidido por alguno? —preguntó, extendiendo los papeles sobre la mesa.

—A todas nos gusta la idea del pájaro. Supongo que es una referencia a mi collar —dije, tocándome la fina cadena de plata.

El colgante en forma de ruiseñor era un regalo de mi padre, & yo lo prefería a las ostentosas joyas que nos ofrecían en palacio.

—Siento tener que decírtelo, pero creo que Glimmer también ha escogido algo que tiene que ver con pájaros. Parecía muy decidida.

—No pasa nada —respondí, encogiéndome de hombros—. Las plumas tampoco me vuelven loca — de pronto la sonrisa desapareció de mi rostro

— Espera. ¿Has ido a ver a Glimmer? — Él asintió.

—Sí, he pasado un momento a charlar. & me temo que tampoco me puedo quedar mucho rato aquí. A mi padre no le hace mucha gracia todo esto, pero entiende que mientras dure la Selección hay que organizar fiestas así, para que sea más agradable. & ha estado de acuerdo en que será un modo mucho mejor de conocer a las familias, teniendo en cuenta las circunstancias.

— ¿Qué circunstancias?

—Está deseando que haya alguna eliminación más, & se supone que tendré que descartar a una de las chicas después de conocer a los padres de todas. Por eso a él le parece que, cuanto antes vengan, mejor.

Hasta ese momento no había caído en que parte del plan de la fiesta de Halloween era enviar a alguien a casa. Pensaba que simplemente era una fiesta. Aquello me puso nerviosa, aunque en mi interior sabía que no había motivo para estarlo. Al menos después de nuestra conversación de la noche anterior. De todos los momentos que había compartido con Peeta, ninguno me había parecido tan auténtico como aquel. Sin dejar de repasar los bocetos, añadió:

—Bueno, supongo que tendré que acabar la ronda.

— ¿Ya te vas?

—No te preocupes, cariño. Te veré en la cena. — «Sí, pero en la cena nos verás a todas», pensé.

— ¿Va todo bien? —pregunté.

—Claro —respondió, acercándose para darme un beso rápido. En la mejilla—. Tengo que irme corriendo. Nos vemos pronto.

& con la misma rapidez que había aparecido, desapareció. El domingo, cuando apenas faltaba una semana para la fiesta de Halloween, el palacio era un torbellino de actividad. Las chicas de la Élite pasamos la mañana del lunes con la reina Amberly, probando platos & decidiendo el menú para la fiesta de Halloween. Desde luego, aquella era la tarea más agradable que había tenido que hacer hasta el momento. No obstante, después del almuerzo, Glimmer se ausentó unas horas de la Sala de las Mujeres. Cuando volvió, hacia las cuatro, nos anunció a todas:

—Peeta os envía recuerdos.

El martes por la tarde dimos la bienvenida a los parientes de la familia real que acudían a la ciudad para las fiestas. Pero la mañana la habíamos pasado mirando por la ventana, mientras Peeta le daba clases de tiro con arco a Bonnie en los jardines.

En las comidas había muchos invitados que habían acudido con antelación, pero muchas veces Peeta faltaba, al igual que Johanna & Delly. Me sentí cada vez más incómoda. Había cometido un error confesándole mis sentimientos. Por mucho que dijera, no podía estar tan interesado en mí si su primer instinto era pasar el rato con todas las demás.

El viernes ya había perdido toda esperanza. Tras el Report me encontré sentada ante el piano, en mi habitación, deseando que Peeta apareciera. No vino. El sábado intenté no pensar en ello. Por la mañana todas las chicas de la Élite teníamos que salir a recibir a las señoras que iban llegando a palacio, & entretenerlas en la Sala de las Mujeres, & después del almuerzo teníamos práctica de baile.

Yo daba gracias de que en mi familia nos hubiéramos dedicado a la música & al arte en lugar de al baile, porque, a pesar de ser una Cinco, se me daba fatal bailar. La única que lo hacía peor que yo en toda la sala era Delly. Curiosamente, Glimmer era un modelo de gracia & elegancia. Más de una vez los instructores le habían pedido que ayudara a alguna otra chica, lo que había provocado que Delly casi se torciera el tobillo, gracias a un descuido intencionado de Glimmer.

Ella, taimada como una víbora, achacó los problemas de Delly a su descoordinación. Los profesores la creyeron, & Delly se lo tomó a broma. Me pareció admirable no dejarse afectar por lo que hiciera Glimmer. Gale había estado allí durante todas las clases.

Las primeras veces le había evitado, al no estar muy segura de que quisiera verme con él. Había oído rumores de que los guardias habían estado cambiándose los horarios con tanta premura que resultaba mareante. Algunos deseaban con desesperación ir a la fiesta, mientras que otros, que tenían novias esperándolos en casa, se encontrarían en una situación muy difícil si se los veía bailando con otras chicas, especialmente porque cinco de nosotras volveríamos a estar libres de compromiso muy pronto & seríamos un muy buen partido.

Pero aquello para mí no era más que un ensayo final, así que cuando Gale se acercó & me ofreció bailar no me negué.

— ¿Estás bien? —me preguntó—. Últimamente parece que estás en baja forma.

—Solo estaba cansada —mentí. No podía hablar con él de mis asuntos con Peeta.

— ¿De verdad? —Preguntó, escéptico—. Estaba convencido de que eso significaba que se avecinaban malas noticias.

— ¿Qué quieres decir? —respondí. ¿Sabría él algo que yo no sabía? — Él suspiró.

—Si te estás preparando para decirme que deje de luchar por ti, es algo de lo que no querría ni hablar.

Lo cierto es que no había pensado siquiera en Gale en la última semana. Estaba tan preocupada por mis comentarios fuera de lugar & mis presuposiciones que no había tenido tiempo de pensar en nada más. & resultaba que, mientras yo me preocupaba de que Peeta se alejara de mí, Gale estaba preocupado porque yo le hiciera lo mismo a él.

—No es eso —respondí, ambigua; me sentí culpable.

Él asintió, satisfecho de momento con aquella respuesta.

— ¡Ay!

— ¡Ups! —dije yo. Le había pisado sin querer. Tenía que concentrarme un poco más en el baile.

—Lo siento, Kat, pero esto se te da fatal —bromeó, aunque el pisotón que le había dado con el tacón del zapato tenía que haberle dolido.

—Lo sé, lo sé —dije, casi sin aliento—. Hago lo que puedo, te lo prometo.

Fui revoloteando por la sala como un alce ciego, pero lo que me faltaba en elegancia lo compensaba con esfuerzo. Gale hacía lo que podía por ayudarme a dar buena impresión, retrasándose un poco en el paso para sincronizarse conmigo. Era algo típico en él, se pasaba la vida intentando ser mi héroe. Cuando acabó la última clase al menos ya conocía todos los pasos. No podía prometer que no le diera una enérgica patada a algún diplomático de visita, pero había hecho todo lo que podía. Cuando me lo imaginé, me di cuenta de que era lógico que Peeta se lo pensara. Sería todo un engorro para él llevarme a otro país, & mucho más recibir a un invitado. Sencillamente, no tenía madera de princesa.

Suspiré & me fui a buscar un vaso de agua. El resto de las chicas se marcharon, pero Gale me siguió.

—Bueno —dijo. Rastreé toda la sala con los ojos para asegurarme de que no había nadie mirando.

—Si no estás preocupada por mí, debo suponer que estarás preocupada por él.

Bajé la vista & me sonrojé. Me conocía muy bien.

—No es que quiera darle ánimos, ni nada por el estilo, pero, si no se da cuenta de lo increíble que eres, es que es un idiota.

Sonreí, sin apartar la vista del suelo.

—& si no consigues ser la princesa, ¿qué? Eso no te hace menos increíble. & ya sabes…, ya sabes…

No conseguía decir lo que quería decir, así que me arriesgué a mirarle a la cara. En los ojos de Gale encontré mil finales diferentes para aquella frase, & en todos ellos estábamos los dos: que aún me estaba esperando; que me conocía mejor que nadie; que éramos una sola cosa; que unos meses en aquel palacio no podían borrar dos años. Pasará lo que pasara, Gale siempre estaría ahí, a mi lado.

—Lo sé, Gale. Lo sé.


K&P

Todas las chicas estábamos en línea, en el enorme vestíbulo del palacio, & yo no paraba de dar botecitos sobre las puntas de los pies.

—Lady Katniss —susurró Effie, & no hizo falta más para que me diera cuenta de que mi comportamiento era inaceptable.

Como tutora principal de la Selección, ella se tomaba todas nuestras acciones muy personalmente. Intenté controlarme. Envidiaba a Effie & al personal de palacio, incluido el puñado de guardias que se movían por aquel espacio, aunque solo fuera porque a ellos se les permitía caminar. Si hubiera podido hacerlo yo también, estaría mucho más tranquila.

A lo mejor si Peeta estuviera allí la situación sería más soportable, o quizá me habría puesto aún más nerviosa. Seguía sin poder entender por qué; después de todo, no había podido encontrar tiempo para pasarlo conmigo últimamente.

— ¡Aquí están! —dijo alguien al otro lado de las puertas de palacio.

Yo no era la única que no podía contener mi alegría.

—Muy bien, señoritas —anunció Effie—, ¡quiero un comportamiento exquisito! Criados & doncellas contra la pared, por favor.

Intentábamos ser las jovencitas encantadoras & graciosas que Effie quería que fuéramos, pero en el momento en que entraron los padres de Bonnie & Johanna por la puerta, todo se vino abajo. Sabía que ambas eran todavía unas niñas, & era evidente que sus padres las echaban demasiado de menos como para mantener las formas. Entraron corriendo & gritando, & Johanna abandonó la formación sin pensárselo un momento.

Los padres de Glimmer mantenían mejor la compostura, aunque resultaba evidente que estaban encantados de ver a su hija. Ella también rompió filas, pero de un modo mucho más civilizado que Johanna. A los padres de Delly & de Maysilee ni siquiera los vi, porque de pronto apareció como un rayo una figura bajita con una melena pelirroja & mirada ansiosa.

— ¡Primrose!

Ella me oyó, vio que agitaba el brazo & vino corriendo a mi encuentro, con papá & mamá tras ella. Me arrodillé en el suelo & la abracé.

— ¡Kat! ¡No me lo puedo creer! —exclamó, con un tono entre la admiración & la envidia—. ¡Estás preciosa!

Yo no podía ni hablar. Casi no podía ni verla, por la cantidad de lágrimas que me cubrían los ojos. Un momento más tarde sentí el abrazo firme de mi padre envolviéndonos a las dos. Luego mamá, abandonando su habitual recato, se unió a nosotros, & nos cerramos en una piña sobre el suelo de palacio. Oí un suspiro. Seguro que era de Effie, pero en aquel momento no me importaba.

—Estoy tan contenta de que hayáis venido… —dije por fin cuando recobré el aliento.

—Nosotros también, pequeña. No te imaginas lo mucho que te hemos echado de menos —dijo papá, & sentí el beso que me dio en la cabeza.

Me giré para poder abrazarlo mejor. Hasta aquel momento no me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba verlos. Abracé a mi madre. Me sorprendía que estuviera tan callada. No me podía creer que aún no me hubiera pedido un informe detallado de mis progresos con Peeta. Pero cuando la solté, vi las lágrimas en sus ojos.

—Estás preciosa, cariño. Pareces una princesa.

Sonreí. Era un alivio que por una vez no me cuestionara ni me diera instrucciones. En aquel momento, simplemente estaba contenta, & eso me llenaba de felicidad. Porque yo también lo estaba. Observé que los ojos de Primrose se posaban en algo a mis espaldas.

—Ahí está —dijo ella, en un susurro.

— ¿Eh? —pregunté, mirándola.

Me giré & vi a Peeta, que nos observaba desde detrás de la gran escalera. Sonreía, divertido, mientras se acercaba a nosotros, aún apiñados en el suelo. Mi padre se puso en pie inmediatamente.

—Alteza —le saludó, con un tono de admiración en la voz. Peeta se le acercó con la mano tendida.

—Señor Everdeen, es un honor. He oído hablar mucho de usted. & de usted también, señora Everdeen — dijo, acercándose a mi madre, que también se había puesto en pie & se había alisado el pelo.

—Alteza —reaccionó ella, algo azorada—. Discúlpenos por la escena —añadió, señalando al suelo, donde aún estábamos Primrose & yo, abrazándonos con fuerza. Peeta chasqueó la lengua & sonrió.

—No tienen que disculparse. No esperaba menos entusiasmo, teniendo en cuenta que son la familia de Lady Katniss —dijo.

Yo estaba segura de que mamá me exigiría que le explicara aquello más tarde.

—. & tú debes de ser Primrose.

Primrose se sonrojó & le tendió la mano, esperando que él se la estrechara, pero Peeta se la besó.

—Al final no tuve ocasión de darte las gracias por no llorar.

— ¿Cómo? —preguntó mi hermana, ruborizándose aún más de vergüenza.

— ¿No te lo dijeron? —respondió Peeta, con tono desenfadado—. Gracias a ti conseguí mi primera cita con tu encantadora hermana. Siempre estaré en deuda contigo.

Primrose soltó una risita nerviosa.

—Bueno, pues… de nada, supongo.

Peeta puso las manos tras la espalda & recuperó la compostura.

—Me temo que debo dejarles para ir a ver a los demás, pero, por favor, quédense aquí un momento.

Voy a hacer un breve anuncio al grupo. & espero tener ocasión de hablar un poco más con ustedes muy pronto. Estoy encantado de que hayan venido.

— ¡Es aún más guapo en persona! —susurró Primrose en voz alta, & por el ligero movimiento que hizo con la cabeza Peeta, estaba claro que lo había oído.

Él se fue a saludar a la familia de Maysilee, que sin duda era la más refinada de todas. Sus hermanos mayores estaban rígidos como los guardias, & sus padres le hicieron una reverencia cuando lo vieron acercarse. Me pregunté si Maysilee les habría dicho que lo hicieran o si simplemente eran así. Todos tenían una complexión fina, estaban impecables e iban vestidos perfectamente. Hasta el cabello de todos ellos, negro azabache, parecía ir conjuntado.

A su lado, Delly & su hermana menor, que era guapísima, hablaban entre susurros con Bonnie, mientras los padres de ambas se saludaban. Una energía cálida invadía toda la estancia.

— ¿Qué quiere decir con eso de que esperaba entusiasmo por nuestra parte? — Me preguntó mamá en voz baja—. ¿Es porque le gritaste la primera vez que le viste? Eso no lo has vuelto a hacer, ¿verdad? — Suspiré.

—En realidad, mamá, discutimos bastante a menudo.

— ¿Qué? —replicó, & se quedó con la boca abierta—. ¡Bueno, pues deja de hacerlo!

—Ah, & una vez le di un rodillazo en la entrepierna.

Tras un instante de silencio, Primrose soltó una carcajada. Se tapó la boca e intentó contenerse, pero la risa se abría paso en una serie de ruidos raros e incontenibles. Papá apretaba los labios, pero era evidente que también estaba a punto de escapársele la risa. Mamá estaba más pálida que la nieve.

—Katniss, dime que es una broma. Dime que no agrediste al príncipe.

No podría decir por qué, pero la palabra «agredir» fue la gota que colmó el vaso, & Primrose, papá & yo estallamos hasta quedar doblados de la risa.

—Lo siento, mamá —fue todo lo que pude decir.

—Por Dios bendito… —soltó ella. De pronto parecía que tenía mucho interés en conocer a los padres de Johanna, & yo no la detuve.

—Así que le gustan las chicas que le plantan cara —apuntó papá una vez recuperada la calma—. Ahora me gusta más.

Pasó la mirada por la sala, observando el palacio, & yo me quedé allí, intentando asimilar todo lo que decía. ¿Cuántas veces, en los años en que habíamos salido en secreto Gale & yo, habían coincidido mi padre & él en la misma estancia? Al menos una docena. Quizá más. & nunca me había preocupado que Gale le gustara o no. Sabía que le costaría darme su consentimiento para que me casara con alguien de una casta inferior, pero siempre supuse que al final me daría permiso.

Por algún motivo, esto resultaba mil veces más tenso. Aunque Peeta fuera un Uno, aunque pudiera mantenernos a todos, de pronto caí en la cuenta de que cabía la posibilidad de que a mi padre no le gustara. Papá no era un rebelde, de los que van por ahí quemando casas, ni nada por el estilo. Pero yo sabía que no le gustaba cómo llevaban el país. ¿& Si hacía extensiva sus objeciones políticas a Peeta? ¿& Si decidía que no era la persona ideal para mí?

Antes de que pudiera seguir dándole vueltas a la cabeza, Peeta subió unos escalones para tenernos a todos a la vista.

—Quiero darles las gracias a todos de nuevo por haber venido. Estamos encantados de que estén en palacio, no solo para celebrar el primer Halloween de Illéa desde hace décadas, sino también para que les podamos conocer a todos. Lamento que mis padres no hayan podido venir a recibirles, pero los conocerán muy pronto.

»Las madres, las hermanas & las señoritas de la Élite están invitadas a tomar el té con mi madre esta tarde en la Sala de las Mujeres. Sus hijas las llevarán hasta allí. & los caballeros pueden venir a fumarse un puro con mi padre & conmigo. Un mayordomo irá a buscarles, así que no teman; no se perderán.

»Las doncellas les acompañarán a las habitaciones que ocuparán durante su visita, & les proporcionarán todo lo que necesiten para su estancia, así como para la celebración de esta noche. Nos saludó a todos con la mano & se fue. Casi inmediatamente apareció una doncella a nuestro lado.

— ¿Señor & señora Everdeen? He venido a acompañarles a usted & a su hija a sus aposentos.

— ¡Pero yo quiero quedarme con Katniss! —protestó Primrose.

—Cariño, estoy segura de que el rey nos habrá asignado una habitación tan bonita como la de Katniss. ¿No quieres verla? —la animó mi madre. Primrose se giró hacia mí.

—Yo quiero vivir exactamente igual que tú. Aunque solo sea unos días. ¿No me puedo quedar contigo?

Suspiré. De modo que tendría que renunciar a un poco de intimidad durante unos días. Bueno, ¿qué le iba a hacer? Con aquella carita delante, no podía decir que no.

—Está bien. A lo mejor así, con las dos en la habitación, mis doncellas tendrán por fin algo que hacer —accedí.

Ella me abrazó tan fuerte que al momento me alegré de haber cedido.

— ¿Qué más has aprendido? —preguntó papá.

Le cogí del brazo; no me acostumbraba a verlo con traje. Si no lo hubiera visto mil veces con su bata sucia de pintor, habría dicho que había nacido para ser un Uno. Con aquel traje estaba guapísimo, & parecía más joven. Incluso parecía más alto.

—Creo que ya te dije todo lo que nos enseñaron sobre nuestra historia, que el presidente Wallis fue el último líder de lo que era Estados Unidos, & que luego presidió los Estados Americanos de China. Yo no sabía nada de él. ¿Tú sí? — Papá asintió.

—Tu abuelo me habló de él. Creo que era un buen tipo, pero no pudo hacer gran cosa cuando la situación se puso mal.

Yo no había podido conocer la verdad sobre la historia de Illéa hasta que llegué al palacio. Por algún motivo, la historia del origen de nuestro país era algo que se transmitía oralmente. Había oído versiones diferentes, & ninguna era tan completa como la que me habían explicado en los últimos meses.

Estados Unidos fue invadido a principios de la Tercera Guerra Mundial, después de que no pudiera pagar la enorme deuda contraída con China. Como Estados Unidos no tenía el dinero necesario, China instauró un Gobierno en el país, & creó los Estados Americanos de China, & usó a los estadounidenses como mano de obra. Al final estos se rebelaron (no solo contra China, sino también contra Rusia, que intentaba hacerse con la mano de obra creada por China) & se unió a Canadá, México & muchos otros países latinoamericanos para formar un país. Eso dio pie a la Cuarta Guerra Mundial y, aunque sobrevivimos a ella & fue el origen de un nuevo estado, las consecuencias económicas fueron devastadoras.

—Peeta me dijo que justo antes de la Cuarta Guerra Mundial la gente prácticamente no tenía de nada. —

— Así es. En parte, por eso es tan injusto el sistema de castas. La mayoría no tenía gran cosa que ofrecer, & eso hizo que muchos acabaran en las castas más bajas. —

En realidad no quería seguir hablando de eso con papá, porque sabía que podía acabar de muy mal humor. No es que no tuviera razón «el sistema de castas era injusto», pero aquella visita era un motivo de alegría, & no quería estropearlo hablando de cosas que no podíamos cambiar.

—Aparte de alguna clase de historia, la mayoría son clases de etiqueta. Ahora nos están introduciendo un poco en la diplomacia. Creo que dentro de poco tendremos que aplicar esos conocimientos, por eso nos están apretando tanto. Bueno, las chicas que se queden tendrán que hacerlo.

— ¿Las que se queden?

—Parece que una de nosotras se volverá a casa con su familia. Peeta tiene que eliminar a una después de conoceros a todos.

—No pareces muy contenta. ¿Crees que te mandará a casa? — Me encogí de hombros.

—Venga… A estas alturas ya debes de saber si le gustas o no. Si le gustas, no tienes que preocuparte. Si no, ¿por qué ibas a querer quedarte?

—Supongo que tienes razón. — Papá se detuvo.

— ¿& cuál de las dos cosas es?

Hablar de aquello con mi padre resultaba incómodo, pero tampoco me habría gustado hacerlo con mi madre. & Primrose seguro que entendía aún menos a Peeta que yo misma.

—Creo que le gusto. Eso dice. — Papá se rio.

—Bueno, entonces estoy seguro de que irá bien.

—Pero la última semana ha estado un poco… distante.

—Katniss, cariño, es el príncipe. Habrá estado ocupado aprobando leyes, o cosas así.

No sabía cómo explicarle que me daba la impresión de que Peeta buscaba tiempo para estar con las demás. Era demasiado humillante.

—Supongo.

—& hablando de leyes, ¿ya has aprendido todo lo que hay que saber de eso? ¿Ya sabes redactar proposiciones de ley?

Aquel tema tampoco me parecía fascinante, pero al menos no suponía hablar de chicos.

—No, aún no. Pero hemos estado leyendo muchas. A veces me cuesta entenderlas. Effie, la mujer de abajo, es una especie de guía, de tutora. Intenta explicarnos las cosas. & Peeta se muestra muy amable si le hago preguntas.

— ¿Ah, sí? —dijo papá, aparentemente contento de oír aquello.

—Oh, sí. Creo que para él es importante que todas sintamos que podemos ser personas de éxito, ¿sabes? Así que nos lo explica todo muy bien. Incluso… —me quedé pensando.

Se suponía que no tenía que hablar de la sala de los libros. Pero se trataba de mi padre.

— Escucha, tienes que prometerme que no dirás nada de lo que te voy a contar. — Él chasqueó la lengua.

—La única persona con la que hablo es con tu madre, & los dos sabemos que no sabe guardar secretos, así que te prometo que no se lo diré.

Solté una risita. Me resultaba imposible imaginarme a mi madre guardándose algo para sí misma.

—Puedes confiar en mí, pequeña —dijo, rodeándome con un brazo.

— ¡Hay una habitación, una sala secreta, & está llena de libros, papá! —le confesé en voz baja, comprobando que no hubiera nadie alrededor—. Están los libros prohibidos & esos mapas del mundo, los viejos, con todos los países como eran antes. ¡Papá, yo no sabía que antes había tantos! & también hay un ordenador. ¿Alguna vez has visto uno de verdad? — Él meneó la cabeza, impresionado.

—Es asombroso. Escribes lo que quieres, & el ordenador busca por todos los libros de la sala & lo encuentra.

— ¿Cómo?

—No lo sé, pero así es como Peeta descubrió lo que era Halloween. Incluso… —volví a levantar la mirada & a escrutar toda la sala.

Estaba segura de que papá no hablaría a nadie de la biblioteca, pero me pareció que decirle que tenía uno de esos libros secretos en mi habitación era demasiado.

— ¿Incluso qué?

—Una vez me dejó sacar uno, solo para mirarlo.

— ¡Vaya, qué interesante! ¿& Qué leíste? ¿Me lo puedes contar? — Me mordí el labio.

—Era uno de los diarios personales de Gregory Illéa. — Papá se quedó con la boca abierta & tardó un momento en recuperarse.

—Katniss, eso es increíble. ¿Qué decía?

—Bueno, no lo he acabado. Sobre todo me interesaba descubrir qué era lo de Halloween.

Él se quedó pensando un momento en mis palabras & luego meneó la cabeza.

— ¿Por qué estás tan preocupada, Katniss? Es evidente que Peeta confía en ti. — Suspiré; me sentía como una tonta.

—Supongo que tienes razón.

—Sorprendente —murmuró—. ¿Así que hay una sala secreta por aquí, en algún lugar? —dijo, mirando las paredes de un modo completamente diferente.

—Papá, este lugar es una locura. Hay puertas & paneles por todas partes. No me extrañaría que, si giráramos ese jarrón, se abriera una trampilla bajo nuestros pies.

—Hmmm —respondió, divertido—. Entonces iré con mucho cuidado al volver a mi habitación.

—Pues, hablando de eso, creo que no deberías tardar. Tengo que llevarme a Primrose para que se prepare para el té con la reina.

—Ah, sí, tú siempre con tus tés & tu reina… —bromeó—. Muy bien, cariño. Te veré en la cena. Bueno… ¿Por dónde tendré que ir para no acabar en alguna guarida secreta? —se preguntó en voz alta, extendiendo los brazos a modo de escudo protector mientras se alejaba. Cuando llegó a la escalera, tanteó primero la barandilla.

— Es para asegurarme, ya sabes.

—Gracias, papá —dije, sacudiendo la cabeza, & me volví a mi habitación.

Me costaba no ir corriendo por los pasillos. Estaba tan contenta de que mi familia hubiera venido que casi no podía contenerme. Si Peeta no me expulsaba, iba a ser más duro que nunca separarme de ellos. Giré la esquina de mi habitación & vi que la puerta estaba abierta.

— ¿Cómo era? —oí que preguntaba Primrose, al acercarme.

—Muy guapo. Al menos a mí me lo parecía. Tenía el cabello un poco ondulado, & siempre se le descontrolaba —dijo Lucy. Las dos soltaron una risita.

— Unas cuantas veces pude pasarle incluso los dedos entre su cabello. A veces pienso en eso. Aunque ahora no tanto como antes.

Me acerqué de puntillas. No quería molestarlas.

— ¿Aún le echas de menos? —preguntó Primrose, con su habitual curiosidad por los chicos.

—Cada vez menos —admitió Lucy, con una pequeña chispa de esperanza en la voz—. Cuando llegué aquí, pensé que me moriría del dolor. No dejaba de pensar en cómo huir del palacio & volver con él, pero eso no iba a ocurrir. Yo no podía dejar a mi padre, & aunque consiguiera rebasar los muros, no tenía modo de encontrar el camino.

Sabía algo del pasado de Lucy, que su familia se había ofrecido como servicio a una familia de Treses a cambio del dinero que necesitaban para pagar una operación que debían hacerle a la madre de Lucy, que acabó muriendo. Cuando la señora de la casa descubrió que su hijo estaba enamorado de Lucy, la vendió a ella & a su padre a la casa real.

Eché un vistazo por la rendija de la puerta & vi a Primrose & a Lucy sobre la cama. Las puertas del balcón estaban abiertas, & el delicioso aire de Angeles entraba por ellas. Mi hermanita encajaba en el palacio a la perfección, con aquel vestido de día que le sentaba estupendamente, mientras estaba ahí, haciéndole trencitas a Lucy, que llevaba la melena suelta. Era la primera vez que la veía sin su moño de siempre. Así estaba preciosa, joven & desenfadada.

— ¿Cómo es estar enamorada? —preguntó Primrose.

Eso me dolió. ¿Por qué no me lo había preguntado nunca a mí? Luego recordé que nunca le había contado que estuviera enamorada. Lucy esbozó una sonrisa triste.

—Es lo más maravilloso & lo más terrible que te puede suceder —dijo, simplemente—. Sabes que has encontrado algo sorprendente, & quieres que te dure toda la vida; & a partir de entonces, te pasas cada segundo temiendo el momento en que puedas llegar a perderlo.

Suspiré en silencio. Tenía toda la razón. El amor es un miedo precioso. Yo no quería dejarme llevar & pensar demasiado en pérdidas, así que entré.

— ¡Lucy! ¡Qué cambio!

— ¿Le gusta? —preguntó, tocándose las finas trenzas.

—Es estupendo. Primrose también me solía hacer trenzas. Se le da muy bien.

— ¿Qué otra cosa podía hacer? —Objetó mi hermana, encogiéndose de hombros—. No podíamos permitirnos tener muñecas, así que tenía que usar a Kat.

—Bueno —dijo Lucy, girándose hacia ella—, mientras estés aquí, tú serás nuestra muñequita. Anne, Mary yo te vamos a poner más guapa que la reina.

Primrose ladeó la cabeza.

—Nadie es más guapa que la reina —replicó. Luego se giró rápidamente hacia mí—. No le digas a mamá que he dicho eso.

—No lo haré —respondí, con una risita—. Pero ahora tenemos que prepararnos. Es casi la hora del té.

Primrose se puso a dar palmas de la emoción & se colocó delante del espejo. Lucy se recogió el pelo en su moño habitual, pero sin deshacer las trenzas, & se puso la cofia encima, para taparlo. Seguro que le habría gustado dejarse el pelo como estaba un ratito más.

—Oh, ha llegado una carta para usted, señorita —dijo Lucy, entregándome un sobre con toda delicadeza.

—Gracias —respondí, sin poder disimular la sorpresa.

Casi todas las personas de las que podía esperar noticias estaban ya conmigo. Abrí el sobre & leí la breve nota, escrita con una caligrafía que me era muy familiar.

Katniss:

Aunque tarde, me ha llegado la noticia de que las familias de la Élite han sido invitadas al palacio, & de que papá, mamá & Primrose han ido a verte. Sé que Kenna está en una fase demasiado avanzada del embarazo como para viajar, & que Gerard es demasiado pequeño, pero no consigo entender por qué no se me ha hecho extensiva la invitación. Soy tu hermano, Katniss. Lo único que se me ocurre es que papá haya decidido excluirme. Desde luego, espero que no fueras tú. Tú & yo podemos conseguir grandes cosas.

Nuestras posiciones pueden resultarnos muy útiles mutuamente. Si alguna vez vuelven a ofrecerte algún otro privilegio especial para la familia, no te olvides de mí, Katniss. Podemos ayudarnos el uno al otro. ¿No le habrás hablado de mí al príncipe? Es simple curiosidad.

Espero tus noticias,

KOTA

Me planteé hacer una bola con la carta & tirarla a la papelera. Pensaba que Kota ya habría superado su obsesión por ascender de casta & que se conformaría con el éxito que tenía. Pero parecía que no. Metí la carta en el fondo de un cajón & decidí olvidarme de ella por completo. Sus celos no iban a estropearme la visita familiar. Lucy llamó a Anne & a Mary, & todas nos lo pasamos estupendamente bien con los preparativos.

La vitalidad de Primrose nos ponía de buen humor, & hasta me sorprendí a mí misma cantando mientras nos cambiábamos. Poco después apareció mamá para preguntarnos qué tal estaba. Pues estupenda, por supuesto. Era más bajita & tenía más curvas que la reina, pero así vestida estaba igual de elegante. Cuando bajamos, Primrose me agarró del brazo. Parecía triste.

— ¿Qué te pasa? ¿No te hace ilusión ir a ver a la reina?

—Sí. Es solo que…

— ¿Qué? — Soltó un suspiro.

— ¿Cómo se supone que voy a volver a ponerme pantalones de trabajo después de esto?

El ambiente estaba muy animado, & todas las chicas irradiaban energía. La hermana de Delly, Lacey, tenía más o menos la edad de Primrose, & ambas se sentaron a charlar en un rincón. La verdad es que Lacey se parecía mucho a su hermana. Físicamente, ambas eran delgadas, rubias & preciosas. Pero mientras que Primrose & yo éramos polos opuestos, Delly & Lacey también se parecían en el carácter.

Aunque diría que esta era un poquito menos voluble que su hermana, menos alocada. La reina fue pasando ante todas, hablando con las madres, haciendo preguntas con su habitual dulzura. Como si la vida de alguna de nosotras pudiera ser tan interesante como la suya. Yo estaba en un grupito, escuchando como la madre de Maysilee hablaba de su familia, en Nueva Asia; entonces Primrose reclamó mi atención tirándome del vestido.

— ¡Primrose! —le susurré—. ¿Qué estás haciendo? ¡No puedes hacer eso, especialmente con la reina delante!

— ¡Tienes que ver esto! —insistió.

Gracias a Dios, Effie no estaba allí. Tendría toda la razón de censurar a Primrose un comportamiento como aquel, aunque ella no tenía por qué saberlo. Me llevó hasta la ventana & señaló al exterior.

— ¡Mira!

Miré más allá de los arbustos & las fuentes, & vi dos siluetas. La primera era la de mi padre, que explicaba o preguntaba algo, moviendo las manos para expresarse mejor. La segunda era la de Peeta, que se detenía a pensar antes de responder. Caminaban lentamente, & a veces mi padre se metía las manos en los bolsillos, o Peeta se llevaba las manos a la espalda. Hablaran de lo que hablaran, la conversación parecía importante.

Me giré. Las mujeres aún seguían enfrascadas en su charla con la reina, & no parecía que nadie nos hubiera visto. Peeta se detuvo, se situó frente a mi padre & le habló con decisión. No parecía que lo hiciera en un tono agresivo o rabioso, pero sí decidido. Papá hizo una pausa & le tendió la mano. Peeta sonrió & se la estrechó con ganas. Un momento después ambos parecían aliviados, & papá le dio una palmadita en el hombro. Aquello hizo que el chico se pusiera algo rígido. No estaba acostumbrado a que le tocaran. Pero luego papá le rodeó los hombros con el brazo, como solía hacer conmigo & con Kota, con todos sus hijos, & me dio la impresión de que a Peeta aquello le gustó mucho.

— ¿De qué iba eso? —pregunté en voz alta. Primrose se encogió de hombros.

—No sé, pero parecía importante.

—Pues sí.

Esperamos a ver si Peeta mantenía una conversación similar con el padre de alguna otra de las chicas; pero, si lo hizo, no fue en los jardines.


K&P

La fiesta de Halloween fue tan maravillosa como había prometido Peeta. Cuando entré en el Gran Salón con Primrose al lado, me quedé impresionada ante la belleza de lo que tenía delante. Todo era dorado. Los elementos decorativos de las paredes, los brillantes cristales de las lámparas de araña, las copas, los platos & hasta la comida. Era imponente.

Por el equipo de música sonaban melodías populares, pero en un rincón había una pequeña banda esperando el momento de tocar las canciones con las que bailaríamos las danzas tradicionales que habíamos aprendido. Por toda la sala había cámaras (fotográficas & de vídeo). Sin duda aquello centraría la programación de todos los canales de Illéa al día siguiente. Aquella fiesta no tenía parangón.

Por un momento me pregunté cómo sería en Navidad, si es que yo aún seguía en palacio para entonces. Todo el mundo llevaba unos disfraces espléndidos. Johanna iba vestida de ángel & bailaba con el soldado Woodwork. Incluso lucía unas alas que flotaban a su espalda; parecían hechas de papel iridiscente. Glimmer llevaba un vestido corto hecho de plumas, con un gran penacho en la cabeza que dejaba claro que era un pavo real.

Bonnie estaba junto a Delly, & parecía que se habían puesto de acuerdo. El cuerpo del vestido de Delly estaba cubierto de flores, & la falda era vaporosa, de tul azul. El vestido de Bonnie era dorado, como la sala, & estaba cubierto de hojas, formando una cascada. Supuse que representaban la primavera & el otoño. La idea era original.

Maysilee había recurrido a la tradición asiática de su tierra. Su vestido de seda era una versión aumentada de los modelos que solía llevar, más sobrios. Las mangas, drapeadas, creaban un efecto muy llamativo, & me impresionó lo bien que caminaba con el elaborado tocado que llevaba. Maysilee no solía destacar, pero esa noche tenía un aspecto magnífico, casi regio.

Por toda la sala había familiares & amigos, también disfrazados, al igual que los guardias. Vi un jugador de béisbol, un vaquero, uno con traje & una placa que decía Caesar Flickerman, & uno que hasta se había atrevido a vestirse de mujer.

Unas cuantas chicas lo rodearon, sin poder contener la risa. Pero muchos de los guardias llevaban simplemente su uniforme de gala, que consistía en unos pantalones blancos impecables & una chaqueta azul. Llevaban guantes pero no gorro, detalle que permitía distinguirlos de los guardias que estaban de servicio, & que permanecían distribuidos por todo el perímetro de la sala.

—Bueno, ¿qué te parece? —le dije a Primrose, pero cuando me giré vi que ya se había ido a explorar entre la multitud.

Me reí para mis adentros mientras escrutaba la sala, intentando descubrir su vaporoso vestido. Cuando me dijo que quería ir a la fiesta disfrazada de novia («como las que vemos en la tele»), yo había pensado que sería una broma. Pero estaba absolutamente adorable con su velo & todo.

—Hola, Lady Katniss —me susurró alguien al oído. Di un respingo & me giré, & vi a Gale vestido de uniforme, a mi lado.

— ¡Me has asustado! —exclamé, llevándome la mano al corazón, como si así pudiera hacer que fuera más lento. Gale chasqueó la lengua.

—Me gusta tu disfraz —dijo, sonriente.

—Gracias. A mí también —Anne me había convertido en una mariposa.

Mi vestido iba ceñido por delante, & por atrás se abría en un tejido vaporoso negro que flotaba a mi alrededor. Un antifaz en forma de alas me tapaba los ojos, lo que me otorgaba un aire misterioso.

— ¿Por qué no te has disfrazado? —le pregunté—. ¿No podías haber pensado en algo?

—Prefiero el uniforme —dijo él, encogiéndose de hombros.

—Oh.

Me parecía un desperdicio no aprovechar aquella ocasión tan buena para hacer una extravagancia. Gale tenía aún menos ocasiones que yo para eso. ¿Por qué no sacarles partido?

—Solo quería saludarte & ver cómo estabas.

—Estoy bien —me apresuré a responder. Me sentía muy incómoda.

—Ah —contestó él, aunque no parecía satisfecho—. Pues entonces estupendo.

Quizá tras el pequeño discurso que me había soltado el otro día esperaba otro tipo de respuesta, pero aún no estaba preparada para decir nada. Me saludó con una reverencia & se fue junto a otro guardia, que lo abrazó como a un hermano. Me pregunté si entre los guardias se crearían los vínculos de familiaridad que yo había trabado con las chicas de la Selección.

Un momento más tarde, Johanna & Maysilee vinieron a mi encuentro & me arrastraron hasta la pista de baile. Mientras bailaba, intentando no golpear a nadie, vi que Gale estaba al borde de la pista, hablando con mamá & con Primrose. Mamá le pasaba la mano sobre la manga, como si quisiera alisársela, & Primrose estaba radiante. Me imaginaba que le estarían diciendo lo guapo que estaba con el uniforme, lo orgullosa que estaría su madre si hubiera podido verle. Él sonrió; era evidente que también estaba encantado. Gale & yo éramos una rareza: una Cinco & un Seis que habían abandonado sus monótonas vidas por la vida de palacio.

La Selección me había cambiado tanto la vida que a veces se me olvidaba la suerte que tenía. Bailé en un corro con algunas de las otras chicas & con los guardias hasta que la música se apagó. Entonces el DJ dijo:

— ¡Señoritas de la Selección, caballeros de la guardia, amigos & familiares de la familia real, den la bienvenida al rey Clarkson, a la reina Amberly & al príncipe Peeta Mellark!

La banda se puso a tocar enérgicamente, & todos recibimos a los reyes & al príncipe con una reverencia. El rey iba vestido de rey, solo que de otro país. Yo no entendía muy bien el significado del disfraz. La reina lucía un vestido de un azul tan profundo que casi parecía negro, cubierto con pedrería que brillaba intensamente. Parecía un cielo nocturno.

& Peeta llevaba un disfraz de pirata casi cómico: jirones en los pantalones, una camisa amplia & un pañuelo atado sobre la cabeza. Para crear un mayor efecto, no se había afeitado desde hacía uno o dos días, & una sombra de vello rubio le cubría la parte inferior del rostro, como una sonrisa.

El DJ nos pidió que hiciéramos sitio en la pista, & el rey & la reina inauguraron el baile. Peeta se quedó a un lado, junto a Bonnie & Delly, susurrándoles algo a una & luego a la otra, & haciéndolas reír.

Por fin vi que recorría la sala con la mirada. Yo no podía saber si me buscaba con la vista o no, pero tampoco quería que me pillara mirándolo. Me coloqué bien la falda del vestido & dirigí la vista a mis padres. Parecían encantados.

Pensé en la Selección: parecía una locura, pero desde luego su éxito era indiscutible; el rey Clarkson & la reina Amberly estaban hechos el uno para el otro. Él parecía enérgico, & ella lo compensaba con aquella personalidad suya, tan calmada. Era de esa clase de personas que escuchan, & daba la impresión de que él siempre tenía algo que decir.

Aunque todo aquel montaje pudiera parecer arcaico & falso, funcionaba. ¿Se habrían distanciado alguna vez durante la Selección del mismo modo que yo sentía que Peeta se estaba separando de mí? ¿Por qué no había hecho ni un intento de verme entre tantas citas con el resto de las chicas? Quizá por eso había estado hablando con papá, para explicarle por qué había tenido que olvidarse de mí. Peeta era una persona educada, así que eso sería algo muy propio de él.

Escruté con la mirada a los presentes, buscando a Gale. Mientras tanto, vi que papá había llegado, por fin, & que mamá & él estaban cogidos del brazo, en el otro extremo de la sala. Primrose estaba junto a Johanna, justo delante de ella. Johanna le pasaba los brazos por encima del pecho desde atrás, en un gesto fraternal, & los vestidos blancos de ambas brillaban a la luz de las lámparas. No me sorprendió en absoluto que las dos hubieran congeniado tan bien en un solo día. Suspiré. ¿Dónde estaba Gale?

Como último recurso, miré hacia atrás. Ahí estaba, justo detrás de mi hombro, a la espera de mi reacción, como siempre. Cuando nuestras miradas se cruzaron, me lanzó un guiño rápido, & aquello me puso de pronto de mejor humor.

Cuando el rey & la reina acabaron su baile, todos ocupamos la pista. Los guardias se entremezclaron con las chicas & enseguida se formaron parejas de baile. Peeta aún seguía a un lado de la pista, con Bonnie & Delly. Yo aún albergaba la esperanza de que viniera a pedirme un baile. Desde luego, yo no quería pedírselo.

Haciendo un esfuerzo por mantener la compostura, me alisé el vestido & me acerqué a él. Decidí que al menos le daría la ocasión de pedírmelo. Crucé la pista para integrarme en su conversación. Cuando por fin estuve lo suficientemente cerca como para hacerlo, Peeta se giró hacia Delly.

— ¿Querrías bailar conmigo? —le preguntó.

Ella soltó una risita & se echó la rubia melena hacia un lado como si aquello fuera lo más obvio del mundo, & yo pasé a su lado sin detenerme, con la mirada fija en una mesa cubierta de bombones, como si aquel hubiera sido mi destino en todo momento. Me quedé de espaldas a la sala mientras probaba el delicioso chocolate, esperando que nadie se fijara en el rojo intenso que cubría mis mejillas.

Media docena de canciones más tarde, el soldado Woodwork apareció a mi lado. Al igual que Gale, había optado por vestirse de uniforme.

—Lady Katniss —me dijo, con una reverencia—, ¿me concedería esta baile?

Tenía una voz cálida & enérgica, & su entusiasmo me pilló desprevenida. Cogí su mano casi sin pensarlo.

—Por supuesto, soldado —respondí—. Aunque debo advertirle que no se me da muy bien.

—No pasa nada. Iremos con calma —respondió, con una sonrisa tan sincera que de pronto dejé de preocuparme por mi falta de destreza & le seguí a la pista encantada.

La pieza que nos tocó era animada, en consonancia con su estado de ánimo. Él no dejó de hablar, & me costó seguirle el paso. & eso que íbamos a tomárnoslo con calma.

—Parece que ya se ha recuperado del susto después de que la atropellara de ese modo —bromeó.

—Lástima que el atropello no me dejara ninguna lesión —le contesté—. Con una pierna entablillada al menos no tendría que bailar. Él se rio.

—Me alegro de que sea tan divertida como dicen. He oído que también es una de las favoritas del príncipe —dijo, como si aquello fuera de dominio público.

—Eso no lo sé —me defendí. En parte me fastidiaba que la gente dijera esas cosas. Aunque, por otro lado, estaba deseando que fuera cierto.

Por encima del hombro del soldado Woodwork vi que Gale bailaba con Glimmer; se me hizo un nudo en el estómago.

—Parece que tiene buena relación con casi todo el mundo. Me han dicho incluso que durante el último ataque se llevó a sus doncellas al refugio de la familia real. ¿Es eso cierto? —parecía atónito.

En aquel momento a mí me había parecido absolutamente lógico proteger a las chicas a las que tanto quería, pero los demás lo vieron como una excentricidad, incluso como un gesto irresponsable.

—No podía abandonarlas —me justifiqué. Él meneó la cabeza, admirado.

—Desde luego es usted una verdadera dama, señorita.

—Gracias —dije, ruborizándome.

Al acabar la canción estaba sin aliento, así que me senté a una de las muchas mesas que había repartidas por la sala. Bebí un poco de ponche de naranja & me di aire con una servilleta, mirando cómo bailaban los demás. Encontré a Peeta con Maysilee. Iban trazando círculos & parecían muy contentos. Ya había bailado con Maysilee dos veces, & a mí aún no me había venido a buscar.

Tardé un rato en encontrar a Gale en la pista, entre tantos hombres de uniforme, pero por fin lo localicé en una esquina, hablando con Glimmer, & vi cómo ella se despedía con un guiño & una sonrisa pícara. ¿Quién se pensaba que era? Me puse en pie, dispuesta a pararle los pies, pero entonces me di cuenta de lo que eso significaría para Gale & para mí, así que volví a sentarme & seguí dando sorbitos al ponche.

No obstante, cuando acabó aquella canción, me puse en marcha & me situé lo bastante cerca de Gale como para que pudiera sacarme a bailar. & lo hizo, lo cual estuvo bien, porque la verdad es que no habría podido esperar mucho más.

— ¿& eso a qué venía? —le pregunté, sin levantar la voz pero con un tono que dejaba claro mi enfado.

— ¿A qué venía el qué?

— ¡Glimmer te ha sobado de arriba abajo!

—Alguien está celosa… —dijo, canturreándome al oído.

— ¡Venga ya! Se supone que eso no puede hacerlo: ¡va contra las normas!

Miré alrededor para asegurarme de que nadie detectara la confianza con la que estábamos hablando, en especial mis padres. Vi a mamá sentada, charlando con la madre de Delly. Papá había desaparecido.

—Tiene gracia que lo digas tú —me respondió, alzando la mirada al techo—. Si no estamos juntos, no puedes decirme con quién puedo hablar & con quién no. — Hice una mueca.

—Tú sabes que eso no es así.

— ¿& cómo es? —susurró él—. No sé si se supone que tengo que esperar a que te decidas o si debo dejarte —sacudió la cabeza.

— Yo no quiero rendirme, pero si no hay motivo para la esperanza, dímelo.

Era evidente el esfuerzo que hacía para mantener la calma, & la tristeza que reflejaba su voz. A mí también me dolía. Hablar de poner fin a lo nuestro me provocaba un dolor lacerante en el pecho. Suspiré & confesé:

—Me está evitando. Sí, me saluda, pero últimamente se dedica mucho a quedar con las otras chicas. A lo mejor ni le gustaba; debo de habérmelo imaginado.

Él paró de bailar un momento, asombrado ante lo que estaba oyendo; pero enseguida volvió a coger el paso & me escrutó el rostro un momento.

—No me había dado cuenta de lo que estaba pasando —dijo en voz baja—. Quiero decir… que tú sabes que quiero estar contigo, pero no quiero que lo pases mal.

—Gracias —respondí, & me encogí de hombros—. Más que nada, me siento tonta.

Gale tiró un poco de mí, manteniendo, de todos modos, una distancia respetuosa, aunque fuera contra su voluntad.

—Créeme, Kat, cualquier hombre que deje pasar la ocasión de estar contigo es un estúpido.

—Tú querías dejarme —le recordé.

—Por eso lo sé —respondió, con una sonrisa. Era todo un alivio que pudiéramos bromear sobre aquello.

Miré por encima del hombro de Gale & vi a Peeta bailando con Bonnie. Otra vez. ¿Es que no iba a sacarme a bailar ni una sola vez?

— ¿Sabes qué me recuerda este baile? —dijo Gale de pronto.

—No. Dime.

—El decimosexto cumpleaños de Fern Tally.

Lo miré como si estuviera loco. Recordaba muy bien aquel aniversario de Fern. Era una Seis, & a veces nos ayudaba cuando la madre de Gale estaba demasiado ocupada para hacernos un hueco. Aquel cumpleaños fue unos siete meses después de que Gale & yo hubiéramos empezado a salir. Los dos estábamos invitados, & en realidad no fue una fiesta. Pastel & agua, con la radio encendida porque no tenía discos, & unas luces tenues en el sótano donde vivía precariamente.

Pero lo importante es que se trataba de la primera fiesta a la que asistía que no fuera una celebración «familiar». Éramos un grupo de chicos del barrio, metidos en una habitación, & era emocionante. No obstante, no se podía comparar con el esplendor del ambiente en el que nos encontrábamos en aquel momento.

— ¿En qué iba a parecerse esta fiesta a aquella? —pregunté, incrédula. Gale tragó saliva & contestó:

—Bailamos. ¿Te acuerdas? Yo estaba orgullosísimo de tenerte allí, entre mis brazos, delante de otras personas. Aunque parecía como si te hubiera dado una parálisis —dijo, & me guiñó el ojo.

Aquellas palabras me llegaron al alma. Me acordaba de aquello. La emoción de aquel momento me había durado semanas. En un instante, mil secretos invadieron mi mente; mil secretos que Gale & yo habíamos creado & protegido todo aquel tiempo: los nombres que habíamos escogido para nuestros hijos imaginarios, nuestra casa en el árbol, aquel punto donde solía hacerle cosquillas, en la nuca, las notas que nos escribíamos & escondíamos, mis infructuosos intentos por hacer jabón casero, las partidas de tres en raya que jugábamos con los dedos sobre su vientre…, partidas en las que al final no nos acordábamos de nuestros movimientos invisibles…, partidas en las que siempre me dejaba ganar.

—Dime que me esperarás. Si me esperas, Kat, lo demás se puede arreglar —dijo, susurrándome al oído.

La música cambió, & sonó una canción tradicional. Un soldado que estaba allí cerca me pidió que bailara con él. & me dejé llevar, & Gale & yo nos quedamos sin respuestas. La noche fue pasando, & no podía evitar lanzar miradas a Gale de vez en cuando. Aunque intentaba que no pareciera algo intencionado, estaba segura de que si alguien se hubiera fijado lo habría descubierto, en particular mi padre, si es que seguía en la sala. Pero me daba la impresión de que le interesaba más visitar el palacio que bailar. Intenté distraerme con la fiesta; es probable que hubiera bailado ya con todo el mundo salvo con Peeta. Estaba sentada, dando un respiro a mis agotados pies, cuando oí su voz a mi lado.

— ¿Milady? —dijo. Yo me giré—. ¿Me concede este baile?

Aquella sensación, aquella sensación indescriptible, me atravesó. Pese a sentirme abandonada, pese a lo mal que lo había pasado, cuando me lo ofreció tuve que decir que sí.

—Claro.

Me cogió de la mano & me sacó a la pista. La banda empezaba a tocar una lenta. De pronto me sentí eufórica. Él no parecía disgustado ni incómodo. Al contrario, Peeta me abrazó situándose tan cerca de mí que hasta podía oler su colonia & sentir el roce de su barba corta contra la mejilla.

—Ya me estaba preguntando si íbamos a bailar o no —le solté, adoptando un tono desenfadado.

—Estaba esperando esta canción —dijo Peeta, acercándose aún más a mí—. He estado dedicándome a las otras chicas para cumplir, así que ya he acabado con mis obligaciones & puedo disfrutar del resto de la velada contigo.

Me ruboricé, como cada vez que me decía algo así. A veces sus palabras eran como versos de una poesía. Después de lo que había pasado la semana anterior, no pensé que volviera a hablarme así. El pulso se me aceleró.

—Estás preciosa, Katniss. Demasiado guapa para ir del brazo de un pirata desaliñado.

Solté una risita tonta.

— ¿& de qué ibas a vestirte tú para que hiciera juego con mi disfraz? ¿De árbol?

—Por lo menos, de alguna clase de arbusto. — Volví a reírme.

— ¡Pagaría por verte disfrazado de arbusto!

—El año que viene —prometió.

— ¿El año que viene? —dije, mirándole a los ojos.

— ¿Te gustaría? ¿Qué celebráramos otra fiesta de Halloween el año que viene?

— ¿& yo estaré aquí el año que viene? — Peeta dejó de bailar.

— ¿Por qué no ibas a estar? — Me encogí de hombros.

—Llevas evitándome toda la semana, quedando con las otras chicas. &… te he visto hablar con mi padre. Pensé que le estarías exponiendo las razones por las que tendrías que expulsar a su hija —tragué saliva. No estaba dispuesta a llorar en medio de la pista.

—Katniss.

—Ya lo pillo. Alguna tiene que irse, yo soy una Cinco, & Johanna es la favorita del público…

—Katniss, para —dijo él, con suavidad—. He sido un idiota. No tenía ni idea de que te lo tomarías así. Pensé que te sentías segura en tu posición. — ¿Me estaba perdiendo algo? Peeta suspiró.

—La verdad es que estaba intentando darles una oportunidad a las otras chicas, para ser justo. Desde el principio solo he tenido ojos para ti, te quería a ti —afirmó. Yo me ruboricé.

— Cuando me dijiste lo que sentías, me invadió tal alivio que no acababa de creérmelo. Aún me cuesta aceptar que fue real. Te sorprenderías de las pocas veces que consigo lo que quiero de verdad —sus ojos ocultaban algo, una tristeza que no estaba dispuesto a compartir. Pero se la quitó de encima & siguió explicándose, moviéndose de nuevo al ritmo de la música.

— Tenía miedo de haberme equivocado, de que pudieras cambiar de opinión en cualquier momento. He estado buscando alguna alternativa aceptable, pero lo cierto es que… —Peeta me miró a los ojos, sin titubear.

— Lo cierto es que eres la única que me interesa. A lo mejor es que no estoy prestando la atención necesaria, o quizás es que no son las chicas indicadas para mí. Eso no importa. Solo sé que te quiero a ti. & eso me aterra. He estado esperando que tú te echaras atrás, que solicitaras dejar el concurso.

Tardé un rato en recuperar el aliento. De pronto, veía todo lo ocurrido los últimos días de otro color. Comprendía la sensación que tenía Peeta: la de que todo aquello era demasiado bueno como para ser verdad, como para poder confiar en ello. Era la misma que tenía yo a diario con él.

—Peeta, eso no va a suceder —le susurré, con los labios pegados a su cuello—. En todo caso, puede ser que tú te des cuenta de que no soy lo suficientemente buena para ti.

Él tenía los labios pegados a mi oreja.

—Cariño, eres perfecta.

Con el brazo que tenía detrás de su espalda le empujé hacia mí, & él hizo lo mismo, hasta que estuvimos más cerca el uno del otro de lo que habíamos estado nunca. En el fondo me daba cuenta de que estábamos en una sala llena de gente, que en algún rincón estaría mi madre, probablemente a punto de desmayarse ante aquella imagen, pero no me importaba. En aquel momento, me sentía como si fuéramos las dos únicas personas en el mundo.

Eché la cabeza atrás para mirar a Peeta, & me di cuenta de que tendría que limpiarme los ojos, ya que los tenía cubiertos de lágrimas. Pero eran unas lágrimas que me gustaban. Peeta me lo explicó todo:

—Quiero que nos tomemos nuestro tiempo. Cuando anuncie la expulsión, mañana, el público & mi padre se quedarán más tranquilos, pero no quiero presionarte en absoluto. Quiero que veas la suite de la princesa. De hecho, está al lado de la mía —dijo, bajando la voz.

Por algún extraño motivo, la idea de tenerlo tan cerca me hizo sentir cierta debilidad.

— Creo que deberías empezar por decidir qué es lo que quieres meter en ella. Quiero que te sientas perfectamente cómoda. También tendrás que escoger algunas doncellas más, & si querrás que tu familia se instale en el palacio, o en algún sitio próximo.

De pronto, de lo más profundo de mi corazón me llegó un susurro: « ¿& Gale, qué?». Pero estaba tan absorta por lo que decía Peeta que apenas lo oí.

—Muy pronto, cuando convenga poner fin a la Selección, cuando te proponga matrimonio, quiero que no te suponga ningún problema decir «sí». Te prometo que haré todo lo que esté en mi mano desde hoy y hasta ese momento para que asiera sea. Todo lo que necesites, todo lo que quieras… Tú solo tienes que decirlo, & yo haré todo lo que pueda por ti.

Estaba sobrecogida. Me entendía perfectamente, lo nerviosa que me ponía aquel compromiso, lo mucho que me asustaba convertirme en princesa. Iba a concederme todo el tiempo que pudiera &, mientras tanto, me iba a agasajar en todo lo posible. Otra vez no podía creer que aquello me estuviera sucediendo justo a mí.

—Eso no es justo, Peeta —murmuré—. ¿& Yo? ¿Qué se supone que voy a darte a cambio? — Él sonrió.

—Lo único que quiero es que me prometas que te quedarás conmigo, que serás mía. A veces me da la impresión de que no puedes ser de verdad. Prométeme que no me dejarás.

—Claro. Te lo prometo.

Apoyé la cabeza en su hombro & seguimos bailando, lentamente, canción tras canción. En un momento dado, mis ojos se cruzaron con los de Primrose, & daba la impresión de que se fuera a morir de felicidad al vernos juntos. Mamá & papá no dejaron de mirarnos. Él meneó la cabeza, como diciendo: «& tú que te pensabas que te iba a echar…». De pronto se me ocurrió algo.

— ¿Peeta? —dije, girándome hacia él.

— ¿Sí, cariño? — Sonreí al oír eso de «cariño».

— ¿Por qué estabas hablando con mi padre? — Peeta sonrió.

—Le he comunicado mis intenciones. & deberías saber que lo aprueba plenamente, siempre que tú seas feliz. Al parecer, esa era su única preocupación. Le he asegurado que haré todo lo que pueda para que lo seas, & le he dicho que me parecía que ya eras feliz.

—& lo soy. — Sentí que Peeta hinchaba el pecho.

—Entonces, tanto tu padre como yo tenemos todo lo que necesitamos.

Desplazó la mano ligeramente & la apoyó sobre la parte baja de mi espalda, para que no me separara. Aquel contacto me hizo comprender muchas cosas. Sabía que aquello era de verdad, que estaba sucediendo, que podía creérmelo. Sabía que podía perder las amistades que tenía en palacio, aunque estaba segura de que a Johanna no le importaría lo más mínimo no ganar el concurso. & sabía que tendría que dejar que el fuego que mantenía vivo por Gale se apagara. Sería un proceso lento, & tendría que contárselo a Peeta.

Porque ahora era suya. Lo sabía. Nunca había estado tan segura.

Por primera vez lo veía claro. Vi el pasillo, los invitados esperando, & Peeta de pie, al final. Con aquel contacto, todo de pronto adquiría sentido.

La fiesta siguió hasta entrada la noche, cuando Peeta nos llevó a las seis al balcón del palacio para que viéramos mejor los fuegos artificiales. Glimmer subió los escalones de mármol tambaleándose. Delly llevaba puesta la gorra de algún pobre guardia. El champán corría por todas partes, & Peeta estaba celebrando nuestro compromiso de forma prematura con una botella que había cogido para su uso personal. Cuando los fuegos artificiales iluminaron el cielo, levantó su botella al aire.

— ¡Un brindis!

Todas levantamos nuestras copas & esperamos, expectantes. Observé que la copa de Maysilee estaba manchada del pintalabios oscuro que llevaba, e incluso Johanna tenía una copa en la mano, aunque ella solo le daba sorbitos, sin beber apenas.

—Por todas estas bellas damas. ¡& Por mi futura esposa! —exclamó Peeta.

Las chicas brindaron sonoramente, pensando cada una que aquel brindis sería para ella, pero yo sabía que no era así. Cuando todas retiraron sus copas, me quedé mirando a Peeta —mi casi prometido—, & él me guiñó un ojo antes de tomar otro sorbo de champán.

La emoción & la alegría de la velada eran sobrecogedoras, como si me engullera una llamarada feliz. No podía imaginar que hubiera nada en el mundo que pudiera arrancarme aquella felicidad.


K&P