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Y no podían faltar las tortugas 2k3

Disclaimer:

LAS TORTUGAS NINJA

no me pertenecen.

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TAMBIÉN TE EXTRAÑÉ

¿Cómo había sido posible?

¿Cómo fue posible que las cosas terminaran tan mal?

Debía evitar a toda costa que Rafael trajera la desgracia a toda la familia.

¡Pasó días y noches vigilando sin descanso para evitarlo!

Estuvo vigilando a Rafael en todo momento y, sin embargo, no se percató en qué momento burló la vigilancia. En un breve instante, se desató la tragedia.

Leonardo yace en su cama, sintiéndose mal moral y físicamente, lamentándose por su error, y la consecuencia de ese error, ha arrastrado también a Donatelo y a Miguel Ángel a permanecer en sus camas, agonizantes.

- ¡Muero! ¡Muero! ¡Adiós mundo cruel! – son los lastimeros lamentos de Miguel Ángel.

- Agua… - Donatelo apenas tiene fuerzas para hablar – agua… por favor. -

Leonardo puede escuchar perfectamente a sus hermanos, pero, no son sus oídos los que son lastimados por esos quejidos, sino su corazón. Entonces, tiene una idea. Él no se encuentra en tan malas condiciones como sus hermanos, podría levantarse e ir con ellos para ayudarles. Lo intentará, aunque lentamente.

Con una calma angustiante, pero necesaria, Leonardo aparta la frazada, se yergue y queda sentado; se detiene un momento. Parece que todo va bien. Ahora baja sus piernas, y sus pies tocan el piso; vuelve a hacer una pausa. La desesperación por ayudar a sus hermanos, desaparece por ese momento. Sintiéndose con fuerzas, abandona la cama, y con paso decidido, camina hacia la puerta de su habitación, ya planeando en su mente todo lo que necesita para sus hermanos y dónde puede conseguir el medicamento y el agua…

Un mareo, seguido inmediatamente por un tropiezo y la inminente caída.

- ¡Hijo! –

Splinter aparece repentina y oportunamente para cachar a Leonardo, y evita que caiga al suelo.

A Leonardo le toma más de un segundo abrir los ojos y darse cuenta de lo que ha pasado.

- ¿Papá? – sin ser capaz de apartarse de quien lo está sosteniendo, se atreve a adivinar de quién se trata, pero está muy seguro de saber, más que nada, por el pelaje suave del único de la familia que ha quedado en pie.

- Hijo, - habla Splinter con seriedad – regresa a la cama. –

Es una orden más que clara, pero Splinter sabe que su hijo no puede hacerlo por sí mismo, y ayudándole a Leonardo a que un brazo suyo se apoye en sus hombros, lo lleva de vuelta.

- Pero, papá, - Leonardo se da cuenta que su padre tiene puesto el cubrebocas, aun así, intenta convencerlo para que le permita ayudar - es difícil cuidar de nosotros cuatro. –

Esto es justo lo que Leonardo no deseaba que pasara.

Hace tres noches, Casey fue por Rafael a la Guarida porque irían al billar. Durante los minutos que estuvo Casey, estuvo estornudando con frecuencia, pero él insistió en que tal vez era alguna alergia, y en esas condiciones, fue al billar con su mejor amigo. Al día siguiente, Rafael tenía fiebre y tos, por lo que Leonardo lo aisló inmediatamente para evitar que el resto de la familia se contagiara. Estuvo cuidando de él por tres días, sin "quitarle un ojo encima", porque siempre estuvo intentando escapar de su aislamiento ya que decía que se aburría demasiado. Pero gracias a ello, los demás no se habían contagiado, y Rafael estaba recuperándose rápidamente.

Tras tres días de cuidados constantes y dos noches de prolongados desvelos, antes de irse a la cama y poder dormir una noche completa…

Después de cerciorarse de que Rafael había tomado el medicamento antes de dormir, Leonardo fue a cerciorarse que Donatelo estuviera por terminar su labor en el taller. Ya que Rafael estaba enfermo, creyó conveniente que todo el equipo se tomara un descanso. Durante el día entrenarían como de costumbre, pero por las noches, irían a dormir a una buena hora.

- ¿Estás por terminar? – Leonardo entró al taller interrumpiendo a Donatelo con la última mejora que le estaba realizando al Caparasub.

- No. – Donatelo, acuclillado cerca del vehículo, se retiró las gafas y respondió sin vacilación – Me tomará al menos cinco horas más. –

Leonardo se acuclilló para echar un vistazo. Sí. Definitivamente esa mejora iba para largo.

- Eso tendrá que esperar hasta mañana. –

La expresión de Donatelo le indicó a Leonardo su claro descontento.

- Leo, - Donatelo se sentó en el suelo, porque ya llevaba varios minutos sin descanso – durante la noche, es el momento más propicio para realizar avances importantes en mis proyectos. –

- Pero no puedes negar que, yendo a dormir a las diez, por la mañana, te sientes sin sueño y sin la necesidad de tomar café para activar tu sistema. –

- No puedo negarlo, pero… -

Pero antes de que Donatelo pudiese continuar protestando, Leonardo se levantó y le ofreció una mano para ayudarle a levantarse. Donatelo contuvo un respiro de resignación, y aceptó la ayuda.

En menos de un minuto, las luces fueron apagadas, y Leonardo y Donatelo abandonaron el taller.

No habían caminado muchos pasos, cuando Leonardo sacó su celular y le marcó a Miguel Ángel.

Miguel Ángel no demoró en responder.

- ¿Cómo te va, hermano? –

- ¿Ya vas a llegar? –

- ¡Qué va! Si apenas estoy 'calentando motores'. –

Miguel Ángel había pedido permiso a su hermano mayor para salir a patinar en las cercanías (porque estaba aburridísimo), lo cual Leonardo se lo permitió, con la condición de que regresara antes de las diez de la noche; casi se cumplía el plazo.

Donatelo seguía a Leonardo (quien parecía que estaba encaminándose hacia la salida más próxima para ir tras Miguel Ángel), pero en su mente, le suplicaba a Miguel Ángel que no hiciera enfadar a Leonardo.

Leonardo había logrado mantener su hogar desinfectado, en orden y sobre todo en silencio, para que Rafael pudiese recuperarse lo más pronto posible, y estaba dispuesto a ir tras el fugitivo.

- Miguel, - Leonardo estaba levemente molesto - ya que no estás dispuesto a cumplir con tu parte del trato… -

Se cortó la llamada, pero en ese momento, una de las compuertas se accionó, y por ésta, entró Miguel Ángel.

- ¡Aquí está Miguel! – él entró sobre su patineta yendo hacia sus dos hermanos, los cuales se detuvieron.

- Miguel, silencio. – Leonardo se mantuvo tenso por el escándalo de su hermano; guardó su celular – Me costó medio caparazón conseguir que Rafa se durmiera. – palpó su propio hombro izquierdo.

En vez de que Miguel Ángel se preocupara, sonrió por esa broma (Leonardo, en ocasiones, hacía bromas sobre la grieta que tenía en el lado izquierdo de su caparazón). Se detuvo antes de chocar contra los otros, y recogió su patineta.

- ¿Y cómo sigue Rafa? – Miguel Ángel ingeniosamente cambió el tema de conversación, aunque de verdad, estaba preocupado por su hermano enfermo.

Esto relajó a Leonardo.

- Mucho mejor, pero porque he conseguido que se quede en cama. Un día o dos más de descanso, y estará como siempre. -

Los otros dos hermanos sabían lo estresante y agotador que era lidiar con un Rafael enfermo, por eso no le discutieron al hermano mayor sobre sus medidas estrictas para evitar el contagio (y sobre todo las medidas para que todos durmieran lo suficiente). Era evidente lo cansado que él estaba.

- Auummm… - Donatelo fingió un bostezo – Hablando de descansar… - fue hacia las escaleras que conducían al nivel superior en donde se encontraban las habitaciones, pero primero miró a Miguel Ángel para que entendiera lo que quiso decir.

- Pero todavía es temprano. – naturalmente Miguel Ángel protestó, así que Leonardo comenzó a empujarlo hacia las escaleras – Leo, todavía es temprano. –

- Me obligas a explicarte que, dormir entre siete y ocho horas diarias, ayuda a que el sistema inmunológico sea fuerte, y por consiguiente, sea más eficiente para combatir las infecciones. –

- Mmmhhh. – Miguel Ángel fingió estar razonando al respecto.

Al comenzar a subir las escaleras, Leonardo dejó de empujar a su hermano (afortunadamente, éste comenzó a subir por su propia voluntad), y pensó en lo fabuloso que iba a descansar esa noche.

- Sólo falta – dijo Miguel Ángel a Donatelo en tono de broma – que Leo nos diga que nos agarremos del pasamanos al ir subiendo las escaleras. –

- Sí, – Donatelo siguió la broma – porque si tropezamos, podríamos caer. –

Los dos bromistas voltearon a ver la expresión del hermano mayor… Ambos se congelaron por un breve instante.

- Agárrense del pasamanos, porque si tropiezan, pueden caer y lesionarse gravemente. –

Leonardo les siguió la broma, pero a su modo, exhibiendo una expresión seria, pero realmente amenazadora, si se les ocurría desobedecerlo.

Miguel Ángel y Donatelo sintieron horribles escalofríos. Leonardo no solía hacer ese tipo de 'peticiones' (esa era la especialidad de Rafael), así que al instante tomaron el pasamanos y subieron las escaleras con bastante prisa.

Leonardo sonrío con desgano porque había sido demasiada efectiva su 'suplica', pero él también tomó el pasamanos ya que sentía que comenzaban a faltarle las fuerzas.

A la mañana siguiente, Leonardo sintió que le molestaba la garganta. Creyó que se debía a los largos minutos durante los que hablaba para convencer a Rafael de tomar el medicamento y permanecer en cama. Por la tarde, tenía fiebre, y sus otros dos hermanos también. Al anochecer, ellos tres se sentían realmente mal, (aunque Donatelo y Miguel Ángel estaban peor que Leonardo).

Y ahí estaba Splinter, cuidando de cuatro enfermos.

Splinter logró que Leonardo se recostara, pero eso no significa que Leonardo dejará de lamentarse, incluso continúa pensando en el modo en que pudo haber ocurrido el contagio.

- Gomen… -

Leonardo se disculpa con su padre por ocasionarle tantos problemas, pero de verdad lo intentó. Intentó que nadie más se contagiara de gripe porque, si sucedía, su padre era quien terminaría cuidando a todos, lo cual sería muy tedioso, sobre todo porque él ya no es tan joven.

- Bebe, hijo. -

Leonardo obedece.

- Arigato. -

- Hijo, permanece en cama. Iré con tus hermanos. –

Splinter está por recoger la mesita sobre la que lleva la tetera y las tazas.

- Papá. – Leonardo, sintiéndose animado, seguramente debido a las propiedades del té, llama con cierta urgencia a su mentor.

Splinter regresa al lado de su hijo, le sonríe y toca con ternura su cabeza.

Ese delicado contacto obliga a Leonardo a desistir, por un recuerdo muy lejano que aflora en su corazón: el amor que su padre les procuraba cuando se enfermaban, siendo ellos unos pequeños niños. Esa misma calidez es la que lo conforta ahora.

Leonardo cierra los ojos, dispuesto a dormir.

Splinter apaga la luz, y se apresura a ir a atender a sus otros hijos.

- También te extrañé. –

Dice Leonardo por lo bajo, al comprender que su padre extrañaba cuidar de sus pequeños.

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N/A:

Ya me parezco a Leo, pero es verdad: no sólo es alimentarse sanamente, además, dormir ocho horas, ayuda a que el sistema inmune se mantenga fortalecido, y como consecuencia, estemos saludables.

Hay un segundo epi donde Splinter sale de dudas xD

Gracias por leer.

^.^