Este es un capítulo revelador, contiene una idea que dudé en un segundo agregar, pero creo que será lo mejor para la historia, ayudará a la trama... Espero les guste, y de nuevo, mil gracias por leer. Veré la posibilidad de subir más de mis FanFics, ojalá no sean demasiado descabellados. Saludos~

CAPÍTULO III

El estridente sonar de la puerta principal cerrarse resonó por todo el lugar, que vacío y en silencio parecía esperar su regreso.

En su cansancio, más por inercia que por cualquier otra cosa, ejecutó el patrón que cada día realizaba al llegar a su apartamento luego de una extensa jornada laboral. Prendió las luces y prontamente su abrigo fue a dar al pequeño armario junto a la entrada, acompañado de su maletín. Quitó sus zapatos, sus dedos aligeraron el nudo de su corbata y las finas gafas dejaron el tope de su nariz también.

Miró a su alrededor, todo estaba perfecto, cada mueble en su sitio, cada cosa en su lugar, nada donde no debía estar, todo tal cual su obsesión por el orden le dictaba. Más sin embargo, ciertamente algo había cambiado de manera absoluta y lamentable, no sólo en su organizado diario vivir sino que igualmente en aquellas cuatro paredes blancas.

El ambiente se sentía vacío y solitario, sin duda deprimente. Desde que se había ido Takada no podía ser de otra forma ya. Ahora no estaba esa sonrisa con la que se topaba al llegar, ni mucho menos el delicioso aroma de la cena preparándose o el delicado perfume de mujer plagado por todas partes. No, ya no más, todo se había reducido a un gran espacio desocupado al otro costado de su cama, a un solo cepillo de dientes en el cuarto de baño, a completo y taciturno silencio al entrar.

Mikami resopló, cerrando sus ojos con evidente pesar, y aunque no quería darle más vueltas a ese asunto, era inevitable no recordar que debía acostumbrarse de nueva cuenta a su soltería, por muy extraño que le resultara a su edad.

No obstante, quizás había sido mejor así, después de todo, por algo sucedían las cosas.

Ahí entonces, se encaminó hasta el mini-bar en una esquina de su sala hasta dar con alguna botella cualquiera para proceder a beber y vaciarla de ser posible. Sí, era inapelable, el alcohol se había vuelto suficiente anestesia y camarada para pasar aquel bizarro momento que transcurría en su vida. Y con suerte, también le ayudaba a descansar.

Pero ni alcanzó a apoyar su nuca en el respaldo del sofá y el celular en su bolsillo del pantalón vibró estrepitosamente, había recibido un nuevo mensaje de texto. Leyó el remitente, era Matt.

"Abre la puerta. Traje lo que me pediste."

¿Qué acaso no puede tocar el timbre? Será…

Por mero reflejo en sus labios se bosquejó una media sonrisa, animándose con el simple hecho de considerar a su amigo un auténtico idiota, y más, al saber que la información de aquel castaño que hace días ocupaba su mente pronto estaría en sus manos también, dando así con su paradero de una vez por todas y quizás finalmente tener las respuestas que tanto ansiaba conseguir.

—Hace días que espero tu visita, o al menos una llamada para saber cómo vas con la búsqueda que te pedí— Dictó al instante en que abrió la puerta y se encontró con un muy risueño Mail. ¿Acaso no tenía la más mínima idea de la reprimenda que le iba a dar? Más le valía que tuviera una buena excusa del porqué de su demora o no sería tan condescendiente al pagar.

—Sí, estoy claro— Mencionó Jeevas en tanto, cuando sin pedir permiso se adentró a la estancia para terminar prácticamente tirado sobre el sofá como si fuese su propio hogar— Pero debo hacer de tu conocimiento que no fue nada fácil buscar a tu chico. Con tu escasa información poco podía hacer, ¿Sabes?

Auch, golpe bajo.

El semblante del pelinegro cambió un poco, y su ceño se frunció lo bastante como para darle una expresión de cierta molestia, ¿Era idea suya o Matt le estaba reprochando algo? Tsk, como fuera, no contaba con tiempo para reclamos de su parte. En un parpadeo se sentó junto a él, algo impaciente por el conocido asunto que los convocaba.

—Sinceramente, ánimos de discutir no tengo, ¿Podrías ir directo al grano y decirme cómo te fue por favor?

—Ya, ya.

Bufó para sí el de ojos verdes, al quedarle más que claro que el otro no tenía el suficiente entusiasmo para andarse con rodeos. Así que, con rapidez deslizó un grueso sobre color beige que reposaba bajo su brazo izquierdo y lo posó frente a la mirada pasmada del de cabellos negros.

—Sí estás de suerte, alguno de ellos será.

El abogado no perdió tiempo, y casi se lo arrebató de entre los dedos. Abrió el envoltorio, esparciendo sin demora todo el contenido encima de la mesita que se hallaba frente a ellos. Allí, al menos tres decenas de documentos se dejaron ver, acompañados de la misma cantidad de fotografías que yacían adjuntas a cada hoja. Nombre, edad, domicilio, cada pequeño dato de relevancia estaba ahí, escrito de manera clara y concisa, totalmente entendible para cualquiera.

Esto es…

Exacto. Mikami tragó grueso, pues tenía que reconocerlo, su amigo había hecho un buen trabajo, más que bueno a decir verdad, y es que ahora comprendía por qué había tardado tanto, más bien, lo necesario.

A Matt no se le había escapado detalle alguno al parecer.

—Ante todo…— Empezó éste último, mientras el ojinegro repasaba su mirada retrato por retrato, tratando de dar con quien buscaba— Debes saber que probablemente hayas conocido a ese hombre en algún bar gay aquella noche— Teru le lanzó una fugaz mirada que reflejaba sorpresa. Se le hacía insólita la sola idea de haber pisado un lugar así— Sí, créelo. Y lo más seguro es que en tu estado de borrachera, no le fue demasiado difícil a uno de estos muchachos engatusarte porque le resultaste atractivo. O al menos esa es mi teoría.

—¿Cómo? ¿Quieres decir que…?

—Ya lo debes suponer— Aseguró Mail— Por experiencia personal puedo decirte que en estos antros nada suele ser serio, la mayoría busca un acostón de una noche y ya, rara vez nace un sentimiento o compromiso. Así que, saca tus propias conclu…

Sus palabras quedaron en el aire, apenas observó cómo en la cara del mayor se trazaba la marca insana de algo que asimiló entre asombro y suficiencia. Esa expresión sólo significó una cosa para Jeevas: Uno de ellos era, es decir, lo había encontrado.

—Él… Éste es…

En efecto, Mikami estaba alucinando, incapaz de creer que después de días, por fin había dado con él, con ese hombre que tan fácilmente había doblegado la poca conciencia –que de seguro– poseía aquel día, y qué, con tanta altanería parecía no tener ninguna pizca de interés por salir de su subconsciente. Sí, frente a él estaba la imagen del rostro que una y otra vez se repetía en su cabeza, en sus sueños, en sus pensamientos, en su día a día.

Casi desesperado, comenzó con la inspección en la ficha personal del aludido, y de inmediato, lo primero con lo cual se topó fue su nombre y edad. Allí, en tinta negra se escribía [Yagami Light, 25 años].

…Así se llama.

No necesitó más para saber que se trataba de él, lo reconoció en el acto, en todas y cada una de sus facciones y colores. De nueva cuenta lo atormentaron las vivencias que hace unas cuantas semanas compartió con ese chico, con aquel que se había convertido –contra toda su realidad– en el único hombre con el que tuvo, aunque efímera, una relación sexual.

Rápidamente leyó cada línea de la recopilación de datos que Matt le había proporcionado, y en su acelero dio de lleno con algo que jamás imaginó encontrar allí, entre las legibles letras de su amigo.

Imposible.

—Esto…— Balbuceó, no sabiendo siquiera si quería realmente conocer la respuesta a lo que estaba por preguntar— ¿Es cierto lo que aquí dice?

Jeevas ni siquiera tuvo la necesidad de analizar la información que él mismo había escrito, sólo bastó con ver la imagen que reposaba entre los dedos del pelinegro e identificó al joven castaño. Podía carecer de ciertas cualidades, pero algo innegable era que contaba con una excelente memoria, por lo tanto, al instante aseguró lo que el abogado aún no terminaba de procesar al parecer. O al menos eso le hacía creer su atónita expresión.

—Así es Teru…— Reafirmó— Yagami Light está casado, y también tiene un bebé. Podría decirte, por lo que averigüé, que es un completo hombre de familia.

¿Qué…? ¿A su edad?

En definitiva, Mikami no le daba crédito a lo que sus ojos leían, menos ahora que el muchacho a su lado se lo había confirmado con tamaña seguridad. Y es que aquello no cabía en sus posibilidades, es más, sobraba decir que todo en su cabeza comenzó a dar vueltas, convirtiendo su psiquis en una mescolanza de caos y delirio, pincelada de nada más que dudas e incluso repulsión.

—No lo entiendo— Resopló desconcertado— En verdad no puedo hacerlo. ¡Ahora estoy más confundido que antes!

Su puño cerrado dio con precisión en su rodilla, como si esa confusión recorriera peligrosamente cada fibra de su maldito cuerpo y estuviera a punto de estallar de mala gana. Y es que no comprendía, no le cabía en su razón cómo había quedado atrapado en aquel giro del destino ni cómo había llegado a cruzarse en el camino de un hombre que para colmo estaba casado.

Ahora todo era peor, pues cualquier cosa que se acercara a la palabra infidelidad le parecía ruin, atroz, inmunda, y más por haberlo vivido con sus propios padres cuando apenas era un niño. De sólo pensar que él había sido un peón y había participado en aquella vil traición para con la esposa de aquel tipejo le asqueó, lo repugnó. Ahora hasta el haber pensado que se había metido con un prostituto le parecía una mejor idea que todo esto.

—Teru, si me permites darte un consejo— Intervino Mail de pronto, ante el creciente estado de angustia que embargó al mayor— De verdad te diría que dejaras esto así. Olvídate de que alguna vez conociste a este tipo y que tuvieron algo que ver.

—¿Así nada más? ¿Me estás diciendo que haga cuenta que nunca existió?

—Lo digo por tu propio bien, ni siquiera sabemos qué clase de persona es.

—Matt, ansiaba encontrar a este hombre para poder aclarar todas estas dudas que me impiden tranquilidad.

—Pero Te…

—No— Sentenció abruptamente el pelinegro, con total firmeza, poniéndose de pie— Voy a encontrarme de nuevo con él y nada de lo que me digas me hará cambiar de opinión. Si no lo hago, simplemente jamás estaré en paz conmigo mismo. Entiéndelo Matt, debo hacerlo.

Fin de la conversación. Su compañero de vida iba a decir algo, pero se retractó enseguida, seguro de las palabras que recién había escuchado eran absolutas y que lo que fuera a decir no serviría de nada. Suspiró entonces, con cierta desgana, haciendo un ademán con la mano de que no interferiría más, ¿Para qué? El pelinegro estaba decidido y por mucho que le refutara, nada lo haría cambiar de parecer.

—Está bien, es tu decisión después de todo, pero por favor mantenme al tanto de lo que suceda. Y si me necesitas para cualquier cosa, contáctame de nuevo, ¿Sí?

—Vamos, no tienes ni para que decirlo. Tenlo por seguro.

Ahí recién ambos sonrieron, ahora más tranquilos, así que Matt sintió que no tenía nada más que hacer allí. Observó el reloj en su muñeca, y éste marcaba casi las once de la noche.

—Carajo, se me hizo tarde— Se levantó de golpe, incluso asustando al fiscal— Ya tengo que irme.

—Bien, entonces te pagaré de una vez, dame un segundo.

Mikami se encaminó hasta el pequeño mueble de la entrada, donde previamente había dejado su billetera y Matt le siguió, aprovechando que iba de salida. Sacó su chequera y veloz escribió los números que hacían alusión al pago por los servicios de su amigo, apenas el cheque tocó las manos de éste, le fue imposible no sorprenderse por los ceros que veía en él. La cantidad le parecía desorbitante, nada parecido a lo que solía cancelarle por sus habituales trabajos de investigación.

—Teru… Esto es demasiado.

—No, por favor acéptalo. Me has ayudado bastante, además, hiciste un excelente trabajo.

—Pero no podría…

—No lo aceptaré de regreso— Impuso, tornándose en su rostro completa seriedad. Detestaba ser injusto, menos quedar en deuda— Más vale que te lo lleves.

Argh, ¡Maldición!

—De acuerdo. Sólo lo acepto porque con algo tengo que mantenerme, pero para la próxima me pagas lo de siempre.

—Está bien, está bien. Como tú digas.

—Ah, y Teru— Matt se giró, justo cuando estaba por pasar el marco de la puerta— Descansa y no bebas tanto… Me preocupas.

Hmph.

Mikami no pudo hacerle caso omiso a la sonrisa que escapó de sus labios, un poco sorprendido al percatarse que ese detalle no se le había escapado para nada a su compañero, y es que ni se había dado cuenta en qué momento le echó un vistazo a su mini-bar casi vacío. Vaya que era observador, sin embargo, era inevitable que no se le hiciera gracioso el hecho de que el pelirrojo, siendo menor que él, se comportara como un padre y velara por su bienestar.

Era casi irrisorio, agradecía el gesto, pero no era un bebito que necesitaba cuidados de nadie, aun así, no quiso decir nada más que un simple "Estaré bien".

.

Cuando sus pies tocaron finalmente el jardín a las afueras del edificio, Matt se detuvo por unos cuantos segundos. No pudo evitar el fuerte impulso que nació dentro de él, y elevó su rostro para observar con clara preocupación hacia la ventana del apartamento que recién había abandonado, las luces permanecían apagadas y las cortinas completamente cerradas. Eso, de alguna manera lo tranquilizó, significaba que Teru sí había tomado en cuenta su sugerencia de irse a dormir.

Aun así, cierta inquietud no lograba dejarlo del todo en paz. La posible inestabilidad emocional de Mikami amenazaba con desmoronarlo lentamente, y por mucho que éste lo negara, para Mail estaba claro que no le hacía nada de bien esta repentina soledad en la que se había envuelto luego de su divorcio, además, ni siquiera quería imaginar qué podría provocar en él juntarse con aquel tipo que apenas y ambos conocían. Con ese tal Yagami.

Espero que realmente todo resulte bien.

Todavía confuso de todo lo que sucediera a partir de ahora, retomó el rumbo de su andar entonces, para llegar hasta el estacionamiento. Allí, un hermoso vehículo negro de llamativo estilo clásico lo esperaba, y al adentrarse hasta el asiento de copiloto, se topó con un entretenido pelinegro –que en cuclillas y descalzo– degustaba con entusiasmo un trozo de tarta de fresa. En verdad a Mail le resultaba increíble, que hasta para salir, Elle llevara consigo una de sus infaltables delicias dulces, y no sólo eso, también que estuviera sentado de esa manera tan jodidamente peculiar.

De seguro, cualquiera que lo viera al pasar por ahí, simplemente pensaría que se trataba de un loco y lo evitaría a toda costa, pero para su suerte, él lo conocía al derecho y al revés, como también a sus –podía denominarlas– rarezas, las que le causaban gracia e inclusive a ratos le parecían adorables.

Qué manías las suyas.

—Al fin regresas, ya estaba comenzando a aburrirme de tanto esperar.

—Pues te dije que te quedaras en casa, perfectamente podía venir solo.

—Es que se estaba haciendo tarde, así que…

—Aunque así fuera, te recuerdo que planeaba salir más temprano, pero "alguien"…— Enfatizó el menor, mirando de reojo a su pareja— …Estaba con las hormonas a mil por hora y no me lo permitió.

Lawliet divertido se encogió de hombros, haciéndose el desentendido, pero una clara media sonrisa delineaba la comisura de sus labios, que se mantenían rojos por las fresas en su pastel. Por un escaso segundo, su memoria recordó una encantadora imagen de Matt jadeando –más que suplicante– bajo su cuerpo sudoroso, y es que prácticamente durante toda la tarde habían estado haciéndolo, de hecho, aún le dolían un poco las piernas por la intensa faena que se habían cargado.

—¿Y… cómo está tu amiguito?— Dijo después de un rato, cambiando el tema, con cierto aire despectivo para referirse al conocido del pelirrojo. Los dedos de sus pies desnudos jugueteaban descuidadamente entre ellos.

—Dudo mucho que en verdad te importe saberlo Elle.

Jeevas tenía razón.

No era secreto para nadie que Mikami no le agradaba en demasía a Lawliet, así que tampoco éste se daba el trabajo de ocultarlo, además, jamás se auto-censuraba en decir lo que pensaba o sentía de las personas, cosa que tal vez también le había desagradado al fiscal cuando Matt se lo presentó hace algunos años, incluso podría jurar que tampoco le convenció su aspecto "descuidado" y su "andrajoso" modo de vestir en tono blanco-azul. Qué podía decir, ese cuatro ojos era un maldito maniático del orden y la buena presencia, todo lo opuesto a él. Definitivamente, eran como mundos totalmente diferentes, razón suficiente para que apenas y se soportaran.

Al menos, el bálsamo para Elle era saber que el rechazo era mutuo.

—Tienes razón, simplemente no me simpatiza ni yo a él, es recíproco, así que convendría que te acostumbraras de una buena vez a nuestra, cómo decirlo… Desavenencia.

—¡Pff!— Medio gruñó el de ojos verdes— Siendo sincero, nunca los entenderé. Él es mi mejor amigo y tú mi pareja, al menos deberían hacer un intento por llevarse mejor, ¿No lo crees?

—Tal vez algún día suceda, pero no te aseguro nada amor.

—Como sea, supongo que tampoco puedo obligarlos a que se traten por lo menos, ¿Verdad?— Se resignó, dejando escapar un prolongado suspiro cuando los parpados cubrieron sus ojos. A veces pensar en la innecesaria enemistad entre esos dos le hacía ponerse de mal humor, así que zanjó el tema de una vez— Mejor vayámonos a casa, quiero descansar.

Terminó de decir, cuando estiraba sus brazos y una fuerte dolencia pareció apoderarse de su espalda baja, pues enseguida apoyó su mano allí y en su rostro se dibujó una fugaz, pero claramente perceptible mueca de malestar. Y para Lawliet no le fue nada de desapercibido ello.

—¿Te… duele?

—Un poco, por alguna razón fuiste algo brusco hoy.

El de cabellos negros sintió como fuego la culpa al oír aquello, pues en efecto, estar con Matt era como darle rienda suelta a todos sus deseos e irremediablemente, eso significaba que le resultara casi imposible contenerse a sí mismo. Era avasalladora esa imperiosa necesidad que surcaba por sus venas cuando lo tenía enfrente.

Tal vez si me pasé un poco…

—Lo siento.

Fue todo lo que dijo, y su mirar negruzco fue directo a parar al piso, envuelto en un semblante entre pena y remordimiento. A Jeevas, esa expresión se le hizo enteramente encantadora, era como ver a un niño siendo reprendido con oportunidad nula de defenderse.

—Idiota, tampoco es para que pongas esa cara— Le sonrió— Mañana estaré como nuevo, despreocúpate ya.

Y extrañamente, al ver esa perfecta curva en los labios de su amante sí animó de sobremanera al azabache; pues Mail era capaz de provocar mucho en él con un simple gesto de su parte. Así que, rebuscando alguna idea con la cual hacerlo sentir mejor luego, Lawliet procedió a ponerse esas zapatillas medias gastadas que siempre ocupaba y dar marcha por completo al vehículo para largarse cuanto antes de allí.

Tal vez, si le regalo uno de esos pastelillos que tengo en la nevera pueda recuperarse pronto.

Surcó en su mente. Y es que para Elle, los dulces animarían a cualquiera, ¿Por qué no?