Educando a Scootaloo
Capítulo 2: Inquietudes
Scootaloo se levantó como siempre antes de que su pequeño despertador sonara, un poco adormilada se deslizó fuera de su cama y salió a mojarse la cabeza en el riachuelo que pasaba por enfrente de su improvisado hogar. Era una mañana bastante tranquila y tenía tiempo de sobra para llegar a la escuela. Regreso a su casa de madera, y tomando su scooter y su mochila se dirigió a casa de Sweetie Belle.
—Buenos días pequeña. —La mamá de Sweetie la recibió en la puerta— Llegas temprano ¿Quieres desayunar algo?
—Espero no ser una molestia señora Belle. —Dijo la pegaso quitándose su casco— Salí muy rápido de la casa.
—Tonterías cariño, siempre hago demasiada comida en estos días.
Scootaloo se sentó a la mesa y vio como la poni servía un enorme plato de avena y lo ponía delante de ella. La pequeña se tomó un momento para agradecer a Celestia por el desayuno y después procedió a devorarlo sin más ceremonia. Sweetie Belle entró en ese momento a la cocina y al ver a su amiga se puso nerviosa; murmurando un rápido "buenos días" fue a servirse el desayuno y se sentó a comer con la cara fija en su plato. Scootaloo masticó un poco más antes de pasarse la comida y saludar.
—Va a ser un gran día ¿Verdad?
Sweetie Belle asintió rápidamente y se concentró en su plato, Scootaloo alzó una ceja.
— ¿Todo está bien?
Nuevo y silencioso movimiento de cabeza.
—Bien… como sea. —Scootaloo le dio una mirada de desconfianza y continuó comiendo.
Un poco después las dos potrillas estaban camino a la escuela sumidas en un extraño silencio, al llegar a un cruce de caminos se encontraron con Applebloom esperándolas.
— ¡Saludos Cruzadas sin marca! —Dijo alegremente— ¿Listas para otro día de acción y aventuras?
— ¡Como siempre! —Respondió emocionada la pegaso pero después le dirigió una dubitativa mirada— Aunque Sweetie anda rara…
—No, No tengo nada. —La aludida levantó la cara sonriendo, aunque de manera forzada— Estoy, perfectamente.
—Qué mala eres para fingir Sweetie Belle. —Dijo Applebloom de forma muy superficial.
Aquello provocó una reacción inesperada en la pequeña unicornio blanca que se sentó en el suelo y comenzó a llorar y dar pequeños golpes en el suelo, sus amigas la miraron desconcertadas sin atinar a cómo reaccionar.
— ¡No fue mi culpa, lo siento, lo siento! —Dijo cuando finalmente pudo hablar.
— ¿De que estas hablando? —Preguntó Applebloom preocupada.
—Rainbow Dash me llevo a mi casa… Y empezó a preguntarme muchas cosas de Scootaloo…
— ¡¿Qué fue lo que le dijiste?! —Scootaloo la tomo de los hombros y apretó con fuerza— En nombre de Celestia ¿Qué fue lo que le dijiste?
Nuevo llanto de Sweetie Belle pero la pegaso la sacudió interrumpiéndola.
— ¡Le conté todo, lo siento Scootaloo de verdad, lo siento!
La pegaso ahora parecía presa de un ataque de pánico. Soltó a su amiga y comenzó a caminar en círculos, mientras respiraba con dificultad.
— ¡Lo sabe todo, lo sabe todo! ¡Voy a tener que esconderme! ¡Me tengo que mudar de Poniville! Oh Celestia si los de servicios de protección me encuentran…
—Pero es Rainbow Dash… —Empezó a decir Applebloom
— ¡Es un adulto! —-Grito Scootaloo— ¡Y por más geniales que sean los adultos, siempre te abandonan!
—Pero ella no…
— ¡Te abandonan! —Volvió a decir la pegaso— Yo quería ser como ella para no tener que estar escondiéndome más, yo quería que pensara que soy genial. No una huérfana…
Scootaloo se dio la vuelta y fue camino a su casa. Sweetie Belle se secó las lágrimas y la siguió con Applebloom de cerca.
— ¿Qué vas a hacer? —Sweetie finalmente se atrevió a hablar.
—Me tengo que esconder. —Dijo Scootaloo sin dejar de trotar— Hay una cueva en el bosque Everfree que solo yo conozco, me quedaré ahí mientras veo donde mudarme.
—Scootaloo… —Gimió Sweetie Belle.
—No te culpo… No estoy enojada contigo, si no fuera por ti nunca hubiese llegado tan lejos.
Llegaron de regreso a la casa bajo el puente y la pequeña metió todas las cosas que pudo en una mochila, vio los estantes y se dio cuenta de algo.
—Deje mi casco de repuesto en la casa club…
—Iré por él. —Dijo Applebloom— Será cosa de…
—No, iré yo. —Dijo Scootaloo, parecía más tranquila, o resignada a lo que podría pasar— Puedo irme desde ahí al bosque.
—Te acompañamos
La pegaso miró a sus amigas y asintió en silencio. Las tres potrillas se alejaron cabizbajas en dirección opuesta de la escuela.
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—Tenía más cosas aquí de las que pensé. —Scootaloo termino de llenar una mochila extra— Con lo que me dieron de manzanas podré pasar estos días.
—Me siento tan mal por todo esto… —Sweetie parecía a punto de soltar el llanto de nuevo.
—No tienes porque. —La pequeña pegaso naranja se le acercó— Sin ti jamás hubiera entrado a la escuela, o conocido a Applebloom… Simplemente te estrellaste con la poni más genial de toda Ecuestria…
—Me alegra saber qué piensas así de mí, todavía.
Las potrillas se quedaron heladas al escuchar aquella voz tras sus espaldas, lentamente giraron las cabezas y vieron a Rainbow Dash, Twilight y Applejack en la entrada de la casa club.
—Vas a estar castigada por faltar a la escuela Applebloom. —Dijo la hermana mayor con un tono de voz muy serio— Y ten por seguro de que tus papás se van a enterar de esto Sweetie Bell
La aludida tragó saliva con mucha dificultad.
—Estoy un poco molesta contigo Scootaloo. —Dijo Rainbow Dash acercándose a ella— Me hubiera gustado que me tuvieras algo más de confianza. No soy como los demás adultos.
— ¿Qué hubieras hecho si supieras que soy huérfana? —Preguntó la Potrilla sin levantar la cabeza— ¿Me dejarías seguir estando bajo tu ala?
—Honestamente si me hubiera enterado de esto antes, me pasaría lo mismo que ahora, no sabría que hacer e iría a buscar consejo de mis amigas. Y después haría lo más conveniente.
— ¿Qué es eso?
—Hablar con servicios de protección…
Scootaloo se estremeció y retuvo una lágrima, aquello parecía confirmarle todos sus temores.
— ¿Olvidas quién soy? —Rainbow le levantó la cara con su pata— Soy el elemento de la lealtad, yo no abandono a mis amigos, a nadie que me importe.
—Dijiste que habías hablado con servicios de protección…
—Eres muy pequeña para vivir sola. —Dijo entonces Twilight— necesitas no solo una casa, necesitas alguien que te cuide, que ayude…
—Mandamos ayer una carta a la princesa Celestia. —Continuó Rainbow— Le pedí una recomendación para presentarla a esos apretados ponis del servicio. Nada impresiona más que una petición de la mismísima gobernante de Ecuestria.
Sweetie y Applebloom se miraron extrañadas. Scootaloo esta vez miró a la poni directo a los ojos.
—Acabo de regresar de Canterlot. Me dieron esto. —Rainbow miró a Twilight y esta hizo flotar un pergamino hasta ella— Con esto oficialmente pasas a estar bajo mi cuidado y responsabilidad.
Scootaloo retuvo el aliento, no entendía que era lo que eso significaba, miro a sus amigas y las dos ponis estaban emocionadas al punto de las lágrimas
—Bajo… ¿Bajo tu cuidado?
— ¡Significa que Rainbow va a ser tu mamá, cerebro de plumas! —Gritó Applebloom entre emocionada y desesperada.
—Bueno eso de mamá suena un poco fuerte para mi… —Rainbow se sonrojó, sintiéndose un poco incomoda— Pero básicamente es la idea… ¿Scootaloo?
Todos los ponis presentes se acercaron a la pequeña que parecía ahora petrificada, era obvio que estaba digiriendo lentamente lo que le acababan de decir, de repente comenzó a respirar muy deprisa y a temblar. Rainbow Dash trato de tocarla pero en ese instante estalló en llanto.
— ¡Es lo mejor que me pudo haber pasado en mi vida! —Logró decir entre llantos— ¡El mejor día de mi vida!
Twilight se empezó a preocupar, eso era una crisis nerviosa. Le había pasado a ella cuando aprobó su primer gran examen y sabía que no era nada placentero. Le lanzó una mirada apremiante a Rainbow Dash que parecía más desconcertada que las demás.
"Abrázala" Le dijo moviendo los labios, pero la pegaso pareció no entender, así que con un hechizo la acercó a la pequeña, Rainbow algo dudosa paso su pata por el lomo de Scootaloo y después la recargo contra su pecho.
Hasta ese momento Rainbow Dash no se había percatado de lo pequeña que era en verdad Scootaloo. Era como abrazar una figura de porcelana, la potrilla sollozaba recargada en su pecho y ocultaba su rostro. Temblaba como un conejo bebé asustado, indefenso.
Justo en ese momento la pegaso azul se empezó a dar cuenta de las reales proporciones de lo que acababa de hacer, de la responsabilidad que tenía que enfrentar, apretó a la pequeña contra ella y oculto la cara en su melena para que las demás no se dieran cuenta de que se estaba asustando.
"Nunca voy a aprender a cerrar la boca" Pensó Rainbow Dash mientras escuchaba a Scootaloo llorar un poco más controladamente "Pero no voy a rendirme, y menos con ella… de ninguna manera" Finalmente la pequeña lanzó un profundo y lastimero suspiro y se separó de ella.
—Perdón. —Dijo limpiándose los ojos con una pata— Eso no se vio nada genial…
—Creo que a nadie le importa. —Rainbow Dash vio los distintos niveles de emoción en los presentes.
—Entonces… ¿Qué se supone que hacemos ahora?
—Bueno ya empacaste la mayoría de las cosas. —La pegaso vio dos enormes mochilas en el suelo ¿Cómo pensaba cargar con tanto?—Así que sería buena idea llevarlo a mi casa.
Scootaloo lanzó un chillido de admiradora-casi-histérica. Applejack, más práctica vio el equipaje.
—Vas a necesitar algo de ayuda con todas esa cosas, corazón.
La pegaso vio las enormes mochilas y también se dio cuenta de que Scootaloo iba a necesitar algo para poder subir y bajar de la casa.
—Si me permiten. —Twilight intervino con un tono de voz cordial— Tengo el hechizo adecuado para solucionar ese y otros problemas de hospedaje…
Las ponis se miraron entre si y sonrieron, para bien o para mal empezaba una nueva aventura
CONTINUARA…
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Notas del autor: Las cosas parecen ir bien para Scootaloo ¿Verdad? ¡Todos contra la pared! No soy de los que arreglan las cosas así de fáciles, así que pendientes al siguiente episodio:
Mudanzas difíciles
