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Cruzando el Puente
Por Ladygon
Los personajes no me pertenecen, son del mundo Supernatural.
Este es un Fics Bottom Dean Big Bang #bottomdeanbigbang bottomdeanbigbang de Tumblr. También mi cuenta de tumblr es ladygon
Las bellas ilustraciones las hizo cowedboy.
Capítulo 1: Ayuda para cruzar.
El Cielo era el lugar ideal para Dean, mientras conducía su baby con emoción, sentía la paz que nunca tuvo. Escuchaba la canción que tanto le gustaba y solo debía esperar a Sam, por eso condujo, condujo y condujo, hasta que llegó a un puente. Paró de inmediato ante el encuentro feliz.
Sam estaba con él para siempre y se subieron al Impala. Dean miró el puente antes de meter reversa y volver por donde vino hasta Roadhouse, donde esperaba Bobby. Las cosas que hablaron en el camino no fueron muchas por parte de Dean, este le dijo lo poco y nada que sabía. Sam, por el contrario, le relató su maravillosa vida en la Tierra, junto a su familia. Dean no se sorprendió que su hermano hiciera una familia y que le pusiera su nombre a su hijo. Cuando llegaron y Sam vio a Bobby, se le llenaron los ojos de lágrimas y partió a abrazarlo. Bobby no había cambiado nada, nadie había cambiado nada. Dean salió del Impala y se quedó mirando la escena con aire melancólico.
El tiempo parecía no moverse. Sam y Dean permanecieron con Bobby y vivían tranquilos. Dean estaba más callado que de costumbre, pero se notaba su paz espiritual. Se quedaba largo tiempo, limpiando un vaso de vidrio de wisky con actitud concentrada. Sam y Bobby podían hablar sobre él sin problemas, porque no se daba cuenta de nada de lo que sucedía a su alrededor mientras hacía ese tipo de deberes.
—¿Dean? ¿Por qué no vamos a ver a nuestros padres? —decía Sam.
Dean no le respondía, porque seguía en su mundo interior.
—¡Dean!
Cuando se dio cuenta, tanto Sam como Bobby lo estaban mirando extraño.
—¿Qué te sucede? Estás raro.
—¿Yo?
—No, yo, por supuesto que tú, idiota —le dijo Bobby.
—Lo lamento, es que me quedé pensando en algunas cosas.
—¿Qué cosas?
Ambos lo miraban con insistencia y Dean no sabía dónde meterse para no responder esas preguntas.
—Me preguntaba si vendrán clientes a este local —respondió finalmente.
Esa era una muy buena pregunta. Tanto Sam como Bobby se quedaron en blanco, ya que nunca pensaron que fuera un motivo para mantener a Dean tan preocupado.
—Ya vendrán —respondió Sam.
—Pues se demoran mucho —reclamó Dean.
Sam hizo un gesto impaciente.
—¿Qué tal si vamos a ver a nuestros padres?
—¿Para qué quieres verlos?
—¿Cómo para qué? Pues para eso, para verlos cómo están.
—Están bien, es el Cielo aquí no pasa nada —dijo Dean sin dejar de limpiar el vaso, que ya estaba tan limpio que brillaba de forma extraña.
—Sí, pero sería bueno ir a verlos. Hace tiempo que no los vemos, podrían extrañarnos.
—No lo creo, si ellos están… tú sabes…
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—Ya sabes, ¿eso? Se reencontraron en el Cielo, ¿no?
—Sí, pero ha pasado tiempo, así que deberían podernos atender.
—No quiero molestar, además, el tiempo en este lugar es diferente para cada uno. Yo estuve conduciendo minutos mientras tú vivías años.
—Lo sé, pero ya es suficiente, ¿no? Nuestros padres deben vernos.
—Se pondrán tristes si saben que morimos.
—No, si saben que ya en la Tierra ha pasado su tiempo.
—No saben que morí, solo un año después que murió mamá.
—Dean.
—Mejor iré a dar una vuelta.
—¿Otra vez?
—Es el Cielo, puedo dar las vueltas que quieras en mi Impala, es mi Cielo —recalcó.
Dean partió sin mirar atrás. Se subió al Impala y puso su música de siempre, la que siempre escuchaba en esas vueltas en el Paraíso. El cassette estaba ahí desde que llegó al Cielo y se reproducía solo cuando subía al vehículo. No lo cambiaba nunca y escuchaba la cinta todas las veces que conducía, viajando por los caminos de tierra de su Cielo campestre. No se detenía por ningún motivo, sino que dejaba que la música lo poseyera por completo.
Estaba disfrutando su viaje cuando, de la nada, puso el pie en el freno. Había llegado al puente. Quedó mirando el otro extremo con las manos en el volante. Estaba quieto, muy quiero y la música se apagó con la frenada, al igual que el Impala por completo. Dean no podía despegar la vista de ahí. Apretó sus manos en el volante con fuerza, antes de decidirse salir del vehículo.
Caminó lento por el puente hacia el otro extremo, pero cuando ya estaba llegando, se detuvo, no pudo dar ningún otro paso más hacia adelante. Quedó parado, incluso levantó la mano, pero la retiró casi en el acto, luego volvió al vehículo y quedó con la mirada perdida en esa dirección, en el final del puente. Encendió el vehículo y puso el pie en el acelerador para salir rápido con una gran decisión de cruzar ese puente a como dé lugar, pero el pie del freno fue más pesado y se plantó con decisión, no permitiendo lograr su objetivo. Dean golpeó el volante varias veces, luego enterró la cara en el volante. Dio marcha atrás y salió del lugar con la música de siempre.
Roadhouse era su casa. Vivían una vida tranquila sin preocupaciones. Dean siempre mantenía los vasos brillantes, porque pasaba la mayor parte de su tiempo limpiándolos. Una vida pacífica como recompensa, no estaba nada de mal. La historia había terminado y no tenía que preocuparse por nada.
Sam quería ver a sus padres. Era lo más lógico, pero él en el fondo no quería. La razón de esto no tenía mucha lógica, solo no quería. Quizás ver a otros como a Jimmy Novak o a Ash. Hace tiempo nos los veía y algo en su ser tiraba por ellos. Estaba pensando en esto, cuando apareció Ash en su puerta.
—Hola chicos, ¿cómo están? —saludó.
Eso fue asombroso. Dean estuvo muy feliz ese día con la visita. Pudieron ponerse al día sobre Pamela y lo fantástico que lo pasaban en el Cielo. También lo invitaron a una visita.
—Pamela tiene novio —dijo Ash, dando la primicia.
—¿En serio? ¿Se puede tener novio aquí? —preguntó Dean con dudas.
—¡Pues claro! Es un empresario de California. Yo dudé que los empresarios podían entrar aquí, pero ya ves, ahí está.
Dean quiso reírse con la salida de Ash, pero su hermano le ganó. Pasaron una tarde muy agradable junto al genio de los computadores y cuando se fue, sintieron el vacío. Extrañó mantenerlo a su lado de una forma demasiado rara como ser él. Se sentía caliente y tuvo visiones con Ash, bastante eróticas. Esto último lo perturbó y decidió no volver a pensar en él.
Sin embargo, después de un tiempo, la sensación volvió y sintió la necesidad de montarse en su Impala para volver al camino. Pasó lo mismo que la otra vez, al llegar al puente tuvo que devolverse con una sensación de derrota extrema.
Entonces pensó en Jimmy Novak y supo que aparecería por la puerta, así que decidió borrar todo pensamiento como sensación en su alma. Aun así, la única forma de escapar, fue subirse a su Impala y la escena con su hermano volvía a repetirse:
—Iré a dar una vuelta.
—¿Otra vez? —preguntaba Sam.
—Es el Cielo, puedo dar las vueltas que quieras en mi Impala, es mi Cielo —recalcó.
Dean partió sin mirar atrás. Se subió al Impala y puso su música de siempre, la que siempre escuchaba en esas vueltas en el Paraíso. Estaba ahí y se reproducía solo mientras viajaba por los caminos de tierra de su Cielo campestre. No se detenía por ningún motivo.
Estaba disfrutando su viaje cuando pisó el freno. Quedó mirando el otro extremo del puente, como siempre, con las manos en el volante. Estaba quieto y la música se apagó. Dean no podía despegar la vista. Apretó sus manos en el volante con fuerzas antes de salir del vehículo.
Caminó lento por el puente hacia el otro extremo y cuando ya estaba llegando, paró. Estiró la mano como si fuera una frontera invisible y esta pareció quemarlo, porque la retiró casi en el acto. Volvió al vehículo y quedó con la mirada perdida al final del puente. Encendió el vehículo y puso el pie en el acelerador para salir rápido con una gran decisión de cruzarlo a como dé lugar, pero el pie del freno fue más pesado y se plantó en ese pedal con decisión, no permitiendo lograr su objetivo. Dean golpeó el volante varias veces. Enterró la cara en el volante.
—No puedo —sollozó—. Por favor, yo…
Sus palabras se atragantaron en su garganta. Levantó la cabeza y vio a Milagros. El perro estaba sentado en el límite que quería cruzar. Dean se sorprendió al verlo, pero una sonrisa apareció en sus labios. Fue rápido al encuentro de su peludo amigo.
—Hola Milagros, ven aquí —llamó con emoción.
El perro siguió sentado, mostrando su lengua en respuesta y no se movió ni un centímetro.
—Milagros, ven buen perrito.
Milagros no se movió de su lugar, siguió sentado y Dean tuvo que acercarse hasta poder alcanzarlo, cosa que casi hizo. Se quedó parado unos segundos, hasta que decidió agacharse a la altura del perro, volvió a llamarlo, pero tampoco se movió. Fue cuando estiró su brazo y estuvo a punto de tocarlo. Sus rodillas se estiraron sobre el suelo hasta quedar en cuatro, casi a la misma altura de Milagros.
El perro retrocedió un paso y Dean estiró otro tanto su cuerpo. Milagro dio otros dos pasos hacia atrás y Dean volvió a estirarse otro poco, solo que estando en cuclillas dio dos pasos hacia adelante, entonces, el animal, dio dos más hacia atrás. Dean estaba a punto de tocarlo cuando el perro se levantó, dio media vuelta y plantó la carrera.
—¡Milagros, ven! —gritó Dean y salió corriendo tras él.
Dean miró hacia atrás solo un instante, sorprendido de haber cruzado el puente, luego recordó y siguió corriendo por el camino hasta que vio desaparecer al perro entre los matorrales. Entonces, tuvo que salir hacia un lado, pasó por los matorrales y vio un sendero que lo llevó hasta una colina.
Aquí se detuvo, maravillado por el frondoso árbol solitario en la punta de la colina. Bajo este había alguien. Milagros seguía corriendo hacia esa figura parada de espaldas. A él lo reconocería en cualquier lado. El perro siguió corriendo y desapareció cuando se juntó con esa figura.
—Cas —murmuró.
Él volteó y fue cuando caminó a su encuentro.
—Hola Dean.
—Cas…
—¿Qué haces en este lugar? Deberías volver con Sam.
—¿Cómo?
—Sam te está buscando. Está preocupado por ti.
Dean lo miró extrañado.
—Dejemos a Sam un momento, debo decirte algo —dijo Dean.
Sintió que si no hablaba ahora, no lo haría nunca. Un nudo quejumbroso se instaló en su pecho con dolor.
—No es necesario Dean, ya lo sé —respondió Castiel.
—¿Lo sabes? —preguntó sorprendido Dean— ¿Lo sabes y no viniste?
—Tú no querías verme.
—Yo… ¡No!... Claro que…
—Debes irte, no puedes estar aquí.
—¿No, por qué no? Oye Cas yo…
—Sam, debes ir con Sam —cortó Castiel.
—Sam está bien, estamos en el Cielo y no le pasará nada. Necesito decirte que yo…
—Tú estás enamorado de Sam.
Se la lanzó así, con mucha seguridad. Esto dejó paralizado a Dean de pies a cabeza. Esto dio tiempo para que Castiel diera media vuelta para desaparecer.
—¡No! —gritó Dean e intentó alcanzarlo, pero se le desvaneció entre los dedos.
Eso fue un golpe terrible en todo su ser, sintió que moriría otra vez. Quedó dando vueltas en círculos sobre su mismo eje.
—¡Cas! ¡Cas! —gritaba.
Castiel había desaparecido. Solo estaba ese enorme árbol, su tronco le decía que tenía milenios o incluso eones. Si no estuviera tan afectado se quedaría admirando su belleza.
—No, no, no, no, ¡no! ¡No, otra vez! —gritó con todas sus fuerzas.
Entonces, sintió temblar el piso y un agujero comenzó a succionarlo como si fuera una especie de arena movediza. Dean trató de salir de eso, pero no podía y terminó tragándolo por entero.
Fin capítulo 1
