Y ahí estaba parado frente a él una vez más, apoyado en el marco de la puerta con una actitud despreocupa, hablándole como si nada hubiera ocurrido. A pesar de que su voz había cambiado, ahora era más grave, aún podía notar ese timbre, ese énfasis que hacía cada determinado momento cuando hablaba produciendo así una especie de melodía que muy pocos podían apreciar, pero que Rin, quizás porque tenía lo que común mente se conocía como "oído de músico", o porque había pasado tantos años al lado del moreno, le resultaba totalmente imposible de confundir.

Volver a escuchar su voz hizo que el pelirrojo se estremeciera. Habían pasado tantos años desde la última vez...

-Vamos ponte el abrigo, hace frío afuera.- una joven mujer de apenas treinta y cinco años subía la cremallera del abrigo de su hijo. Este se revolvía y miraba inquieto a su alrededor con sus ojos vidriosos a punto de llorar.

-No quiero irme…Sensei y Haru-chan…-el pequeño se llevó las manos por la cara, tapándosela. No quería que nadie le viera llorar, ya era un niño mayor, y los niños mayores no lloraban, al menos eso era lo que le había dicho su mama.- ¿Por qué ellos no vienen?.- comenzó a hipar entre sollozos.

-Ya te lo he dicho: tenemos que ir a cuidar a la abuelita. Ella está sola y nos necesita.- sonrió cogiendo en sus brazos a su hijo, limpiando con dulzura sus mejillas. Tras esto, besó la punta de su nariz. El pequeño apretó sus labios en claro gesto de disconformidad.

-P-pero…yo quiero seguir viviendo con Haru-chan y Sensei.- se quejó el niño, y justo en el instante en el que su madre iba a replicar se oyeron unos pasos tras ellos.- ¡Haru-chan!.- corrió alegremente hacía donde se encontraba un chico de unos doce años de edad, alto, delgado, y con una mirada acristalada que podía ver a través de cualquiera. Este se encontraba tranquilo, apoyado en la escalera de la casa. Se agachó para recibir el abrazo. Lo estrechó entre sus brazos con fuerza, sabiendo que el final era inminente, que no volvería a abrazarle en mucho tiempo. Sintió como el pequeño cuerpo se aferraba a él, hundiéndose en su cuello, y llenando su camisa de gotas de agua caliente.

-Tranquilo, no pasa nada.- se separó de Rin y con su manga limpió los restos de lágrimas que aún rodaban por la cara del menor.- Nada va a cambiar, te llamaré y te escribiré todas las semanas. Todo va a estar bien, no llores.- revolvió la melena del pequeño.

-¡Prométemelo!.- exigió el menor levantando el dedo índice.

-Te lo prometo.- el ojiceleste hizo lo mismo y entrelazó sus dedos quedando así hecha la promesa. Rin sonrió satisfecho y volvió a abrazarle.

-Debemos irnos, el avión saldrá pronto.- las pisadas de sus tacones resonaron por toda la habitación.

-Lo siento Haru-chan, lo he intentado.- arrancó a Rin de sus brazos prácticamente, y en un último esfuerzo se agachó, acarició la mejilla de Haruka con el dorso de su mano y le besó en la frente.- Pórtate bien.- y sin más, madre e hijo desaparecieron del lugar dejando un vacío inmenso.

-Me largo.- recogió irritado sus cosas sin dar más explicación el pelirrojo y se dispuso a salir por la puerta, pero un rápido brazo que se interpuso entre su cara y la salida le impidió el paso.

-¿Me tienes miedo?- Lanzó desafiante su pregunta. Rin chasqueó la lengua y miró la cara del contrario percatándose de cómo esos ojos lo atravesaban, y por un momento sintió miedo, miedo de que fuera absorbido por su mirada.

-Por supuesto que no.- eso era lo único que podía decir ante una provocación tan directa. Además, irse en ese momento sería como decirle que tenía un problema personal con él en concreto, sería darle demasiada importancia, y Rin no quería demostrar eso, sino que él estaba por encima de esas cosas, que estaba a un nivel en el que todo le daba igual, y más él. Por un momento se había dejado llevar, pero ya había recuperado la razón, había enfriado la cabeza.- Empecemos.- Se giró tirando las cosas a un lado del aula y volvió al asiento del piano. Haruka le siguió cerrando la puerta tras de sí.

Por mucho que se dijese a si mismo que estaba tranquilo, lo cierto era que en esos momentos la sangre le hervía.

-Quizás hoy deberíamos comenzar recordando todo lo que sabes tocar, ¿te parece?- Haruka tomó asiento al lado de su estudiante, acortando así la distancia entre ambos. Este hecho incomodó al pelirrojo quien no era muy amigo de los acercamientos, más que de eso, era reacio a la mayor parte de las muestras de cariño por parte de otros.

-No hace falta que te sientes a mi lado, no soy un niño que no sabe ni como abrir la tapa del piano.- arremetió molesto contra el moreno y se movió en el asiento de tal manera que el espacio entre ellos se hizo más grande. El moreno no se perturbó lo más mínimo ante este gesto, y eso lo irritó aún más.

-No tienes porque ponerte tan a la defensiva, es lo que hago siempre, tan solo mera costumbre.- se excusó el mayor. Definitivamente Rin no quería tenerle cerca, le molestaba toda esa pasividad que mostraba, ¿es que acaso para él esta situación no le resultaba violenta ?. Solo llevaban cinco minutos en un mismo lugar y Rin ya se sentía tan confuso, lleno de emociones contradictorias que hacían que su cabeza diese vueltas y le costara respirar. Mierda, ¿por qué tenía que ser tan estúpido? ¿por qué aún le afectaba tanto el pasado? Se había dicho tantas veces que lo único que existía era un presente, que debía olvidar el pasado, pero nunca podía cumplirlo, las emociones y los recuerdos siempre tiraban de él, arrastrando su mente a una tortura continua.- ¿recuerdas unendlichkeit (N/A: es alemán, significa infinito, eternidad)?.- en ese momento Rin palideció. ¿Cómo no iba a recordar unendlichkeit? Fue la primera canción que aprendió a tocar junto a él. Las primeras notas que recordaba entonar eran las de aquella canción…

El chico no se atrevió a levantar la vista del piano, tan solo asintió en silencio y se posicionó para tocar. Tras un breve suspiro sus delgados dedos se deslizaron tocando aquella melodía. Poco a poco, la hermosa canción que tantos recuerdos traía a ambos se iba escuchando haciendo eco por todo el aula y por primera vez en mucho tiempo el chico se sintió totalmente relajado, en paz con el mundo. Había olvidado cuanto le gustaba tocar esta canción. Esa melodía le hacía sentir bien pero a un alto precio, sabía que esa sensación era provocada por el recuerdo de su infancia junto a Haruka, y esos momentos torturaban su mente al darse cuenta de que había sido abandonado una vez más.

-No estás siguiendo el tiempo.- la voz de Haruka interrumpió a Rin.- Te estás acelerando. Escucha.- El pelirrojo apartó sus manos y en su lugar fueron ocupadas por las de Haruka quien cerró los ojos y comenzó a tocar.- Dos…semicorchea…dos.- relató a la par que tocaba.- Esto me trae buenos recuerdos.- comentó con una sonrisa en sus labios a lo que Rin le miró incrédulo.

-¿Recuerdos? Creí que habías olvidado todo.- masculló con desdén. La música dejó de sonar y un silencio ensordecedor reinó el lugar. El ojiceleste quiso replicar pero las palabras no le salían, todo era demasiado confuso como para explicarlo, y más de esta manera tan precipitada, no se sentía preparado para ello.

-Rin…no es lo que piensas.- sus palabras sonaron débiles, con un deje de amargura que el menor no supo interpretar. Esto le molestó increíblemente y no pudo contenerse más.

-Dijiste que me escribirías, que nada cambiaría, pero si lo hizo…me olvidaste.-le costaba decir esas palabras, pues las llevaba en su interior desde hacía años y ahora que por fin salían al exterior dolían.

El moreno no sabía que hacer, tan solo seguía estático mirando a los ojos de Rin los cuales se volvían cada vez más vidriosos. Le dolía verle en ese estado, y más cuando sabía que el causante de ese sufrimiento era únicamente él. En ese instante se odió a sí mismo.

Se apresuró a decir algo, pero entonces el pelirrojo se levantó con brusquedad dispuesto a huir. Por primera vez en su vida Haruka se sintió realmente nervioso, sin idea de cómo actuar.

-¡Espera!.- agarró del brazo a Rin impidiendo que diera un paso más, quedando cara a cara. Ante este gesto tan repentino Rin quedó sorprendido, nunca había visto a Haruka en ese estado. Ambos se miraron a los ojos en busca de la verdad.- Ocurrieron cosas…- se limitó a decir sabiendo que esa respuesta no satisfaría al pelirrojo.

-Tsck…claaaro.- contestó con un tonó sarcástico, claramente cabreado y su brazo se agitó con violencia para zafarse del agarre al que lo sometía Haruka.

-¡Tú no puedes entenderlo…estaba mal!.- y sin mediar más palabras su cuerpo se movió por inercia tirando de la camisa de Rin, atrayendo su cara a la suya, y sus labios se encontraron en un beso desesperado.