Capítulo 10.
Konata se encontraba acostada en su cama. Era domingo, y no tenía clases, tampoco había organizado plan alguno así que ese día estaría en casa. Decidió salir de su habitación para ir a la sala, donde vería la televisión ya que no tenía otra cosa más que hacer. Antes de salir de su habitación su teléfono vibró anunciando que un nuevo mensaje había llegado a su bandeja de entrada, era Tsukasa, se dispuso a leer el mensaje.
''¡Kona-Chan! ¡Hola! ¿Qué tal tu domingo? Espero que estés bien. Yo estoy sumamente aburrida, y Onee-Chan está igual. Dice que se va a morir del aburrimiento si no hace algo pronto. ¿Te parece bien si paso a visitarte hoy?'' Decía el mensaje de Tsukasa que le seguían una cantidad enorme de emoticonos que Konata no lograba reconocer.
-''Cuántos emoticonos...'' -pensó Konata al ver el mensaje, sonrió.
Mientras iba por el pasillo del segundo piso en dirección a la sala, Konata empezó a contestar el mensaje de Tsukasa. Diciéndole que le parecía bien que fuera a su casa. Minetras caminaba y respondía miró de reojo a la habitación de Yutaka, no se encontraba dentro. ''Siento que estoy olvidando algo...'' pensó Konata mientras caminaba. ''De hecho, creo que estoy olvidando más de una cosa...'', volvió a pensar Konata, pero no le dio mucha importancia. Terminó de escribir la respuesta para Tsukasa y presionó el botón para enviar.
Konata llegó a la sala y se sentó junto a la televisión. Empezó a buscar en los diferentes canales tratando de encontrar algún programa que la distrajera hasta que Tsukasa llegara y le hiciera compañía. Konata encontró un progama que parecía interesante: un programa que contaba las posibles ayudas que podría haber recibido los diferentes gobiernos por parte de diferentes organizaciones mafiosas, dejó el canal del programa sintonizado y empezó a verlo. Su móvil volvió a vibrar.
''¡Genial! Estaré ahí en un rato. Onee-chan se dio cuenta que iba a salir y me preguntó a dónde me dirigía, y cuando le dije me insistió en que te preguntara si ella también podía venir, ¿puede?'' Contestó Tsukasa, de nuevo con una cantidad exagerada de emoticones.
-''¿Acaso los crea ella misma o qué...?''-pensó Konata. Miró la parte donde Tsukasa preguntaba si Kagami podía venir-. ''Kagami...''-pensó Konata. Sonrió-. NO. -tecleó aún con la sonrisa en su rostro.
Konata después de haberle respondido a Tsukasa, esta no le devolvió el mensaje. Así que dejó su teléfono en la mesa y siguió viendo el polémico documental. Después de media hora viendo cómo en aquel programa trataban fervientemente de hacer quedar mal a la mayoría de gobiernos actuales, pocos se habían salvado de ser nombrados y de que les recriminaran actos delictivos a cada uno de esos gobiernos el timbre sonó indicando que tenían visitas. Konata se levantó un poco molesta ya que el documental a medida que avanzaba se ponía interesante, el culpar a los gobiernos atrae a muchos televidentes. Konata se dirigió a la puerta para ver quién era, aunque ya sabía quien iba a ser. Abrió la puerta.
-¡Hola, Konata! -saludó Kagami alegremente.
-H-Ha venido... -dijo Tsukasa con una sonrisa culpable.
-¡¿Qué haces tú aquí?! -exclamó Konata al ver a Kagami.
-Vamos, vamos Konata-dijo Kagami, y rodeó los hombros de la peliazul con su brazo-. Somos inseparables, lo sabes perfectamente.
-No digas tonterías-dijo Konata, se safó del brazo de Kagami-. Pensé que sólo iba a venir Tsukasa.
-Así era. Pero cuando iba a salir le pregunté a dónde iba y le dije que te avisara y me preparé para venir.
-¡¿No estabas preguntando acaso por mi permiso Tsukasa?! -dijo Konata. Esta sólo soltó una risa nerviosa.
-Vamos, vamos Konata, no te pongas así. Además-decía Kagami sonrojada-. Si hoy te portas bien puede que tengas suerte-dijo sonrojada mientras levantaba ligeramente su falda-. ¿No te parece estupendo, Konata? -dijo y miró donde estaba la peliazul, esta ya había entrado-. ''¡Q-Que fría...!'' -pensó Kagami.
Las dos hermanas entraron a la casa siguiendo a Konata. Quien se puso a continuar con el documental pero esta ya había acabado. Maldijo por lo bajo y empezó nuevamente a buscar, encontró la retransmisión de un partido de béisbol que ella se había perdido por diversos motivos, dio gracias a su suerte y empezó a ver el partido. Ambas hermanas veían el partido de béisbol con ella, aunque no fueran fanáticas de los deportes, Konata se dio cuenta de eso y les preguntó si querían ver algo, ambas hermanas cambiaron a una velocidad casi inhumana el canal del partido y lo sintonizaron a uno donde pasaban una retransmisión de un consurso de preguntas. ''Fue mala idea haberles dado el contro...'' fue lo que pensó Konata. La peliazul se levantó de su asiento para hacer lo que las leyes sociales dictaban y fue en busca de algo frío para ofrecerles a ambas hermanas. Les dio una bebida a cada una, y una para ella, por supuesto, las dos hermanas bebían lentamente el contenido de los dos vasos pero Konata bebía más rápida que ellas, aunque hacía pausas cuando era necesario. Su padre entró en la sala.
-Oh Konata, ya has vuelto -dijo el padre de Konata. Había salido y ahora estaba de vuelta.
-¿Vuelto? ¿Adónde iba a ir? -dijo mientras empezaba a beber del vaso otra vez.
-¿Cómo que a dónde? Pues a por Yutaka por supuesto, hoy tenía una cita con el dentista pero como le iban a aplicar la droga que deja a las personas en un estado un tanto raro y yo tampoco podía ir a buscarla, ¿recuerdas? -dijo el padre de Konata.
Konata abrió los ojos bruscamente ante lo que su padre le había dicho. ''¡¿Era eso lo que olvidaba?!'' pensó Konata, su vaso se deslizó de la mano que sostenía el vaso regando todo el contenido en la mesa y el suelo.
-¡Me voy! -gritó Konata mientras salía por la puerta.
Konata fue a toda velocidad hasta donde se encontraba la pobre Yutaka quien estaba drogada en ese momento. Cuando llegó hasta donde se suponía que estaba llegó sumamente sudada ya que las partes que debía de recorrer a pie las recorrió corriendo a toda la velocidad que sus piernas le permitía. Cuando llegó encontró a Yutaka hablando animadamente con una anciana en un banco cerca de la entrada al consultorio, Yutaka actuaba de manera muy similar a las personas cuando están ebrias, hablando de cualquier tema aunque este no tenga ningún sentido, riendo a cada rato aunque lo que dijeran no tuviera gracia alguna. Konata llegó hasta el lugar donde estaba la pequeña sentada y la agarró de su brazo para guiarla, cuando Yutaka se percató de Konata se abalanzo sonbre ella y le empezó a dar besos en la mejilla. Konata aguantó la actitud de su prima, esta se despidió de la anciana y a continuación Konata llevó a Yutaka a casa.
El camino de regreso fue incómodo para Konata. Yutaka en cualquier parte del camino se distraía con lo que fuera o le hablaba a cualquier extraño, había ocasiones en que Konata incluso la perdía de vista. Cuando por fin lo peor había pasado y se bajaron de la estación sólo les quedaba caminar hasta su casa. ''Esto no pasaría si tuviera licencia'' pensaba Konata mientras llevaba a Yutaka de la mano. Konata había tenido que agarrar de la mano a Yutaka después de que esta intentara buscar pelea a unos hombres que estaban reunidos. Cuando ambas iban de la mano no podían evitar atraer la atención de las demás personas ya que parecían dos hermanas pequeñas que siempre estaban juntas, de nuevo las personas confundían la edad de Konata, cosa que la molestaba. Por fin llegaron a la casa, Yutaka entró estruendosamente a la casa, saludó de manera cariñosa al padre de Konata, este no se opuso aunque sólo fuera un abrazo, lo cual hizo también con Tsukasa.
-¿Eh? ¿Y Kagami? -preguntó Konata al no ver a la chica de las coletas.
-Onee-chan acaba de subir, dijo que volvería en seguida.
-''No me digas que...'' -pensó Konata.
Kagami se encontraba atrincherada en la habitación de Konata aprovechando su ausencia. Había visto sus cosas personales. Desde sus juegos hasta toda la ropa que esta tenía disponible, la ropa de tamaño bastante pequeño de la peliazul le resultaba muy tierno a Kagami ya que la ropa parecía de una niña. Cuando acabó con la ropa de Konata fue a por el gran premio... La ropa interior de la peliazul. Agarró una de las bragas que estaban en uno de los cajones y las extendió con sus dos dedos índices para ver cada centímetro de aquellas bragas.
-''Las bragas de...'' -pensaba Kagami sonrojada mientras sostenía aquella ropa interior. A continuación procedió a olfatearlas profundamente mientras las pegaba todo lo posible a su nariz-. Ahhh... -dijo con placer.
-¿Te diviertes? -dijo Konata detrás de ella.
-¡Ahhh!-fue lo que gritó Kagami cuando Konata le habló desde detrás-. ¡K-Konata! Verás yo...-intentaba decir. Konata no decía nada-. Konata, ¿te has enfada... -no pudo acabar ya que Konata le agarró la corbata y la atrajo hacia ella dándole un profundo beso que desconcertó a Kagami-. K-Konata... -murmuró Kagami. A continuación Konata lanzó a Kagami hacia su cama, la peliazul se le colocó encima.
-Últimamente-decía Konata al oído de Kagami-. Has estado portándote mal, ya ha llegado hora de que recibas el castigo correspondiente, ¿no crees? -dijo Konata mientras inmovilizaba las manos de Kagami.
Konata, con la mano que tenía libre, empezó a desabrochar uno a uno los botones de la camisa de Kagami dejando al descubierto el sujetador que llevaba. Konata, para aumentar el castigo, empezó a masajear lentamente el pecho izquierdo de Kagami, pasando luego al derecho, antes de seguir bajando pellizcó sus pezones haciendo que esa soltara un gemido ligeramente alto. La mano traviesa de Konata siguió bajando, cuando por fin llegó a la parte donde se encontraba la falda, Konata desabrochó el botón que la mantenía cerrada y antes de segur bajando empezó a hacerle cosquilas a Kagami en el vientre. Empezó a bajar otra vez lentamente hacie el inevitable final que le esperaba a la mano de Konata y cuando por fin estaba a unos pocos centímetros del destino del recorrido de la mano Konata le levantó de la cama y se dirigió a la puerta.
-¿K-Konata...? ¿D-Dónde vas...? -dijo Kagami en pleno éxtasis.
-A la sala, Tsukasa nos está esperando.
-P-Pero, ¿y el...
-¿Castigo? Pues es éste. No hay mejor castigo que dejarte encendida, ¿no crees? -dijo y salió de la habitación.
-¡E-Espera Konata! -exclamó Kagami mientras se trataba de levantar mientras se abrochaba de nuevo la camisa y la falda-. ¡Terminemos por favor! -exclamó Kagami en la puerta de la habitación. Konata se giró a donde estaba ella.
-No -dijo Konata sonriendo y le guiñó el ojo izquierdo.
-¡Malvada! -exclamó Kagami, la peliazul rió.
Konata bajó a la sala donde las esperaba Tsukasa. Kagami bajó después de haberse arreglado la ropa. Pasaron el resto de la tarde hablando y viendo la televisión, aunque restándole importancia a esto último. Aunque Kagami era la menos activa de la conversación, Tsukasa le preguntó si le pasaba algo y ella respondió diciendo que no le pasaba nada. El día pasó y las hermanas se fueron cuando la noche llegó, el día siguiente llegó y debían asistir a clases.
Konata se encontraba sentada en su asiento pensando en múltiples cosas, una de ellas era lo sucedido el día anterior, ella pensó que no habría sido mala idea terminar aquello, pero luego retiró aquella idea ya que eso se suponía que era un castigo, pero que si la oportunidad se presentaba tal vez no la desperdiciaría.
-''Aunque sigo creyendo que olvidé algo...'' -pensaba Konata sentada. Kuroi-sensei entró al salón de clases para dar inicio a la jornada.
-¡Muy bien clase! Vamos a empezar. Antes de empezar quiero que me entreguéis los deberes que os encargué para hoy -dijo Kuroi. Konata abrió bruscamente los ojos otra vez.
-Maldición... -murmuró para sí misma.
Aquella mañana para Konata no había empezado de la mejor forma...
