Capítulo 11.
Konata se encontraba en la sala de su casa acompañada por su padre, quienes veían un programa. Aquella tarde de domingo era particularmente calmada, muy calmada, era lo que se decía internamente la peliazul quien creía que en cualquier momento encontrarían algún artefacto mágico el cual tenía un poder inmenso y que una oscura organización estaba tras él y que se vería envuelta en una cruenta batalla por salvar a la humanidad, o que también cuando estuviera caminando por la calle a altas horas de la noche encontraría una persona ya fuera hombre o mujer que estaría gravemente herida y que por un impulso la rescataría para evitar que muera y que resultara ser una persona que se escapó de algún lejano lugar en el cual estaba sometido y que por fin había reunido valor para huir... Como se puede observar éstos son los intrincados pensamientos que cruzan la cabeza de la peliazul, cualquiera pensaría que vive en un mundo de fantasía.
Soltó un suspiro mientras anallizaba la situación en la que se encontraba actualmente.
-¿Sucede algo Konata? -preguntó su padre al oír aquel suspiro.
-Siento que...-decía Konata sin apartar la vista de la pantalla-. Últimamente he estado fuera de mi personaje por así decirlo, ¿me entiendes?
-¿Fuera de tu personaje? ¿Qué cosas dices? -preguntó su padre con evidente confusión.
-Sí, como si no fuera yo misma, me pregunto si estaré siendo paranoica...
-No tengo ni idea de lo que estás hablando Konata.
-Creo que ni yo lo entiendo papá-dijo Konata y a continuación se levantó-. Deben ser invenciones mías.
-¿Dónde vas?
-A jugar un rato -dijo la peliazul mientras se retiraba.
-''Fuera de tu personaje mi trasero'' -pensó el padre mientras observaba a su hija retirarse.
Konata fue a su habitación, donde encendió su ordenador para disponerse a jugar alguna partida para despejar la mente, o por lo menos, entretenerse matando a todos los rivales que le fuera posible, eso era algo que claramente calmaba a Konata, algo un poco raro pero era excusable ya que se trataba de un juego, aunque la pasión y determinación que ponía Konata en cada partida no tenía comparación alguna. Empezó a vagar en el juego en busca de alguna misión que hacer, tenía algunos mensajes de diferentes personas que la habían invitado a unírseles a su grupo para fortalecerlo ya que Konata se había ganado fama desde que venció a Mei aquella vez. Konata pudo ver el personaje de la ya mencionada chica mientrsa esta exploraba.
-''Hablando del diablo...''-pensó Konata con una sonrisa en su rostro-. ¡Hey Mei-chan! -tecleó la peliazul.
-Oh, Konata, ¡qué sopresa más agradable! -respondió la chica.
-¿Qué tal todo?
-Bien, acabo de conectarme para ver cómo va todo por aquí. ¿Y tu?
-Estoy en las mismas, tengo ganas de explorar las tierras lejanas, ¿te vienes? -preguntó Konata.
-¿Hace falta preguntar? -respondió. En ése momento el móvil de la peliazul vibró durante unos segundos dando la señal de que un mensaje acaba de llegar y que se había instalado en la bandeja de entrada, pero la peliazul no se dio cuenta de esto así que siguió con su partida.
Konata en compañía de Mei estuvieron explorando los territorios que nunca antes habían visitado, una acción temeraria por parte de las chicas ya que apenas salieron de los límites que conocían una banda de matones intentaron atacarlas pero aquellas personas no sabían a aquien se enfrentaban. Una gran batalla había empezado y Konata luchaba codo con codo junto con Mei quienes cada vez más se veía arrinconadas pero las horas que ambas jugadoras habían jugado no habían pasado en vano y gracias a su extensa expeciencia usaron sus cerebros y crearon una táctica que requería de magia para llevarla a cabo. usando un hechizo que hace que tus oponentes se queden aturdidos durante un momento y usando ese intervalo de tiempo Konata haciendo uso de sus grandes habilidades las derribó a casi todos, claro que este hechizo era sumamente raro y Mei había sido una de las pocas personas que la tenían,-cómo no-, haciendo que los sobrevivientes se retiraran ante la fuerza y habilidad de aquellos dos misteriosos pero fuertes jugadores.
Así siguieron durante un gran rato, tanto así que Konata no se separó del teclado en más de tres horas y media, ya cuando la noche se presentó Mei se tuvo que despedir en contra de su voluntad ya que mañana había clases, hecho que ambas se negaban a aceptar pero el paso del tiempo y los acontecimientos que vienen con él no pueden ser cambiados por alguna fuerza misteriosa con un poder sobrenatural. Ambas se despidieron y acordaron reunirse mañana durante el almuerzo para hablar acerca de la partida. Mei se despidió y Konata le respondió, cuando ya la otra jugadora se marchó la peliazul apagó el ordenador y cogió una guía de televisión para ver qué programas, o mejor dicho animes, estaban siendo emitidos a esas horas. Era claro que el sueño iba a ser algo secundario para aquella chica.
A Konata le dio el impulso de repente mientras disfrutaba de un anime de peleas y, cómo no, su toque ecchi de revisar su móvil, no era algo que hiciera mucho, de hecho, su teléfono podría ser considerado como una de las cosas que la peliazul presta menos atención en comparación con los adolescentes modernos que nunca despegan sus miradas de aquellas pantallitas que tenían alguna especie de efecto mágico sobre los jóvenes modernos, quién sabe qué banalidades y cosas sin sentido e importancia era compartidas a través de aquellos aparatos pero ella debía admitir que eran útiles a la hora de la verdad. No perdió más tiempo y agarró su teléfono cuya pantalla podía ser girada noventa grados hacia la izquierda, algo sumamente innovador si se tiene en cuenta los diseños aburridos de los teléfonos hoy en día, vio que el la pantalla del exterior decía ''1 mensaje no leído'', abrió el teléfono y se puso a buscar aquel mensaje. Llegó a la bandeja de entrada, algo que cabe agregar es que a petición de Mei Konata había puesto de fondo de pantalla una de las fotos que le habían hecho con aquel vestido gótico la vez que salió con la susodicha chica cambiando el que tenía de Haruhi Suzumiya. Llegó hasta donde estaba el mensaje y vio que procedía de Tsukasa, la pequeña e inocente hermana menos de la no pequeña e inocente Kagami, se dispuso a leer el mensaje:
-''¡Kona-chan! ¡No te lo vas a creer! Pero la última vez que tuvimos clase Onee-chan recibió una carta de amor!-dcía el mensaje, Konata se preguntó el por qué no se lo habían dicho-. Onee-chan me pidió que no te dijera nada pero ya no podía aguantarme las ganas de contártelo, la carta dice que se reunirá mañana con Onee-chan al finalizar las clases'' -hala, la pregunta había sido contestada instantáneamente, gracias Dios por responder a las plegarias en tan poco tiempo. A continuación un sentimiento totalmente desconocido atravesó el pecho de la peliazul, la pequeña ahoge no sabía aqué se debía aquela sensación, así que la mejor opción que optó fue el de ignorarla.
El mensaje continuaba:
-''Onee-chan dijo después de haber terminado la carta que su cuerpo y corazón pertenecían a Kona-chan, cuando me dijo eso me reí por tales palabras -decía el mensaje de la menor de las dos.
-¿Cuerpo...? -se repitió Konata, por alguna razón el sentimiento había disminuído un poco, pero era persistente el condenado. La peliazul decidió responder al mensaje: ''Me alegra saber que Kagami tiene tal devoción hacía mi, mañana sabremos por palabras de Kagami, (si es que decide decirnos, claro), sobre la identidad de esa persona'' -terminó de escribir con sus tiernos y pequeños dedos y le dio a enviar.
Momentos después de haber mandado el mensaje Konata recibiría respuesta por parte de la menor de las Hiragii mientras veía anime, vio la hora que marcaba las once de la noche, una hazaña admirable si de Tsukasa es de la que hablamos ya que la chica de pelo color lavanda se acostaba más temprano que un niño de primaria que tiene una excursión con su clase al día siguiente. Se dispuso a abrir el mensaje para leerlo:
-''No es seguro la verdad, en mi opinión esa carta parece más de citación que de amor, al parecer ese chico va a intentar seducirla en persona. Además de eso, cuando encontramos la carta Onee-chan le preguntó a algunas de sus amigas sobre el chico que había escrito la carta, aunque Onee-chan nunca la mencionó claro, dijo que había escuchado su nombre por ahí. Según aquellas chicas, Saito-kun es muy popular con las chicas y también es bueno en los deportes y estudios, ¡ah! Por cierto, su nombre es Ishida Saito'' -decía el mensaje.
-''¿Eh? ¿En serio es todo eso? No se encuentran muchas personas así hoy en día'' -respondió Konata al mensaje.
Tsukasa le siguió respondiendo un rato más a Konata hasta que por fin tuvo que despedirse ya que por fin era presa del sueño. Le prometió a Konata el seguir con la conversación, la pequeña ahoge aceptó gustosamente. Cuando Tsukasa se retiró Konata siguió viendo el anime que había estado viendo, estaba ya en la recta final de ese capítulo y Konata había podido ver una gran cantidad de ropa interior femenina lo cual la hacía sentirse a gusto. Cada vez que una de esas escenas eran pasadas ella soltaba un ''si...'' junto con una sonrisa. Estuvo viendo hasta las dos de la madrugada pasadas cuando empezó a sentir sueño, pensó que lo más apropiado era complacer al cuerpo dándole un descanso así que cambió la ropa y se dispuso a dormir para asistir mañana, o mejor dicho hoy, a clases.
Konata despertó curiosamente cansada, curiosamente no, obviamente cansada y comenzó a prepararse para poder asistir a la preparatoria en aquel lunes que presagiaba un día de lo más aburrido, curiosamente, las peores asignaturas estaban juntas ese día, una detás de otra y cada una peor que la anterior, la peliazul pensó que los directivos se burlaban de los alumnos al organizar de ese modo los horarios. Se estaba vistiendo, agarró de uno de los cajones que contenían su ropa interior y sacó unas bragas que tenían un gato estampado en la parte trasera de aquela prenda, Konata se quedó contemplando aquel trozo de tela que podía hacer a un hombre hacer lo que sea con el sol hecho de prometer enseñársela. Tal vez, pensó, que el hecho de levantarse la falda con cierta expresión creaba cierto morbo que era sumamente efectivos en los hombres, son muy fáciles de dominar, supongo.
Terminó de alistarse, tomó el desayuno y se dispuso a salir. Un mechón de pelo rebelde se negaba a tomar su lugar, Konata lo aplastó en un intento para que volviera a su forma original, mientras lo hacía se preguntó: ''¿Cómo es genéticamente posible tener este color de pelo?'', rió ante tal pregunta y se dispuso a salir diciendo en alto un ''¡ya me voy!'' avisando a su padre que se quedaba solo durante unas horas. Ese día, sumándose al sueño, no había podido preparar el almuerzo para cuando tocara el descanso, a pesar de eso Konata tenía dinero suficiente para comprar en la cafeteria así que no se preocupó por pequeñeses. Se marchó rumbo al instituto.
Cuando se reunió con sus amigas la chica de las coletas estaba particularmente ida, durante las conversaciones casi no hablaba y cuando alguien le preguntaba algo respondía con un monótono ''sí'', Konata desconocía la razón por la cual ella estaba así, pero de repente recordó tan súbitamente como cuando estás en medio de la nieve y una bola hecha de ese mismo elemento de golpea sin que te lo esperes de que la chica de las coletas había recibido una carta de amor, o por palabras de Tsukasa, ''una carta de citación'' y que la persona autora de dicha carta bajo el nombre de Ishida Saito se encontaría con ella después de clases, cuando Konata recordó eso pudo entender, o eso ella creía, la situación de Kagami y pensó que era totalmente justificable que estuviera en ese estado. Llegaron a las puertas de la preparatoria donde se encontraron a otras amigas quienes estaban a punto de entrar, ese grupo estaba formado por Misao, Ayano y Mei a quien se acababan de encontrar. El grupo de Konata se incorporó al de Mei e hicieron crecer a aquel grupillo de amigas que conversaban sobre cualquier cosa, pero Kagami seguía distante obviamente.
-Ahí estás... -dijo un joven desde la distancia mientras observaba el grupo de amigas que entraba a la preparatoria para iniciar sus clases programadas.
Las clases pasaron de la manera más lenta posible, Konata cayó presa del sueño más de una vez entre el intervalo de la primera clase hasta el descanso, en las cuales Kuroi-sensei le propinaba un golpe suave pero certero que la hacía sobresaltarse por haberse quedado dormida durante unos momentos. La hora del descanso llegó y por fin los estudiantes iban a hacer capaces de tomar un merecido descanso de aquella masacre de la cual muchos compañeros cayeron. Tanto Miyuki como Tsukasa se dispusieron a sacar sus almuerzos, en el momento en el que lo hicieron Kagami y Mei entaron a la clase de ellas, la primera de las chicas tenía la cabeza en dirección al suelo, estaba pensando en algo, de eso no cabía duda. Konata se disponía a levantarse y dirigirse a la cafetería para poder comprar algo para comer, a pesar de haber desayunado su estómago reclamaba que fuera llenado, la peliazul no tenía la intención de ir en contra de esos deseos, justo cuando parece que Kagami está a punto de hablarle una mano desconocida se posa en su hombro.
-Por fin te encuentro -dijo una melodiosa voz de joven mientras tenía su mano en el hombre de Kagami que hizo que esta diera un pequeño salto.
-¿Eh...? -murmuró Kagami mientras se giraba. En el fondo se escuchaba a las chicas de la clase murmurar preguntas como: ''¡Es él! ¿Es el verdad?''-. Tu eres...
-Así es-dijo el apuesto joven de cabellera oscura y ojos de colo rojo que mostraban una gran confianza en sí mismo-. Soy Ishida Saito.
-¿Quién? -preguntó Konata confundida, pero repentinamente recordó aquel nombre.
-¡¿Cómo te atreves a no saber quién soy pequeña?! -exclamó furioso Saito a pocos centímetros de Konata.
-¡Vale, vale cálmate! -respondió Konata asustada ante la repentina acción del joven, se notaba que tenía poca paciencia.
-Como sea-dijo-. He venido a hablar contigo, preciosa -dijo señalando a Kagami y le guiñó el ojo izquierdo, esto hizo que diferentes exclamaciones y gritos ahogados se dejaran escuchar en toda la clase.
-Hablas muy raro -dijo Konata desde detrás de ellos.
-¡Me estás irritando niña! -volvió a exclamar exhasperado cerca de Konata.
-¡Cálmate hombre! -volvió a responder Konata asustada.
-Da igual, no voy a perder mi tiempo con una niña-dijo y le puso su mano en su cabeza como harías con un niño pequeño-. ¿Qué te parece si damos un paseo Kagami? -dijo mirando de nuevo a la chica de las coletas.
-La verdad es que yo... -decía Kagami.
-¡Quítame la mano de encima!-dijo Konata apartando la mano de Saito-. Además, no soy una niña, es solo que... la ternura no me deja crecer -dijo sonrojada y mirando en otra dirección al tener que decir eso.
-''Es guapa'' -pensó el joven quien había vuelto a colocar su mano en su cabeza.
-Además-dijo Konata-. No tengo que soportar esas palabras de un petulante como tú -dijo.
-¿Cómo dices, niña? -dijo enfadado y aplicando presión en la cabeza de Konata. Todos observaban la escena, incluidas las amigas de Konata y los amigos que habían venido con Saito.
-¡Duele, duele! ¡Espera, espera!-exclamó Konata-. ¡N-No tengo tiempo para esto! ¡La cafetería va a cerrar!
-¿Cómo puedes preferir la comida antes que hablar conmigo niña?
-Hoy venden unas caracolas de chocolate especiales y las caracolas vienen rellenas de chocolate y amor-dijo abrazándose a sí misma con un leve rubor-. Y tu no tienes chocolate ni amor precisamente ¡Y no soy una niña! Pero eso da igual ahora, debo irme -dijo la peliazul mientras se retiraba.
-¡Espera! No hemos acabado aún niña -dijo mientras sujetaba el brazo de Konata.
-Estos extras son un desmadre -dijo Konata riendo.
-¡No soy un extra! -exclamó enfadado a poca distancia de Konata.
-¡Ah! ¡Invades mi espacio personal! -exclamó Konata aterrada-. Fue un places y todo, pero debo irme -dijo mientras se soltaba del agarre y salía de la clase-. Nos vemos después Príncipe-san.
-¡Ah Konata, voy contigo! -dijo Mei detrás de ella, también se levantó Tsukasa.
-Y yo, espérame -dijo Miyuki. Kagami también se dispuso a marcharse.
-¡Kagami! Espera, aún no hemos hablado...
-Lo siento Saito-san, dejémoslo para después -dijo y se retiró detrás de Konata.
Konata al darse cuenta de que todas la seguían se regresó hasta donde estaba Saito y le dijo con la mano en el hombro:
-Ya, ya Príncipe-san, seguro que podréis hablar más tarde. ¡Ya sé! Te traeré una caracola, ya verás que rica está -dijo y se marchó corriendo mientras las demás chicas la esperaban.
-Maldita niña... -murmuró Saito enfadado y se retiró de aquella clase seguido de sus amigos.
Las cosas no habían hecho más que empezar...
