Capítulo 12.
Las cuatro inseparables amigas se encontraban de regreso después de un agotador día de clases. Después del incidente de Ishida Saito este no se volvió a presentar en todo el día, lo cual desconcertó a Kagami, ya que éste la había citado después de clases pero ni ella ni el ya mencionado chico asistieron, aunque Kagami no podía confirmarlo ya que ella decidió no ir ella tenía la sensación de que aquel apuesto chico no se presentaría, seguramente la razón sería de que la peliazul había fastidiado sus planes o había hecho que su confianza se fuera. A pesar de que no habían tocado el tema de Saito durante el resto del día se opdía ver en el ambiente que en cualquier momento una conversación con él como tema principal estallaría en cualquier momento. Sólo era cuestión de tiempo...
-De verdad que Príncipe-san era un chico muy divertido, ¿verdad? -comentó inocente la peliazul mientras caminaba.
-¡Jum! Pues yo pienso que era un maleducado-dijo Kagami. A continuación tomó ambas manos de Konata-. Pero no te preocupes Konata, no habrá nadie más a parte de ti, así que no te preocupes.
-G-Gracias supongo... -dijo Konata retrocediendo ante la cercanía del rostro de Kagami.
-Yo pienso que harías una bonita pareja con él Kagami-dijo Miyuki, quien posó sus manos sobre los hombros de Konata desde atrás-. Siempre puedes empezar a salir con él y dejarnos a Konata y a mí -dijo mientas le lanzaba una sonrisa a la chica de las coletas.
-¿Ah?-respondió Kagami-. ¿Quién te ha dado el derecho de estar con Konata? Si alguien se quedará con ella seré yo, ¿entendido? -dijo acercándose cada ver más.
-¡Ja!-respondió sarcásticamente la chica de las gafas-. Ya me gustaría ver qué puedes hacer, tranquila, nadie te juzgará si empiezas a salir con Ishida-San -dijo Miyuki también acercándose cada vez más. Ambas no se dieron cuenta que cada vez más iban encerrando a Konata entre sus pechos.
-''Hmm... tetas...''-pensó Konata entre el pecho de ambas chicas-. ''¡No! Contólate Izumi Konata. Debes dejar de pensar en esas cosas y hacer algo para parar la situación que se está desarrollando.''-se reprendió a sí misma-. ''Pero...''-pensó-. ''Esto no está nada mal...''-pensó Konata y comenzó a analizar su situación actual, se encontraba entre los bien proporcionados y suaves pechos de Miyuki y los no tanto pero también con el punto exacto de suavidad de Kagami-. ''¡Esto es el paraíso!' '-pensó sonrojada y con una sonrisa tonta. Sin darse cuenta levantó sus dos manos en ambas direcciones y palpó los pechos de cada una de ellas.
-¿K-Konata...? -preguntó Miyuki sonrojada ante la repentina acción de la peliazul. Kagami también miraba con un leve sonrojo.
-''¡MIerda! ¡Mierda! ¡Mierda!'' -pensó Konata al darse cuenta que actuó sin darse cuenta-. V-Veréis... yo sólo estaba...-pensaba nerviosa mientras buscaba una excusa que justificara la repentina inspección de pechos-. T-Tratando de separarlas, ¡sí! ¡Eso!
-Y-Ya veo... -respondió Kagami.
-No me gusta que os peliéis chicas -dijo Konata intentando parecer seria.
-Lo sentimos... -respondieron ambas chicas.
-Vale, vale-decía Tsukasa participando por fin en la conversación-. Dejémoslo así y mejor subamos al tren -todas asintieron.
Justo cuando las puertas del metro se abrían dando paso a una marejada de gente que se disponía a bajar y otra marejada no tan grande pero aún de gran tamaño que se disponía a entrar las chicas emprendieron su viaje de regreso a casa pero cuando la peliazul iba a dar el paso que conectaba el interior del tren con el andén de la estación esta se paró en seco mirando en otra dirección.
-''¿Ese es...?''
-¿Sucede algo Kona-chan? -preguntó Tsukasa al ver que su amiga se había parado.
-No-dijo Konata mientras reanudaba el paso-. No es nada, tranquila.
El trayecto que el tren recorría diariamente para llevar a las personas a su destino fue sin mayor percance, las chicas iban hablando de cualquier tema. Tsukasa mencionó el incidente de antes en el cual Konata se había visto acorralada por las cuatro buenas razones para gustarle a una mujer, Kagami se excusó diciendo que se había dejado llevar por el momento y dijo que Miyuki probablemente le pasó lo mismo. Konata iba indiferente a aquella conversación, la silueta que había visto antes de subirse al tres la había dejado pensativa: ¿era realmente la persona que ella creía que era? ¿O es que a causa de las sombras y el atardecer había imaginado que siquiera allí había alguien? Sea como fuese eso ahora carecía de importancia, si de verdad era esa persona seguramente la volvería a ver por allí. Si es que había suerte, claro.
Cada una de las chicas se separaron a la hora de ir a sus respectivos hogares. Kagami y Tsukasa fueron en la dirección que ellas debían ir para llegar a su casa y Konata hizo lo mismo. A pesar de que la peliazul había dejado el tema por sanjado la imagen de aquella persona misteriosa había vuelto con el mismo impacto que una bala a su cabeza, mientras iba caminando a través de las calles que ya estaban bañadas por la luz la luna Konata iba planteando diferentes teorías sobre la posible identidad de la persona que vio antes de subir al tren. Sin darse cuenta estaba ya en frente de la puerta de su casa, se podía escuchar el leve murmurllo de la televisión, también se podía escuchar la voz de la pequeña e inocente Yutaka, aunque últimamente no tan inocente gracias a su gran amiga Minami, bueno, decir amiga es como tratar de hacer pasar por uva a una sandía pero a Konata eso le daba igual, muchas veces, y esto es un secreto que nadie más a parte de ella conoce, es que a veces cuando el padre de ella salía se podían escuchar gemidos provenientes de la habitación de Yutaka. La cosa era que si la pequeña sabía si su prima sabía acerca de esos sonidos. Aunque Konata nunca le había reprochado nada ni quejado, así que por el momento no era posible saber eso.
La peliazul entró diciendo el típico ''estoy en casa'' que en los hogares japoneses se suele decir, cosa que por lo menos, en el país en el que vivo no se dice eso a menos que seas tonto ya que al parecer las puertas de aquí están hechas con algún tipo de material que hace que al abrirlas hagan más ruido que un Boeing 747 al despegar. Su padre y su prima le respondieron el saludo y ella dijo que iría a su habitación, su padre le hizo saber que la cena aún le faltaría un poco más para estar lista, la peliazul asintió y dijo que estaría en su habitación hasta que la cena estuviese lista. La peliazul caminó casi arrastando los pies hasta su habitación, abrió la puerta de golpe y tiró su mochila la cual cayó en algún rincón de la habitación. Comenzó a quitarse el uniforme empezando por la parte de arriba, cuando la parte de arriba fue retirada se quedó mirando su reflejo en el espejo mientras se ponía la mano en el pecho, las imágenes de lo que pasó en la estación volvieron: la suave sensación de estar rodeada por nubes, unas grandes y otras un poco más pequeñas pero que eran igual de cómodas, el suave pero embriagador aroma dulce de ambas chicas que se mezclaron en una gran fragancia que si se hiciera perfume arrasaría en el mercado. Konata dejó de delirar y terminó de quitarse el uniforme y se puso la ropa que usualmente usaba en casa.
Estaba en su habitación sin nada que hacer, podía ir a la sala y estar con su padre y Yutaka hasta que la cena estuviera pero en ese momento no tenía ni las ganas ni las energías de aguantar las ocurrencias de su padre. Tampoco quería ver cómo Yutaka deliraba mientras intercambiaba mensajes de texto con Minami, en resumen, abajo no había nada bueno que ir a ver. Sin darse cuenta se sentó en frente de su gran ordenador que había sido testigo de numerosas búsquedas a través de internet, unas más apropiadas para decirse de día y a los niños, y otras no tan apropiadas para los niños, pero como los fans de este fic tienen de pureza lo que yo de devoción por Cristo las cosas que ella ha buscado ahí se pueden decir. De nuevo, la sensación de los pechos de Kagami y Miyuki volvió a Konata que hizo que sintiera un hormigueo en aquel lugar que todos sabemos y que yo no necesito mencionar. Mientras Konata navegaba a través de internet vio el anuncio de una exposición de esculturas que tenía por lema ''You can touch!'' , Konata se miró el entrepierna y soltó una risita.
A medida que el tiempo pasaba el hormigueo se hacía más intenso, Konata había tenido la brillante idea de no sóo recordar lo de la estación sino todos los encuentros excitantes, por así decirlo, que había tenido con Kagami y Miyuki, su respiración se iba haciendo más pesada y un leve sonrojo apareció en sus mejillas, ya no estaba navegando en páginas recomendadas para niños, estaba en una página para adultos donde se podían apreciar imágenes de mujeres en poses provocativas con unos cuerpos y ropas aún más provocativos, la mano de Konata había empezado a bajar sin ella misma darse cuenta hasta el punto que había desabrochado los pantalones cortos que llevaba puestos, ya sabemos a dónde va a parar esto. Cuando llevaba un rato haciéndolo, había parado un par de veces para revisar su entrepierna y darse cuenta que un fino hilo de líquido trasparente conectaba sus dedos con su entrepierna, ahora su respiración era mucho más pesada y un sonrojo más que notable había aparecido, estaba ya en su límite, lo que había comenzado como un pensamiento inocente había acabado en aquello, seguramente al acabar Konata soltaría un gemido en tono alto así que tenía la parte superior de su uniforme en su boca, sólo por si acaso, la peliazul estaba a punto de acabar aquel momento de autosatisfacción, tanto su respiración como su mano habían aumentado la velocidad y estaba a punto de terminar la voz de la pequeña Yutaka inrrumpió en aquella habitación.
-Onee-chan, ya está lista la... -decía Yutaka mientras entraba a la habitación de Konata.
-¡¿EH?!-reaccionó casi instintivamente Konata sacando la mano de donde la tenía, y sin saber el porqué colocar el lado del monitor hacia abajo-. ¿Q-Qué sucede Yutaka? -respondió nerviosa.
-¿Qué haces Onee-chan? -preguntó confundida Yutaka.
-N-Nada, solo estaba...-dijo-. Cerrando la pantalla del ordenador portatil.
-Pero si ese no es un portatil Onee-chan -respondió aún más confundida. Konata miró la pantalla, había dado una excusa más que estúpida, debía actuar rápido.
-¿Qué quieres Yutaka? -preguntó simulando irritación, como cuando alguien quiere que lleguen al grando enseguida.
-¡Oh! Es cierto, la cena ya está lista, vamos -dijo Yutaka mientras salía de la habitación.
-Está bien, ya vo... -se dio cuenta que tenía los pantalones desabrochados, por suerte, no estaban manchados.
-¿Sucede algo Onee-chan? -preguntó Yutaka al ver que Konata no se levantaba del asiento.
-A-Adelántate, ahora te alcanzo -dijo nerviosa.
-Está bien, te espero abajo -dijo y se retiró.
Konata se quedó sentada en aquel asiento mientras miraba directamente al techo, aún tenía los pantalones desabrochados. Se miró el entrepierna y se puso ambas manos en la cara, soltó un largo suspiro. ''Para otra será'' se dijo y se acomodó los pantalones y salió de la habitación, no sin antes acomodar el ordenador y cerrar todo lo que estaba abierto.
Despertó como si fuera un día normal, vio la hora y se dio cuenta que debía apresurarse para ir a clases. Se levantó, cansada por lo temprano que debía de despertar. La noche anterior había tenido un poco de diversión, el haber sido tocada el día anterior por Konata la había estimulado demasiado y no esperaba la hora para regresar a casa. Se preparó, cuando estuvo lista pasó a ver cómo le iba a su hermana menor, esta acaba de terminar los almuerzos que llevarían hoy a clases, le dio los buenos días a su hermana Tsukasa y a su madre quien también estaba allí en ese momento. Recogieron todo lo que debían de recoger para irse a clases, fueron hasta la puerta principal, se acomodaron los zapatos y se despidieron con un ''ya me voy'', su madre les respondió con un ''tened cuidado''. Se habían marchado a encontrarse con Konata e ir a clases.
Iban las dos hermanas Hiragii hablando de temas vanales hasta encontrarse con la peliazul quien las había estado esperando. Se dieron los respectivos buenos días y se dispusieron a ir a la estación. Hablaron hasta que el tren llegó a la estación donde se encontrarían con Miyuki. En todo el recorrido no le aparté los ojos de encima, aunque lo hacía de manera que ella no se diera cuenta, es increíble ver cómo una chica que tiene el aspecto de una niña pequeña puede hacer que pierda la cabeza. Miyuki representaba un gran peligro ya que ellas estaban en la misma clase y podían pasar más tiempo juntas, eso era peligroso. Encima se suma el problema del tonto de Saito quien resulta atraído hacía mí, no podía ser Konata sino él. Esto también era peligroso ya que ella podía llegar a pensar que no me interesan las mujeres y dejar de mirarme, no quiero eso. Noté que al bajarnos Konata se quedó mirando al horizonte, como si estuviera buscando algo o alguien... Me apresuré a preguntarle con tono despreocupado y ella me dijo un simple ''No es nada'', y me dedicó una sonrisa que hizo que un leve rubor apareciera un mis mejillas.
Nos reunimos con Miyuki quien inmediatamente empezó a tratar de acercarse a Konata, en increíble ver cómo no pierde el tiempo la chica, aunque ella sabía que yo no me quedaría atrás. Cuando estábamos saliendo de la estación y fijado nuestro rumbo hacia la preparatoria Konata dedicó un último vistazo a la dirección la cual estaba viendo antes, eso me había molestado, ¿qué rayos estaba viendo para que la tuviera así? Y lo más probable es que si le preguntara qué estaba mirando me respondería con que no es nada, no sé si lo hace para que no me preocupe o para que no me entrometa, espero que sea lo primero. Justo cuando estábamos a punto de entrar fuimos interceptadas por el tonto de Saito quien me dio los buenos días al más puro estilo de las novelas románticas e incluso tomó mi mano para darme un beso delicado, muchas chicas que presenciaron la acción soltaban gritos ahogados como si estuvieran viendo a alguna celebridad, otras soltaban ruidos que daban a entender que el cariño que Saito había adoptado hacía mi les causaba envidia y que yo no merecía tal trato. Todo eso me daba exactamente igual, ahí estaba Miyuki con su habitual sonrisa, seguro que se estaba divirtiendo a mares con aquella escena, ya se las verá conmigo. Vi en dirección a Konata quien me sonrió como con su sonrisa propia de una niña pequeña, le sonreí de regreso, aquella sonrisa podía alegrar incluso el peor de mis días. Konata empezó a hablar con Saito de la forma en que ella le llamaba, ''Príncipe-San'', ella le saludaba y él le respondía que no tenía tiempo para estar con una niña, Konata le respondió enfadada que ella no era una niña, él seguía ignorándola. Dirigió su vista hacía mi y empezó a hablarme de nuevo, traté de ignorarlo lo más que pude de manera educada y discreta. Le dije que debíamos ir a clases y él me dijo que estaría conmigo a la hora del almuerzo. La última vez, o sea ayer, me salvé porque Konata dijo que debía ir a la cafetería pero creo que hoy voy a tener que hacerle frente.
Las clases pasaron condenadamente lentas, lo único que quería hacer era y a la clase de Tsukasa y hablar con ella, y con Konata, claro está. Pero a veces el tiempo se pone a jugar con nosotros y nos hace parecer cinco minutos como si fuera una hora. Así estuve todo el tiempo anterior al almuerzo. Cuando la hora que tanto anciaba llegó me levanté lo más rápido que pude. Mei estaba hablando con Misao y Ayano, mejor para mí, así no interfería. Llegué a la clase de Konata con mi almuerzo en la mano, ellas ya habían formado el grupillo que siempre hacen ella, Tsukasa y Miyuki a la hora del almuerzo, ellas me vieron y me saludaron, cogí una silla y me senté al lado de Tsukasa. Esta vez Konata sí tenía almuerzo ya que Yutaka se lo había preparado, si por ella fuera comería caracolas de chocolate todos los días. Es gracioso ver cómo se hace un problema ella sola a la hora de comerlas ya que mientras muerde de un lado lame el chocolate por otro para evitar que se caiga.
Cuando nos acabamos la comida Konata se levantó alegando que debía ir al baño. Justo cuando estaba a punto de salir se encontró con Saito que estaba en mi búsqueda, Konata le saludó y este le dio un ligero golpe en la frente lo cual hizo a Konata hacer una pequeña mueca de dolor, no os mentiré, en ese momento me dieron ganas de estrellar su cabeza contra el suelo pero supe que era demasiado, Konata le molestó un poco más antes de marcharse, Saito se me acercó y tuve el enfrentamiento que sabía que iba a llegar, Miyuki y Tsukasa para no molestar se apartaron pero soltaban una mirada hacia mi de vez en cuando. La conversación con aquel sujeto fue más normal de lo que pensé y sin darme cuenta había hablado lo que quedaba de la hora del almuerzo con él y ni siquiera me di cuenta de que Konata ya había regresado. No puedo mentir, me llegó a caer bien y si yo no estuviera enamorada de Konata seguramente saldría con él pero no se lo dije, sólo le daba evasivas cada vez que veía que soltaba alguna pregunta con una segunda intención, no le dije de lo mío con Konata, nadie lo sabía excepto nosotras, no quería problemas o falsos rumores circulando por ahí, en eso estábamos de acuerdo Miyuki y yo.
La hora del almuerzo acabó y tanto como Saito como yo tuvimos que retirarnos, Konata se despidió de la típica manera hacia Saito que hizo que este soltara un suspiro, yo también me despedí de él con una sonrisa, era lo menos que podía hacer. Yo también me despedí de Konata, le guiñé un ojo y ella sorpresivamente me devolvió el mismo gesto, eso me sacó una sonrisa. Cuando las clases acabaron y nos reunimos Saito no me abordó sorpresivamente, seguro estaba ligando con alguna otra más, tenía pinta de ser esa clase de hombres aunque no tenga ninguna base para corroborarlo, era una mera corazonada. Cuando estábamos cerca de la estación para tomar el tren Konata volvió a mirar en aquella dirección en la cual había mirado esta mañana, pensé que iba a ser como hoy: una mirada rápida, una sonrisa y seguir el camino. Pero sorpresivamente no fue así, de repente se disculpó con nosotras y dijo que tenía cosas que hacer y se fue corriendo en aquella dirección, intenté detenerla pero para cuando la quise detener era muy tarde, se había ido...
