Capítulo 13.

Me levanté, un poco cansada de hecho, considerando que siempre me acuesto pronto. Miré a mi alrededor, tenía mi pijama puesto, había empezado a refrescar. Había un calendario en la pared, miré la fecha para ubicarme ya que en el intervalo de tiempo entre despertarse e irse a cambiar puedes estar acostada en medio del desierto o en medio de Marte y no darte cuenta (y a quién no). Estiré mis brazos y piernas antes de proceder a levantarme, sentí como algunas partes de mi cuerpo crujieron levemente a causa del estiramiento. Mi pelo estaba desordenado, muy desordenado, cualquiera que me viera ahora no reconocería a la imagen que siempre llevo, sí, mi imagen... Takara Miyuki, la chica perfecta a ojos de todos, la que siempre saca las mejores calificaciones y es muy responsable, nadie espera ningún acto muy arriesgado por mi parte, pero eso es otra historia.

Me levanté al fin, en contra de mi voluntad cabe decir. Me miré al espejo que había en mi habitación: un mechón de pelo por aquí, otro por allá... Busqué mis gafas, no las encontraban, ¿dónde rayos estarán ahora? Al fin de treinta segundos de búsqueda las vi en el escritorio, estuvieron frente a mi todo este tiempo, la brillante Miyuki ataca de nuevo. Bueno, no debe ser para tanto. Me dirigí al baño, que pasillo tan extenso por dios, da incluso miedo. Me recuerda a una película que vi hace un tiempo, trataré de no pensar en eso, es la desventaja de ser una burgués, como Konata me ha dicho a veces, Konata...

Listo, el baño. Al verme en el espejo del cuarto de baño me vi más de cerca, daba risa de verdad, parece como si hubiera estado en alguna especie de fiesta, de hecho, solté una risita débil. Me arreglé, quedé como nueva, nada que ver con la Miyuki de hace un momento. Sólo me faltaba ponerme la parte superior del uniforme para poder bajar y saludar a mi madre. De repente un pensamiento cruzó por mi cabeza de manera espontánea:

-''Tal vez no debería ponerme sujetador hoy'' -pensó Miyuki-. ''Ya que una situación como la de ayer podría repetirse...'' - se debatía mentalmente. Si no se lo ponía y se repetía la situación como aquella podría sentir la mano de la peliazul al máximo. Pero también podría no repetirse-. ''Ya sé''-respondió. Buscó algo en el cajón donde estaban sus sujetadores-. ''Me pondré este, que es el más deslgado que tendo'' -se lo puso con una sonrisa en el rostro.

Terminé. Ahora a desayunar, me preguntó qué habrá hecho mi madre, espero que no haya experimentado con recetas nuevas com ohace poco, no quiero pasar por eso otra vez. Un escalofrío recorrrió la espalda de Miyuki. Seguro estoy exagerando, tampoco fue tan malo, además, ¿quién soy yo para decirle qué preparar? Debería dejar de quejarme. Miyuki recorrió el largo pasillo que finalizaba en el borde de la escalera que a su vez conectaba con la sala. Bajó a paso acelerado, se había retrasado un poco mientras se cambiaba. Bajó las escaleras, ahí estaba su madre preparando el almuerzo, le dio los buenos díasy de paso miró qué preparaba, unos simples huevos fritos y pan tostado, gracias a dios fue el pensamiento de Miyuki al confirmar el desayuno. Ambas se sentaron a desayunar.

-¿Qué estás Miyuki? -preguntó su madre con su típica sonrisa calmada.

-Pues...-dijo Miyuki mientras daba un sorbo al zumo de naranja que acompañaba a su desayuno-. El festival de la preparatoria se acerca, pero aún nadie ha presentado alguna idea.

-Qué bien...-respondió su madre-. Aún recuerdo mis días de preparatoria. Los festivales eran muy entretenidos.

-Debió haber sido hace mucho -dijo Miyuki riendo.

-¿Me estás llamando vieja? -dijo su madre haciendo un puchero de lo más infantil, esto provocó una débil risa en Miyuki, y luego en su propia madre, era bueno tener esas conversaciones de vez en cuando, en donde no se decía nada relevante, simplemente se pasaba el tiempo-. Tal vez me pase a dar una vuelta el día del festival -dijo su madre después de reír.

-Estaría bien. Te enseñaría el lugar si no me toca hacer nada -dijo Miyuki. Terminó de desayunar y se dispuso a marcharse.

-Lo esperaré con ansias-dijo sonriendo-. Que te vaya bien -dijo, Miyuki le respondió y se marchó.

Miyuki caminaba a través de las calles de su vecindario mientras se dirigía al punto donde ella y sus amigas se reunían normalmente. Vio un gato de color negro acostado a un lado de la calle, le dedicó unos minutos a jugar con él pero se dio cuenta de que el tiempo pasaba y se le hacía tarde. Se alarmó y apuró su paso. Llegó hasta donde debía reunirse con sus amigas, las vio, estaban hablando, o más bien Konata explicaba algo a las dos hermanas que parecían no entender muy bien del todo. Konata vio a Miyuki y le levantó su pequeño brazo para que pudiera ubicarlas aunque Miyuki ya lo había hecho pero no le prestó atención. Durante un momento Konata se quedó mirando en una dirección alejada, cosa que confundió a Miyuki, ''¿qué estará mirando?'' . Se preguntó al ver el comportamiento de la peliazul, de hecho, ayer había hecho lo mismo. ¿Habrá algo en aquella dirección que llama su atención? Si es así, ¿de qué se trata? Esas preguntas surcaron la mente de la chica de las gafas. No pudo pensarlo demasiado ya que el tiempo se les acababa.

Llegaron a las puertas de la preparatoria. Miyuki se había colocado al lado de Konata, lucía un poco cansada, seguro que se había quedado hasta tarde jugando, esto provocó una risa tímida en Miyuki. En las puertas estaba Ishida-san, quien siempre molestaba a Konata, ''¡Cómo me molesta!'' pensó Miyuki, pero también era un buen aliado, si el conseguía conquistarla Konata sería toda suya, ''Supongo que no es malo del todo...'' . Aunque Kagami defendía su devoción hacia Konata, insluso había llegado a entregarle su cuerpo, solo en palabras, creo... Así que yo tampoco me quedaría atrás, durante las clases pensaría en algo con lo que acercarse más a Konata y hacerle notar que ella también estaba allí, pero, ¿cómo...?

Las clases pasaban con una lentitud que harían desesperarse al más devotos de los fieles a Buda. Los maestros hablaban y hablaban, de no ser por mi estricto horario para dormir ahora mismo estaría igual que... Konata. La pelirosa se giró para ver hacia la ahoge y efectivamente, estaba durmiendo en su asiento. Miyuki soltó una pequeña risa, ya que aparte de Konata durmiendo un fino hilo de saliva se escapaba de su boca y caía sobre una de las páginas de su cuaderno, era reconfortante ver cómo aquella niña podía relajarse así en cualquier lugar. Miyuki siguió durmiendo hasta que Kuroi-sensei llegó hasta la peliazul y le dio con un cuarderno enrrollado en la cabeza, no muy fuerte pero si lo suficiente como para desertarla, la peliazul dio un respingo al sentir el contacto del cuaderno con su cabeza, el fino hilo de saliva que salía de su boca se estiró hasta que se desconectó de su boca ya que había alcanzado el máximo de elasticidad, muchos compañeros rieron al presenciar tal escena, entre esas personas estaban Miyuki y Tsukasa.

-Muy bien Izumi-decía Kuroi-. Como veo que te sabes esta lección hasta el punto de quedarte dormida supongo que podrás responder algunas preguntas, ¿no?

-E-Esto... -respondió Konata nerviosa.

-Aquí vamos, dime, ¿cuándo fue la primera guerra Sino-Japonesa? -preguntó Kuroi con una sonrisa.

-Esto... esto... -Konata empezaba a ponerse más nerviosa, todos los ojos de la clase estaban puestos en ella.

-¡Tsk! ¡Konata!-susurró Miyuki con la intención de llamarla. Lo consiguió, Konata se giró para verla-. Fue en mil ochocientos noventa y cuatro -susurró.

-Esto... ¿Mil ochocientos noventa y cuatro...? -preguntó dudando. Kuroi la miraba fijamente, sus nervios crecían.

-No vuelvas a quedarte dormida-se giró-. Bien clase, continuemos donde lo dejamos -dijo. Konata soltó un suspiro de alivio. Miyuki sonreía.

-¡Tsk! Miyuki, gracias -dijo Konata a Miyuki y le guiñó un ojo. Un leve sonrojo apareció en sus mejillas.

Mientras las clases seguían transcurriendo Miyuki prestaba atención al frente para copiar todo lo necesario que ella creyera que lo fuera. Mientras escribía algo cayó en su escritorio, esto la extrañó, miró hacia su mesa para ver qué era y vio que era un papel que había sido doblado en varios pliegues con la intensión de aumentar su peso. Una nota. Giró su cabeza en varias direcciones para ver quién había sido, se dio cuenta de que había sido Konata, quien le agitaba una mano y le sonreía cálidamente. Abrió la nota para ver qué contenía.

''Miyuki, ¡muchas gracias! Realmente me salvaste ahí antes. No sé cómo podría agradecerte. Si alguna vez puedo devolverte el favor sólo dímelo.'' Concluía la nota con algo que era una carita feliz.

-''¡Bien! ¡Es ahora cuando entras en acción Miyuki!'' -pensó decidida-. ''Ahora sólo debes pedirle algo... ''-pensó, miró de nuevo la nota. Si alguna vez puedo devolverte el favor sólo dímelo . Devolverte el favor. ''¡Ya sé!'' -Tomó la nota y escribió decidida. Se la pasó a la peliazul para que la leyera.

Konata tomó la nota, la abrió y empezó a leer la respuesta de Miyuki. Observó su contenido y luego de haberla leído soltó una pequeña risa, la pelirosa observaba fijamente en espera de una respuesta de la pequeña otaku, esta empezó a escribir y luego de haber escrito la respuesta le pasó la nota a Miyuki quien la recibió algo nerviosa pero despuésde haber abierto el pqueño trozo de papel y leer la respuesta sonrió placenteramente a causa de la respuesta:

''Pues una cita será.'' Era todo lo que decía la respuesta de la peliazul.

El resto de las clases no puedieron pasar más rápido para Miyuki, quien después de haber intercambiado notas con Koanata se sentía en las nubes, nada podía arruinarle el día, ni siquiera cuando Kagami se acercaba a Konata para hablarle, no le molestaba en lo más mínimo, en parte se debía a que Ishida-san se acercaba a Kagami para intentar seducirla, era como si el mundo estuviera de parte de Miyuki, lo cual agradecía profundamente. Ella y Tsukasa hablaban tranquilamente de lo difícil que eran los estudios, aunque para Miyuki no tanto, mientras Kagami seguía intentando quitarse de encima a Ishida-san, quien no se daba por vencido, era perseverante y eso era admirable. Konata ojeaba un manga que había comprado hace poco pero que no había tenido tiempo, tenía en la boca uno de esos dulces de chocolate que tanto le gustaban, a su lado estaba Mei, Miyuki siempre tenía un ojo encima de aquella chica.

-''Uno nunca sabe cuando aparecerá un nuev enemigo'' -pensó Miyuki. Luego vio hacia donde estaba Kagami siendo molestada por Ishida, rió. El almuerzo transcurrió de manera normal.

El descanso acabó y el resto de las horas pasaron. Los maestros iban y venían pero a Miyuki eso le daba igual, lo único que pasaba por su cabeza era la cita que había acordado con Konata y ya había empezado a preparar todo y a elegir los sitios a los que irían ese día. Había escuchado hablar a algunos alumnos acerca del festival que se acercaba y de qué harían e incluso Miyuki escuchó que mencionaron el nombre de Konata, ''debo de haberlo imaginado'', pensó y no les prestó más atención. Las clases acabaron y todas se reunieron para poder irse a sus casas. Caminaron hasta la estación a la cual debían irse y Miyuki observó que Konata se había quedado mirando en aquella dirección otra vez, como esta mañana y como ayer, ¿qué demonios había allí? Iba a preguntarle directamente y aclarar mis dudas y ver qué respondía pero de repente nos dijo ''lo siento'' y ''tengo unas cosas que hacer'' y se fue corriendo en aquella dirección. Dejándonos sin saber siquiera la razón de aquello...