Capítulo 16.
¿Alguna vez os habéis sentido en la boca del lobo? ¿Como si cualquier esfuerzo que fueráis a realizar sería completamente inútil? ¿Que no sabéis qué hacer y que vuestro cuerpo no os responde como quisiérais? Bueno, pues si alguna vez os habéis sentido así seréis capaces de comprender cómo se sentía Konata al ser vista por una clase, y no por cualquier clase, sino que fue la clase de la pequeña Yutaka. Konata devió la mirada y la posó en su compañera de trabajo Patty, quien analizaba la figura de Konata lentamente mientras asentía con una sonrisa de satisfacción en su rostro. La peliazul dejó de mirarla ya que algo más captó su atención y esto otro fue Hiyori, quien al parecer estaba en un momento de inspiración y estaba dibujando como si no hubiera un mañana en su cuaderno de apuntes personal. Konata sentía que iba a desfallecer en cualquier momento, sus piernas temblaban levemente y su rostro seguía de un tono rojo intenso, gracias a esto no se dió cuenta de que la puerta del gimnasio le abrió lentamente y que una alumna de tercero asomó su cabeza tímidamente, vio a Konata y una sonrisa se dibujó en su rostro.
-¡Hey, chicos!-gritó hacia afuera-. ¡Aquí está!
Konata se giró rápidamente al escuchar ese grito de aquella chica. Súbitamente, varios alumnos de la clase de Konata se hicieron presentes en el gimnasio, a aquel grupo lo lideraba la chica con la que Konata había hablado antes, cuando todo empezó. Se acercó a paso ligero y seguro de sí misma hasta la pequeña ahoge.
-Así que aquí estabas Konata-dijo, se dio cuenta de que la peliazul estaba a punto de empezar a correr así que la agarró firmemente por el hombro-. No creas que te volverás a escapar.
Konata tenía una mirada de vergüenza y rabia en su rostro, apretaba sus dientes todo lo que podía ante la impotencia de la que era presa, finalmente relajó sus hombros y dejó escapar un prolongado suspiro de resignación.
-Está bien, está bien-dijo Konata-. No volveré a escapar, lo prometo.
La líder de los alumnos le dió una mirada de aprobación y a continuación dijo:
-Así me gusta Konata, y quédate tranquila-dijo y se giró hacia los otros alumnos, quienes esperaban órdenes de su líder-. ¿Puede alguien traerme una manta? No queremos que la gente vea así a Konata.
Pasaron menos de cinco minutos cuando un alumno se hizo presente en el gimnasio, tenía claros síntomas de haber corrido a toda velocidad para poder traer la manta, éste se la pasó a la líder y ésta a Konata.
-Toma, cúbrete-dijo mientras le ofrecía la manta a Konata, esta la recibió de mala gana y se la puso alrededor del cuerpo-. Sabes, no debiste haberte ido así, muchos alumnos te vieron, ahora nuestra arma secreta no es tan secreta.
Konata le lanzó una mirada fulminante cargada de enfado, el sonrojo era aún presente en su pequeño rostro.
-¿Q-Qué querías que hiciera...? -fue lo único que le salió.
-Bueno-dijo la líder-. Eso ahora da igual, por lo pronto volvamos a la clase para terminar los preparativos.
-Está bien... -respondió resignada.
Los miembros de la clase de Konata y esta misma abandonaron el gimnasio mientras que la clase de Yutaka miraba sin saber cómo reaccionar, Hiyori acaba de terminar lo que fuera que estaba haciendo mientras tenía una vistoria triunfadora en un rostro.
-Esto va a ser un éxito... - murmuró emocionada.
Konata se encontraba caminando a través de los pasillos de la preparatoria, mientras que los miembros del equipo de búsqueda iban detrás de ella. A medida que avanzaban llamaman inevitablemente la atención de los alumnos que estaban trabajando alrededor. En un momento dado se toparon con otro alumno y este al ver a Konata dijo:
-Así que al final la habéis encontrado-dijo y miró a Konata-. Dime pequeña, ¿dónde está tu Onee-San para que asó podamos llevarte con ella? en ese momento Konata sintió que la invadía un sentimiento de vergüenza muy superior al que había sentido antes, y lo peor de todo es que aquel alumno no lo decía con malas intenciones, todo lo contrario, estaba realemente preocupado de que alguna niña pequeña se hubiera perdido en la preparatoria.
-T-Tranquilo-dijo la líder de aquel grupo con notable nerviosismo, no sabía qué sería capaz de hacer la peliazul si le decían algo mas de ese estilo-. Nosotros lo haremos.
Empezaron a caminar de nuevo hacia su clase cuando el mismo alumno exclamó desde lejos a Konata.
-¡Diviértete con tu Onee-San en el festival! -súbitamente Konata se lanzó contra aquel chico, suerte para él que los otros alumnos que estaban con ella la habían agarrado para evitar problemas.
Finalemente llegaron a la clase de Konata, allí la estaban esperando Miyuki y Tsukasa, quienes ya tenían sus uniformes puestos, sólo faltaba la peliazul. Miró alrededor y esperó a que los chicos de su clase salieran del salón para que ella se pudiera cambiar. En la clase solamente quedaron las chicas, entre ellas Miyuki, obviamente, y la peliazul comenzó a quitarse aquel vergonzoso y problemático uniforme de primaria.
Las cuatro amigas se encontraban de camino a la estación del tren, Konata venía particularmente callada ese día, y es normal teniendo en cuenta lo que le había pasado antes. Kagami había notado aquel extraño comportamiento en la peliazul, pero por mas que intentara averiguar algo le era imposible y lo que Kagami no sabía era que Konata le había advertido a Miyuki y a Tsukasa momentos antes que tenían terminantemente prohibido mencionarle algo de lo ocurrido anteriormente a Kagami, a pesar de que ella se terminaría enterando de todos modos.
El resto del día pasó como estaba previsto desde hacía millones de años y lo estaría para el resto de la existencia misma. El despertador sonó anunciando el comienzo de un nuevo día. Konata se despertó y se acordó del largo y tedioso día que le esperaba, seguramente Kagami y Miyuki reaccionarían cuando Konata se vistiera de aquella forma, aunque esperaba que Miyuki se controlara ya que ella la había visto el día anterior. Se levantó de la cama con toda la fuerza de voluntad que disponía en ese momento. Se dirigió al baño y tomó una ducha, le daba igual que llegara tarde o algo, de todas maneras casi prefería eso a tener que hacer el ridículo frente a todos. Salió de la ducha con su cuerpo renovado, se sentía ahora con mas energías, se puso su uniforme y cogió las cosas que iba a necesitar para ese día. Bajó las escaleras a toda velocidad y se encontró con Yutaka, quien le ofreció una mirada nerviosa con un ligero sonrojo, la peliazul suspiró mientras se retiraba de su casa.
-''Ahora seguramente piensa que soy una loca...''-pensó y a continuación anunció-. ¡Ya me voy!
-¡Onee-chan, espera!-dijo Yutaka y se acercó a toda velocidad a Konata-. Toma, llévate esto -dijo y le ofreció un almuerzo para la hora de descanso.
Konata agradeció internamente el gesto de Yutaka.
-Muchas gracias Yutaka-dijo con una sonrisa y agarró el almuerzo-. Bueno, ya me voy -dijo.
-Que te vaya bien -le respondió esta.
Konata recorrió el camino a la preparatoria a paso normal, se encontró con sus amigas como cualquier día normal, entró por las puertas de la preparatoria como un día normal, caminó a través de los pasillos como lo hacía normalmente, abrió la puerta como siempre lo había hecho, y cuando lo hizo recibió mas de una mirada maliciosa por mas de una de sus compañeras de clase, esto no era normal.
Los preparativos estaban acabados, y cada uno se había posicionado en el lugar correspondiente, casi al mismo tiempo en el que Konata había abierto la puerta de su clase una manada de chicas fue hasta donde estaban Miyuki, Tsukasa y Konata. La peliazul se dejó conducir de mala gana y al mismo tiempo echó una mirada rápida a la clase y se dio cuenta de que ya había mas de una chica con algún disfraz para aquel día y de que ellas tres eran las únicas que faltaban por cambiarse. Trajeron un espacio improvisado para que todo aquél que lo necesitara pudiera cambiarse con un mínimo de privacidad. Miyuki apareció minutos después vistiendo el unniforme de enfermera que el día anterior le habían asignado. Tsukasa apareció con un traje de chica mágica con su varita y todo, no le quedaba nada mal aunque la pobre estaba avergonzada, pero era comprensible ya que es Tsukasa de la que estábamos hablando.
Y para el gran finale...
Konata salió del espacio improvisado y al mismo tiempo recibió por parte de sus compañeras grandes vitores y aplausos. Konata vestía el típico uniforme de primaria que usaban los niños en Japón, incluso tenía la mochila que usaban y todo. Le habían hecho dos coletas para acentuar aún mas su aire infantil. Al verla de frente daban ganas de apretujarla en tus brazos, cosa que hizo la líder de aquél proyecto.
-Dime Konata-dijo la chica que la había abrazado momentos antes-. ¿Cómo te sientes?
-Mi venganza-dijo Konata mientras la miraba a los ojos con expresión seria-. Será tan terrible que quedará grabada en los libros de historia del futuro -la líder tragó saliva nerviosa ante la declaración de Konata.
-D-De acuerdo muchachos-dijo mientras se alejaba de la peliazul-. ¡Empezemos con esto! -exclamó, los demás compañeros gritaron emocionados.
Todos empezaron a ponerse en sus sitios mientras Konata seguía inmóvil mirando cómo todos los demás se preparaban para comenzar el festival. La líder de la clase se acercó rápidamente a Konata y le entregó una piruleta de gran tamaño con muchos colores.
-¿De verdad tengo que tener esto conmigo? -dijo Konata mientras observaba a la piruleta.
-¡Por supuesto que debes!-exclamó excitada-. ¡Eso te dará mas puntos en tu papel!
-Tú serás la primera en caer... -murmuró Konata, la chica no la escuchó. Después de aquello se retiró por donde había venido.
Tsukasa se acercó sigilosamente a Konata después de haber atendido a unos clientes. Se situó a su lado y le susurró:
-Te queda en verdad muy bien ese atuendo Kona-chan -dijo Tsukasa sin ningún tipo de malicia, pero Konata no lo interpretó de esa forma y le lazó una mirada fulminante a Tsukasa, esta se asustó ante aquellos ojos y se retiró rápidamente, Konata soltó un suspiro después de que se hubo ido la menor de las hermanas.
Después de un par de horas de servicio y de que cientos de alumnos y diferentes personas exteriores a los alumnos así como familiares, amigos y demás hubieran pasado por la clase de Konata las cosas se calmaron un poco. En la clase de esta habían instalado un rincón donde si dabas un poco de dinero extra podías tomarte fotos con las camareras, obviamente Miyuki era la mas solicitada ya que su popularidad era legendaria en la preparatoria, pero aún así nunca faltaba el típico alumno con complejo de hermana menor que le arruinaba a Konata el momento. Para hacer ese tipo de fotos debía siempre hacer una pose típica de hermana menor al igual que su expresión facial. Más de uno se había marchado satisfecho con los resultados. Hubo un momento en el que una madre acompañada con sus hijos pequeños amenazó a Kuroi-sensei con que era ilegal el tener a niñas de primaria trabajando y que tomaría acciones legales con tal de liberar a Konata de sus explotadores, tuvieron que explicarle que en realidad Konata tenía mas edad que la que aparentaba, la mujer no volvió a formar ningún problema.
Las cosas habían estado muy calmadas desde lo ocurrido anteriormente, Konata incluso estaba tomándose un merecido descanso, aunque no tan merecido como Miyuki que había sido la persona más solicitada de la clase. Las tres amigas estaban en una mesa de la clase mientras comían un poco, otras chicas las habían reemplazado por media hora. Todo pintaba bien, ya nada podía salir mal y Konata podría terminar el día sin ningún mal momento, podría...
Una figura bien conocida entró a la clase de Konata y miró alrededor, había escuchado rumores por parte de otros alumnos y quería asegurarse él mismo de lo que había escuchado, una de las chicas se le acercó y le preguntó lo que deseaba. Éste se lo dijo pero la chica no entendió muy bien su petición.
-¿Que quiere alquilar a una de nuestras chicas...? -preguntó confundida la camarera.
-Así es-dijo seguro de sí mismo-. ¿Con quién debo hablar para llevarlo a cabo?
La chica seguía sin comprender su petición así que llamó a la encargada de la clase para que se hiciera cargo, después de unos instantes de espera esta apareció.
-¿Qué es lo que desea, Señor Cliente? -preguntó con su carisma habitual.
-Alquilar a una de vuestras chicas, como le he dicho a su camarera antes.
-P-Pero...-respondió insegura-. Creo que eso no se puede hacer...
-¿Qué tal si le doy esto? -dijo y le enseñó una cuantiosa cantidad de dinero, las defensas de la encargada cayeron inmediatamente.
-C-Creo que podemos hacer una excepción-titubeó al ver todo aquel dinero-. Ahora dígame, ¿a quién quiere? ¿A Takara-san o tal vez a otra chica parecida...? -dijo con una sonrisa maliciosa.
-Espero que no esté pensando que haré algo indebido con ella-contestó ofendido, la encargada se puso nerviosa ante la posibilidad de que el cliente se arrepintiera-. Pero a pesar de eso no es a Takara Miyuki a quien busco, ni siquiera a alguien que se le parezca.
-¿Entonces a quién...? -preguntó confundida. El cliente le hizo una señal para que se acercara y le susurró el nombre de la persona que buscaba-. ¿En serio? ¿Ella? -preguntó, él asintió-. Iré a buscarla, ahora vuelvo.
Konata había acabado de comer el almuerzo que Yutaka tan gentilmente le había preparado. Ahora estaba hablando con sus dos amigas acerca del duro día que habían tenido y de lo duro que iba a ser por las siguientes horas. En el momento en el que Konata iba a opinar sobre algo que Tsukasa había dicho sintió que algo tiraba de su manga, se giró y se dio cuenta de que era la encargada de todo aquel local.
-¿Qué sucede? -preguntó Miyuki al ver a las dos chicas.
-Necesito a Konata por unos momentos-respondió la encargada-. Volverá enseguida. Vamos, Konata -dijo mientas tiraba de su manga.
-Está bien, está bien. No tires de mi, ya voy-dijo, se levantó y empezó a caminar detrás de la encargada-. Y bien, ¿qué sucede?
-Necesito que te hagas cargo de un cliente, durante un momento.
-¿Encargarme? ¿A qué te refieres? -preguntó confundida.
-De que pases unos momentos con él y ese tipo de cosas.
-Yo no hago ese tipo de cosas.
-¡Por favor Konata!-dijo mientras agarraba sus dos pequeñas manos y la miraba con unos ojos suplicantes-. ¡El cliente está dispuesto a pagar mucho dinero! ¡Hazlo por nosotras!
Konata dudó durante unos segundos pero luego cedió ante la presión de la encargada y de la idea de que gracias a ella perdieran un valioso cliente. Soltó un suspiro resignada.
-Y bien, ¿quién es el cliente? -preguntó Konata.
-Ahora te lo presento -dijo e hizo una seña diciendo a quien fuera que sea el cliente que se acercara.
Konta miró en dirección a donde la encargada había hecho la señal y enseguida se dio cuenta de quien estaba dispuesto a pagar una gran cantidad de dinero con tal de estar con ella, y no por el hecho de que se sintiera atraído por Konata o algo por el estilo, sino todo lo contrario. Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo mientras observaba a la figura acercarse paso por paso.
-Aquí está Konata-dijo la encargada-. No fue fácil de convercer para que hiciera esto.
-Estoy muy feliz de que hayas aceptado esto, Konata.
-¿Por qué de todas las personas tienes que ser tú, Príncipe? -dijo Konata enfadada.
-No es así como debes referirte a mi, Konata-dijo Ishida Saito con una sonrisa maliciosa en su rostro-. Por el resto del tiempo que estaremos juntos deberás llamarme Onii-Chan, ¿de acuerdo?
-Estás loco si crees que voy a...- fue interrumpida por Ishida.
-¿En serio? Pues según aquella alumna puedo hacer eso, ¿verdad? -preguntó a la encargada.
-¡Por supuesto! -exclamó alegre mientras le mostraba su pulgar, en la otra mano tenía el dinero que Ishida Saito le había dado momentos antes. Konata sentía la rabia crecer en su interior lentamente.
-¿Ves? Debes llamarme así, Ko-na-ta -dijo su nombre pronunciándolo sílaba por sílaba.
Konata apretó sus puños lo más que pudo.
-Así que mejor vámonos a divertirnos, nos espera un día muy agitado Konata.
-Está bien... -dijo seria.
-Está bien, ¿qué? -dijo Ishida con una sonrisa maliciosa.
-Está bien...-dudó durante unos instantes-. Onii-chan...
-¡Oh! Qué bien nos la vamos a pasar tú y yo Konata -dijo Ishida mientras dejaba la clase con Konata detrás de el.
Sin duda iba a ser un día muy duro para la pobre Konata.
Hasta aquí el capítulo de hoy. Yo también desearía que Konata me diga Onii-chan. Pero supongo que será un anhelo imposible.
