Capítulo 17.

Konata seguía lentamente y con una expresión seria a la persona responsable de que estuviera exhibiéndose por toda la preparatoria. A medida que avanzaba más y más personas se giraban lentamente, y no era para menos, cualquier persona al ver a la peliazul creería estar frente a la niña de primaria más endemoniadamente adorable. Konata podía sentir en su espalda las miradas de las demás personas. Una cosa que lo empeoraba todo era el hecho de que Saito la llevaba de la mano, como si ella fuera realmente una niña pequeña que pudiera perderse.

Al llegar a una intersección el pasillo se dividía en una ''T''. Saito se giró lentamente hacia donde estaba Konata con una sonrisa en su rostro, la peliazul por su parte, tenía una expresión de enfado acompañado por un ligero rubor.

-¿Qué quieres hacer primero hermanita? -preguntó con tono burlón.

-Que me dejes en un centro de acojida -contestó Konata tajante.

-Venga Konata. No seas así -dijo mientras se inclinaba un poco para estar a la misma altura que la peliazul.

A Konata esta acción la molestó y a continuación le dio un ligero golpe en la frente a Saito. Este soltó una ligera exclamación de dolor.

-Eres una hermana menor muy maleducada -al terminar esta frase puso sus dos manos en las axilas de la peliazul, a continuación, y aplicando un poco de fuerza, la levantó del suelo y la puso al mismo nivel de su rostro.

Esto hizo que la sangre empezara a hervirle a Konata y su rostro se tornó aún más rojo que antes. Odiaba que la gente se metiera con su cuerpo, sin excepciones. Comenzó a lanzar golpes por todas direcciones, esperando que alguno acertara en la cara de Saito.

-¡Bájame idiota! -exclamó enojada. Varias personas que estaban alrededor de ellos se giraron en cuanto la escucharon. De repente Konata tuvo una revelación, una idea vino a su cabeza-. ''¡Lo tengo!''-pensó alegre-. ¡Bájame pervertido! ¡Auxilio! ¡Esta persona quiere llevarme con él!

Saito no pudo hacer más que ponerse sumamente nervioso, en especial cuando varias personas empezaron a acercarse a ellos con intenciones obvias: rescatar a Konata del supuesto pervertido. Un hombre mayor acompañado de una mujer y una niña pequeña quien la mujer tenía en brazos se acercaron a ellos. El hombre mayor puso su mano en el hombro de Saito y dijo con voz grave:

-¿Qué rayos sucede aquí? -preguntó mientras intensificaba el agarre en el hombro del chico.

-E-Esto...-dijo Saito con un hilo de voz, había empezado a sudar-. No es lo que usted cree señor.

-¿En serio? Porque a mi me pareció que estabas molestando a esa niña.

-¡Se equivoca!-exclamó nervioso-. Ella es mi hermana y sólo estábamos jugando. ¿No es así, Konata?

Konata simplemente giró su cuerpo y le dio la espalda a Saito. Esto confirmó las sospechas del hombre, quien empezó a acercarse cada vez más a Saito, su miedo creció rápidamente al darse cuenta cómo acabaría todo. Cerró sus ojos resignándose al destino. Nada pasó. Abrió sus ojos lentamente y se dio cuenta de que Konata había posado su brazo en el antebrazo del hombre, evitando que este lo levantara.

-Lo lamento mucho señor-dijo la peliazul-. Mi hermano y yo sólo estábamos jugando. Lamento haberlo molestado -dijo y le dedicó una expresión sumamente tierna a aquel homre. Todas las intenciones violentas que el hombre tenía hacia Saito desaparecieron.

El hombre tosió levemente al darse cuenta de la cara de Konata y dijo:

-Ya veo. ¿Sólo estabais jugando?-dijo y Konata asintión-. De acuerdo-a continuación le dedicó una mirada terrorífica a Saito-. Más te vale no molestar a tu hermana, ¿de acuerdo?-él asintió nerviosamente-. Estupendo. Diviértete con tu hermano pequeña -dijo y le acarició la cabeza a Konata.

-¡Por supuesto señor! -exclamó esta fingiendo ser una niña pequeña.

El hombre se reunió de nuevo con su mujer e hija y siguieron su camino a través del festival.

-Me pregunto cómo reaccionaría al enterarse que tengo dieciocho años...-murmuró para sí misa. Giró su cabeza hacia donde estaba Saito-. ¿Estás bien, Príncipe-chan? -preguntó con tono burlón.

-¡Eso fue jugar sucio! -exclamó este nervioso aún por su anterior encuentro.

-Tú empezaste -dijo la peliazul.

-De acuerdo-dijo mientras se acercaba a Konata-. Con que así quieres jugar, ¿eh? Está bien. Te haré pagar por esto pequeña.

-¡Ja!-exclamó sarcásticamente-. Esa debería ser mi línea.

Ambos se colocaron uno frente al otro mirándose fijamente con expresiones desafiantes. Después de unos segundos Saito fue quien rompió el silencio.

-Deberíamos seguir y disfrutar el festival, hermanita -dijo remarcando esta última palabra.

-Estoy de acuerdo, onii-chan -Konata la dijo de la misma manera.

Ambos se tomaron de las manos, como estaba estipulado que hicieran. Pero esta vez Konata no estaba avergonzada, ahora sería ella quien humillaría al pretencioso de Saito. Por otra parte, él pensaba casi lo mismo que la peliazul. Empezaron a caminar.

Después de aquello ambos ''hermanos'' por llamarlos de alguna forma empezaron a explorar todo el festival. A medida que iban visitando los diferentes puestos uno de ellos aprovechaba para tirar alguna pulla al otro con la intención de humillarle. Así habían estado todo el rato. En una ocasión habían llegado a un puesto donde vendían algodones de azúcar. Konata, como buena amante de los dulces tenía la intención de comprar uno. Pero justo cuando estaba ordenando Saito dijo en voz alta:

-¿Estás segura de querer comprarlo? Recuerda que el algodón de azúcar te provoca pesadillas. Y luego quieres que Onii-chan duerma contigo -dijo con un tono burlón. Las personas que estaban alrededor, incluyendo a la persona que vendía los algodones empezaron a reír levemente y a decir que aquello era realmente tierno.

Konata se ruborizó todo lo posible. Se dio media vuelta y empezó a caminar en dirección contraria. Saito soltó una risa victoriosa y le dijo al alumno que vendía los algodones.

-Es que es muy tímida con los extraños. Pero yo quiero uno por favor -dijo y el alumno le hizo un algodón de azúcar.

Saito alcanzó a Konata no mucho después. Este iba comiendo con una expresión victoriosa el algodón que había adquirido momentos antes. La peliazul se giró hacia él y le dijo.

-Bien jugado. Pero no creas que me vencerás tan fácilmente.

-Estoy deseoso por verlo.

Ambos se levantaron y siguieron su camino, deseosos por seguir la batalla que habían empezado.

Siguieron caminando por media hora mas o menos. La zona por la que habían entrado no tenía nada que fuera interesante, por lo que decidieron seguir explorando. Llegaron hasta donde había un puesto donde vendían diferentes artículos curiosos. Algo nuevo, fue lo que pensó Konata al ver aquel puesto, pero no se detuvieron en él. Siguieron caminando y llegaron hasta una clase donde había un restaurante tradicional japonés. Konata vio aquel sitio como el lugar ideal para vengarse por lo de antes. Convidó a Saito para que ambos fueran allí. Una vez en el restaurante preguntaron por los precios vieron que eran algo elevados para un lugar así. Fue aquí donde Konata entró en acción.

-¿Qué sucede Onii-chan? ¿No podemos comer hoy tampoco? ¿Le has vuelto a dar todo el dinero a esa amiga tuya que habla tan raro? -preguntó fingiendo un tono inocente y triste al mismo tiempo.

Para desgracia de Saito no solo estaba allí la alumna encargada de tomar las órdenes sino que habían algunas personas que habían ido a pagar, incluyendo algún que otro padre de familia. Súbitamente todo el mundo empezó a murmurar alrededor de ellos mirando de manera despectiva y con asco a Saito. Entre los murmullos se podía distinguir palabras como ''asqueroso'' o frases del tipo ''es de lo peor'' o ''pobre niña''. Saito no desperdició más tiempo, agarró a Konata de la mano y salió a toda velocidad de aquella clase, mientras que las demás personas les seguían viendo y murmurando a sus espaldas.

Luego de estar apartados lo suficientes ambos se apoyaron en una pared de uno de los numerosos pasillos de la preparatoria. Konata seguía ganándose alguna que otra mirada cuando las personas pasaban delante de ellos. Después de unos segundos de descanso Saito decidió seguir con su camino. Le dedicó una mirada de enfado a la peliazul antes de empezar a caminar otra vez.

-¿Sucede algo, Onii-chan? -preguntó con evidente sarcasmo.

Después de eso salieron al patio donde habían mas puestos y cosas. Ahora se encontraban sentados en un banco descansando. Sin que se dieran cuenta una mujer mayor se sentó junto a ellos mientras llevaba a un bebé en sus brazos. La pequeña criatura dormía plácidamente en los brazos de su madre. Konata se acercó a la mujer y a su bebé con la intención de verle mejor. Tenía una mirada de verdadera curiosidad mientras veía de cerca a aquel pequeño ser humano. La madre sonreía mientras se apartaba un poco para que Konata viera mejor al bebé. Después de unos segundo Saito dijo con una sonrisa y con los ojos cerrados:

-Me acuerdo de cuando estabas así Konata. No dejabas de llorar nunca-dijo. La madre se giró hacia él con evidente curiosidad-. Oh sí, eras una pequeña muy problemática, de hecho, lo sigues siendo. Desde siempre has mojado la cama-Konata se sonrojó ante las mentiras que él estaba diciendo. La madre soltó una ligera risa-. De hecho, lo sigues haciendo. A pesar de que te he llevado a numerosos psicólogos y demás, es imposible hacer que dejes de mojar la cama.

Ahora sí que estaba avergonzada.

-Es normal que eso pase-dijo por fin la madre con su bebé-. Algunos niños tienen problemas para superar ciertos problemas. Pero creo que será capaz de superar ese pequeño problema.

-¿Has visto Konata?-dijo mientras reía levemente-. Podrás superar tu problema algún día. Cuento contigo hermanita -dijo y le acarició la cabeza.

Konata giró su cabeza y le dedicó una mirada de enojo a Saito. Este la miraba con una sonrisa victoriosa. Konata se levantó de su asiento y le hizo señas a Saito indicándole que la siguiera.

-Tenemos que irnos-dijo y se levantó-. Ha sido un placer señora -esta le devolvió el gesto.

Después de aquello ambos hermanos decidieron entrar otra vez al edificio principal. Era hora de que Konata se desquitara por lo anterior, pero esta vez debía ser algo que hiciera que su rival se rindiera por completo, ¿pero qué? ¿Qué podía hacer para ganar esa batalla? Siguieron caminando hasta que vieron una clase que ayudó a Konata inspirarse, era el salón donde estaba el club del manga. Ese club en cada festival cultural realiza una venta de sus propios trabajos agregando el factor de que hacen cosplay para atraer a la clientela. ¿Qué mejor método de marketing que vestir a chicas guapas para vender mangas? Yo responderé: nada. Konata tiró del brazo ligeramente a Saito indicándole de que quería entrar allí, este accedió por poco ya que él no tenía ese tipo de intereses. Cuando entraron pudieron ser testigos de un pequeño paraíso para cualquier otaku, habían mangas y chicas en trajes de hadas mágicas para cualquier persona, sólo faltaba la seiyuu famosa que iría para hacerse publicidad. Saito halagó internamente lo bien que les había quedado a ellos el decorado de la sala. Desvió su mirada hacia Konata, quien también estaba fascinada por aquel espectáculo. Sonrió ligeramente al ver lo inocente que se veía Konata al ver todo aquello.

-¡Mira Onii-chan!-exclamó Konata alegre-. Aquella chica va vestida de la misma forma que me pides que me vista yo cuando estamos solo. Y que luego me das esos extraños masajes, aunque no sé muy bien para qué, pero me hacen muchas cosquillas -dijo mientras fingía estar concentrada en aquel hecho.

De repente la sonrisa que Saito tenía antes se esfumó a una velocidad increíble. Se giró lentamente para toparse con que toda la sala, vendedores incluidos, le miraban fijamente con asco y repulsión. Sin esperar más agarró a Konata de la mano y salieron los dos disparados de aquella clase, pudo escuchar pasos que venían detrás de ellos. Konata iba riendo estruendosamente.

-¡Vuelve aquí maldito pervertido! -exclamó uno de los alumnos mientras agitaba en el aire una varita mágica que había tomado prestada de una de las chicas del club.

Después de haberse alejado lo suficiente de aquella multitud enfurecida ambos decidieron descansar. Divisaron a poca distancia una máquina expendedora de bebidas, decidieron ir a por una. Konata se sentó en un banco mientras agitaba alegremente sus piernas como una niña que va al parque de diversiones. Segundos después apareció Saito con dos bebidas en sus dos manos. Le tendió una a Konata, esta la agarró.

-De acuerdo-dijo Saito mientras abría su bebida-. Tú ganas, me rindo.

-Eso sospechaba -respondió mientras le daba una probada a la bebida.

-Sabes... Aún no te he agradecido por ayudarme con...- fue cortado por Konata.

-No necesitas hacerlo-dijo y se puso de pie en el banco-. Yo soy una héroe justiciera, por lo tanto debo ayudar a los débiles como tú. O mejor aún, ¡soy un hada mágica que cumple los deseos de los demás! Sí, definitivamente eso es mejor -dijo y adoptó una pose heroica.

-Oye, que no soy débil. Es sólo que me pillaron desapercibido, sólo eso.

-Claro, claro. Desapercibido. Por supuesto -dijo la peliazul mientras volvía a sentarse en el banco.

Estaban en un sitio ideal, desde ahí podía contemplarse el atardecer en todo su esplendor. Si no se tratara de ellos dos se diría que una pareja podría disfrutar eso. Konata acabó con su bebida y se levantó, caminó hasta el bote de basura más cercano y tiró el envase vacío.

-Oye, Konata...-dijo Saito lentamente. Esta respondió con un ''¿qué sucede?'' despreocupado-. Dime, si sabes que me gusta Kagami, ¿por qué no haces algo para evitar que la conquiste? O algo parecido. Quiero decir, te quedas mirando sin hacer nada.

-Eso...-dijo-. Bueno. No es tan difícil de saber. La razón es simple: no creo que vayas a conquistar a Kagamin. Eso es todo -respondió con una sonrisa que desconceró a Saito.

-Pareces muy segura de ti misma -dijo también con una sonrisa.

-Estoy segura de mi misma. Ni Kagamin ni Miyuki pueden resistirse a mi encanto esto último provocó que Saito empezara a reír.

-Hablas como si las estuvieras manipulando o algo.

-No hables así. No soy una desalmada. Ellas no se pueden resistir a mi, pero del mismo modo yo no me puedo resistir a ellas. Estoy loca por esas dos chicas.

-Así que te gustan las dos...

-Así es. No hay ley que prohíba amar a dos personas al mismo tiempo -dijo la peliazul con una sonrisa.

-Eso te traerá problemas pequeña -dijo con tono burlón.

-No me llames así-contestó-. Pero odio admitir que tienes razón-dijo y vio a tres figuras a lo lejos que se acercaban a ella a toda velocidad-. Después de todo, ¿quién podría decidirse por alguna de ellas? -dijo. A continuación Kagami se avalanzó sobre ella haciendo que casi Konata perdiese el equilibrio.

-¡Ko-na-ta!-exclamó Kagami-. ¡Lo siento mucho! Hoy no he podido atenderte como se debe pero no te preocupes-dijo y acercó su rostro al de la peliazul-. Esta noche te compensaré.

-Kagami-san-dijo Miyuki mientras colocaba sus manos en los hombros de Konata y la acercaba a ella, la peliazul pronto sintió el suave y agradable contacto de los pechos de Miyuki-. No creo que sea apropiado que molestes a Konata con sugerencias tan indecentes.

-¿Indecentes? ¿Y acercar a Konata a tus enormes pechos no lo es? -preguntó Kagami acercándose cada vez mas a ella.

-No estoy haciendo nada que ella no quiera -contestó.

-Te crees mucho porque tienes esos dos.

-¿Celosa de que Konata los prefiera así antes que a los tuyos? -preguntó con tono burlón.

-No creas que me vas a ganar Miyuki.

-Lo mismo digo, Kagami.

Ahora ambas se habían acercado una a la otra que habían atrapado a Konata entre las dos. Pero esto no era algo para quejarse, la peliazul adoraba estar entre ellas dos. Era como un cielo personal para ella sola. Saito miraba desde la distancia todo aquello un tanto sorprendido de ver cómo Kagami actuaba cuando se trataba de aquella pequeña chica. Soltó una ligera risa y desvió la mirada.

-''A veces creo que realmente puede que seas un hada mágica...'' - pensó mientras le daba otro sorbo a su bebida.