La Vida Continúa
Capítulo Sexto
Celo

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Lo de la clasificación M va en serio. Están advertidos.


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Mientras se desvestía, se volvió para ver el reloj sobre la chimenea, las doce y diez de la noche, luego volvió al closet para dejar sus zapatos en su repisa y la ropa en el cesto. Dándose la vuelta frunció el ceño al darse cuenta de que las maletas de Helga no estaban por ningún lado. James alzó sus cejas. Con toda probabilidad Anna ya se había encargado de ellas, pensó al entrar en el baño. Notando el cajón rosa de Helga entreabierto lo empujó para cerrarlo y tomó su cepillo de dientes. Miró su imagen en el espejo; escenas de la noche bailaron ante sus ojos.


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Sus padres llegaron después de la cena, justo a tiempo para tomar el café y encontrar a los niños todavía despiertos; y se despidieron hacía apenas diez minutos cuando el reloj marcaba la medianoche. Tal como se preveía, su visita tomó más tiempo de lo esperado.

Para James todavía era extraño ver a Robert Brighton-Lewis actuando como un abuelo amoroso para con sus nietos cuando fue el más impaciente de los padres en el pasado. Se portaba tierno y cariñoso con Lydia, pero todo el mundo sabía que su nieto favorito era Robbie. Nunca había sido comedido para demostrar lo orgulloso que estaba de su nieto.

Más tarde, cuando ambos empezaron a hablar de negocios, su madre ayudó a Helga a llevar los niños a la cama; tiempo que probablemente les sirvió también para ponerse al día sobre los acontecimientos de la familia y los eventos sociales de la temporada. Cuando regresaron a su padre estaba listo para escuchar todo lo que su adorada nuera quisiera que contarle acerca de su viaje a Canadá.


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James se enjuagó la boca y luego el cepillo de dientes verde y lo dejó al lado del cepillo morado de Helga. Si alguien lo hubiera predicho nunca lo hubiera creído. Helga podía nunca haber sido la favorita de nadie en sus primeros años de vida, pero las cosas cambiaron una vez que se casó. No sólo se había conseguido un devoto esposo, sino que también había ganado un suegro que la adoraba desde el día que la conoció. Era como si Sir Robert quisiera compensar todos esos años de falta de amor y de angustias innecesarias causadas a su familia, con la adoración que le profesaba a la esposa de su hijo mayor.

James recordó su primer encuentro. Ese que había ocurrido en su fiesta de cumpleaños casi nueve años atrás, allá en Hillwood. La noche en que él interrumpió la reunión de la pandilla en La Cabañita del Café para llevarse a Helga. La noche que su padre lo llamó 'Robert' por primera y única vez en su vida adulta. La misma noche en que, según su padre, finalmente se fajó los pantalones y agarró valor para invitar a salir a la chica de sus sueños.

A partir de entonces y en adelante, pasando por su proposición de matrimonio, por su boda, por el nacimiento de sus hijos, su padre había estado allí para ella, corrección, para ellos. Por supuesto, sin olvidar el hecho de que él la había seducido y ayudado a seguir una carrera en el Departamento de Energía - algo que nunca hizo por ninguno de sus propios hijos - donde ella se convirtió en su protegida. Había estado siempre cerca para ayudarla y para alabar a cada uno de sus logros. Genuinamente. James estaba feliz de ver que a partir de entonces su padre había mejorado sus relaciones no sólo con él, sino con el resto de la familia también.


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Así que, de nuevo en el salón, el hombre de cabello oscuro se sentó a escuchar como su esposa contaba su última aventura en Canadá. Helga había fanfarroneado en cierta medida, como solía hacer, pero fue más reservada que de costumbre. James agradeció el gesto. No quería escuchar una historia donde su rubia y valiente esposa y el gallardo Daniel Price luchaban lado a lado contra el Mal en forma de técnicos y burócratas canadienses hasta que lo superaban y se alzaban victoriosos después de una sangrienta batalla.

Era bueno darse cuenta, sin embargo, que Sir Robert parecía tenerle tanta aversión a Daniel como él mismo. Odiaría ver a su propio padre mostrar afecto por el maldito bastardo que, afortunadamente, sólo envió un mensaje más esta noche. Quería saber si Helga había llegado a casa sana y salva.

Sana y salva...

Él podía vivir sin saberlo, ¿verdad? Bueno, algo que era seguro era que no sería él quien se lo diría. Pero Daniel ya sabía que sería así, entonces... ¿cuál fue su verdadero propósito al preguntarlo? Estaba a punto de preguntarles a los chicos cuando George llegó y le presentó su informe.

James se había vuelto a ver a Helga entonces, instalada cómodamente al lado de su madre, tomando un sorbo de su bebida, té de manzanilla. Se veía tan saludable como siempre, y sin embargo...


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Un ceño estaba posado en su frente mientras recogía los juguetes de Lydia de por toda la habitación y los colocaba en el sillón; lanzó una nueva mirada al reloj. Las doce y cuarto. Después de que sus padres se fueron Helga se dirigió a la cocina para hablar con Anna. Eso solía tomar cinco minutos. Pero James recordaba haber visto a Inga alrededor y ella había estado actuando de manera extraña durante todo el día por lo que supuso que ella también querría hablar con Helga. James tuvo el impulso de bajar a buscarla pero desistió. Sabía que era ridículo y que todo el mundo sabría porque lo que estaba haciendo.

Suspirando, se puso la bata y salió para llevar los juguetes a la sala de juegos y lanzar una última ojeada a los niños. Besaba la frente de Lydia cuando a través de la rendija de la puerta se filtró el sonido de los pasos de Helga al atravesar la estancia y subir de prisa por las escaleras. Cubrió el cuerpecito de la niña con las mullidas mantas y puso su gato de peluche cerca de ella, luego se enderezó, comprobó la temperatura y dejó el cuarto.

Cuando salió vio a Helga entrando discretamente al dormitorio de Robbie. Esperó afuera.

"¿Todo está bien?" preguntó en voz baja desde detrás de ella cuando ella cerró la puerta con el mismo cuidado con el que había entrado.

"¡Con un demonio!" exclamó dándose la vuelta con un gesto exagerado aunque casi inaudiblemente "¡Maldición, James! ¡No me asustes de esa manera!" pasó junto a él " ¿Qué intentabas? ¿Provocarme un ataque cardiaco?"

Él se rió entre dientes.

"Yeah! Provocarte un ataque cardiaco. Eso es precisamente lo que intentaba." La vio dirigirse a la puerta de Lydia en el otro lado del amplio aunque tenuemente iluminado pasillo. "Está profundamente dormida. Acabo de ir a verla."

"¿Está bien?" se volvió y esperó a que él la alcanzara; él asintió. Ella dejó escapar un largo suspiro "Nuestra niña está tan crecida. ¡Casi no puedo creerlo!" dijo con asombro.

"Es nuestra misma pequeñita..."

"No, no lo es. Ha cambiado." Caminaron uno al lado del otro hacia su dormitorio en el otro extremo del pasillo. La gruesa alfombra amortiguaba el sonido de sus botas "Pero tú no te das cuenta porque estuviste aquí todo el tiempo" agregó con tristeza "Ella creció en estos días y yo me lo perdí..."

James la abrazó. Conocía el sentimiento. Y estaba consciente de que ella tenía un poco de razón. Después de todo, dos semanas eran una parte significativa en la vida de su hija.

"Vas a compensarlo" le dijo mientras empujaba la puerta y la dejaba entrar primero. "Siempre lo compensas"

"¿Lo hago?" ella se dio la vuelta cuando él cerró la puerta y le echó los brazos al cuello. James sonrió ante la coquetería en su voz, a sus enormes ojos mirando directamente los suyos. "¿También contigo?"

"Sí, lo haces" sus manos fueron a estrecharla por la cintura. Ella lo besó. Fue un beso suave pero él estaba encendido ya, lo había estado todo el día. Sus manos viajaron hasta sus caderas "¿A dónde crees que vas?" le preguntó sobre sus labios cuando sintió su forma retirarse un poco.

"Sólo una rápida parada en los pits y regreso"

Él refunfuñó. "Se me hace que no," todavía sujetándola por las caderas, se empujó 'a sí mismo' contra ella.

Ella sonrió, sus ojos azules se encendieron.

"Vaya que en verdad me extrañaste, ¿eh?" su respuesta fue un gruñido. Helga miró hacia abajo y luego dijo con una sonrisa burlona "¡Mírate nada más! Nadie se atrevería a decir que ya eres un cuarentón"

"¡Hey!" él se rió y acarició su trasero "¡Sólo son cuarenta y uno!" luego la besó, ella resopló contra sus labios.

"La edad más peligrosa de todas" murmuró burlona. "Ocho días más y estás salvado..."

El gruñó por su implicación y se presionó contra ella nuevamente para demostrarle que de su parte no había ningún riesgo.

"Nunca te he decepcionado" la besó de nuevo, su mano izquierda le mantuvo la cabeza en su lugar. Helga murmuró con un gemido bajo lo que él pensó debió haber sido una respuesta ingeniosa. Se echó hacia atrás y le preguntó "¿O alguna vez lo he hecho?"

Ella sacudió la cabeza y se acercó para besarlo de nuevo. Sus brazos se aferraron a sus costados mientras ambos comenzaron a moverse lentamente hacia la cama, en una especie de danza, sus caderas presionadas juntas.

Deleitándose con el contacto de su lengua y su humedad, James profundizó el beso. Helga gimió. Tiró de ella con más fuerza, explorando su boca. Era deliciosa; ella siempre sabía delicioso, siempre olía delicioso. Él gimió, agarrando la tela de su vestido y tirando hacia arriba. La verdad es que él no sabía ya si ese olor era de ella o de él... o si era el olor mezclado de ambos cuando estaban juntos. Lo único que sabía era que estaba cayendo en una espiral de sensaciones y placer que llenaba sus sentidos y controlaba su cabeza; como el sentir sus firmes pechos presionándose con fuerza contra él, o su cálido aliento en su rostro. Y toda su anticipación, la promesa de una consumación que lo poseía hasta que finalmente estallaba y lo hacía sentir completo...

"James... Tomé mucho té... En verdad necesito..." Se retorció para escapar de su agarre. James sonrió sabiendo que lo hacía a propósito. Sus manos descendieron hasta sus caderas y se aferraron de sus nalgas, amasándolas.

"Sólo un minuto o entraré y te tomaré en la bañera. Estás advertida." entonces le dio una nalgada.

"¡En la bañera, no! ¡Criminal! ¿Cuál es tu problema?" Se soltó de él y salió corriendo, refunfuñando. James la observó irse, se quitó la bata y la camiseta y cogió el control remoto para ajustar la temperatura de la habitación. Ya no estaba solo; casi quiso cantar. La cama ya no estaría fría y vacía por más tiempo.

Helga volvió casi inmediatamente y avanzó hacia él. Luego se detuvo frente a él dándole la espalda, levantándose el cabello. James tiró el control remoto en el sofá y le bajó la cremallera del vestido hasta la mitad de su espalda, y luego la abrazó y atacó de inmediato su cuello. Ella se estremeció, quedándose sin aliento y dejando escapar un gritito de asombro.

Él la levantó en vilo y la llevó a la cama. Allí, él le besó el cuello, la espalda y observó cómo se le ponía la piel de gallina. Ella jadeaba y gemía y cuando él se detuvo, se dio la vuelta y lo besó, aferrándose a su cuello con urgencia. James respondió a su hambriento beso mientras sus manos fueron a jalar su vestido de nuevo, dirigiéndose sin vacilación a su punto exacto. Él no necesitaba ningún jugueteo previo; ella tampoco. Lo sabía. Se enderezó y la tomó de la cintura jalándola hacia él; luego empujó a sus boxers hacia abajo, sus panties a un lado y la penetró. Una intensa sacudida le recorrió el cuerpo. Dejó escapar un largo gemido.


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"... mejor que cualquier sueño..." su desmayada voz y sus jadeos lo volvían loco "No me digas que no lo hiciste...- no me digas que no usaste tu propia mano..." James se rió contra su voluntad. Vio a la inquieta chica gimiendo debajo de él. Su pelo estaba revuelto, sus labios estaban hinchados, sus ojos estaban cerrados, su expresión era... Respiró profundamente; su cuerpo se estremeció de nuevo cuando desaceleró para inclinarse y besar sus labios " No te detengas..." ella se quejó.

Él no iba a detenerse, sólo disminuyó sus embestidas, pero empujó más profundo. Helga se quedó sin aliento, abriendo más las piernas; de una de ellas aún colgaba una bota. Lo hizo de nuevo. Enterrándose más profundamente dentro de ella, como si quisiera llegar a un lugar en el que nunca había estado antes. Ella casi gritó, sacudiendo la cabeza, retorciéndose "¿Que si he usado mi mano, preguntas?" le preguntó, mordiéndole el lóbulo de la oreja. "Sí. Lo hice. Cientos de veces... y me vine dentro de ti... me vine en tu cara... me vine en tus pechos, en tu boca..."

Helga chilló; temblando incontrolablemente debajo él durante unos segundos, y luego exhaló y se retorció tratando de darse la vuelta. James dejó escapar una exhalación y la ayudó a llevar a cabo la acción hasta que ella quedó encima, sentada a horcajadas sobre él. Ella lo miró fijamente durante largos segundos, luego se agarró los lados de su vestido arrugado y se lo quitó. Ella lo miró con sus oscurecidos ojos azules de nuevo y él observó su pecho subiendo y bajando debido a su respiración entrecortada. Luego ella se desabrochó el sostén de encaje y lo arrojó a un lado. Él hizo su panty a un lado de nuevo para penetrarla otra vez.

"¡Rómpela!" le ordenó. La nuca le hormigueó. James tomó el delicado encaje entre sus dedos y tiró levemente, sondeándolo. Helga se enderezó, levantándose y luego cayendo pesadamente, tragándoselo entero. James gimió. Helga comenzó a mecer sus caderas hacia atrás y hacia delante y él cerró los ojos "¡Rompe la maldita cosa YA!" le ordenó de nuevo y él obedeció. Un rápido tirón en el puente fue todo lo que necesitó para desgarrar la tela. Empujó los jirones hacia arriba, hacia su cintura cuando la agarró por las caderas mientras su vaivén tomaba velocidad.

"Esto es lo que querías, ¿no? ... Sentirme dentro de ti..." Helga soltó un gruñido gutural y echó la cabeza hacia atrás. James cerró los ojos para sentirla, para oírla. Sus gemidos llenaban todo, casi encendiendo en llamas la habitación. Y ella estaba mojada y caliente, y apretándose alrededor de él haciendo que se sintiera más y más caliente con cada embestida. Luego abrió los ojos para observar a la impresionante mujer encima de él mientras bamboleaba en su camino hacia el cielo. Su contoneo creció en forma sostenida en potencia hasta que se convirtió abiertamente en un rebote, arriba y abajo, arriba y abajo... Las sensaciones se intensificaron. Un repentino pensamiento peregrino le vino a la mente...

"¿Por qué tengo la impresión de que me están jodiendo?" le preguntó entre jadeos.

"¡Ja!" ella soltó una carcajada, sus ojos brillaban cuando miraron los suyos "Tal vez porque es lo que en verdad sucede," su rebote arriba y abajo se hizo más rudo. Se inclinó un poco para preguntarle entonces con travesura "¿Qué se siente-" ella masculló, su mandíbula cerrada, sus nalgas apretadas. James respiró hondo al sentir la precipitación creciendo en su bajo vientre. Sabiendo que iba a necesitar de todo su autocontrol para continuar "... ser usado, ¿eh?... ¿Qué se siente, señor Brighton-Lewis... ser un juguete?" él exhaló con fuerza, aferrándose a las sábanas debajo de él "¿Qué se siente... que la única razón de tu existencia... sea complacer a tu esposa?"

Se sintió explotar, pero tensó sus músculos y luego la atrajo para morder sus labios. Eso era lo que ella quería, liberar a la bestia. Él tomó sus caderas y contrarrestó su rebote. Helga gruñó. Él jaló su cabeza hacia él y le susurró en su oído.

"Imagino que es exactamente lo que tu sientes cuando te tengo empinada, ¿huh?" Helga gimió "¿Qué se siente?"

"¡CALIENTE!" ella gritó "¡Me estoy quemando aquí! " ella hizo un intento para enderezarse y él la soltó. Ella jadeó y luego reanudó sus enérgicos movimientos. James la dejó ser. Observó como ella cerraba los ojos y se echaba hacia atrás. Vio el surrealista movimiento de su largos cabellos; el rebote de sus pechos plenos; su abdomen al contraerse; el punto donde sus entrepiernas se juntaban... su fricción... Sabía que ella ya estaba cerca. Su expresión era de éxtasis, sus pechos se llenaron aún más, sus pezones se irguieron. La bestia dentro de él quería a su hembra, a su mujer, quería soltarse, quería llenarla... James exhaló mientras apretaba sus músculos de nuevo ante la sensación de que todo su cuerpo se tensaba y que su vientre lo apretaba.

'¡Vente ya, chiquita!' le dio un manotazo en los pechos.

Ella se vino en ese momento. James exhaló, observándola extasiada, aullando, dejándose ir, y luchó una vez más para impedir su propio orgasmo. Apretó los músculos para aguantar su indolente y comedido contoneo y forzó su respiración a disminuirse hasta que ella cayó tumbada encima de él.

"¿Terminaste?" ella asintió débilmente. James la besó en los labios. Luego se deslizó de debajo de ella y dejó la cama. La tomó por los tobillos, tiró la bota a un lado y la arrastró hasta el borde de la cama. Él había esperado y esperado sólo para esto. Para que fuera suya. Ahora ella era su muñeca y él iba a ser saciado. Volteándola al revés, la hizo doblarse y entró otra vez. ¡Jesús! La bestia estaba en control.


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Iba corriendo por el cielo, en éxtasis, en pura felicidad... cada segundo que se prolongaba, cada estocada, eran más y más deliciosos. Sus gemidos aún llenaban la habitación. Él acarició sus caderas de nuevo, palpó su trasero... él la amaba; amaba tenerla de todas formas y en todos los lugares posibles pero esta posición lo volvía loco. Empujó de nuevo, le encantaba verla rebotar, ver los jirones de su panty aun rodeando su cintura, le encantaba ver su piel pálida chocar contra la suya, le encantaba ver su contraste; le gustaba verse a sí mismo enterrarse dentro de ella, con rudeza, profundamente, casi deseando hacerle daño...

"Vente otra vez..." le pidió. Helga gimió. "Vamos, amor. Termina de nuevo." Su mano derecha dejó su cadera y se deslizó hacia abajo, hacia el centro de su ser, pero los dedos de ella ya estaban allí; así que se agarró a sus caderas de nuevo cuando ella empezó a tocarse. Él gimió sintiendo sus dedos también rozándolo a él; luego le dio un fuerte tirón. Las rodillas de Helga dejaron la cama y ella gimoteó, la sintió llegar al orgasmo de nuevo. Un gruñido animal salió de su garganta cuando ella se hinchó a su alrededor, llenándolo de un gozo salvaje. Sus orejas se sentían calientes y palpitaban. Esperó a que ella terminara, y luego apoyó el pie en el borde de la cama y tiró de sus caderas de nuevo, embistiéndola con más fuerza

"¡ME ESTÁS LASTIMANDO!"

Fue como magia líquida. Simplemente explotó, el mundo dejó de existir. Oleadas de crudo placer recorrieron su cuerpo, por tan- largos -momentos hasta que se sintió exprimido... vaciado... Ella tenía razón. Era mejor que cualquier sueño...

La siguiente cosa de la que estuvo consciente fue que aún estaba aferrado a sus caderas, él la palpó.

¿Cómo era que ella está todavía existía, que tenía forma...?

Cuando él estaba reducido a papilla... fundido sobre su espalda...

Exhaló en su hermoso cuello; aspiró su aroma.

Ella debió haberse convertido en papilla también...

Y fundirse con él...

"Hazte a un lado..." Helga gruñó; él no pudo evitar soltar una risita "Eres muy pesado"

Ni que tuviera tanta suerte.

La besó en la mejilla.

"¿Te lastimé?"

Ella sacudió la cabeza sonriendo satisfecha, abriendo perezosamente sus ojos.

"No... sabes bien que no... sólo te devolví el favor"

Él se movió para anidarla en sus brazos; el hueco de su cuello descansando sobre su brazo. La besó en la frente.

"Te amo."

"Yo te amo aún más" su voz era débil, y de repente sollozó. James se echó hacia atrás para verle la cara.

"¿Helga, estás bien?" ella asintió, pero luego su rostro se contrajo. James se enderezó para verla con atención "¿Qué te pasa, amor?" ella comenzó a llorar quedamente y él la abrazó. Su pecho se llenó de emoción; un tipo diferente de emoción a la que había sentido hasta hacía unos minutos. Ella estaba llorando y él amaba ver su nariz poniéndose roja y que sus ojos se llenaran de hermosas lágrimas por todo lo que eso significaba, pero al mismo tiempo no le gustaba verla sufrir. La tranquilizó. Ella era su niña y lo necesitaba.


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No soy dueña de Hey Arnold! ... quien vendrá la próxima semana, que diga, el próximo capítulo.

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14/12/2013

31/10/2015