Reo iba a colapsar. No era una suposición ni un presentimiento. Era simplemente un hecho.
Caminó a paso rápido hacia el interruptor del ventilador de su habitación, apagándolo, y encendiendo el aire acondicionado. No daba más. El calor le estaba sofocando salvajemente, y no sabía si eran los nervios por el evento de aquella noche, la histeria que le provocaba no encontrar nada adecuado para ponerse – luego de haber revuelto y dado vueltas los cajones y el placard entero – o sólo recordar las miradas y roces que le había brindado Akashi ese día.
Quizás era eso último. Recordó cómo, a último momento cuando se habían despedido esa tarde, Reo había extendido la mano y Akashi, en un movimiento rápido y bien coordinado, se había acercado grácilmente hacia él, le había dado un suave beso en una mejilla, demasiado cerca de la comisura de los labios, y le había susurrado un sutil "gracias", antes de sonreírle y partir con su típico andar seguro de si mismo. Reo, en cambio, había quedado de una sola pieza en las amplias puertas del centro comercial, con Eikichi y Koutarou acechándolo desde una tienda en el interior del establecimiento, aun con la mano extendida.
Si, había sido eso. Al volver el momento a su mente se le habían vuelto a subir los calores al rostro. Otra vez. Por enésima vez esa maldita tarde.
- Ay, Sei-chan…
Se permitió soñar despierto en la soledad y seguridad de su habitación. ¿No podía simplemente estar malinterpretándolo todo, verdad? Habían sido demasiadas miradas, demasiados gestos sugestivos – como cuando sus manos se habían rozado más de una vez, o Akashi había decidido en un par de ocasiones que su cuerpo era el mejor refugio para ocultarse de los malos momentos públicos que aquel par de tontos les habían hecho vivir con sus gritos y morisquetas – como para que Reo tuviese qué pensar, y si se hubiese tratado de otra persona que no fuera su capitán, no habría tenido dudas en llegar a la simple conclusión que lo estaba provocando.
Pero no se trataba de cualquiera. Se trataba de Akashi Seijuurou, y no del que había intentado con todas sus fuerzas comprender por casi un año completo. No. La vida no sólo le hacía enamorarse del hombre más complicado del mundo, sino que le ponía en la encrucijada de no saber si estaba malinterpretándolo todo y terminaría arruinando su relación con el pelirrojo. Porque no estaba seguro de cómo éste nuevo Akashi pudiese reaccionar si sus sentimientos no eran correspondidos…no quería ni siquiera pensarlo…
En otro ataque de ansiedad, revolvió salvajemente entre las perchas, sacando varias camisas. Una era negra, la otra blanca, otra verde y una celeste. Todas de seda. Se las probó, se paseó con ellas puesta, hizo algunos movimientos que para él eran seductores – admirando y estudiando el fulgor de la tela en el espejo – y finalmente, luego de una lucha mental encarnizada, se decidió por la verde. Hacía juego con sus ojos y le estilizaba aún más la figura.
Una lucha similar había tenido con los pantalones. Se había terminado decidiendo por unos sencillos pero sobrios de color negro. Los zapatos y el cabello no habían sido tanto problema, pero casi sufre un nuevo espasmo nervioso en cuanto vio la hora. Eran las 20:30. ¡¿En qué momento el tiempo había corrido tan rápido?! Corrió hacia el baño para ducharse y emperifollarse un poco, desesperado. No iba a hacer el ridículo de llegar tarde a lo que – pese a la presencia del gorila y Koutarou – él consideraba una cita en toda regla con posibilidades de éxito. Habían acordado encontrarse en las puertas de lugar a las 21:30, y si no se apuraba…
Luego de varios minutos de entretenerse debajo de la ducha, su teléfono móvil vibró sobre la tapa del retrete, sobresaltándolo y haciendo que casi resbalase al salir de la lluvia a una velocidad peligrosa considerando lo mojado que se encontraba y la ansiedad que lo embargaba; se secó las manos y tomó el celular sin perder tiempo. Los calores se le subieron a la cara cuando vio que era un mensaje de Akashi.
"No quiero sonar como un novato en éstas cuestiones, pero…debería ir puntual o un poco más tarde? No quiero parecer ansioso."
Iba a tener que recurrir a los ejercicios de respiración que había aprendido por internet para calmarse, o iba a terminar sobre Akashi incluso antes de entrar en aquel condenado local.
"No te imagino de otra manera que no sea puntual, Sei-chan. 21:30 está bien." Tecleó y envió el mensaje, dejando el aparato en su lugar y secándose. La contestación no se hizo esperar demasiado.
"¿Estarás allí, verdad?"
Frunció el ceño. ¿Acaso pensaba que era un irresponsable que faltaba a los encuentros sin avisar…?¿ O estaba inseguro y esa pregunta simplemente se le había escapado? Había decidido intentar no encontrarle el doble sentido a todo porque su cerebro iba a fundirse demasiado rápido. Volvió a teclear una respuesta en su teléfono táctil.
"Por supuesto que sí. Es más, creo que yo voy a llegar primero".
La verdad, no le importaba si lo estaba malinterpretando todo y realmente Akashi estaba tomando una confianza con él que antes no se había permitido. El sólo hecho de saber que iban a pasar tiempo de calidad juntos ya era suficiente para Reo, aunque no iba a desperdiciar cualquier indicio o prueba de fuego a la que el pelirrojo le sometiese, claro que no.
Comenzó a vestirse y peinarse, decidiendo qué perfume usar mientras los minutos pasaban y el correteaba entre el baño y su habitación congelada por el aire acondicionado. Miró el reloj. Las 21:10.
Tomó las llaves de su casa y su teléfono, avisó a su madre que esa noche posiblemente llegaría tarde, y llamó un taxi. Mientras examinaba otra vez el panfleto, las inseguridades de no saber cómo comportarse en un lugar lleno de gente bebiendo o comiendo algo junto a los otros dos descerebrados y Akashi le invadieron. O mejor dicho, le invadió la incertidumbre de no saber cómo iba a hacer para no pasar vergüenza. Le generaba pánico no estar a la altura de Akashi o peor, que el pelirrojo no se "divirtiera" como él le había prometido.
Desbloqueó la pantalla de su celular, nervioso, mientras sentía la bocina del taxi fuera. Sorprendido, vio que Akashi había enviado otro mensaje que él no había abierto.
"No lo creo. Yo llegaré primero. Por alguna extraña razón, me siento ansioso."
Sonrió al leerlo mientras se acomodaba en la parte trasera del vehículo y le indicaba la dirección del bar. Eran las 21:22.
El lugar era…bueno, sobrepasaba las expectativas de Reo. Desde fuera se veía amplio y de aspecto sobrio pero jovial, y ya se encontraba un poco abarrotado; podía oír el retumbar de la música proveniente del interior del local. Le gustaba. Un par de jóvenes pasaron a su lado, haciéndole voltear hacia el portón rejado que acababa de traspasar. Se hallaba en un jardín interno muy bien cuidado que tenía el lugar, esperando.
Sacó el celular. 21:35. Frunció el ceño, un poco nervioso. ¿Debería de enviarle un mensaje a los demás? No quería parecer desesperado si lo hacía sólo a Akashi, lo único que le faltaba es que creyera que era un acosador…qué cosas estaba pensando, claro que no lo era…bueno, si podía serlo un poquito, pero no le hacía mal a nadie…
Sintió un roce en su brazo izquierdo, haciéndole girar el cuello en esa dirección. Su corazón dio un subidón en su pecho, latiendo veloz y fuertemente. Akashi le observaba desde su posición más baja con una leve sonrisa en el rostro y tranquilidad en sus ojos carmesí. Si era posible, estaba todavía más perfecto de lo que Reo ya podía concebir. Llevaba un sencillo pero – lo que a impresión del pelinegro simulaba – costoso traje negro y una camisa color rojo obispo, sin corbata. Reo estaba seguro que no importaba qué se pusiese, todo le quedaría bien.
Estaba trastornado.
- Sei-chan! Estaba por escribirte justo.-
Le sonrió y ésta vez se animó a ser él quien diera el saludo. Se inclinó hacia Akashi, quien parecía aguardar aquello, extendiendo la comisura de sus labios, sólo un poco, afinando los ojos conforme el rostro del pelinegro se acercaba al suyo. Reo posó sus labios en la mejilla fría pero suave de Akashi, y el contacto le pareció por demás electrizante; pudo olfatear el perfume suave que llevaba, embriagándose con la mezcla exquisita que formaba con el propio aroma de la piel del pelirrojo, quien se había acercado a él, quedando casi pegados. Tentando a la suerte, Reo se aproximó un poco más, alargando el momento…rozó la cadera izquierda de Akashi al pasar una mano sutilmente, quien presionó aún más el rostro sobre sus labios, devolviéndole el beso. Tomando coraje, el pelinegro rodeó la cintura de Akashi suavemente y lo atrajo, dándole otro beso más sonoro, más cercano a la comisura de sus labios, y luego lo soltó, alejándose.
Pero no lo hizo por temor a la reacción del pelirrojo…sino a la suya propia. Por favor, era un lugar público…y sólo habían pasado, ¿cuántos, 3 segundos? Miró a sus costados a ver si nadie los miraba raro…creía que el contacto había sido tan sutil que no tenía por qué notarse…pero sobre todo, miró a Akashi.
Se mordió el labio mientras sonreía al ver el desconcierto en el rostro del pelirrojo. Se tocó la mejilla mientras miraba el suelo, levemente consternado, y para desesperación de Reo un leve, levísimo, casi imperceptible sonrojo apareció en sus mejillas. Luego sonrió, levantando la mirada y observándolo con una mezcla de diversión y…lo que Reo no quiso creer…¿anhelo?
- Buenas noches.- por supuesto, Akashi se recompuso mucho más rápido que él, que seguía levitando en la estratósfera. Sentía los labios adormecidos, al igual que el cerebro.- Deberíamos esperar a los demás? Ciertamente he notado que el local se llena con rapidez, tal vez deberíamos-
- Entremos, Sei-chan.- fue lo único que pudo decir, y le había salido en un tono demasiado lastimero. El otro simplemente lo observó impasible, estudiando su rostro.
- Vamos.
Como siempre, Akashi lideró la marcha, encontró un lugar vacío estratégicamente ubicado cerca de uno de los ventanales del lugar, y se dispuso a esperar con una pose que auguraba paciencia infinita. Reo, por su parte, se dedicó a hablar de cosas triviales para que su mente comenzara a funcionar de vuelta mientras se perdía constantemente en el tono de voz del pelirrojo. Siempre había amado su voz, no podía evitarlo.
Desgraciadamente, más temprano que tarde, Eikichi y Koutarou llegaron al lugar y los ubicaron rápidamente sin siquiera responder a ninguno de los mensajes que Reo se había tomado el trabajo de enviarles; bueno, la cabeza de Akashi destacaba en cualquier sitio, por lo que al pelinegro no le sorprendió verlos inspeccionar todo el lugar y justo cuando se habían topado con el cabello rojo furioso del otro, habían prácticamente corrido hacia ellos, para suplicio de Reo.
Los 4 hicieron sus órdenes; a Reo le hubiese gustado decir que habían cenado en paz, pero no. Aquellos dos gritaban, golpeaban la mesa y muy de vez en cuando, le hacían reír. No quería admitir en voz alta que pese a que le agradaba comer en tranquilidad, aquel cambio tan drástico también sentaba bien; aquellos dos jóvenes contagiaban las energías infinitas que parecían poseer, y el pelinegro no era la excepción. Akashi sonreía en los momentos justos, pero siempre contenido, y Reo no sabía si le divertía de verdad o lo hacía por compromiso. Maldita persecución mental.
- Eiki-chan…te veo la cara.- Reo miró de manera amenazante a Koutarou, quien estaba elevando demasiado la voz.- ¿No te estarás por tirar uno de esos pedos cataclísmicos, no?!
- Ay, qué asco.- el pelinegro se cubrió el rostro con la carta de presentación. Acababa de descubrir que el local tenía, además de un sector de restaurante, otro que se asemejaba a un pub y que ya estaba abriendo sus puertas. Eran pasadas las 23, y aún seguían apoltronados allí, en la mesa.
- No, aún no. Le falta.
- ¿Podemos pagar e ir al local de al lado? Me da curiosidad.
Reo miró a Akashi por encima de la carta de manera…sutilmente sugerente. Le gustaba pensar que su mirada por si sola podía transmitir sus sentimientos sin necesidad de gestos obscenos ni de palabras subidas de tono; el pelirrojo tenía los codos apoyados en la mesa y la barbilla en sus manos entrelazadas, y en cuanto sus miradas se cruzaron, su atención dirigida a él pareció reavivarse. Algo en sus ojos carmesí brilló con un aire oscuro que le provocó un escalofrío de ansiedad a Reo quien, lejos de sentir miedo, instintivamente quería ir ya a ese maldito lugar.
- Estoy de acuerdo con Reo.- emocionado y sin esperar la respuesta de los otros dos, Reo se contorsionó para sacar la billetera de su bolsillo.- No. La cena va a mi cuenta.
- Oh, no, Sei-chan, no te lo permito.- sacó igual su billetera, abriéndola en el proceso.
Sintió la mano suave pero masculina de Akashi posarse sobre la suya, presionándola. Elevó la mirada y se topó otra vez con aquellos ojos de expresión misteriosa.
- Pagaré yo, he dicho. Por favor, acéptalo.
- C-Claro, Sei-chan…
- Eres genial, Akashi!
Por supuesto, pagó en efectivo. A Reo no le hubiese sorprendido ver un arsenal de tarjetas de crédito surgiendo de su billetera de cuero, pero no fue así. Rápidamente lograron salir de aquel establecimiento mucho menos abultado de gente de cuando habían llegado, y se habían metido velozmente en el otro.
Bueno. Ahora sí que Reo se había perdido.
El lugar estaba oscuro, iluminado por lo que le parecía era luz negra; había banquillos dispuestos por doquier, y algún que otro asiento bajo, todos ocupados. El lugar estaba colmado de gente, y la música estaba tan fuerte que si hubiese gritado estaba seguro que no se hubiese oído a sí mismo. Vio dos barras, una cerca de la entrada y otra casi al fondo, los únicos puntos iluminados que lograba divisar.
Y tan rápido como había evaluado todo eso, se había quedado solo. En la mitad de aquel lugar repleto de gente. Koutarou y Eikichi habían entrado primero, y no entendía cómo podía ser que la mole de aquel muchacho se hubiese perdido de vista, así como así; se giró, buscando a Akashi. Tampoco estaba, y había ingresado a su lado.
No pudo sino sentirse un poco desesperado. Siempre podía salir de allí y llamar a alguno de ellos para que pudieran ubicarlo, pero le daba pena admitir que, siento idea suya, se había perdido así de fácil. Optó por sacar su teléfono y mandar un mensajito a Akashi, quien era la persona que más le preocupaba perdida en aquel mar de cuerpos desconocidos…
Una mano se posó en su brazo cuando sacó el teléfono de su bolsillo. Vio el rostro de Akashi a través de la oscuridad, de aquella luz negra y de aquella espesa atmosfera que tenía aquel lugar. La mano tironeó de su camisa mientras Reo seguía perdido en sus ojos. Su cuerpo simplemente obedeció sumiso la orden de la mano contraria, moviéndose sólo. Akashi ni siquiera se molestó en hablar, ni hacer ningún gesto, en darse vuelta mientras lo guiaba hábilmente entre las personas hacia unas escaleras que había casi en el fondo…¿en qué momento el pelirrojo había visto ese escondrijo?
Y mientras era guiado…Reo sintió la ansiedad renovarse en su interior. Como un presentimiento que iba creciendo en su interior, la certeza de que Akashi lo estaba llevando al lugar exactamente contrario al que se hallaban Eikichi y Koutarou cobró fuerza cuando, en un desliz del pelirrojo, su mirada se desvió a algo por detrás de Reo, en la distancia.
El corazón comenzó a latirle demasiado fuerte, iba a expulsarlo de su pecho en cualquier momento si no se controlaba un poco.
Subieron las escaleras esquivando gente; siguieron esquivando más personas y algunos asientos en la parte superior del local, que parecía ser incluso más oscuro que la parte baja. Su camisa seguía siendo aferrada por la mano de Akashi, que luego de la inspección visual que había hecho antes de subir no había vuelto a voltear el rostro.
Finalmente, sus pasos parecieron detenerse en un lugar alejado de una tercera barra ubicada en la planta alta; terminaron cerca de un rincón donde se hallaba ubicado un sillón blanco de lo que parecía ser cuero. Akashi lo soltó y tomó asiento lentamente, mirándolo otra vez, sin pestañear. Con una mano palmeó a su lado, invitándolo a acompañarle, y Reo no se hizo rogar.
Lo que no se esperaba era que los brazos de Akashi rodearan su cuello apenas apoyara el trasero en el asiento mullido.
Y mucho menos que le besara.
Quedó bloqueado en un maremoto de sensaciones mientras el pelirrojo lo aferraba suave, pero firmemente. Podía sentir su cuerpo pegado al suyo, y en un acto reflejo, Reo lo rodeó con sus brazos, atrayéndolo más hacia él.
Como si estuviese soñando, sintió los labios de Akashi presionando los suyos más insistentemente, como obligándolo a volver a la realidad, a prestarle la atención que él se merecía. Cerrando los ojos y suspirando por el placer que le brindaba el que sus sospechas fuesen ciertas – aun sin poder creerlo un poco – se aferró al cuerpo más pequeño, aprisionándolo, arrugándole la camisa y devorando sus labios demandantes.
Qué espectáculo debían de estar dando…poco les importaba a ambos. El beso se hacia cada vez más intenso y Reo sentía la necesidad urgente de recostar a Akashi en aquel sofá después de sentir cómo el pelirrojo hundía sus dedos finos en su cabello, tironeando. Pero no podía hacerlo, iba a perder el poco control que le quedaba…
El beso se cortó tan rápido como había comenzado. Akashi se separó completamente de él, un poco agitado. Reo estaba muy agitado, no podía respirar con regularidad. Sintió la mano del pelirrojo sobre la suya, y le vio acercarse a él lentamente hasta posar sus labios sobre su oído.
- Vamos a mi casa. Estoy solo por hoy.
Reo no necesitó que se lo repitiera dos veces en aquel bullicio, ni tampoco preguntarle qué harían con Eikichi y Koutarou. Tampoco se preocupó de que alguien los viese cuando volvieron a realizar el mismo recorrido hacia la puerta, ni cuando Akashi volvió a mirarlo con aquella expresión oscura.
Ahora sabía qué significaba.
Dios o quien fuese, que lo ayudara.
Bueno, espero les haya gustado!
Gracias por leer!
